Las ruinas del muro

antonio_gala

Conoci el Muro años antes de su muerte. Estaba cantada: a un pueblo no puede deslindárselo ni aherrojarlo. Fue un triunfo suyo, representado por Kohl y Gorbachov, que me honra con su amistad. El capitalismo occidental, ya sin adversario, se consideró ganador histórico. Y abusó como siempre hace quien se cree único poderoso. Nos abrumó con crímenes burocráticos, excesos increíbles y el radicalismo que nos trajo a la recesión de hoy. Políticos ignorantes y débiles no lograron evitar las lógicas y congruentes consecuencias de la caída, que a la larga nos afectaba a todos. No se aplicó el principio capitalista de la personificación de los resultados: «Que cada palo aguante su vela». Y lo sufrimos ahora todos. Porque originó que un fracaso económico haya traído el institucional, el intelectual y el moral. O al menos su exasperación: ex ovo, el fracaso estaba ya en el sitio donde siempre que el dinero gobierna. Los 20 años sin Muro fueron económicamente productivos. Pero nos han enseñado, otra vez, la estupidez y el egoísmo humanos. «Los banqueros -ha dicho el jefe de Goldman Sachs- hacemos el trabajo de Dios». Por si no queríamos caldo, tres tazas.

articulo de Antonio Gala/la tronera/elmundo.es

DROGA LEGAL

058825400-1194937922drogasEl fracaso de la política de represión de las drogas es de tal modo evidente, que en los últimos tiempos se han multiplicado en todas partes los debates sobre otras posibles soluciones. CAMBIO16, que lleva ya años comprometido con la posición de que la represión no es el remedio, sino por el contrario la causa principal de que exista un problema de drogas, prosigue ahora esa campaña presentando un proyecto de Manifiesto por su legalización. Se trata de un texto del premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, enviado por él a un debate organizado por la Procuraduría mexicana, y que está siendo suscrito por personas de la más variada condición: economistas, cantantes, escritores, filósofos, profesores de Derecho, geógrafos, antropólogos, arquitectos. En el mismo sentido, publicamos en esta revista un artículo del filósofo Fernando Savater, y unas declaraciones del premio Nobel de Economía Milton Friedman, así como la opinión, en una entrevista, del novelista Mario Vargas Llosa.
Gente muy heterogénea, como puede verse. Y es posiblemente en los últimos 20 años la primera vez en que están de acuerdo sobre un mismo tema Vargas Llosa y García Márquez, para no hablar de Friedman. Pero no sólo ellos, sino además los geógrafos, los arquitectos, los cantantes, etc. ¿Qué tienen en común todos ellos? Significativamente, tienen en común no lo que son, sino lo que no son: no son narcotraficantes, ni banqueros, ni miembros de ningún gobierno.
Es decir, no pertenecen a ninguna de las minorías que sacan provecho directo de la prohibición de las drogas, en dinero o en poder. Y en consecuencia tienen la capacidad de juzgar desinteresadamente el resultado de décadas de prohibición, y de concluir que ésta no sólo no ha resuelto el problema de las drogas, sino que además causa daños mucho mayores que los de las drogas mismas, y que se suman a ellos. Y entre esos daños mayores hay que contar, claro está, el provecho en dinero y en poder que le sacan a la prohibición las tres minorías mencionadas: narcos, bancos y gobiernos.
El provecho de los narcos está claro. Sin la prohibición su negocio no valdría casi nada; gracias a ella, es el mejor negocio del mundo. Y también están claros los daños colectivos que se derivan de que los narcos sean ricos y poderosos.
El interés de los bancos también está bastante claro. Las drogas mueven anualmente billones de dólares, que se lavan a través de los bancos: de todos los bancos. Que ese volumen de dinero pase por los bancos puede ser malo o bueno: ésa es otra discusión; pero hasta los mismos gobiernos preferirían sin duda que fuera dinero limpio (los banqueros tal vez no).
Pero si los motivos por los cuales narcos y banqueros son amigos de la prohibición saltan a la vista, los de los gobiernos son menos evidentes. Y sin embargo son los que importan, pues son los gobiernos quienes mantienen la prohibición. Son menos evidentes porque los disfrazan detrás de una retórica moralista como detrás de una cortina de humo, y es necesario primero apartar la cortina y desmontar la retórica para ver cuáles son los intereses reales, nunca explícitos: porque si siempre es útil para un gobierno ser cínico, nunca es bueno parecerlo.
Los gobiernos —todos los gobiernos: el teocrático de Irán, el comunista de China, el democrático de Estados Unidos y todas las variedades intermedias— dicen prohibir las drogas por razones de moral y salud pública. Porque las drogas son malas. Y llevan décadas propalando la doctrina de que, como son malas, prohibirlas es bueno, sean cuales sean los resultados: esos resultados catastróficos que vemos totalmente malsanos en el terreno de la salud y resueltamente inmorales en el de la moral. En el primero, la multiplicación de los adictos a las drogas, el crecimiento de las muertes por sobredosis (droga adulterada) o por sida (transmisión entre adictos marginados). En el segundo, la proliferación de pequeños delincuentes que necesitan financiar su costosa adicción, la corrupción de jueces, policías, ejércitos, países enteros.
Pero por detrás de lo que dicen, los intereses que tienen los gobiernos en mantener la prohibición son tan claros como los de los narcos o los de los banqueros. Y es natural: es que son los mismos: dinero y poder.
Dinero: indirectamente a través de los bancos; o directamente, por el tráfico mismo, que brinda una manera cómoda de financiar esas operaciones secretas y «sucias» a que tan aficionados son todos los gobiernos: desde pagar con droga a informantes de la Policía hasta costear una guerra prohibida por el Congreso, como hizo el presidente Bush en Nicaragua. Y poder: poder sobre los propios ciudadanos —esas tremendas leyes antidroga que brotan en todos los países—, y poder, para los países grandes, de intervención «legítima» en los asuntos de los más débiles. También el ejemplo más claro lo brindan Estados Unidos, principal campeón de la represión de las drogas, que justificó con ella la invasión de Panamá.
Pues lo más inmoral de la prohibición es que sirve para disfrazar la moralidad de los intereses de dinero y poder que ella misma genera. Es el refinamiento final del concepto de «opio del pueblo». Resulta fascinante que se haya llegado ahí: la prohibición del opio es hoy el verdadero opio del pueblo. Y esa es la droga de la que la sociedad está por fin empezando a despertar.

Carta abierta a Carlos Slim

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DENISE DRESSER

Estimado Ingeniero: Le escribo este texto como ciudadana. Como consumidora. Como mexicana preocupada por el destino de mi país y por el papel que usted juega en su presente y en su futuro. He leído con detenimiento las palabras que pronunció en el Foro Qué Hacer Para Crecer y he reflexionado sobre sus implicaciones. Su postura en torno a diversos temas me recordó aquella famosa frase atribuida al presidente de la compañía automotriz General Motors, quien dijo: “Lo que es bueno para General Motors es bueno para Estados Unidos”. Y creo que usted piensa algo similar: Lo que es bueno para Carlos Slim, para Telmex, para Telcel, para el Grupo Carso, es bueno para México. Pero no es así. Usted se percibe como solución cuando se ha vuelto parte del problema; usted se percibe como estadista con la capacidad de diagnosticar los males del país cuando ha contribuido a producirlos; usted se ve como salvador indispensable cuando se ha convertido en bloqueador criticable. De allí las contradicciones, las lagunas y las distorsiones que plagaron su discurso, y menciono las más notables: –Usted dice que es necesario pasar de una sociedad urbana e industrial a una sociedad terciaria, de servicios, tecnológica, de conocimiento. Es cierto. Pero en México ese tránsito se vuelve difícil en la medida en que los costos de las telecomunicaciones son tan altos, la telefonía es tan cara y la penetración de internet de banda ancha es tan baja. Eso es el resultado del predominio que usted y sus empresas tienen en el mercado. En pocas palabras, en el discurso propone algo que en la práctica se dedica a obstaculizar. –Usted subraya el imperativo de fomentar la productividad y la competencia, pero a lo largo de los años se ha amparado en los tribunales ante esfuerzos regulatorios que buscan precisamente eso. Aplaude la competencia, pero siempre y cuando no se promueva en su sector. –Usted dice que no hay que preocuparse por el crecimiento del Producto Interno Bruto; que lo más importante es cuidar el empleo que personas como usted proveen. Pero es precisamente la falta de crecimiento económico lo que explica la baja generación de empleos en México desde hace años. Y la falta de crecimiento está directamente vinculada con la persistencia de prácticas anticompetitivas que personas como usted justifican. –Usted manda el mensaje de que la inversión extranjera debe ser vista con temor, con ambivalencia. Dice que “las empresas modernas son los viejos ejércitos. Los ejércitos conquistaban territorios y cobraban tributos”. Dice que ojalá no entremos a una etapa de Sell Mexico a los inversionistas extranjeros, y cabildea para que no se permita la inversión extranjera en telefonía fija. Pero al mismo tiempo usted, como inversionista extranjero en Estados Unidos, acaba de invertir millones de dólares en The New York Times, en las tiendas Saks, en Citigroup. Desde su perspectiva incongruente, la inversión extranjera se vale y debe ser aplaudida cuando usted la encabeza en otro país, pero debe ser rechazada en México. –Usted reitera que “necesitamos ser competitivos en esta sociedad del conocimiento y necesitamos competencia; estoy de acuerdo con la competencia”. Pero al mismo tiempo, en días recientes, ha manifestado su abierta oposición a un esfuerzo por fomentarla, descalificando, por ejemplo, el Plan de Interconexión que busca una cancha más pareja de juego. –Usted dice que es indispensable impulsar a las pequeñas y medianas empresas, pero a la vez su empresa –Telmex– las somete a costos de telecomunicaciones que retrasan su crecimiento y expansión. –Usted dice que la clase media se ha achicado, que “la gente no tiene ingreso”, que debe haber una mejor distribución del ingreso. El diagnóstico es correcto, pero sorprende la falta de entendimiento sobre cómo usted mismo contribuye a esa situación. El presidente de la Comisión Federal de Competencia lo explica con gran claridad: Los consumidores gastan 40% más de lo que debieran por la falta de competencia en sectores como las telecomunicaciones. Y el precio más alto lo pagan los pobres. –Usted sugiere que las razones principales del rezago de México residen en el gobierno: la ineficiencia de la burocracia gubernamental, la corrupción, la infraestructura inadecuada, la falta de acceso al financiamiento, el crimen, los monopolios públicos. Sin duda todo ello contribuye a la falta de competitividad. Pero los monopolios privados como el suyo también lo hacen. –Usted habla de la necesidad de “revisar un modelo económico impuesto como dogma ideológico” que ha producido crecimiento mediocre. Pero precisamente ese modelo –de insuficiencia regulatoria y colusión gubernamental– es el que ha permitido a personas como usted acumular la fortuna que tiene hoy, valuada en 59 mil millones de dólares. Desde su punto de vista el modelo está mal, pero no hay que cambiarlo en cuanto a su forma particular de acumular riqueza. La revisión puntual de sus palabras y de su actuación durante más de una década revela entonces un serio problema: Hay una brecha entre la percepción que usted tiene de sí mismo y el impacto nocivo de su actuación; hay una contradicción entre lo que propone y su forma de proceder; padece una miopía que lo lleva a ver la paja en el ojo ajeno e ignorar la viga en el propio. Usted se ve como un gran hombre con grandes ideas que merecen ser escuchadas. Pero ese día ante los diputados, ante los senadores, ante la opinión pública, usted no habló de las grandes inversiones que iba a hacer, de los fantásticos proyectos de infraestructura que iba a promover, del empleo que iba a crear, del compromiso social ante la crisis que iba a asumir, de las características del nuevo modelo económico que apoyaría. En lugar de ello nos amenazó. Nos dijo –palabras más, palabras menos– que la situación económica se pondría peor y que ante ello nadie debía tocarlo, regularlo, cuestionarlo, obligarlo a competir. Y como al día siguiente el gobierno publicó el Plan de Interconexión telefónica que buscaría hacerlo, usted en respuesta anunció que Telmex recortaría sus planes de inversión. Se mostró de cuerpo entero como alguien dispuesto a hacerle daño a México si no consigue lo que quiere, cuando quiere. Tuvo la oportunidad de crecer y en lugar de ello se encogió. Sin duda usted tiene derecho a promover sus intereses, pero el problema es que lo hace a costa del país. Tiene derecho a expresar sus ideas, pero dado su comportamiento es difícil verlo como un actor altruista y desinteresado que sólo busca el desarrollo de México. Usted sin duda posee un talento singular y loable: sabe cuándo, cómo y dónde invertir. Pero también despliega otra característica menos atractiva: sabe cuándo, cómo y dónde presionar y chantajear a los legisladores, a los reguladores, a los medios, a los jueces, a los periodistas, a la intelligentsia de izquierda, a los que se dejan guiar por un nacionalismo mal entendido y aceptan la expoliación de un mexicano porque –por lo menos– no es extranjero. Probablemente usted va a descalificar esta carta de mil maneras, como descalifica las críticas de otros. Dirá que soy de las que envidian su fortuna, o tienen algún problema personal, o una resentida. Pero no es así. Escribo con la molestia compartida por millones de mexicanos cansados de las cuentas exorbitantes que pagan; cansados de los contratos leoninos que firman; cansados de las rentas que transfieren; cansados de las empresas rapaces que padecen; cansados de los funcionarios que de vez en cuando critican a los monopolios pero hacen poco para desmantelarlos. Escribo con tristeza, con frustración, con la desilusión que produce presenciar la conducta de alguien que podría ser mejor. Que podría dedicarse a innovar en vez de bloquear. Que podría competir exitosamente pero prefiere ampararse constantemente. Que podría darle mucho de vuelta al país pero opta por seguirlo ordeñando. Que podría convertirse en el filántropo más influyente pero insiste en ser el plutócrata más insensible. John F. Kennedy decía que las grandes crisis producen grandes hombres. Lástima que, en este momento crítico para México, usted se empeña en demostrarnos que no aspira a ser uno de ellos.Carta abierta a Carlos Slim

revista proceso/20/02/09

Hablando de muros

Denise-Dresser-12-10-07

MEXICO AMURALLADO

MÉXICO contra la pared. México atrapado por el muro infranqueable que la educación indefendible erige en torno a millones de mexicanos, víctimas de un sistema educativo que no le permite a México competir y hablar y relacionarse con el mundo. Víctimas de una escuela pública que crea jóvenes apáticos, entrenados para obedecer en vez de actuar. Educados para memorizar en vez de cuestionar. Entrenados para aceptar los problemas en vez de preguntarse cómo resolverlos. Educados para hincarse delante de la autoridad en vez de llamarla a rendir cuentas. Y, ante la catástrofe conocida, lo que más sorprende es la complacencia, la resignación, la justificación gubernamental y la tolerancia social. Nuestra constante convivencia con la mediocridad, año tras año, indicador tras indicador, resultado desconsolador, tras resultado desconsolador.Si la educación es tan importante como todos dicen, ¿dónde está el clamor? ¿Cómo entender que tantos marchen para defender a un líder sindical privilegiado?, pero nadie movilice a la sociedad para protestar contra una educación deficitaria. En México no hay una reacción suficientemente vigorosa por parte de los ciudadanos, precisamente por la baja calidad del sistema educativo; estamos tan mal educados que no sabemos lo importante que es la educación. Por ello se aprecia que la organización civil Mexicanos Primero elabore un reporte cargado de urgencia; una radiografía que debería ser una sacudida y un llamado a la acción; una convocatoria a patear y a derribar la pared; una intromisión inteligente o atinada en lo que siempre ha sido nuestro, de todos: el derecho a la educación.Derecho cercenado por una historia de progresivo deterioro, por la inclusión tardía, por la reprobación, por la deserción; produciendo una generación herida, en la cual más de la mitad de los jóvenes mexicanos están por completo fuera de la escuela, produciendo un país incapaz de construir trampolines para la movilidad social que permitan saltar de la tortillería al diseño del software. Donde la escolaridad promedio es de tan sólo 8.7 años, lo cual equivale a un segundo de secundaria y se vuelve razón fundacional de nuestro desarrollo trunco. Donde 56 por ciento de los mexicanos evaluados por la prueba PISA –la mejor métrica internacional– se ubican entre los niveles 0 y 1, es decir, sin las habilidades mínimas para afrontar las demandas de una economía que se enfrenta a un mundo globalizado. Cifras de una catástrofe; datos de un desastre; números que subrayan aquello que el escritor James Baldwin advirtió: los países no son destruidos por la maldad, sino por la debilidad, por la flojera.O por la complicidad en la construcción de ese paraje feudal que es el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. Paraje amurallado por el tipo de liderazgo que Elba Esther Gordillo tiene y cómo lo ejerce desde el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, prometiéndole apoyo al Presidente en turno para que no tenga problemas con el Sindicato. Para que no haya pleitos ni movilizaciones, ni confrontaciones como las que hubo en Oaxaca o en Morelos. Gobierno tras gobierno –de la mano del SNTE– han concedido a la educación pública como una estrategia de pacificación, más que como un vehículo de empoderamiento.¿Quiénes pagan el costo de la complicidad constante entre el gobierno y La Maestra? Seis de cada 10 alumnos que no concluyen secundaria con conocimientos básicos de matemática; cuatro de cada 10 que tampoco los obtiene en español. Y peor aún, millones de niños mexicanos coloreando figuras de héroes mexicanos muertos, memorizando historias de victimización, rindiéndole tributo al pasado antes de pensar en el futuro. Sobrevivientes de una educación construida a base de mitos que buscó producir una identidad nacional, y vaya que lo ha logrado: México, el país que produce personas orgullosamente nacionalistas, pero educativamente atrasadas. México, el país donde en la escuela pública se aprende poco de ciencia, pero se aprende mucho de sometimiento; se aprende poco de tecnología, pero se aprende mucho de simulación; se aprende poco de álgebra, pero se aprende mucho de cumplimientos mediocres, negociaciones injustas y beneficios extralegales. México, el país donde, en la escuela pública no se desata el sentido crítico o la autonomía ética o el empeño en el cambio social, sino una arraigada propensión a la conformidad.México sólo prosperará cuando su gente esté educada, y muy bien educada. Y eso entrañaría, para empezar, reconocerlo y actuar en consecuencia, como exige el reporte de Mexicanos Primero. Urge derribar la pared mediante un cambio de actitud, un cambio en los maestros y un cambio en las reglas. Urge un conocimiento básico de la deplorable situación de la educación actual para reformarla, porque de momento tenemos lo que nos ofrece y con eso nos conformamos. Urge mejorar a los maestros, porque ningún cambio puede hacerse sin o contra ellos, pero tampoco ningún cambio significativo puede dejar sin modificar profundamente la estructura institucional vigente, creada para un modelo autoritario y vertical, corporativo y opaco. Urge cambiar las reglas para que la educación no sea vista como un instrumento de ingeniería social del régimen o de reclutamiento electoral del gobierno, sino un trampolín para la prosperidad de los mexicanos.Para modernizar a México habrá que modernizar a los maestros y quien los mueve. Habrá que empezar por el gobierno y sus cálculos políticos. Habré que imbuirle a la actuación del secretario Alonso Lujambio, el sentido de urgencia –y el fuego en la panza– que todavía le falta demostrar. Habrá que insistirle a Felipe Calderón que La Maestra puede ser aliada, pero habrá que obligarla a actuar y a pactar de otra manera, con otros objetivos.Porque si la respuesta de las autoridades sigue siendo la tibieza o la simulación, condenarán a México a ser un país cada vez más rezagado, cada vez más rebasado, cada vez más aletargado, cada vez más pobre. Porque si no se instituye un padrón único de maestros, si no se transforma la educación normalista, si no se crean sistemas de formación continua de profesores, si o se implanta la certificación periódica y obligatoria para los docentes, si no se involucra la sociedad civil en una revolución educativa, México continuará siendo un país parapetado detrás de las excusas y el miedo y la tibieza y la renuencia de tantos a pagar costos políticos. Porque si el gobierno le permite a Elba Esther Gordillo obtener recursos, puestos y posiciones sin comprometerse a fondo con ese primer paso que es la “alianza por la calidad de la educación”, Alonso Lujambio terminará siendo otro secretario de Educación Pública que prefiere añadir ladrillos, en lugar de dar la batalla por su destrucción en nombre de los niños de México. Y Felipe calderón acabará convertido en otro Presidente que prefiere apuntalar el muro en vez de desmantelarlo.

Articulo de Denise Dresse  9 de Noviembre de 2009

Se busca

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Se busca, se busca a un mexicano innovador, valiente, visionario, con la visión propia de un estadista del siglo XXI. Se busca a un mexicano capaz de desmantelar el aparato callista y el priista que tanto daño han ocasionado y ocasionan a México. Se busca a un mexicano que finalmente intente resolver los problemas del presente con la mirada clavada en el futuro; un mexicano de excepción que haya superado los traumatismos históricos, los complejos inherentes al mestizaje y haya comprendido las consecuencias de una religión administrada por usureros y comerciantes; un mexicano que vea en la educación ineficiente y catastrófica el origen de todos nuestros males.

Se busca a un mexicano que libere al país de sus secuestradores tan corruptos como inmisericordes. Un mexicano que se atreva a desmantelar talentosamente el sindicato de petroleros, el de maestros, el de electricistas, así como otros tantos más. Una cáfila de bandidos que sujeta a México de la garganta extrayéndole, como si fuera una gigantesca sanguijuela, lo mejor de su sangre, mientras la inmensa mayoría de los mexicanos tienen que soportar las extorsiones, los robos y las amenazas de estas pandillas dispuestas a unirse en contra de la patria si un mexicano de excepción llegara a atentar en contra de sus fueros y privilegios.

Cuando Lázaro Cárdenas largó a Plutarco Elías Calles del país se hablaba de golpes de Estado, de un nuevo baño de sangre, del estallido de otra revolución y, sin embargo, cuando Calles fue desterrado no pasó nada, absolutamente nada. Cuando se dijo que si Salinas de Gortari atentaba en contra del sindicato de petroleros o el de maestros se produciría una nueva guerra civil, se paralizaría el país, cuando decapitó ambos sindicatos tampoco aconteció nada, absolutamente nada. De modo que se busca a un mexicano que pueda liberar a la patria de sus secuestradores.

Se busca a un mexicano que se atreva a enfrentarse a los gigantescos monopolios privados mexicanos, que logre imponer una competencia justa sin que se esquilme económicamente a la nación. Un mexicano que abra los mercados, que cree oportunidades y empleos sin complejo alguno a la hora de discutir tratados internacionales comerciales con grandes potencias o enormes bloques empresariales extranjeros. Se busca a un mexicano que logre atacar frontalmente el problema de la corrupción, desde el momento en que el costo de la putrefacción nacional se traduce en la cancelación de cientos de miles de millones de dólares, que no anidan en nuestro país por la falta de solvencia jurídica en las instituciones encargadas de la administración de justicia. ¿Quién invierte en un país en el que no se respetan las reglas del juego y el Estado de derecho no es más que un conjunto de palabras huecas para decorar el discurso político?

Se busca a un mexicano que ejecute la reforma petrolera de la que se podían desprender 600 mil millones de dólares para nuestro país en tan sólo ocho años. Se busca a un mexicano que abra los casinos a lo largo y ancho de la República, como ya existen en más de 100 países, y que provoque una derrama de más de 12 mil millones de dólares de inversión en el sector turístico. Se busca a un mexicano que abra la industria eléctrica y capte miles y más miles de millones de dólares para modernizar dicho sector y se evite el subsidio, mejor dicho, el desperdicio, de más de 50 mil millones de pesos para financiar la ineficiencia y el dispendio.

Se busca a un mexicano que derogue subsidios monstruosos como el de la gasolina que importa 200 mil millones de pesos anuales. Un mexicano que reestructure valientemente el Presupuesto Federal de Egresos acabando, en los hechos, con la economía ficción. Un mexicano que eleve a 23% el IVA para poder suprimir los impuestos a las nóminas, facilitando la contratación de mano de obra y la creación de cuentas en las afores para impulsar el ahorro público, sobre la base de cuidar a los desposeídos con los excedentes que se obtendrían de dicha recaudación. Un mexicano que elimine la economía informal de modo que todos los mexicanos cooperemos al financiamiento del gasto público. Un mexicano que amplíe la base de los contribuyentes y meta en cintura a las grandes empresas que pagan cantidades insignificantes de impuestos recurriendo a mecanismos extralegales para exhibir la ausencia de principios nacionalistas de sus directivos.

Se busca a un mexicano que practique una revolución educativa en alianza con una sociedad comprometida con el futuro de sus hijos y del país. Un mexicano que promulgue la reelección inmediata de legisladores y suprima los subsidios irracionales a las campañas electorales y evite el gasto exorbitado del IFE y del TEPJF… Se busca a un mexicano preocupado por las condiciones ambientales que comprenda la importancia de la desertificación del país en casi 80%, de donde deviene, entre otras razones, la alarmante falta de agua, el primer problema de la nación.

Se busca, se busca, se busca…

Articulos de Francisco Martin Moreno/exonline.com

El placer de pagar impuestos

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Hay dos cosas que podemos tomar con certeza en esta vida, una de ellas es la muerte y la  otra es el pago de impuestos.

Aparentemente el mexicano, encuentra consuelo en creer y esperar que el gobierno, ente paternalista, proporcione educación pública de alta calidad que nos permita competir en el entorno actual, servicios médicos modernos que cubran a toda la población, transporte público eficiente en todas sus modalidades, y otros servicios como agua, luz, drenaje y manutención de tesoros arqueológicos, etc.

El primer problema es que nunca hemos dejado de ver al gobierno como alguien que “da y otorga” y no hemos terminado de darnos cuenta que el gobierno es un servicio caro que nos cuesta.

Lo curioso es que esperamos que esto se haga sin pagar impuestos.

Nadie está feliz de pagar impuestos pero en otros países el evasor de impuestos se le considera un ente negativo, como que no “jala” parejo. En México el evasor de impuestos se le considera como una persona ocurrente que se sabe defender. El encontrar formas de no pagar impuestos se ha vuelto casi un deporte nacional.

La raíz de esta forma de ver las cosas, siento que se encuentra en varios factores:

  1. Complejidad en la forma de pagar los impuestos. Es tan enredada la metodología de pago que en un esfuerzo por cumplir debidamente se acaba pagando más en servicios contables que en el pago del mismo impuesto, el numero de horas que se deben dedicar a la preparación del pago de los impuestos es creciente y muy significativo, interfiriendo con el tiempo que se dedica a la producción, venta y generación de utilidades.

La misma complejidad hace que sea virtualmente imposible pagar de forma correcta por la que el causante siempre esta expuesto a multas, recargos y castigos.

  1. Desigualdad. La carga mas fuerte y todos los aumentos caen de inicio sobre el “causante cautivo” o sea los empleados que trabajan dentro del sistema formal. Aparentemente se beneficia al comercio informal.
  1. Existe la percepción de que los grandes causantes, bancos, grandes multinacionales, etc. no pagan impuestos, o por lo menos la parte que les corresponde.
  1. Existe también la percepción de que el gobierno (ejemplo diputados y senadores) autorizan fuertes aumentos en sus percepciones propias al tiempo de que recortan los presupuestos de servicios de beneficio directo a la población como son educación cultura, medicina, deporte, etc.
  1. Percepción de que los políticos roban.
  1. La defensa departe de algunos partidos de grupos pertenecientes a la economía informal, que claramente no pagan impuestos, ejemplo tianguistas.
  1. Percepción de que en México se pagan impuestos como en países de primer mundo y recibos servicios como país de tercer mundo.

Mientras que el mexicano no sienta que recibe algo justo a cambio de los impuestos que paga, va utilizar toda su inventiva para encontrar formas de no pagar. No importa como se legisle la reforma fiscal esta va a tener poco éxito.

El causante mexicano tiene que encontrar una forma de pagar sus impuestos de forma sencilla y eficiente. También el gobierno tiene que mostrar de forma transparente la forma de que los impuestos están siendo aplicados y ofrecer servicios de calidad. Sólo de esta manera romperemos con el círculo vicioso que tanto daño hace de: yo hago como que te pago impuestos y tu haces como que proporcionas servicios.

Ricardo G. Mayer

Asesor Financiero

Sin binoculares y sin espejo retrovisor

felipe calderon

Los pilotos que dirigen nuestro país cómodamente instalados frente al tablero de mandos, conducen a la nación sin binoculares, es decir, sin una perspectiva del futuro, sin poder advertir con la debida claridad la presencia de obstáculos inminentes, tal vez insalvables y, además, sin un espejo retrovisor indispensable para aprender de las experiencias pasadas, de los arrecifes, de las cataratas, de las pendientes, de los vacíos. Navegamos, nos desplazamos, nos movemos entre gritos y empujones, entre chantajes, zancadillas y amenazas, sin disciplina ni rumbo cierto y definido, sin identificar un derrotero ni guiarnos siquiera por las constelaciones o cualquier otro elemento natural, ya no se diga mecánico, que proporcione alguna idea, aun cuando remota, de alguna dirección posible. Vamos, pues, al garete, sin percatarnos siquiera de que ya recorrimos varias veces la misma ruta y repetimos, damos vueltas inútiles, circulamos, cometemos los mismos errores, sufrimos los mismos percances, el evidente resultado de una alarmante incapacidad de aprendizaje. No, no sólo no aprendemos de la historia, ésta se repite una y otra vez, de manera torpe e insensata, sino que tampoco contamos con la posibilidad de adelantarnos a los acontecimientos, de prever, de planear, de adquirir sabiduría y conocimiento, de evitar que las debacles se repitan. ¿Cómo se llama aquel que no aprende de la experiencia, que no puede prever y es incapaz de adquirir sabiduría y conocimiento? ¡Gobierno mexicano!

El tiempo pasa, los días se suceden los unos a los otros, arrancamos las hojas del calendario, cambiamos los calendarios, desaparecen nuestros ancestros sin poder transmitir experiencia, sin poder heredarla en un asfixiante espacio de frustraciones; mudan de rostro los políticos, continúan otros idénticos; son los mismos hijos de los mismos viejos, con la misma mentalidad, con la misma hipocresía, la misma timidez, los mismos miedos, los mismos traumatismos, la misma corrupción; las heridas no cicatrizan, las costras no aparecen, la sangre no se coagula; los mismos llantos, los mismos lamentos se siguen escuchando; los resentimientos siguen expuestos a flor de piel; los años no curan, no alivian, no ayudan a olvidar; el rencor es veneno, la raza de bronce está envenenada y lo desconoce y si lo conoce no lo acepta y, si lo acepta, no evoluciona ni lo supera. En las paredes de todos los hogares permanecen colgadas las mismas fotografías desde que comenzó la historia; nuevos personajes, mismos escenarios, misma ignorancia, misma miseria, misma desesperación, mismo inmovilismo, misma frustración, misma postración, misma resignación, mismo fatalismo, misma negación. Tezcatlipoca habla, grita, condena, advierte contemplándose en su espejo negro y, sin embargo, seguimos en la misma dirección que conduce al despeñadero, bienvenidos el despeñadero, la destrucción, la noche triste…

Imposible ponernos de acuerdo. No estamos hechos para parlamentar. Nos enseñaron a acatar, a obedecer, a cumplir instrucciones sin refutar ni exhibir otro criterio, otro punto de vista. Aquí mando yo: ¡a callar! Aceptamos una jerarquía superior, pero jamás la presencia de un semejante que intente imponer el orden respetando los puntos de vista ajenos. Jamás aceptaré la autoridad emanada de mis pares y en este país todos son mis pares. Ninguna voz es digna de crédito ni merecedora de la menor consideración. Uno es peor que el otro. Sálvese el que pueda. Viva la muerte. Las promesas se repiten, el escepticismo cunde, las palabras se desgastan, las esperanzas también. Quien se acerque es movido por un interés inconfesable. No existen la piedad ni el perdón ni la transparencia ni la honorabilidad ni la confianza ni las sanas intenciones. Quien no descubra rápido los auténticos móviles de los terceros no tardará en perecer víctima de ellos.

Nada está sano, todo está podrido. Pobre de quien confía porque será devorado. Pobre de quien cree porque será traicionado. Pobre de quien sueña porque al despertar vivirá una pesadilla. Pobre de quien se atreva a alcanzar el éxito porque será aniquilado. Pobre de quien no se ría y se burle porque parecerá cuerdo. Pobres de los cuerdos porque serán excluidos. Pobres de los excluidos porque jamás serán escuchados.

Tú, sí, tú, el que camina rumbo a la proa, el mismo que arrojó los catalejos, los binoculares, los espejos, los sextantes y las brújulas al mar, tú, sí, tú, has hecho patria… Eres un bienamado…

Francisco Martin Moreno/exonline.com

Mascaras

mascaras

En la fiesta de la Merced un cura llamado don Frutos celebraba una misa en una galería de la cárcel repleta de presos de toda índole. Un coro de internos alrededor de un armonio cantaba sentidas plegarias y era difícil calibrar cuál de todos lo hacía con más unción. Asistí a la ceremonia junto a un celador, al que pregunté qué delito había cometido cada uno de los cantores. El del chándal rojo, que sin duda parecía el más devoto, había violado a sus cuatro hijas, una detrás de otra; el gordito de la camisa blanca había matado a su novia a cuchilladas; el más enteco, con apenas sesenta kilos de peso, había atracado un banco con una recortada. Antes de conocer sus antecedentes, aquellos internos tan piadosos parecían tener un rostro anodino e intercambiable, como los que uno ve discurrir por la calle o en la escena pública, pero una vez desvelado su pasado, a partir de ese momento el rostro de cada uno se adaptó de forma misteriosa al crimen que había cometido. Evidentemente uno tenía cara de violador, otro de asesino, otro de atracador. Se trata de un fenómeno psico-somático al que asistimos todos los días. Sin moverse del balcón de palacio ante la multitud de Bucarest, el dictador Nicolai Ceaucescu en un solo minuto cambió su rostro de padre de la patria por el de Drácula. Mientras Bernard Madoff estaba en la cumbre de las finanzas de Wall Street, venerado por muy selectos inversores, su rostro expresaba confianza, inteligencia y sagacidad. Inmediatamente después de que su inmenso fraude se hiciera público, su cara, sin cambiar de expresión, se convirtió en la imagen paradigmática del ladrón. Un político de derechas o de izquierdas, que sea ejemplo de virtudes cívicas; un moralista que agite el látigo contra los vicios de la sociedad, si un día aparece esposado recogiendo sus pertenencias en un saco de basura del furgón de la policía, su rostro, sin cambiar de naturaleza, en adelante mostrará al corrupto o al sátiro que llevaba dentro, de cuya máscara ya no podrá desprenderse jamás. Mientras don Frutos aleccionaba desde el altar a los presos que llenaban la galería, pensé que todo el mundo, desde el gángster Capone al padre de familia más honrado, tiene una imagen en la cara adaptable al delito que acaba de cometer.

Manuel Vicent/elpais.es

La condena

feto

Nadie sabe a qué paraíso o infierno nos llevará la ciencia mañana, porque nuestro destino consiste en vivir siempre en la prehistoria. Sólo una cosa está clara: ninguna amenaza de los antiguos dioses, ningún anatema de los modernos servidores del templo, pese a tener a Prometeo encadenado o a haber mandado a Giordano Bruno a la hoguera, han logrado detener el impulso del cerebro humano, que le lleva a abrirse camino en la oscuridad.

A lo largo de la historia los poderes sagrados han hecho que todos los avances de la medicina tuvieran siempre un carácter furtivo. Jugándose la excomunión Vesalio, en el siglo XVI, se vio obligado a robar cadáveres de los cementerios para estudiar la anatomía humana, hasta que un juez de Padua le proporcionó a escondidas cuerpos de criminales recién ajusticiados. Así se enteró la humanidad dónde tenía el hígado y el corazón y las vísceras más secretas. Desde los tiempos del griego Galeno la disección anatómica sólo se realizaba con monos y cerdos, pero la iglesia transigió con que Vesalio descuartizara los despojos de los ahorcados porque consideraba que su alma estaba en el infierno.

Si en su momento la iglesia condenó la vacuna de la viruela, la instalación del pararrayos, la anestesia, la transfusión de sangre y el parto sin dolor tampoco hay que sorprenderse de que se oponga frontalmente ahora a la investigación con las células madre. Contra este designio oscurantista el presidente Obama ha dado un paso adelante, porque sabe que ningún patíbulo ha logrado erradicar del cerebro humano su frenética curiosidad ante lo desconocido. Todos los inquisidores han terminado por hacer el ridículo.

Del otro lado quedará siempre la hipocresía. Está por ver qué pensará la Iglesia sobre las células madre cuando mañana los católicos puedan tener en el frigorífico, envuelto en papel de aluminio, un pedazo de tejido congelado para curar o regenerar órganos vitales de su cuerpo, de la misma forma que en el taller le ponen una pieza de recambio al coche. Sucederá lo de siempre. Los cavernícolas seguirán clamando en público contra los peligros de la ciencia, mientras en privado no dejarán de usar en propio beneficio todas las ventajas que les depare el progreso llevado a cabo por quienes ellos han condenado.

Articulo de Manuel Vicent en elpais.es

Caballitos negros

EL RUIDO DE LA CALLE|RAUL DEL POZOdelpozo

  • 03.11.2009

Ulises, que cada día pone su genio en esta columna como puro nieto de Siqueiros, me habla esta mañana del culto a la muerte de los muralistas mexicanos, a los cuales, como a sus compatriotas, el óbito se la suda; juegan con él, lo pintan y lo celebran. Ulises ha dibujado junto a su bellísima hija Yuriria uno de esos judas que ilustran en su país la gran fiesta de los parados de pestañas. Me dice que México rinde culto a los finados desde que en el tiempo de los aztecas la pirámide del sol y la pirámide de la luna se unían a través de la calzada de los muertos. Carecen del pavor a la parca de los gachupines y ahora les enseñan a éstos a palmar sin aspavientos.

Se celebran en el Museo de América unas jornadas de homenaje a los callados, al estilo del gran país donde la muerte es una fiesta y la vida no vale nada: te la pueden volar por poner la música alta. El Indio Fernández mató a un periodista cojo porque se atrevió a decir que en Cannes no había gustado la película. Allí les llevan estos días a los difuntos su comida, su tequila y su tabaco, al contrario que aquí, donde la muerte no se toma a broma excepto en ocasiones. (Me han contado, en la Cemtro, que Camilo José Cela, días antes de fallecer en esa clínica, les decía a las enfermas cuando iban a tomarle la tensión: «Seguramente me moriré hoy»; las enfermeras salían de la suite, que ahora lleva su nombre, aterrorizadas).

En Madrid apenas se notó el día de difuntos. Don Juan Tenorio se quedó en Alcalá; ya no le dejan fanfarronear en los teatros de la Villa, por acosador y machista. Ninguna mujer se rasgaría hoy las bragas por el farolero sevillano, «lo mismo que un rebaño de víctimas sumisas» (Baudelaire). Las plañideras están en los periódicos, son los que hacen obituarios.

Una empresa ha propuesto una línea de trajes para mortajas diseñados por Antonio Miró. Venden ataúdes biodegradables. La Iglesia prefiere las tumbas a la cremación. Lo dice el Génesis, el Eclesiastés: eres polvo y al polvo volverás, y ahora los curas predican que aventar cenizas es un rito pagano, pura banalización de la muerte. Dan la razón a Luis Carandell cuando contaba que se acabó el luto y sus pompas. Pasaron -decía- los tiempos de los bonitos entierros con sus caballitos blancos, sus caballitos negros, sus cajitas de pino y sus muertecitos dentro. También han desparecido aquellos tiernos epitafios: «Marianita, nos dejaste a los cinco meses. ¡Qué pronto empezaste a darnos disgustos!».

Hace 100 años, los madrileños pagaban por un sello 10 céntimos, por casarse 10 reales y por un entierro de primera, 750 pesetas. Ahora, la Iglesia tendría que tener en cuenta la crisis: quemar a un doblado vale 500 euros menos que enterrarlo.

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