GASTRONOMÍA Y POESÍA. 10 POEMAS COMO MANJAR Y 1 SONETO PARA BEBER

El cariño a un plato de la infancia; la nostalgia por no probar bocado y con ello alabar cualquier ingrediente, por muy humilde que sea; la ternura de la cotidianidad expresada bajo el acompañamiento de cualquier comida, como el pan, como el arroz; o simplemente el recurso de aludir a una fruta y utilizar todas las connotaciones que ésta pueda tener

Son muchas las manifestaciones artísticas que utilizan la cocina y los alimentos como sus temas principales: desde la música hasta la pintura, pasando por la literatura y, en especial, por la poesía.

Apicius.es, le rendimos homenaje la labor editorial de Montagud Editores con una selección de poemas hacia lo que más nos gusta: la gastronomía.

 

1 Y 2. CHARLES SIMIC Y MARK STRAND. EL MOVIMIENTO GASTRO-POÉTICO

Bien es sabido que la poesía suele ir de la mano de una forma de reivindicar, o de revolucionar. Por ella los poetas crean movimientos que engloban todas las pretensiones sobre lo que quieren decir, además de su estilo. En Estados Unidos, Charles Simic y Mark Strand fueron dos poetas que se percataron de que, cuando se mencionaba algún plato o manjar en sus poemas, recibían una sonrisa de su público, y a partir de ese momento crearon un movimiento: la poesía gastronómica. Con ella se propusieron llegar a un país en el que la gente apenas leía, pero sí se deleitaba comiendo y bebiendo. En los siguientes ejemplos Simic crea una comparación del disfrute del comer con el deseo de amar; y Strand realiza una veneración a la comida como una vía de escape.

Mi espesa sopa de pollo, con tiernas almendras molidas,
mi fusión de verduras invernales.
Queridos tagliatelle con champiñones, hinojo, anchoas, tomate y salsa de vermut.
Adorado rape braseado con cebollas, alcaparras
y aceitunas verdes.
[…]

Charles Simic – ‘Café Paradiso’

~

Contemplo el asado,
que está fileteado y tendido
en mi plato,
y sobre él
cucharadas de salsa
de zanahoria y cebolla.
Y por una vez no lamento
el paso del tiempo…
Mark Strand

 

3. NERUDA. ODAS GASTRONÓMICAS

La producción del Nobel chileno es más que variopinta, así como los temas que lleva a tratar: política, amor, viajes… Incluso la gastronomía es insignia en sus poemas. Odas a la alcachofa, al vino, a la cebolla -al igual que muchos otros poetas- o, como mostramos a continuación, al caldo (caldillo en Chile) del congrio. Todo un recetario de un poeta gourmet.

En el mar
tormentoso
de Chile
vive el rosado congrio,
gigante anguila
de nevada carne.
Y en las ollas
chilenas,
en la costa,
nació el caldillo
grávido y suculento,
provechoso.
[…]
Ya sólo es necesario
dejar en el manjar
caer la crema
[…]
y a la mesa
lleguen recién casados
los sabores
del mar y de la tierra
para que en ese plato
tú conozcas el cielo.

Pablo Neruda – ‘Oda al caldillo del congrio’

 

4. RAFAEL ALBERTI. UN AGRADECIMIENTO QUE ABRE EL APETITO

Es Alberti uno de los poetas más admirados de nuestra tierra, y es que su trayectoria, su labor y sobre todo, su poesía, ha dejado un poso profundo en la historia de la literatura española. En este poema, sencillo, directo, incluso gracioso, vemos el agradecimiento y la confianza del autor para con el otro poeta. Y es que ¡cómo no se va a poner uno henchido de júbilo al recibir como regalo un jamón!

Hay vino, Nicolás, y por si fuera
poco para esta nalga de porcino,
con una champaña que del cielo vino
hay los huevos que el chancho no tuviera.

Y con los huevos, lo que más quisiera
tan buen jamón de tan carnal cochino:
las papas fritas, un manjar divino
que a los huevos les viene de primera.

[…]

Rafael Alberti – ‘Al poeta cubano Nicolás Guillén agradeciéndole un jamón’

GASTRONOMÍA Y POESÍA. 10 POEMAS COMO MANJAR Y 1 SONETO PARA BEBER

Rafael Alberti. Fuente de la imagen: historiadeiberiavieja.com

5. GLORIA FUERTES. DEL HAMBRE

Si bien Neruda creaba una oda a la cebolla enalteciendo al alimento, una de nuestras poetas más queridas, Gloria Fuertes, la introduce en un pequeño pero intenso poema donde la rutina, el miedo y el hambre se apoderan de la olla que se cocina en estos versos.

Se lavan bien los pies, las mondas de patatas,
se añade media cebolla,
se pone a cocer en la olla
y se sirve con una rodaja de limón.
Se cena con miedo a que caiga un obús
y así tres años.

Gloria Fuertes – ‘Receta de cocina para los días de hambre’

 

6. WISLAWA SZYMBORSKA. LAS CAPAS QUE NOS CONFORMAN

La poesía de la poeta polaca destaca por la sencillez y el mimo con el que trata la vida cotidiana y los problemas y visiones del día a día. En este poema, no es más el simbolismo ni la comparación que realiza sobre el ser humano, sino cómo desgaja con suavidad y ternura las capas de la cebolla que somos.

La cebolla es diferente.
De vísceras, es carencia.
Es cebolla hasta la médula,
a la cebollil potencia.
[…]

Pero en la cebolla hay sólo cebolla,
ni intestinos hay ni hiel.
Múltiples veces desnuda,
nunca jamás diferente.

Es un ente coherente,
es una obra maestra.
Una y luego otra dentro,
grande a pequeña abarca,
y pequeña es la grande de otra,
que será tercera o cuarta.
Una fuga hacia el centro.
Eco de batuta diestra.

La cebolla tiene esencia.
Su vientre es una bealdad,
que sólo nimbos reviste,
y es su mayor cualidad.
[…]
Wislawa Szymbosrka – ‘La cebolla’

GASTRONOMÍA Y POESÍA. 10 POEMAS COMO MANJAR Y 1 SONETO PARA BEBER

Fuente de la imagen: labellezayeltiempo.blogspot.com

7. GABRIELA MISTRAL. SOBREVIVIR

Y volviendo a Chile de la mano de una abanderada de su poesía, Gabriela Mistral, cuyo estilo cálido y cercano y, a su vez, potente y comprometido, nos ha dejado joyas como el poema siguiente: toda una recreación de recuerdos a partir del alimento más básico de todos. El pan.

Dejaron un pan en la mesa,
mitad quemado, mitad blanco,
pellizcado encima y abierto
en unos migajones de ampo.

[…]

Huele a mi madre cuando dio su leche,
huele a tres valles por donde he pasado:
a Aconcagua, a Pátzcuaro, a Elqui,
y a mis entrañas cuando yo canto.
[…]
Como se halla vacía la casa,
estemos juntos los reencontrados,
sobre esta mesa sin carne y fruta,
los dos en este silencio humano,
hasta que seamos otra vez uno
y nuestro día haya acabado…
Gabriela Mistral – ‘Pan’

 

8. MIGUEL HERNÁNDEZ. DE LO DULCE A LO AMARGO

Hernández, el poeta de la melancolía. Bien es conocido el poema ‘Nanas de la cebolla’, donde el ingrediente, como en Gloria Fuertes, se alimenta de dolor y, a su vez, de la falta de alimento. Pero no todos los poemas tienen ese sabor amargo en el poeta de Orihuela. También canta al placer de alimentarse, a su huerto y a la vega fértil alicantina. Poemas cargados de simbolismo, como el que presentamos a continuación -altamente erótico-, sobre el higo (para Miguel Hernández, su higuera era su refugio, su emblema).

Abiertos, dulces sexos femeninos,
o negros, o verdales:
mínimas botas de morados vinos,
cerrados: genitales
lo mismo que horas fúnebres e iguales

[…]

Al higo, por él mismo vulnerado
con renglón de blancura,
y orines de jarabe sobre el lado
de su mirada oscura,
voy, pero sin pasar de mi cintura.

[…]
Miguel Hernández – ‘Oda a la higuera’

GASTRONOMÍA Y POESÍA. 10 POEMAS COMO MANJAR Y 1 SONETO PARA BEBER

‘Sombra de higuera’ es una creación helada de Fernando Sáenz (Heladería della Sera y obrador Grate). La presentó en Apicius 20. Fuente de la imagen: Obrador Grate.

9. PEDRO MAIRAL. Y DE POSTRE…

El contemporáneo escritor argentino destaca por su intensidad, por decir mucho con muy poco. Para nuestra selección, un poema dedicado a una de las frutas más dulces: el durazno (o melocotón), por el que crea un universo de evocaciones y recuerdos.

Morder el verano,
morder el sol entero
por 1,80 el kilo.

[…]

Entonces lo libré de las dos bolsas,
le lavé el pesticida en la canilla,
le lavé todo el cansancio del camión, el humo,
[…]

y a pesar de la química, de la distancia muerta,
a pesar de la larga cadena intermediaria,
me encontré allá en el fondo de su sueño amarillo
con esa flor primera que perfumaba el viento.
Pedro Mairal – ‘Un durazno’

 

10. FEDERICO GARCÍA LORCA. TRADICIÓN Y SENSACIONES

No podía faltar en esta selección nuestro poeta más auténtico, nuestro Lorca. No es que la gastronomía sea el tema que encumbre sus poemas, pero sí podemos encontrar retazos de ello en composiciones que, con simbolismo, nos transportan a sensaciones que muchos alimentos nos producen, incluso solo leyéndolos.

Contraponientes
de melocotón y azúcar,
y el sol dentro de la tarde,
como el hueso en una fruta.

[…]

Agosto.
Los niños comen
pan moreno y rica luna.
Federico García Lorca – ‘Agosto’

GASTRONOMÍA Y POESÍA. 10 POEMAS COMO MANJAR Y 1 SONETO PARA BEBER

Fuente de la imagen: RTVE.es

10 + 1: BORGES. ¡VIVA EL VINO!

El vino es un tema más que recurrente en la literatura, desde el deseo imperioso del Lazarillo por tomarlo, a las grandes odas dedicadas a la ambrosía de los mortales de Baudelaire. Recuperando la clásica estructura del soneto, Jorge Luis Borges brinda por la existencia del vino para, valga la redundancia, brindar.

[…]

En la noche del júbilo o en la jornada adversa
exalta la alegría o mitiga el espanto
y el ditirambo nuevo que este día le canto

otrora lo cantaron el árabe y el persa.
Vino, enséñame el arte de ver mi propia historia
como si ésta ya fuera ceniza en la memoria.
Jorge Luis Borges – ‘Soneto al vino’

 

Fuente de la imagen de cabecera: Fotograma de la película ‘El cartero (y Pablo Neruda)’.

https://www.apicius.es/articulos/

No todas son malas noticias

Coronavirus: la frenética carrera por encontrar la vacuna contra ...

Vivimos momentos de angustia por la pandemia del covid-19. Y, sin embargo, no todas son malas noticias. Casi todos los días se anuncia algún avance científico que abre posibilidades de contar con más y mejores herramientas para hacer frente a esta emergencia. En el terreno del diagnóstico, ya hay pruebas que detectan la enfermedad y comienzan los ensayos para la detección de anticuerpos, a fin de saber si alguien ya fue contagiado y es inmune al SARS-CoV-2.

En lo que respecta al tratamiento, muchos países, México entre ellos, analizan una extensa gama de medicinas. En Europa, uno de los estudios más ambiciosos plantea integrar a 3 mil 200 pacientes de varias naciones de la región. Se investigan medicamentos contra el ébola (remdesivir), la malaria (hidroxicloroquina), la artritis reumatoide (tocilizumab) y la influenza (favipiravir) que en casos aislados han mostrado efectividad, al menos para frenar las complicaciones del covid-19.

Gilead Sciences, productora del remdesivir, anunció una donación de 1.5 millones de dosis para enfrentar la pandemia. Desde enero, la OMS señaló a este fármaco como el más promisorio por su amplia acción antiviral. En Nueva York comenzó la experimentación con la transferencia de anticuerpos de personas recuperadas a pacientes graves, un procedimiento que en China reportó resultados favorables.

En México, la autorización para este método está en proceso. Apenas este fin de semana se supo que, en ensayos in vitro, un fármaco antiparasitario disponible en todo el mundo (ivermectina) inhibió casi en su totalidad y en menos de 48 horas al SARS-CoV-2.

Sigue ahora la etapa en humanos. En materia de vacunas, a mediados de marzo se hicieron pruebas a cuatro personas en Estados Unidos. Desde entonces, más de 30 farmacéuticas e institutos de investigación de varios países —incluida la UNAM— trabajan en sus propios proyectos de inmunidad.

No todos los esfuerzos serán fructíferos, pero desde que China hizo pública la secuencia genómica del SARS-CoV-2, los avances han sido enormes. Aunque el desarrollo y las pruebas de las vacunas tardarán al menos un año más, las investigaciones sobre tratamientos seguramente estarán arrojando resultados a mayor velocidad.

 

https://www.milenio.com/opinion/leopoldo-gomez/tercer-grado/no-todas-son-malas-noticias

Cabalgando un rayo de oro

Cuando ‘La Anunciación’ de Fra Angelico se reveló, Florencia no se había aún repuesto de la peste

Cabalgando un rayo de oro
La Anunciación’. Fra Angelico. |MUSEO NACIONAL DEL PRADO

 

Se llamaba Guido, hijo de Piero, nació cerca del castillo de Vicchio, en el alto valle del Mugello, próximo de Florencia, alrededor de 1400. A los 18 años tomó los hábitos de la Orden de Santo Domingo con el nombre de Giovani da Fiésole. Los románticos del siglo XIX lo consideraron un pintor místico, siempre absorto en visiones inefables, lleno de amor y de sabiduría. Debido a eso fue merecedor del nombre de Fra Angélico. Murió con 55 años.

Recuerdo el vahído estendhaliano que, en mi primer viaje a Florencia, me produjo la visita al convento de San Marco. En el refectorio menor está el fresco de la Última Cena de Ghirlandaio. Sobre un mantel blanco, entre vasos de vino, panecillos y cuencos de cerámica, hay diseminadas gran cantidad de cerezas, que le dan un aire de primavera al ágape. El Maestro tiene a los discípulos alineados, a derecha e izquierda, detrás de la mesa, con el bello Juan dormido en su regazo, a quien parece estar acariciando con mano dulce los rizos de oro. Sólo Judas se halla sentado enfrente del Maestro dispuesto a mojar el pan en el mismo plato para solventar sus diferencias. Detrás de Judas hay un gato en el suelo mirando hacia el espectador. ¿Qué hace un gato en esta Última Cena de Ghirlandaio? Tal vez espera que algún comensal le eche siquiera una miga de pan, que en este caso sería ya el cuerpo de Dios. No es el único enigma. En esta pintura de Ghirlandaio resulta evidente que el tercer discípulo contando por la derecha es una mujer tocada con un manto rojo, lo mismo que Juan es también una figura ambigua envuelta en delicados tonos azules.

Pero en aquella visita sentí aun más emoción al entrar en la pequeña y austera celda, que ocupó Fra Angélico en la primera planta del convento durante el tiempo en que por encargo de Cosme de Médicis tuvo que decorar con frescos de escenas bíblicas los aposentos de los frailes. La celda de Fra Angélico estaba cerca de la que, años después, ocuparía Savonarola, el impulsor de la hoguera de las vanidades, el azote de vicios ajenos, el que gozaba del refinado placer de amenazar a los poderosos con el castigo eterno, hasta que el papa Alejandro VI le dio a probar su propia medicina. Lo prendió, lo condenó a garrote vil y después arrojó los despojos a la hoguera.

La última vez que estuve en el Museo del Prado hube de abrirme paso entre cogotes hasta llegar al cuadro de La Anunciación, de Fra Angélico, en el que, después de una restauración minuciosa, ha aparecido el milagro de todas las luces puntillistas de oro miniado. Ahora el Prado está cerrado a causa de la peste. Toda la belleza se halla envuelta en ese silencio que existe a veces entre dos acordes en una pieza musical. Puede que desde alguna ventana penetre en el interior del museo un rayo de sol como el que atraviesa el pórtico de La Anunciación de Fra Angélico ante la visita del ángel.

El cuadro, de 194×194 cm, sobre tabla fue pintado al temple y pan de oro en 1426 para la iglesia del convento de santo Domingo de Fiésole. Los frailes lo vendieron a Mario Farnese en 1611 para reparar el campanario. Después este príncipe lo regaló al duque de Lerma, valido de Felipe III, y fue depositado en la iglesia de los dominicos de Valladolid, panteón de la Casa de Lerma y a raíz de la caída en desgracia del valido, el cuadro pasó al convento de las Descalzas Reales de Madrid donde permaneció hasta mediados del siglo XIX. Allí en el claustro alto lo descubrió el pintor Federico de Madrazo, director del Prado, quien consiguió que la priora del convento transigiera en cederlo al museo el 16 de julio de 1861. Las monjas algunas veces lo han reclamado y han conseguido tenerlo en su capilla para rezar ante la Virgen y no parece que sea mayor el fervor de sus rezos que el amor que las monjas ponen en cultivar los frutos y verduras de su huerta, dignas de aparecer en el jardín del cuadro.

El haz de luz que desde la altura atraviesa el pórtico hasta iluminar el regazo de la Virgen está compuesto por innumerables filamentos realizados con microscópicos puntos de oro por donde se desliza la paloma del Espíritu Santo. De hecho, Fra Angélico se adelantó a Max Planck a la hora de descomponer la luz en fotones. Puntos en lugar de pinceladas, así fue el puntillismo del neoimpresionista George Seurat en 1884, una conquista que siglos antes había alcanzado Fra Angélico con amor y sabiduría e infinita paciencia. Cuando esta Anunciación se reveló, Florencia no se había repuesto todavía de la peste negra que trajeron las pulgas de las ratas por la ruta de la seda. Pienso que lo primero que voy a hacer cuando se levante la peste será volver al Prado para contemplar de nuevo ese rayo de oro de Fra Angélico como una forma de quedar totalmente purificado y demostrarme a mi mismo que sigo estando vivo.

https://elpais.com/cultura

Deuda, la otra forma de la esclavitud

Pixabay.
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Hay dos formas de hacer esclavo a un ser humano. Una es la de tomarlo en propiedad y la otra consiste en anular su capacidad para tomar decisiones libres sobre su vida, sobre su presente y su futuro. Esto segundo es lo que consigue la deuda.

Tanto es así, que en la Ley de las XII Tablas de Roma se establecía que si un ciudadano romano no podía pagar una deuda a otro éste podía hacerlo esclavo y venderlo para cobrársela o incluso matarlo. Una vez que el juez declarase el impago, el acreedor exhibía al deudor junto a su mujer y sus hijos durante sesenta días en tres mercados públicos de esclavos mientras proclamaba en público la situación y el dinero que le debía, hasta que apareciese alguien que los comprara.

De la esclavitud que significa la deuda se fue consciente desde la antigüedad y algunos pueblos como los sumerios, babilonios y asirios trataron por diversos procedimientos de evitar que ese tipo de esclavitud acabara con ellos. Incluso hay una palabra que nació para referirse a un momento en el que las deudas se anulaban para que no siguieran creciendo sin cesar, jubileo.

Esta palabra proviene de yobel que en hebreo era el cuerno de un carnero que se utilizaba para anunciar la fiesta que se celebraba cada cincuenta años y en la que se anulaban las deudas y se devolvían las tierras a quienes las habían tenido que vender antes, para que la pobreza y la desigualdad no siguieran creciendo por su causa. Se usó en la Biblia y fue traducida al latín por iubilare, que eran los gritos de alegría de los pastores, de modo que la palabra jubileo terminó significando alegría o gozo.

Los jubileos de la deuda se han producido casi siempre. El Código Hammurabi, de 1750 años antes de Cristo, también obligaba a cancelar las deudas en tiempos de inundaciones o sequías y todos lo gobernantes de la dinastía babilonia comenzaban su reinado anulando las deudas agrarias. También se encontraba en la Ley de Moisés y en Roma, Julio César estableció también diversos procedimientos para evitar que la deuda no ahogara por completo a los deudores.

Desde hace años vivimos en una economía que funciona impulsada principalmente por la deuda debido a cinco razones principales.

  • Se han impuesto políticas que disminuyen constantemente la masa salarial. Con menos capacidad adquisitiva, las familias tienen que recurrir permanentemente a la deuda. Y con con menos masa salarial, las empresas que producen bienes y servicios tienen menos ingresos y también han de endeudarse constantemente.
  • Desde los años setenta del siglo pasado, los bancos privados consiguieron que se estableciera la prohibición de que los bancos centrales financien a los gobiernos sin interés. Al prestarles ellos el dinero con los intereses más altos posibles, la deuda pública se ha disparado. Como he repetido muchas veces, desde 1995 a la actualidad, todo el incremento de la deuda pública en la totalidad de la Unión Europea corresponde a intereses y así ocurre en otros países.
  • Los bancos privados tienen el privilegio de crear dinero de la nada cada vez que conceden un préstamo (quien tenga dudas de esto puede leer cómo lo explica el Banco de Inglaterra aquí). Y es lógico que utilicen todo el poder económico y político que eso les proporciona para expandir el negocio lo más posible: ¿quién no ha vivido la experiencia de las tasadoras de los bancos aumentando el precio de las viviendas o el suelo que se iba a hipotecar o la de recibir préstamos por más del valor de la vivienda que se hipotecaba?
  • Los títulos de la deuda no se quedan quietos, guardados en un cajón cuando se emiten, sino que, gracias a las nuevas tecnologías, se pueden volver a comprar y a vender miles de veces por segundo en los mercados financieros creando nuevos títulos (productos derivados se llaman) que a su vez se compran mediante operaciones de crédito que aumentan sin cesar el volumen total de la deuda.
  • Finalmente, resulta que la deuda se alimenta a sí misma. Un préstamo al 7% por ciento de interés se duplica en diez años, y eso quiere decir que quienes se endeudan pasan todo la mayor tiempo pagando intereses. Hoy día los gobiernos,y muchas familias y empresas, tienen que emitir deuda constantemente para pagar los intereses de la deuda anterior.

El crecimiento de la deuda en todo el mundo es espectacular y no hace falta ser un premio nobel de economía para darse cuenta de que lo hace alimentándose a sí misma, puesto que crece muchos más que la producción. De 1997 a 2007 el PIB mundial creció un 28,1% y la deuda un 131%, 4,6 veces más. Y de 2007 a la actualidad el PIB mundial ha aumentado un 14,4% y la deuda un 44%, el triple.

La deuda crece tanto que se ha llegado a producir una paradoja: no hay dinero en el mundo para pagarla puesto que es dos veces y media más voluminosa (unos 257 billones de dólares) que toda la cantidad de dinero que hay en la economía mundial (algo menos de 100 billones).

Las políticas de austeridad que se imponen a los gobiernos con la excusa de que así podrán pagar la deuda son una farsa. Nunca podrá llegar a pagarse por completo por muchos recortes que hagan. Lo único que se consigue con ellos es que la deuda siga aumentando, que es justamente lo que buscan quienes se hacen cada día más ricos con ella, los bancos.

Y ya he señalado que la mayor parte, por no decir toda, de ese crecimiento vertiginoso corresponde a intereses: más de 300.000 millones de euros están pagando cada año la totalidad de los países europeos por ese concepto y Estados Unidos pagó 574.000 millones de dólares en 2019.

Hace unos años, cuando terminé de dar una charla sobre estos temas y defendí que era necesario cortar de raíz el incremento absurdo de la deuda mundial a base de pagar intereses a los bancos privados, uno de los asistentes intervino y me dijo: “profesor, es usted un iluso si propone que se dejen de pagar las deudas en el capitalismo. Hasta los católicos han dejado de decir en el Padrenuestro perdona nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores y ahora dicen que lo que hay que perdonar son las ofensas”. Lo comprobé y así era, pero cuando investigué vi con alegría que la Iglesia Católica no parecía ser del todo un enemigo de mi propuesta. El Papa Juan Pablo II había propuesto que se celebrara un Jubileo Universal en el año 2000 que acabara con la deuda externa de los países más pobres. Y en febrero de 2016 el Papa Francisco precisamente recordaba a los peregrinos el sentido del jubileo de los israelitas, el del diezmo que prescribía que “la décima parte de la cosecha, o de lo proveniente de otras actividades, fuese dada a quienes estaban sin protección y en estado de necesidad”, o la ley “de las primicias” que obligaba a dar “la primera parte de la cosecha, la parte más preciosa” a quienes no poseían nada.

El Papa Francisco dijo en aquella intervención de hace justo cuatro años: “¡Cuántas familias están en la calle, víctimas de la usura! Por favor, recemos porque en este Jubileo el Señor elimine del corazón de todos nosotros este deseo de tener más, la usura. Que se vuelva a ser generosos, grandes. ¡Cuántas situaciones de usura estamos obligados a ver y cuánto sufrimiento y angustia llevan a las familias! Y muchas veces, en su desesperación, muchos hombres terminan en el suicidio porque no lo soportan y no tienen esperanza, no tienen la mano extendida que les ayude; sólo la mano que viene a hacerles pagar los intereses. Es un grave pecado la usura, es un pecado que grita en la presencia de Dios”.

Yo creo que sus palabras no tiene sólo un sentido religioso sino elementalmente ético. Sea cual se nuestra creencia, tengamos o no fe en cualquier dios, lo cierto es que estamos siendo esclavos de la deuda y de sus intereses. No hay derecho a que cuando la gente está muriendo por falta de recursos, como ahora, cuando la economía se bloquea y se paralizan las fuentes de creación de ingresos, la única solución que encuentren nuestras autoridades, y muy en particular los dirigentes de la Unión Europea, sea crear más deuda con interés para que se enriquezcan los bancos y para que el día de mañana seamos todavía más esclavos que ahora. Es imprescindible establecer un jubileo universal de la deuda. Otro día explicaré cómo se podría hacer para que sus consecuencias no sean peor que el problema que se trata de resolver. Si no lo hacemos por convicción moral, guiados por una ética elemental de la vida y del amor a los demás, al menos, autoridades de todo el planeta, banqueros de todo el mundo, háganlo por puro egoísmo, porque en la red de la deuda también perecerán ustedes sus hijos o sus nietos.

https://blogs.publico.es/juantorres

Fernando Savater: «En un país que valora el PIB y no la cultura, el producto interior será cada vez más bruto»

El pensador, confinado como todos los españoles, reflexiona sobre el valor de la cultura en este trance

Fernando Savater

Hablar con Fernando Savater (San Sebastián, 1947) siempre es un lujo. En estos días de pandemia y confinamiento, todos valoramos mucho el contacto con lo que nos hace más llevadero el encierro. La cultura, los libros, el cine, todo nos ayuda, como la tecnología, a no caer en el hastío.

—¿Qué papel tiene la cultura, esa trama de referencias y relaciones, en nuestra actual situación de aislamiento?

—Yo siempre he dicho que lo que diferencia a una persona culta de una persona inculta es que las personas cultas necesitan mucho menos dinero para pasar los fines de semana o las vacaciones. El inculto es como esos países que tienen que importarlo todo. Alguien culto disfruta con cosas económicas, como son los libros, o la música, etcétera, que no son ni mucho menos las cosas más caras que hay. Pero además de eso es que la persona culta es capaz de crear cosas.

—¿Crear?

—Claro, en un paseo va creando el paisaje, va sacando cosas de lo que lee, reflexiones sobre lo que vive. La palabra poeta significa creador. Uno no puede hacerse más grande más que por dentro. Uno no puede ocupar más espacio físico, pero uno por dentro sí puede ampliarse. Hay personas que dentro de sí mismas viven en habitaciones suntuosas, magníficamente amuebladas. Y eso es lo más importante, que el alojamiento interior esté bien amueblado, bien ventilado, que sea amplio, para poder dar grandes vueltas por ahí. La cultura es eso lo que nos da.

La tecnología se ha demostrado como un elemento muy positivo.

—Por supuesto. La gente que acusa a la tecnología es boba. La cursilería o el esnobismo de todos esos que dicen «yo no me compro un iphone», «yo veo nunca la televisión»… son tonterías. Todo se puede utilizar mal, también los libros se pueden utilizar mal. Las tecnologías nos abren una capacidad asombrosa de datos, de recuerdos, de la posibilidad de buscar… Es tan rico que no se puede resumir.

«La cultura que el Estado tiene que defender y proteger es la cultura de la democracia»

—¿Qué le parece que músicos y escritores ofrezcan sus obras por redes?

—Han abierto un ágora extraordinaria, todos vivimos ahí, comunicados gracias a estos mecanismos. Imagínate tú todo esto del encierro si no tuviéramos la posibilidad de comunicarnos con los demás. En fin, si tuviéramos que mandar cartas, ahora que hasta han suspendido el servicio de correos. No quiero ni imaginarlo. La tecnología actual es una aliada extraordinaria de la cultura.

—¿Está bajo amenaza la globalización?

—La amenaza existe porque los aspectos positivos de esa globalización están hechos por personas, y si esas personas están confinadas, enfermas, eso empeora. La globalización no tiene piloto automático, salvo en sus aspectos menos interesantes, menos positivos. En los aspectos positivos somos las personas las que estamos aportando los contenidos, las creaciones nuevas, las vinculaciones más originales…

—Dicen que las dictaduras manejan mejor esta crisis. ¿Está en cuestión el estándar de libertades europeo?

—Siempre hemos sabido que hay una vinculación negativa, que cuando sube una baja otra, entre la libertad y la seguridad. Todos aceptamos una serie de restricciones a la libertad porque la seguridad es una parte importante que funda la libertad. En el fondo creemos que somos libres si estamos en una situación de perfecta seguridad. Lo que hacen los autoritarios es decir «no le va a pasar a usted nada, salvo lo que le haga yo». La persona que vive en un mundo libre tiene cientos de amenazas posibles, pequeñas pero posibles, a su alrededor. El que vive en una dictadura, en cambio, no tiene más que una, pero muy grande, que es el propio dictador. Hay países asiáticos en los que se está llevando el control hasta el punto de que la persona está cada vez más atrapada y sobre todo tiene menos margen de invención personal, porque todo está determinado desde el exterior.

—¿Esto va a cambiar la forma de relacionarnos físicamente?

—Seguro. Pero a lo largo de la historia ha habido muchas pestes y muchas epidemias y no han acabado con el hecho de que los seres humanos sigan asistiendo a actos públicos. Tampoco exageremos. Si no acabaron con el teatro griego tampoco deberían acabar con el actual… Y en la Edad Media hubo una peste terrible y la gente siguió reuniéndose en las iglesias.

—Alemania, que en 2008 no hizo recortes culturales, proclama que la cultura es estratégica. En España todavía no hemos hecho nada así.

—Yo creo que, primero, en un estado democrático e ilustrado, como queremos ser los estados europeos, la cultura evidentemente tiene que ser un sector prioritario, de los fundamentales. Francia siempre ha tenido una especie de interés fundamental por la cultura, y protege a los escritores, protege a los creadores. Eso es una señal de civilización. Que en un país solo se valore la fabricación de máquinas o solo se valore el PIB y no la cultura… Pues bueno, en efecto el producto interior será cada vez más bruto.

—¿Y en España hay esa mentalidad de protección de la cultura?

—Pues no, yo creo que no lo hay. Y además no lo hay con un agravante: se ha creado un uso folclórico-nacionalista de la cultura. La cultura se utiliza fundamentalmente en cada una de las autonomías como mecanismo de refuerzo político de identidades más o menos supuestas. En fin, para reforzar un poco la diferencia con los demás, cuando la cultura, precisamente, tiene la función de acercarnos a los otros y darnos cuenta hasta qué punto todos los humanos compartimos cosas. La humanidad es una tarea común. En cambio, aquí, en España, hay un uso diacrítico de la cultura: para separarla de las demás y decir «la cultura mía es así».

—Nadie se ha preocupado por construir en España una cultura común.

—La cultura que el Estado tiene que defender y proteger es la cultura de la democracia. Igual que la identidad que es importante en estos países es la democrática, no la territorial. El problema es que no se ha creado una idea de qué es ser un ciudadano demócrata en nuestro país. La idea de ciudadanía no se entiende, y eso es quizás el fallo mayor de la cultura democrática.

https://www.abc.es/cultura

 

Transforman el coronavirus en música para estudiarlo mejor

A cada aminoácido de la proteína espiga, que permite al virus adherirse a las células para infectarlas, corresponde una nota musical diferente

Noticias de Virus - ABC.es

Un equipo de investigadores del Instituto de Tecnología de Massachussetts (MIT) ha conseguido transformar en sonido la estructura de la proteína «spike» (pico o espiga en español), que permite al coronavirus adherirse a las células para infectarlas. Hasta ahora, habíamos podido ver cientos de imágenes del SARS-CoV-2, pero nunca habíamos tenido la ocasión de oírlo.

Los distintos sonidos que puede escuchar en el vídeo de arriba (campanas, instrumentos de cuerda, flautas) representan diversos aspectos de la proteína, que sobresale en «picos» de la superficie del virus haciéndole parecer una corona (de ahí el nombre de coronavirus).

[Puedes escuchar el audio completo aquí]

Como sucede con todas las proteínas, también esos «picos» están hechos de combinaciones de aminoácidos. Utilizando una novedosa técnica llamada «sonificación», los científicos del MIT asignaron a cada aminoácido una nota única en una escala musical, convirtiendo la proteína completa en toda una partitura.

Los aminoácidos tienden a enrollarse formando hélices o a estirarse como láminas. Los investigadores capturaron esas características alterando la duración y el volumen de las notas. Las vibraciones moleculares debidas al calor también tienen sus propios sonidos.

¿Pero para qué puede servir transformar un virus en música? Por supuesto, no se trata de un simple ejercicio sin utilidad práctica, sino que el nuevo formato sonoro puede ayudar a los científicos a encontrar lugares en la proteína donde los anticuerpos del sistema inmune o los medicamentos puedan acoplarse. Eso se consigue con solo buscar secuencias musicales específicas que correspondan a esos lugares específicos. La técnica, explican los investigadores, es mucho más rápida e intuitiva que los métodos tradicionales que se utilizan para el estudio de proteínas, como por ejemplo el modelado molecular.

Los autores añaden que al comparar la secuencia musical de la proteína espiga con una base de datos de otras proteínas sonidificadas, sería posible algún día encontrar una que pueda adherirse directamente a ella, quitando así al virus su capacidad para infectar células.

En cuanto a los instrumentos, se eligieron según el gusto de los propios científicos, que los fueron seleccionando uno por uno según sus preferencias.

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Nunca habíamos sabido tanto de nuestra ignorancia, dice el filósofo Jürgen Habermas

Nunca habíamos sabido tanto de nuestra ignorancia, dice el filósofo Jürgen Habermas

 

El filósofo y sociólogo alemán Jürgen Habermas dijo, en declaraciones que publica este sábado el diario Kölner Stadt-Anzeiger, que “nunca habíamos sabido tanto de nuestra ignorancia”, como ahora ante la crisis del coronavirus.

“Una cosa se puede decir: nunca habíamos sabido tanto de nuestra ignorancia ni sobre la presión de actuar en medio de la inseguridad”, dijo Habermas.

Según Habermas en nuestras sociedades complejas nos enfrentamos permanentemente a grandes inseguridades “pero estas aparecen de forma local y no simultánea y son resueltas en uno u otro subsistemas de la sociedad por expertos”.

“Ahora en cambio la inseguridad existencial es global y simultánea y está incluso en la cabeza los individuos conectados a las redes de comunicación”, dijo.

“Cada individuo aislado es informado de los riesgos de la pandemia porque para luchar contra ella el autoaislamiento del individuo es la variable más importante en consideración de los sistemas sanitarios saturados”, agregó.

Además la inseguridad no sólo se refiere a la lucha contra la pandemia también a las consecuencias económicas y sociales que son impredecibles.

A diferencia de lo que ocurre con el virus, en lo relativo a las consecuencias económicas hay expertos que puedan estimarlas con seguridad.

“Los economistas y los sociólogos tienen que tener cuidado con pronósticos imprudentes”, advirtió.

Habermas, de noventa años, es uno de los filósofos más destacados de Alemania y es considerado como un heredero de la llamada Escuela de Fráncfort, cuyos principales representantes eran Thedor W. Adorno y Max Horkheimer.

El último libro de Habermas, “También una historia de la filosofía”, gira alrededor de las relaciones entre las creencias y el conocimiento.

Habermas, en la entrevista, sostiene que su libro puede arrojar luces a uno de los dilemas de la actual crisis que es tratar de compaginar la lucha contra la pandemia con el esfuerzo de minimizar las consecuencias económicas de las medidas restrictivas.

La historia de la filosofía, según como la interpreta Habermas, lleva a la idea de la dignidad de cada individuo de la especie humana y a la igualdad de derechos entre todo ellos.

“Eso es algo que no tiene nada de trivial como lo muestra la actual crisis”, dijo el filósofo.

“En el desarrollo de la crisis se ha visto algunos políticos que vacilan en basar su estrategia en el principio de que el esfuerzo del estado por salvar la vida de todos sus ciudadanos debe tener prioridad frente al cálculo utilitarista de las consecuencias económicas que puede tener esa estrategia”, agregó.

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Cuidadora

No queremos la salud para volver a enfangarnos en formas de vivir que solo son formas de producir y reducen nuestros cuerpos a carne de enfermedad y pasto de adicciones

Una sanitaria agradece el homenaje cotidiano de la ciudadanía desde la Fundación Jiménez Díaz.
Una sanitaria agradece el homenaje cotidiano de la ciudadanía desde la Fundación Jiménez Díaz. JOAQUIN CORCHERO / EUROPA PRESS

 

Sin pelo no hay alegría y, sin salud, no hay prosperidad ni hostias. Resultaba bastante imprevisible que un bicho atacase nuestro obtuso sistema inmunitario para frenar nuestras inercias en seco y aletargarnos igual que las hadas buenas de La bella durmiente dejan grogui a todo un reino para fingir que el tiempo no pasa amortiguando así la percepción del horror. Tenía que llegar este bicho para que comenzáramos a formularnos preguntas filosóficas, sociológicas, económicas, pertinentes. Hacía falta que un virus nos tatuara en la piel la entropía, las ventajas ecológicas de la desaparición de la especie humana y la imposibilidad de controlarlo todo. Un virus, con incorrectísima violencia educativa, nos abre las puertas de la razón o el tercer ojo —Lobsang Rampa nos hizo daño— a la certeza de que nuestros mayores problemas universales, según fuentes publicitarias, no son ni estreñimiento ni neurosis.

No obstante, igual que sin salud de poco sirven lápiz, martillo o aguja, también es cierto que los sistemas económicos inhumanos, orientados por la brújula de la desigualdad y el acaparamiento de objetos brillantes en el nido de la urraca, nos convierten en personas workahólicas, enfermas, medicadas: ni siquiera nos permitimos elogiar la pereza en pleno confinamiento y buscamos hiperactivamente recursos para no dejar de producir imagen, marca, promesas de futuro. El integrismo capitalista mina la salud y nos destruye: primero a los individuos vulnerables, expuestos a la intemperie, luego a todos los demás. Por eso, cuando observo cómo la derecha planetaria intenta hacer política a medio plazo esgrimiendo el hambre que pasarán autónomos y autónomas, o exaltando las buenas acciones de las empresas privadas frente a la inoperancia de un sector público al que se ha precarizado durante décadas quirúrgica y minuciosamente; cuando veo cómo se alarman ante las orejas del lobo de hipotéticas nacionalizaciones mientras vuelven a elogiar la beneficencia que baña de bondad a los reyes midas, los futbolistas con boca de hierro y otros deportistas, que también durante décadas no tributaron en este país, y después organizan fundaciones solidarias porque la pasta les sale por las orejas —de lobo con piel de corderito—; cuando me percato de esa malversación de los fondos del sentido común, se me dilatan las pupilas y, como los animales —cisnes, oseznos, jabalíes—, tomo la calle para gritar que no queremos la salud para volver a enfangarnos en formas de vivir que solo son formas de producir y reducen nuestros cuerpos a carne de enfermedad y pasto de adicciones. Tenemos que decidir qué echamos de menos y qué de más. No incurrir en los mismos errores. A primeros de abril, Naomi Klein, autora de La doctrina del ‘shock’, concedía una entrevista a El Salto: “La gente habla sobre cuándo se volverá a la normalidad, pero la normalidad era la crisis”. Se impone la idea del cuidado no solo a escala doméstica, sino a una escala pública y estatal. Cuidados que nos salven de la crueldad de los mercados, la vida a crédito, la lengua fuera, y de la amnesia europea respecto a uno de sus principios comunitarios fundadores: el concepto de solidaridad forzada que en Alemania o en Holanda confunden con rescates flojitos. Dios y diosa aprietan y, en este caso, además ahogan.

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Curas contra el coronavirus

Archivo:Bela lugosi dracula.jpg - Wikipedia, la enciclopedia libre

En su brillante intervención de hace dos semanas en el Congreso de los Diputados, Santiago Abascal advirtió que debíamos convertirnos en un país avanzado científica y tecnológicamente “con la ayuda de Dios”. Reclamar los avances científicos a base de rosarios y procesiones puede sonar contradictorio a estas alturas del siglo XXI, pero en muchas cuestiones España no ha pasado todavía del XIX y en otras del XVII. Eso con suerte porque en algunas zonas del extremo centro no ha pasado de Atapuerca.

Aquí se pide la ayuda del cielo incluso en las peores circunstancias, como demuestra la historia de aquel miliciano ingenuo que, en plena guerra civil, entró a una reunión del comité revolucionario y saludó a todos los presentes: “Buenos días nos dé Dios”. El hombre se llevó una bronca tremenda y a punto estuvo de que lo fusilaran por mentar al Santísimo ante un retrato de Lenin, de manera que tuvo que salir, volver a entrar y repetir el saludo con la fórmula habitual: “Buenos días, camaradas”. Esta vez el jefe lo felicitó diciendo: “Muy bien, a ver si aprendemos a dar los buenos días como Dios manda”.

De acuerdo a estas coordenadas metafísicas, la campaña contra el Covid19 en España se mueve entre el fenómeno y el noúmeno, con médicos y científicos quemándose las pestañas en los laboratorios para ultimar un tratamiento efectivo contra la enfermedad y sacar a tiempo una vacuna, mientras los sacerdotes rezan a toda hostia, impartiendo bendiciones a diestra y siniestra. Una cosa no quita la otra, piensan muchos, pero cuando llega el momento de la verdad no los ves acudiendo a la iglesia sino al hospital. Una vez discutí en televisión con un cura que bramaba contra la cirugía estética y le pregunté qué le importaba a él que alguien quisiera ponerse unas tetas o arreglarse un labio leporino o una nariz torcida. Cuando me replicó que cada uno tiene que conformarse con lo que Dios le dio, yo le señalé, con mucha humildad, si era Dios quien le había proporcionado sus gafas.

En Sax, Alicante, el cura de la parroquia, Alfredo Bartá, se puso a bendecir con el Santísimo Sacremento las calles de la localidad, siguiendo el ejemplo de más de un sacerdote italiano. Lo hizo escoltado además por una patrulla de la guardia civil, por si el coronavirus se desmandaba y había que reducirlo a tiros. En México fueron un paso más allá y el arzobispo de Toluca se montó en un helicóptero para extender la bendición hasta donde alcanzara la vista.

Dejando aparte el ridículo medieval de estas actuaciones, se ve que estos clérigos no entienden nada de teología, puesto que el Covid19 también es una criaturita del Señor, como los terremotos, los meteoritos, el cáncer infantil y el tigre de Bengala. Ojalá no acaben como aquel cura del chiste de Eugenio, que en medio de la selva se tropieza con una manada de leones, cae de rodillas y reza: “Oh Dios mío, infunde sentimientos cristianos en estas bestias”. Entonces uno de los leones se arrodilla, junta las zarpas y dice: “Señor, bendice estos alimentos que vamos a tomar”.

La imagen de eclesiásticos en pleno siglo XXI esgrimiendo símbolos religiosos contra una epidemia mortal evoca la célebre estampa de Van Helsing alzando un crucifijo contra Drácula. En una de las mejores versiones cinematográficas del mito, y de las más antiguas, creo que el vampiro era Bela Lugosi y retrocedía amedrentado ante la visión no de una cruz sino de unas gafas.

DAVID TORRES

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El laurel

Entre las nubes de abril se ha producido una herida de sol que ilumina aquel castillo en el que ahora estás encerrado por la pandemia

El laurel

Las nubes de abril vienen y van, el cielo se abre y se cierra, de pronto en el nublado se produce una grieta como una herida por donde el sol se desangra y poco después vuelve la sombra a llenar toda la ventana. Así es también de cambiante el ánimo de cuantos, confinados en casa, esperamos que un día, no lejano, vuelva la luz a colgarse del balcón en señal de victoria. Si una tarde durante el encierro repasas el álbum de fotos, puede que esas imágenes que entonces te parecían anodinas te hagan saltar las lágrimas. ¿Eres tú ese niño de siete años que está en la cala pescando cangrejos, desnudo, con un sombrerito de paja? ¿Eres tú ese chaval que dispara con un rifle amañado en un barracón de feria? No has olvidado el nombre de esa niña que está a tu lado, con la que cruzaste las primeras palabras de amor. Ella te mira sonriendo mientras tratas de tumbar el patito que el feriante te premiará con un paquete de cigarrillos Bubi. En el álbum se suceden las fotos de amigos de la peña en una mesa llena de copas, las de aquellos días felices en la primera Ibiza con la pequeña barca de vela cangreja, las del viaje con la novia a Florencia. En efecto, esas imágenes vulgares hoy te parecen un milagro, como lo fueron en medio de una posguerra miserable las azules y soleadas olas del mar de tu infancia. En una foto estás en la almena de un castillo junto a un laurel que ha brotado en una grieta entre sus sillares corroídos cuya semilla fue transportada por el viento o los pájaros. Puede que ahora seas un viejo. Basta con mirarte al espejo. Cada una de esas grietas de tu rostro tiene su historia, un amor, una deserción, una victoria. Entre las nubes de abril se ha producido una herida de sol que ilumina aquel castillo en el que ahora estás encerrado por la pandemia. Si un día sales a la calle sano y salvo corónate con aquel laurel que guardas en tu memoria.

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