El loco de la colina / reflexiones

jesus quinteroSi crees que todo tiene un precio, si crees que todo se vende o todo se compra,
si no respetas la naturaleza ni nada de lo que te rodea, si sólo buscas la compañía de los triunfadores, si te haces el duro y no temes nada, si practicas la ley del talión o la ley de la selva, si solo vas a lo tuyo y no te detienes ante nada ni ante nadie, entonces pasa de largo viajero porque te has confundido de ruta.

La televisión es una mina abandonada y saqueada por los mercaderes, por los oportunistas, por los cotillas, por los falsos profetas. Estamos viviendo unos tiempos de basura. La televisión desprecia la cultura, las grandes ideas, y se está acostumbrando a la superficialidad y al morbo por el imperio de las audiencias. Esto está teniendo tanto eco que no ver la televisión es un gesto de buen gusto”.

No tengo respuestas para casi nada pero tengo preguntas para casi todo, tú lo sabes bien.

No soy un maestro sino un aprendiz de la vida, soy lo que soy y se lo que se, simplemente estoy tan confundido como tu.

En el mundo los ignorantes están muy seguros de sí mismos y los inteligentes llenos de dudas, y este es el mayor problema del mundo que los ignorantes se han dado cuenta de la debilidad de los inteligentes y se han aprovechado, eso explica que la televisión, las alcaldías, los estados, el mundo en definitiva esté gobernado por ignorantes que encima nos están dando explicaciones a todas horas, todo esto dicen, por culpa, es de los inteligentes que se han dejado gobernar.

Si estas harto, ya somos dos, si estas cansado, ya somos dos, si no tragas a los políticos ni a sus necias decisiones, ya somos dos, si no tragas más telebasura ni a mas personajes que se animan a ella, ya somos dos, sí tienes ganas de mandar a este mundo a la mierda, ya somos dos, y con solo uno mas seremos multitud.

Jesus Quintero

Conversaciones con dios -VI –

fernando savater

Ya sé lo que vas a contestarme, pero igualmente tengo que preguntártelo: ¿no crees que esto de “no cometerás adulterio” está un poquito anticuado? Hombre… estoy seguro de que era razonable en la épocas en que el jefe de familia debía estar seguro de que transmitía su herencia a sus hijos legítimos, cuando el hombre era dueño de la mujer. hoy las costumbres se han hecho más abiertas y el tema del sexo no es ya un asunto exclusivo de hombres y mujeres; todo la cambiado y se admite relaciones prematrimoniales, postmatrimoniales, entre gente que no se ha casado nunca, homosexuales…

El sexo es complejo… y por supuesto que me dirás que el sexo con amor es mucho mejor que todo lo demás. Está bien… te lo admito… pero hay una observación que hace Woody Allen que te interesará: “El sexo con amor es lo mejor de todo, pero el sexo sin amor es lo segundo mejor inmediatamente después de eso”. Y la mayoría de la gente piensa así. Es decir, el sexo con amor es estupendo, pero mientras llega ese momento uno puede practicar el sexo sin amor. Tal vez esto te escandalice, pero es una idea bastante extendida y es un tema de discusión que tiene innumerables aristas. Por eso creo que te vendría bien leer este capítulo, que te servirá para ponerte al día en estas cuestiones, que son muy sugestivas.


ADULTERIO Y TRANSMISIÓN DE LA PROPIEDAD

En los orígenes la prohibición de desear o apoderarse de la mujer del prójimo tenia mucho que ver con la herencia y la trasmisión de la propiedad. No creo que los adulterios hayan sido muy perseguidos, ni que tuvieran importancia entre los pobres que no tenían nada que dejar a sus hijos. Distinto era entre los ricos, entre personas pudientes, que necesitaban mantener clara la línea de descendencia para poder transmitir sus bienes.

Hay muchos maridos tan injustos
que exigen de sus mujeres una fidelidad
que ellos mismos violan,
se parecen a generales que huyen
cobardemente del enemigo,
quienes sin embargo quieren que sus soldados
sostengan el puesto con valor.
PLUTARCO

Aquel que tenía tierras, castillos y posesiones en general, quería asegurarse de que todo quedaría para su hijo mayor y no para uno adulterino. Por eso el gran esfuerzo por mantener a la mujer resguardada, para que el hombre pudiese decir “de este vaso sólo bebo yo, porque de aquí tiene que salir el vástago que se quedará con mis propiedades”. Esto no era recíproco, porque el hombre se satisfacía con todas las mujeres que quería fuera del matrimonio.

La monogamia no ha sido, desde luego, la única forma de estructura familiar. Entre los antiguos hebreos y otros pueblos nómadas era normal que el jefe de la tribu tuviera varias mujeres, que fuera una especia de patriarca. Con el tiempo y con el mayor equilibrio en la cantidad de hombres y mujeres se tendió hacia la monogamia.

La moralidad sexual estaba ligada a esa estructura de familia y de la propiedad, hasta tal punto que entre los romanos, por ejemplo, los únicos que tenían estrictos tabúes sexuales eran los pater familias o las matronas, aquellos que poseían cosas, mientras que los esclavos no tenían moralidad sexual, es decir, nadie les hacía reproches por ser promiscuos o incestuosos.

Cuando algunos de los esclavos eran liberados por sus señores, pasaban a llamarse libertos. Sus dueños los manumitían, es decir, les daban libertad. Al entrar en el mundo de las personas libres, conservaban las costumbres de la esclavitud, conductas más abiertas y menos escrupulosas que la de aquellos con familias establecidas. De allí viene la expresión libertinaje, que era el comportamiento que tenían estos libertos, que ya no eran esclavos y que, aunque su conducta podía ser censurable, no tenían todavía los hábitos de la disciplina y contención de la otra parte de la sociedad. Por lo tanto, este mandamiento de no fornicar tiene por una parte una profunda base económica, y en segundo término puede relacionarse con el deseo, con lo romántico o lo erótico. De este modo, se trataba de evitar conflictos y enfrentamientos entre herederos.

Según el rabino Sacca éste fue un mandamiento muy difícil de aceptar por el pueblo. “No existía ninguna legislación respecto de con quién convivir, Maimónides cuenta que en la antigüedad los hombres tomaban mujeres por la fuerza, tenían hijos con ellas, y luego las dejaban en la calle con sus descendientes.

No había regulaciones sobre la familia y la relación matrimonial. Las mujeres estaban totalmente desamparadas y los más fuertes manejaban la sociedad. Por otro lado, existía un gran libertinaje sexual, que incluso practicaba el pueblo hebreo, como todos los de la época. Si hoy decimos que vivimos en un ámbito de libertad sexual, esto no es nada comparado con lo que eran los egipcios de acuerdo a lo que relataban los textos de aquella época. Los judíos formaban parte de esa sociedad, aunque fuera como esclavos, por lo que fue muy difícil incorporar este mandamiento e imponerlo, ya que implica limitarse en el ámbito carnal y ceder los derechos que venían exclusivamente del uso de la fuerza. Esta legislación fue revolucionaria para la época, ya que contenía todas las regulaciones sobre la pareja, el matrimonio, los derechos del hombre, la mujer, los hijos y las responsabilidades que uno debía asumir”.

En nuestra época –al menos en los países desarrollados- se han igualado estas conductas y no se tienen dos medida diferentes para el hombre y la mujer. La pareja puede pactar una especia de celebración de la infidelidad, de consentimiento mutuo. Ejemplo de ello es el intercambio de parejas o swingers, algo que hasta hace algunos años podía ser considerado como un a tremenda aberración y que hoy es una variedad más de las prácticas sexuales de nuestra sociedad.

Para Daniel Bracamonte, presidente de la Asociación de swingers de Argentina, “todas las religiones son castradoras, han impuesto el alejamiento del sexo carnal, han llevado a la idea de que el sexo se disfruta plenamente cuando existe una causa de amor romántico. Y éstas son todas cosas que están en contra de nuestra naturaleza, porque el hombre tiende biológicamente a la diversidad sexual. No está adaptado ni fisiológica ni conscientemente para la monogamia.

“Creo que estamos en los umbrales de un cambio profundo en el concepto de familia, vamos hacia la diversidad. Las nuevas parejas no van a estar conformadas por el género, sino por el afecto. Hombre con mujer, hombre con hombre, mujer con mujer. El swinger defiende la institución familiar, la pareja hombre-mujer, pero renunciamos al concepto monógamo: “Vos y yo toda la vida””.

El sexo siempre da lugar a un tono más picaresco, y lleno de sobreentendidos. En esto coincide el escritor Daniel Samper Pisano: “Si uno repasa el Antiguo estamento ve las ocasiones donde aparece la tentación, hay veces que uno no puede menos que reírse, y decir que ha sido escrito con un sentido del humor impresionante, porque de otro modo no se entendería. También se puede entender enclave irónica y decir: “El mensaje que me están mandando me lo envían de rebote, esto va a dos bandas y no es directo”. Uno debe entender que la ironía sólo cabe cuando hay humor, y el humor sólo cabe cuando se está enviando un mensaje con una determinada sintonía de inteligencia”.


EL DESEO SEXUAL Y EL NO FORNICAR

El deseo sexual, por su fuerza y capacidad de arrastre, ha despertado siempre restricciones y miedos. Si no se hubiese limitado, no habría respetado los tiempos de trabajo, ni las relaciones sociales. Es una energía muy fuerte, que hay que encauzarla para poder manejarla. Las diferentes culturas han tratado de inhibirlo para que no termine devorando todas las posibilidades de la vida organizada.

Fornicar quiere decir entregarse al deseo sexual fuera de los causes y de las normas que la sociedad ha establecido. Es hacer lo mismo pero fuera del momento, la persona, el lugar y el orden que la sociedad ha impuesto para realizar ese acto.

Para mí fornicar siempre será una expresión curiosa y evocadora. Recuerdo uno de los seminarios del famoso psicoanalista francés Jacques Lacan, que se llamaba precisamente “ornicar”, lo cual son tres partículas francesas unidas en una sola palabra, pero que inevitablemente suena a fornicar, y supongo que ese juego no era precisamente ajeno a las intenciones de Lacan.

El padre Busso recuerda que “cuando enseñábamos catecismo los chicos no sabían mucho que era lo de “no fornicar” y había que explicarlo con todo el embarazo que suponía para el sacerdote que predicaba. Fornicar viene del griego forneia, que significa prostitución. Lo que se legislaba como prohibido era la relación amorosa del hombre con la mujer en venta en el sentido literal. Jesucristo amplía el tema cuando dice que se puede ser adúltero también con el corazón y por lo tanto también se involucra el pensamiento, el orden interno, el deseo”.

Todos los preceptos que prohíben –en particular el sexto mandamiento- potencia el deseo de transgredirlos. Desde ese punto de vista podría considerarse hasta qué punto el propio Yahvé con sus tabúes no fue el inventor de la pornografía, porque de no haber existido prohibiciones no hubiese existido lo pornográfico.

Samper Pisano dice: “No hay ningún mandamiento que diga “no plancharás la camisa de tu prójimo”. Si existiera esa prohibición tendríamos la tentación de planchar de forma permanente. Pero hay que entender por qué Dios inventó estos juegos. Supongo que habrá gozado mucho haciéndolos en su momento”.

Siempre pienso en las prohibiciones que había en el Jardín del Edén. Yahvé prohibió comer la manzana y entonces la serpiente se aprovechó. Si Dios hubiera prohibido comer la serpiente, esa misma noche Adán se la hubiera cenado y la especie humana se habría salvado de la tentación permanente del demonio. Está claro que si Dios hubiera querido salvarnos de la tentación, nos habría prohibido el ofidio. Dijo que no a la manzana para dar juego a la serpiente y que continuara siempre presente.

RESPONSABILIDAD EN EL ADULTERIO

Los diversos niveles de responsabilidad en relación con la fornicación y los actos impuros han variado muchísimo a lo largo de los siglos. Durante buena parte de la historia antigua del judaísmo, el único adulterio reprensible era el que realizaban dos personas casadas que se encontraban al margen de sus respectivos matrimonios. Los solteros, en cambio, no incurrían en una responsabilidad tan grande.

Después, con la irrupción del catolicismo, y en especial a partir del Concilio de Trento se modificó y amplió el tema de las responsabilidades. Por ejemplo, hoy en día, ¿cuál es el nivel de responsabilidad de una prostituta y su cliente? La mujer cumple con su función –por razones de necesidad económica o por motivos culturales- pero no es lo mismo que aquel que va hacia ella por capricho o por vicio.

En la actualidad todas las prácticas entre adultos conscientes que eligen voluntariamente lo que les apetece no tienen responsabilidad ni penal ni ética, y el daño empieza cuando se le impone algo a otra persona por la fuerza. En este sentido, las normas se volvieron más permisivas. Cuando yo era joven, el adulterio era un delito penal que te podía llevar a la cárcel. Hoy nos escandalizamos de esa situación, pero hay países en que se pena con la lapidación.

En la actualidad hay maneras distintas de ver el adulterio. Daniel Bracamonte dice que para un swinger “mi mujer cometería un acto de infidelidad si tuviese una relación sexual con otro hombre a mis espaldas. Se trataría de una mentira dentro del matrimonio, cuando en realidad no hay ninguna razón para mentir. Con la libertad sexual que tenemos los swingers, si ella me ocultara su relación, debo entender que se trata de algo que tiene que ver con el amor romántico y no solamente con el sexo”.

Para el judaísmo, según el rabino Sacca, “lo que despierta su pasión carnal en el hombre es la visión. En la mujer es el tacto. Por esa razón a una mujer no le está prohibido observar a un hombre y halagar su belleza física. En cambio cuando un hombre mira a una mujer le genera pasiones carnales, que lo pueden llevar a cometer adulterio”.

Respecto de la Biblia y la violación del sexto mandamiento, Samper Pisano considera que “se trataba de una zarzuela, sólo le faltaba que le pusieran música. En la Biblia el adulterio lo cometen personajes de una enorme delicadeza e importancia simbólica. Por ejemplo, el caso de la familia de Abraham, prócer donde los haya, gran patriarca y quía del pueblo. Abraham estaba casado con Sara, quien consideraba que estaba muy mayor para darle un hijo a su marido, entonces le dijo: “Hombre, yo tengo una esclava que a ti te gusta… yo he visto que la miras… por qué no entras en ella”. Abraham lo hizo y nació Ismael y todos tan tranquilos.”

Una de las cosas de los cristianos que más escandalizan a los romanos era que, a su juicio, atacaban la idea de la familia tradicional. Los primeros cristianos no valoraban el matrimonio y los hijos. Su premisa era que todos los hombres eran hermanos. Promovían la idea de abandonar la familia: “Deja a tus padres y a tus hermanos y vente conmigo”, dice Cristo en una ocasión. Predicaban lo que parecía una vida errante, bohemia, sin ataduras familiares, lazos, hijos o responsabilidades. Los primeros cristianos vivían incluso en cierta comunidad de bienes, no tenían la familia como la célula individual de la sociedad. Todo esto a los romanos les pareció escandaloso.

Los cristianos tenían una visión enfrentada a los cánones de la época respecto de las obligaciones del cuerpo y a la creación de un orden familiar, lo que llevó a los romanos a considerarlos como seres corruptores.

No quiso la lengua
que de casado a cansado
hubiese más que una letra de diferencia.
LOPE DE VEGA

San Pablo dice en la primera carta a los Corintios: “En cuanto a la virginidad, no tengo ningún precepto del Señor, pero les doy un consejo, lo mejor para el hombre es no casarse. Si tienes mujer no la abandones, si no tienes mujer, no la busques. Si te casa, no pecas, pero los que lo hagan sufrirán grandes problemas que yo quisiera evitarles”. También dijo: “Quiero que sepan que Cristo es la cabeza del hombre, y el hombre es la cabeza de la mujer, así como la cabeza de Cristo es Dios”… por tal motivo “la mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta deshonra al que es su cabeza. Es como si se hubiera rapado. Su una mujer no se cubre la cabeza con el velo, entonces que se la rape. El hombre no debe cubrirse la cabeza porque él es imagen y reflejo de Dios, mientras que la mujer es reflejo del hombre. En efecto, no es el hombre el que procede de la mujer, sino la mujer del hombre”.

Era una idea que iba más allá de la transgresión en el adulterio, ya que consideraba que era necesario, ya que consideraba que era innecesario el matrimonio y que había que renunciar al cuerpo. O sea mucho más criticable que fornicar con la mujer ajena es no querer hacerlo con ninguna, ni siquiera con la propia. Hubo muchos padres dela Iglesia que llegaron a castrarse para renunciar de manera absoluta a los deseos sexuales.

Había un mundo de enfrentamiento a las obligaciones del cuerpo y a la creación de un orden familiar que espantaba a los romanos, quienes por estas razones consideraban a los cristianos como seres corruptores.

MONOGAMIA Y POLIGAMIA

La poligamia y la monogamia han estado repartiéndose los favores sociales al os largo de los siglos. Yo creo que la poligamia es lo más natural, porque de alguna manera coincide con la propia fisiología de la reproducción, ya que el hombre puede fecundar a varias mujeres.

En determinadas épocas en que se necesitaba que la población aumentase cuanto antes, el patriarca –el macho en su plenitud- lo que hacía era fecundar el mayor número de mujeres posibles para asegurar la descendencia del grupo. Más adelante, cuando de equilibró el número de hombres y mujeres, comenzó a imponerse la monogamia para no multiplicar los conflictos entre los distintos grupos. Pero esto no quiere decir que la poligamia se debe identificar con la infidelidad, ya que se trata de otra forma de fidelidad distinta. La monogamia es fidelidad a un individuo, mientras que la poligamia es hacia un número mayor de personas. También está el caso de la poliandria, en la que varios hombres comparten la misma mujer, aunque es más raro, porque incluso va en contra de la fisiología normal.

Para Emilio Corbière, “la cuestión del sexo en el judeocristianismo y en el mahometanismo es una muestra de estupidez humana. El verdadero sexo era el de los griegos, de los presocráticos, que era libre. Esta concepción judeocristiana que lo considera pecado está es contra de la historia y del desarrollo humanista”.

Todas estas formas están relacionadas con la época en la que el erotismo estaba fiscalizado de manera exclusiva para la reproducción. Pero, a partir del siglo XVIII, el erotismo se dedica tanto a la reproducción como a la satisfacción de la persona.

En la modernidad ha existido con mayor frecuencia lo que podríamos llamar monogamia sucesiva. Las personas que van pasando por fases monógamas. Casi nadie es monógamo con una sola persona toda la vida, sino que lo es varias veces, una a continuación de la otra. Pero este tema existen todo tipo de combinaciones que tienen que ver con el reparto de los papales sociales. La irrupción de la mujer en el mundo del trabajo ha cambiado de forma extraordinaria este campo.

Al hombre siempre se le ha consentido más, se le ha permitido una conducta más libre en materia sexual, mientras que con la mujer se ha sido más exigente.

Sin embargo, lo curioso es que la mujer es la que a los largo de la mitología popular ha tenido fama de lasciva, de persona con deseo insaciable, de traidora, etc. El hombre, en cambio, que sí se ha comportado así a lo largo de los siglos, tiene fama de ingenuo, de noble, del que es engañado.

En realidad, el engaño es intentar establecer evaluaciones diferentes para el comportamiento de la mujer y el hombre. Si estamos de acuerdo en aceptar como relativamente natural que el hombre puede tener prácticas sexuales con otras personas que no sean su mujer, habrá que considerar que la mujer tiene el mismo derecho.

Hay distintas razones por las que dos individuos pueden permanecer juntos: económicas, por mantener una estructura familiar, para criar y cuidar a los hijos. Pero el afecto y el cariño deben ser los motivos más importantes para que dos personas vivan juntas en esta época individualista y hedonista.

Ese afecto y ese cariño no tienen por qué ser agotadoramente sexuales. Uno puede tener mucho cariño por alguien y desear compartir su vida, y sin embargo querer hacer el amor con otra, por la que siente sólo curiosidad, o por el atractivo, pero con quien no tendría el más mínimo interés en vivir.

Por lo tanto, puede existir una disociación entre el afecto a largo plazo – el que ayuda a convivir, a compartir trabajos, preocupaciones, intereses y a cuidar de una familia- con el puntual interés sexual que es algo mucho más lúcido, relacionado con la satisfacción de los sentidos y que no tiene por qué tener mayor trascendencia. Es decir, hay personas con las que queremos vivir y hay otras con las que deseamos hacer el amor, y hay veces en las que queremos hacer el amor con aquellas con las que también nos gusta vivir.

Esta disociación se ve cada vez con mayor claridad, y quizá dentro de poco no será motivo de ruptura del afecto, ni de separación entre aquellos que quieren vivir juntos, helecho de que ocasionalmente hagan el amor otras/otros, fuera de la pareja estable.

EL AMOR LIBRE Y EL SIDA

Los años sesenta, quizá algo mitificados, se consideran como los de mayor libertad en las costumbres. Años de explosión lúdica y erótica, de los anticonceptivos y el amor libre. Algo puedo hablar del asunto porque en aquella época tenía veintiún años y estaba en plena efervescencia hormonal. Hubo una ruptura con una serie de pautas anteriores, pero todos solemos contar el pasado de una manera embellecida en exceso.

Creíamos que se había dado paso a una era más desinhibida, sin represiones, más tolerante, en la cual las relaciones humanas habían entrado en juegos más abiertos. Sin embargo, a mediados de los años ochenta apareció la maldición del SIDA, que primero se centró en el amor homosexual, pero que luego se extendió al heterosexual y hoy alcanza a todas aquellas personas que no toman determinadas precauciones a las hora de hacer el amor.

Los puritanos, o sea los supersticiosos, intentaron en su momento convertir el sida en una especie de maldición divina, en un nueva plaga. En realidad se transformó en algo que atacó las libertades y la flexibilidad de costumbres, e introdujo una serie de controles obligatorios, no por razones morales, sino por meras cuestiones higiénicas. Considero que el noventa por ciento de las restricciones sensatas –no supersticiosas- que están relacionadas con el sexo son mucho más deudoras de la higiene que de la moral, que en realidad se ocupa poco de cintura para debajo de las personas.

La fidelidad quizá sea una virtud, aunque me parece que en general es planteada como una virtud triste. En primer lugar, porque se la reduce al plano casi fisiológico. En este sentido hay que recordar la definición del matrimonio que hacía Kant cuando decía que era un contrato de usufructo, en exclusiva, para el mutuo uso de los órganos sexuales de dos personas. Ya ven ustedes qué romántico y bonito suena. No es raro que con esa idea Kant no se casara nunca en su vida.

Creo que en ese sentido la fidelidad es, en cierto modo, una idea kantiana. Si hemos decidido alquilar nuestros órganos sexuales, el hecho de que más de una persone disfrute de ellos es como si uno realquilase un piso dos veces sin informar al propietario.

La fidelidad es tener fe, ser fiel a alguien, pero en un sentido más amplio: tener fidelidad a su afecto, a sus gustos, hacer las cosas por cariño, por interés de verla vivir mejor, pero no exclusivamente en el terreno sexual. Es por ello por lo que la visión de la fidelidad en el sentido del usufructo de los órganos sexuales que plantea Kant a mí me parece o una virtud triste o una regla burguesa demasiado poco estimable.

El encanto del matrimonio
es que provoca el desencanto necesario
de las dos partes.
OSCAR WILDE

Esta opinión más o menos cínica de Wilde, se puede completar con otra frase del mismo escritor, quien durante su visita a Estados Unidos, al ver las cataratas del Niágara –destino habitual de los viajes de luna de miel- dijo: “Ésta es la segunda gran decepción de los recién casados norteamericanos”. Es cierto, y sobre todo en otras épocas, que las parejas llegaban con poca experiencia erótica al matrimonio. Había mitos y fantasmas alrededor de esos placeres que hacían que el matrimonio pudiera decepcionar, porque la carne, antes o después, se sacia demasiado pronto.

Lo que debe entusiasmar de una convivencia es un tipo de compenetración, de conocimiento mutuo, de complementariedad y de apoyo, algo a lo que no se llega en unos días ni en unos meses, sino en años. Y es así, con el tiempo, como se llega a entender los encantos de la verdadera pareja que se quiere, y no en los primeros días de arrobo meramente físico.

San Pablo –el auténtico inventor del cristianismo- fue uno de los primeros en hablar del deseo. Para él había tres deseos desordenados, tres líbidos, tres anhelos afanosos y excesivos que poseían al hombre a los largo de su vida: la líbido cognoscendi, es decir, el deseo desordenado de conocer; la libido dominando, el deseo desordenado de mandar, de ordenar de poseer, y la libido sentiendi, el deseo desordenado de los sentidos, de los placeres.

Estos tres marcos, en los que el deseo se desborda, forman las pasiones esenciales que arrastran a los hombres y contra las que hay que luchar de forma permanente. De las tres, la más ligada a nuestra naturaleza animal, y sensorial es la libido sentiendi, la de los afanes sensuales, la del deseo de gratificación inmediata. Las otras dos son anhelos que se pueden aplazar. Aplazamos nuestro deseo de buscar conocimiento o de alcanzar el poder, pero los sentidos quieren el aquí y ahora. La libido sentiendi es la que busca el goce inmediato, aunque sea momentáneo e instantáneo.

De cualquier forma, la práctica del sexo siempre ha estado en el puntos de mira para recibir algún tipo de castigo. Ha habido países ilustres como Estados Unidos donde hasta los años sesenta se penaba con la cárcel practicar el coito anal con la propia mujer. Claro que se requería de un vecino, auténticamente malicioso, que estuviese vigilando en todo momento, y que lograra aparecer con el alguacil en el preciso instante en que estabas violando la ley.

El sexto mandamiento es probablemente el que produzca una leve sonrisa a quien lo escuche. Una sonrisa pícara. Es el mandamiento que trata del adulterio, de la fornicanión –palabra asombrosa-, de los actos impuros, de todo el mundo del deseo. Abarca los aspectos más variados de las relaciones familiares, los temas estrictamente sexuales, la fidelidad, el matrimonio, dentro de parámetros religiosos, morales, con matices sociales, higiénicos y hasta médicos.

Los torpes

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Los torpes
Artículo de Manuel Vicent, sobre un tema de Ismael Serrano


Las discotecas cierran a las ocho de la mañana porque hay gente muy torpe que necesita mucho tiempo para ligar. Si todos lo jóvenes fueran realmente seductores, la noche terminaría enseguida. A la una de la madrugada cada pareja estaría en su respectiva madriguera trabajando el amor y en las salas de fiestas sólo quedarían los camareros, pero ahora en la seducción también hay democracia y la música de las discotecas no cesa hasta que no liga el más desgraciado del local. Cenados y bien acicalados, los jóvenes inician la competición pasada la medianoche. En la oscura parrilla del viernes o del sábado, las mesnadas se concentran para abrevar en los lugares consabidos antes de que se efectúe el disparo de salida. Entonces se les ve avanzar en hacinados automóviles hacia las salas de fiestas traídos por una estrella de láser que desde el espacio les indica el camino. Dentro de cada discoteca se produce muy pronto una selección natural. Los rostros más atractivos se buscan entre ellos, las miradas más sugestivas comienzan a crear nudos ineludibles, el aura de unos cuerpos se va acoplando de forma magnética a otros cuerpos similares. Todo el trabajo de las hormonas se realiza en la primera hora de música. El resto de la noche ya no es naturaleza, sino un subproducto cultural. Alrededor de las dos de la madrugada, a los jóvenes más seductores de ambos sexos ya les sobra el alcohol y la música para alcanzar su objetivo. Gracias a la belleza, la pieza deseada ya está en sus brazos y con ella desaparecen en la oscuridad. Los que no logran superar el primer obstáculo permanecen en la fiesta para ver si surge una segunda oportunidad. Suele ser gente terciada que no liga hasta el aura clareada espoleada por la frustración. En la discoteca sigue la música con el sol en el tejado. Allí sólo quedan los torpes, los que a lo largo de la noche no han encontrado ni una sólo mirada. Dentro del resplandor del día, el cansancio tal vez les deparará otro resto del naufragio. Cuando se agarren a ese madero cesará la música.

Un beso a media noche

COLL

Total, que llegue a casa. Introduje la llave en la puerta de mi piso despacio, procurando no hacer ruido. Y llegue a la alcoba donde estaba ella.

Dormia profundamente. Y estaba mas bella que nunca. Un mechon de cabellos rubios como el oro tapaba la mitad de su rostro. Durante unos minutos estuve contemplandola en silencio. De repente note un inmenso deseo de inclinarme sobre ella y besarla. Y asi lo hice, despacio, muy despacio.

Pero se desperto. Y entonces me miro, sonrio y echandome los brazos al cuello, con una voz dulce y suave como un susurro, me dijo: Buenas noches papa.

Jose Luis Coll

Sangri-la

Este articulo  de Perello, lo lei en su momento y me gusto mucho, es un punto de vista a partir de unos datos historicos. Tuvo muchas criticas en su momento y los pro-lamistas le llamaron de todo. No tiene desperdicio.

Ommm….. ommm………om mani padme hum

Marcelino Perelló

Marcelino Perelló
08-Abr-2008

Ya lo dije, hace años. Lo bueno de los Juegos Olímpicos es que luego uno, si es aplicado, aprende geografía. De hecho es casi lo único rescatable, porque el resto de esa payasada infame en la que han convertido la otrora magnífica contienda es abominable.

Geografia física, humana y política. Y es precisamente esta última la que nos interesa, a usted y a mí, hoy y aquí. Reconozca que si no fuera por las XXIX Olimpiadas, que van a celebrarse dentro de unos meses en Pekín, ni usted ni yo tendríamos sólo una muy vaga idea de qué diantres es el Tíbet, y de qué recontradiantres pasa ahí. Si es que algo pasa.

Porque, digámoslo clarito, de la actual insurrección monástica en Lhasa no sabríamos gran cosa si no fuera por el altavoz magnífico de los Juegos Olímpicos. Estaría, como de paso, en páginas interiores. Es más, si me ha de hacer caso, muy probablemente ni hubiera tenido lugar.

No puedo no decir, como de paso, que la capital de China es Pekín, y no “Beijing”, como dicen los gringos pedantes e ignorantes que se debe decir. Los gringos que quieren disimular que son pedantes y, sobre todo, que son ignorantes. Pero son ellos, por lo visto, quienes dan línea y dirigen a las grandes agencias de prensa. Y son ellos los que dictan a nuestros propios pedantes e ignorantes qué y cómo hay que decir.

La capital de China es Pekín. Y, si no, digan que Beijing es la capital de Chonguó, que es como se dice China en chino. Y ya no digan Cantón, sino Guangzú. Y, por supuesto, no se les ocurra hablar de Londres sino de London, y de Moscva en vez de Moscú. Yo, de momento, informaré a mi querida cuñada Ari que su perrito Miky es un “beijingués”. Le va a dar gusto.

En fin, dejemos otras sandeces aparte y ocupémonos de la nuestra. A todas luces, en nuestro aprendizaje de geografía deberemos incluir la toponimia. Todo gracias al pobre barón de Coubertin.

Volvamos, pues, al Tíbet. Total, queda aquí a la vuelta. Llegando a las Antípodas, a mano izquierda. Como usted y yo ya sabíamos, el Tíbet es una antigua y antaño enorme nación asiática, entre Irán, China y la India. El Tíbet de hoy es una Región Autónoma dentro de la República Popular China. Su superficie ha quedado reducida a aproximadamente 2/3 de la de México y está prácticamente despoblado. Únicamente lo habitan unos seis millones de personas.

Su capital es Lhasa, que tiene un cuarto de millón de habitantes, se encuentra a tres mil 400 metros de altitud y se convierte con ello en la ciudad más alta del planeta. De hecho todo el país es altísimo, con un promedio de altitud de casi cuatro mil metros, lo que lo hace ser llamado “el techo del mundo”. Se encuentra precisamente en la vertiente norte de los Himalayas, que marcan la frontera con Nepal y Buthán.

Hasta la intervención china, de 1951, fue gobernado por la dinastía budista de los lamas, desde el siglo XIII. De hecho su hegemonía continuó hasta 1959, pues el gobierno de Pekín se limitó hasta entonces a ejercer el control militar del país y a administrar las relaciones exteriores. En ese año, como consecuencia del surgimiento del movimiento armado tibetano, concebido, sostenido e instrumentado por la CIA, la intervención china se volvió mucho más dura. Se apoderaron del gobierno y de todos sus órganos e implementaron el régimen socialista. El Dalai Lama de turno, reencarnación del anterior, huyó a la India e inició su periplo mundial, que ya lleva casi medio siglo y que tiene más de gira artística o de viaje de negocios que de político o misionero.

Hasta aquí lo que, detalle más, detalle menos, sabíamos usted y yo. Ahora, gracias a la fiesta mundial del deporte, nos vemos obligados a enterarnos de otras cosas. Y así sabremos que el antiguo Tíbet dista mucho de ser ese paraíso idílico y terrenal que la literatura y los malos poetas se han encargado de cantar.

La tiranía teocrática de los lamas resulta ser una de las más crueles, sanguinarias, despóticas y retrógradas de cuantas hayan existido hasta la fecha sobre la faz de la Tierra. Digamos, sólo para darnos un quemón, que son los chinos quienes suprimen la esclavitud. En 1969. Poca cosa.

Son también ellos los que introducen la luz eléctrica, el agua entubada, el drenaje y la educación general y laica. En 1959. Menos cosa.

Pero el antiguo Tíbet —y cuando digo antiguo me refiero al de la primera mitad del siglo XX— no era estrictamente un Estado esclavista. Había muchos esclavos, sí, pero la gran mayoría de la población eran siervos. Siervos de los monjes o de los señores feudales. Para que se dé una idea, el solo monasterio de Drepung poseía 185 haciendas, 25 mil siervos, 300 llanuras de pastizaje y 16 mil pastores. La fuente, The timely rain, de Gelder y Gelder, no dice cuánto ganado ni cuántos rebaños. Lástima.

Potala, el palacio del Dalai Lama, tenía 1,000 (tres ceros) habitaciones en sus catorce pisos. Y su jefe del Estado Mayor poseía un rancho de 4,000 (tres ceros) kilómetros cuadrados. El Pachen Lama y su corte no recordaba demasiado la vida contemplativa y pacífica, según el modelo del simpático luchador de sumo en flor de loto que les sirve de guía y emblema. Sus banquetes y orgías son legendarios. Y, a lo largo de su historia, los budistas, y los budistas tibetanos en particular, han probado ser uno de los credos más agresivos y crueles de cuantos se tenga memoria.

La cantidad de guerras, invasiones y genocidios de los que han sido protagonistas a lo largo de sus siete siglos de poder difícilmente encontrará parangón. En 1660, la proclama del 5º Dalai Lama, en la que ordena masacrar a los miembros del culto rival de los kagyu, dice literalmente: “Aplástenlos como huevos contra las rocas… que no quede rastro de ellos; ni siquiera de sus nombres”.

Hasta la llegada de los chinos, los castigos previstos, acordes a derecho, para los ladrones y otros delincuentes menores, eran la mutilación o deformación de los miembros y la extracción de los ojos o de la lengua. Órale con el karma y la meditación.

Así estaban las cosas en aquel Shangri-La. Si usted, culto y/o morboso lector, quiere saber más sobre el asunto, entre a la página www.informationclearinghouse.info/article19605.htm, y lea, en inglés, el muy interesante y documentado texto de Michael Parenti sobre la cuestión. El espacio de mi columna ya dio de sí.

Recordando aquel 1959, imposible evitar, como le sugiero párrafos antes, la sospecha de que en el actual alebrestamiento de los monjes tibetanos también hay mano negra. La misma. Que en vísperas de los Juegos Olímpicos no quiere desaprovechar la marquesina.

En fin. Vaya usted a saber. La historia de los pueblos y de los hombres es compleja. E incierta. Y la de aquellos montañeses del Tíbet lo es aún más. “No creo poder escribir mucho sobre monasterios esta noche, pero sé que la Gran Cordillera dice más que todas las creencias del mundo”.

Vidas Falsas

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Tengo varios relojes falsos que dan la hora verdadera. Y no lo comprendo. O lo comprendo con la cabeza solamente. Los he ido coleccionando sin saber por qué. Cada vez que veo en la calle un tenderete con relojes de marca falsos, me compro uno o dos, y los guardo en un cajón. Los utilizo en casa nada más. Para salir, me pongo uno de verdad que me regalaron mis padres al tomar la primera comunión, un Certina, no sé si existe todavía esa marca. Estoy extrañamente atado a ese reloj, y quizá a la primera comunión. Ahora soy ateo, porque probablemente dios no existe (no lo digo yo, lo dicen los autobuses), pero en mi infancia creía a pies juntillas en dios y en la comunión. Me tragué la sagrada forma (así es como llamaban a la hostia) convencido de que Dios entraba en mi cuerpo con su carne y con su sangre, o sea, con su hígado, y con sus intestinos y sus dientes… Recuerdo que cuando regresé al banco y me puse de rodillas con la cabeza oculta entre las manos, vi a Dios dentro de mí con sus pulmones y su estómago y sus riñones y todo lo demás. Casi vomito. Al salir de la iglesia mi padre me dio un paquetito dentro del que reposaba el reloj. Ahora los niños no quieren relojes. Un hijo mío dice que no hace ninguna falta. Los hay, añade, por todas partes. Si quieres saber la hora, no tienes más que volver la cabeza en cualquier dirección o sacar el móvil del bolsillo. La hora no vale nada, está tirada de precio. Cuando yo era niño, en cambio, pedíamos la hora por la calle como el que pedía un vaso de agua en un bar.
—¿Me da la hora, por favor?
—Las tres y media.
—Gracias.

Era normal pedir la hora. Y nadie te la negaba. Tampoco te negaban un vaso de agua en los bares. El agua, en cambio, se ha encarecido. Vale un ojo de la cara. El caso es que me regalaron un Certina que no me he quitado desde entonces. Decías Certina y era como nombrar un sacramento. Vete a saber lo que tuvieron que ahorrar mis padres para comprármelo. Y no se me ha estropeado jamás. Mi mujer ha intentado cambiármelo por otro más actual. Yo también lo he intentado, pero no soy capaz de desprenderme de él. Lógicamente, es de los de cuerda. Cada noche, antes de acostarme, le doy cuerda. Puedo olvidarme de otras cosas, pero no de dar cuerda al reloj. Es como si me la diera a mí mismo. A veces me pregunto quién resistirá más, si el reloj o yo.

Cuando aparecieron los relojes automáticos, sentí un deslumbramiento especial por ellos. La idea de que se alimentaran del movimiento del brazo me parecía fascinante. Compré un par de ellos, pero no fui capaz de utilizarlos. Están en el cajón de los relojes falsos que dan la hora verdadera. Excepto esos dos automáticos, todos son de pilas y todos funcionan porque se las cambio cada cierto tiempo. Un día, en un mercadillo, compré un bolígrafo Parker falso con el que escribí un cuento que envié a una revista literaria. Durante varios días, temí que el redactor jefe me llamara acusándome de haberle entregado un cuento falso. Lejos de eso, lo publicaron y me lo pagaron con dinero verdadero. Sé que el dinero era de verdad porque lo comprobé. Se trata de un cuento que ha tenido cierta fortuna, pues me lo han pedido para diferentes antologías. La verdad es que gusta y mucho, de modo que aparece periódicamente aquí o allá. Me asombra que nadie se haya dado cuenta de que se trata de un cuento falso. Pero si yo no soy capaz de distinguir una hora verdadera de una falsa, tampoco debería extrañarme que los lectores se tragaran como cierto un cuento falso.

Viene todo esto a cuento de que a primeros de año me compré en un tenderete de la calle una agenda de marca (falsa) para el año en curso. Ignoraba que la piratería hubiera llegado a este objeto humilde y práctico, pero así es. Anoté en ella varios compromisos verdaderos que funcionaron, sorprendentemente, como auténticos. Si ponía en ella que tal día tenía una comida con Fulano, tenía efectivamente una comida con Fulano. Y los lunes de esa agenda son tan lunes como los de las de verdad. A estas alturas no sé si distinguiría un lunes artificial de uno genuino. Pero lo cierto es que los de esta agenda falsa se comportan de un modo absolutamente natural. Me pregunto si cuando acabe el año tendré la impresión de haber vivido un año falso. Quizá sí, todos lo son en alguna medida. Toda la vida tiene un componente de representación inevitable. Pero siempre me quedará el Certina de la primera comunión, que da horas verdaderas con apariencia de verdaderas. Un milagro para los tiempos que corren.

Juan Jose Millas

La paella china

Encuentran trozos de Chino en una paella valenciana

Paella China

La Revolución Popular China ha llegado a la Albufera

La famosa “paella china” ha llegado a España por las bravas, después de que un matrimonio de Castellón descubriera hasta ocho trocitos de un chino de mediana edad camuflados entre el arroz, los mejillones y la sepia que les sirvieron en “La Paella Amarilla”. Ni que decir tiene que desde entonces no se habla de otra cosa en la capital de La Plana.

Según ha trascendido, los menudillos del chino llamaban poderosamente la atención, ya no sólo por su inconfundible color amarillo, sino también por el sabor, más cercano al glutamato (y, si se quiere, a la soja) que a las alitas de pollo. Por si fuera poco, al maître se le fue la mano y se le coló en la paella un ojo del asiático que utilizó en el caldo, lo que levantó la liebre y permitió a los comensales atar cabos.

De hecho, desde hace un tiempo se viene rumoreando que en España no se celebran entierros de asiáticos por la sencilla razón de queunavez muertos se trocean minuciosamente y se añaden al sofrito de numerosos platos. Posteriormente, los pasaportes de los chinos fallecidos pasan a otras personas, completándose así el proceso de reciclaje.

Hoy mismo, los rotativos más importantes de Valencia se hacen eco de la noticia. Así en un artículo titulado “Los chinos quieren furtarnos la paella”, el articulista afirma: “es una vergüenza que esta tierra que ha dado tantas glorias a España tenga que asistir impasible al desembarco de hordas de mandarines que además de copiarnos todo pretenden robarnos la paella“.

A la vista del cisma creado, no deja de sorprender la encomiable reacción del matrimonio de Castellón. “¡Xé!, mala, el que es diu mala, no estaba la paelleta”, indica Tonet Fabregat con su inconfundible acento valenciano. “Lo malo fue el ojo”, añade su mujer, “porque los chinos no hacen mal a nadie y también quieren amunt Valençia” (sic).

fuente:mundocruel.com bajo licencia de creative commons.

juan b. viñals

Greguerias de Ramon Gomez de la Serna

retrato

Gómez de la Serna empezó a buscar la inovación literaria tal vez antes de cualquier otro vanguardista español.  Ya mucho antes de la Primera Guerra Mundial, Gómez de la Serna estaba en contacto con el futurista Marinetti, traducía importantes textos artísticos en las páginas de su revista literaria Prometeo, dirigía una tertulia literaria (ahora famosa) en el café El Pombo y ganó fama por su comportamiento único e iconoclasta.  Llegó a ser más tarde, y para la Generación del 27 en particular, un maestro literario, un ejemplo del artista innovador.

GREGUERIAS

La mujer se limpia con un pañuelito muy chico los grandes dolores y los grandes catarros.

Al abrir un libro recién encuadernado suena como si tuviera un reuma articular.

Lo peor de los médicos es que le miran a uno como si uno no fuera uno mismo.

Los caballeros con gola llevaban la cabeza servida en un frutero.

Vivir es amanecer.

El pez más difícil de pescar el el jabón dentro del baño.

Al caer la estrella se le corre un punto a la media de la noche.  (media= stocking/hose)

Cuando el niño se empeña en que conozcamos el tamaño de su chichón parece que nos presenta orgullosamente el brote del genio.

Cuando una mujer te plancha la solapa con la mano ya estás perdido.

Trueno: caída de un baúl por las escaleras del cielo.

Lor tornillos son clavos peinados con raya en medio.

Las primeras gotas de la tormenta bajan a ver si hay tierra en que aterrizar.

Cuando la mujer pide ensalada de frutas para dos, perfeccionan el pecado original.

Cuando el violinista se presenta con el violín colgado de la mano es como el ginecólogo con el niño que acaba de nacer.

En la manera de matar la colilla contra el cenicero se reconoce a la mujer cruel.

El Coliseo en ruinas es como una taza rota del desayuno de los siglos.

El arco iris es la cinta que se pone la Naturaleza después de haberse lavado la cabeza.

El ciego mueve su blanco bastón como tomando la temperatura de la indiferencia humana.

Aquella mujer me miró como a un taxi desocupado.

Los grandes reflectores buscan a Dios.

Las violetas son actrices retiradas en el otoño de su vida.

Los que bajan del avión parecen salir del Arca de Noé.

La felicidad consiste en ser un desgraciado que se sienta feliz.

Roncar es tomar ruidosamente sopa de sueño.

Los presos a través de la reja ven la libertad a la parrilla.

Tan impaciente estaba por tomar el taxi, que abrió las dos portezuelas y entró por los dos lados.

Los recuerdos encogen como las camisetas.

Las flores que no huelen son flores mudas.

El que toma el refresco con dos pajas parece que toca la doble flauta de Pan.

Las latas de conserva vacías quedan con la lengua de hojalata fuera.

El único recuerdo retrospectivo que le queda al día es ese ruidito que hace el despertador cuando pasa por la misma hora en que sonó la última vez.

La lechuga es toda enaguas.

Principio de primavera: un niño solo en todo el “tío vivo”.

Lo más difícil de digerir en un banquete es la pata de la mesa que nos ha tocado en suerte.

La escritura china es un cementerio de letras.

La cebra el el animal que luce por fuera su radiografía interior.

Estamos mirando el abismo de la vejez y los niños vienen por detrás y nos empujan.

Lo más aristocrático que tiene la botella de champaña es que no consciente que se la vuelva a poner el tapón.

La faja del nene es la primera venda de la vida.

Los cocodrilos están siempre en pleno concurso de bostezos.

La arrugada corteza de los árboles revela que la Naturaleza es una anciana.

La T es el martillo del abecedario.

El búfalo es el toro jubilado de la prehistoria.

El bebé se saluda a sí mismo dando la mano a su pie.

A las doce las manillas del reloj presentan armas.

Al sentarnos al borde de la cama, somos presidiarios reflexionando en su condena.

Las estrellas trabajan con red.  Por eso no se cae ninguna sobre nuestra cabeza.

Los que juegan al aro corren detrás del reloj sin cifras.

Cuando la mujer se quita una media parece que va a mirarse una herida.

Las gaviotas nacieron de los pañuelos que dicen  !adiós! en los puertos.

Los ceros son los huevos de los que salieron las demás cifras.

Lo peor de los pobres es que no pueden dar dinero.

La noche que acaba de pasar se va al mismo sitio en que está la noche más antigua del mundo.

El Pensador de Rodin es un ajedrecista al que le han quitado la mesa.

Genio: el que vive de nada y no se muere.

Los pinguinos son unos niños que se han escapado de la mesa con el babero puesto.

Los paraquas están de luto por las sombrillas desaparecidas.

Después de usar el dentífrico nos miramos los dientes con gesto de fieras.

La Y es la copa de champaña del alfabeto.

Cuando está el armario abierto, toda la casa bosteza.

El espantapájaros semeja un espía fusilado.

Abrir un paraguas es como dispara contra la lluvia.

El agua se suelta el pelo en las cascadas.

El que pide un vaso de agua en las visitas es un conferenciante fracasado.

Ramon Gomez de La Serna

El ingles en mil palabras

juan jose millas

El inglés en mil palabras
JUAN JOSÉ MILLÁS

Recibo cada día decenas de correos electrónicos no deseados. Así se denominan. Yo preferiría llamarlos correos electrónicos indeseables, pero el porqué del nombre de las cosas constituye un misterio. Estos mensajes, en su mayoría, tienen dos características: vienen en inglés y ofrecen pastillas. ¿Qué clase de inglés? Malo. ¿Qué clase de pastillas? Viagra, Valium, Propecia, Cialis, Soma y Ambien, por este orden. La Viagra y el Valium sabemos para qué sirven. La Propecia, como su nombre indica, es para que te salga el pelo. El Cialis, para tener erecciones como Dios manda. Del Soma no he logrado averiguar nada. En algunas culturas se llama así al elixir de la inmortalidad, de ahí que los dioses necesiten tomarlo todos los días con el desayuno, a veces también con la cena, depende de lo inmortal que quieras ser. El Soma es también un sindicato minero, pero no creo que guarde ninguna relación con el Soma del anuncio. En cuanto al Ambien, se trata de un somnífero. El prospecto te garantiza siete u ocho horas de sueño seguidas. Un chollo. Nadie duerme esas cantidades en la actualidad.

Por lo general, al lado de nombre de cada pastilla, viene un dibujo de la misma. La Viagra parece un platillo volante. El Valium es redondo. La Propecia es hexagonal. El Cialis tiene forma de mejillón y así sucesivamente. También sus colores son distintos. Lo cierto es que da gusto verlas. Tienen algo de pócima milagrosa. De hecho, prometen milagros. Pero lo más llamativo es que viendo esta publicidad da la impresión de que el ser humano, para ser feliz, sólo necesita una erección, una buena mata de pelo y una siesta de ocho horas seguidas. Hay otras cosas en la vida, de acuerdo, pero los vendedores de Internet dan por supuesto que no faltan. O que, si faltan, podemos suplir su carencia con lo que ellos nos ofrecen. A mí todo esto me deja un poco perplejo, como el método de El inglés en mil palabras. O sea, la felicidad en seis pastillas. Tienes que usarlas con cierto orden, porque si tomas un Ambien para dormir, al mismo tiempo que un Cialis para la erección se te puede caer el pelo, lo que te obligaría a aumentar la dosis de Propecia. Todo esto en un inglés muy básico, ya digo. Personalmente, prefiero quedarme como estoy.

Cerebros

manuel vicent

MANUEL VICENT
EL PAÍS

Una serpiente no te va a querer por mucho que la acaricies: su cerebro sólo atiende a la sed, al hambre, al sexo y al sentido de la orientación, que son los instintos primarios de la supervivencia.

En cambio tu perro, apenas te ve, muestra su alegría moviendo el rabo y excitado por el miedo o la rabia ladra a quien no conoce, porque su cerebro ha alcanzado ya la fase evolutiva de las emociones. El sustrato fundamental de las personas antes de llegar al uso de razón está abastecido por esos dos cerebros todavía activos que llevamos incorporados bajo el cortex, donde radica el intelecto: el cerebro ciego del reptil y el llamado límbico de los mamíferos superiores.

Sólo así se explica que un científico de biología molecular se desgañite insultando al árbitro en el fútbol con ladridos de perro y vuelva luego al laboratorio a investigar con paciente sosiego sobre el ADN de la mosca del vinagre; o que un catedrático de lógica matemática se vista de nazareno en Semana Santa y cargue con la peana de la Virgen Dolorosa; o que Jack el Destripador se deshiciera en lágrimas cuando murió su gato.

Sabemos llegar al bar de la esquina porque usamos todavía el cerebro del reptil que fuimos un día; amparamos ferozmente a nuestras crías, adoramos a Dios, amamos a la patria, tememos al poder, defendemos nuestro territorio, nos enamoramos perdidamente, nos emocionamos ante los colores de la bandera o de la camiseta de nuestro equipo, guiados por nuestro cerebro límbico, que sólo libera pasiones más o menos primitivas.

No hay más que ver cómo ladran con furia o mueven el rabo algunos perros en medio de la vida pública, con qué gusto culebrean algunas serpientes entre los conceptos pantanosos de familia, nación, lengua y territorio, excitando los instintos primarios de los ciudadanos, para darse cuenta de que gran parte de la política española, lejos de haberse instalado en el cortex del cerebro, se mueve todavía en la fase preliminar a la razón.

Algo de esto intuía Maquiavelo cuando en sus consejos al Príncipe dijo que hay tres clases de cerebros: el que discierne por sí mismo, el que sólo entiende lo que otros disciernen y el que no discierne ni entiende nada.

Esta tercera clase de cerebro, que Maquiavelo califica de inútil y que puebla infinidad de cráneos, es el que algunos políticos alimentan con conceptos sagrados y viscosos, mediante un juego sucio, para excitarlos y extraer de ellos sólo emociones primarias de mamíferos superiores con el único fin de sacar votos.