El fin del mundo

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El fin del mundo no es tan fácil. Qué va. A la vista de los acontecimientos de los últimos meses, de los cambios “disruptivos” que están en pleno desarrollo (la vida  individual y social volcada a lo virtual; internet nuestra ágora, escuela y mercado), aparte, naturalmente, de la pandemia, observo que terminar con el mundo es muy difícil. Grosera imaginación la de quien cree que esto sucede en un instante. No con un trueno, sino con un susurro. Así termina el mundo.                                                               Relaciones a distancia (muchas con desconocidos) con intervalos de días, semanas o meses. Creo que estamos ante un cambio antropológico de dimensiones desconocidas. Pronto dejaremos de ser corpóreos. Aunque sigamos necesitando comer tres veces al día, ir al baño y hacer cola para echar la bonoloto.  

 

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Selva de varia opinión (selvadevariaopinion.blogspot.com)

Pintura de Patricia Iglesias

Si no hay humor, que no haya nada

Risas

Y un día me encontré pensando que mi libro preferido de todo el psicoanálisis es El chiste y su relación con lo inconsciente, de Sigmund Freud. El libro combina perfectamente las consideraciones teóricas acerca del chiste, de lo cómico y del humor -que no son estrictamente lo mismo-, con muchísimos chistes en general y chistes judíos en particular. Quizás habría que decir que “chiste judío” es una especie de pleonasmo. De modo tal que en la lectura no faltan las carcajadas. En ese sentido, el libro es absolutamente placentero y así resulta también un libro performático: hace lo que dice; como el chiste, produce una ganancia de placer. Porque de lo que se ocupa Freud es de mostrar cómo el chiste –Witz en alemán-, que es un fenómeno social -que incluye la ironía, la ocurrencia, la agudeza, el ingenio, etc.-, produce la disolución de las inhibiciones, la caída de esa autoridad del otro que aplasta y oprime; de cómo implica una resistencia al poder -he ahí su dimensión política-; de cómo con el chiste se puede hacer tope a la crueldad, esa crueldad ineluctable que emerge y circula, sin pudor y sin temblor, por todos lados (empezando por la crueldad del Superyo). En definitiva: la risa es la cifra del placer que se obtiene por el “gasto de inhibición ahorrado”. A la vez, se trata de “la recuperada risa infantil perdida”. Esa risa infantil que fue reprimida por la cultura y la educación. La risa: ese cateterismo que destapa todos los canales obturados por el deber ser, la civilidad y las buenas costumbres.

Nunca me voy a olvidar del regalo que me hizo, siendo muy chiquito, mi hijo Jeremías. En medio de una tragedia familiar me obsequió El libro de los 1000 chistes. Pasaron más de veinte años y él no se acuerda del contexto en el que me lo regaló, quizás porque ese gesto ya fuera su modo de lidiar con la tragedia. “Reite”, parece que me estaba diciendo. Es sin dudas la risa del otro, antes que la propia, la que alivia y la que habilita.

Si el chiste es la posibilidad de eludir algo de la censura, de hacer algo con esa censura para que no recaiga del todo sobre nosotros, vedar el humor -hoy en día se habla muchísimo de qué chistes corresponde o no corresponde hacer, de qué sí nos podemos reír, de qué no- sería arrasar con esa potente alternativa. Como si la risa fuera voluntaria, como si la risa también se rigiera por principios morales. El humor ya es un tratamiento de la crueldad, suprimirlo, censurarlo, sería dejar la crueldad a cielo abierto. 

Lo opuesto a la risa no es el llanto, decía Jacques Lacan, sino la identificación, es decir, la inhibición. Cuando uno se identifica, está serio como un Papa o como un papá. Por eso los niños, muchas veces, antes de llorar por algo que pasó -una caída, un golpe- miran a sus padres para ver si reír o llorar. Si encuentran cara de susto, lloran. El chiste disuelve eso familiar que agobia, y lo disuelve para suscitar movimiento: un paso, para que pase algo allí donde no pasa nada, en las antípodas de la fijeza de la inhibición.

Para mí no hay transmisión ni práctica del psicoanálisis sin risas -una de las cosas que más extraño en la pandemia es el estallido de risas de los estudiantes en el aula de la facultad-, justamente porque en la transmisión se delimita un afuera de lo familiar. Por eso, los analistas que más me enseñan son esos que no se sostienen en la solemnidad del saber -“nada me parece más cómico que lo serio del saber”, dice Henri Meschonnic-, sino aquellos que se ponen en juego, aquellos que juegan sin cuidar las formas, sin estar pendientes -en el sentido de estar colgados- de sus atributos de ser ni de sus cucardas de saber. Hay un libro que considero fundamental: Algo es posible. Clínica psicoanalítica de locuras y psicosis, de Élida Fernández, publicado en su cuarta edición por la editorial El megáfono. El libro comienza con una historia desopilante de un grupo de residentes de psicología en la guardia de un hospital psiquiátrico que no sólo no saben qué hacer con un loco que llega, sino que están aterrados. Y no saben qué hacer porque suponen que habría que saber qué hacer siempre, porque suponen que hay alguien que sí sabe qué hacer -incluso antes de escuchar al paciente-. La historia termina con un policía que no sólo calma al loco, sino que les indica a ellos el diagnóstico y los reta por no saber qué hacer. Claro, es policía. La historia arranca carcajadas al lector. Y en su enunciación, la autora da a entender que uno de esos residentes era ella misma. Son contados los analistas que se juegan en la transmisión, son contados los analistas que son generosos en la transmisión. Y por generosos me refiero a que no se ponen ellos mismos por delante, que no pretenden enseñar todo el tiempo, que no refriegan sus imposturas en la cara de nadie.

Parece que Freud mismo había considerado su libro sobre el chiste en un “lugar aparte” respecto de los demás escritos. Dijo: “me distrajo un poco de mi camino”, “fue una digresión”. Desde la Poética de Aristóteles sabemos que la comedia siempre habita en los márgenes, en la periferia; lo cómico escribe ese margen sin el cual no podría leerse ni escribirse nada. Hace falta ese margen, ese desvío, esa digresión, para poder seguir en el camino.

https://www.eldiarioar.com/

El covid de AMLO y los virus políticos

El anuncio de que el Presidente se contagió de covid-19 ha estallado en las redes sociales con toda la estridencia que podría esperarse. Sobra decir que, como cualquier otra cosa relativa a López Obrador, los comentarios cubren toda la gama de posibilidades entre el amor y el odio. Desde los que convocan a círculos de oración para su pronto restablecimiento, hasta los que irresponsablemente le aplican el mal chiste que ya había circulado respecto a Donald Trump, y en realidad en cada país en el que su mandatario ha enfermado: “El covid es lo único en lo que el presidente ha salido positivo”.

Lo cierto es que más allá de la filia o la fobia que a cada quien le merezca el desempeño de este gobierno, a ningún país le conviene que el jefe de las instituciones padezca una crisis de salud, ya no digamos algo más drástico. La inestabilidad en los mercados financieros o la presión que provocaría sobre la moneda nacional no beneficia a nadie (o a casi nadie). En el caso de México, en particular, no hay que olvidar el hecho de que López Obrador llegó al poder como resultado de un profundo malestar en los sectores populares sobre el estado de cosas en el que nos encontrábamos al final del gobierno de Peña Nieto. La exasperación y la rabia por los niveles de corrupción, inseguridad pública y desigualdad social no los inventó Morena ni la labia del ahora Presidente. El tabasqueño es la expresión política de ese descontento y por fortuna para la estabilidad política, se expresó por canales democráticos. La estabilidad social está prendida con alfileres en este país, y uno de esos alfileres es la expectativa de cambio que muchos mexicanos perciben en las propuestas del ahora Presidente, más allá de que tales expectativas estén o no en proceso de cumplirse. El hecho de que el Presidente mantenga niveles de aprobación por encima del 60 por ciento revela que esa esperanza aún sigue vigente.

Mientras las fuerzas políticas alternativas, que institucionalmente se reducen al PRI, PAN y PRD, no tengan una propuesta que se perciba como legítima y viable para responder a las grandes expectativas de esas mayorías, el riesgo de inestabilidad ante la ausencia de López Obrador está a la vista. Todos aquellos que asumen que el problema de México es su gobierno y que el principio de la solución reside en sacar a AMLO de Palacio Nacional, cometen el error de creer que el síntoma es la causa. Es decir, consideran que las arengas incendiarias del líder de Morena es lo que provoca la irritación social, cuando en realidad es lo contrario: es la irritación social lo que ha llevado a esta opción política al poder. En suma, que el Presidente enferme y que ello pueda ser de gravedad, no es algo que beneficie al país, incluyendo a sus adversarios. La ausencia extendida o definitiva del presidente podría abrir cajas de Pandora con efectos impredecibles.

El covid contraído por López Obrador ha provocado todo tipo de comentarios sobre la manera en que el gobierno ha enfrentado a la pandemia. Que el Presidente se haya enfermado es leído como una suerte de moraleja. No usó tapabocas, no suspendió giras ni acató medidas de confinamiento solicitadas a la población por su propio gobierno. Quizá, pero es cierto que buena parte de los mandatarios del planeta también enfermaron. Y hasta cierto punto es explicable. El líder de una nación debe apoyar las medidas de seguridad a seguir dando el ejemplo, por supuesto, pero también representa un símbolo de los esfuerzos de un país para mantenerse activo y en pie pese a la tragedia que abate a la comunidad. Es también la razón por la cual la mitad de los gobernadores se han contagiado, independientemente del partido al que pertenezcan. El soberano se siente obligado a mostrar a los ciudadanos que el gobierno sigue vigente y activo, pese a que pida a la población mantenerse a buen recaudo.

También se ha querido ver en el contagio del Presidente una especie de justicia divina por los desaciertos de la autoridad en el tratamiento de la pandemia. Y ciertamente hay frases desafortunadas del Ejecutivo a lo largo de todos estos meses y existe constancia de las contradicciones e incongruencias en algunas medidas adoptadas. Pero de eso a cargarle a Hugo López-Gatell la responsabilidad de todas esas defunciones es absurdo, salvo que se intente sacar raja política a los muertos. Hay aciertos y desaciertos frente a una epidemia que en realidad desbordó prácticamente a todos los gobiernos. Basta ver lo que está sucediendo con los amotinamientos en los Países Bajos o en Francia o considerar que, pese a los vergonzosos niveles de diabetes y obesidad pre existentes en nuestro país, una docena de naciones siguen por encima en la tasa de defunciones por cada mil habitantes, algunos de ellos del llamado Primer Mundo. Incluso concediendo que en México padecemos un subregistro de casos y fallecimientos, un recorrido por la prensa mundial revela que en cada nación los ciudadanos están convencidos de que sus autoridades son las peores del planeta en el manejo de la pandemia.

Esto no significa dar por bueno el desempeño del gobierno a lo largo de esta tragedia. Habrá que hacer balances y dilucidar responsabilidades en su momento; 150 mil muertos (y contando) son demasiados, por donde se le mire. Pero ningún balance será responsable y de utilidad si le adosamos facturas políticas y fobias ideológicas, de uno y otro bando.

El Presidente se contagió de covid pese a que él habría tenido acceso a la vacuna desde hace semanas. Muchos creían que mentía cuando afirmaba que no se había inoculado. Ahora resulta evidente que decía la verdad cuando afirmó que esperaría su turno, como el resto de los mexicanos. Un mérito o un error, según el cristal con que se le mire. Al margen de eso, esperemos que, por el bien de todos, pronto se recupere.

https://www.milenio.com/opinion/jorge-zepeda-patterson

Tu miseria enriquece a otros

Tu miseria enriquece a otros

Oxfam Intermón enciende de nuevo las luces de alarma por el avance imparable de la desigualdad, que aprovechando la pandemia de COVID-19 anda más desbocada que nunca. Entre las conclusiones de su último informe destaca cómo el número de superricos aumentó en 2020, ganando durante el azote del coronavirus cerca de 26.700 millones de euros, que para vegüenza nacional es el triple de lo que aumentó el gasto sanitario (unos 8.000 millones extra).

El informe revela cómo el primer trimestre del año también afectó negativamente a la cuenta de resultados de esta élite económica que, sin embargo, durante los siguientes nueve meses consiguió recuperar más de la mitad de lo perdido. Dicho de otro modo, mientras el PIB se desploma más del 11%, los milmillonarios continúan enriqueciéndose. Mientras la pobreza severa ya afecta a más de cinco millones de habitantes en España y el número de gente que vive con menos de 16 euros al día sube en casi 800.000 personas (con Andalucía a la cabeza), hay una élite que incrementa su patrimonio. Si ampliamos la horquilla hasta los 24 euros al día, la cifra de pobreza se dispara hasta casi los 11 millones de personas.

¿Cómo es posible que todavía haya personas que defiendan este sistema? Hacerlo es inmoral y comprobar cómo en tiempos de pandemia el despiadado capitalismo engulle a las personas más vulnerables es terrible. Se activan mecanismos, como un menos efectivo de lo esperado Ingreso Mínimo Vital (IMV) o los ERTE, que según Oxfam Intermón han salvado a más de 700.000 personas de caer en la pobreza, pero son parches.

Continuamos sin una reforma fiscal efectiva que, como solicita la ONG, ponga coto a la elusión fiscal y persiga a los grandes defraudadores, que sea justa en la recaudación. Mientras los agujeros legales y la laxitud reguladora beneficien a la élite, la pobreza no se atajará. La miseria llena las huchas de los ricos y sin coraje político no romperemos jamás esos cerdos.

https://blogs.publico.es/david-bollero

Milenarismo con retraso

Milenarismo con retraso

Todo el mundo esperaba el fin del mundo acompasado con el cambio de milenio por culpa de un desbarajuste informático y resulta que el fin del mundo se presenta ahora, con veinte años de retraso y además por medios exclusivamente analógicos. El viejo dilema entre lo digital y lo manual -ejemplificado entre los relojes Casio y los relojes de toda la vida- se ha resuelto a favor de la medida de tiempo tradicional: la manecilla, la arena, la clepsidra. No es serio imaginarse a los cuatro jinetes del Apocalipsis en moto, citándose en Tinder y compartiendo mensajes en Facebook, sino cabalgando a la antigua usanza, a uña de caballo, entre calaveras y guadañas, como una banda heavy metal de los ochenta.

El efecto 2000, en efecto, fue una chapuza clamorosa, más que nada porque no tuvo en cuenta que un fin del mundo como Dios manda requiere de jinetes apocalípticos: la Peste, la Guerra, el Hambre y la Muerte. La Guerra y el Hambre estuvieron ahí desde el comienzo de los tiempos, sólo que últimamente nunca salen en las noticias, y la Muerte siempre fue un asunto personal,aunque cada vez le da más por montar orgías, raves y acampadas multitudinarias. En cuanto a la Peste la tenemos encima desde hace más de un año y tampoco es que hayamos hecho mucho por detenerla, primero porque había que salvar la temporada veraniega, después porque había que salvar la Navidad y ahora porque hay que salvar San Valentín y la Semana Santa, que se anuncia más santa que nunca.

Los signos apocalípticos se suceden entre el estupor general, más allá de las predicciones de los Simpson: la erupción del Etna, un pequeño terremoto en Granada y uno bastante más gordo en la Antártida, notificado por la caída de un meteorito en Antofagasta, frente a la costa chilena. Todavía no hay una fecha prevista para el aterrizaje de naves extraterrestres, pero todo se andará, es cuestión de tiempo. Arrabal se adelantó 31 años con sus predicciones alcohólicas sobre el milenarismo en aquella divertida tertulia de Sánchez Dragó en la que no dejaba meter baza a nadie, igual que cuando se ponía a hablar de Bobby Fischer. Pensábamos que estaba borracho cuando decía a voces que el milenarismo iba a llegar y olvidábamos el hecho esencial de que los borrachos siempre dicen la verdad. También parecía que Arrabal iba de coña cuando era el único tertuliano que estaba hablando en serio.

Un cura de los salesianos, muy apocalíptico él, nos aseguraba a los chavales que teníamos mucha suerte, ya que íbamos a ser la generación que iba a presenciar en vivo y en directo el fin del mundo y la resurrección de los muertos. Hemos tenido que esperar un poco, pero no le faltaba razón al hombre. A lo mejor los números redondos no acaban de funcionar porque la Tierra no es una esfera perfecta sino achatada por los polos, según dicta la ciencia. Sin embargo, en contra de todas las evidencias científicas, cada vez más gente vuelve a creer que es plana y, para darles la razón, los polos se están derritiendo. Aquella vieja alternativa entre apocalípticos e integrados, preconizada por Umberto Eco, se está decantando claramente a favor de los primeros, sólo que Umberto Eco no tuvo en cuenta que la inmensa mayoría de los apocalípticos acabarían integrados, resignados en la certeza del final, y seguirían pirándose de compras, de bares y de fiestas mientras el mundo se va tranquilamente a la mierda.

https://blogs.publico.es/davidtorres/

Un investigador español encuentra uno de los retratos perdidos de la ‘locura’

El neurocientífico Javier Burgos ha localizado una nueva “monomanía” pintada por Géricault cuya existencia se desconocía hasta ahora. “El hombre melancólico” es el sexto de la serie de diez retratos de enfermos mentales que hizo el pintor francés a principios del siglo XIX. Estaba en una colección privada

En el centro, el "hombre melancólico"  entre las otras cinco 'monomanías' conocidas de Gericault
En el centro, el “hombre melancólico” entre las otras cinco ‘monomanías’ conocidas de Gericault Cortesía de Javier S. Burgos
 
 
ANTONIO MARTÍNEZ RON

En el año 2017 la historia de las “monomanías” de Théodore Géricault se cruzó en el camino del neurocientífico e investigador español Javier S. Burgos y se convirtió, paradójicamente, en su propia obsesión. Para alguien que ha desarrollado su carrera científica en el campo de las enfermedades neurodegenerativas la historia lo tenía todo: entre 1822 y 1823 el pintor francés retrató a una serie de enfermos en los psiquiátricos de París tratando de mostrar los diversos rostros de la “locura”. Cinco de ellos – la envidia, la cleptomanía, la ludopatía, la megalomanía y la pederastia – han llegado hasta nuestros días y se exhiben en diferentes museos, pero de los otros cinco que se citan en la documentación de la época nunca se había vuelto a saber. Hasta ahora.

Tras escribir un artículo sobre “los retratos perdidos de Géricault”, Javier Burgos comenzó una investigación incansable, tirando de todo tipo de pistas y cabos sueltos. Si era cierto que el artista francés había pintado a otros cinco enfermos, ¿dónde habían ido a parar aquellos cuadros? “Cinco cuadros extraviados que hacen volar la imaginación del científico y del erudito”, escribió en 2017. “Qué bello sería recuperar las pinturas ausentes, desvelar el misterio, conocer si los retratos perdidos de Géricault amplían la gama de locuras o, por el contrario, constituyen el más excelso experimento médico que ha aportado jamás el arte a la ciencia”. Tres años después, tras recorrer los más insospechados vericuetos del mundo del arte y la psiquiatría, el mediodía del 11 de enero de 2020 Javier se encontró en el interior de la mansión de un misterioso coleccionista en Italia que le invitaba a coger un cuadro de la pared. “Cójalo, cójalo”, le dijo. “Yo también creo que es una de las monomanías”.

La monomanía de la religión

El cuadro “El hombre melancólico”, cuyo hallazgo se publica este jueves en la revista The Lancet Neurology, muestra el rostro de un hombre de aspecto deteriorado y mirada perdida, vestido con lo que parece un atuendo religioso. Al contemplarlo, el investigador español supo inmediatamente que estaba ante uno de los retratos perdidos. Como explica en el artículo publicado en The Lancet, las dimensiones del cuadro, la composición, los colores utilizados, y hasta el título de la obra, son coherentes con el resto de retratos de la serie e indican que se trata del primero de las cinco “monomanías” desaparecidas a lo largo del tiempo. Estudiando los tratados sobre enfermedades escritos por el psiquiatra Étienne-Jean Georget, que fue quien encargó los retratos a Géricault, Javier se inclina por pensar que este retrato refleja la monomanía de la religión – la teomanía o la demonomanía – y es especialmente interesante porque se trataría de la primera monomanía de la serie dedicada a la categoría de la “tristeza”, ya que las otras pertenecen al grupo de males que Georget identificó con la “excitación”.

Detalle de "El hombre melancólico", de Géricault

Detalle de “El hombre melancólico”, de Géricault Cortesía de Javier S. Burgos

“Estamos hablando de una época en que estaban en boga la frenología y la fisiognomía y se pensaba que la cabeza o la expresión de la cara te podía dar pistas sobre la enfermedad que tenían”, explica el investigador a Vozpópuli. “Hay una corriente que consiste en pintar locos y a menudo los pintan con carácter docente, para intentar enseñar a los alumnos de medicina”. Es en aquel contexto en el que Georget, psiquiatra del hospital de Salpêtrière de París, se cruzó con Géricault. El pintor era seguramente el mejor retratista de la época y había pintado un par de años antes el cuadro que le lanzó a la fama, “La balsa de la Medusa”. Para documentarse, Géricault recorrió durante semanas las morgues y hospitales parisinos en busca de miembros y cadáveres que le permitieran reproducir con mayor precisión la anatomía de los cuerpos retorcidos y putrefactos. En uno de aquellas visitas entró en contacto con Georget, quien consideró que era el más apropiado para reflejar la expresión de sus enfermos.

Géricault recorrió durante semanas las morgues y hospitales parisinos en busca de miembros y cadáveres

Georget y los médicos “alienistas” describían en sus tratados una serie de pasos por los que evolucionaba cualquier cuadro de locura. “Primero la iditotez y después la manía, la monomanía, la estupidez y la demencia”, apunta Javier. “Y describe lo que es la monomanía, que para ellos era una obsesión concreta y se caracteriza por ser única, sobre un solo aspecto”. Los rostros de las cinco monomanías de Géricault identificadas hasta ahora muestran a una mujer poseída por la envidia o los “celos neuróticos” (a la que se conoce como “La Hiena” y de la que se sospecha que quizá sufría esquizofrenia), un cleptómano de mirada penetrante, una ludópata cuya muleta y cuyos rasgos recuerdan la sintomatología del párkinson, un “ladrón de niños” de aspecto verdaderamente inquietante y un “megalómano” vestido de militar con sus medallas. “Rostros anónimos de desvariados con impulsos irrefrenables, con deseos intensos que controlan su conciencia y que anulan su raciocinio, que les empujan a la acción irreflexiva y compulsiva”, escribe Javier. En uno de aquellos textos Georget identificaba un tipo concreto, “la monomanía melancólica”, que corresponde, a su juicio, la representada en el retrato recién descubierto.

Una búsqueda ‘frame a frame’

El camino que llevó a Javier Burgos hasta el retrato de “El hombre melancólico” daría para el guion de una película de detectives. La pista de los diez retratos se perdió en 1828 tras la muerte del médico Georget, que dividió los cuadros en dos lotes para sus dos discípulos Maréchal y Lachèze. Los cuadros que conocemos hoy llegaron a través del segundo, mientras que el rastro de los cinco asignados a Maréchal se perdieron en la noche de los tiempos. ¿Cómo retomar aquel hilo? “Empecé a a buscar de las formas mas peregrinas”, recuerda Javier. “Desde revisar toda la literatura sobre el tema a coger los cuadros, rejuvenecerlos y buscar en internet con búsqueda inversa”.

Javier Burgos ha obtenido pistas para continuar la búsqueda de las otras cuatro monomanías

Después de meses de tanteos infructuosos y de alcanzar varios callejones sin salida, en 2019 el investigador encontró una pista que parecía prometedora. Localizó una exposición en Rávena (Italia), bajo el título “Borderline, artistas detrás de la locura y la normalidad”, y al visualizar el vídeo promocional detectó la presencia de una obra, borrosa por la calidad del vídeo, que despertó inmediatamente sus sospechas. “Me puse el vídeo antes de irme a dormir”, recuerda, “y en un momento hay una imagen que me llama la atención y lo paro. Hay dos cuadros, uno pequeñito que yo sé que es de Géricault y que es el retrato de uno de los médicos, pero a la derecha hay un cuadro con un rostro que no se ve bien, pero que por tamaño podría ser una de las monomanías”. Los tamaños y las proporciones coinciden, pues los retratos de los alienistas suelen ser más pequeños que los de los enfermos, pero ¿quién es esa figura borrosa del cuadro que aparece a la derecha durante un segundo del vídeo?

La imagen del vídeo en la que Javier Burgos detectó la pista del cuadro

La imagen del vídeo en la que Javier Burgos detectó la pista del cuadro Cortesía de Javier S. Burgos

A partir de aquel momento comenzó un intercambio de mensajes con los responsables del museo de Rávena, que se negaban en principio a dar más datos sobre el cuadro, al ser de un coleccionista privado. A aquellas alturas el español aún no sabía si la obra de la derecha era de Géricault ni cuál era su título. Por fin, muchos correos y muchas semanas después, le mandaron el catálogo donde constaba la autoría del francés y el nombre de la obra. “Retrato del hombre. El hombre melancólico, de Géricault” recuerda Javier. “Una obra que ni está en la red ni nunca he oido hablar de ella. Yo estaba que me subía por las paredes”. Finalmente, sus esfuerzos por contactar con el coleccionista fructificaron y tras un primer correo se mostró totalmente abierto a enseñarle el cuadro. “Ven y lo ves en persona”, le escribió. La historia acaba en enero de 2020 en una mansión en algún lugar de Italia con otras muchas obras de arte, con la reunión con aquel misterioso/a millonario/a con quien Javier se ha comprometido a no dar más datos. También se reserva algunas de las pistas sobre el origen del nuevo cuadro porque no quiere que nadie se le adelante en la búsqueda de las otras cuatro monomanías pendientes de descubrir.

La historia de las monomanías nos informa sobre los primeros intentos por comprende mejor la mente humana

¿Qué otras ‘locuras’ pudo pintar Géricault en aquellos retratos? “Las posibilidades son enormes”, comenta Javier Burgos. “Georget menciona la pobreza, el maltrato, la borrachera, el amor despechado, el onanismo, el infortunio, la apoplejía, las revoluciones del espíritu, la progresión de la edad y hasta los idiotas de nacimiento”. Todas estas categorías tienen un componente arbitrario y hoy día tienen escaso valor científico, pero la historia de las monomanías nos informa sobre los comienzos de una ciencia y los primeros intentos por comprende mejor la mente humana. “Aparte de lo bonita que es la historia”, explica Javier, “para mí es una demostración de que el arte y la ciencia al final son dos formas de intentar comprender el mundo. Géricault es un retratista virtuoso, es capaz de reconocer el alma de aquella gente. Ves “La Hiena” y te transmite lo que es; si ves los ojos hundidos, la muleta apoyada y la expresión de la ludópata reconoces los rasgos de un enfermo de párkinson”. “El pintor fue capaz de captar aquella enfermedad”, concluye, “y creo que eso es exactamente lo que ves cuando miras los ojos de ese hombre que representa la melancolía”.

Referencia: “A new portrait by Géricault” (The Lancet Neurology) https://doi.org/10.1016/ S1474-4422(20)30479-8

https://www.vozpopuli.com/altavoz/next/monomanias

‘La anarquía explicada a los niños’: postulados ácratas que siguen vigentes en el concepto educativo actual

por         Ilustración  Fábrica de Estampas

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«… Por culpas de unos y otros, la educación ha quedado

estancada en un marasmo de servidumbre, de la que

debe salir redimida y reconfortada.

Sean estas breves páginas estímulo para todos».

 

Con estas palabras, el grupo editor de La anarquía explicada a los niños cerraba su prólogo. El folleto, publicado en 1931 por la editorial barcelonesa Biblioteca Anarquista Internacional (B. A. I.) y escrito por su fundador, José Antonio Emmanuel, consideraba que solo bajo los dictados de la Razón y de la Ciencia era posible formar a niños y niñas para convertirlos en futuros hombres y mujeres libres.

Emmanuel era consciente de que la tarea no era fácil. La ignorancia y el oscurantismo se cebaban con los más vulnerables, promovidos, en no pocas ocasiones, por los poderes fácticos. De ahí que compartiera una a una las palabras del anarquista francés Eliseo Reclus cuando, al referirse a los hijos del proletariado español, dijo aquello de que:

«Débiles y pequeños, los niños son, por eso mismo, sagrados».

Para contrarrestar la «nefanda presión» en la educación ejercida desde el fanatismo, Emmanuel publicó desde B.A.I la colección Biblioteca Internacional, a la que pertenecen, entre otros, La anarquía explicada a los niños. O La anarquía explicada a las mujeres, dirigido a un colectivo no menos inerme por aquel entonces.

En realidad, José Antonio Emmanuel no era un nombre real sino uno de los alias utilizados por el pedagogo y filántropo anarquista José Ruíz Rodríguez (primo de Picasso, para más señas).

 

 

‘La anarquía explicada a los niños’: postulados ácratas que siguen vigentes en el concepto educativo actual

‘La anarquía explicada a los niños’: postulados ácratas que siguen vigentes en el concepto educativo actual

‘La anarquía explicada a los niños’: postulados ácratas que siguen vigentes en el concepto educativo actual

«Fue un personaje de la historia del movimiento libertario igual de audaz que singular. Sin su vehemencia y convicción, el ideario anarquista hubiese perdido un gran valedor», explica Piu Martínez, encargada de la nueva edición de La anarquía explicada a los niños recientemente publicada por Libros de El Zorro Rojo.

Emmanuel lo tenía claro. La anarquía era la única vía para alcanzar una sociedad libre de toda desigualdad y diferencias entre ricos y pobres, esclavizadores y esclavizados. También era el arma más potente para combatir el militarismo, el clericalismo y el capitalismo. El pedagogo acusaba a los tres ismos de ser los principales escollos para disfrutar de la Vida, en mayúsculas, aquella basada en los principios de solidaridad humana y amor universal.

Para hacerse «digno de la anarquía» era necesario seguir los postulados ácratas, que Emmanuel resume en el libro en diez puntos:

  1.  Ayuda
  2. Apoya
  3. Copia lo bello
  4. Labora
  5. Estudia
  6. Ama
  7. Protege
  8. Cultiva
  9. No tengas esclavos
  10. Trabaja

Dice Martínez que cuando el pedagogo hace referencia a estos diez mandamientos como el camino a recorrer para alcanzar la anarquía, lo que hace, a su vez, es mostrar las vías para alcanzar de manera conjunta y organizada una sociedad más justa: «Trabaja, apoya, estudia, ayuda, protege… ¿no son, acaso, enseñanzas y valores a transmitir en la actualidad?».

‘La anarquía explicada a los niños’: postulados ácratas que siguen vigentes en el concepto educativo actual

Por eso, pese a haber pasado casi cien años desde su primera edición, en su opinión, el texto está más vigente de lo que cabría pensar: «El pensamiento y la educación libertaria forman parte, por ajeno que pueda resultarnos, del concepto de educación que tenemos en la actualidad. Las propuestas y acciones reivindicadas por el movimiento libertario durante la II República se incorporaron a las distintas reformas educativas de nuestro país y han llegado hasta las escuelas de hoy. Hablamos de escuelas igualitarias, de un sistema educativo que no discrimina por clases ni géneros, etc.».

De los postulados defendidos por el folleto, Martínez destaca dos que siempre están de actualidad: la importancia del apoyo mutuo y el papel de la educación como herramienta fundamental para el desarrollo de una sociedad.

«Emmanuel nos habla de la escuela (refiriéndose al modelo de escuela racionalista impulsado por Ferrer i Guardia) como el verdadero motor de cambio social, pero también nos habla del sindicato y del ateneo. En definitiva, diferentes redes solidarias de difusión cultural para que el individuo pueda desarrollarse y, con ello, mejorar la sociedad».

Así ‘se rescata’ un libro

Piu Martínez habla del proyecto como un «rescate editorial» porque «el folleto no volvió a publicarse en España desde tiempos de la II República (aunque en la última década han ido apareciendo nuevas ediciones en América Latina, y en España también alguna digital)».

‘La anarquía explicada a los niños’: postulados ácratas que siguen vigentes en el concepto educativo actual

La presente aúna el texto original de Emmanuel de 1931 con los grabados del colectivo argentino Fábrica de Estampas. Aunque los editores la han transcrito íntegramente, sin intervención en los textos, el folleto incluye unas pequeñas notas aclaratorias al final. «Debido al lenguaje de los textos y a la naturaleza y autoría de los mismos, estimamos oportuno añadirlas para que el lector pueda obtener una visión más amplia del contexto histórico y de las voces que promovieron e impulsaron la pedagogía libertaria», aclara Martínez.

La edición original fue publicada con una cubierta ilustrada en la que aparecían unos pequeños grabados que hacían alusión a los postulados ácratas. «Estas ilustraciones sirvieron como referencia para la propuesta ilustrada de Casa de Estampas, quienes las pusieron en valor con un excelente rediseño y además las incluyeron a mayor tamaño en el interior del folleto». El colectivo argentino es también responsable de la imagen de la cubierta: una composición tipográfica estampada por ellos mismos.

Revista de innovación, creatividad y tendencias – Yorokobu

ENSAYOS SOBRE LA TIERRA MEDIA: TEXTOS INÉDITOS DE J. R. R. TOLKIEN SE PUBLICARÁN EN 2021

LA NUEVA COLECCIÓN DE ENSAYOS DE TOLKIEN PROMETE UN RECORRIDO MÁS DETALLADO SOBRE LA TIERRA MEDIA
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J. R. R. Tolkien nos dejó libros (y, más tarde, adaptaciones de sus novelas fantásticas) sobre un mundo fantástico, con personajes increíbles llenos de imaginación. Nos introdujo a un mundo que nos gustaría que fuera real, nos encariñamos con sus hobbits, nos enamoramos de sus elfos, nos maravillamos con un lenguaje nuevo. 

Leyendo El Silmarillion y la trilogía de El señor de los anillos nos quedamos con ganas de conocer más sobre la Tierra Media y sus diversos habitantes, sobre sus formas de vida y los lugares dónde vivían. 

En junio de 2021 se publicará una colección inédita de ensayos escritos por Tolkien. Los escritos de esta publicación tocan temas como la reencarnación de los elfos y los personajes a los que les puede crecer una barba. 

La nueva colección ya está autorizada por los herederos del autor y se llamará The Nature of Middle-earth (La naturaleza de la Tierra Media). La editorial encargada de la publicación es HarperCollins, una de las más importantes en Estados Unidos. En un comunicado al respecto, la casa editorial promete a los futuros lectores transportarlos de vuelta al fascinante mundo épico y fantástico de Tolkien.

Cabe mencionar que, en el pasado, esta misma editorial publicó en inglés obras inéditas de Tolkien, como Los hijos de Húrin, Beren y Lúthien y La caída de Gondolin

El hobbit, la primera historia de Tolkien sobre la Tierra Media, se publicó en 1937, seguida de El señor de los anillos en 1954 y 1955. Pero el director adjunto de HarperCollins, Chris Smith, dijo que el autor continuó escribiendo sobre la Tierra Media en las décadas siguientes, hasta los años anteriores a su muerte.

Smith afirmó también que, para Tolkien, la Tierra Media era sólo una parte de un mundo entero que merecía ser explorado, por lo que los escritos en esta nueva publicación revelan los viajes que el escritor realizó mientras buscaba cómo comprender su gran y única creación.  

Smith dijo que la nueva colección es un verdadero tesoro que ofrecerá a los lectores la enorme oportunidad de “mirar por encima del hombro del profesor Tolkien en el momento mismo del descubrimiento –y en cada página, la Tierra Media vuelve a cobrar una vida extraordinaria–”.

Los temas de los escritos son muy variados. Van desde la inmortalidad y reencarnación de los elfos hasta la naturaleza de los Valar (las entidades divinas de la Tierra Media), las tierras y bestias de Númenor, la geografía del reino de Gondor, e incluso a quiénes les puede crecer barba. Esto último ha sido un gran tema de debate entre los aficionados y fanáticos del mundo fantástico de Tolkien, pues no hay claridad sobre si los elfos, hobbits e incluso las mujeres enanas podían tener barba.

Los escritos serán editados por Carl F. Hostetter, un estudioso experto en Tolkien, quien actualmente es jefe de la Elvish Linguistic Fellowship, además de ser ingeniero informático de la NASA desde 1985. Asimismo, Hostetter trabajó con el hijo menor de Tolkien, Christopher, quien hizo la curaduría de la producción póstuma de su padre hasta su muerte en enero de este año, a la edad de 95 años.

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El mundo va

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Llevamos un año con la agenda saturada de COVID, de trabajo a distancia, de crisis económica, de cientos de miles de muertos, de cubrebocas y sana distancia, de vacunas y ciencia. La vida gira en torno a la pandemia, no es para menos; los poderosos hombres del siglo XXI encerrados en el laberinto de lo súbitamente inesperado. Pero el mundo se mueve.

Pese a todo lo que está pasando se siguen produciendo alimentos y petróleo; siguen prendiéndose las centrales de generación eléctrica, las aerolíneas vuelan operando a medio gas; los tenistas hacen cuarentena en Australia para jugar el abierto de Tenis; el fútbol americano está rumbo al súper tazón; las ligas de soccer intentan seguir su calendario; cantantes y músicos hacen uso de las redes para seguir vigentes; restaurantes y oficinas haciendo milagros para sobrevivir… La tecnología nos dio la oportunidad de seguir caminando, de encontrar cómo adaptarnos a la llamada “nueva normalidad” mientras el mundo se alista para la operación de salud masiva más grande de la historia. El mundo es resiliente a tal grado que con sorpresa comienzan a mostrarse datos de recuperación económica, la fe en el futuro parece insustituible, la democracia demostró hace unos días su capacidad de reinventar agendas como en Estados Unidos, y para sorpresa de muchos, Japón se alista para recibir al mundo en los Juegos Olímpicos de Tokyo y Dubai en la Expo Universal.

La pandemia ha causado la muerte de millones y aunque no es la primera vez que una enfermedad azota o extermina a poblaciones y comunidades enteras, la gran diferencia con el COVID-19 radica en el avance tecnológico y científico de hoy día que permitió que se rebasaran barreras burocráticas y estatales, para la creación de una vacuna en tiempo récord, demostrando así sus capacidades y despliegue; ambas -ciencia y tecnología- nos han enseñado que la colaboración es la mejor manera de resolver cualquier crisis que enfrente la humanidad.

Si tan solo el cambio climático, el hambre y la pobreza, la lucha contra otras enfermedades recibieran ese trato especial y urgente con el que hemos enfrentado al COVID-19, la sostenibilidad futura del planeta estaría asegurada. Por eso es importante reflexionar sobre lo que ha pasado en el mundo desde diciembre de 2019, cuando se registraron los primeros casos de la enfermedad.

En poco tiempo, muy poco, recursos, ideas, genios, tecnología, instituciones, universidades, todos, unieron esfuerzos hacia un objetivo común. Empero, en el mundo sigue habiendo muchos objetivos comunes que no hemos superado: todos los días 150 millones de seres humanos no saben si podrán comer al día siguiente; el sistema de producción actual está llevando al planeta al límite.

Hay que pensar en ello también; atacar a la pobreza, la desigualdad y el cambio climático con la misma generosidad y fuerza podría iluminar el camino hacia una sociedad global que reduzca la inequidad, la injusticia y que genere nuevos sistemas de producción sostenibles y amables con el medio ambiente. La rapidez con la que se logró una vacuna para hacer frente al COVID-19 es una muestra de los alcances que puede tener la colaboración de todas las naciones.

Imagen: Aja Kusick

https://www.milenio.com/opinion/javier-garcia-bejos/ekos/el-mundo-va

Los creadores del deepfake de Lola Flores: “Ya no se puede confiar en que todo lo que se ve en un vídeo es real”

Y resultó que no había nadie mejor que la faraona Lola Flores y un anuncio de cerveza para concienciar de la potencia de la tecnología deepfake. “La gente tiene que ser consciente de lo que la tecnología puede hacer, que ya no pueden confiar en que todo lo que vean en un vídeo es real. Por eso creo que es muy positivo concienciar de lo que se puede hacer con esta tecnología, con fines como este. De lo contrario lo que pasaría es que estas herramientas solo se utilizarían con fines perjudiciales”, opina Nico Roig.

Roig es el CGI artist de Metropolitana, el estudio que modeló la cara de Lola Flores para el anuncio de Cruzcampo que se ha hecho viral esta semana. Con él coincide el responsable de recrear la voz de Lola Flores en el spot, Fede Pájaro, del estudio The Lobby: “Hay mucha gente trabajando en el sector audiovisual para que este tipo de producciones sean lo más reales posibles, así que ya es muy difícil certificar a nivel técnico si es verdadero o falso. Lo mejor es tener criterio e informarte con fuentes de confianza y estar preparado para que no te puedan engañar”.

El spot ha recibido abundantes halagos, pero también ha elevado preguntas sobre hasta dónde puede llegar la publicidad para relacionar a las marcas con la imagen (y un discurso ficticio) de personas fallecidas. También ha encendido las alarmas de muchos sobre la tecnología deepfake, capaz de cambiar la cara y la voz de una persona por las de otra, recreándola artificialmente para que diga o haga lo que el autor quiera.

En el caso de la publicidad, la ley española es clara: son los herederos los que deciden si la imagen de una persona se puede usar en un anuncio. “Nosotros trabajamos con ideas de otros, pero hay líneas que no se pueden cruzar”, explica Ramón Arteman, director de Metropolitana. “En algún caso, no puedo dar nombres, hay proyectos en los que las marcas han intentado usar la imagen de personas fallecidas pero sus herederos no lo han permitido, y no se ha hecho”.

El anuncio de Lola Flores ha sido aprobado por su familia y “ha contado con gran implicación de sus hijas, Lolita y Rosario”, asegura Cruzcampo. Para recrear la cara sobre la de la folclórica sobre la de la actriz Mariana Taranto se usaron algoritmos de inteligencia artificial y una base de datos de 5.000 imágenes, de las que estos obtuvieron todos los patrones de movimiento y perspectiva de su rostro. Los trabajos se iniciaron antes de la pandemia. Sin embargo, gran parte de ese tiempo se ha empleado en satisfacer los requerimientos de la familia Flores.

“Nosotros recibimos inputs de un director, de una agencia creativa y en este caso también de la familia Flores. Había veces que ya a todo el mundo le parecía creíble, pero de golpe la familia Flores decía que no, que había detalles que no les encajaban. Al final el recuerdo que tenemos el público en general de Lola Flores no es lo mismo a que sea tu madre”, refiere Arteman.

El moldeado a mano de la forma de las cejas, la distancia entre las cejas y los ojos o la raya del pelo convirtieron el spot en un trabajo casi “artesanal”. Lo mismo ocurrió a la hora de producir la voz de Lola Flores, que tras varias pruebas con imitadoras, la familia decidió que fuera la de su hija Lolita la que se utilizara como base.

“En el audio ha habido dos partes. La parte tecnológica ha sido muy puntera, pero también la parte artesanal, casi artística”, afirma Pájaro, de The Lobby. “Creo que se ha sido también el motivo del éxito, que ha habido que ir corrigiendo manualmente muchos detalles. Haciéndolo solo con software la voz siempre tenía un punto muy digital”, detalla.

Lola Flores, ¿la primera de muchas?

Tanto los creadores de la voz como del vídeo coinciden en el término de “artesanal” para definir el deepfake de Lola Flores. Muchos meses de trabajo para unos pocos segundos. Esto lo aleja de las alarmas que generaron los deepfakes en su origen, cuando se temió que la capacidad de la inteligencia artificial para producirlos en grandes cantidades, muy rápido y con una credibilidad muy alta arrasara el entorno informativo.

De hecho, el deepfake más famoso y viral hasta el momento sigue siendo el que produjo BuzzFeed en colaboración con el cómico Jordan Peele, cuando Barack Obama aún ocupaba la presidencia de EEUU. Era un deepfake que pretendía avisar sobre el peligro de los deepfakes:

Sin embargo, en el lustro siguiente la construcción de bulos ha avanzado por otros derroteros. Las cadenas de WhatsApp y los grupos de Facebook producen más desinformación que los vídeos creados artificialmente.

La publicidad, sin embargo, puede ser otro cantar. “Es una industria especialmente propensa a obnubilarse por la última tecnología”, avisa Eduardo Prádanos, fundador y director creativo de la agencia Fluor Lifestyle. “Mientras que los deepfakes en el cine tienen criterios creativos y narrativos, en la publicidad (donde también podría tener esos criterios) es más fácil caer en criterios más cercanos a los meros fuegos artificiales y a los engaños a los consumidores”, destaca.

El éxito de la campaña de Lola Flores seguramente provoque que muchas otras marcas quieran imitarlo. La clave estará en cómo lo hagan. “¿Se van a apoyar en los deepfakes para hacer publicidad más relevante, más creíble y más confiable o, por el contrario, para sofisticar el arte de engañar a los consumidores? Es un tema súper interesante este. Me gustaría que la respuesta fuera la primera pero me temo que estará más cerca de lo segundo”, avisa Prádanos.

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