Saber es poder

Selva de varia opinión: Grafito de Alexámenos

De Byron son esas palabras: “sorrow is knowledge” que remiten al viejo Eclesiastés, “el que aumenta la ciencia, aumenta el dolor”. Francis Bacon dijo que “saber es poder”.
He comprobado con la experiencia que detrás de casi todas las vivencias humanas (ignoro hasta dónde llega ese “casi”) se esconde la decepción o un lado oscuro. Hay una seriedad en la vida que aumenta con la edad como una sombra se alarga al atardecer. Como el médico que calla un mal pronóstico para no lastimar al enfermo o como el sociólogo que pasea por un suburbio y conoce la miseria fatal de sus habitantes; las frías estadísticas del fracaso escolar, de la esperanza de vida más corta. En otros tiempos serían los generales del Estado Mayor que sabían que enviaban a la muerte a sus soldados en algún ataque insensato. El pueblo llano es un rebaño que se gobierna mejor si se le mantiene en la ignorancia. No vivimos en una época ilustrada. ¿Existió alguna vez? Me temo que no. Será un ideal inalcanzable.
El consuelo de los perdedores de esta vida es el poder igualatorio de la muerte, lo fútil de las grandezas humanas, la insignificancia de nuestro conocimiento si se compara con el misterio de nuestra existencia. Pero no es igual defenderse a pedradas que fabricar una bomba atómica. Unos pocos, los happy few, están en la cubierta de la galera sujetando el timón, marcando el rumbo, observando el camino de las estrellas: el resto, la mayoría, reman día y noche, maldiciendo en la oscuridad, sin conocer más que el trabajo de mover el remo.
Seguramente hay científicos que conocen ya que la catástrofe ecológica es irreversible e inminente. Y bien, la especie humana es un animal más, tan extinguible como los dinosaurios. Quien sabe observa desde arriba: como aquel personaje de El tercer hombre que veía hormigas afanosas desde las alturas de la noria del Prater de Viena.
La vida es el camino que se recorre entre dos novelas: de las Grandes esperanzas de Dickens a las Ilusiones perdidas de Balzac.

 

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‘Mejor un rey que otra guerra’

Para muchas de las personas que vivieron la Guerra Civil y la dictadura, los 40 años de democracia son un milagro. A sus ojos, quienes quieren actualizar el pacto de 1978 han perdido la percepción del peligro, del riesgo de una vuelta al pasado

'Mejor un rey que otra guerra'La familia Franco y los entonces príncipes de España con sus hijos en la puerta del Pazo de Meirás EFE

Estos días se nos han explicado por tierra, mar y aire, los motivos por los que España es todavía una monarquía:

1) Por designio del anterior jefe del Estado, el dictador Francisco Franco

2) Por interés del poder establecido y de las clases dominantes de entonces (que son las de ahora)

3) Por el papel de la izquierda mayoritaria durante la Transición (interesada en conquistas democráticas, entonces mucho más acuciantes que la forma del Estado)

4) Porque el republicanismo –de izquierdas y de derechas– no es lo suficientemente fuerte en España

5) Por la reacción de Juan Carlos I en el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981

6) Porque otras democracias también son monarquías y no pasa nada

7) Porque siempre hay algo más urgente que resolver (y seguramente sea verdad)

Pero si España a estas alturas todavía es una monarquía es también, en cierta medida, por algo tan humano y comprensible como el miedo.

Cientos de miles de personas fueron asesinadas, torturadas, encarceladas y represaliadas durante la Guerra Civil y la posterior represión franquista. No conocemos la cifra exacta de víctimas (a los fusilados no se los inscribía necesariamente en ningún registro).

Imaginemos la onda expansiva de terror y sufrimiento que recorrió el país, y que todavía recorre las vidas de muchas personas. En algunos pueblos aún hay quien baja la voz para hablar de ciertas cosas.

Las personas que padecieron directa o indirectamente las consecuencias de la guerra y la represión –o quienes simplemente se hayan interesado por la historia de aquí– saben que desde hace siglos este país ha sido volátil e inflamable, como una granada de mano, si bien más dado a la implosión que a la explosión. ‘Mejor un rey que otra guerra’, sería la frase que resume su postura.

Para muchas de estas personas, los 40 años de democracia (una democracia siempre mejorable) son un milagro: como quien logra completar una maratón con una granada en la mano sin volar por los aires. A sus ojos, quienes no vivieron la guerra y la posguerra, o quienes no se han interesado por la historia, han perdido la percepción del peligro.

Cabe preguntarse si España sigue siendo un polvorín que se mantiene inerte gracias a un frágil equilibrio: una jefatura del Estado y un ‘establishment’ intocables a cambio de una Constitución democrática. Una Constitución que, por cierto, nunca ha llegado a respetarse ni a intentar cumplirse por ningún partido, y que ha sido especialmente olvidada por aquellos que en los años setenta renegaban de ella (precisamente los que ahora se autodenominan “constitucionalistas”).

El pacto de 1978 en torno a la monarquía –una pequeña victoria para unos, una asumible y necesaria concesión para otros– es visto todavía por muchos ciudadanos como la anilla que evita el estallido de la granada. Y todo el mundo sabe que ‘lo responsable’ es no tocar la anilla de una granada. Esta ha sido, durante las últimas décadas, la postura del PSOE respecto a la monarquía: “No es el momento de abrir el debate”. Sorpresa: nunca es el momento.

Es verdad que muchos de los que nacimos en los albores de la democracia hemos heredado el miedo o, al menos, somos conscientes de ese miedo en nuestros mayores: esa sensación de que la bestia está amansada y es mejor no despertarla con alocadas esperanzas de mejoras democráticas.

Ese miedo a una vuelta al pasado se afianzó con el Golpe de Estado de 1981 que, para los que lo vivimos –aunque entonces fuésemos niños–, funcionó como una ‘vacuna de recuerdo’ del miedo. Grandes capas de nuestra sociedad todavía viven, quizá sin ser plenamente conscientes, bajo lo que los psicólogos denominan ‘estrés postraumático’. El trauma de la guerra y de la dictadura posterior.

Aspirar a perfeccionar nuestra democracia –incluso en algo tan discutiblemente urgente como es la forma del Estado– no debería ser ya percibido como una osadía

El gran mérito de nuestros padres, tras 40 años de régimen dictatorial, fue traer esta democracia. No fue un logro menor. Nuestra contribución a un país más democrático quizá sea desembarazarnos, por fin, del miedo. Porque, ¿de verdad es todavía tan volátil la democracia española como nos quieren hacer creer? ¿De verdad el equilibrio institucional no resistiría reformas que profundicen en la democracia?

Muchos ciudadanos nacidos en los ochenta y en los noventa, los que no conocieron ‘lo anterior’, creen vivir en una democracia como cualquiera de las que nos rodean. ¿Están equivocados? Piensan incluso que se pueden hacer reformas de calado. “¡Habráse visto!, ¡qué se habrán creído estos jovenzuelos!” (escucho en mi mente las voces escandalizadas de los que no quieren o no se atreven a que nada cambie).

Aspirar a perfeccionar nuestra democracia –incluso en algo tan discutiblemente urgente como es la forma del Estado– no debería ser ya percibido como una osadía, ni como una temeridad, ni siquiera como un acto de valentía ni de impaciencia. Tampoco dejar las cosas como están debería seguir siendo percibido como una acto de ‘responsabilidad’, porque la fatiga de materiales es patente.

De hecho, las tornas han cambiado. Lo irresponsable, cada vez está más claro, es no hacer nada. Si queremos salvar el pacto constitucional hay que actuar. Lo inconsciente es mirar para otro lado y dejar que España afronte los retos inmediatos –la pandemias por venir, la crisis climática, el rompecabezas territorial, la pobreza creciente y el machismo rampante– con el andamiaje institucional de hace 40 años. El tan mentado ‘sentido de Estado’ ya no es quedarse de brazos cruzados por miedo a despertar a la bestia. El sentido de Estado exige reformas.

Ya sabemos que Franco dejó todo “atado y bien atado”. Creo que el nudo más fuerte de esa mordaza heredada fue, precisamente, la sensación de amenaza, el temor a una vuelta al pasado. Pero ya no tenemos tiempo para vivir coaccionados, amenazados e incluso chantajeados por lo que fue. El futuro es mucho más importante.

Perder el miedo, pero nunca la memoria: en cierta manera, ese es el mejor homenaje y el mejor agradecimiento hacia aquellos que sufrieron la Guerra Civil y la dictadura; para todos los que, en algún momento, soñaron un país alegre.

https://www.eldiario.es/opinion

La hipótesis de la Reina Roja en tiempos de Covid-19

La resistencia bacteriana, la aparición del sexo y la vacuna frente al coronavirus se pueden explicar gracias a esta solución biológica

«Para quedarte donde estás tienes que correr lo más rápido que puedas. Si quieres ir a otro sitio, deberás correr, por lo menos, dos veces más rápido». La Reina Roja en A través del espejo y lo que Alicia encontró allí (Lewis Carroll, 1871)
«Para quedarte donde estás tienes que correr lo más rápido que puedas. Si quieres ir a otro sitio, deberás correr, por lo menos, dos veces más rápido». La Reina Roja en A través del espejo y lo que Alicia encontró allí (Lewis Carroll, 1871) – Wikicommons

 

En la novela “Alicia a través del espejo” de Lewis Carroll los habitantes del país de la Reina Roja deben correr lo más rápido posible para permanecer donde están, debido a que el país se mueve con ellos.

De esta novela surgió precisamente el símil de la hipótesis de la Reina Roja, una teoría que propone que los organismos necesitan adaptarse, evolucionar y proliferar constantemente para poder sobrevivir. Dicho de otro modo, es preciso que haya un proceso de adaptación continua para mantener el status quo con el entorno.

Esta teoría fue propuesta hace casi cincuenta años por el biólogo evolucionista Leigh Van Valen (1935-2010) como solución a la ley de Extinción, también formulada por él.

Carreras armamentísticas frente a las bacterias

Cuando los seres

 humanos descubrimos los primeros antibióticos para combatir las infecciones bacterianas algunos de estos patógenos evolucionaron para hacerse invulnerables a los tratamientos más comunes. Aparecieron las primeras resistencias bacterianas.

En respuesta a ello, los científicos desarrollaron antibióticos más eficientes, lo cual obligó a las bacterias a evolucionar aún más lejos. La Ciencia siguió avanzando de forma paralela y los tratamientos se fueron haciendo cada vez más potentes, solo para poder tener el mismo impacto que los primeros antibióticos décadas atrás.

En definitiva, los científicos han asistido a una carrera armamentística biológica para mantenernos en el mismo lugar en el que nos dejó Alexander Fleming con el descubrimiento de la penicilina allá por el año 1928.

Al principio no había sexo

Durante más de dos mil quinientos millones de años no había sexo, los animales se reproducían de forma asexual, motivo por el cual los descendientes tenían el mismo ADN que sus progenitores.

Esta situación era muy cómoda biológicamente, pero hacía a las especies especialmente vulnerables. Por ese motivo fue preciso inventar el sexo, un mecanismo desmesuradamente oneroso y que, además, era innecesario a todas luces para perpetuar la especie.

Sin embargo, el sexo era un dispositivo de defensa muy potente, con él la descendencia tendría genes combinados –paterno y materno- que haría más difícil su erradicación del entorno. La hipótesis de la Reina Roja apoya esta teoría.

Luchando frente al coronavirus

A lo largo de la Historia de la Humanidad los seres humanos hemos conseguido avances espectaculares, en la nómina incluiríamos entre otros la anestesia, las vacunas, los trasplantes o la quimioterapia.

El 5 de junio de 1981 fue el pistoletazo de salida del SIDA, una terrible epidemia que ya se ha cobrado más de treinta y tres millones de vidas, pero que afortunadamente se ha convertido en una enfermedad crónica en los países del primer mundo. A través de los fármacos antirretrovirales hemos podido hacer frente al VIH.

En el siglo veinte fuimos capaces de doblegar enfermedades tan terribles y devastadoras como la polio o la viruela. En un futuro no muy remoto aparecerán los órganos impresos con tecnología 3D y la “medicina a la carta” se convertirá en una realidad. Mientras esto sucede un nuevo actor ha entrado en escena -el SARS-Cov-2-, de momento nos ha adelantado y ha puesto en jaque a la humanidad.

Todo es cuestión de tiempo, debemos confiar en la Reina Roja, la investigación médica nos reestablecerá al lugar en el que nos encontrábamos hace apenas unos meses.

https://www.abc.es/ciencia

¿Qué está pasando con el oro?

PABLO AGNESE

Profesor adjunto en el área de Economía, Universitat Internacional de Catalunya

Wikimedia Commons / aekky
Wikimedia Commons / aekky

Económicamente hablando, ¿qué es el oro y por qué ha adquirido especial importancia en el contexto actual?

El oro fue (y sigue siendo) el primer medio de cambio universalmente aceptado y tiene un historial de uso de más de cinco mil años. Ningún otro medio de cambio ha sobrevivido tanto tiempo. El oro supera en tiempo a cualquier empresa o bono del tesoro.

Más allá del valor que le da su escasez, tiene atributos intrínsecos que lo hacen un metal precioso. Entre estos cabe destacar su ductilidad, maleabilidad, solubilidad, conductividad, y virtual incorruptibilidad, además de su relativa facilidad para ser transportado y guardado.

“El oro es excelentísimo; del oro se hace tesoro, y con él, quien lo tiene, hace cuanto quiere en el mundo, y llega incluso a llevar las almas al paraíso.”
Cristóbal Colón (Carta del IV viaje)

Destaca su tradicional empleo en joyería y sus crecientes y cambiantes usos industriales, que van desde la electrónica a los viajes espaciales.

Demanda global de oro por sector, 2019

¿Qué está pasando con el oro?

Este gráfico pone de manifiesto el atractivo del oro como reserva de valor. Esto ha sido así durante miles de años. No resulta una sorpresa constatar que, por ejemplo, el valor en oro de las residencias de las personas más ricas de la antigüedad sea prácticamente el mismo de lo que vale ahora una vivienda de lujo.

Un valor al alza

¿Qué se puede decir del precio del oro? El siguiente gráfico, que muestra el precio de la onza en los últimos veinte años, muestra una clara tendencia alcista, hasta llegar al máximo histórico de 1 981 dólares el 15 de julio de 2020.

Precio del oro por onza troy (31 g aprox.), en USD

¿Qué está pasando con el oro?

Siendo un valor al alza, ¿cómo se entiende entonces la estabilidad que hace del oro una reserva de valor? Pues porque aquello con lo que se contrasta, el papel moneda, ha ido perdiendo poder de compra de manera continua, y muy especialmente en las últimas décadas. Esta depreciación es consecuencia directa de la impresión indiscriminada de dinero por parte de los bancos centrales de todo el mundo.

“El deseo del oro no es por el oro. Es por los medios de libertad y beneficio.”

Ralph Waldo Emerson

¿Por qué el oro (y en menor medida la plata) aparece cada vez más a menudo como referencia económica, es decir, como una unidad de cuenta a partir de la cual hacemos comparaciones y mediciones? La respuesta corta es: por el gran nivel de incertidumbre que está atravesando actualmente la economía global, tal y como ocurrió en los años posteriores a la crisis financiera de 2008.

Una cuestión geopolítica

Una respuesta más detallada, sin embargo, arroja más luz sobre los orígenes de tal incertidumbre. Actualmente hay tres circunstancias que están teniendo lugar a escala global y que muy probablemente cambien las reglas del juego económico de manera substancial.

La primera y más visible es la pandemia de la covid, con toda la incertidumbre que rodea a sus números y a la efectividad de las políticas sanitarias para su contención.

La segunda tiene que ver con las protestas de carácter reivindicativo que son, algunas de ellas, violentas y radicales.

La tercera y más escurridiza de las tres tiene que ver con la inminente guerra fría entre Estados Unidos y China, que es el resultado de una escalada que ha ido desde la guerra de divisas con Obama hasta la guerra comercial con Trump.

Estos tres factores son el cóctel perfecto para sumir a la economía global en un gran caos o, en el mejor de los casos, en un mar de dudas en donde el oro parece ser el más fiable de los salvavidas.

En línea con esto, resulta interesante ver cómo se han comportado las reservas mundiales de oro en los últimos diez años.

Reservas de oro de los bancos centrales, primeros 10 países, toneladas

¿Qué está pasando con el oro?

Si bien las reservas de oro en términos per cápita de Rusia y China son todavía modestas (última columna), destaca su crecimiento en los últimos diez años, de un 226% y un 76% respectivamente, en comparación con la inmutabilidad de las reservas del resto de países.

Esto responde en gran medida al contrapeso que ejercen Rusia y China frente a la hegemonía del dólar como medio de cambio en las transacciones internacionales, y es una faceta más en la guerra comercial con Estados Unidos.

Por tanto, no es de extrañar que el oro tenga un papel cada vez más protagónico en la economía mundial.

El oro puede cumplir perfectamente con las funciones que la teoría económica atribuye al dinero: ser un medio de cambio que sirva a su vez como reserva de valor y como unidad de cuenta. El tiempo dirá si la economía, o más bien los gobiernos, darán lugar a un retorno a la estabilidad que representa el oro. Por lo pronto, su precio parece no tener techo.


Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation

https://blogs.publico.es/otrasmiradas/

Lo frugal: la necesidad de aprender a disfrutar de una vida sencilla

Emrys Westacott recuerda lo que enseñaba Epicuro. Bastan pocas cosas para ser feliz. La más importante, y la única que está disponible para casi todos, es la amistad

 

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Emrys Westacott leía y releía a los clásicos, buscaba y rebuscaba por los rincones de la antigua Grecia. Indagaba por páginas y páginas de libros las bases filosóficas de la vida sencilla cuando, de pronto, a medio mundo le cayó encima. 

La pandemia tomó la decisión por muchos: la vida frugal ya no es una opción, es una imposición. La epidemia ha arrasado con la economía de la experiencia (hacer mil cosas, visitar mil sitios, conocer a tropecientos mil) y ha implantado la economía de buscarse la vida y disfrutar de lo que hay. Es una economía que encaja en cada letra de un artículo que Westacott escribió hace un tiempo: «Por qué la vida sencilla no solo es bella, es necesaria»

La pirotecnia que ha impulsado al capitalismo reciente (¡compra!, ¡viaja!, ¡gasta!) y los fuegos artificiales de la economía de la influencia (¡muestra!, ¡exhibe!, ¡alardea!) acalló muchas filosofías milenarias que aconsejaban lo contrario: déjate de artificios y disfruta de la esencia de vivir.

El profesor de filosofía de la Alfred University de Nueva York pasó años preguntándose «por qué menos es más, más o menos», «por qué los filósofos han propugnado la vida sencilla durante 2.500 años, por qué los hemos ignorado a nuestro propio riesgo» y en 2016 publicó las respuestas que halló en un libro que tituló La sabiduría de la frugalidad

Nos asomamos a la bandeja de entrada de Emrys Westacott para pedirle una entrevista. Dejamos que las cosas tomen su tiempo. No es necesaria la inmediatez de Zoom. Va a ser un diálogo escrito, pausado, que transcurre por mail: esa forma de conversar, con sus pausas y sus comas, que desespera a los impacientes del WhatsApp.

—La pandemia nos ha obligado a vivir vidas más sencillas. No podemos viajar a países exóticos, no podemos ir a conciertos espectaculares, no podemos salir a comprar como depredadores. ¿Crees que algunas personas están descubriendo o redescubriendo el gozo de la vida sencilla?

—¡Eso espero! —exclama Westacott, con un signo de exclamación firme como una estaca—. Y estoy seguro de que muchos han visto que se las arreglan perfectamente bien sin ir a comprar ropa todos los fines de semana y sin salir a cenar a menudo a restaurantes de moda. Incluso muchas personas que tienen la suerte de seguir recibiendo un salario, y a la vez no tienen mucho en qué gastarlo, se han encontrado con la sorpresa de que pueden reducir sus deudas o aumentar sus ahorros.

El profesor de filosofía ha observado que en esta cuarentena muchos descubrieron que tienen a mano un buen puñado de actividades placenteras: cocinar, embellecer la casa, dibujar, hacer jardinería. Antes no les prestaron atención o quizá las despreciaron. Muchos han dedicado tiempo a actividades creativas impensables cuando la velocidad de la vida iba como un torpedo: «Tengo amigos que han hecho cursos de escritura y de pintura online. Un grupo de amigos y yo hemos organizado unos Corona Concerts y, cada día, uno de nosotros grababa una canción».                            

Esto es un lujo para los que no han sido atropellados por el virus o la penuria. «Pero hay millones de personas que viven circunstancias que les impiden disfrutar de los potenciales beneficios de este tiempo pausado», indica Westacott. «Algunos están enfermos, algunos tienen familiares enfermos o fallecidos. Muchos han perdido el trabajo y sienten ansiedad porque no saben cómo pagarán sus facturas. Muchos que tenían una carrera profesional prometedora ahora pueden verse decepcionados. Por desgracia, como ocurre siempre, los menos favorecidos son los que más van a sufrir. Descubrir los placeres de la vida sencilla es más fácil cuando uno tiene la suerte suficiente de no sufrir serias ansiedades».

—¿Cuáles son los placeres de la vida sencilla?

—Es una pregunta compleja, porque depende de lo que entiendas por sencillez. La expresión vida sencilla tiene varios significados. Por ejemplo, puede significar vivir de forma barata, ser relativamente autosuficiente, vivir cerca de la naturaleza, ser feliz con placeres simples o seguir una rutina diaria. Y cada una de estas cosas proporciona su placer particular. Seguir una rutina, como hacen los monjes, pone orden en el día a día y deja que la mente pueda ocuparse de asuntos más importantes.

Westacott llama la atención en un detalle: mucho de lo que consideramos hoy vida sencilla se basa en tecnologías complejas. «Escuchar una canción grabada, por ejemplo, solo es posible porque tenemos instrumentos musicales excelentes, red eléctrica, dispositivos para grabar y reproducir sonido». Pero la evolución tecnológica que hoy nos parece tan imprescindible como el oxígeno no invalida lo que dijeron los sabios que no tenían móviles, ni Play, ni una Roomba rodando por su casa para recoger pelusas. 

El profesor de filosofía dice que los estoicos y los epicúreos dieron respuestas que aún son relevantes, y ahora, más que hace tres meses. Cuenta que Séneca tuvo que vivir en Córcega, exiliado, desterrado, y allí halló consuelo a su dolor y desarraigo con algo muy simple: la naturaleza. Este estoico romano observaba las plantas, la luz del día y la noche, la vida animal. «Para las mentes curiosas, la naturaleza es inagotablemente interesante y hermosa», indica Westacott.

Epicuro también recomendó dejarse de pamplinas. El filósofo que predicaba el hedonismo racional decía que, «de todas las cosas que la gente pensaba que necesitaba para ser feliz, solo unas pocas eran esenciales. Y de ellas, la más importante y la única que está disponible para casi todos, es la amistad», explica el estadounidense.  

—¿Por qué han defendido tantos pensadores la vida frugal como una virtud durante más de dos milenios?

—Hay dos líneas argumentales desde los tiempos de Sócrates. Una es moral y otra es prudencial. La moral asocia la vida frugal con virtudes como la dureza, la fortaleza, la templanza, la sabiduría y la carencia de pretensiones. Al lujo y la extravagancia le asocia la decadencia, el derroche, la avaricia, la gula y una obsesión insana por la riqueza material y los placeres sensuales. Desde la perspectiva de sabios como Sócrates, Jesús, el filósofo romano Boethius o el pensador Henry David Thoreau, estos valores son falsos. Ellos dijeron que las personas con una moralidad más elevada se centran más en su estado espiritual que en sus posesiones materiales. Por eso los monjes hacen votos de pobreza. Este es uno de los motivos por los que en Estados Unidos muchas universidades se construyeron en localidades rurales remotas. Creían que, así, los estudiantes no serían corrompidos por los valores decadentes de las metrópolis.

Luego están los que optan por una vida sencilla por prudencia. Los que viven así porque piensan que este tipo de vida hace más feliz. «La idea central de esta corriente es que los humanos necesitan muy poco para ser felices», explica Westacott. Epicuro lo reducía a tres cosas: una copa de vino, un plato de queso y un par de buenos amigos. «Si estás acostumbrado a vivir de forma ahorradora, llevarás mejor los tiempos difíciles. Estarás más feliz con lo que tengas, sea lo que sea, y tendrás menos emociones negativas como ansiedad, decepción o envidia. Si no necesitas mucho, no tendrás que trabajar duro y disfrutarás de más tiempo para ti. Al vivir sin lujos, los disfrutarás más cuando puedas acceder a ellos. La vida sin lujos te hace apreciar lo humilde, los placeres del día a día». 

—Es justo lo contrario del discurso dominante que había hasta que llegó la pandemia. Nos bombardeaban con la idea de que una vida interesante se basa en hacer mucho, moverse mucho, probar mucho, cambiar mucho, de todo y a todas horas. 

—Aquí hay dos asuntos. Uno, el consumismo. La cultura masiva en las sociedades industrializadas nos alienta a comprar y gastar. Una vez que tenemos lo básico, nos animan a gastar en lujos: ir a lugares exóticos en cualquier parte del planeta y hacer actividades excitantes (especialmente, las que cuestan dinero). Y dos, la cultura moderna, que valora la diversidad, lo cosmopolita y la perspectiva global. Nos sentimos orgullosos de viajar a muchos lugares, conocer a gente distinta, hablar varios idiomas, apreciar culturas diferentes, probar varias gastronomías. Desde esta perspectiva moderna, los que se quedan en casa y solo se relacionan con gente como ellos son vistos como personas uniformadas, inexpertas y parroquiales.

Aquí hay dos asuntos difíciles de encajar: viajar por todo el mundo y llevar una vida frugal. Pero es posible. «Haciendo autostop, couchsurf, haciendo estancias en granjas orgánicas (WWOOF)…», indica el profesor de filosofía. «Muchas personas lo resuelven viviendo con frugalidad para ahorrar el dinero que les permitirá viajar».

—Durante la cuarentena hemos presenciado algo que jamás tuvimos antes: cielos azules en las ciudades, el canto de los pájaros en las calles principales, parques que se han convertido en bosques. Hemos visto que es posible vivir en ciudades más humanas, con más naturaleza. Lo hemos jaleado con alegría. ¿Crees que la mayor parte de la gente quiere ciudades así o volveremos al tener más, correr más, contaminar más…?

—La respuesta obvia es ¡sí! Algunas personas quieren un mundo más limpio y están dispuestas a poseer menos para conseguirlo. Otras están más interesadas en acumular riqueza y aceptan el precio de dañar el planeta. Y es muy probable que a la gran mayoría le guste disfrutar de más riqueza personal y de cielos limpios. Es posible tener deseos contradictorios. ¡Así es la condición humana!

Esta pregunta lleva a Westacott a otra: «¿Este cambio radical provocado por la pandemia nos llevará a repensar el tipo de sociedad a la que queremos pertenecer y el tipo de mundo que queremos habitar? Espero que la respuesta sea sí». 

El estadounidense dice que el placer de ver cielos limpios nos ha recordado que no tenemos que aceptar la contaminación como algo inevitable o algo normal. Hemos descubierto que muchos de los trabajadores peor pagados (las cajeras, los corredores de mensajería…) proporcionan los servicios imprescindibles para vivir y esto debería replantear los salarios. 

Dice que después de ver el papel tan importante del Gobierno y de los servicios públicos para afrontar una pandemia, deberíamos pensar en una planificación pública inteligente para el futuro y «ser más críticos con el dogma neoliberal que asegura que las fuerzas del mercado, en libertad total y a su antojo, siempre llevan al mejor resultado».

A Westacott le llama la atención oír la frase «A ver cuándo volvemos por fin a la normalidad». Piensa que es una mirada corta, muy corta, y pelada de cualquier tipo de pensamiento crítico. «Espero que, a largo plazo, la pandemia nos haga ver la antigua normalidad, que en muchos países incluía la desigualdad extrema y la pobreza generalizada, como algo inaceptable», dice. «En su lugar, deberíamos tratar de crear una nueva normalidad con una seguridad social más fuerte y mejores servicios públicos, pagados por impuestos progresivos, que permitan a la gente optar por estilos de vida más sencillos y tranquilos, si así lo desean».

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¿Quién prendió fuego al Puerto de Beirut?

Un padre y su hija, heridois por la explosión del Puerto de Beirut, tras ser atendidos en un hospital. AFP/IBRAHIM AMRO
Un padre y su hija, heridois por la explosión del Puerto de Beirut, tras ser atendidos en un hospital. AFP/IBRAHIM AMRO

«Me he reunido con algunos de nuestros grandes generales y ellos parecen sentir que fue un ataque», revela Donal Trump sobre la explosión en el puerto de Beirut el 4 de agosto, que destruyó parte de la ciudad, mató a cientos de personas, hirió a miles y dejó sin hogar a no se sabe cuántas. Por toda la urbe, se ven grupos de ayuda ciudadana que ofrecen alimento, ropa e incluso sus casas -y a pesar de la pandemia-, para familias damnificadas. Las protectoras de animales también atienden a las mascotas heridas y recogen a los que han perdido a sus dueños.

La teoría oficial del gobierno libanés apunta a una negligencia criminal: que un fuego inicial en un almacén de pirotecnia o por una soldadura alcanzó un depósito de toneladas de nitrato de amonio, que produjo un temible hongo, aunque en este caso se trata de la “nube de Wilson”, nombre del gas de escasa densidad. Este hongo no se produjo cuando el 18 de febrero de 2004, un tren iraní que transportaba este mismo producto y petróleo se explotó en la estación de Omar Jayyam cerca de Neishabur y dejó 300 muertos y 250 heridos, destruyendo además centenares de casas en cinco localidades.

Una segunda hipótesis señala a Hizbolá como el autor de las explosiones con el fin de desviar la atención del próximo anuncio del veredicto del 7 de agosto del Tribunal Especial para el Líbano (vinculado a la ONU), que iba a acusar a cuatro agentes de Hizbolá del asesinato del ex primer ministro Rafik Hariri el 21 de febrero de 2005.

Si quieres conocer la verdad, escucha a los niños, a los borrachos y a los locos”, recomienda la sabiduría popular, invitándonos a reflexionar sobre las palabras de Trump.

Después de destruir Siria, Iraq, Libia en Oriente Próximo y contener a Irán -vía sanciones económicas, asesinatos de sus científicos y militares y ahora atentar en su suelo-, el dúo EEUU-Israel continúa con la reconfiguración del mapa de la región, a medida de sus intereses, con dos objetivos: 1) expulsar a Irán del Líbano (al igual que de Iraq y Siria), y desarmara a Hizbolá, y 2) Destruir Irán desde dentro, recurriendo a la “Doctrina de Pulpo” inventada por el ex ministro de defensa israelí Naftali Bennett: un cruel símil (tratando de animales) que afirma que para matar al pulpo, no es suficiente cortar sus tentáculos sino golpear su cabeza. Desde hace meses, Israel está llevando ambas políticas de forma paralela: atacar tanto a los aliados de la República Islámica (RI) como a los objetivos militares de Irán en su propio suelo.

Camino al apocalipsis

  • 2 de abril: Mossad asesina a Ali Mohammed Younis, comandante de Hizbolá y responsable de “perseguir a espías, topos y colaboradores” de Israel en el Líbano, en el sur del país.
  • 23 de abril: Israel acusa a Irán de un ciberataque a una planta de agua potable, alterando sus niveles de cloro y partículas químicas.
  • 9 de mayo: un ciberataque israelí, -según Washington Post-, provoca caos en el sistema informático del puerto iraní de Sahid Rajaee, en el Golfo Pérsico, por donde pasa el 55% de las exportaciones e importaciones del país, deteniendo su tráfico comercial.
  • 26 de junio: explosión en un depósito de gas de la base militar iraní de Parchín, cerca de Teherán. Según el diario kuwaití Al Jareeda, aviones F35 israelíes habían entrado en el espacio aéreo de Irán, cruzando Iraq, para realizar la operación y regresar a su casa, que en caso de ser cierto cambiaría radicalmente la situación.
  • 4 de julio: incendio en la petroquímica de Bandar Imam Jomeini. No se descarta el accidente, ni un atentado.
  • 6 de julio: Fuego en la instalación nuclear iraní de Natanz. La versión oficial primer lo considera un “accidente”  y después un sabotaje, aunque no aclara si se trataba de una bomba colocada o un ciberataque.  En 2009, EEUU e Israel en el primer ciberataque de la historia, destruyeron parte de esta central nuclear mediante el envío del virus Stuxnet, al que ordenaron  la autodestrucción de cientos de aparatos. Años atrás, Israel habia bombardeado con total impunidad, el reactor de Uzirak de Iraq (1980), y una instalación nuclear de Siria (2007).
  • 8 de julio: el Fondo Monetario Internacional (o sea, EEUU) se niega a transferir un crédito de 11.000 millones de dólares al Líbano, -vitales para poner en marcha las infraestructuras paralizadas y destartaladas del país-, si no realizar “reformas políticas”, expulsando al Hizbolá del gabinete. una deuda de 86.200 millones de dólares, la inflación, un alto desempleo, y el  crecimiento de la pobreza y miseria han puesto en jaque al régimen teocrático del Líbano.
  • 9 de julio: dos instalaciones de agua israelíes, en la Alta Galilea y en Mateh Yehuda, sufren ciberataques. Se atribuye a Irán.
  • 13 julio: incendio en la planta de energía en Zargan en Irán.
  • 23 de julio: el Ministro de Relaciones Exteriores francés Jean-Yves Le Drian se reúne en Beirut con el primer ministro libanés Hassan Diab, que gobierna con Hizbolá, para darle un ultimátum: dejará morir de hambre a los libaneses y someterá el país al caos si no regresa a la órbita del Occidente: es curioso que entre los lugares destruidos el día 4 de agosto se encuentren el silo más grande del país que albergaba el 80% del grano importado, así como un almacén de medicamentos.
  • 23 de julio: Un caza de EE.UU se acerca a un avión de pasajeros iraní que se dirigía al Líbano forzándole a aterrizar en Siria, provocando numerosos heridos. ¿Pretendía derribarlo y así arrastrar a Irán en una guerra directa? EEUU tenía este objetivo cuando en 1988 su Marina derribó en el Golfo Pérsico un Airbus iraní matando a sus 290 pasajeros, entre ellos 66 niños. Entonces, Jomeini tampoco aplicó el “Ojo por ojo” a la superpotencia.
  • 24 de julio: el jefe del Estado Mayor Conjunto del Ejército de los EEUU, el general Mark Milley se reúne en Israel con el jefe de Estado Mayor de este país, el general Aviv Kochavi, el jefe del Mossad Yossi Cohen y otros altos funcionarios de seguridad israelí. El tema central es Irán. Kochavi afirmó que están «preparándose para una variedad de escenarios y “actuarán en la medida necesaria para eliminar cualquier amenaza” para Israel “y evitar su violación por parte de Irán o sus representantes», aseguró.
  • 27 de julio: Israel ataca con tanques y cañones la ciudad fronteriza de Kafr Shuba y la granja Shanuh, acusando a Hizbolá del intento de infiltración, cuando miles de sus agentes andan a sus anchas por el Líbano (y toda la región).
  • 28 de julio: Líbano anuncia presentar una queja en la ONU por la “peligrosa escalada militar” de Israel. Era de dominio público que Netanyahu estaba preparando un masivo ataque al Líbano durante el verano.
  • 30 de julio: Zohar Palti, jefe de la Mesa Político-Militar del Ministerio de Defensa y el ex jefe del Mossad participa en la reunión de Grupo Asesor de Políticas de Defensa estadounidense-israelí  (DPAG) para discutir con el representante de EEUU James Anderson y los altos funcionarios militares de ambos países los “desafíos de seguridad estratégicos y regionales”, centrada en Irán, su actividad regional y su proyecto nuclear. Este mes, Israel despliega el escudo lanza misiles-anti misiles llamado la Cúpula de Hierro en la frontera con Líbano, y aumenta el número de sus tropas allí instaladas. Meses antes, había puesto en marcha una infraestructura con “sensores” para detectar obras subterráneas a lo largo de la frontera libanesa.
  • 2 de agosto: Israel mata a cuatro miembros de Hizbolá en la valla de seguridad entre Israel y Siria, en los Altos del Golán ocupados, aumentando la tensión en la frontera común. El ejército israelí anuncia estar preparado para cualquier escenario.
  • 3 de agosto: Dimite el ministro de Exteriores libanés, Nassif Hitti, quien acusa al gobierno de Hassan Diab conducir el país hacia un “estado fallido”.
  • 4 de agosto: El infierno de azufre y dolor en el Líbano mientras se celebra en Israel el festival Tu B’Av de “encontrar pareja”. Para el exdiputado Moshe Feiglin la muerte de los libaneses es un “regalo” de Dios en el día de amor judío. Él mismo, con conocimiento en explosivos, afirma que lo sucedido en el puerto de Beirut no fue un accidente: antes de que el contenido del almacén cayera sobre “nosotros como una lluvia de misiles”, dijo, su país se adelantó. ¿Cómo un país puede sentirse seguro y feliz viviendo rodeado de infiernos de guerra, de escombros y dolor? En 2018, Netanyahu llevó un mapa del puerto de Beirut a la Asamblea General de la ONU con unas marcas que señalaban supuestos depósitos de armas de Hizbolá, o sea, que conocía el almacenamiento de dicho producto en el puerto de Beirut. Y dos años después, uno de estos lugares es destruido. ¿Casualidades? La prensa occidental y árabe, desde entonces, insistían en “el depósito de armas de Hizbolá” allí escondido y al no encontrar armas, empezaron a decir que, al hablar de armas, se referían a nitrato de amoniaco. De repente, este producto es hallado en varios pisos en Bulgaria, Chipre, Reino Unido y Alemania. ¿Presiones de Israel y Arabia Saudí?
  • 5 de agosto: dimite Brian Hook, el enviado especial de EEUU para Irán, colaborador del cesado Rex Tillerson, el último diplomático de EEUU y defensor de permanecer en el acuerdo nuclear con Irán; será sustituido por un halcón:  Elliott Abrams. Así se pone fin a cualquier tentación de Trump de llegar a un acuerdo nuclear entre ambos países antes de las elecciones presidenciales de EEUU en noviembre en EEUU.
  • 6 de agosto: aparece un Salvador en Beirut para consolar al pueblo víctima, y no será ningún líder “musulmán” ni “árabe”, sino el presidente laico de un país europeo: Emmanuel Macron quien pisará los escombros del viejo Beirut, abrazará a sus gentes y prometerá “un nuevo pacto político en el Líbano” amenazando con regresar en septiembre para asumir “mi responsabilidad política”, dijo. ¿A qué se refería? ¡No querrá declarar el Líbano como una provincia de Francia! ¿Qué organismo internacional le ha dado la autoridad de intervenir en los asuntos internos de otro estado soberano?
  • 7 de agosto: el presidente del Líbano, Michel Aoun, ya baraja la posibilidad de que un misil o una bomba provocara las explosiones de Beirut. ¿Es posible que el humo de la primera explosión haya camuflado un misil israelí dirigido al depósito de explosivos? ¿Es posible un ciberataque del Mossad a este edificio?

Obviamente, la hipótesis de una intervención israelí no disculpa a las autoridades incompetentes y corruptas libanesas, por su al menos negligencia en evitar la catástrofe.

¿Por qué se niega el atentado?

Tanto los gobiernos de Irán como el Líbano e incluso el secretario de Defensa de EEUU Mark Esper y el propio gobierno israelí están insistiendo en la versión del “accidente”. En la prensa iraní sí que hay un fuerte debate sobre el “atentado israelí”, sin embargo, un reconocimiento oficial de este hecho le colocaría tanto a Teherán como a Hizbolá en una situación embarazosa: la opinión publica entrenada por ellos mismos, reclamaría represalia, sin embargo, ninguno está en condiciones de aplicar la Ley de Talión.

Por su parte, Trump y Netanyahu, mientras siguen cambiando el mapa de Oriente Próximo a su medida de forma discreta, no están para ahora desatar una guerra total contra Irán de dimensiones que no puedan controlar: la hacen en poco a poco. .

Oriente Próximo, que alberga seis guerras abiertas, en las que ha perdido a varios millones de sus seres queridos, y ha sido testigo de cómo cerca de 100 millones de sus vecinos han sufrido esta calamidad en los últimos 30 años, no puede soportar más conflictos armados.

La “guerra mundial” para apoderarse de Oriente Próximo se fusiona con el pulso entre la potencias regionales  -Israel, Turquía, Iran y Arabia Saudí-, quienes buscan por un lado garantizar su seguridad y por otro llevarse parte del pastel si pueden. Forzar la dimisión de Diab y llevar al poder a Saad Hariri, el hombre de Arabia Saudí y Francia sólo será abrirá un nuevo ciclo en el azotado Líbano. ¿Saben por qué no hay un movimiento anti militarista a nivel regional y mundial?

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El sistema inmunitario, el maravilloso escudo que ganará la guerra contra el coronavirus

Las defensas se acabarán imponiendo, pero los investigadores todavía desconocen muchos de los aspectos fundamentales de esta lucha invisible. Varios expertos explican cuáles son

El sistema inmunitario, el maravilloso escudo que ganará la guerra ...

La pandemia de Covid-19 es toda una prueba para naciones, sistemas sanitarios y hasta sociedades. Pero a nivel individual, se puede decir que también es una guerra entre dos ejércitos: una horda de minúsculos y escurridizos virus, de nombre SARS-CoV-2, y una sublime legión de células y moléculas especializadas en acabar con los intrusos: nuestro sistema inmunitario.

Esta guerra decidirá cuánto durará la pandemia o si una persona infectada se tendrá que debatir entre la vida y la muerte o pasar una enfermedad leve. Lo único seguro es que «el sistema inmunitario acabará ganando», tal como ha dicho Margarita del Val, viróloga e inmunóloga del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CBMSO-CSIC), en Madrid. Se impondrá en la población y pondrá final a la pandemia, pero lo cierto es que todavía faltan por conocer muchos de sus secretos, como cuánto dura la inmunidad o si los virus del catarro pueden ser de ayuda, tal como un estudio sugirió esta misma semana. Por eso, varios expertos han explicado a ABC cuáles son las claves que decidirán esta batalla. Comprenderlo, además, puede ayudar a encontrar los tratamientos y las vacunas que apoyarán al sistema inmunitario, la primera línea de defensa: «Ahora mismo es lo único que nos protege frente al virus», ha añadido Del Val.

1. Un refinado ejército de células «asesinas»

Una célula del sistema inmune, en amarillo, engloba (fagocita) a varias bacterias (en naranja)
Una célula del sistema inmune, en amarillo, engloba (fagocita) a varias bacterias (en naranja)

Todavía hay mucho que no se sabe sobre la guerra desencadenada entre el SARS-CoV-2 y nuestras defensas porque el sistema inmunitario está lejos de ser sencillo: «Es una red muy compleja de células de distintos tipos que están interconectadas entre sí», ha explicado Alfredo Corell, Catedrático de Inmunología de la Universidad de Valladolid y vicerrector de Innovación Docente y Transformación Digital de la misma institución. Por ejemplo, está formado por algunas células que atacan a los patógenos y otras que funcionan como directores de orquesta, guiando a sus compañeras. Además, todas ellas liberan una gran variedad de sustancias que interfieren con los agresores, que piden refuerzos o que activan la inflamación.

Por tierra, mar y aire

El sistema es tan refinado, que «puede hacer frente a todas las formas posibles de patógenos, incluso si nunca los ha visto», ha dicho Margarita del Val. En cuanto un agresor se presenta, el sistema inmunitario lanza todas sus armas, «por tierra, mar y aire»: «Primero intervienen las tropas de vanguardia, que están en primera línea de fuego, y después las tropas de élite», según ha detallado.

En concreto, primero se produce la respuesta inmunitaria innata, que depende de células que reaccionan muy rápido ante cualquier amenaza, como policías en alerta permanente, y con el tiempo se activa la respuesta adaptativa, que depende de especialistas dirigidos a un patógeno concreto, como pueden ser los grupos antiterroristas. Esta respuesta es más implacable pero tarda más en activarse. Por ejemplo, los anticuerpos forman parte de ésta.

2. La gran pregunta: ¿Cuánto dura la inmunidad?

Imagen de un linfocito. Algunos de ellos «aprenden» a reconocer a los patógenosy permiten desencadenar una respuesta más potente en siguientes infecciones
Imagen de un linfocito. Algunos de ellos «aprenden» a reconocer a los patógenosy permiten desencadenar una respuesta más potente en siguientes infecciones

En alrededor del 80% de los infectados de Covid-19 no aparecen síntomas o éstos son muy leves, en parte porque la respuesta inmunitaria innata, genérica y rápida, es suficiente para contener al virus. Pero a veces no es así: aparecen síntomas y poco a poco entra en juego la respuesta adaptativa, que depende de los especialistas. Quizás lo más interesante es que esta segunda línea de defensa «aprende» a reconocer al SARS-CoV-2, lo que a su vez permite que las «tropas de élite» actúen muy rápidamente si hay una segunda infección. Al menos en teoría.

«La pregunta más importante que queda por resolver es qué grado de protección queda en las personas que estuvieron en contacto con el virus y por cuánto tiempo», ha explicado a este periódico África González, presidenta de la Sociedad Española de Inmunología y Catedrática de Inmunología en la Universidad de Vigo.

De ello depende que una persona ya infectada vuelva a ser vulnerable o no al virus o a partir de qué momento ocurrirá. También es fundamental para desarrollar una vacuna duradera. Por el momento, se trabaja en contestar a estas preguntas con ensayos clínicos, con la finalidad de «analizar si esas personas se infectan o no de forma natural», según González.

La caída de los anticuerpos

Hasta ahora, algunos estudios han ido mostrando que los niveles de anticuerpos producidos en respuesta al SARS-CoV-2 disminuyen en pocos meses: «En España, la mitad de la gente que ha pasado la enfermedad ya no tendrá anticuerpos en invierno», según Margarita del Val. Pero la investigadora ha destacado que eso no quiere decir que la inmunidad vaya a durar poco: «No hay que asustarse, todo el resto de la inmunidad está activada». Aparte de los anticuerpos, en la respuesta adaptativa también hay células que han «aprendido» a reconocer al virus para contener su avance.

«En España, la mitad de la gente que ha pasado la enfermedad ya no tendrá anticuerpos en invierno»

Esta podría ser la causa de que las segundas infecciones de SARS-CoV-2 parezcan ser más moderadas, aunque todavía hay pocos datos. Según Del Val, en una reciente conferencia, el director médico del Hospital Clinic, en Barcelona, explicó que no se han registrado casos con complicaciones entre sanitarios expuestos a una reinfección.

En opinión de Carlota Dobaño, investigadora e inmunóloga en el Instituto de Salud Global de Barcelona, «todavía hay una gran indertidumbre sobre la duración de la inmunidad: los niveles de anticuerpos parecen disminuir, tal como muestran algunos estudios, pero quizás la memoria de los linfocitos sea más larga». Y es ahí donde el catarro podría tener un papel.

3. El posible efecto protector del catarro

El sistema inmunitario, el maravilloso escudo que ganará la guerra contra el coronavirus

Los catarros son infecciones muy llevaderas porque el sistema inmunitario adaptativo ya ha aprendido previamente a reconocer a los virus que los causan: entre ellos, hay cuatro tipos de coronavirus, que son, por así decirlo, primos inofensivos del SARS-CoV-2.

El parecido entre estos coronavirus y el causante del Covid-19 puede ser ventajoso. O no. Esta semana, científicos del Instituto de Inmunología de La Jolla, en California (EE.UU.) concluyeron que los linfocitos T de memoria que se producen en respuesta al catarro también reconocen al SARS-CoV-2, en lo que es un ejemplo de «protección cruzada». Sus conclusiones se han publicado en la revista « Science» y son relevantes porque incluyen muchos detalles sobre las zonas específicas del patógeno que son reconocidas por el sistema inmunitario.

Esto podría sugerir que el catarro tuviera un cierto papel protector, lo que a su vez «podría explicar por qué algunas personas muestran síntomas más moderados -al infectarse de Covid-19- mientras que otros se ponen severamente enfermos», dijo en un comunicado Daniela Weiskopf, codirectora de la investigación.

«Podría explicar por qué algunas personas muestran síntomas más moderados -al infectarse de Covid-19- mientras que otros se ponen severamente enfermos»

Según sus datos, recogidos entre la población de Holanda, Alemania, Reino Unido y Singapur, entre el 40 y el 60 por ciento de las personas que nunca se han infectado de SARS-CoV-2 tiene linfocitos T de memoria que responden a este virus, y que forman parte de la potente respuesta adaptativa.

¿Una buena noticia?

En opinión de Margarita del Val, esto no es necesariamente una buena noticia, porque «tan solo describe la situación que ya teníamos» y no ayuda a ponerle coto a la pandemia. Además, ha destacado que el nivel de reacción cruzada que han observado estos investigadores es bajo, por lo que es de esperar que los posibles beneficios sean débiles.

Según África González, el mayor problema de esta investigación es que todavía «no se ha demostrado que estas personas, con linfocitos T de memoria, estén protegidas actualmente frente al SARS-CoV-2», cosa para la que sería necesario hacer ensayos clínicos. Entre los aspectos positivos, ha destacado que el estudio puede ayudar a «diseñar vacunas universales, que no solo se centrasen en un único virus». Para Carlota Dobaño, solo un estudio «más profundo» permitiría demostrar si el catarro ejerce ese efecto protector, aunque considera que es plausible.

4. ¿Por qué unas personas son más susceptibles que otras?

Un médico controla el goteo de un paciente en la UCI del Hospital Zhongnan (Wuhan)
Un médico controla el goteo de un paciente en la UCI del Hospital Zhongnan (Wuhan) – EFE

El 80% de las personas que contren el Covid-19 o bien no se entera o bien experimenta síntomas leves. Sin embargo, la enfermedad puede ser mucho más severa para personas mayores, en gran medida por la presencia de otras enfermedades. Pero aparte de esto, hay muchos casos que todavía no tienen explicación. Por ejemplo, los niños parecen ser especialmente inmunes, algunas personas necesitan pasar varios meses la UCI y hay jóvenes sanos que sufren síntomas muy serios a causa del Covid-19. ¿Por qué ocurre todo esto?

Los científicos están rastreando el genoma en busca de variantes de genes que hagan más susceptibles a algunas personas, y hasta se está investigando el papel de los grupos sanguíneos. Hasta ahora, sin embargo, la influencia detectada es pequeña.

Con una excepción: «El mayor marcador genético de susceptibilidad al Covid-19 es el cromosoma Y», ha dicho Margarita del Val, quien ha comentado que la susceptiblidad es dos veces mayor en hombres. Entre las causas, puede estar la mayor tendencia que tienen los varones a experimentar respuestas inflamatorias exacerbadas. Esto favorecería las «tormentas de citoquinas», en las que el SARS-CoV-2 dispara una respuesta inmune dañina para el cuerpo y que puede ser letal.

«El mayor marcador genético de susceptibilidad al Covid-19 es el cromosoma Y»

La información sobre susceptibilidad es todavía muy escasa, por deficiencias de las propias bases de datos o porque, a veces, hay pocas personas afectadas, como ocurre con los jóvenes sanos que sufren un Covid-19 muy grave. Con todas las cautelas, se baraja que en los niños su potente sistema inmunitario innato tenga un papel protector, o bien que los receptores ACE2, a través de los cuales el virus entra en las células, sean inmaduros. También se sospecha que la cantidad inicial de virus, al contraer el Covid, decide la evolución de la enfermedad.

La importancia de dormir y comer bien

«Dormir bien, no estar estresado, tener una dieta variada, realizar un ejercicio moderado y tener relaciones sociales mantienen a punto al sistema inmunitario», ha dicho Del Val. Alfredo Corell, ha explicado por qué: «Una situación de euforia, como hacer deporte o tener sexo, tiene un papel de inmunoestimulación», mientras que la ansiedad libera un inmunosupresor natural: el cortisol. Por ello, conviene controlar los hábitos y contrarrestar los efectos del confinamiento y la pandemia.

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Más allá de conspiranoias: la desconfianza hacia la vacuna contra la COVID-19 preocupa a los científicos

El desarrollo exprés de los sueros ha levantado escepticismo más allá de los habituales grupos antivacunas: “Información clara y transparencia total” es la fórmula para desarmarlo, apuntan los expertos

Entrevista — “Ninguna vacuna contra la COVID que no sea segura se va a distribuir nunca, aunque pueda tener mayor o menor efectividad”

Más allá de conspiranoias: la desconfianza hacia la vacuna contra la COVID-19 preocupa a los científicosManifestante porta una pancarta contra las vacunas y el confinamiento en una manifestación el pasado 20 de abril para pedir el fin de las restricciones por el coronavirus en Carolina del Norte (EEUU) Mehmet Demirci /ZUMA Wire/dpa/Europa Press

Los avances de cinco vacunas contra el virus SARS-Cov-2 son lo suficientemente optimistas como para que, paralelamente, hayan empezado a brotar sus opositores. Aunque sean minoritarios, estos movimientos ponen en riesgo la solución de la pandemia, según ha advertido la OMS en las últimas semanas. Los escépticos campan por la esfera pública, como el rapero Kanye West, que se postula a presidente de EEUU mientras califica la vacuna contra el coronavirus como “la marca de la bestia”, el cantante Miguel Bosé o el tenista Djokovic, pero también lo hacen cada vez más por la privada.

La desconfianza hacia la rapidez del desarrollo de los sueros y las dudas entorno a su eficacia han hecho mella en algunas personas que no se englobarían a sí mismas dentro del movimiento antivacuna. Una encuesta de YouGov, la plataforma global de investigación y análisis de datos infirió que uno de cada seis británicos, país donde se desarrolla una de las más efectivas hasta el momento -la de Oxford-, no se la inyectaría si estuviera disponible. En esa misma línea, un estudio en Francia identificó que un 26% de los encuestados era reticente u opuesto a aceptar esa vacunación.

El psicólogo Manuel Armanyones, investigador en diseño del comportamiento de salud en la UOC (Universidad Oberta de Catalunya), entiende que debemos ponerlo “en un contexto que ha afectado psicológicamente a un tercio de la población”. Aunque comparte la preocupación hacia esta corriente, cree que la clave está en descifrar su destreza a la hora de crear nuevos adeptos. “Mientras que la ciencia se basa en la duda y en la hipótesis, los grupos antivacunas predican con certezas, aunque sean falsas, y por lo tanto son mucho más persuasivos”, explica.

“Ni los investigadores tienen una evidencia absoluta acerca de la vacuna y, en cambio, los tertulianos aficionados a la epidemiología rebaten sus beneficios con total seguridad. Es así de fácil”, lamenta Armanyones. Por eso, su única receta para combatir los bulos es la “información clara y la transparencia total”. En su opinión, las autoridades deben mostrarse comprensivas ante el miedo y la desconfianza de la población, pero a la vez contrastarlo “con hechos y un mensaje de solidaridad ciudadana”.

En la pandemia de COVID-19, la simple prescripción de lo que las personas “deben hacer”, según el experto, no tiene un efecto directo en gran parte de la población. Son necesarias estrategias basadas en el diseño del comportamiento. Es decir, inoculando esos cambios -ya sea usar la mascarilla, lavarse las manos o vacunarse- inoculando la motivación adecuada y dejando claro su beneficio social. “Casi nadie hace daño al de al lado de forma consciente, así que tenemos que ser muy insistentes en lo nocivo de no hacerlo”, abunda el experto.

Más allá de conspiranoias: la desconfianza hacia la vacuna contra la COVID-19 preocupa a los científicosMiguel Bosé arremete ahora contra las vacunas para la Covid-19

Según los epidemiólogos, más del 70% de la población necesita desarrollar inmunidad a la COVID-19 para erradicar la transmisión comunitaria. Acerca de la rapidez de la vacuna, los investigadores que trabajan en ellas no hacen más que emitir mensajes de calma como que “la dedicación y la inversión de dinero en un único objetivo nunca habían sido tan grandes como ahora”. Lo desveló la doctora Isabel Sola a este periódico hace unas semanas: “Cualquier vacuna que salga al mercado tendrá que cumplir unos requerimientos irrenunciables de eficacia y seguridad”.

“El tiempo más corto en el que se ha desarrollado una vacuna es de 3 o 4 años. Desde luego, no los tiempos de los que se está hablando ahora”, admitió la investigadora. “Pero tampoco nunca tantos científicos habían trabajado a la vez en algo, esta es una situación extraordinaria de dimensiones hasta ahora desconocidas”, aseveró.

En ese sentido, Manuel Armanyones cree que los mecanismos de comunicación del Gobierno y los medios tienen la labor de “explicar los avances y los criterios de prioridad de forma muy pedagógica”: “La gente necesita saber que la vacuna va a ser de fácil acceso, que no va a estar reservada para la élite y que se va a suministrar de forma ordenada. Es decir, que las imágenes mentales de colas interminables y del colapso en los centros de salud no ayudan en nada”, asegura. También se requiere que haya transparencia absoluta sobre “los conflictos de interés político entre los políticos y entre farmacéuticas” para evitar la sensación de “carrera espacial con algo que afecta a la salud pública”.

De hecho, uno de los argumentos más usados es que la urgencia de la situación actual hace que se aceleren los procesos burocráticos que normalmente retrasan la salida al mercado de medicamentos y vacunas. “La lentitud de los plazos puede deberse a que están probando su seguridad y eficacia, o a que se acumulan los papeles en el escritorio, y muchas veces es por esta última razón”, explica Milagros García Barbero, exdirectiva de la OMS y experta en Salud Pública. Ahora, en su opinión, la urgencia “va a reducir la burocracia inútil”.

Más allá de conspiranoias: la desconfianza hacia la vacuna contra la COVID-19 preocupa a los científicosLa vacuna contra el coronavirus que desarrolla la universidad de Oxford genera anticuerpos y es “segura”

En cuanto a los movimientos antivacuna, la doctora piensa que a la larga puede tratarse de un problema de salud pública puesto que “no va a poder vacunarse toda la población de riesgo de golpe” y durante ese tiempo pueden someterles a un “peligro voluntario”. “Cada cual que haga lo que quiera mientras que no exponga a los demás, pero este caso es más delicado”, opina Barbero.

Aún así, cree que “esta moda es muy reciente” y que la población de riesgo (por encima de los 55 años o con patologías previas), que deberían ser los primeros en acceder a la vacuna, tienen culturalmente una actitud más abierta ante estos sueros. “Los jóvenes y adolescentes que se nieguen en realidad son unos inconscientes, puesto que pueden seguir enfermando y, lo que es peor, contagiando a los más débiles que aún no se hayan inmunizado”, se lamenta Barbero. También le preocupan los niños a quienes sus padres decidan no vacunar y que les enfrenta a futuras patologías más graves, lo que ya está siendo un rompecabezas en el caso de la polio o la malaria. “Es un movimiento absolutamente irracional e irresponsable. Se llaman naturalistas, pero se olvidan de que los mayores venenos del mundo son productos naturales”, concluye.

Manuel Armanyones recoge esta percepción, pero teme la facilidad de este movimiento para expandirse en redes sociales, llegar a los jóvenes y conseguir que su mensaje cale por encima del de los científicos. “Hay que ser muy comprensivos y pacientes, estamos todos muy blanditos, pero también hay que empezar a lanzar campañas en positivo que neutralicen esos bulos”, propone el psicólogo.

El escepticismo vacunal preocupa a nivel institucional y a la OMS, que el año pasado la incluyó entre sus diez prioridades sanitarias. Sin embargo, en el caso de la vacuna contra el SARS-Cov-2 aún hay que resolver otros asuntos médicos y políticos para que la mayoría de la población, que sí está dispuesta a inyectársela, pueda acceder a ella lo antes posible. “Va a haber bofetadas”, pronostica la exdirectiva de la OMS. En opinión de los expertos, los recelosos no impedirán que las listas para vacunarse contra la COVID-19, a nivel general, “sea enorme”.

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Perros adiestrados para «oler» el coronavirus

Una iniciativa francesa, replicada ya en varios países, arroja un porcentaje de éxito del 100 por 100

Perros adiestrados para «oler» el coronavirus

¿Podría un perro detectar el coronavirus? Al parecer, la respuesta es un rotundo sí. Y desde hace ya unos meses, ocho perros están siendo cuidadosamente adiestrados en la isla de Córcega, en una nueva iniciativa de las autoridades francesas para luchar contra la pandemia de Covid-19. Los resultados, por ahora, son extraordinariamente positivos.

La iniciativa, en la que participa un equipo internacional de investigadores bajo la dirección de Dominique Grandjean, de la Escuela Nacional de Veterinaria de Alfort, en Francia, consiste en entrenar a los perros con muestras de sudor de personas infectadas. Varios hospitales de Córcega facilitaron a los investigadores hisopos previamente colocados bajo las axilas de pacientes infectados y dados después a oler a los animales.

El paso siguiente fue mezclar los hisopos «positivos» con otros libres del coronavirus. Los perros, como si de un juego se tratara, debían marcar los casos positivos, ejercicio que repetían hasta 50 veces por día. En caso de éxito, el perro era recompensado con su juguete favorito. En una fase posterior, los perros se enfrentaron a pruebas reales.

Según explican en «The Conversation» Suzan Hazel y Anne-Lise Chaber, dos investigadoras de la universidad australiana de Adelaida que ahora quieren aplicar el método en su país, los perros entrenados han demostrado ser capaces de detectar un positivo en medio una hilera de muestras negativas con una precisión del 100 por 100. Pruebas similares se han realizado ya en países como Emiratos Árabes, Chile, Argentina, Brasil y Bélgica.

¿Qué huelen exactamente los perros?

Las investigadoras afirman no estar seguras de qué es exactamente lo que olfatean los perros para detectar el SARS-Cov-2, ya que los elementos volátiles de las muestras de sudor constituyen una «mezcla compleja». Es posible incluso que los perros estén detectando un perfil particular en lugar de compuestos individuales. Los investigadores decidieron utilizar el sudor para las pruebas, ya que no se considera una fuente de infección y presenta menos riesgos a la hora de ser manipulado.

Hazel y Chaber creen que estos perros podrían ser de gran utilidad en muchos escenarios, desde aeropuertos y fronteras a hospitales o centros de atención de día para ancianos, que no tendrían así que repetir las pruebas cada pocos días.

La duración del proceso de adiestramiento varía entre las 6 y 8 semanas que necesitan los animales que ya han sido entrenados para detectar otros olores y los entre 3 y 6 meses que son necesarios para los perros que nunca han recibido entrenamiento de ningún tipo.

Durante el adiestramiento, y a pesar de que solo existen un par de casos en todo el mundo de perros contagiados, el dispositivo utilizado no permite el contacto directo entre la nariz del perro y las muestras de sudor. El hocico, de hecho, entra en un cono de acero inoxidable, con la muestra de sudor colocada en un recipiente situado detrás del cono, lo que permite el acceso a los componentes volátiles sin necesidad de contacto físico. Como medida de precaución adicional, todos los perros se someten periódicamente a varios tipos de test para identificar la posible presencia de anticuerpos. Hasta el momento, explican las investigadoras, «ninguno de los perros detectores ha resultado infectado».

El esfuerzo de los científicos se centra ahora en averiguar qué compuestos olfativos son específicos de la infección por COVID-19, lo cual ayudará a perfeccionar la técnica y adaptarla también a otras enfermedades.

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SUSANA IGLESIAS

Estás lejos de la ciudad. Voy caminando, trato de entender por qué lloramos ante la desaparición de momentos que no podrán repetirse, ¿no regresar a un sitio perdido para siempre, significa avanzar? No tendremos más recuerdos. La calle Río Volga es pequeña, ubicada en la colonia Cuauhtémoc, nombrada así en honor al río más largo de Europa que nace en la meseta del Valdái, Rusia. Máximo Gorki un niño de 11 años abandona la casa de su abuelo para viajar a Ucrania, lleva su infancia envuelta en una capa de lana color azul marino, trabajó como cocinero en un barco que surcó cientos de veces el Volga; repaso pasajes de sus novelas en mi mente porque también ahí está mi infancia. Cada vez más solos, la otra noche eras una sombra en el sillón de cuero color sangre alumbrado con una vieja lámpara que enciendo tan solo para convencerme de tu ausencia, te llamo, responde la oscuridad y un llanto apagado por la decepción. Aquí estoy, en esta calle, me asomo a la vitrina de un café cerrado: El rincón de Vianca, aquí hace un año empecé a escribirte una carta que rompí ayer, ¿estarás triste porque la rompí? Estaré muy triste. No debo llamarte, arrojé mi teléfono desde un octavo piso mientras bebía vodka, prefiero romper cosas a romper personas, ya sé que te enojaba que hiciera pedazos los objetos, aunque jamás me viste hacerlo. Eres experto en cicatrizar con ron tus heridas, por las noches te gusta mirar las carreras de cangrejos en la arena, dibujas monstruos con una pequeña vara, las olas los borran, sus gestos de piedra y asombro se alejan con la espuma, imaginas que un día estarás por fin en una isla desierta porque te arrojaste de un barco en llamas, no hay forma de regresar, no quieres ser rescatado, mientras tengas una vara para dibujar en tu arena, existirás. Un trago voraz a tu ron, las estrellas te gritan algo que no entiendes, ya no les gritas, te cansaste de gritar, nadie te escuchaba, aunque no importe: te escuché aunque no hablaras.

Tengo una confesión: intento deshacerme de ti cada día, ¿cuál es la finalidad de amar envueltos en un traje quirúrgico y sobrio que nos protege de todo daño? No tiene sentido, es como besarse con un cubrebocas, es como sanitizar las vivencias más honestas, es apagarse por dentro, es morir. Estás completamente solo, trazas monstruos cada vez más grandes en la arena y te preguntas cómo es que lo has hecho tan bien durante tantos años, ya no necesitas a nadie, déjame, no quiero nada de ti, apártate, no te necesito, no vuelvas a buscarme, esas fueron tus últimas palabras y al recordarlas sé que sonríes, que no tienes ese gesto triste que amé en un tiempo que hoy, esta mañana, es confuso, lo que me unía a tu recuerdo desaparecerá. Imagino que ha cerrado el café en el que empecé aquella carta, no existe más, ¿qué haré cuando el St Regis se borre?, vagar por la ciudad, asomarme al café abandonado en la calle Río Volga, tal vez nuestros fantasmas estarán ahí en una mesa hablando, abrazados en su eterna oscuridad. 

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