Descubren cuál es el volcán más gigantesco de la Tierra

El volcán Pūhāhonu, a casi 1.000 kilómetros al noroeste de Honolulu, ha desbancado al Mauna Loa. Curiosamente, apenas sobresale del oceáno unas decenas de metros

Descubren cuál es el volcán más gigantesco de la Tierra

Probablemente al pensar en un volcán se imaginará un estratovolcán, como el Teide o el Vesubio, una montaña cónica formada por muy violentas erupciones. Pero la realidad es mucho más compleja: la mayor parte de la lava generada en el planeta se libera a través de fisuras sumergidas en el océano. Además, la inmensa mayoría de los volcanes de la Tierra está en el Anillo de Fuego del Pacífico, un costurón de 40.000 kilómetros de largo que recorre las cosas de América, Japón y Nueva Zelanda: Allí se acumulan 425 volcanes, el 75% de todos ellos, y ocurren el 90% de los terremotos.

Por eso, a la hora de identificar el mayor volcán de la Tierra no basta con fijarse en la montaña más alta: hay que tener muy en cuenta la parte que queda sumergida bajo el mar o incluso en el subsuelo. Por eso, un grupo de investigadores de la Universidad de Hawái en Manoa, Honolulu, ha podido identificar cuál es el volcán más enorme de la Tierra: se trata de Pūhāhonu, un volcán sumergido situado al noroeste del archipiélago de las Hawái, en Estados Unidos. Sus conclusiones se han publicado recientemente en « Earth and Planetary Science Letters».

«Nuevos datos batimétricos –de las profundidades– y los mapas de gravedad, así como cálculos más refinados sobre el volumen y los análisis de petrología –estudio de la composición de las rocas– muestran que el volcán Pūhāhonu es el mayor y el más caliente de la Tierra», han escrito los autores del estudio, dirigido por Michael O. García.

La tortuga que sale a respirar

Desde la superficie, Pūhāhonu no es muy espectacular. Quien navegue por sus cercanías, a 952 kilómetros al noroeste de Honolulu, solo verá dos islotes, que apenas se elevan 50 metros sobre el nivel del mar y en los que solo recalan las gaviotas y los seres que viven incrustrados en las rocas. Su humilde porte explica que su nombre signifique «tortuga emergiendo para respirar», en hawaiano.

La humilde cumbre del volcán Pūhāhonu, 952 kilómetros al noroeste de Honolulu, Hawái
La humilde cumbre del volcán Pūhāhonu, 952 kilómetros al noroeste de Honolulu, Hawái – NOAA

Pero en la oscuridad, bajo las aguas, se esconde la más monstruosa «panza» de magma que se haya observado hasta ahora en el planeta. Los análisis han revelado que su tamaño es casi dos veces superior al de Mauna Loa, otro volcán hawaiano que hasta ahora era considerado como el mayor de la Tierra y que se eleva casi nueve kilómetros sobre el suelo oceánico, más que el Monte Everest.

De hecho, los investigadores han situado el volumen de Pūhāhonu entre los 119.000 y los 177.000 kilómetros cúbicos, mientra que Mauna Loa tiene 74.000. Es decir, Pūhāhonu puede ser hasta dos veces mayor que el que hasta ahora se pensaba que era el mayor volcán.

Tan masivo que dobla la corteza

Pūhāhonu apenas sobresale «para respirar», pero sus raíces se adentran mucho en las profundidades. Los investigadores han concluido que solo el 30% de su volumen sobresale en el suelo marino, mientras que el resto está oculto más abajo. De hecho, han concluido que la masa del volcán es tan enorme que ha hundido la corteza terrestre unos cuantos kilómetros, en el curso de los 14 millones de años en los que se formó.

En rojo, la masiva acumulación de magma del volcán Pūhāhonu
En rojo, la masiva acumulación de magma del volcán Pūhāhonu – Michael O.Garcia et al. 2020

La presencia de olivino y otros minerales en algunas rocas sugiere, según los autores, que el magma de este volcán estaba muy caliente, a cerca de 1.700ºC, más que cualquier otro volcán hawaiano. Esto es una importante pista que indica cuál pudo ser el origen del Pūhāhonu.

El espectacular origen de Hawái

Para comprenderlo hay que situarle en su contexto. El archipiélago de Hawái forma parte de uno de los sistemas volcánicos más estudiados: la Cadena de montes submarinos Hawái-Emperador. Este sistema es resultado de un «punto caliente»: una zona donde una pluma mantélica, una especie de fisura por la que ascendieron materiales muy calientes del interior del planeta, fue atravesando la corteza terrestre y creando volcanes.

Curiosamente, mientras que la pluma estuvo más o menos en el mismo punto, la placa tectónica del Pacífico se fue moviendo, de forma que la pluma fue creando una cadena de montañas submarinas de 6.200 kilómetros de largo que van desde Hawái a las islas Aleutianas, cerca de la costa oriental de Rusia. Allí hay cuatro voclanes activos, dos dormidos y 123 extintos: la mayoría de ellos tiene el aspecto de atolones o montañas marinas.

Según lo que han observado estos investigadores, el magma alcanzó temperaturas que indican que el proceso que hizo nacer a Pūhāhonu ocurrió de una sola vez: una única «onda» de magma ascendió, aumentó el diámetro del núcleo de material y creó una capa aislante que aumentó más las temperaturas.

Una pluma de 2.000 kilómetros de profundidad

Los investigadores reconocen que la Cadena de montes submarinos Hawái-Emperador es uno de los lugares donde mejor se ha estudiado el efecto de una pluma mantélica sobre la superficie. Pero argumentan que todavía hoy se pueden seguir descubriendo interesantes detalles sobre esta parte tan relevante del planeta, para alcanzar «una comprensión más completa de la mecánica y la evolución térmica de las plumas del manto».

Se estima que la pluma de este punto caliente tiene de 500 a 600 kilómetros de ancho y hasta 2.000 kilómetros de profundidad. En sus 85 millones de años de actividad, ha creado unos 750.000 kilómetros cúbicos de roca. Una minúscula parte de ellos hoy es el mayor volcán de la Tierra: su nombre es Pūhāhonu.

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El robo de la bandera

Manifestación contra Sánchez en Madrid: PP, Ciudadanos y VOX, en ...

El último de los enjundiosos debates que nos está dejando la pandemia tiene que ver con la bandera, después de que distintos sectores de la izquierda hayan reparado en que la enseña que guardaron hace décadas bien dobladita junto a los pantalones de campana ha desaparecido del cajón de los trapos olvidados. Ha sido al ver su exhibición en las recientes concentraciones de ultraderecha cuando han denunciado, si no el robo con escalo, sí su apropiación indebida y se han propuesto recuperarla para darle uso porque, la verdad sea dicha, estaba casi a estrenar.

Considerada desde el primer momento como lo que fue, una obligada herencia del franquismo, con este símbolo nacional siempre han existido grandes controversias, al punto de que buena parte de la población ha evitado exhibirla salvo en acontecimientos excepcionales, tal que la final de algún Mundial, para no ser tildada de facha o sufrir intensos ataques de vergüenza. Desde Carrillo a Pedro Sánchez, que en su día protagonizó una perfomancemuy yanki con la rojigualda a sus espaldas, todos los intentos de rehabilitar el paño han sido infructuosos.

Desde la izquierda, el más decidido a enarbolarla ha sido Iñigo Errejón, aunque siempre dentro de una formulación puramente teórica. Ya en su última etapa en Podemos, el de Más País consideraba que fuerzas políticas patrióticas y populares como la que pretende ser la suya no debían resignarse a prescindir de este símbolo que la derecha ha patrimonializado. “Eso es un trabajo cultural y político lento”, explicaba el hoy diputado hace año y medio en una entrevista en ctxt.es, y la prueba de esta parsimonia es que ni él mismo se ha atrevido desde entonces a airear el pendón patrio y colocarlo en lugar prominente en sus actos públicos.

¿Que la derecha en general y su versión ultra y cavernaria en particular se han apropiado de lo que debía ser del conjunto? Sin duda. Pero también es cierto que en cuestión de apropiaciones todo el monte ha sido orégano. Lo ha hecho la izquierda con la bandera republicana, como si no se pudiera ser republicano y de derechas, y con distintos movimientos sociales como el feminismo o la lucha LGTBI. Nadie está libre de pecado para lapidar al adversario sin recibir por su parte alguna que otra justificada pedrada.

Con la salvedad de nacionalistas e independentistas, que han conseguido que la bandera les represente a todos al margen de que quien la ondee sea de izquierdas o de derechas, los demás venían aceptando hasta ahora un estado de cosas que, desde luego, no contribuía a acrecentar el sentimiento nacional pero, al menos, evitaba que, por error, uno se metiera en el mitin equivocado en las campañas electorales. Algo es algo.

Han de vencerse tantas resistencias y superar tantos resentimientos que no parece sencillo que, a corto plazo, la izquierda pueda hacer suyo lo que históricamente ha sido más un símbolo de división que de unidad, aunque el intento es loable. Se proponía aquí hace algún tiempo como solución de compromiso abrir la paleta de colores y convocar un concurso de ideas para diseñar una nueva bandera y, ya de paso, un himno con letra antes de que, con tanto lala lala lalalalalalalá con el que disimulamos, llegue Massiel un día de estos y nos denuncie por plagio.

Hay quien dice que el patriotismo no gira en torno a las banderas, y lleva razón. Lo que no acaba de estar claro es que el patriotismo sea en realidad una virtud y no el recurso de quienes solo son capaces de vanagloriarse de una nación que, al fin y al cabo, nos ha tocado a cada uno en la rifa del nacimiento. Reservemos el amor para los que nos rodean y dejemos de padecer por unas telas de colores en cuyo nombre nos hemos venido matando periódicamente. Ni merecía la pena antes ni la merece ahora por muy sentimentales que nos pongamos.

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Rebatir a Vox es inútil

El portavoz de Vox en el Congreso, Iván Espinosa de los Monteros, montado en un autobús durante la congregación de coches y motos, con pancartas y banderas de España, por las calles de la capital en la manifestación de Vox para pedir la dimisión del Gobierno de Pedro Sánchez. E.P./Joaquin Corchero
El portavoz de Vox en el Congreso, Iván Espinosa de los Monteros, montado en un autobús durante la congregación de coches y motos, con pancartas y banderas de España, por las calles de la capital en la manifestación de Vox para pedir la dimisión del Gobierno de Pedro Sánchez. E.P./Joaquin Corchero

 

El 8M es la causa por la que España es el país del mundo con más muertos por coronavirus.

El Gobierno de Pedro Sánchez escondió lo que ya sabía del covid19 (que era una pandemia letal planetaria) desde enero, para utilizarla políticamente en su beneficio.

Habiéndolo escondido y consciente de la situación, Fernando Simón permitió que las feministas, quienes solo buscan desestabilizar el sistema, se manifestaran y contagiaran así a toda la población.

Los pasos dados por el Gobierno español se han basado en aprovechar la pandemia para crear una España a imagen y semejanza de las dictaduras de izquierdas del mundo, más concretamente la venezolana.

El covid19 es en realidad un virus creado en un laboratorio chino para usarlo como arma biológica para expandir el comunismo por el mundo.

Personajes poderosos de la izquierda disfrazada, en especial Bill Gates, han colaborado en la producción y expansión del virus para lucrarse después con la comercialización de una vacuna.

Han muerto más ancianos que ningún otro grupo de edad porque son las mujeres las que cuidan de ellos, y entre las mujeres que los cuidan, hay muchas engañadas por el feminismo con promesas perversas para que participaran en la marcha del 8M.

El pacto del Gobierno con Bildu pone en evidencia los pasos que está dando el Gobierno, obligado por Podemos, para establecer un régimen criminal aprovechando la pandemia. Y por eso la ocultó durante tanto tiempo.

Todas las anteriores son afirmaciones enunciadas en los últimos días por políticos y periodistas, en medios de comunicación. Por supuesto son mentira. El hecho de que yo me vea obligada a señalar que son mentira de una idea del embrutecimiento de ciertos sectores políticos y de comunicación. Pero no son solo una sarta de mentiras. Se trata de la expansión de un virus peor que el covid19: la brutalidad.

Para la propagación de la brutalidad, como para la de la paz o la solidaridad, o la propagación de odio, son necesarios los medios de comunicación. Los medios, que en aras de una supuesta “pluralidad informativa” o escudados en una idea idiota de “libertad de expresión”, le sirven de altavoz. Y prende. Prende entre una parte de la población. No importa si creen o no que el 8M es la causa de todos los males, no importa si creen que China nos ataca con armas biológicas. No es relevante que lo crean. Se trata de un arma, y la utilizan.

Sobre todo prende cuando no existe una respuesta general y contundente. No por parte de las redes sociales o de uno u otro individuo. La respuesta debe proceder de los propios medios de comunicación. Si no responden, consienten y por lo tanto participan de la mentira, de la espantosa bestia que vemos crecer a diario sobre todo en los últimos meses.

El momento en el que Iván Espinosa de los Monteros se quita la mascarilla en medio de la manifestación convocada por Vox y, hablando a cámara, exultante, se expresa: “Esto es impresionante. Lo más parecido que yo vi es cuando ganamos la Copa del Mundo. (…) Esto es una maravilla, realmente es increíble”.

Ese momento roñoso y violento que se levanta sobre miles de muertos y muertas es posible porque la mayoría de los medios de comunicación de este país han difundido las barbaridades que he enumerado al principio como si fueran sencillamente declaraciones políticas, y no patrañas pergeñadas para construir ignorancia, barbarie, y por lo tanto violencia.

En todas y cada una de las declaraciones de los políticos y las políticas de Vox hay una mentira y una promesa de violencia. Sin embargo, ahí están, difundidas sin sonrojo ni decencia por decenas de emisoras, periódicos, cadenas de televisión, canales informativos. Por eso, rebatirlas es tarea inútil.

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¿Cómo habría sido esta pandemia sin internet?

          

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Con la vida real en pause, llevamos semanas viviendo dentro de un ordenador. Los cables de la red son nuestro cordón umbilical con el mundo que hemos dejado atrás. ¿Qué es lo que ha permitido que el mundo digital aguante mientras el físico se ha roto en pedazos? ¿Cómo habría sido esta pandemia sin internet? ¿Cómo será el futuro después de esto? Metemos estas preguntas en el buscador y estos son los resultados que ofrece

PASADO: LA GUERRA ENTRE LOS ‘NETHEADS’ Y LOS ‘BELLHEADS’

El anarquismo funciona, al menos en su versión digital. La falta de una autoridad central, algo impensable en el mundo físico, es el secreto del éxito de internet. Esta libertad total es lo que permite que la red soporte incrementos de demanda imprevistos, lo que ha hecho que aguante aumentos de tráfico de hasta el 80% durante las últimas semanas. Tenemos que agradecer esta capacidad de adaptación a los netheads, un grupo de informáticos que luchó, en los albores de internet, porque ninguna corporación o gobierno pudiera hacerse con el control de la red.

Durante los últimos 40 años se ha dado una batalla entre dos grupos de ingenieros con conceptos opuestos de lo que debía ser la red. Una batalla que, a pesar de las implicaciones enormes que podría tener para todos, ha pasado relativamente desapercibida. Era un enfrentamiento entre el internet antagónico que soñaron los netheads y el que quisieron imponer los bellheads.

¿Cómo habría sido esta pandemia sin internet?

A grandes rasgos, los bellheads serían los ingenieros de las grandes empresas telefónicas, herederos de los paradigmas del Bell System (compañía telefónica estadounidense que controló las comunicaciones desde su fundación por Alexander Graham Bell hasta los años 80). Creían en el poder del hardware, los protocolos empresariales y en un riguroso control de calidad. Querían conectar los ordenadores a través de un sistema similar al que usan los teléfonos, con redes fijas de conexiones operadas por autoridades centrales que podrían controlar el acceso, establecer distintas tarifas por acceder a determinados servidores y páginas y cobrar lo que el mercado permitiera.

En el otro lado del ring estaban los netheads, los jóvenes que conectaron los primeros ordenadores del mundo para formar internet. Los netheads creían en el software inteligente, en un enrutamiento flexible y adaptativo que no entendiera de fronteras, países ni marcas. Estos son los ideales con los que se concibió internet y los que se han mantenido hasta ahora, a pesar de los embates de los bellheads.

Cuando te conectas a internet se busca automáticamente el camino más eficiente sin tener en cuenta su dueño. Es un enrutamiento anárquico, caótico y eficiente. Es lo que hace posible que alguien con un teléfono chino, conectado a una red española, pueda abrir sesión en un programa estadounidense para hablar con un amigo de Japón. Y todo en cuestión de segundos, sin necesidad de pasaportes, tasas o impuestos. Esto es posible gracias a que se impuso la visión de los netheads. De no haber sido así hoy estaríamos en un mundo muy distinto.

PRESENTE: ¿CÓMO SERÍA SOBREVIVIR AL CONFINAMIENTO SIN INTERNET?

Nuestro piso es una jaula; los barrotes de nuestro balcón se asemejan cada vez más a los de una prisión y los cables de la fibra óptica sirven de improvisada cuerda para tramar una huida mental. Nuestros salones se han convertido en colegios y oficinas; nuestros cuartos, en gimnasios, bares y consultas del psicólogo. Todo esto ha sido posible gracias a internet.

Durante la primera semana del estado de alarma en España, el tráfico de internet creció un 80%, según datos del Gobierno. El presidente, Pedro Sánchez, explicó este incremento exponencial por dos factores: «la expansión de todas las formas de teletrabajo y el recurso a todas las ofertas de entretenimiento a distancia». Antes de la pandemia, apenas 237.000 personas cursaban en España grados y másteres online. El 13 de marzo más de 10 millones de alumnos se sumaron a esta modalidad.

Igualmente llamativo resulta el caso del teletrabajo. En un país en el que esta modalidad apenas estaba implantada (solo un 4,3% de los trabajadores podía acogerse a ella, según datos de Eurostat), se obligó a que la excepción se convirtiera en norma. De la noche a la mañana (según un informe de Randstad) cuatro millones y medio de personas empezaron a trabajar desde sus casas, lo que supone el 22,3% de la población activa.

¿Cómo habría sido esta pandemia sin internet?

«Sin internet esto habría sido demencial», reconoce Enrique Dans, profesor de innovación y tecnología del IE Business School, «habría supuesto la interrupción de toda nuestra actividad». Dans explica cómo la red ha mantenido la productividad de colegios y oficinas, y lo hace tirando de experiencia personal: «Yo mismo sigo dando mis clases con el mismo horario y buenos resultados. Incluso tiene alguna ventaja; ahora puedo traer a invitados de todo el mundo sin preocuparme de que estén en Madrid».

A Dans le interesan no tanto las herramientas que se han popularizado durante el confinamiento como la forma en que las usamos, las adaptaciones que estamos haciendo. «Por ejemplo, hay alumnos que han empezado a usar un fondo virtual en Zoom con un vídeo de ellos mismos prestando atención, para engañar al profesor. O se ha establecido un protocolo digital en las reuniones; nos hemos acostumbrado a desconectar el micro si hay una reunión con mucha gente».

Pero lo laboral y lo académico son solo la punta del iceberg. «Internet está siendo crucial en nuestro ocio, en nuestra vida social», explica Dans. Las videollamadas para tomar el aperitivo con amigos se han convertido en el bar nuestro de cada día. El tiempo de ocio se ha llenado de series en streaming y videojuegos en línea. Las primeras estaban ya tan implementadas que algunas compañías, como Netflix o YouTube, tuvieron que reducir la calidad de sus vídeos en toda Europa.

Dans destaca el papel que han tenido estas compañías no solo durante la pandemia, sino en el momento inmediatamente anterior. «Es el efecto Netflix», explica; «antes, la gran mayoría de las empresas de teleco sobredimensionaban sus redes. Prometían 20 megas pensando que ibas a usar muchas menos, pero las compañías de streaming obligaron a redimensionar todas las redes y eso ha sido clave para que internet haya respondido tan bien a este aumento en la demanda».

Pero no todo es trabajar y ver la tele. De vez en cuando apetece roce. Y en tiempos de coronavirus el roce es, sobre todo, con uno mismo. La web de Pornhub aumentó su tráfico en un 61,3% el día 17 de marzo en España. Este furor del autoerotismo fue disminuyendo con los días, pero se han mantenido incrementos de en torno al 30%, especialmente durante los días laborables. Parece que hemos sustituido la pausa del café por un agradable rato a solas. O en compañía. Las apps de citas han notado un incremento de entre el 10 y el 30% en los mensajes enviados. El pasado 29 de marzo Tinder batió su propio récord registrando a nivel mundial más de 3.000 millones de swipes.

FUTURO: LA NUEVA NORMALIDAD SERÁ DIGITAL

¿Qué patrones y tendencias se mantendrán después del confinamiento? No hay una respuesta sencilla, pero Enrique Dans cree que el mundo digital ha cambiado para siempre. «Esto ha acelerado un cambio que ya estaba en marcha», zanja, «aunque hay cosas que desaparecerán con el confinamiento».

En primer lugar, las videollamadas perderán su importancia. En parte ya la han ido perdiendo durante estas semanas. «Son agotadoras y no siempre necesarias», opina el experto. Sin embargo, cree que su adopción masiva estas semanas ha hecho que un sector de la población que vivía ajeno a ellas les perdiera el miedo. El confinamiento ha acercado a los mayores a internet, lo ha democratizado. Hasta cierto punto.

Precisamente este es otro de los cambios que veremos en los próximos meses: la lucha contra la brecha digital. Si el acceso igualitario a la tecnología era una prioridad antes, en el contexto actual se ha revelado como algo tan necesario como la luz o el agua corriente, pues es el único instrumento que puede garantizar una educación pública en situación de confinamiento.

¿Cómo habría sido esta pandemia sin internet?

Respecto al teletrabajo, esta experiencia ha servido como prueba para muchas empresas. Parece difícil pensar en un mantenimiento total después del confinamiento, pero es igualmente inimaginable volver a las condiciones previas. Esto podría potenciar «acuerdos más flexibles con las empresas, lo que puede suponer ventajas a la hora de reducir la hora punta». Cita Dans en este momento un factor clave. Diversos estudios relacionan la contaminación con una mayor propagación del virus y todas las recomendaciones sanitarias predicen que el transporte público debería reducir considerablemente su capacidad. Estos datos hacen prever un auge del teletrabajo fomentado desde la administración pública.

Dans considera que lo que cambiará con el fin del confinamiento no será el uso de estas herramientas, sino la forma en la que las concebimos. «Ahora mismo son un sustituto. Las clases, el gimnasio, las cañas… son virtuales por nuestra situación de emergencia. Pero en el futuro las veremos como un suplemento». La nueva normalidad será, por fuerza, más digital.

En su reciente libro sobre la crisis del covid-19, el escritor italiano Paolo Giordano dice que tenemos que reflexionar sobre nuestra responsabilidad colectiva. «En tiempos de contagio somos un solo organismo», considera. Esa es nuestra debilidad, pero puede ser nuestra fuerza, también en el mundo digital. El poder de internet radica precisamente en su capacidad para hacer trabajar a millones de ordenadores como uno solo. Es una red invisible que conecta todos los aparatos del mundo, eliminando las distancias, supliendo las carencias de unos gracias a la potencia de otros. Es una red de colaboración. Una red que ha servido de improvisada malla de seguridad cuando el mundo entero ha caído al abismo.

¿Cómo habría sido esta pandemia sin internet?

Muere Jimmy Cobb, baterista de Miles Davis en el icónico «Kind of Blue»

El músico había pedido ayuda económica el pasado mes de enero para afrontar sus problemas de salud

Jimmy Cobb

El baterista Jimmy Cobb, miembro del grupo que formó Miles Davis para la grabación del mítico «Kind of Blue», ha fallecido a los 91 años. Él era el último miembro superviviente de aquel noneto para la historia. No se ha informado de la causa de la muerte, pero el pasado mes de enero, su hija Serena Cobb lanzó una campaña en Gofundme con el fin de buscar ayuda económica para paliar problemas de salud que tampoco entonces fueron desvelados. «Como un hombre humilde y muy privado que siempre ha sido, jamás se quejaría o pediría ayuda. pero para poder cuidar de él, nuestra familia tiene graves necesidades. Durante los dos últimos años, mi padre ha sufrido problemas médicos que conllevan serias limitaciones físicas. Por desgracia, debido a dificultades financieras, no ha podido recibir el tratamiento adecuado», decía el texto de su petición. Su seguro médico no cubría los costes de su tratamiento (que alcanzaban la suma de 200.000 dóalres), y cientos de fans y artistas (como el guitarrista Pat Metheny o el saxofonista Joe Lovano, que hicieron donaciones por valor de 71.000 dólares) aportaron su granito de arena para apoyarle.

Jimmy Cobb comenzó a tocar con Dinah Washington, Billie Holiday, Pearl Bailey y Clark Terry, y a lo largo de su larguísima trayectoria en el mundo del jazz ha trabajado con John Coltrane, Cannonball Adderley, Wes Montgomery, Dizzy Gillespie, Dinah Washington, Pearl Bailey y muchos otros nombres ilustres del jazz, pero su nombre siempre estará especialmente ligado a sus colaboraciones con Miles Davis, sobre todo la que germinó en el legendario «Kind of Blue», que fue grabado en el 30th Street Studio de Nueva York en dos sesiones durante la primavera de 1959. Allí, el 2 de marzo de 1959 se registró en una primera sesión la cara A del disco (los temas «So what», «Freddie freeloader» y «Blue in green»), y en una segunda sesión, el 22 de abril, la cara B (con «Flamenco sketches» y «All blues»). En 1963, tras dejar la banda de Miles Davis, pasó nueve años al servicio de Sarah Vaughan, compaginando ese trabajo con otros junto a varios artistas y grupos a lo largo de los años setenta, ochenta y noventa, como Sonny Stitt, Nat Adderly, Ricky Ford, Hank Jones, Ron Carter, George Coleman, Fathead Newman, The Great Jazz Trio, Dave Holland y Warren Bernhardt.

Cobb, que empezó como batería autodidacta en su Washington natal, recordaba aquellas míticas sesiones en sus memorias: «Aquel día de primavera de 1959, recuerdo que me levanté por la mañana con una cierta excitación: tenía una sesión de grabación con Miles Davis; me vestí y preparé el instrumento. Fui al estudio de Columbia de la calle 30, entré la batería y la monté. Esperé a los compañeros, que fueron llegando, expectante por lo que íbamos a hacer. Siempre me gustó aquella iglesia (se refiere al 30th Street Studio, un antiguo templo reconvertido en estudio por la discográfica Columbia), tenía una acústica fabulosa. Empezamos a mirar algunos temas y, cuando nos metimos en ello, la cosa sonaba de maravilla, con una suavidad total. Sin hacer ningún esfuerzo, sin tensiones, muy relajados. El grupo sonó compacto en todo momento. ¿Cómo iba a sonar mal con los músicos que había? Al piano, Bill Evans y Wynton Kelly. Paul Chambers, el mejor contrabajista de entre los jóvenes en aquellos tiempos, y John Coltrane y Cannonball Adderley».

Muchos se preguntarán cómo es posible que alguien con esas credenciales sufra problemas financieros tan dramáticos. Y la respuesta ya la dio un experto en jazz llamado Ethan Iverson, que descubrió que Cobb sólo ganó 66,67 dólares por las sesiones de «Kind of Blue», y que no ha recibido royalties por los millones de copias vendidas a lo largo de estos 61 años. Sólo algunos miles de dólares entregados por el sello Sony, actual propietario del disco, por hacer entrevistas promocionales para apoyar las reediciones del mismo del mismo.

Cobb también participó en otros álbumes de Davis como «Sketches of Spain», «Someday My Prince Will Come», «Miles Davis at Carnegie Hall», «In Person Friday and Saturday Nights at the Blackhawk», «Complete», «Porgy and Bess» y «Sorcerer». Sus últimos años de actividad en el estudio los empleó en la grabación de varios álbumes como líder («New York Time» y «Cobb’s Corner» entre ellos), y tocando con grandes músicos como los pianistas Cedar Walton y Hank Jones. Sobre los escenarios, ha desarrollado esta última etapa con su banda So What, que celebraba los 50 años de «Kind of Blue».

Una de sus últimas visitas a nuestro país fue en el año 2009, en el marco del Festival Internacional Canarias Jazz & Más Heineken. En 2012 regresó al Festival de Jazz de San Sebastián, pero no sólo para tocar, sino para recibir el Premio Donostia de aquella 4ª edición.

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Desmontando a Mia Farrow

Desmontando a Mia Farrow

En primer lugar hay que decir que, para quienes seguimos a Woody Allen desde que tenemos uso de razón, estas memorias constituyen un enorme fraude. No ya por el título, A propósito de nada, que al fin y al cabo es irónico, sino porque todos habíamos pensado que el alfeñique hipocondríaco y enclenque que sale en la pantalla coincidía punto por punto con ese tipo con gafas que las dirige, pero resulta que no, que el Woody Allen de las películas tiene muy poco que ver con Allan Stewart Könisberg.

Para empezar, asegura que le encantan los deportes, tanto en primera persona como de espectador, y que en su juventud fue un más que aceptable jugador de béisbol. Para continuar, su libro de cabecera durante la infancia fue Gangs of New York, de Herbert Asbury, una crónica de matones que lo convirtió en una enciclopedia andante sobre el hampa. Para terminar, la cultura de la que alardea en su filmografía, esa lista de nombres propios que va de Picasso a Kafka y de Platón a Wagner, y sobre la que llegó a escribir un manual de autodestrucción hilarante, no fue más que un subterfugio que utilizó a la hora de ligar con chicas guapas.

En un momento dado, Allen escribe que se siente identificado con el personaje de Cecilia en La rosa púrpura del Cairo, esa pobre ama de casa que se refugia en la pantalla de cine para huir del tedio y la brutalidad de su vida cotidiana, pero también podría ser Gil Sheperd, el actor que encarna al maravilloso arqueólogo ficticio Tom Baxter y que no tiene nada que ver con su doble en el celuloide. Del mismo modo, apenas el lector avanza unas pocas páginas en este magnífico volumen de memorias, comprende que Woody Allen lleva toda su vida entrando y saliendo del personaje que fijó en sus películas, jugando con la realidad y la ficción hasta el punto de que hay veces que a él mismo le cuesta distinguirlas.

Sin embargo, el gran timo del libro llega hacia la mitad, cuando la realidad cae de golpe sobre la trama, la comedia se transforma en tragedia y Woody Allen se enzarza contra la terrible acusación de pederastia presentada por Mia Farrow, desgranando un arsenal de pruebas demoledoras en su defensa, desde los informes del Hospital Yale-New Haven y del Centro de Bienestar Infantil del Estado de Nueva York  hasta las declaraciones de niñeras y trabajadores sociales y los escalofriantes escritos de su hijo Moses sobre la conducta desquiciada de Mia Farrow con sus hijos adoptivos. Poco importa esa alegación pormenorizada, porque para cierto sector del gran público Allen ya ha sido condenado de antemano, sin juicio ni defensa posible, a pesar de que los informes oficiales concluyeron que no hubo abusos de ningún tipo y que el testimonio de Dylan, que por aquel entonces era una niña de 7 años, eran fruto de la invención o de una sugestión inducida por su madre, aunque lo más probable es que se tratase de una combinación de ambas.

No obstante, el lector libre de prejuicios va tropezando con una serie de detalles inquietantes que desembocan en la conclusión de que, en efecto, había un monstruo horrible en la familia kilométrica de Mia Farrow, pero ese monstruo no era Woody Allen. Es muy extraño, por ejemplo, que Allen aceptara someterse a la prueba del detector de mentiras llevada a cabo por un experto, mientras que Mia Farrow declinara hacerlo. Más aun que Farrow devolviese a algunos de sus hijos adoptivos, como si fuesen cachorros de una perrera, y que a otros los maltratase de un modo espantoso, incluyendo a Soon-Yi y a Moses: les golpeaba, los arrastraba por el suelo y los encerraba durante horas en el baño. Thaddeus, que era parapléjico, pasó una noche entera solo en un cobertizo y terminó suicidándose, lo mismo que Tam, que sufría depresión severa. Allen se pregunta, si tan buena madre era Farrow, cómo es posible que dos de sus hijos se suicidaran, que un tercero lo intentase, y que otra hija muriera de SIDA abandonada en un albergue una mañana de Navidad. También es un misterio impenetrable el hecho de que Mia Farrow, después de airear a los cuatro vientos el supuesto crimen de su pareja, quisiera trabajar a sus órdenes y estuviera a punto de llevarlo a los tribunales cuando Allen se negó a que protagonizara su siguiente película, Misterioso asesinato en Manhattan.

La respuesta a todas estas preguntas, probablemente, está en la propia infancia de Mia Farrow, en medio de una familia homérica, con un hermano que se suicidó, otro que cumple condena por pederastia y un oscuro episodio de abuso infantil mencionado por la propia Mia a su hijo Moses. Aun así, si es verdad que, según los principios del metoo, siempre hay que fiarse de la palabra de las víctimas, no se entiende que prácticamente nadie haya hecho caso del testimonio de Soon-Yi, quien ha contado extensamente las palizas y humillaciones que sufrió a manos de su madre adoptiva durante largos años y cómo habría preferido mil veces continuar en manos de las monjas que la cuidaban. Todo lo que usted no quería saber sobre Mia Farrow y tampoco se atrevía a preguntar. Yo habría preferido que el libro dedicara más páginas al cine y a la música, pero a pesar de haber descubierto tanta bazofia y tanta miseria, no creo que tenga problemas para separar al ser humano de la obra y seguiré viendo Hannah y sus hermanasZelig y Delitos y faltas como si no supiera lo que hay detrás de Mia Farrow. Por lo demás, entre película y película, Allen y Soon-Yi llevan un cuarto de siglo instalados en la realidad, juntos y felices, cumpliendo aquel viejo tópico que asegura que la comedia no es otra cosa que tragedia más tiempo.

https://blogs.publico.es/davidtorres

Merda d’artista

Merda d'artista

Hay una frase atribuida al conde de Romanones que dice que en España no tenemos ningún monumento al soldado desconocido porque aquí nos conocemos todos. Demasiado bien, incluso. Vistos los horrores escultóricos sembrados por toda la geografía española y dedicados a gente que tampoco había hecho tanto daño, cabe añadir que quizá sea mucho mejor no tenerlo. Dónde iba a meterse el soldado desconocido, pobre hombre. A Buñuel, siempre reacio a esa especie de tributos semipóstumos que están pidiendo la posteridad a gritos, le hicieron una vez un homenaje en México al que finalmente no pudo o no quiso resistirse. Se encontró con que le ofrecían una talla espantosa con una placa que rezaba: “Al gran director español Luis Buñuelo”.

Hablando de buñuelos, es lo primero que se viene a la cabeza al ver la escultura donada por el escultor Víctor Ochoa a las víctimas del Covid-19: lo segundo es el mismo buñuelo una vez digerido, después de pasar por el estómago, el intestino y el colon. Evoca de inmediato aquel cariñoso piropo que le dedicaba el sargento de artillería Hartman al recluta Patoso en La chaqueta metálica: “Eres tan feo que podrías estar colgado en un museo de arte moderno”. Zurullos de este estilo son los que le dan mala fama a los museos y no digamos al arte moderno. Cuando uno se enfrenta a una chapuza de estas dimensiones se pregunta qué diablos tendría en la cabeza el artista cuando decidió ensuciar el mundo con semejante mamarracho, aunque esta vez da la impresión de que no lo tenía exactamente en la cabeza.

La escultura que homenajea a las víctimas de la covid-19 en Madrid ...

Lo mejor es no hacerse muchas preguntas, dejarlo pasar, ignorarlo igual que hacemos con esos vecinos que no recogen la mierda que acaba de depositar su perro en el suelo. ¿Para qué te vas a enzarzar en una discusión inútil sobre higiene, si a lo mejor el pobre hombre se piensa que su perro caga pepitas de oro? Pero es que encima Víctor Ochoa se ha puesto a explicar el mamarracho cuando no había ninguna necesidad de hacerlo, sacándose de la manga símbolos y significados de lo más sospechoso: “Mi obra refleja ese momento de lucha desproporcionada contra un enemigo invisible” dice. “La parte de abajo, en bronce, representa la normalidad de una humanidad que se sobrepone a lo cotidiano”. Menos mal que lo advierte, porque cualquiera diría que se trata de un anuncio de bifidus activo o de un producto laxante. “La parte de arriba, en esmalte blanco, refleja el momento de esa lucha sobrenatural contra algo invisible”. Corramos un tupido velo.

Puede parecer extraño que Ochoa haya rematado su escultura en apenas tres meses desde que se inició la pandemia, pero en sus declaraciones asegura que lleva preparándola desde años atrás, lo cual hace pensar que sí, que, aparte de disponer de poderes paranormales, necesitaba urgentemente un laxante. En 1961 Piero Manzoni puso a la venta noventa latas que supuestamente contienen, según avisa la etiqueta, “Merda d’artista”, pero hasta la fecha ninguno de sus propietarios se ha atrevido a abrir alguna y comprobar si hablaba en serio. Víctor Ochoa ha ido un paso más lejos y Ayuso se ha apresurado a fotografiarse junto al mamotreto sin sospechar que Ochoa a lo mejor la había tomado de modelo: un fantasmón en el momento de echar una cagada gorda como para llenar cien cacerolas. A la presidenta de la Comunidad de Madrid le encanta darse el pisto en estos homenajes funerarios y hace poco inauguró un pebetero en la calle de Alcalá dedicado a las víctimas del Covid-19 que se quedó sin gas al día siguiente de encenderse. “Vuestra llama nunca se apagará en nuestro corazón” se lee en la placa, con lo que más simbólico no puede ser el asunto. Lástima que las víctimas ya no puedan defenderse.

DAVID TORRES

https://blogs.publico.es/davidtorres/

Consultar a una médica puede salvar tu vida

Consultar a una médica puede salvar tu vida

CreditAgnes Lee

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¿El género importa cuando hay que escoger un médico?

El que tu médico sea hombre o mujer podría ser cuestión de vida o muerte, indica un nuevo estudio. Este, que incluyó a más de 580.000 pacientes de cardiología que ingresaron a lo largo de dos décadas a salas de urgencias en Florida, reveló que las tasas de mortalidad tanto de hombres como de mujeres son más bajas cuando el tratante es una médica. Además, es menos probable que las mujeres tratadas por médicos varones sobrevivan.

Investigaciones previas respaldan estos hallazgos. En 2016, un estudio de la Universidad de Harvard de más de 1,5 millones de pacientes de Medicare hospitalizados mostró que cuando estos eran tratados por médicas era menos probable que murieran o tuvieran que ingresar de nuevo al hospital en un periodo de treinta días que los atendidos por doctores. La diferencia en la mortalidad fue leve —de cerca de medio punto porcentual—, pero cuando esto se aplica al total de la población de Medicare, se traduce en 32.000 muertes menos.

Otros estudios también han encontrado diferencias significativas en la forma en que hombres y mujeres ejercen la medicina. Los investigadores de la Escuela Bloomberg de Salud Pública de Johns Hopkins analizaron varios estudios enfocados en cómo se comunican los médicos. Descubrieron que las médicas de atención primaria simplemente pasaban más tiempo escuchando a sus pacientes que sus colegas de sexo masculino. Sin embargo, escuchar tiene un costo. Las médicas pasaron, en promedio, dos minutos extra o cerca de diez por ciento más de tiempo en consulta, lo que generó retrasos en su agenda y las había demorado una hora o más que a sus colegas varones para cuando terminó el día.

Nieca Goldberg, una cardióloga cuyo libro Women Are Not Small Menayudó a comenzar un debate nacional sobre las cardiopatías en las mujeres, dijo que la investigación no debe usarse para desprestigiar a los médicos, sino hacer que los pacientes puedan buscar profesionales de la salud que los escuchen.

“Todos los médicos, ya sean hombres o mujeres, realmente se proponen salvar la vida de las personas”, dijo Goldberg, quien es directora médica del Centro Joan H. Tisch para la Salud de la Mujer en NYU Langone. La comunicación es particularmente importante en los pacientes de cardiología porque los síntomas pueden ser muy distintos en hombres y mujeres, dijo. Por ejemplo, el dolor de pecho es menos común en las mujeres que tienen un infarto, pero los doctores a menudo preguntan a los pacientes si tienen dolor en el pecho para descartar el diagnóstico. “Solo quisiera asegurarme de que pasen tiempo con las mujeres para realmente llegar a los detalles de los síntomas de una persona”, comentó.

Goldberg dijo que una nueva paciente le dijo hace poco que buscó una médica porque su médico no se tomaba el tiempo para explicarle las cosas o responder a sus preguntas. “Los pacientes no quieren que los atiendas solo en términos de darles un diagnóstico correcto, sino que también quieren sentirse escuchados, y una parte importante de la atención a la salud es la comunicación”, afirmó.

Los autores del estudio de Florida, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, invitan a tener precaución al interpretar los resultados y hacen notar que solo es posible especular acerca de las razones por las que las pacientes mostraron una supervivencia mayor cuando las trataban médicas. Puede ser que las mujeres se sientan más cómodas hablando con doctoras. O puede ser que las médicas se enfoquen más en los síntomas únicos de las cardiopatías en las mujeres, o que, de hecho, simplemente sean mejores comunicadoras y más rápidas para captar las claves proporcionadas por sus pacientes que los médicos.

“Los pacientes no quieren que los atiendas solo en términos de darles un diagnóstico correcto, sino que también quieren sentirse escuchados, y una parte importante de la atención a la salud es la comunicación”.NIECA GOLDBERG, DIRECTORA MÉDICA DEL CENTRO JOAN H. TISCH PARA LA SALUD DE LA MUJER EN NYU LANGONE

“No estoy segura de poder afirmar que las mujeres deberían de evitar consultar médicos ni que la gente debería enfocarse en un tipo único de médico, pues eso solo le da la vuelta al problema”, dijo Brad Greenwood, autor principal del estudio y profesor adjunto de Ciencias de la Información y la Decisión de la Escuela Carlson de Administración de la Universidad de Minnesota. “Definitivamente, los pacientes deben asegurarse de que se les tome en serio y ser firmes defensores de sí mismos”.

Don Barr, profesor de la Escuela de Medicina de Stanford, dijo que a menudo les habla a sus estudiante sobre las investigaciones relacionadas con las diferencias de género en cuanto a la forma en que los profesionales de la salud se comunican. Los médicos, asevera, son tristemente célebres por interrumpir a sus pacientes en un esfuerzo por reencauzar la conversación. En un estudio, las médicas de atención primaria esperaron un promedio de tres minutos antes de interrumpir a un paciente; los médicos de atención primaria, un promedio de 47 segundos.

Barr dijo que una vez llevó a cabo un experimento personal, en el que decidió dejar a su siguiente paciente hablar tanto como lo requiriera sin interrupciones. Resultó que la paciente era una mujer de más de 70 años que había estado renuente a buscar atención médica y solo estaba ahí para tranquilizar a sus amigos y familiares. Habló del clima, de una tos, de no estar segura de qué medicina escoger en la farmacia; su hermana se preocupaba demasiado, le dijo. A pesar de las señales frenéticas de sus enfermeras para indicarle que se estaba pasando del tiempo, Barr no la interrumpió. La mujer habló durante veintidós minutos.

Finalmente, el diagnóstico de cáncer pulmonar de la mujer fue desolador. Barr la consoló y la mujer le sonrió. “He tenido una buena vida. Solo quería que supiera que esta es la mejor consulta con un médico que jamás he tenido. Ha sido el único que me escuchó”.

Barr escribió un ensayo sobre esa experiencia que se publicó en Annals of Internal Medicine, y dice que le dejó una impresión duradera. Aunque no es práctico pasar tanto tiempo con cada uno de los pacientes, lo hizo mucho más considerado a la hora de escuchar.

“Con todos los pacientes a los que he tratado después de eso, he sido más cuidadoso de asegurarme de darles la oportunidad de contarme su historia”, dijo. “Si requería guiar la conversación, trataba de hacerlo de manera más amable. El hecho de que el doctor esté escuchando lo que dices, se preocupe por ti y comprenda aquello por lo que estás pasando hace que lidiar con la enfermedad y sus implicaciones sea más fácil”.

Edna Haber, propietaria retirada de una empresa hipotecaria que vive en Nueva York, dijo que ha tenido maravillosos médicos hombres y mujeres, pero que sus peores experiencias siempre han sido con los primeros. Uno desestimó tanto la historia clínica que le entregó, que le ofreció una copia de su expediente médico para corroborar lo que le decía y nunca regresó.

Hace poco decidió ver a Goldberg para hablar sobre sus palpitaciones cardiacas y mareos. Una serie de exploraciones durante la visita al consultorio mostraron que su corazón estaba en condiciones normales. “Estoy convencida de que si hubiera ido con un médico en lugar de con la médica, solo me habría rodeado con el brazo y me habría dicho: ‘Mire, vaya a casa, relájese, medite, quizá tómese un tranquilizante’, y eso habría sido todo”.

Sin embargo, Goldberg sabía que la paciente estaba lo suficientemente preocupada como para consultar a un médico, así que le sugirió usar un monitor cardiaco durante algunos días. Varios días después, los técnicos que revisaban los datos notaron un patrón que mostró que Haber requería de un marcapasos.

“Me puso atención y me trató como a alguien que dice algo creíble”, dijo Haber. “Desearía que todas las mujeres que conozco pudieran entender lo importante que es tener un médico que les ponga atención, sin importar cuál sea la parte del cuerpo que les revise. Creo que muchas mujeres están recibiendo muy poca atención”.

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¿Cuál es la probabilidad de que exista vida inteligente en otros planetas?

Un estudio publicado en PNAS apoyado en matemáticas apoya la tesis de que la vida se extiende rápido, pero a menudo no desarrolla inteligencia

Las antenas del SKA Pathfinder australiano de CSIRO con la Vía Láctea por encima
Las antenas del SKA Pathfinder australiano de CSIRO con la Vía Láctea por encima – Alex Cherney / CSIRO

Los científicos llevan buscando vida en otros planetas desde hace décadas sin que hasta ahora haya habido confirmación. Pero una cosa es encontrar vida y otra muy distinta vida inteligente. Para hallar evidencia de esto último hay proyectos, como SETI, que se dedican a escudriñar el universo para encontrar signos, presentes o pasados de civilizaciones extraterrestres. Sin embargo, que las pruebas de que exista la vida en otros planetas pueden estar aquí mismo, en la Tierra. Al menos eso es lo que piensa el científico David Kipping, de la Universidad de Columbia (EE. UU.).

En un reciente artículo publicado en la revista «Proceedings of the National Academy of Sciences» (PNAS), el astrónomo intenta acotar las posibilidades de que aflore vida extraterrestre en

 base a estadística bayesiana: tomando como referencia cómo surgió la humanidad en nuestro planeta, intenta probar mediante las matemáticas si el mismo camino se podría dar en otras partes del cosmos. Y Kipping llega a la conclusión de que si bien la proliferación de seres orgánicos es muy probable, no lo es tanto que se desarrolle su inteligencia.

Cuatro posibles escenarios

«La técnica aplicada es similar a la de las apuestas», explica Kipping. «Fomenta la prueba repetida de nueva evidencia en contra de su oposición, en esencia un ciclo de retroalimentación positiva de refinar las estimaciones de probabilidad de un evento». Es decir, las probabilidades de que se repita un suceso dado de la misma forma varias veces. Para ello, el astrónomo tomó cuatro posibles escenarios: la vida es común y a menudo desarrolla inteligencia, la vida es rara pero a menudo desarrolla inteligencia, la vida es común y rara vez desarrolla inteligencia y, finalmente, la vida es rara y rara vez desarrolla inteligencia. Una cosa es que surja la vida y otra que lo haga en forma de civilización.

Para su análisis, Kipping retrocede en el tiempo unos 300 millones de años, momento en el que se formaron los océanos y arco temporal en el que los científicos señalan que muy probablemente surgieron los primeros organismos vivos (el llamado LUCA, el primer pariente del que derivaron todas las especies, incluido el ser humano). Según escribe el investigador, la proliferación orgánica tan pronta en términos geológicos proporciona una estadística de 9:1 o incluso superior.

«Si los planetas con condiciones similares y líneas de tiempo evolutivas a la Tierra son comunes, entonces el análisis sugiere que la vida debería tener pocos problemas para emerger espontáneamente en otros planetas», señalan en un comunicado desde la Universidad de Columbia. Pero la evolución de la inteligencia es otra cuestión.

Raras civilizaciones

Para que se diera la humanidad, primero se tuvo que dar la vida. Y que se diera de forma temprana en nuestro planeta puede ser un requisito previo para que después se dé la inteligencia: es decir, no solo que la vida se habra paso, sino que lo haga durante tanto tiempo que sea capaz de evolucionar hasta que surjan especies inteligentes, lo que sin duda tomará mucho más tiempo. «Un resultado clave aquí es que cuando uno compara los escenarios de vida inteligente versus los de vida común; el escenario de vida común es siempre al menos nueve veces más probable que el raro», explica Kipping. Y la proporción de que surja vida inteligente cae a 3:2.

Entonces, ¿volvería a emerger la vida inteligente en nuestro si reiniciásemos el reloj?: «La vida surgió en la Tierra dentro del primer quintil de su ventana habitable, pero una civilización tecnológica no floreció hasta el último (…) Si volvemos a jugar la historia de la Tierra, la aparición de inteligencia es en realidad algo improbable», afirma el investigador.

Aplicado a otros planetas, significa que si la escala de tiempo para la evolución de la inteligencia es muy lenta, entonces un inicio rápido de la vida es realmente necesario para que emerja una civilización, pero la proliferación de una civilización avanzada «no necesariamente significa que sea un proceso generalmente rápido», escribe. Es decir, el estudio rechaza que la idea de civilización avanzada aparezca de forma rápida, como sí puede ocurrir con la vida en general.

«Esto no es raro, ya que se tardó varios miles de millones de años para que surgiera la vida inteligente aquí». Así que Kipping sentencia: «La posibilidad de que la inteligencia sea extremadamente rara y de que la Tierra ‘haya tenido suerte’ sigue siendo bastante viable». Aún así, muchos investigadores señalan que la vida se ha podido abrir paso de otras muchas formas. Quién sabe si la inteligencia ha tomado el mismo camino en otras partes del universo.

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La ración K, la dieta de moda durante la Segunda Guerra Mundial

Un nutricionista asesoró al gobierno estadounidense para asegurar una correcta alimentación en el frente de batalla

Kit de desayuno de la ración K
Kit de desayuno de la ración K – Wikipedia

La alimentación durante la guerra es un tema verdaderamente apasionante, sobre el que se ha debatido poco y reflexionado menos. En las primeras guerras documentadas los ejércitos se despreocupaban totalmente de la alimentación de su ejército, y eran los propios combatientes los que se tenían que asegurar su manutención.

Este hecho propició anécdotas muy curiosas desde familias completas que acompañaban a la tropa, hasta verdaderos supermercados ambulantes -con centenares de animales y toneladas de productos agrícolas- que seguían a los ejércitos hasta el frente de batalla.

En 1775 el Congreso de Estados Unidos tomó cartas en el asunto y asignó raciones de comida al ejército según hombre y semana, toda una innovación. Durante la Guerra Civil americana (1861-1865) se asignó un personal específico para que preparase la comida y la repartiese entre las compañías.

A pesar de todos estos avances, no fue hasta 1902 cuando aparecieron los primeros cocineros militares y, ese mismo año, la marina norteamericana publicó un manual con cien recetas de cocina.

El siguiente gran salto se produjo en la Primera Guerra Mundial, las trincheras, el barro y la posible contaminación con gas hizo necesario que los soldados se aprovisionasen con comida enlatada y con productos deshidratados. Sabemos que en esa contienda el ejército estadounidense distribuía contenedores de medio centenar de kilogramos herméticamente sellados y con alimentos para una veintena de hombres.

Unidad de cena de la ración K
Unidad de cena de la ración K – Wikipedia

De la ración A a la K

Durante el periodo entreguerras aparecieron las primeras dietas militares. La ración A, compuesta en un setenta por ciento por carnes y vegetales y que debía servirse caliente; la ración B, muy similar pero con productos enlatados; o la ración D, pensada para el regimiento de caballería.

La ración D, a diferencia de las anteriores, contenía una ración de chocolate amargo, mantequilla de cacahuetes y azúcar. Por último, estaba la ración C que ofrecía una terna de menús “variados”: carne con judías verdes, carne con guisado de verduras y carne con picadillo de verduras.

Cuando Estados Unidos entró en la Segunda Guerra Mundial, el Departamento de Guerra decidió renovar la alimentación militar y, para ello, contó con el asesoramiento de un nutricionista, que diseñó la conocida “ración K”.

La letra es la inicial del apellido del experto en nutrición: Ancel Keys, un estadounidense que acuñó el término “dieta mediterránea”. Fue un personaje inquieto. Durante su juventud se dedicó a los oficios más variados, desde minero hasta marino mercante, pasando por recogedor de guano de murciélago.

Más adelante se graduó en Ciencias políticas y económicas, y tan sólo tres años después hizo lo propio en zoología. Su primer doctorado no tardó en llegar y fue en oceanografía y biología marina. No contento con esto se doctoró por segunda vez en fisiología, por la Universidad de Cambridge. Dicho de otro modo, Keys no era médico.

Derroche de sibaritismo

Unidad de cena de la ración K
Unidad de cena de la ración K – Wikipedia

Su famosa ración estaba compuesta de: dos paquetes de galletas, cigarrillos, chicles, azúcar, café instantáneo y una llave para abrir conservas, las cuales podían ser de carne, huevos, fruta, queso, jugo de limón, naranja o uva.

Además, se incluía cerillas, papel higiénico, sal, chocolate, dulces, caramelos y tabletas para purificar el agua. Como curiosidad, las últimas comidas, además, contenían una cuchara de madera. En conjunto, la ración K aportaba unas tres mil calorías diarias.

En el desembarco de Normandía se decidió dar un toque gastronómico, y se elaboró una ración específica: galletas de la ración K, chocolate de la ración D, café soluble, caldo deshidratado, caramelos, barras de fruta, carne enlatada, goma de mascar y tablas multivitamínicas. Una exquisitez culinaria que, seguro, hizo las delicias de los estómagos más exigentes.

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