El volcán


Mónica Fernández-Aceytuno
Esa nube de gases tan densa y oscura.
Y la manera en la que gira hacia arriba en hélice, lentamente en apariencia, cargada de cenizas. Se habla de los aviones y no me extraña. Hace veinte años, había un volcán activo entre Alaska y Japón y recuerdo que mi marido volaba pendiente de las cenizas que había en el cielo cuando hacía esa línea mientras vivíamos en Anchorage.
Después, lo más cerca que hemos estado de un volcán activo ha sido en Guatemala. La gente vivía, vive aún en las laderas cubiertas de ceniza donde hasta a los cafetales les costaba salir adelante. Los niños, se diría que se daban mejor que las plantas y salían de todos lados para darte unos palos que en principio pensamos que se usaban como bastones, pero luego nos dimos cuenta de que estaban quemados en la punta. Ibas hasta arriba a caballo, con el niño llevando las riendas, sonriendo a cada rato desde abajo. Aquello no era una atracción turística. Era, sencillamente, la manera de vivir junto a un volcán, entre las cenizas. Llevar a los pocos que íbamos hasta la cima para después bajar hasta el río de lava. No creo que haya hecho nada más insensato en mi vida. Descendía una gran lengua de lava roja desde el cráter, lenta y inexorablemente, llena de troncos ardiendo, al rojo vivo, haciendo un ruido como si estuviera masticando el mundo a su paso. Entonces ya usabas el palo para ir bajando y al tocar la lava, se prendía como una cerilla. Salías con las pestañas quemadas y la cara al rojo vivo. Luego te volvías y el lugar donde habías estado, lo había engullido la lava. Bajando, nos cruzamos con una familia que recolectaba aguacates por el camino que el padre cargaba con una red a la espalda. La pobreza era casi total entre las cenizas.
Nadie parece estar pensando en lo que serán estos gases llenos de dióxido de azufre para la atmósfera; ni en el oscurecimiento del cielo; ni en las cenizas, cuando caigan, en algún lugar de la Tierra.
www.aceytuno.com

La marca

La marca

Antes de que el niño llegue al uso de razón, su cerebro ya ha sido inoculado con todos los elementos fundamentales de los que no podrá desprenderse a lo largo de la vida. La papilla de cereales irá acompañada con canciones de cuna, que hablarán de ángeles, nubes blancas y dulces sueños, con palabras pronunciadas en una lengua que ya será para siempre indeleble. Éste es el primer ingrediente de la magdalena de Proust. De las cuatro esquinas de la cama los ángeles saltarán directamente al fondo del subconsciente de la criatura y enseguida llegará también la figura del demonio junto con el miedo a la oscuridad. El complejo de Edipo o de Electra comenzará a desarrollarse cuando un desconocido la tome en brazos y le pregunte a quién quiere más, a papá o a mamá, exigiéndole una respuesta súbita. El árbol de la ciencia del bien y del mal a cuya sombra germinará la inteligencia, está lejos todavía. Durante los primeros siete años, el cerebro del niño se halla a merced de todas las sensaciones y con ellas la magdalena de Proust irá tomando condimento, volumen y perfume. Las lecciones del catecismo, las caricias maternales, el pan de la alacena, las primeras advertencias del padre, el fuego del infierno, el aprender a atarse los zapatos, el volteo de campanas, la historia sagrada, los primeros juegos, los símbolos de la patria, las banderas, el equipo de fútbol, los himnos, los cuadernos, el primer castigo, el álbum de cromos, los escudos, el primer premio, el amor de los hermanos, las primeras lágrimas, la tarta de chocolate de cumpleaños y envuelto en papel de regalo, Dios propiamente dicho formando el sabor de la magdalena de Proust, que un día lejano ascenderá a la superficie mojada con camomila. La Iglesia considera que este territorio le pertenece por derecho divino, no está dispuesta a negociarlo con nadie y lo defiende a cara de perro contra el Estado. Aparte del negocio de la enseñanza, la Iglesia sabe muy bien que cualquier sensación irracional que se acuñe en la virginidad de la conciencia se convertirá en una marca imborrable. Cuando la inteligencia ocupe el córtex del cerebro y el individuo trate de desmontar todas las piezas que constituyen su espíritu, le será imposible separar la razón y la creencia, la educación y la memoria. A la Iglesia le importa muy poco lo que aquel niño haga a lo largo de la vida, porque está segura de que en una tarde de melancolía le emergerá Dios dentro de una magdalena y al final, aunque solo sea como cadáver, espera que vuelva al templo.

Manuel Vicent

Huevones y tragones

Huevones y tragones

Flora Pérez ha de ser la mujer más pobre de México. Vive en la comunidad de Villa de Guadalupe, en la montaña de Guerrero, entre los municipios que han sido catalogados como “el más pobre” del país por los dos más recientes censos. Regresaba tras haber caminado tres horas para llevar al centro de salud más cercano a uno de sus cuatro hijos.

Tras cruzar un río y subir un cerro, Flora llegaba a su vivienda de lámina de cartón y palos de madera, aislada de toda civilización, y se disponía a consumir su único alimento del día: atole de maíz y quelites. Flora, pues, no lleva una vida sedentaria ni come mucho, pero es una mujer con evidente sobrepeso, según los estándares de la Secretaría de Salud.

Si en el país, según cifras de Sedesol y Salud, poco más de la mitad de la población vive en la pobreza y cerca de 70% de los mexicanos tiene sobrepeso, no hace falta ser experto en estadística para concluir que un alto porcentaje de los gordos de México son pobres. El innegable problema de la obesidad no es tan sencillo como sugieren las campañas publicitarias del Estado que llaman a los ciudadanos a comer sanamente y hacer ejercicio, y por lo tanto transmiten la idea de que el que está gordo es por flojo y glotón, o si se permite a este reportero la expresión, huevón y tragón.

La dieta a la que pueden tener acceso los sectores menos favorecidos de la población es paradójicamente rica… pero en carbohidratos. A ellos, tras las arduas jornadas que desarrollan para conseguir el sustento, el Estado les machaca su eslogan: “¡Muévete!”. El tema de la obesidad, que justificadamente preocupa a la autoridad, requiere enfoques integrales. Si el diagnóstico es que todo se debe a que la gente come muchas papitas y luego se echa a ver la tele en el sofá, los avances no podrán ser muchos porque esa es una mirada “clasemediera”.

Si avanza esta iniciativa, se deberá presentar el reglamento y habrá que ver quién y bajo qué criterios decide qué califica como comida chatarra. ¿Una galleta está prohibida dentro de una dieta balanceada? ¿Qué galleta sí y qué galleta no? ¿Habrá control sanitario si se decide impulsar la venta de verduras y frutas, o dejaremos de tener un problema de grasa para tener otro de tifoidea? El Instituto Nacional de Nutrición siempre ha defendido que comerse una bolsa de chicharrones no es la bronca si se combina bien con otros alimentos más benéficos.

Revertir los índices de sobrepeso llevará mucho tiempo porque implica un cambio cultural, pero también me parece indispensable incluir el factor económico. La obesidad no es sólo cosa de exhortar a la gente a moverse.

Carlos Loret de Mola

Los Celos de O Rei

Los Celos de O Rei

Queda claro que Pelé ha manejado su imagen de la mejor manera. Pulcro, positivo, amigable, políticamente correcto, es decir se ha transformado en una máquina de hacer dinero.

No arriesga un comentario y su diplomacia es tanta, que aburre más que los equipos del Tuca.

Bueno, con tal de quedar bien, es capaz de afirmar en México que le gustaría que la final del Mundial fuera Brasil contra nuestro país (tranquilos no se ilusionen lo mismo dijo en Croacia y ellos ni al Mundial van).

Y es que el Rey supo rodearse de un equipo que le maneja todo.

Paradójicamente el cerebro que está detrás de él es un argentino (de apellido Basignani, quien si se lo propone te vende el Everest), que le dice qué hacer y comentar; cómo hablar, vestir y gesticular; le da los nombres de las personas que lo invitan a entrevistas y presentaciones. Cronometra cada una de sus citas y atiende cualquier capricho que el brasileño quiera. En fin, un genio que le genera millones al mítico 10.

Sin embargo, existe un tema que Basignani no puede evitar y es ahí cuando Pelé deja de ser una deidad sin pensamientos propios y se transforma en Edson Arantes do Nascimento, un mortal más con sentimientos y temores.

Y ese macabro tema es cada vez que alguien le pregunta a O Rei sobre algún jugador que él sienta le pudiera usurpar su trono.

Ha demeritado durante años a Maradona por la droga (Diego es el único que le mueve el tapete). Acusó a Romario de mentir con sus goles (no resiste que nadie tenga mil anotaciones o más como él). Desacreditó a Ronaldo por su vida extradeportiva confusa (justo cuando lo rebasó como máximo anotador de Brasil en Mundiales). Criticó el millonario fichaje de Cristiano diciendo que en esta época Pelé no tendría precio (sin palabras) y ahora ante la pregunta si creía que Messi se volvería una leyenda, advirtió que primero debía meter mil goles y luego hablaría del asunto.

No bueno, a Pelé lo ciegan tanto los celos que parece como si él dudara de su propio reinado.

Christian MartinoliMileniodeportes

España y México: presencia del pasado

España y México: presencia del pasado

Joseba Agudo está en una cárcel española. ¿Su delito? Defender a presos políticos vascos, actividad amparada por las leyes y la doctrina jurídica y que, sin embargo, la judicatura peninsular, el gobierno de Zapatero y los parlamentarios del PSOE y el Partido Popular, de un tiempo a esta parte han dado en considerar delictiva.

El 20 de febrero de 2003, la Audiencia Nacional, órgano de origen feudal que extrañamente sigue actuando en la vida española con criterios propios de la Santa Inquisición, ordenó la congelación de las cuentas bancarias y el cierre de Egunkaria, diario escrito en la lengua del pueblo vasco. La clausura fue para investigar si ETA tenía algo que ver con el rotativo.

En noviembre de 2004, siete directivos del periódico fueron sometidos a proceso por la Audiencia, acusados de formar parte de una asociación subordinada a ETA. El lunes 12 de abril de 2010 —¡cinco y medio años después!—, la misma Audiencia dice que siempre no, que no hay “la más mínima relación” de los detenidos con ETA. Un diario clausurado y sus directivos encarcelados más de un lustro por meras sospechas o mala fe.

El caso más escandaloso, por la presencia mediática del indiciado, es el de Baltasar Garzón, feroz perseguidor de vascos y fallido acusador de Pinochet y Cavallo al que el establishment hispano aplaudió con entusiasmo el despliegue circense con que se afanaba en sus querellas. Ahora, cuando este candil de la calle quiere echar luz sobre el pasado de su casa, la judicatura le recuerda que ése es terreno vedado a toda averiguación y que las víctimas del franquismo muertas están envueltas o que, para todo efecto, deben seguir envueltas por el silencio.

España y México: presencia del pasado

En fin, que los casos citados son monstruosos y expresan sin rodeos el desprecio de los órganos judiciales españoles por la justicia que se supone deben procurar e impartir. El fenómeno representa la sobrevivencia del franquismo y expresa en forma elocuente los huecos del Pacto de La Moncloa, aquel acuerdo que pretendió acabar con el orden dictatorial impuesto por el Caudillo para abrirle paso a la democracia y la reconciliación del pueblo español.

Es algo parecido a lo que ocurre en México, donde el régimen “de la Revolución Mexicana” se cayó hecho pedazos, pero sobreviven las instituciones del viejo orden, la corrupción, la justicia en favor de los poderosos, la existencia de presos políticos, la hostilidad hacia la prensa indócil y los abusos punibles contra la sociedad. Los anacronismos estatales, aquí y allá, siguen presentes, y lo que es peor: tienen mucho en común.

Humberto Musacchio/exonline.com

Maletero con moscas

Maletero con moscas

Es asombrosa la facilidad con la que mata la gente. Y lo hacen a cualquier edad, casi desde que son capaces de levantar un cuchillo hasta que ya casi no pueden con él. Se ha instalado entre nosotros una especie de rutina del crimen, de modo que nos sorprendería mucho que el día acabase sin un asesinato. Las muertes violentas se suceden con una regularidad social que antes solo tenía el sorteo de los ciegos. Además, se mata por cualquier cosa, a veces incluso por el capricho de matar. Hay como un tedio irrespirable y colectivo que nos empuja hacia lo extraordinario, aunque lo extraordinario sea degollar a la vecina con el abrelatas. La televisión ha convertido el crimen en una buena excusa para la notoriedad y para evadirse durante unos días de la dichosa monotonía existencial. El valor informativo que antes se le otorgaba al expediente académico de una persona, se lo damos hora a sus antecedentes penales. Un ocho de media en selectividad tiene sin duda menos repercusión social que ocho años en prisión. En la cárcel sólo se desprestigian los funcionarios. Hay que andarse con ojo e hilar fino al elegir las compañías porque las inclinaciones criminales ya no se llevan como antes en el rostro. Criminal puede ser cualquiera de nosotros, incluido el médico forense que se siente arrastrado por la tentación de descuartizar con saña el cadáver que examina. A veces arrimo el coche al arcén y observo los coches que pasan porque se me ha metido en la cabeza que en un escalofriante porcentaje de casos los conductores llevan un cadáver en el maletero. Y si no viajan con él en el maletero, seguro que lo llevan en la conciencia. Cada vez es más numerosa la gente que se lava las manos mientras repone combustible en las gasolineras. Cada día se  confunden más la impunidad y la higiene. Yo creo que eso es porque el remordimiento se hace más  llevadero si se sabe combinarlo con el aseo. El alma se hace más llevadera si se le suprime el mal olor. Además, la conciencia ya no es el engorro moral que era antes. Lo que le preocupa al asesino después del crimen no es la posibilidad de haber sido observado por el Espíritu Santo, sino el riesgo de que por no vaciar a tiempo el maletero, se le llene de moscas el coche. Uno mismo no está libre de convertirse en un asesino espontáneo. De hecho, a veces escucho ruidos en la parte de atrás del coche y me tienta averiguar a qué se deben. Y si no lo hago es porque soy autodestructivo y temo encontrar mi propio cadáver maniatado en el maletero del coche.

Jose Luis Alvite/larazondigital.es

La yegua de John Wayne

La yegua de John Wayne

Parece que planea por ahí la idea de declarar sexistas los cuentos infantiles en los que las mujeres son elementos pasivos, como es el caso de Blancanieves, Cenicienta o La Bella Durmiente. Nada he leído sobre que se prevea redimir al personaje masculino de La Dama y el Vagabundo por considerarlo clasista, aunque no hay que descartar que en una exhibición de celo feminista se condene al protagonista de El Rey León por no haberse preocupado de desarrollar el instinto de amamantar a sus crías. Supongo que lo se pretende es que la pedagogía sustituya a los instintos, de modo que al cabo de un cierto tiempo de severa instrucción las mujeres y los hombres compartan las letrinas y se turnen en la lactancia de sus críos. La censura de los cuentos infantiles es sólo un paso hacia un modelo social en el que, por ejemplo, se considere desafección al Sistema que en una película de vaqueros John Wayne monte en una yegua o que Robert de Niro incurra en la insoportable grosería sexista de abrirle la puerta del taxi a Meryl Streep. Yo si volviese a casarme creo que no me sentiría cómodo si la oficiante fuese una de esas juezas del Régimen que te miran como si casarte con una mujer fuese un delito de larvado acoso sexual. Las últimas veces que salí de copas me previne para no parecer demasiado masculino. No está bien visto que un hombre fume «Ducados», ni que al entablar conversación con una mujer no lo haga con el mismo profiláctico gesto de retraimiento que si ella fuese su dentista. Yo a alguna de mis amigas ya las he advertido de que se ande con cuidado con dónde pone los malditos pies. Porque si se cayesen al mar pueden estar seguras de que me daría la espalda por temor a que el heroísmo de salvarlas fuese interpretado por los rabinos del régimen como un velado intento de propasarme. Una amiga mía que es feminista radical me preguntó una noche: «¿De verdad que no me salvarías si caigo al mar?». Y yo le contesté; «Te arrojaré papel y lápiz. Y sólo te salvaré en el caso de que firmes una declaración jurada en conforme aceptas que te ponga la mano encima para sacarte del agua». «¿Eso harías». Dudé un instante. «Bueno, primero esperaría a ver si eres capaz de llegar a la orilla agarrada al lápiz». Mi amiga se ofendió, metió mi tabaco en su puto bolso y se largó por donde había llegado. Naturalmente, no me preguntó si a mí me ofendería el sexista detalle de pagarle las cuatro copas que se había tomado. Y yo me fui al retrete con la duda de si sería demasiado masculino mear de pie.

Jose Luis Alvite/larazon.es

Hay de pecadores a pecadores

Hay de pecadores a pecadores

Quien esté libre de culpa, que tire la primera piedra. Es lo que nos manda decir, en voz de alguno de sus tenebrosos jerarcas, mamá Iglesia. No es que quiera llenarnos de oscuras culpabilidades y acojonarnos como acostumbra (o igual y sí), lo que pasa es que se está defendiendo o, mejor dicho, está encubriendo —todavía, a estas alturas— a sus curitas pederastas maricones (utilizo el término maricones sin mayores trámites porque lo emplea también, muy frescamente, mi amigo Luis González de Alba cuya homosexualidad, con el perdón de ustedes, está fuera de toda duda) mientras que a los otros, a los gays que no están afiliados y que no llevan sotana ni crucifijo, los amenaza con el Infierno e intenta negarles derechos que no le corresponde administrar ya que, hasta nuevo aviso, el matrimonio que se contrae delante de un juez del Registro Civil —reversible, cancelable y retornable— no es el mismo que se celebra ante un supremo sacerdote católico: como bien sabemos, estos últimos casamientos, consagrados por el Altísimo, son inquebrantables de necesidad (a menos, naturalmente, que seas personaje de relumbrón y con influencias —es decir, con poderes terrenales muy verificables y aplicables— como, por ejemplo, ese señor de nombre Vicente Fox que pudo anular perfectamente su anterior “unión de por vida” —y, de paso, supongo que la de Martita también— sin mayores problemas de conciencia y de presupuesto).

Roman Revueltas Retes/mileniodiario

Los toros

Los toros

En los años veinte del siglo pasado había muchos aficionados que empeñaban el colchón para ir a los toros. Las disputas en los colmaos a favor y en contra del peto de los picadores, impuesto por Primo de Rivera en 1927, produjo al menos siete muertos a navaja, más que cualquier huelga o asonada frente a la propia dictadura. Siendo entonces la fiesta nacional la sustancia de la patria, el diario El Sol, el más prestigioso de la historia del periodismo español, no publicaba una sola noticia de las corridas. Ortega y Gasset era el alma intelectual de ese periódico. Pese a que participó en alguna tienta vestido de corto, más que nada para deslumbrar a alguna amiga extranjera sedienta de un tipismo no exento de moscas, y animó al torero Domingo Ortega a dar una conferencia sobre la lidia, su posición ante la fiesta era puramente académica, porque pensaba que sin los toros no se podía entender la historia moderna de España. Uno cree también que sin la Inquisición no se puede entender el Siglo de Oro ni el siglo XIX sin el bandolerismo y no por eso hay que levantar un monumento a Torquemada y al Pernales como si fueran Lagartijo o Belmonte. Si no fue Ortega y Gasset, me gustaría saber quién en El Sol decidió que Don Tancredo no era un héroe nacional ni tampoco constituía un símbolo patriótico el perro Paco, que con más reflejos que el de Paulov, se subía al tranvía en la parada del café Fornos y se iba a los toros por su cuenta y saltaba a la arena en medio de una faena para recibir el aplauso del público. En aquel tiempo en que el perro Paco era más celebrado que Ramón y Cajal, hubo alguien en la dirección de El Sol que pensó que había otra España no tan negra ni tan castiza, que comenzaba a alejarse de la sordidez de la lidia y por la que había que apostar. Era la España de la inteligencia clara y de la higiene personal, del regenacionismo social y de la salud pública, del deporte y del amor a la naturaleza, un espíritu nuevo frente al cual la corrida de toros, en el matadero mudéjar de las Ventas o en las brutales capeas de los pueblos, era la agria metáfora de nuestro atraso político y cultural. Hoy nuestros campeones mundiales de motociclismo, de fórmula I, de tenis, de golf, de baloncesto, de vela, de atletismo que izan la bandera nacional en los podios, a los que se unen los científicos españoles que son jefes de equipo en laboratorios y universidades extranjeras constituyen la patria con que la gente del diario El Sol en los años veinte soñaba, un país sin puyazos ni estocadas.

Manuel Vicent

Resumiendo

Resumiendo

Por primera vez en mucho tiempo, el New York Times le ha dedicado un editorial a España. Por primera vez en mucho tiempo, el asunto a tratar no han sido los toros, la tomatina o el jamón de bellota. Simultáneamente, hemos encabezado secciones internacionales de periódicos argentinos, chilenos, ingleses o franceses. Si queríamos que nuestro país ocupara un lugar notable en la prensa del mundo con un tema que no fuera folclórico lo hemos conseguido. Lástima que el resultado sea para recibir el pésame más que la enhorabuena. A estas alturas, extranjeros de aquí y de allá observan atónitos una noticia que para ellos se resume de la siguiente manera: dos organizaciones franquistas llevan a los tribunales al juez que ha querido fijar las responsabilidades de la represión y dar honrosa sepultura a los muertos que aún permanecen enterrados en fosas comunes.

Los españoles llevamos siguiendo los pormenores de este caso más de un año, conocemos (aunque sea por encima) las razones por las que, al margen del asunto de la memoria histórica, hay quien está deseando que Garzón abandone la Audiencia Nacional; pero para alguien que no se revuelque a diario en la charca de nuestra actualidad no sólo resulta inconcebible que un juez de tan dilatado prestigio sea apartado de su carrera de por vida, hay más. Este desgraciado asunto ha sembrado la idea de que en 30 años de democracia los españoles hemos sido incapaces de lidiar con el pasado, que la Transición fue una bajada de pantalones, que la Guerra Civil es un tema tabú y que hay una parte de la derecha que sigue siendo franquista. No sé si estarán de acuerdo con este balance aquellos que hicieron posible la Transición, pero finalmente esto es lo que a ojos de los demás ha quedado. Sea como sea, hay que darle las gracias a la justicia española por permitirnos hacer el más grande de los ridículos.

Elvira Lindo/elpais.es