Por siempre Barcelona

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2009, Londres, Stamford Bridge, minuto 93 Chelsea 1-0 Barcelona; Alves trepa la enredadera por banda derecha, tira un centro impaciente, le cae a Eto’o, rebota en Messi, que toca y mira con el rabillo del ojo a Iniesta apareciendo por el interior, pálido y lánguido le pega. El balón lleva un efecto hacia afuera, Cech no puede detenerlo. A partir de ahí como dice Andrés Iniesta: “todo se vuelve borroso. No se escucha nada. Gente corriendo y saltando alrededor…”. Se abre un hoyo en el estadio que se traga al Chelsea. Años después los futbolistas del Barcelona cerrarán los ojos y seguirán mirando Stamford Bridge.

Este gol los lanzó a la eternidad. Nada de lo que hoy está pasando hubiera existido, si esa pelota se retrasa, o aquella bota llega tarde a la jugada. De ese espacio en sentido funcional, nació el mejor equipo de la historia. Centímetros, segundos, trayectorias; un balón llamado destino. Aquel momento es sin dudarlo, uno de los más importantes en la vida del futbol. La verdadera magia del Barcelona consistió en hacer época con tan sólo un instante. Extender ese momento durante cada torneo y partido, jugar en su tiempo. Con el futuro, vendrán equipos y jugadores quizá mejores o similares, aún así, la temporada hexagonal del Barsa no alcanzará replica jamás.

El futbol no tiene la culpa, alguien llegará tarde a otra jugada, lloverá, o al pase le faltará un centímetro. Son tantos los detalles que conspiran para evitar la perfección, que ésta no se repite nunca. Al final del año, Iniesta, cómplice de aquella estrella dice: “el día después, se tiene que preparar ahora, en el presente”. Él, junto a cualquier cosa que pueda volver a ganar el Barcelona, serán un momento de nuestro pasado. Gracias Andrés.

Jose Rmon Fermandez G. de Quevedo/mileniodiario

Plomo y candado

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LOS DICTADORES y los mafiosos están incapacitados para comprender que cuando encarcelan o asesinan a un periodista no encierran ni matan la verdad. Creen que la violencia los librará de verse una mañana, en las primeras planas de los periódicos, retratados con sus cómplices, junto a su trama deshilachada, frente al botín (ya sin valor, opaco) y custodiados por las siluetas de sus víctimas.

Es un mal congénito de los autoritarios y los opresores. Se recibe como ñapa con los atributos de mando, si el poder llega por serventías que no están en los mapas de la decencia y la legalidad. No hay escuela, asesor o consejero que les ayude en el aprendizaje de que el crimen o la intimidación sólo contribuye a intensificar la pasión por descubrirlo todo.

Las balas de los sicarios conmueven a la sociedad, pero no la paralizan. El dolor directo es personal, familiar, y alcanza, a menudo, a pequeñas comunidades donde un hombre o una mujer hacían su trabajo. El trabajo diario de informar. O de opinar.

En este año 2009, han asesinado a 68 comunicadores en todo el mundo, según estudios del Comité para la Protección de Periodistas (CPJ). El informe dice que 50 fueron muertos en venganza por su labor, 11 en conflictos bélicos y siete mientras cubrían enfrentamientos en la calle.

En América Latina, aparecen hombres de prensa asesinados en Colombia, México, El Salvador y Venezuela. En Honduras, tirotearon la semana pasada a la hija, de 16 años, de la periodista Carol Cabrera. La muchacha (que estaba embarazada) fue acribillada desde una moto cuando viajaba en el auto de su madre por una calle de Tegucigalpa.

Están en prisión 136 comunicadores. China y Cuba -con 24 presos- comparten el número uno de los carceleros del planeta. Después viene Irán con 23. En los últimos meses ha crecido la represión para controlar a blogueros, editores y foto-reporteros.

Las estadísticas no pueden tasar los sufrimientos. Ayudan a ver la acción y a escuchar los disparos de una contienda paralela contra el periodismo. Esa ofensiva usa, además, la indolencia y el tiempo grosero de la burocracia (o de los corruptos) para investigar los crímenes y las amenazas.

De todas formas la verdad camina. Hace unos días visité en Praga el Museo del Comunismo. Allí vi las celdas donde estuvieron confinados algunos amigos periodistas y escritores. Al volver a Madrid, leí la noticia de la muerte de uno de los grandes jefes del narcotráfico en México. Y así.

Raul Rivero

Niebla

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Cuando en 1958 viví en Granada un año estudiando Derecho, el nombre de García Lorca estaba sometido a un silencio muy sólido en su propia ciudad. Supe que alrededor del poeta había un misterio porque en mis correrías de estudiante por los colmados de la Alcaicería a veces me encontraba con un tipo bien vestido y generalmente ebrio, que en los momentos de mucho vino rompía a sollozar y a pedir perdón en voz alta a un tal Federico. A ese hombre sus conocidos le llamaban Pepeniqui. Era el mayor de los hermanos Rosales, jefe de Falange durante la guerra, en cuya casa fue acogido Lorca. A partir de este hecho comencé a interesarme por algunos pormenores de la muerte del poeta. En compañía de un compañero de clase, que también lo ignoraba todo sobre el caso, hice una excursión hasta Viznar. Al llegar a la plaza del pueblo había una pareja de la Guardia Civil, que sin decirnos nada no dejó de vigilar nuestros movimientos hasta que abandonamos aquel paraje. Mucho después, a finales de los años sesenta, cuando el nombre y la muerte de García Lorca ya eran un clamor en toda España, en otro viaje a Granada un librero amigo me llevó de nuevo al lugar del crimen. Detuvo el coche cerca de una plantación de pimpollos y de una urbanización de chalés en las afueras de Alfacar. Con la convicción de saber muy bien lo que decía, no sin congoja, señalando un movimiento de tierras, afirmó que el franquismo estaba tapando con cemento y con repoblación forestal todos los vestigios de los fusilamientos que hubo en ese lugar, donde había miles de enterrados. El invierno pasado quise visitar el monolito y el famoso olivo que indicaba la fosa del poeta, un punto crucial, ya consagrado, de peregrinación, pero una niebla muy espesa que cubría ese día toda la falda de sierra Nevada me impidió orientarme. Presiento que esa niebla perdurará durante un tiempo indefinido sobre el paradero de los restos de nuestro poeta nacional, sacrificado por la barbarie. Sin ánimo de atribuirme virtudes de investigador, pienso que es una ingenuidad muy grande no sospechar que el franquismo hizo todo lo necesario para evitar que el cuerpo de García Lorca fuera un día rescatado, dejándolo a un metro bajo tierra a merced de cualquiera que pudiera levantarlo como una bandera.

Abran la puerta, Policia!

12-3

Querido J:

El 12 de septiembre de 1813, un Parlamento decidió por vez primera en España sobre las corridas de toros. Fue el de las Cortes de Cádiz. Había dos hombres. Uno era murciano. El otro, catalán. Don Simón López. Don Antonio de Capmany. El catalán, culto, ilustrado y acaso por esto de que dijeron rápidamente que no era un buen catalán, defendía las corridas. Ya lo había hecho ante adversarios de más fuste, como Jovellanos. Las defendía porque, a su entender, las corridas de toros eran una expresión del carácter nacional. Las actas de las Cortes de Cádiz correspondientes al día se han perdido, pero hay un valioso artículo de Beatriz Badorrey que reconstruye en lo que puede la polémica, y que voy a seguir ahora. Sobre todo por lo que respecta a las razones del diputado López. Lee: «El rufian, la ramera, el idolatra, el comediante, el lidiador ó torero, el luchador ó espadachín, el aguacil de teatros, el flautero, ó guitarrista, ó lirista, ó baylarin, el sodomita, el libertino y licencioso, el charlatan, bujon, ó histrión, el encantador y agorero, el que vive como gentil, el que frecuenta los espectáculos teatrales, las venaciones, ó toros, carreras, luchas, etc. ó dexen esto, ó no sean admitidos al bautismo, dice S. Clemente 1º». En efecto: los toros, como toda la compaña, eran obra del diablo. Y los curas, como el diputado López, contra ellos se alzaban.

Los curas de hoy también son diputados y también piensan, muchos de ellos, que los toros son del diablo. Yo, amigo mío, no puedo defraudarlos. Los toros son pecado. Comprendo que los taurinos, por razones estratégicas, obvien este asunto en su defensa. Comprendo que la obviase mi querido Capmany, que no sabía por dónde salirse de ilustrado que era. Pero es la defensa. No hay otra. Yo voy poco a los toros. Y últimamente sólo voy a ver a José Tomás. Esa monodosis es vista con suspicacia por algunos taurinos: no creen que así se comporte un taurino pata negra. Este tipo de tipos que se suspicarían de que uno sólo leyese a Montaigne, Orwell o Simenon, e insistiesen mientras enarbolan libros de Zafón: «¡A ti no te gusta leer!». Yo voy a ver torear a José Tomás por el placer. Creo que por la misma razón, básicamente, que el pueblo romano iba a ver cómo luchaban los gladiadores. Por las mismas razones que me levantaba de madrugada para ver morir a Cassius Clay en los brazos de Frazier. Por lo mismo que el escritor Juan Abreu saca un trocito de sushi de las ingles de una mujer tendida, atada y farcida, y luego se lo come, el tío. Es el placer, sólo.

Los placeres son fáciles de estropear. No estoy seguro de que en el origen de toda fortuna anide un gusano. Pero en el núcleo del placer, el gusano arrastra siempre sus anillos. ¿Cómo comerte el hígado del pato que ha sufrido? ¿Cómo se puede ser tan blindadamente feliz cenando por 200 euros, con la cantidad de niños sin pan? ¿Cómo no reconocer que, en el fondo del aprecio desmedido por algún objeto artístico (un cuadro, un iPhone blanco) está la evidencia de que poca gente lo tiene, esa maldad profunda? ¿Cómo someterse a un masaje, incluso sin final feliz, cuando el tumbado se pone en la piel del que está de pie, sudando? Nadie piensa en el toro cuando está José Tomás ahí abajo, eso es todo. Cualquier placer observado es inmoral.

Mira si no el Simón, antecedente del cura Puigcercós: el sodomita, el guitarrista, el que vive como gentil.

Se dirá: la puta, el boxeador deciden por sí mismos, a diferencia del toro. ¡Oh, déjame detenerme un instante en este argumento! Naturalmente que el toro no decide; por eso es toro y nosotros hombres. El que dice que el toro no decide es que está viendo abajo un hombre banderilleado. No, no es el toro, claro: son unos hombres enfrente de otros hombres. A unos les ofende la sangre y a otros, no. Como si quisieran prohibir las morcillas. Un legítimo y bronco combate moral entre hombres. Es decir, no entre hombres y morcillas. La corrida de toros sucede en un ámbito privado. En este sentido, el recinto no se diferencia de la Cueva del Sado. Se trata de pagar la entrada. Pero el que sea un ámbito privado no exime de la intervención pública. Si en vez de toros se lidiaran hombres, la autoridad intervendría. Es legítimo y es lo que están pidiendo al Parlamento.

¿Esta petición es mayoritaria en la sociedad catalana? La cuestión no es si a la mayoría le gustan los toros. Tampoco a la mayoría le gusta el rugby ni el sushi de ingles. La cuestión es si la mayoría decide que hay que entrar en esa habitación privada porque allí se están cometiendo atrocidades. Es una cuestión muy distinta. Si matar a un toro exige el derecho de intervención de lo público en lo privado, muchas otras habitaciones catalanas habrán de soportar la entrada de la Policía. Yo comprendo que haya a quien le moleste lo que está pasando en el albero. Ahora bien: ¿hay un consenso cierto en la sociedad catalana para entrar en esa habitación y disolver a los presentes? Lo dudo. Dudo de que el nivel ético de esta sociedad haya llegado a este punto. Porque llegado a este punto, foies, putas y boxeadores deberán ser automáticamente examinados. La ética es inexorablemente transversal.

Lo sería, claro. Lo sería si a esas incertidumbres morales innegables que tiene la corrida no se le añadiera el empujón necesario para que el toro sobresalga una cabeza entre el libertino, el comediante y el espadachín de los nuevos curatos. Bien, ya lo sabes, a qué cargar la suerte. El nacionalismo quiere acabar con los toros porque es un irrevocable símbolo de España. Un símbolo nacional, como decía el catalán Capmany. Los toros no tienen ninguna importancia práctica: unas docenas de animales muertos cada verano, cuatro perversos que disfrutamos de ellos, un negocio delicado, una afición tranquila que ya no quema conventos después de la corrida… Los toros sólo tienen importancia simbólica. Los toros son España. Y España es este desgarro inacabable, como los toros igualmente pasional. ¿Alguien puede entender seriamente que haya independentistas en Cataluña, un lugar técnicamente independiente desde hace años? Nadie puede entenderlo. Organizar encuestas independentistas y prohibir las corridas de los toros obedece a la misma tremenda españolidad de Cataluña. La necesidad persecutoria del otro. Este tira y afloja permanente que es el auténtico ser de España.

Desde aquí te digo, amigo mío: hoy que apretaron otra tuerca. Si algún día Cataluña fuera independiente y gobernaran los curatos, al día siguiente el tira y afloja habría continuado. En dirección contraria y empezando por el restablecimiento de la fiesta brava.

Sigue con salud,

A.

La cuestión es si la mayoría decide que hay que entrar en esa habitación privada porque allí se cometen atrocidades

El nacionalismo quiere acabar con los toros porque es un irrevocable símbolo de España. Un símbolo nacional.

Arcadi Espada/elmundo.es

Top secret

Federico Garcia Lorca
Federico Garcia Lorca

La arqueología tiene un límite. Lo inaccesible. Y hasta ahí parece haberse llegado en Alfacar, Granada, en la búsqueda de los restos de Lorca. Pero no se han hecho bien las cosas. En España, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ha realizado desde el año 2000, cuando se abrió la fosa de Priaranza, un total de 130 exhumaciones con el hallazgo de 1.146 cuerpos. Estos trabajos, en circunstancias muy adversas, han permitido la formación de un grupo altamente especializado de historiadores, forenses y arqueólogos. Las experiencias anteriores habrían sido de gran utilidad para la búsqueda en el barranco de Víznar. Pero en ningún momento este equipo de expertos ha sido contactado. Uno de los fundadores de la Asociación me cuenta que habrían acudido allí como voluntarios. Para empezar, explicarían que la de la tierra es una memoria muy laboriosa. En ocasiones, han encontrado fosas a 50 metros o más del lugar señalado por los testigos. El vacío que deja esta búsqueda fallida afecta especialmente a las familias de otras muchas víctimas, ellas sí deseosas de encontrar a los desaparecidos en esa zona de Víznar. La importancia del cuerpo de Lorca es que, en cierto modo, él era todos los cuerpos. Su asesinato encarna la derrota de la humanidad. Declarado el límite arqueológico de lo inaccesible, sólo hay dos bocas que pueden aportar luz. Una es la de la poesía: Lorca vivirá siempre. La otra es la justicia. Sólo una verdadera investigación judicial podría aportar luz. Encontrar alguna huella, algún vestigio, algún testimonio, algún documento secreto. Se sabe que el caso Lorca fue muy importante para el régimen. Top secret. Se trataría de borrar toda huella. Pero hay alguna pista. De todos los informes sobre fosas realizados para el Valle de los Caídos, han desaparecido los de las zonas próximas a Granada. Pero nuestra justicia, como bien saben, también ha chocado con lo inaccesible.

Manuel Rivas/elpais.es

Toros en Cataluña

Tor-toro

Si yo he ido tanto a los toros ha sido por ganarme la vida de reportero; siempre me he aburrido tanto en las corridas como en las misas. Pero si los de la Liga del Noreste siguen queriendo matar al Borbón e indultar al cornúpeta, nos van a volver a todos españoles, monárquicos, jacobinos y taurinos. Ni siquiera cuando nos dejen en paz se apagará en Cataluña esa armada testuz que embiste desde Altamira a Guisando. Los Borbones eran centralistas y a la vez antitaurinos; este Rey no es así. A pesar de ello le están dando la barrila con lo de «mori el Borbó». Don Juan Carlos aprendió muy bien la cartilla y supo que tenía que aparentar que soba en la Ópera y se apasiona en la barrera. Sus abuelos, a los que retrató Goya como a volapiés, tuvieron que autorizar las corridas porque en Cataluña y en España los campesinos vendían las camisas para ir a la fiesta.

Los jóvenes independentistas aserraban las patas a los toros de Osborne. No era reivindicación histórica: en los 60 había 10 plazas de toros en Cataluña. Cuenta Adrian Shubert que en 1835, por culpa de una corrida en la que salieron los toros mansos y los toreros cortos de cuello, la gente se amotinó. Decían las coplas: «Van surtir sis tores / que van a ser dolents. / Aixó va a ser causa / de cremá els convents», que significa más o menos: salieron seis toros muy malos y ésa fue la causa de que se quemaran los conventos.

La gente de todas las esquinas contempló con deleite cómo los matarifes mataban los toros sentados en una silla con los pies atados con grilletes, cómo se alanceaban, se quemaban y después se comían los astados. Por razones humanitarias intentaron abolir las corridas desde los Austrias a los Borbones, desde los ateos a los creyentes. Algunos Papas lucharon contra las corridas como peleaban contra los hugonotes.

En las guerras civiles la gente se cortaba el pescuezo y luego, en un ataque del típico ternurismo de asesinos, prohibía las corridas. Fernando VI mandó edificar la plaza de toros de Madrid. Su mujer, Bárbara de Braganza, a la que el pueblo de Madrid cantaba «fea, pobre y portuguesa: chúpate esa», encima le aconsejó al rey que hiciera la plaza.

A Pablo Iglesias, cuando le hablaban de toros, blasfemaba. Pero las plazas siguieron de pie porque no sólo se lidiaban morlacos sino que también se canonizaban santos, se coronaban reyes, se decapitaban traidores, se quemaban herejes, entre mozas con cachiporras y mozos de Monleón.

Todo este roneo es producto de la ignorancia y del rencor. Lo dice muy bien Luis Felipe Vivanco: «Somos así: un rencor que no perdona / y un toro que te embiste y empitona / y un cristo cachetero. Y la puntilla».

Raul del Pozo/elmundo.es

El olvido

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Dos científicos de la Universidad de Nueva York acaban de inventar el alzhéimer, que viene a ser como descubrir la gasolina. Por lo visto, son capaces de borrar de la memoria los malos recuerdos, no hemos comprendido muy bien cómo. Lo importante es que vas a consulta, pides que te borren la Guerra Civil española de la cabeza y te la borran. Quien dice la Guerra Civil española, dice el armario de tres cuerpos de la habitación de tus padres, la adolescencia entera, la primera pálida o el último gatillazo. La limpieza dura un año, por lo que albergamos dudas acerca de si se trata de un borrado auténtico o de una represión. Tampoco hemos entendido cómo eliminan las bisagras que articulan los malos recuerdos con los buenos. En la oración gramatical “no hay mal que por bien no venga”, resulta difícil, por ejemplo, separar el mal sin cargarse el bien. Los malos recuerdos crean, con los buenos, alianzas sintácticas de complicado desmontaje.

En Olvídate de mí, una extraña película de Michel Gondry, con guión de Charlie Kaufman e interpretada, entre otros, por Jim Carrey y Kate Winslet, una pareja conflictiva, de las de ni contigo ni sin ti, acude a un doctor que practica el alzhéimer selectivo para que borre a cada uno el recuerdo del otro. El problema es que pasado el tiempo vuelven a encontrarse por casualidad y se enamoran de nuevo por necesidad. Los oncólogos todavía buscan el modo de eliminar las células malas sin dañar las buenas y los cocineros no han logrado aún hacer una tortilla sin romper el huevo. Si a Tiresias le hubieran curado la ceguera, habría perdido con ella, paradójicamente, la videncia. Al mismo Dios le quitas el diablo y se queda prácticamente en nada el pobre. Quizá sea posible eliminar los malos recuerdos, pero ya me dirán por dónde cortar para que no se venga abajo el tinglado entero.
Juan Jose Millas/elpais.com

Suiza sin minaretes

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Son ya muchos los avisos que el mundo está presenciando, la vuelta a la intolerancia, al odio y a la incomprensión avanza donde menos se le espera y toman formas que creíamos ya superadas.

En Suiza existen sólo cuatro minaretes, cuatro alminares, torres desde las cuales el muecín, con su melancólica voz, llama a los creyentes a la oración. Actualmente esos cuatro minaretes están mudos, porque si bien existen, nadie los usa con el fin tradicional, pues los musulmanes saben perfectamente a qué hora deben acudir a su cita.

En 2007, un grupo de extrema derecha en dicho país comenzó la reunión de firmas para llevar al parlamento y de ahí al referéndum una propuesta de enmienda constitucional que prohibiera la construcción de nuevos minaretes en territorio de la Confederación Helvética, con el pretexto de que Suiza se está islamizando. Se reunieron apretadamente las 100 mil firmas requeridas, la propuesta pasó con muchos trabajos por el parlamento y el gobierno se vio obligado a proponer a los ciudadanos el referéndum. Aun cuando el régimen hizo todo cuanto estaba en sus manos para alentar en los electores el voto por el no, los resultados en las urnas, el 29 de noviembre, fueron de 57.5% a favor de la prohibición; el cantón alemán de Appenzell tuvo 71.5% a favor de la prohibición y, da gusto saberlo, el “no” más fuerte provino de los cantones franceses, especialmente el de Ginebra, donde el rechazo alcanzó 59.7 por ciento.

Son ya muchos los avisos que el mundo está presenciando. La vuelta a la intolerancia, al odio y a la incomprensión avanza donde menos se le espera y toma formas que creíamos ya superadas. Lo mismo que satanizar a los jóvenes por su vestimenta o a las personas debido a sus creencias, es identificar musulmán con terrorista o Islam con violencia. Suiza ha sido el lugar de asilo por excelencia de Europa, muchos han salvado la vida trasponiendo sus fronteras, hoy, ese horizonte parece alejarse.

Habría que pensar que hay en Europa algunos alminares interesantes, el Minarete Verde de la Mezquita mayor de París, por ejemplo, pero hay otros que también deben llamar nuestra atención, el campanario de la Catedral de Sevilla es uno de los minaretes más hermosos del mundo. Ojalá es una palabra de origen árabe que quiere decir etimológicamente si Alá quiere. Y a nadie se le ocurriría derruir la mezquita de París o la Giralda de Sevilla, a nadie se le ocurriría que en toda la geografía de la lengua española se prohibiera pronunciar la palabra ojalá, todo porque edificios y palabras son parte de nuestro patrimonio histórico.

Cada vez que se acalla una lengua, se pierde un universo; cada vez que nos negamos al diálogo, se pierde parte de la herencia de todo el mundo pero, sobre todo, cada vez que iniciamos una prohibición basada en la diferencia de creencias o en cómo ver el mundo, abrimos el camino al odio. La migración musulmana en Europa es parte del desequilibrio económico entre el Norte y el Sur. Se trata también de formas de explotación y de problemas que los electores suizos, por sí mismos, no pueden solucionar, pero que podrían contribuir a arreglar con buena voluntad y con un sentido humanitario. Ojalá, que así fuera.

Fernando Serrano/excelsior.com

Capitalismo ambiente

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LA FIEBRE del oro es la sintomatología de una pandemia. Tiene su origen en la evolución del ser humano, que comienza de una imaginaria Arcadia feliz y, empeorando, llega al capitalismo. En él se devoran los hombres unos a otros, lo mismo que al principio pero de otra manera. La supervivencia exige la competitividad. Antes, el necesitado por hambre mataba un animal y se lo comía más o menos crudo. Ahora la sociedad, inaplacable, exige otros métodos y un mercado de valores. En él se mueven algunos hombres no sólo para tener dinero, sino para tener más dinero que los de alrededor y los de arriba: el apetito saciado con un animal ha pasado de moda. Se quiere lo que tienen los otros pero en mayor cantidad que nadie si es posible. Y se actúa para que lo sea. Ahí está la raíz de este mundo y de su despreciable antropofagia. Todos aspiramos a ser los comedores, pero la inmensa mayoría acaba siendo comida. Y esto va a seguir siendo así. Ningún ideal, ningún partido, ningún gobierno lo cambiará jamás. No es un asunto político. La política es sólo una criada.

Antonio Gala/elmundo.es

Curas vascos

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Casi todos los curas, incluido la mayoría de los arciprestes, se han amotinado contra el nuevo obispo de Guipúzcoa, mientras, me ha contado Juan (de cuyo apellido no quiero acordarme), que el Papa Benedicto hace ganchillo. A ver si estalla un cisma. Relatan los historiadores que el Cisma de Oriente surgió porque el emperador Miguel III, llamado el Beodo, porque siempre estaba pedo, expulsó de la sede de Constantinopla a San Ignacio, porque daba la vara a los crápulas. El emperador era hijo de Teodora, muy piadosa, aunque contaba Camilo José Cela, que la emperatriz de Bizancio fue objeto de sodomía por su ausencia de formas de mujer. Realizó el coito con los 10 invitados en un festín y con los 30 sirvientes. Se solía tender en el suelo y tras derramar cebada sobre su vulva, permitía a unos gansos que fueran a picotear el cereal. Educó pésimamente a Miguel y éste la recluyó en un convento; después el emperador cocido provocó el cisma de Oriente o de Occidente, depende desde qué parte del mapa se mire.

Apenas creo en los monjes de Silos, que son maravillosos y hacen milagros con humildad, pero también creo, como los racionalistas franceses que cada paso que la inteligencia ha dado en Europa ha sido contra el partido clerical. Eso no cuenta en el País Vasco, donde los curas, han sido algo más que curas, han estado muy cercanos a la gente, han jugado a la pelota en la plaza del pueblo y no sólo han militado en el carlismo y en el PNV, sino que muchos de ellos fueron asesinados en la Guerra Civil, por alinearse con el bando republicano.

En Roma eso no lo han tenido en cuenta a la hora de santificar a los mártires. Ahora mismo su sermón no es de trabucaires, sino de progres. Los Baroja retratan a los sacerdotes vascuences como muy machos, muy hombres, portavoces de la religión judía, en donde la mujer no es más que un vaso de impurezas.

Si es cierto que la insurrección nació en las sacristías, que el PNV fue fundado por Sabino Arana, de ideas teocráticas, y llevaban la soga y la tea en las guerras carlistas, los curas en el País Vasco se mantienen en un estado más o menos sincrético junto a otras creencias. Escribe Don Pío que incluso los piratas y negreros vascos eran católicos, porque algunos descendían de canónigos.

Piensa Voltaire que los hombres originariamente han sido peces; algunos vascos creen que son descendientes de Tubal, nieto de Noé. Cada uno que se lo monte como pueda. Restablezcamos, cuando acabe la violencia, aquella vieja simpatía de cuando todos éramos del Athletic de Bilbao. Está cambiando la tonalidad política en Euskadi.

Pero que tengan cuidado las prima donnas de Roma, porque los curas vascos pueden armar la de Dios.

Raul del Pozo/elmundo.es