2010

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“Lo bueno es que este año ya se va a acabar…”, festinó hace algunos días el presidente Felipe Calderón. Pero que el ominoso, doloroso y sangriento 2009 termine dentro de unas horas, no significa que los problemas del país vayan a la baja ni —imposible pensarlo siquiera—, se terminen con la llegada de la nueva década.

Se va 2009, pero llega un 2010 que, a opinión de los expertos, será tan o más difícil que el año que agoniza.

Se va 2009, pero siguen los mismos problemas para México: tres millones de desempleados; falta de talento del equipo económico del gobierno federal para crear nuevas plazas de trabajo y para reactivar una economía atascada en el discurso y en la inmovilidad.

Y no es percepción. Allí está la cifra que preocupa: la compra de equipos y maquinaria por parte del sector privado cayó, este año, 22%. No hay crecimiento. No hay dinero. No hay empleos.

Incrementos en gasolina, luz, gas, servicios, tortillas, refrescos. En todo. ¡Agárrense! Y por más que el gobierno federal se empeñe en enviar el mensaje de que 2010 debe ser visto con optimismo, nada más no se ve por dónde pueda caber la mejoría en el ánimo de un país azotado por las pestes más peligrosas: la económica y la de inseguridad.

Además de los millones de desempleados, miles de empresas quebraron o están en serios problemas financieros. “Échenle ganas”, dice el spot de televisión del gobierno. Sí, como no. Que se lo digan a quienes han perdido su trabajo, o a uno de los cinco millones de mexicanos que sobreviven a diario con un salario mínimo: 58 pesotes promedio, ya con su ofensivo aumento.

No hay ningún síntoma que nos indique que el 2010 será el año de la recuperación económica.

“Hay seis millones de mexicanos más que se sumaron a la pobreza”, reconoció Calderón.

Y en relación a la lucha contra el crimen organizado, 16 mil han muerto. La pregunta es obligada: ¿Es un indicador confiable de que se le está ganando la batalla al narco? ¿Hay menos droga, hoy, en comparación al sexenio pasado? ¿Realmente se ha debilitado al narcotráfico?

Y si en el ámbito federal no se ve por dónde el gobierno pueda sacar a la economía de su letargo, en la Ciudad de México la situación es cada vez más difícil, con un jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, desatado en sus aspiraciones presidenciales, y manejando un presupuesto récord para este año: ¡129 mil 433 millones de pesos! Ambición política y dinero en exceso. Una combinación letal.

Nuestro gobierno “de izquierda” —que jamás lo ha sido—, le recetará a los capitalinos aumentos en impuestos y servicios: agua, predial, tenencia, licencias y más. Metro, a tres pesos a partir del sábado próximo. Ya advirtió Ebrard que el nuevo segundo piso proyectado para el Periférico, saldrá de los bolsillos de los automovilistas. Es la dictadura de un gobierno populista e ineficaz.

El DF vive en el terror. Los atracos se multiplican. La inseguridad está por todos lados. Cada vez que llueve se inunda. Las vialidades son un asco. El tráfico es ya una maldición. El transporte, caótico e insuficiente. Los microbuses han matado a más de 100 personas. La fabricación de culpables ha sido el sello de la justicia capitalina. ¡Pero basta de lamentos, si tenemos un arbolote en Reforma y miles de poseídos bailando como Michael Jackson, con sus respectivos récords Guinnes!

Algo hay que reconocer: Ebrard sí se preocupa por el empleo…al menos del de su ex esposa, Francesca Ramos Morgan, a quien le dio chamba como secretaria de Asuntos Internacionales del DF, con un sueldo superior a los 70 mil pesos mensuales. Qué considerado.

Más impuestos. Más violencia. Más desempleo. Más discursos. Más angustia.

¿De dónde sacarán el optimismo para 2010?

Martin Moreno!excelsior.com

Un mundo parcelado por muros y demagogia

preocupan los muros copiar

En este 2009 que está a punto de fenecer, con bombo y platillo celebró el mundo occidental y cristiano los primeros diez años de la caída del muro de Berlín. Y qué bueno. Los muros separan a la gente, alientan la diferencia y la discriminación. Fronteras y alambradas reducen la condición humana, confinan a los seres humanos a un espacio, impiden a unos ser como los demás, estar con los demás.

La erección del muro de Berlín fue una medida autoritaria, una respuesta idiota al atractivo que ofrecía Occidente a los habitantes del socialismo real. El resultado fue una permanente campaña propagandística que ocultó o hizo borrosos los éxitos de la República Democrática Alemana, los que no fueron pocos ni pequeños.

Pero el asunto es que mientras el muro de Berlín sigue mostrándose como ejemplo de la superioridad moral del capitalismo, otros muros, y no pocos, se han levantado en el mundo no para tapar salidas, sino para impedir la entrada. Los más conocidos y oprobiosos son el que levantó el gobierno de George W. Bush para impedir el paso de mexicanos y el que separa a Israel de Cisjordania, pero nada se dice de otras barreras.

Por ejemplo, España levantó una triple valla que aísla sus colonias africanas, Ceuta y Melilla, del territorio marroquí. Para impedir el paso de los árabes, se tendieron tres alambradas: una exterior de seis metros de altura que está inclinada hacia el lado marroquí y que es flexible para impedir que se recarguen escaleras, otra intermedia de cuatro metros de alto y, para los que eventualmente lograran superar los dos primeros obstáculos, una interior que alcanza seis metros, coronada por alambre de púas, y que tiene cámaras, sensores de movimiento, luces de alta intensidad y hasta gas pimienta en aerosol para disuadir a los migrantes.

Pero si España le cierra el paso a los marroquíes, éstos no han querido ser menos y ante su impotencia para derrotar a los bravos saharauís, han optado por levantar un muro de casi tres mil kilómetros de largo con la esperanza de que así mantendrán lejos a sus enemigos. Muros hay entre Sudáfrica y Mozambique o entre Bostwana y Zimbabue en África; entre Irak y Kuwait, entre Omán y los Emiratos Árabes o entre Saudiarabia y Yemen, en la península Arábiga. India ha levantado barreras con Pakistán, Birmania y Bangladesh. Una alambrada separa a China de Corea del Norte y barreras más complejas existen entre Corea del Norte y Corea del Sur, por no hablar de Malasia, a la que sendos muros la aíslan de Tailandia y de Brunei.

Destacan por su longitud las barreras que apartan a Uzbekistán de Kirguistán, Kazajstán, Turkmenistán y Tayikistán, las que deben sumar más de cuatro mil kilómetros, lo que constituye un récord mundial. Sin embargo, nadie le llama muro de la ignominia ni nada por el estilo. Los habitantes de origen turco de Nicosia, la capital de Chipre, están separados de los que hablan griego por una larga pared. Belfast ofrece otro caso de ciudad partida por una alta barda que tiene a los protestantes probritánicos de un lado y de otro a los “católicos”, como llama la prensa a los patriotas irlandeses.

Abundan en el mundo las ciudades divididas internamente por muros. Para protección de los ricos, San Pedro Garza García está separado del resto del área urbana de Monterrey; en la Ciudad de México, en Guadalajara, en Cancún y en Acapulco cada día se construyen nuevos conjuntos de casas separadas del mundo por una alta pared. Es la moda. Los ahítos quieren estar lejos de los hambrientos, fuera de su alcance. Tienen miedo.

Humberto Musacchio!excelsior.com

Padres e hijos

padre e hijos

Para variar, decidí tomarme el gin-tonic de media tarde en un hotel de cinco estrellas. Los bares de los hoteles de cinco estrellas son por lo general lugares cerrados, con mucha madera, en los que uno se siente a salvo del frío del invierno, incluso a salvo del frío del verano (cuando uno lleva el frío dentro, la estación del año importa poco). También se siente uno a salvo de la realidad, que no para de dar la lata. En la mesa más cercana a la mía había un hombre maduro y un chico de unos veinte años, hijo del anterior según deduje enseguida. El padre tomaba un whisky y el hijo un Cola Cao. Intuí que se encontraban allí para hablar de hombre a hombre, o eso había pretendido el progenitor, porque el hijo no entraba al trapo. Ya el hecho de que hubiera pedido un Cola Cao, en vez de una bebida de adultos, era un modo de decir a su señor padre que vivían en mundos diferentes. Cogí la conversación en un momento en el que el padre expresaba una curiosa idea acerca de las opiniones, políticas o de otra naturaleza.
—Las opiniones –decía– son buenas para las personas sin recursos. Se tienen opiniones cuando no se tiene otra cosa, y nosotros tenemos un patrimonio que administrar y que un día será tuyo.
—¿Y si yo prefiero las opiniones al dinero? –respondió el hijo.
—Sal a la calle y pregunta a dos o tres indigentes qué prefieren, si tener una opinión o tener donde dormir esta noche y qué cenar antes de acostarse.
—Todo el mundo tiene opiniones –insistió el chico.
—Todo el mundo con complejo de inferioridad. Cuando uno está seguro en la vida, no necesita tener ideas acerca de esto o de lo otro. Además, es mentira que la gente tenga opiniones. Son las opiniones las que tienen a la gente. El Estado lo sabe, y los poderosos también, por eso ponen en circulación opiniones todo el rato. Mientras la gente opina, no piensa en otras cosas.

El chico se hundió en un silencio rencoroso. Yo permanecía perplejo. Si el padre me hubiera parecido un cínico, me habría puesto mecánicamente del lado del joven y aquí paz y después gloria. Pero no era un cínico, sólo era un malvado. Un malvado al que hacía daño la distancia impuesta por el chico. Sin duda, quería a su hijo y pretendía salvarlo de la compulsión estimativa (patología que consiste en tener opiniones acerca de todo). El hombre, pensé, quería que su hijo fuera feliz, pero dentro de la idea que él tenía de la felicidad. La idea de felicidad del hijo iba por otro lado. El padre se autoafirmaba con su poder económico, y el hijo con sus ideas políticas (que atentaban, me pareció, contra el poder económico del padre). No les sería fácil encontrar un territorio común desde el que discutir. Para empezar, el padre se había equivocado al pretender hablar con él en el bar de un hotel de cinco estrellas. Quizá si lo hubiera citado en un café de mala muerte, es decir, en un espacio más familiar para el chico, las cosas habrían ido mejor.
En esto sonó el móvil del hijo, que rechazó la llamada tras observar de quién procedía.
—Era mamá –dijo.
—¿Y por qué no lo has cogido?
—No importa, ahora te llamará a ti.
En efecto, no habían transcurrido 30 segundos cuando sonó el móvil del hombre.
—Dime –dijo.

Mientras escuchaba, el hombre puso cara de pesadumbre. Al final, colgó y se dirigió al chico.
—Se acaba de morir el perro –dijo.
—Pero si ni siquiera estaba enfermo.
—Un ataque, ya sabes que era muy viejo.
El chico a duras penas lograba contener las lágrimas. El hombre apoyó su mano en el brazo del hijo unos segundos, en gesto de solidaridad, y luego apuró su whisky.
Mientras se levantaban de las sillas, el joven preguntó por qué su madre había intentado localizarle primero a él.
—Porque el perro era tuyo –dijo el padre, y abandonaron el bar.
Apuré mi gin-tonic y pedí otro con patatas fritas. Me había impresionado el modo en que la muerte del perro había irrumpido en la realidad para mejorarla. El suceso había servido al menos para que el padre y el hijo se sintieran unidos momentáneamente. Me pareció que la frase “porque el perro era tuyo” había llenado de autoestima al joven. Algo, en todo caso, había sucedido en esos últimos instantes. En cuanto a las opiniones, esa noche no pude dejar de pensar en cuáles tenía yo y cuáles me tenían a mí. Comprobé con sorpresa que la mayoría me tenían a mí.

FIFA raja con UEFA

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Discutía un viejo aficionado sobre la mala influencia del Mundial en lo que resta de temporada europea. Según él, los futbolistas seleccionados no son los mismos en año bisiesto. A 6 meses del campeonato, el jugador que cotiza en bolsa, no se complica la existencia con una pelota dividida en mitad del campo. El pánico a una lesión incrementa con los minutos jugados, dice, veremos como a las primeras de cambio las figuras se empiezan a cuidar, borrándose de los partidos trámite.

Rezongaba del Mundial este octagenario madridista y, no menos razón tenía su colega del Barcelona quien lo lleva peor. Entre ambos clubes, suman por lo menos 15 titulares indiscutibles en diferentes selecciones mundialistas. Es prudente que concedamos el beneficio de la duda a los rancios sabios, que han visto esto varias veces. Lo lógico es que los grandes clubes europeos, la mayoría de ellos proveedores de países que sufrirán cambios imperceptibles en sus convocatorias, bajen su rendimiento en beneficio de la Copa del Mundo. El miedo es aceptable, el virus Pepe se extiende boca a boca por las canchas.

Sin que nadie lo tocara de pronto se oyó “crak”; y Sudáfrica se vino abajo para un jugador que parecía de acero. El futbolista tiene todo el derecho de cuidarse, para algunos, este Mundial será el único y para otros el último. ¿Cómo pedirle a Messi, Cristiano, Kaká, Xavi, Iniesta, Forlán, Torres o Rooney que metan la pierna? Llegará un momento, en que antes de cada jugada y por cada balón, piensen dos veces lo que van a hacer por arriesgar un milímetro de músculo que ponga en riesgo su participación; y será normal.

No se puede tener todo, de aquí a Sudáfrica FIFA raja con UEFA, son tiempos de Blatter, pero el Mundial vale la pena.

Jose Ramon Fernandez G. de Quevedo/mileniodiario

Paz y esperanza para Mexico

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La defensa de los derechos fundamentales que garanticen la paz digna y la esperanza de los mexicanos tiene varias trincheras. En el contexto de los enfrentamientos que está realizando el Estado mexicano contra integrantes de la delincuencia organizada, es indispensable reconocer el esfuerzo que hacen los servidores públicos honestos y comprometidos. A pesar de lo que se ha criticado, los enfrentamientos armados no podrían haberse evitado. Hay quienes defienden por la vía de las armas los privilegios ilegales que han alcanzado, aún a costa de la salud e integridad del resto de la sociedad.

La vía armada no es la única para hacer frente a los problemas que se encuentran como el verdadero trasfondo. Hay quienes piensan que la paz se consigue a través de la guerra, en cambio, hubo quienes, como Mahatma Gandhi, nos enseñaron que la paz es el camino mismo.

Todas las expresiones culturales tienen como referente ciertas fechas para hacer un alto en la vorágine de las actividades, incluso de la guerra, para tener un momento de reencuentro con los valores que inspiran y motivan la existencia y felicidad de las personas. Dos celebraciones simbólicas son la Navidad y el año nuevo, motivos suficientes para convocar a la reconciliación y renovar la esperanza.

El que está por terminar ha sido uno de los años más difíciles para los mexicanos y muchos seres humanos en el mundo. Las causantes son la crisis económica y la inseguridad, sin embargo, son sólo producto de un problema más profundo de la sociedad: la pérdida de valores. Es necesario recuperar y afianzar lo que constituye los pilares de la convivencia y realización de la persona humana.

Riqueza, pobreza, éxito, fracaso, entre muchos otros, son conceptos, que debemos redefinir y dotar de contenido, toda vez que orientan y determinan la actividad de millones de seres humanos.

La pobreza, de acuerdo con los especialistas, no se circunscribe a los aspectos económicos; pero la superación de ésta abarca mejorar la actitud frente a uno mismo y a nuestros semejantes.

En el otro extremo, la riqueza y el éxito no puede ni debe fincarse en la acumulación de objetos materiales, es tan efímera y pasajera la satisfacción de las personas que así se conducen, que se termina en el instante en que se alcanza ese objetivo.

Durante estos días, valdría la pena reflexionar sobre la importancia de la honestidad, la amistad, la paz y la esperanza de quienes conforman nuestra familia y comunidad. Dejar a un lado los rencores y enconos que se edificaron a lo largo de este año para construir en el siguiente mejores puentes de entendimiento y solidaridad.

Ante nosotros tenemos inmensos retos que requieren la capacidad, talento e ingenio de todos, pero no podremos avanzar un ápice, en la medida en que no tengamos esa disposición de entrega incondicional de formar, en los valores del respeto, amor, pasión, aprecio, amistad, entre otros, a esta comunidad a la cual pertenecemos.

No se trata de salir a las calles a abrazar todo el que pase, sino de reflexionar sobre nuestra actitud. Nuestras sociedades tienen origen en el apoyo y respaldo mutuo para conseguir el alimento y seguridad y, sin embargo, eso ha quedado apartado de la conformación de los ámbitos de convivencia que, por el contrario, se presenta una indiferencia o, incluso, un franco enfrentamiento.

Cuando uno observa que en los círculos más estrechos de nuestras sociedades existe la disposición de colaborar, participar, respetar y apoyar, la esperanza para mejorar la paz se vislumbra como una realidad alcanzable. Nada más actual como aquella frase que dice, no te preguntes qué pueden hacer los demás por ti, sino qué puedes hacer por ti mismo y los demás.

No te preguntes qué pueden hacer por ti, sino qué puedes hacer por los demás.

Armando Salinas Torre/excelsior.com

Cima o sima

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No soy admirador de Roberto Carlos, el conocido y perenne cantautor brasileño. Es demasiado comercial y facilote. Y para colmo de su desgracia después de él apareció el formidable movimiento del bossa nova, “la nueva onda”, integrada, ella sí, por una panoplia de cantantes y autores absolutamente extraordinarios: Dorival Caymi, Vinicius de Morâes, Tom Jobim, Gilberto Gil, Joâo Gilberto, Elis Regina, y sobre todo, Maria Betanha, Caetano, y, sobre todo del sobre todo, Chico Buarque de Holanda, Chico Buarque, Chico.

Fue un movimiento enorme e inimaginable; una vorágine, por la calidad y la cantidad de sus componentes. Pero sobre todo por la importancia y trascendencia del conjunto, que es muy superior a la suma de la importancia y trascendencia de cada uno de sus integrantes. Gestalt. Estructuralismo puro.

Incluso me atrevería a decir -y si me atreviese me atrevo- que su jerarquía es superior a la de la nueva trova cubana. Que ya es decir. El duelo entre los dos líderes, Chico y Silvio, ‘ta cabrón. Muy cabrón. No hay a quién irle. Pero me temo que en conjunto, como movimiento, los brasileños ven a los cubanos en el retrovisor. “Los objetos están más cercanos de lo que aparecen”.

El caso es que Roberto Carlos quedó sepultado por la avalancha del bossa nova, y nunca pudo salir de su mediocridad. Sin embargo hay una canción suya, una perla en la carbonera, realmente notable, musical y temáticamente. Uma beleza. Se trata de “Yo quisiera ser civilizado como los animales”. El título lo dice todo. Pone el dedo en la llaga, nunca mejor dicho. “Un error no se corrige con otros errores” dice en un parte de la letra. Eso es. Y la cima de Copenhague fue, en plan benevolente, un error. Un enorme error.

Yo no dudo que los grandes industriales y bussinesmen del mundo hayan quedado harto satisfechos. Sus intereses, es decir su dinero, quedaron a salvo. No parece haber habido ningún error. Mala fe tal vez. Pero si hemos de hacer caso a los científicos, a los meteorólogos y ambientalistas, esos mismos industriales se tendrán que jalar los pocos pelos que les queden, dentro de muy pocos años. La hecatombe se avecina. Sólo se salvarán aquellos que hoy sean ya muy viejitos y a los que la muerte les ahorre el terror.

La semana pasada empecé a hablar de la Cumbre. Y mencioné la “generosa” oferta del presidente gringo al destinar diez mil millones de dólares anuales al combate contra el calentamiento global. Así en seco, suena bien, suena mucho. No podemos ni concebirlo. Pero esa es la trampa de los números. Basta pensar que el presupuesto anual destinado a la “defensa” en Estados Unidos es de 700 mil millones de dólares. Es decir setenta veces más destinados a la muerte de los que se destinan a la vida.

La prepotencia y el descaro de los organizadores sólo son comparables a los de Barack Obama. Estuvo en la capital danesa doce horas, no escuchó, en una muestra de soberbia y desprecio insoportables, a ninguno de los otros jefes de estado. Alguien podrá decir que leerá después lo dicho. Lo dudo mucho. Que no es más que una manera elegante de decir que sé a ciencia cierta que no lo hará. Además, no es lo mismo leer que escuchar y ver decir. El pathos, los rasgos suprasegmentales de los que hablan los lingüistas, la emoción, no pasan. Se pierden.

El mulato al que se le subieron los humos, no escuchó, por ejemplo, al primer ministro del Reino Unido, Gordon Brown, proferir: “Si no llegamos a un acuerdo (…) no debemos tener duda alguna de que, una vez que el crecimiento no controlado de las emisiones haya provocado daños, ningún acuerdo global retrospectivo en algún momento del futuro podrá deshacer tales efectos. Para ese entonces será irremisiblemente demasiado tarde”.

Y no olvidemos que Estados Unidos, que representan 5% de la población mundial, emite 25% de los gases contaminantes en el mundo. En particular del temido bi o dióxido de carbono, CO2, y de sus perversos portadores principales, los CFC, clorofluorcarbonos.

James Hansen, del Instituto Goddard de la NASA, afirma que hasta 350 partes de CO2 en un millón de partes de aire son tolerables. Más no. Hoy la cifra promedio es de 390 y se incrementa en dos unidades cada año. De manera que si sus cálculos son correctos, en 2015 habremos llegado a las 400 partes por millón.

El resultado, según Hansen y multitud de compinches, es el famoso calentamiento global, pues el CO2 forma una capa impermeable al calor alrededor del globo, constituyendo lo que usted conoce bien, concernido lector, el llamado efecto invernadero. Es decir, una especie de capa hermética. Es como si usted se paseara por las playas de Aruba enfundado en un afelpado abrigo de lana escocesa. El resultado será necesariamente dramático.

Las dos últimas décadas han sido las más calurosas de las que se tienen registro. El CO2 aumentó 80 partes por millón en el último siglo y medio, es decir desde el inicio de la era industrial.

Yo me sigo aferrando a la idea de que todo esto no son más que fábulas catastrofistas en una sociedad paranoica. Todo es mentira. Pero cada vez tengo menos clavos a los que asirme. Estamos jugando con fuego. Precisamente. Y todo parece indicar que la ciudad de la Sirenita albergó no una cima sino una sima.

Marcelino Perello/excelsior.com

Quetzal

Miguel de la Quadra Salcedo
Miguel de la Quadra Salcedo

SEÑOR: acabo de llegar a puerto en el litoral de Chile y allí, esperándonos, plantado en el muelle y melena al viento, está Miguel de la Quadra. Parece el león de la Metro. Sus rugidos son ronroneos de saludo, por más que atruenen el aire, y nos anuncian que la aventura no ha terminado. Somos su tropa, sus quetzales, sus Trescientos. Él es Leónidas, pero sin adversarios, porque no los tiene, ni armas, porque no las quiere. Venimos de la isla de Juan Fernández, en la que el bucanero Selkirk naufragó en 1704 para que en 1719 su compatriota Daniel De Foe pudiese escribir la primera novela de la historia de la literatura inglesa. Punto final es ése -para mí, porque los quetzales siguen- de la vigésimo primera edición de una Ruta que, de año en año y de decenio en decenio, sin pausa y sin prisa, como las estrellas de Goethe y los pájaros que oyó pasar la tripulación de las carabelas, ha paseado por el Nuevo Mundo y por la vieja España a ocho mil cachorros de las dos orillas y, educándolos sin domarlos, los ha convertido en hombres. Es mucho, Señor, es tanto, aunque por fortuna incruento, como en otros siglos hicieron las gentes que ganaron para la Corona que Vos representáis más reinos de los que jamás haya gobernado monarca alguno. Por ello, como quetzal de a pie, como cronista de Indias y de la Ruta, como Bernal raso, os pido, Señor, desde la tierra de Arauco, que reconozcáis los méritos de este león marino, de este Leónidas desarmado, de este Alonso de Ercilla, de este Caupolicán, de este Bartolomé De las Casas, de este misionero del mestizaje, de igual modo que uno de vuestros antecesores lo hizo con los descendientes de Colón al otorgarles el ducado de Veragua. Rey Juan Carlos: no apelo sólo a la generosidad, sino también al sentido de la justicia, porque, siendo ambas virtud de reyes, justo y generoso es que confiráis a Miguel de la Quadra el título de duque de Quetzal. Adelantado de Indias y Grande de España ya lo es, aunque nunca lleve calcetines y muy rara vez corbata, por derecho propio y de usufructo. Perdonad, Señor, mi atrevimiento y no lo atribuyáis a hipérbole, sino a gratitud. La mía, la de todos. Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace, un español tan noble como éste. Que Dios, si atendéis mi propuesta, os lo premie, y que, si la rechazáis, os lo demande. ¡Ojalá campee pronto un quetzal con cola de serpiente de plumas en el escudo del nuevo Duque! En vuestras manos está, Señor. Decidme algo.

«Tardará mucho en nacer, si es que nace, un español tan noble como Miguel de la Quadra»

Fernando Sanchez Drago

Cipres de Silos

cipres

He visto otra vez el ciprés de Silos y vuelvo nuevamente flipado, tocado, mientras los pájaros se quedan en las ramas aprendiendo canto monódico. Quien quiera renacer que se sumerja en la bacanal del románico, entre arpías jodiendo y dragones con cabezas de león. Silos es nuestra piedra negra. Nos saludan, desde arquitrabes, las sombras de los monjes de San Benito, los que inventaron Europa, que rezan desde los visigodos. Nos dejamos llevar por la liturgia de las horas, los capiteles fantasmagóricos cincelados por canteros que ideaban la masonería y la Ilustración.

¿Cómo van antes a Nueva York y al Caribe que a la maternidad donde las primeras sopas que nos dieron? Ese lugar sagrado donde monjes copistas escribieron las glosas en román paladino mientras criaban el vino y la palabra, espera con la puerta abierta. Los que llevaron la semilla del ciprés y del habla a todos los confines les esperan cantando. En esta ciudadela, de abadía a abadía, Berceo resolló en castellano: «Quiero fer prosa en román paladino, /en qual suele el pueblo fablar con so vezino». Te hipnotizan las serpientes ápteras. En Santiago de Compostela está la estatua del maestro Mateo, y dice la leyenda que si te das un coscorrón aumenta la inteligencia. Prefiero Silos. He vuelto con Aquiles y Vicente. Volveremos cada año hasta que Aquiles, el último Cabeza de Vaca de la utopía española, lleve el gregoriano a San Patricio, a la ONU y a la Zona Cero, como lo llevó al Teatro Real en 1972. En cada peregrinación están los monjes un poco más convencidos, dispuestos a embarcarse en la aventura de unir con gregoriano popular las civilizaciones.

Era el cumpleaños del abad Clemente, un florentino que nació en Castilla. Nos obsequiaron con una hemina de buen vino. Volví a entender la conexión entre hipnosis y religión. Si Dios ha muerto, su espectro permanece en este romance de piedra, santuario del silencio. Umberto Eco se inspiró en esta botica para escribir El nombre de la rosa. Lorca levitó cuando llegó en diligencia. Alberti se derrumbó: «Déjame bajar, que quiero, Madre, ser tu jardinero».

Otro prodigio es el abad Clemente Serna, al que consultan presidentes y sabios como Valentín Fuster. Sube por el ciprés gateando con el fin de podar las ramas enfermas. Para demostrar que no es un milagro asoma la cabeza de trecho en trecho. Un hombre que es capaz de subir como un mono por el ciprés tiene capacidad para ser pontífice.

Le recuerdo que hubo papas benedictinos. Me dice que lo ideal sería un negro o un indio. Me pregunto por qué piensan en un golfo cardenal italiano y no en un monje como Clemente, que habla de Dios sin hablar, en el monte de los enebros, a la sombra del ciprés más cantado por los poetas, en el manantial del bautismo de España.

Raul del Pozo/elmundo.es

¿y a que no se ha opuesto la Iglesia?

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¿Pues qué esperaban? Con la aprobación en el DF del matrimonio entre personas del mismo sexo —que no hace sino restablecer la igualdad de todos los mexicanos ante la ley, garantizada en su Artículo 1 por la Constitución— la Iglesia católica manifestó su inmediato rechazo.

Pero, ¿a qué no se ha opuesto la Iglesia romana y sus hijas protestantes? En la Edad Media estuvo contra el inicio del capitalismo al convertir en pecado el cobro de intereses por dinero prestado. Con lo cual retrasó la caída de los regímenes feudales y su reemplazo por economías burguesas; además, hizo de los judíos los banqueros de Europa ya que los cristianos se iban al infierno por prestar a rédito.

Cuando el Renacimiento rescató del mundo clásico la idea de un planeta redondo, todas las iglesias cristianas armaron revuelo y quemaron por herejes a los que eso afirmaran; que además de ser redondo, el mundo gira sobre sí mismo y en torno al Sol produjo otra horneada de chamuscados, Galileo la libró con prisión domiciliaria perpetua. Darwin guardó por treinta años sus ideas acerca del origen de las especies por acción de la selección natural ante el temor a la muy cristiana y apostólica iglesia de Inglaterra.

Los curas se oponen a toda sexualidad que no tenga por finalidad la procreación, aun entre hombre y mujer y hasta sin mujer pues tampoco va al Paraíso quien se hace una puñeta, puñetita, puñetota, puñetilla y es pecado de lujuria pensar en lo que produzca placer erótico. Ya lo dijo el feroz San Pablo: No irán al Cielo ni los fornicarios, ni los adúlteros, “ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.” Muchísimo menos los que “se echan con varones”, por lo cual debemos suponer que no debe uno echarse, sino coger de pie para conseguir ese horror de la vida eterna en el Cielo.

Luego de mil años de oscuridad, contados a partir del ascenso al poder de los cristianos y su destrucción de la ciencia y el arte clásicos, el Renacimiento comenzó en Italia una lenta y riesgosa recuperación del mundo greco-romano. El arte tuvo menos dificultades, pero la ciencia debió enfrentar la persecución de los clérigos. En el siglo XVIII se pusieron las bases de la Ilustración, que nos daría la separación de iglesias y estados, el laicismo, la educación universal, los Derechos Humanos y, sobre todo, la igualdad ante la ley para todos los seres humanos.

Pero contra todo eso guerreó el cristianismo. Los papas, reyes de los Estados Pontificios cuya capital era Roma, en pleno 1860 todavía conducían ejércitos en batallas por fronteras y por defensa de mercados. Con ejércitos se opusieron a Garibaldi, que había emprendido la unificación de Italia, y el nuevo país debió tener por primera capital a Milán porque los ejércitos papales aún resistían en Roma.

Vencieron las ideas de la Ilustración y por eso este artículo resulta publicable. Pero las hogueras no se han apagado y los obispos soplan los rescoldos. Nadie afecta más la institución del matrimonio que quien no se casa, como los señores curas y obispos. Al prescindir del matrimonio y no fundar una familia afectan, de igual manera, la institución familiar.

Frente al matrimonio entre hombre y mujer, el que se celebra entre personas del mismo sexo ofrece una garantía a la sociedad: nadie se casará por obligación social y familiar, nadie que no se ame y sólo encubra un embarazo previo, como ocurre en tantísimos enlaces heterosexuales con vestido blanco y azahares para la embarazada que el novio abandonará en cuanto pueda salir corriendo.

La Iglesia predica la eternidad del matrimonio mientras divorcia a Vicente Fox y a Martita: el caso más oprobioso de cinismo clerical. El “orden instituido por Dios desde la creación del mundo”, según el cardenal Rivera, hace excepciones por teléfono rojo entre Dios y el cardenal, aunque afecte a dos familias. En cambio, nada afecta a terceros que dos personas que se aman, y son del mismo sexo, legalicen su unión que jamás estará dictada por la obligación de responder a un embarazo no deseado.

Mariana Gómez del Campo. Ah, qué Marianita: mire: componer sinfonías, escribir sonetos, ponerse calzones y militar en el PAN no es natural porque ningún animal lo hace. Tener relaciones homosexuales es natural porque centenares de especies animales lo hacen: de perros a delfines y de pez espino a gansos. Vea La orientación sexual, Paidós.

Luis g. de alba/mileniodiario

Salto mortal

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Parece que ya ninguna noticia interesa a nadie si no se convierte en espectáculo. Bajo la gran carpa de este circo mundial media humanidad contempla cómo la otra media está muriendo o matando o haciendo el payaso. Los números se suceden en la pista, bien en forma de tragedia o de farsa, con un ritmo frenético, cada número siempre más arriesgado y excitante que el anterior, mientras en la grada muchos esperan que el león se coma al domador o que se deslome el trapecista. En este circo ningún payaso es apreciado si no tiene una docena de niños enterrados en su jardín. Pasen y vean. El golfista Tiger Woods en un día se transforma de ídolo en villano. A Silvio Berlusconi un loco le arroja la catedral de Milán a la cara y su imagen ensangrentada se convierte en un icono del odio político, pero el loco, a su vez, salta a la fama y se erige en un nuevo héroe italiano. La resistente saharaui Aminetu Haidar sale invicta de la huelga de hambre y aunque unos espectadores deseaban que muriera para tomarla como símbolo y fabricar camisetas con su rostro estampado, otros, en cambio, prefieren que haya ganado para poderle llevar una taza de caldo en presencia de las cámaras. Antes leíamos la historia en los libros; ahora la contemplamos directamente en imágenes vivas. En este circo, hoy como antes, la muerte heroica suele ser muy valorada por el público. Si en lugar de agonizar en la cruz, el Nazareno hubiera sido condenado a doce años y un día, no habría existido la Iglesia. Por otra parte hay que imaginar el destino de Che Guevara si en lugar de morir joven, de forma violenta, la vida le hubiera condenado a un final con tripa y sin boina, obligado a cambiar el fusil por la cachaba. El triple salto mortal, con o sin batacazo, es la clave del éxito o del fracaso en política, en cultura y en periodismo. Hoy la información equivale a comunicación y la comunicación es inseparable del espectáculo y a su vez el espectáculo se confunde con el negocio, que la crispación hace cada día más rentable. Pase lo que pase, un número devora a otro y al final la historia moderna no es sino un cúmulo de algodoncillos rosas y azules que se suceden en las pantallas de la televisión. Pero fieras y payasos se esfuman con sólo apretar un botón.

Manuel Vicent/elpais.es