Un futuro para Mexico

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México debe romper con su pasado y mirar al futuro, nos dicen Jorge G. Castañeda y Héctor Aguilar Camín en este ensayo penetrante y provocativo sobre el momento de irresolución que vive el país. Atado a sus mitos, no toma un rumbo claro; joven en su democracia, duda en dar los pasos necesarios. Se agita sin moverse, discute sin decidir. Los problemas están a la vista, y el futuro, más cerca de lo que parece. La disyuntiva es clara: o lo abrazamos con fuerza o iremos hacia atrás

Lo que importa son las emociones subyacentes, la música de la que las ideas no son sino un libreto, a menudo de calidad muy inferior; y una vez que las emociones bajan, las ideas se secan, se vuelven doctrina, cuando no inocuos clichés. Cada época y cada país tiene su leyenda consentida, y regresa a ella en las buenas y en las malas.

Lewis Namier


I. El peso del pasado

México es preso de su historia. Ideas, sentimientos e intereses heredados le impiden moverse con rapidez al lugar que anhelan sus ciudadanos. La historia acumulada en la cabeza y en los sentimientos de la nación —en sus leyes, en sus instituciones, en sus hábitos y fantasías— obstruye su camino al futuro. Se ha dicho famosamente que los políticos suelen ser reos de las ideas de algún economista muerto. La vida pública de México es presa de las decisiones de algunos de sus presidentes muertos: esa herencia política de estatismo y corporativismo que llamamos “nacionalismo revolucionario”, al que una eficaz pedagogía pública volvió algo parecido a la identidad nacional, bajo el amparo de una sigla mítica —el PRI— que es a la vez un partido hoy minoritario, y una cultura política mayoritaria.

Esa herencia incluye tradiciones indesafiables: nacionalismo energético, congelación de la propiedad de la tierra y de las playas, sindicalismo monopólico, legalidad negociada, dirigismo estatal, “soberanismo” defensivo, corrupción consuetudinaria, patrimonialismo burocrático. Son soluciones y vicios que el país adquirió en distintos momentos de su historia: un coctel de otro tiempo, bien plantado en la conciencia publica, que se resiste a abandonar la escena, encarnado como está en hábitos públicos, intereses económicos y clientelas políticas que repiten viejas fórmulas porque defienden viejos intereses.

México ha perdido el paso: camina despacio, sobre todo en palacio. Parece un país de instituciones débiles, desdibujado en su identidad internacional: un gigante dormido, que luego se agita sin poderse mover. Los países, como las personas, necesitan identidad y propósito, un rumbo deseable: música de futuro. México ha perdido la tonada de la Revolución que le dio sentido simbólico y cohesión nacional durante décadas. El tiempo, los abusos, las crisis económicas limaron al punto de burla la narrativa de notas revolucionarias que durante las décadas de la hegemonía priista gobernó las creencias del país. Según aquella extensa partitura, el país venía de una gesta revolucionaria cuyos propósitos de democracia y justicia social seguían cumpliéndose siete décadas después de iniciado el movimiento que supuestamente constituía su origen. No había democracia ni justicia social, pero había una épica oficial que le daba sentido o legitimidad incluso a las aberraciones del régimen. Lemas y credos elementales de aquella narrativa siguen siendo la región límbica de la cultura política del país, un repertorio instintivo de certezas, propuestas y nostalgias públicas presente en la mayoría de los políticos profesionales, no sólo en los priistas.

Apenas había empezado la obertura que sustituiría al nacionalismo revolucionario, el salto a la modernidad de los noventa, cuando la triste trilogía del año 1994 —rebelión, magnicidios, crisis económica— destruyó la credibilidad del nuevo libreto. La democracia se quedó dueña de la escena. Fue un buen espectáculo rector que alcanzó su clímax en la alternancia del año 2000, pero a partir de entonces la escena empezó a quedarle grande. Nueve años después, la democracia parece una diva a la que se le terminaron los trucos. El puro libreto de la democracia, por naturaleza discordante, no basta para darle al país la narrativa de futuro que necesita.

Las elecciones de 2000 y 2006 hubieran podido constituir poderosas plumas para escribir esa nueva narrativa; se quedaron en referendos para evitar “males mayores”: la permanencia del PRI en la casa presidencial, y la llegada a ella de un candidato descrito como un peligro para México. El PRI salió de Los Pinos pero no del alma de México. Las estrategias vencedoras sirvieron para ganar, no para gobernar.

México ha pasado del autoritarismo irresponsable a la democracia improductiva, de la hegemonía de un partido a la fragmentación partidaria, del estatismo deficitario al mercantilismo oligárquico, de las reglas y los poderes no escritos de gobierno al imperio de los poderes fácticos, de la corrupción a la antigüita a la corrupción aggiornata. Es la hora del desencanto con la democracia por sus pobres resultados. Preocupa en la democracia mexicana la resignación que impone a sus gobiernos, el triunfo del reino de lo posible como sinónimo de estancamiento, incertidumbre, falta de rumbo nacional. Un país, se diría, al que le sobra pasado y le falta futuro. Hasta su discurso de septiembre pasado, en su famoso decálogo de intenciones de cambio, la única línea de futuro deseable lanzada desde el gobierno actual ha sido la lucha decidida y necesaria contra el crimen organizado. Produjo en buena parte la popularidad del presidente, pero no de su gobierno ni de su partido. Hace falta algo más que eso para sacar al país de su estancamiento anímico y político. Es necesaria una nueva épica nacional cuyo eje no puede ser sino el bienestar de las mayorías, la promesa de seguridad, empleo, educación, salud, movilidad y seguridad social: un horizonte de modernidad que ampare el surgimiento de sólidas y mayoritarias clases medias. Urge una épica de prosperidad, democracia y equidad, que no está trazada con claridad en ninguna parte.

México necesita salir de su pasado. Puede hacerlo por la vía democrática convirtiendo las elecciones de 2012, desde hoy, en un referendo sobre el futuro. Lo que sigue es una propuesta de futuro para ser debatida, ojalá vuelta programa y votada en 2012, de modo que las elecciones de ese año no sean sólo sobre personas y partidos, sino también sobre el país próspero, equitativo y democrático que quieren los mexicanos: una sociedad de clase media que se parezca, como una gota de agua, a las demás.

Para ponerse en ese camino, deben tomarse cuatro decisiones estratégicas: 1. Asumir los cambios que requiere la economía para crecer; 2. Decidir el lugar que se quiere ocupar en el mundo; 3. Universalizar los derechos y garantías sociales necesarios para construir una sociedad equitativa, donde más de las dos terceras partes de la misma vivan más o menos igual; 4. Hacer productiva la democracia mediante reformas institucionales que garanticen la seguridad de los ciudadanos y la fluidez de los cambios que requiere el país.

No tratamos de convencer sino de hablar claro para movilizar a la sociedad civil y a las elites nacionales —empresariales, sindicales, intelectuales, religiosas, tecnocráticas, y hasta políticas— para debatir estas ideas y cómo deben acompasarse y encadenarse, para formar un todo complejo, audaz y armonioso. De responder los partidos y candidatos a las preguntas pertinentes, el 2012 se transformará en un referendo sobre el programa del futuro. Nuestras respuestas preliminares, tentativas e incompletas, no constituyen una lista de buenos deseos. Obedecen a una coherencia interna cuya secuencia es la siguiente:

Para construir la sociedad de clase media que queremos, hay que crecer. Para crecer, hay que liberar la excepcional y legendaria vitalidad de la sociedad mexicana, quitándole los candados impuestos por la concentración de poderes fácticos de toda índole. Para obtener los recursos, las oportunidades y los mercados necesarios para desmantelar el viejo corporativismo mexicano hay que insertarse con ventaja en el mundo. Para asegurar que el crecimiento consiguiente se distribuya mejor que antes, hay que construir una red de protección social del siglo XXI para todos los mexicanos, y ofrecer una educación del siglo XXI para los niños y jóvenes. Para brindar a todos la seguridad pública sin la cual toda protección social es ilusa, hay que construir los aparatos de seguridad pertinentes. Y para tomar todas estas decisiones, hay que dotarnos de instituciones que permitan tomarlas.

La base social que aspira a mover esta agenda es clara: la creciente clase media mexicana, vieja y nueva, que requiere desesperadamente un horizonte de expansión. Las condiciones políticas para poner en práctica esas ideas son también claras: la existencia de una coalición que en el 2012 pueda identificarse con esta agenda, la plantee con transparencia al electorado, y lo convenza de ello. Sobre advertencia no habrá engaño, ni malentendidos: se ganará o se perderá para algo, no sólo porque sí.

Nexos.com.mx

(continuara)

El presupuesto de Herodes

pri-pan-prd

A mí francamente me da igual si el PAN está muy ofendido con el PRI por el tema del presupuesto, si los gobernadores del PRI son una mafia o si la Ciudad de México va a ser el patito feo del proximo año.

Lo que quiero es que este país funcione, que todos volvamos a vivir en paz y que usted y yo progresemos.

Tan barato es este asunto del presupuesto como la manera como la mayoría de los medios de comunicación la han manejado.

Por un lado está el amarradero de navajas entre la figura del Presidente de la República, los diputados y los senadores, como si se tratara de enemigos.

Si Felipe Calderón dice una cosa, vamos con los diputados que no son del PAN para ver qué opinan. ¡Por supuesto que van a decir una barbaridad! ¡Son de otros partidos!

Y si no la dicen, los reporteros, o los obligan a decirla o les arman pleito con los miembros de su partido por traidores. Cualquier parecido con un chisme del TV Notas es mera coincidencia.

No, pero espérese. Esto es nada más por un lado. Por el otro, si en un mismo partido se da el debate, ¡ah, no!, es un partido que se está desmembrando.

Vamos a confrontar a los que piensan diferente y platiquemos con personalidades de otros partidos para que entre todos se acaben de hundir.

Si los gobernadores se benefician: malditos gobernadores, están bloqueando al presidente. Si el presidente se sale con la suya: maldito presidente, está poniéndole obstáculos a los gobernadores.

Si los políticos despilfarran, son malos porque despilfarran. Si no, son malos porque no están a la altura de los políticos de otros países.

El caso es que México siempre es tierra de nadie, ninguna de nuestras instituciones vale la pena, todos nuestros partidos son un asco y que Dios nos agarre confesados porque cada año es peor.

No sé usted pero yo ya me cansé. ¿Cuál es la idea? ¿Informar? ¿Escandalizar? ¿Juzgar? ¿Jugar?

Hagamos memoria. ¿Cuántas veces, en años anteriores, fáciles o difíciles, usted se enteraba a detalle de la administración del presupuesto anual de egresos de la Federación?

¿Cuántas veces, durante la administración de estos recursos, usted escuchaba tantas versiones tan encontradas sobre este tema y se alegraba, se enojaba, se asustaba o se deprimía?

¿Le pasó con López Portillo? ¿Le pasó con Miguel de la Madrid, con Carlos Salinas de Gortari, con Ernesto Zedillo o con Vicente Fox?

¿Y qué sucedió? ¿Se acabó el mundo? ¿Los estados dejaron de tener dinero? ¿La Federación colapsó? ¿Terminó la pobreza? ¿Murieron las universidades?

Lo que está pasando es un abuso. Sí. ¿Y cuándo no ha sido así? ¿Y cuándo la totalidad de las partes han estado de acuerdo con el manejo del presupuesto federal? ¿Cuándo?

Es una bendición que usted y yo tengamos acceso a tanta información en este momento histórico pero yo creo que, a ambos lados de los medios, tenemos que aprender a manejar este cúmulo de palabras, imágenes y sonidos.

¿Por qué? Porque nada más estamos haciendo corajes, nada más nos estamos quedando con las emociones. Está pasando todo, pero no está pasando nada.

Se habla mucho de que urge hacer reformas estructurales en el gobierno, en los partidos, en los negocios y en la vida. Pero, ¿y en los medios?

El periodismo a estas alturas del siglo XXI no se puede seguir manejando como se manejaba hace 15, 30 o 100 años. Aunque hay muchas cosas que parecen no haber cambiado, vivimos en otra realidad.

Y sí, así como la medicina siempre será la medicina, el periodismo siempre será el periodismo, pero yo creo que los mecanismos a través de los cuales se eligen y se comparten las notas se tienen que modificar.

¿Para qué? Para que provoquen algo más que un berrinche, para que vuelvan al origen de todo esto que es darle herramientas a un público para que sepa cómo moverse, para que pueda tomar mejores decisiones, para que pueda vivir mejor.

¿Qué herramientas ha obtenido usted últimamente de todo lo que ha visto en los medios tradicionales o no tradicionales?

¿De qué le ha servido, por ejemplo, el manejo informativo que se le ha dado a la administración del presupuesto federal del próximo año?

¿Se imagina lo diferente que hubiera sido todo si esta nota se hubiera manejado de otra manera? La pregunta es: cuál. ¿De qué otra manera?

Ahí está el reto. En encontrar nuevas maneras.

articulodealvarocueva/mileniodiario

Ciudadanos hartos

dubon

El ánimo nacional anda en horas bajas. Los mexicanos sobrellevamos una especie de gran depresión colectiva que se expresa en casi todos los ámbitos. Algunos espíritus sagaces denuncian el perverso regocijo que parecemos encontrar en la desgracia y quieren combatir, así, nuestra machacona reiteración de lo negativo. Es cierto: muchos de nosotros nos hemos convertido en auténticos agoreros del desastre y nos solazamos, con una oscura fascinación, en guardar un estado de disonancia permanente: nada está bien; nada se hace bien; el futuro es tan negro como las falencias del presente; el país va a la deriva; peor aún, México no tiene remedio.

Hay fundamento, encima, para este desánimo. Se sustenta no sólo en las frustraciones diarias y las adversidades sino en la constatación, paralela, de que nadie está haciendo nada por detener la caída al precipicio. Cualquier comentarista de la radio puede recitarnos, por la mañana, la aterradora cifra de los muertos en la batalla contra el crimen organizado o el cotidiano rosario de calamidades económicas, pero lo peor es que las malas noticias se enmarcan, siempre, en la inevitable reseña de las rebatiñas que protagoniza una clase política completamente disociada de los ciudadanos.

Cada día que pasa somos más corruptos, más pobres, más ignorantes y más incivilizados. Y, al mismo tiempo, cada día que pasa es una jornada perdida en el camino hacia un cambio que le urge a la nación y del que nadie se quiere responsabilizar realmente. Somos, así, menos competitivos que ayer, menos atractivos para la inversión extranjera, menos soberanos (muy pronto, tendremos que importar petróleo crudo, por no hablar de las gasolinas y los petroquímicos), menos modernos y menos seguros.

Las soluciones han sido planteadas de mil maneras. Para mayores señas, lean ustedes los ensayos que publica, este mes, la revista Nexos. Y pongan mucha atención, sobre todo, a otras advertencias que han lanzado personalidades de diferentes proveniencias como Macario Schettino, Jorge G. Castañeda, Jean Meyer, Enrique Krauze, Soledad Loaeza o Roger Bartra (por ahí, a este país no le vendría mal que lo gobernaran algunos intelectuales). El problema es que estas voces no encuentran un eco en los centros del poder. Pero tampoco son escuchados nuestros clamores de gente común cuando expresamos, por ejemplo, que ya no estamos de acuerdo con que en la Cámara Baja se apoltronen medio millar de diputados, que no queremos que los partidos políticos reciban tanto dinero, ni que las campañas electorales sean tan largas, ni que se gasten los fondos públicos de manera tan irresponsable y estúpida, etcétera, etcétera.

¿Nos escuchan, ellos, los que tienen en sus manos el poder de cambiar las cosas? No. Luego entonces ¿qué podemos hacer?

Esta pregunta nos confronta, de manera automática, con la exigencia, dirigida a nosotros los ciudadanos de a pie, de que seamos quienes propiciemos el cambio a través de una mayor participación en los asuntos públicos, una mayor conciencia de nuestros derechos y, desde luego, una mayor responsabilidad personal. Muy bien, me parece un programa muy excitante. La primerísima dificultad, sin embargo, es que estos esfuerzos de individuo virtuoso significan una carga desmedida para una persona particular. No basta, por lo que parece, con llevar una vida de bien sino que se nos exige la condición privilegiada del héroe. Miren ustedes: conozco a ciudadanos absolutamente ejemplares: honrados, cumplidores, respetuosos y trabajadores. ¿Y? Pues, que estas bondades no les sirven para maldita cosa. Al contrario: se someten a las durezas de la burocracia y pierden días enteros en un trámite cuando bastaba con untar la mano del empleado extorsionador; o llega un “inspector” y les clausura arbitrariamente el changarro por no ceder al chantaje. Un sistema podrido no premia a los justos. ¿Dónde están, entonces, los que van a cambiar las cosas “desde la base”? ¿Acaso cada individuo debe tener el temple y la heroica tenacidad de un señor Gallo, ése que llevó, por cuenta propia, a los asesinos de su hija ante la justicia? ¿Todas las mexicanas deben poseer la férrea voluntad y la valentía de la señora Wallace? ¿No hay lugar para que el Estado nos brinde seguridad, justicia y educación a partir de nuestra simple circunstancia de personas comunes y corrientes? Dicho en otras palabras ¿no bastaba con votar para que nos rindieran cuentas y dieran resultados?

Sí, ya votamos. Pero nadie nos escucha. Es perfectamente natural, entonces, que estemos hartos y descontentos.

Articulo de Roman Revueltas/mileniodiario.com/pintura de Lus G. Dubon

Que nadie se sorprenda

estallido

Han pasado ya unos días desde la aprobación de uno de los paquetes económicos más lesivos para el pueblo mexicano y, lamentablemente, las consecuencias lógicas han comenzado a sentirse con mayor intensidad.

El presupuesto es el resultado de una lastimosa política económica gubernamental que los talentosos especialistas de la administración de Felipe Calderón, coludidos con los no menos inteligentes legisladores, ven como la única solución para remendar, en lo inmediato, su falta de perspectivas para sacar al país de la más grave crisis por la que se ha atravesado desde hace varias décadas.

Porque no hay que ser un genio para darse cuenta de que hay un ánimo pusilánime en las altas esferas políticas para enfrentar y tratar de encontrar soluciones de fondo a esta recesión que se ahondará en 2010.

No hay que ser especialista para entender que las políticas puramente recaudatorias, aun cuando desahoguen un poco las mermadas arcas gubernamentales, tienden claramente a estrangular a la población, cuyas clase media y media baja están cada vez más jodidas, pues en ellas se apoya totalmente el aparato del Estado para sostener sus conocidos excesos y su aparatosa y cara estructura.

Por eso no es de sorprender que haya muchas voces que advierten sobre las posibilidades de un estallido social en México. Por más que desde el gobierno haya una campaña mediática en la que se asegura que todo mejorará y que 2010 será un año de recuperación, la verdad dista mucho de ser tan prometedora.

Hasta Cuauhtémoc Cárdenas salió ya a decir que no hay riesgo de estallido social. La pregunta es con qué autoridad moral, Cárdenas puede afirmar eso, cuando es bien sabido que el ingeniero, desde su penthouse de Polanco, no tiene el pulso ni el conocimiento de la amplia mayoría que va malviviendo al día.

A quienes hay que escuchar ya han hablado y coinciden en lo mismo, estamos a un tris de entrar en un torbellino cuya única salida es el estallido social.

Tampoco se trata de hacer conjeturas abstractas, el tema está de sobra documentado por historiadores y sociólogos que conocen perfectamente los síntomas, y cual médicos saben que si no se aplican los medicamentos adecuados, la infección no se detendrá y hará que el paciente caiga gravemente enfermo, sobre todo cuando el especialista que lo atiende no está capacitado para entender la naturaleza de la enfermedad, y mucho menos para recetar el fármaco adecuado para curarlo.

Hasta ahora han hecho oídos sordos de las repetidas advertencias que la Iglesia ha lanzado en este sentido, y si hay alguien autorizado para hablar del tema son los ministros de culto, por su cercanía con los ciudadanos más vulnerables. Y qué decir del rector de la UNAM, José Narro, quien terció sobre este tema, y hasta el mismo titular de la Sedesol, Ernesto Cordero, quien tuvo un resbalón y saliendo del discurso oficial reconoció que la posibilidad de un estallido es “un tema que preocupa a todos los gobiernos”.

Así que si todo sigue igual, con las ineptitudes políticas y económicas de costumbre, nadie debe sorprenderse ante la cada vez más desoladora posibilidad de un estallido social en serio.

articulo de Francisco Garduño/mileniodiario

Insostenible

Vaca3

Parece haberse extinguido la especie de los científicos, periodistas e incluso primos que negaban el cambio climático. Ahora estamos en la fase de las grandes alternativas: “No niegues nada, pero no hagas nada”. Muchos de los antiguos negacionistas se dedican a la difusión entusiasta de “falsos amigos” lingüísticos, tan nocivos como los gases de efecto invernadero. Cuando te hablan de “crecimiento sostenible” hay que traducirlo ya por “crecimiento simultáneo”, una de las teorías mágicas del neoliberalismo: cómo incrementar el negocio aumentando y disminuyendo a un tiempo las emisiones. Ahí entra el truco del mercado de carbono, ese cambalache llamado también comercio de emisiones. Puede comprarse el derecho a la contaminación sostenible. Esa parece ser la componenda, ensayada en el pacto de Kyoto, que quieren desenvolver las grandes corporaciones y gobiernos timoratos. Otra estafa del capitalismo mágico es equiparar lo desigual. Para entendernos, el as Camps y la copiloto Barberá podrían adquirir los derechos anuales de emisión de metano de una honrada vaca cántabra para poder soltar sospechosos gases efusivos por el tubo del flamante Ferrari. El escritor Flaubert confesó en una carta al ruso Turgueniev: “Siempre he intentado vivir en una torre de marfil, pero una marea de mierda no deja de golpear sus muros, y amenaza con tirarla abajo”. En lugar de inquietarse, hay magnates que desde la altura de la torre de marfil, se frotan las manos ante semejante marea. Empiezas por el comercio de gases de invernadero, y acabas creando un mercado internacional de escrúpulos. Mientras el lobby nuclear refuerza su campaña, vendiéndonos la nueva generación de reactores como fábricas de chocolate, en puntos de la costa italiana se van descubriendo barcos cargados de residuos radiactivos y hundidos por los servicios de limpieza de la mafia. Cuanto más cara sea la mierda, más negocio. Es la criminalidad sostenible.

Articulo de Manuel Rivas/elpais.es

¿Que celebramos,que festejamos?

revolucion2Hoy conmemoramos —ni celebramos ni festejamos— 99 años del inicio de la Revolución Mexicana constatando cómo los ciclos de la historia tienden a repetirse.

El siglo XX irrumpió con profunda recesión mundial que afectó el precio de la plata, principal producto comercial del México de entonces. La desestabilización de la balanza de pagos no pudo impedir —junio 1907— la devaluación del peso, mismo que entonces se decidió respaldar con el patrón oro en sustitución del patrón plata.

Fue en octubre de 1907 que la recesión a nivel mundial desató el pánico financiero en Nueva York. La incipiente industria de nuestro país se vio bruscamente frenada. La precaria situación económica en EU motivó que fueran deportados un significativo número de compatriotas que se habían empleado principalmente en Texas y Arizona. Agreguemos la intensa y desastrosa sequía del verano de 1908, causante de severa escasez de alimentos en todo el país.

El descontento popular se ensañó contra el gobierno de Porfirio Díaz. La clase trabajadora, incentivada por recientes protestas obreras efectuadas en EU, inició masivas movilizaciones, mismas que culminaron con el estallido de la huelga de Cananea y la rebelión de Acayucan en 1906, así como en la huelga de Río Blanco en 1907.

Es en tal entorno que Francisco I. Madero publica en 1908 La sucesión presidencial. Madero aspiraba originalmente a figurar dentro de la planilla de Porfirio Díaz como vicepresidente para las elecciones de 1910. Sin embargo, el remolino de acontecimientos llevó a éste a encumbrarse como figura central del movimiento revolucionario.

Casi un siglo después, la reflexión clave es: ¿La masacre revolucionaria forjó un México mejor?

Fuimos gobernados durante 71 años por un único partido, cuyo legado político quedó impregnado con el sabor de la corrupción y del abuso del poder. Para nuestra desilusión, tras nueve años de alternancia, prevalece el mismo rechazado sabor.

Lamentablemente México se ha venido rezagando en los distintos índices comparativos frente a las demás naciones. El dato fresco de la semana es que el índice de percepción de corrupción en México presentado por Transparencia Internacional muestra que, entre 180 países, en el transcurso de un solo año, pasamos del sitio 72 al 89 y nos situamos a la par que Malawi, Lesotho y Ruanda. Contundente dato de cuánto hemos avanzado en la robolución.

La deplorable posición que corresponde hoy a México es tema que preocupa y ocupa a prestigiadas mentes lúcidas de la vida nacional. El rector de la UNAM, José Narro, convencido de que el modelo de desarrollo y de organización aplicado en nuestro país llegó ya a su límite, que no nos es útil ya para vernos hacia afuera y mucho menos para resolver los problemas que debemos afrontar en lo interno, propuso iniciar el proceso de “refundación de la República” —refundación, ya no revolución— en la búsqueda del crecimiento del país, garantizando el eficiente combate a la pobreza y la mejor distribución de la riqueza.

Nos enfilamos al Centenario de la Revolución con 46% de compatriotas entre pobres e indigentes, la caída anual de 7.1% del PIB, menor inversión, producción y consumo, pero con alza de impuestos, mala educación, alarmante inseguridad, sindicatos corruptos y amafiados, políticos con desprestigio ganado a pulso, petróleo en proceso de extinción, urgidos de reformas estructurales, con desempleo galopante, un reloj legislativo a modo, decepcionados, dolidos, tristes y pesimistas.

¿Qué celebramos, qué festejamos?

articulo de jose rubinstein/excelsior.com

La rechifla del “respetable”

De nada sirve que el Estado Mayor Presidencial apague los micrófonos y filtre el sonido, el repudio es evidente y más vale que el presidente Felipe Calderón lo tome en cuenta.

calderonCuando acompañaba a mi padre al futbol, compartíamos asientos con los familiares de los jugadores del Atlante: Vantolrá, Angelillo, Scarone y otros, y vivíamos momentos inolvidables. En ese tiempo, las narraciones radiofónicas las hacían gigantes del micrófono como Agustín González Escopeta, Fernando Marcos, Alonso Sordo Noriega, Julio Sotelo. Cuando había una mala jugada o un error del árbitro, los espectadores gritaban, silbaban, insultaban, y don Agustín González Escopeta decía: “Podemos escuchar la rechifla del respetable”.

¿Qué tienen de respetable esos locos que gritan, silban e insultan?, le pregunté a mi papá. “Eso —me contestó— es lo que se llama ironía”.

Pues bien, en la inauguración del Estadio Territorio Santos Modelo, allá en Torreón, “el respetable” le dio a Felipe Calderón una gran rechifla.

Recordamos rechiflas épicas, como la que recibió Gustavo Díaz Ordaz al inaugurar el estadio Azteca y la que hubo en el Mundial de Futbol para Miguel de la Madrid, pero la que recibió Felipe Calderón muestra que el hartazgo ciudadano está llegando a un punto que puede presagiar problemas más graves.

Porque “el respetable” aguanta mucho (hay que ver el aguante de los partidarios de los Pumas de la Universidad ante la pobre actuación de su equipo en este año), pero llega un momento en que ya no aguanta más y la rechifla surge espontánea. De nada sirve que el Estado Mayor Presidencial apague los micrófonos y filtre el sonido, la rechifla, el repudio, son evidentes, y más vale que Calderón lo tome en cuenta.

Porque tiene dos problemas que él mismo se ha buscado, el primero es común entre todos los políticos: ofreció mucho, habló del empleo, de bajar los impuestos, de transparentar los dineros del gobierno, de acabar con la impunidad y la corrupción y nada de eso ha logrado y, el segundo, ha sido cada vez más evidente: habla, habla, habla sin parar. No sé si le escriben sus discursos o él los prepara, pero sin llegar a excesos echevérricos o lopezportillistas, en los últimos meses se ha dedicado a hablar y pontificar todos los días.

“El que mucho habla, mucho yerra”, dice el refrán, y al hacerlo ha atropellado las decisiones de algunos de sus secretarios, ha descalificado a los partidos de oposición, ha atacado incluso a los empresarios, y después de que el daño está hecho y el resentimiento es evidente, ha ofrecido las paces y ha invitado al diálogo. Y no sólo eso sino que, al parecer debido a su irritación creciente y su impaciencia, ha increpado a sus colaboradores, uno de los cuales le ofreció su renuncia.

La “rechifla del respetable” es un diagnóstico, pero puede ser también un pronóstico. Al mandato de Calderón le quedan pocos meses de vida y es urgente que se calle, se siente a reflexionar, reordene sus pensamientos y que actúe como Presidente. Si no, esa rechifla puede ser el presagio de algo más grave.

Porque “el respetable” no se equivoca.

Rafael Alvarez Cordero

fuente:exonline.com

Mas leña al fuego

juarez

EXCLUSIVA | Por la muerte de ocho mujeres en Campo Algodonero

El Gobierno mexicano, condenado por ‘feminicidio’ en Ciudad Juárez

El Gobierno mexicano es responsable de las muertes de ocho mujeres en Ciudad Juárez, las víctimas del caso conocido como del Campo Algodonero.

La Corte Iberoamericana ha dictado sentencia a favor de las víctimas, según ha anunciado Emilio Ginés, el abogado de las familias de las ocho mujeres asesinadas en noviembre de 2001.

La decisión judicial, sobre la que no cabe recurso, acepta la petición de los letrados, que culpan al Estado mexicano de ‘feminicidio’. La reclamación presentada ante la Corte Iberoamericana, con sede en Chile, responsabilizaba al Estado por “la falta de una investigación adecuada”.

Primera sentencia condenatoria

Desde 1993, han muerto 480 mujeres en esta ciudad fronteriza mexicana y jamás ha habido una sentencia condenatoria. Esta es la primera.

El juicio se celebró el 27 de abril en Santiago de Chile, donde tiene la sede la Corte Iberamericana de Derechos Humanos. El abogado español Emilio Ginés se encargó del caso, junto con la abogada mexicana Karla Micheel Salas.

Días antes del juicio, la letrada explicaba los motivos por los que habían decidio acusar al Estado mexicano por el asesinato de las ocho mujeres del Campo Algodonero. «Falta de prevención y de atención a lo que viene sucediendo desde hace demasiado tiempo». El tribunal les ha dado la razón.

En Ciudad Juárez, en cuyas maquilas trabajan cientos de mujeres llegadas de todo el país, la delincuencia campa a sus anchas. Amparados en el narcotráfico, los delincuentes abusan de todo aquello que les apetece. Como las mujeres, a las que secuestran, torturan y violan con total impunidad.

«La desprotección llega a todas las estructuras sociales», denunciaba Ginés pocos días ante partir hacia Chile para asistir al juicio. Y añadía que esa falta de implicación de las autoridades dan impunidad al crimen. Desde hace casi una década. Porque el Gobierno mexicano ha sido incapaz de encontrar a un solo culpable. Y ahora es el que debe dar explicaciones.

IMPUNIDAD

Este texto me lo pasaron por correo. Tiene mucha razon.

JUSTICIA PARA UNAS NALGAS.

Para los niños, olvido.

Recientemente a una roquera famosa (¡eeey, güeeeera!) la perjudicaron en codiciada parte de su anatomía. En México, solo tres leyes se cumplen cabalmente: la Ley de Herodes, la Ley del Embudo y la Ley de Gravedad. Pues bien, esta tercera ley había cumplido sus efectos, y el prominente trasero de la cantante mencionada empezaba a mirar al suelo (¡Hacer el amor, con oootro, no, no, noooo!).

Entonces la roquera acudió a una clínica en la que le inyectaron una substancia extraña, con la promesa de que aquella parte luciría “¡eternamente bella, bella, con un hechizo de gitana!”. El resto de la historia es bastante conocido: en lugar de erguirse orgulloso, aquello tomó la forma de un paisaje lunar. Ya no solo el trasero, la vida misma de la cantante estuvo en serio peligro.

Entró en acción la justicia. Inmediatamente fue detenida la dueña de la clínica. Después de una intensa búsqueda, el doctor que practicó las inyecciones fue apresado. Luego fueron detenidos ocho empleados de la empresa productora de la substancia inyectada. El resultado del fallido levantamiento de nalgas: diez personas detenidas.

Puede hacerse ahora una amarga comparación: mientras las instituciones actúan para ofrecer justicia a dos nalgas heridas, los niños fallecidos y heridos por el incendio en la bodega ABC, sus abatidos padres, sus familias, todo Sonora entristecido, todo México consternado esperan justicia. Vale comparar los balances: por una parte dos nalgas heridas, diez reos; por la otra cuarenta y nueve niños fallecidos, una detenida (la infortunada empleada del IMSS cuya labor era revisar los menús).

Este balance pone al descubierto una característica de las instituciones mexicanas: están diseñadas para cuidar a la gente VIP (very important person). A los ojos de los gobernantes (Calderón, Bours, Padrés, Gándara) los niños fallecidos o heridos y sus familiares fueron y son mexicanos de segunda. Por ello el juez federal que atiende el caso fijó, para los dueños de la bodega-guardería, una fianza de dos mil pesos. $ 40.82 por niño. Cuarenta pesos por cada vida perdida. (5 dólares gringos), pero no incluye a los bebés que no murieron y que siguen sufriendo la muerte en vida…

Por eso Padrés se dio el lujo de ratificar a Abel Murrieta, el procurador de Bours. Por eso Calderón, en su reciente visita, ignoró a los padres de los niños fallecidos. Es que no se apellidan Gómez del Campo… ni siquiera Guzmàn.

ABCMartín Vélez

COMO COMPLEMENTO…  LA SEMANA PASADA EL SENADO DE LA REPÚBLICA INICIO PROYECTOS DE LEY PARA QUE SE TERMINE CON LOS CHARLATANES QUE APLICAN PRODUCTOS DE BELLEZA, EN ESTA INICIATIVA SE PRETENDE QUE LOS TRATAMIENTOS SE EFECTÚEN EN CLÍNICAS ESTABLECIDAS Y SANCIONADAS POR SALUBRIDAD Y SE APLIQUEN PRODUCTOS RECONOCIDOS Y ACEPTADOS POR SALUBRIDAD POR PROFESIONALES CON ESPECIALIDAD;  CUANDO LA MAYORÍA DE ESTO ESTA CONTENIDO EN EL CÓDIGO SANITARIO VIGENTE.

Lic. JOSÉ VÍCTOR MARTÍNEZ VÁZQUEZ

Los extremeños se tocan

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De piedra me he quedado a ver algunas de las joyas intervenidas por la policía al clan de la Paca. Jefes indios, navajas de sierra, conejitos playboy… Entre todas, destaca un colgante de oro con forma de kalashnikov, una delirante pieza de orfebrería narcomex que parece trasplantada directamente desde el pecho alfombrado de un capo turco o del mismísimo Pablo Escobar.

Los extremeños se tocan. El mal gusto y el buen gusto, llevados al límite, tocan palmas en la cuerda floja. Al ver la ametralladora dorada he recordado de inmediato la calavera tachonada de diamantes de Damien Hirst, una obra maestra del kitsch que conmocionó el mercado del arte casi con la misma fuerza que la ternera dividida en formol o el tiburón preso en metacrilato. El niño malo del arte británico, todo un especialista en vender mierda a precio de oro, podría darse un paseo por la comisaría y aprovechar algunos de los diseños más estrambóticos para arrasar en la próxima bienal de Venecia.

Las razones por las que algunos de estos escalofriantes engendros metalúrgicos parecen esculturas ultramodernas son las mismas por las cuales la mayoría de las esculturas ultramodernas parecen chatarra recién sacada de un vertedero. Los pintores ya no van, como contaba Dalí, al cagadero real para inspirarse en la infinita gama de ocres fecales. Recogen directamente los excrementos en un capazo y los vierten a brochazos sobre el lienzo, el pedestal o lo que sea, aguardando que se transformen en billetes de curso legal. Es el sueño alquímico perseguido tantos siglos, la transmutación final, la conversión perfecta de la mierda en oro.

En la operación más célebre y desmitificadora de la historia del arte, Duchamp llevó un urinario a un museo. Lo hizo, entre otras cosas, para relativizar y ridiculizar la idea sacrosanta del arte, pero los artistas contemporáneos, dándole la vuelta a Duchamp, han sacralizado el urinario. Han conseguido rizar el rizo poblando los museos de retretes que hay que admirar boquiabiertos.

No obstante, el kalashnikov colgado en el pecho posee una potencia imaginaria que va más allá de su mera función decorativa. El arma asesina suplanta al Cristo, a la Virgen y al santo. La herejía tiene la misma fuerza hipnótica de aquel crucifijo que enseñó Buñuel en Viridiana. Paco Rabal accionaba un botón oculto y del crucifijo saltaba una navaja automática. Los críticos siguen rellenando tesis doctorales sobre los significados ocultos de aquel icono, pero Buñuel los desmontó en sus memorias, al recordar que fue su hermano Juan Luis, muerto de risa, quien compró aquella salvajada en una tienda de souvenirs de la Plaza Mayor.

Hay veces, decía Freud, que un puro sólo es un puro. Y otras que un artista sólo es un buhonero.

Fuente:blog de David Torres