Se busca

hecho-en-mexico

Se busca, se busca a un mexicano innovador, valiente, visionario, con la visión propia de un estadista del siglo XXI. Se busca a un mexicano capaz de desmantelar el aparato callista y el priista que tanto daño han ocasionado y ocasionan a México. Se busca a un mexicano que finalmente intente resolver los problemas del presente con la mirada clavada en el futuro; un mexicano de excepción que haya superado los traumatismos históricos, los complejos inherentes al mestizaje y haya comprendido las consecuencias de una religión administrada por usureros y comerciantes; un mexicano que vea en la educación ineficiente y catastrófica el origen de todos nuestros males.

Se busca a un mexicano que libere al país de sus secuestradores tan corruptos como inmisericordes. Un mexicano que se atreva a desmantelar talentosamente el sindicato de petroleros, el de maestros, el de electricistas, así como otros tantos más. Una cáfila de bandidos que sujeta a México de la garganta extrayéndole, como si fuera una gigantesca sanguijuela, lo mejor de su sangre, mientras la inmensa mayoría de los mexicanos tienen que soportar las extorsiones, los robos y las amenazas de estas pandillas dispuestas a unirse en contra de la patria si un mexicano de excepción llegara a atentar en contra de sus fueros y privilegios.

Cuando Lázaro Cárdenas largó a Plutarco Elías Calles del país se hablaba de golpes de Estado, de un nuevo baño de sangre, del estallido de otra revolución y, sin embargo, cuando Calles fue desterrado no pasó nada, absolutamente nada. Cuando se dijo que si Salinas de Gortari atentaba en contra del sindicato de petroleros o el de maestros se produciría una nueva guerra civil, se paralizaría el país, cuando decapitó ambos sindicatos tampoco aconteció nada, absolutamente nada. De modo que se busca a un mexicano que pueda liberar a la patria de sus secuestradores.

Se busca a un mexicano que se atreva a enfrentarse a los gigantescos monopolios privados mexicanos, que logre imponer una competencia justa sin que se esquilme económicamente a la nación. Un mexicano que abra los mercados, que cree oportunidades y empleos sin complejo alguno a la hora de discutir tratados internacionales comerciales con grandes potencias o enormes bloques empresariales extranjeros. Se busca a un mexicano que logre atacar frontalmente el problema de la corrupción, desde el momento en que el costo de la putrefacción nacional se traduce en la cancelación de cientos de miles de millones de dólares, que no anidan en nuestro país por la falta de solvencia jurídica en las instituciones encargadas de la administración de justicia. ¿Quién invierte en un país en el que no se respetan las reglas del juego y el Estado de derecho no es más que un conjunto de palabras huecas para decorar el discurso político?

Se busca a un mexicano que ejecute la reforma petrolera de la que se podían desprender 600 mil millones de dólares para nuestro país en tan sólo ocho años. Se busca a un mexicano que abra los casinos a lo largo y ancho de la República, como ya existen en más de 100 países, y que provoque una derrama de más de 12 mil millones de dólares de inversión en el sector turístico. Se busca a un mexicano que abra la industria eléctrica y capte miles y más miles de millones de dólares para modernizar dicho sector y se evite el subsidio, mejor dicho, el desperdicio, de más de 50 mil millones de pesos para financiar la ineficiencia y el dispendio.

Se busca a un mexicano que derogue subsidios monstruosos como el de la gasolina que importa 200 mil millones de pesos anuales. Un mexicano que reestructure valientemente el Presupuesto Federal de Egresos acabando, en los hechos, con la economía ficción. Un mexicano que eleve a 23% el IVA para poder suprimir los impuestos a las nóminas, facilitando la contratación de mano de obra y la creación de cuentas en las afores para impulsar el ahorro público, sobre la base de cuidar a los desposeídos con los excedentes que se obtendrían de dicha recaudación. Un mexicano que elimine la economía informal de modo que todos los mexicanos cooperemos al financiamiento del gasto público. Un mexicano que amplíe la base de los contribuyentes y meta en cintura a las grandes empresas que pagan cantidades insignificantes de impuestos recurriendo a mecanismos extralegales para exhibir la ausencia de principios nacionalistas de sus directivos.

Se busca a un mexicano que practique una revolución educativa en alianza con una sociedad comprometida con el futuro de sus hijos y del país. Un mexicano que promulgue la reelección inmediata de legisladores y suprima los subsidios irracionales a las campañas electorales y evite el gasto exorbitado del IFE y del TEPJF… Se busca a un mexicano preocupado por las condiciones ambientales que comprenda la importancia de la desertificación del país en casi 80%, de donde deviene, entre otras razones, la alarmante falta de agua, el primer problema de la nación.

Se busca, se busca, se busca…

Articulos de Francisco Martin Moreno/exonline.com

Del heroismo a la heroina

juan_gelman-2Es notorio que las tropas estadunidenses que combatieron en Vietnam no le hacían asco a las drogas. Menos ahora en Afganistán. Es la primera vez que ocupan un país productor de opio, padre de la heroína, y de ella se sirven para uso personal y no solamente: el paquetito que se puede comprar por 30 dólares a pocos pasos de la base aérea estadunidense de Bagram, al norte del país, rinde centenares de dólares en las calles de Nueva York. Lo comprobó el periodista independiente Shaun McCanna cuando filmaba un documental in situ (www.salon.com, 7 de agosto). Después de todo, Afganistán es el origen del 93 por ciento de la heroína que se produce en el mundo. Era: tanta producción abarató el artículo y los campesinos afganos han reducido algo su cultivo.

No siempre fue así. A mediados de los setenta no había adormideras opiáceas en Afganistán, ni en Pakistán. Todo cambió con la invasión soviética en 1979: el entonces presidente Jimmy Carter dio luz verde a la operación encubierta de la CIA destinada a financiar y armar a la resistencia afgana. En las zonas que iban liberando, los mujaidines ordenaban a los campesinos que cultivaran opio para pagar el “impuesto revolucionario” y se instalaron laboratorios de elaboración de heroína en la frontera afgano-paquistaní protegidos por la CIA y el servicio de espionaje de Pakistán. Resultado: el fiscal general estadunidense William French Smith declaraba en 1981, apenas dos años después, que de allí provenía el 60 por ciento de la heroína que se consumía en EU (sonic.net, agosto-septiembre de 1997). Qué rapidez. No comparable, sin embargo, a la que se observa desde la ocupación de Afganistán.

El gobierno talibán, curiosamente, había reducido en un 90 por ciento el área cultivada con la adormidera. Desde el 2001, año de la invasión, las tierras sembradas se multiplicaron por 15: pasaron de ocho mil hectáreas a 123 mil en el 2009 (Afganistán Opium Survey 2009, Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, septiembre 2009). Los ingresos generados por el tráfico de la droga afgana son considerables. “El comercio de los opiáceos afganos proporciona una gran parte de los ingresos a escala mundial de los narcóticos, cuyo monto estimado por las Naciones Unidas es de 400 a 500 mil millones de dólares anuales”, señaló el especialista Miguel Chossudovsky (www.globalresearch.ca, 12-7-04). Hoy, tal vez más. Son de imaginar los intereses comerciales y financieros, legales e ilegales, que manejan este botín.

Chossudovsky señala que, si se toma en cuenta que el narcotráfico ocupa el tercer lugar, después del petróleo y de la venta de armas, en cuanto a las ganancias que arroja la comercialización de productos a nivel mundial, los poderosos grupos de negocios aliados al crimen organizado compiten por el control estratégico de las rutas de la heroína, no menos importantes que las petroleras y las armamentistas. ¿Habrá sido éste otro incentivo que alimentó la invasión y ocupación de Afganistán? Los talibanes se están tomando la revancha: venden heroína barata a las tropas estadunidenses, desgastadas por las misiones de combate y, sin embargo, con bastantes horas libres por día en las que hay que entretenerse. ¿Con heroína? Por qué no.

McCanna compró heroína una docena de veces con absoluta libertad mientras realizaba su documental sobre la muerte en circunstancias sospechosas del soldado John Torres, que había escrito a su familia acerca de los problemas de drogadicción en la base aérea de Bagram. Aunque un portavoz de la base, el mayor de ejército Chris Belcher, había emitido un comunicado en el que indicaba que “son escasos los informes sobre el uso de drogas o de alcohol (entre los efectivos estadunidenses) que recibe la policía militar”, McCanna no pudo hablar con tres veteranos que recibían tratamiento por drogadicción, como se le había prometido. Los únicos datos oficiales del Departamento de asuntos relativos a los veteranos mostraban que no existían —o eran pocos— los casos de consumo de heroína por las tropas estadunidenses en Afganistán. Quién sabe.

El general de cuatro estrellas (R) Barry McCaffrey, zar de las drogas bajo la férula de Bill Clinton, confesó no hace mucho que el uso de drogas entre las filas de ocupantes estadunidenses se había duplicado en los últimos cuatro años. Si se aumentara el número de efectivos trasladados de Irak a Afganistán, agregó, muchos más “meterían la nariz (en la heroína) y les va a gustar” (www.thedailybeast.com, 4 de noviembre). Si Obama decide finalmente destinar 40 mil militares más a una guerra que ya dura ocho años, los estará exponiendo a la muerte por droga o plomo. Pero se sabe que a la Casa Blanca poco importa ese detalle, empeñada, como está, en “la lucha por la libertad y la democracia” en todo el mundo.

Articulo de Juan Gelman en milenio diario

Caballitos negros

EL RUIDO DE LA CALLE|RAUL DEL POZOdelpozo

  • 03.11.2009

Ulises, que cada día pone su genio en esta columna como puro nieto de Siqueiros, me habla esta mañana del culto a la muerte de los muralistas mexicanos, a los cuales, como a sus compatriotas, el óbito se la suda; juegan con él, lo pintan y lo celebran. Ulises ha dibujado junto a su bellísima hija Yuriria uno de esos judas que ilustran en su país la gran fiesta de los parados de pestañas. Me dice que México rinde culto a los finados desde que en el tiempo de los aztecas la pirámide del sol y la pirámide de la luna se unían a través de la calzada de los muertos. Carecen del pavor a la parca de los gachupines y ahora les enseñan a éstos a palmar sin aspavientos.

Se celebran en el Museo de América unas jornadas de homenaje a los callados, al estilo del gran país donde la muerte es una fiesta y la vida no vale nada: te la pueden volar por poner la música alta. El Indio Fernández mató a un periodista cojo porque se atrevió a decir que en Cannes no había gustado la película. Allí les llevan estos días a los difuntos su comida, su tequila y su tabaco, al contrario que aquí, donde la muerte no se toma a broma excepto en ocasiones. (Me han contado, en la Cemtro, que Camilo José Cela, días antes de fallecer en esa clínica, les decía a las enfermas cuando iban a tomarle la tensión: «Seguramente me moriré hoy»; las enfermeras salían de la suite, que ahora lleva su nombre, aterrorizadas).

En Madrid apenas se notó el día de difuntos. Don Juan Tenorio se quedó en Alcalá; ya no le dejan fanfarronear en los teatros de la Villa, por acosador y machista. Ninguna mujer se rasgaría hoy las bragas por el farolero sevillano, «lo mismo que un rebaño de víctimas sumisas» (Baudelaire). Las plañideras están en los periódicos, son los que hacen obituarios.

Una empresa ha propuesto una línea de trajes para mortajas diseñados por Antonio Miró. Venden ataúdes biodegradables. La Iglesia prefiere las tumbas a la cremación. Lo dice el Génesis, el Eclesiastés: eres polvo y al polvo volverás, y ahora los curas predican que aventar cenizas es un rito pagano, pura banalización de la muerte. Dan la razón a Luis Carandell cuando contaba que se acabó el luto y sus pompas. Pasaron -decía- los tiempos de los bonitos entierros con sus caballitos blancos, sus caballitos negros, sus cajitas de pino y sus muertecitos dentro. También han desparecido aquellos tiernos epitafios: «Marianita, nos dejaste a los cinco meses. ¡Qué pronto empezaste a darnos disgustos!».

Hace 100 años, los madrileños pagaban por un sello 10 céntimos, por casarse 10 reales y por un entierro de primera, 750 pesetas. Ahora, la Iglesia tendría que tener en cuenta la crisis: quemar a un doblado vale 500 euros menos que enterrarlo.

elmundo.es

Y si los yanquis vienen a matar narcos a Mexico

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¿Queremos ayuda de fondo para la guerra contra el narco, o nos contentamos con los mínimos de la Iniciativa Mérida, que evita compromisos y requisitos incómodos?, preguntan retóricamente Jorge Castañeda y Héctor Aguilar Camín en el formidable ensayo que han escrito a cuatro manos en Nexos. Y perfilan la respuesta: “No tiene sentido declararle la guerra al narco si no se cuenta con el Ejército, la policía y el servicio de inteligencia necesarios. La única manera de poseerlos es con ayuda externa. En nuestro caso, sólo puede venir de Estados Unidos”.

La idea se vuelve dos veces provocadora al entrelazarse con las últimas cifras de ejecutados. En la estadística de MILENIO, octubre fue el segundo mes más violento del calderonismo, con 840 ejecuciones relacionadas con la lucha contra el narco. El total de 2009 llega así a 6 mil 714 y el de los 35 meses del sexenio a 15 mil 290.

Se dirá que 90 por ciento de esos muertos son criminales, que hay récord en el número de bandas desmanteladas, droga incautada y capos encarcelados. Pero nadie podrá afirmar en serio que es una guerra que se va ganando: ni se ha recuperado el territorio que 15 mil muertes supondrían, ni se ha limpiado a las policías locales, ni se han alterado los precios, ni hay una mejor vida cotidiana para millones de mexicanos. Sin esas cuatro premisas resueltas, lo demás es estadística y propaganda.

¿Nos estaría yendo mejor con la mano de los yanquis? Quizá, aunque el ejemplo colombiano tampoco es como para hacerse grandes ilusiones.

Lo imperdonable, y lo subrayan Castañeda y Aguilar Camín, es que pasen las generaciones y sigamos sin poder siquiera discutir esos asuntos.

Quince mil 290 ejecutados. ¿Para qué?

gomezleyva@milenio.com

¿Para que tanto leer?

38. El Libro

26/04/2008

La lectura va a menos porque no encuentra suelo donde arraigar ni espacio donde esponjarse

El insecto queda exterminado sin infligirle un mal directo, pero no se reproducirá en la ciudad. Igualmente, el fin del libro y su lectura no proceden, en especial, de la educación deficiente, la impericia de las editoriales o una siembra de cizaña (¿televisión?, ¿videojuegos?) que lo matan directamente y de raíz. Simplemente, la lectura va a menos porque no encuentra suelo donde arraigar ni espacio donde esponjarse.

La actualidad del mundo, la realidad de los intervalos de trabajo y tiempo libre, coinciden con una disponibilidad para leer tendente a cero. Y no se diga ya para leer a fondo. Los momentos en que aún se lee se obtienen de intersticios de una construcción cuya fachada central repele lo libresco como materia ajena a su iluminación natural. Se lee, efectivamente, en los cantones del sistema, en los estrechos itinerarios de transporte público, en los puentes o en las vacaciones, en los tiempos muertos.

Todo tiempo oreado y candeal se ocupa, generalmente, en otros gozos, sean los viajes, el sexo, Internet, las copas, los juegos en las pantallas, las cenas o los cines. ¿Tiempo para leer? Quien lee se extrae literalmente de la cadena nutricional reinante para insertarse en un nicho marginal. Todo lector, y tanto más cuanto más lo es, traza su fuga y, a su pesar, se convierte en fugitivo de la contemporaneidad.

Efectivamente, los lectores de Harry Potter y otros best sellers internacionales no abandonan el reino, pero ¿quién puede decir que encarnan al profundo lector? Son lectores mutantes que como la presunta clase de himenópteros futuros hallará albergue en el asfalto. No ya en la fisura del asfalto sino en el mismo piso puesto que esta tipología no alude a un lector convicto, sino al libro de recreo importado de lo audiovisual. Son lectores de letras pero no letrados, siguen la línea de la página pero según los patrones del hilo cinematográfico o del musical.

El resto, los lectores conspicuos que aún permanecen, son hoy trabajadores autónomos, artistas profesionales, jubilados, impedidos, enfermos, críticos literarios, editores, directores de colección, traductores, autores. Fuera de ese ejército marcado y en declive creciente, apenas unas unidades más pueden sumarse al mundo lector.

Los libros, infantiles, juveniles, de autoayuda, de intriga, de salud, de consejos prácticos, de empresa, de texto, etcétera, componen la mayoría del tonelaje que trasladan todavía los contenedores del sector editorial y que pronto serán reemplazados masivamente por la superior eficiencia de las pantallas. No hay ocasión, pues, para complacerse en los libros literarios o en los libros del saber, ni tampoco una razón firme para confiar en su ventaja utilitaria.

En consecuencia, toda lectura de El Quijote con el ánimo de propagar la lectura como signo de salvación social no será sino la chusca representación de una función agotada y la teatralización de la impotencia. No se lee por El Quijote, no se lee siquiera por consejo o ejemplo de los padres, se lee cuando el bocado de tiempo que pertenece al libro procura sabrosas y efectivas sensaciones de placer. Sin embargo, para ello no basta cualquier tiempo marginal, contaminado o intersticial, ni tampoco el tiempo urgido o el intervalo fatigado del fin del día. Quienes leemos y leen el libro no se alistan entre quienes se integran más y mejor, sino entre los que añoran ese producto que aprendieron saludablemente a paladear.

¿Escuelas gastronómicas para la lectura? Todas las escuelas gastronómicas se dirigen a acrecentar la variedad de los restaurantes, esos espacios donde efectivamente el mundo joven acude con insólita frecuencia y cuyo disfrute pertenece de pleno derecho a los entretenimientos de esta cultura reinante que atiende, en sus acortados tiempos libres, a las benditas sensaciones del cuerpo y no a los enrevesados ejercicios que a menudo exige la degustación mental.

articulo de Vicente Verdu

Santos y difuntos

LA TRONERA|ANTONIO GALA

antonio gala02.11.2009.

  • LA IGLESIA hace, a veces, examen de conciencia. En general, cuando se trata de pagar facturas; en particular, de declararse en suspensión de pagos para eludir las indemnizaciones. Es lo que ha sucedido, lo primero, en la práctica totalidad de los Estados Unidos; lo segundo, en siete diócesis acogidas milagrosamente al Capítulo 11 de la Ley General de la Bancarrota. Pero ¿se evita el escándalo de los juicios por pederastia? Son tantos, que arruinan los poderes económicos de la Santa Institución. (Aunque se excuse diciendo que no se trata de paidofilia sino de efebofilia: ganas de entrejoder, como dicen en Jerez.) Los abogados y las víctimas tachan esas maniobras de «desesperadas»: una palabra fea para quien la esperanza es la flor de las virtudes. Pero que aún queden, tras la fingida bancarrota, ocho procesos en el aire sólo en Delaware, tiene algo de tela marinera; y el trasiego de curas acusados de unas diócesis a otras para eludir los desembolsos, algo de cabronada. Sea quien sea su autor. Aquí el «que Dios se lo pague» ya no sirve.
  • fuente:elmundo.es

¿Mas impuestos para esto?

2009-11-02luis_gonzalez_dealba_2

En MILENIO pudimos leer el uso que a nuestros impuestos daba el difunto Armando Chavarría, miembro del PRD y presidente del Congreso guerrerense asesinado el 20 de agosto. La nota de Rodolfo Montes resulta escalofriante ahora que enfrentamos un alza de impuestos. La Procuraduría del estado de Guerrero debió tomar declaración a 60 mujeres (se-sen-ta) con las que el legislador tuvo “relación sentimental”, como ahora se dice. Las tuvo en línea y en batería: unas en fila y otras al mismo tiempo.

Debemos a Octavio Hoyos, fotógrafo de este diario y buen observador, la noticia de que Andrés Manuel López jr. calza tenis de a 12 mil pesos el par. Su padre no tiene empleo conocido ni negocio lícito declarado, por eso podemos regresarle la pregunta sangroncita con que se hacía chistoso durante su campaña presidencial cuando se refería a gastos de opositores: ¿Quén pompó?

De las 60 mujeres que le manteníamos a Chavarría los cautivos de Hacienda, al menos nueve, a cuyas declaraciones tuvo acceso el reportero, afirman que recibían regalos nada despreciables del legislador perredista: departamentos, vehículos y dinero en efectivo “hasta por 15 mil pesos mensuales”. Falta saber si con las sesenta era tan dispendioso con dinero de los contribuyentes.

Y en cuanto al júnior de López Obrador, con sólo 22 años ya puede presumir en fotografías subidas a Facebook de ir en yate con dos bellas en bikini abrazadas a sus lados. A ver, haga memoria, ¿a quién vimos así unos años atrás? Pues nada menos que a Raúl Salinas de Gortari, pero éste era un hombre en su cuarentena y con negocios conocidos, iba en simple lancha y, sobre todo, no era hijo del único honesto legítimo y sin ingresos legales.

El tema daba pues para mucho, así que Nayeli Gómez, de La Razón, siguió el hilo de la noticia hasta la tienda Louis Vuitton: “Los tenis Louis Vuitton que usa el hijo de Andrés Manuel López Obrador son tan exclusivos que para México sólo se vendieron dos pares por talla. De acuerdo con la encargada de una de las cuatro tiendas que se ubican en la ciudad de México, el costo de los tenis fue de 11 mil 400 pesos.

“Son tenis muy exclusivos, no cualquiera puede tener un par; es excelente que en la familia haya uno. Son muy muy exclusivos. Es impresionante cómo la gente los ha buscado; cuando en junio empezaron a salir, la gente los comenzó a buscar, pero ya no había pares porque la lista de espera era muy grande.”

Ha de ser cierto: “Es excelente que en cada familia haya un par” (¿y por qué sólo uno?, dice el resto de La Famiglia), y las masas que aplaudieron a René Bejarano, el del maletín y traje retacados de dólares, al oírlo prometer 80 mil despensas en el mitin del SME, debieron de suponer que la despensa incluiría el par de tenis de a 11 mil 400 pesos correspondiente a cada familia.

Una afirmación de López Obrador se confirma cada día: “Soy indestructible”, clamó a voz en cuello. Es verdad: ¿qué político, en el mundo entero, resiste el video de su secretario de Finanzas jugando cada tres semanas en el hotel más caro de Las Vegas? ¿Cuál resiste la prueba de que lo previno para escapar y luego lo escondió en territorio perredista? ¿Y los videos de sus hombres de confianza llenando maletines y bolsas con fajos de dólares? ¿Cuál consigue un secreto de diez años para los precios a que pagó su obra máxima, nunca licitada? ¿Cuál logra hacerse de 50 casas de campaña por todo el país sin que se conozca cómo carajos las paga y sostiene? ¿Cuál resiste la demostración de que su chofer ganaba más que el presidente Lula de Brasil? Todo apunta a que hizo un muy gordo “cochinito” para su campaña presidencial.

Como dijo: López Obrador es indestructible. Resiste por una sola y exclusiva razón: vive en un país habitado por mexicanos con idiocia hereditaria.

Y el presidente Calderón nos pide pagar más impuestos para que se escurran por estos barriles sin fondo. Fox no tuvo necesidad de subirlos porque gozó de una bonanza petrolera mundial, misma que derrochó en más y peores burócratas en todos los niveles de gobierno. Los ciudadanos no hemos visto una plan para volver, siquiera, a los niveles priistas de burocracia. ¿Despedirlos? No porque se afectan sus derechos laborales. ¿Reducir la jugosa tajada de los partidos? Ni pensarlo. Sólo dejan un camino: aumento a la deuda, y ya lo conocemos: lo siguieron Echeverría y López Portillo, de ahí que conozcamos sus sexenios como “la docena trágica”.

fuente:milenio diario

¡Ya bajenle!

Denise Dresser: Los partidos, carteles de la política

Noviembre 1, 2009 450px-Denisedresserg

Democracia costosa para el país y onerosa para los contribuyentes

¿Sabía usted que en este contexto de crisis económica, los partidos recibirán 3,012 millones de pesos el año próximo? ¿Sabía usted que con esa suma se podrían incorporar 500 mil familias más al programa Oportunidades? ¿Sabía usted que esa cantidad es casi el doble de los recursos destinados para la reconstrucción de la red de carreteras federales? ¿Sabía usted que es poco menos del presupuesto total para todas las actividades culturales? ¿Sabía usted que es casi el doble de los recursos destinados a sistemas, exámenes y proyectos para la prevención del delito de la Secretaría de Seguridad Pública? ¿Sabía usted que es 1.5 veces el presupuesto total para 230 millones de libros de texto para 25 millones de estudiantes? La numeralia de lo que cuestan y gastan los partidos revela un sistema político que en aras de promover la equidad, ha producido una democracia de alto costo y bajo rendimiento. Una democracia que gasta 224 pesos por voto cuando un país como Brasil sólo gasta 4. Una democracia con partidos blindados ante los costos de la crisis, blindados ante los despidos de personal, blindados ante los planes de austeridad y los recortes presupuestales. Partidos a los cuales se les ha garantizado una bolsa enorme de dinero público que sólo crece con el paso del tiempo, porque su financiamiento está vinculado al padrón y no al desempeño.

Hoy en México la democracia no significa igualdad de oportunidades para contender, sino igualdad de oportunidades para abusar.

Quizás por eso, como lo revela una encuesta reciente realizada por la Secretaría de Gobernación, sólo 4 por ciento de la población confía en los partidos y sólo 10 por ciento piensa que los legisladores legislan en favor de sus representados. La población ve a partidos ricos, partidos que se niegan a rendir cuentas, partidos que se rehusan a reducir gastos, partidos que en lugar de demostrar sensibilidad ante el imperativo de la crisis, proponen ajustes en el cinturón de los otros. Partidos que canalizan el dinero público para pagar actividades poco relacionadas con el bienestar de la sociedad. Organizaciones multimillonarias que en lugar de transmitir demandas legítimas desde abajo, ofrecen empleo permanente a los de arriba. Agencias de colocación para una clase política financiada por los mexicanos, pero impermeable ante sus demandas. Otorgándose —una y otra vez— salarios altos, fiestas fastuosas, viáticos inmensos, exenciones amplias, cónclaves partidistas en las mejores playas. Cada día sale a la luz otro exceso de un sistema partidista que cuesta mucho y rinde poco. Allí está el despilfarro institucionalizado; el derroche legalizado. Ejemplo tras ejemplo del privilegio de mandar. Evidencia tras evidencia del privilegio más delicioso que es gastar el dinero ajeno. Ese dinero que pertenece a los habitantes de México y que es entregado con fines fiduciarios a través de los impuestos. Ese dinero que podría contribuir a tapar el boquete fiscal, pero acaba pagando los privilegios de los partidos. Ese dinero que no les pertenece pero es usado como si fuera suyo. Y los partidos se actúan así porque pueden. Porque las reglas han sido creadas para permitir y perpetuar este tipo de comportamiento. Hoy el país padece las consecuencias de una decisión fundacional que se ha vuelto contraproducente. La apuesta al financiamiento público dispendioso a los partidos como una forma de fortalecer la democracia está empeorando su calidad.

Lo que funcionó —como resultado de la reforma electoral de 1996— para fomentar la competencia ahora financia la incontinencia. El subsidio público a los partidos entonces resolvió algunos dilemas, pero ahora ha creado otros y muy graves. Las reformas diseñadas produjeron partidos que son cárteles de la política y operan como tales. Deciden quién participa en ella y quién no; deciden cuánto dinero les toca y cómo reportarlo; deciden las reglas del juego y resisten demandas para su reformulación; deciden cómo proteger su feudo y erigen barrerras de entrada ante quienes —como los candidatos ciudadanos— intentan democratizarlo.

Y el problema es que la solución al desfiguro del sistema político depende de los propios partidos. Depende de quienes se benefician del statu quo y no tienen incentivos para reformarlo. La solución a aquello que aqueja a la República está en manos de quienes contribuyen a expoliarla. Depende de quienes saben que el reto ya no es la equidad electoral, sino el despilfarro de recursos públicos y la ausencia de mecanismos fundamentales de representación y rendición de cuentas. Por ello hoy muchas organizaciones y ciudadanos insistimos —como llevamos años haciéndolo— en la reducción del financiamiento público a los partidos en 50 por ciento y la revisión de la fórmula conforme a la cual los partidos reciben recursos públicos, para que se calcule no con base en el padrón electoral sino con base en la participación de los ciudadanos en las elecciones. De esa manera, los partidos recibirían recursos en proporción al tamaño del voto que fueran capaces de obtener.

Así, la propuesta contemplada contribuiría a mejorar sus métodos de reclutamiento, a mejorar sus propuestas de campaña, a hacerlos corresponsables de la calidad de la democracia mexicana. Estos son cambios urgentes. Estos son cambios imprescindibles ante un andamiaje institucional que ya no es capaz de asegurar la credibilidad o la equidad o la confianza.

Encuesta tras encuesta lo subraya: 50 por ciento de la población no cree en la democracia y sospecha de sus principales actores; más de la mitad de los encuestados afirma que los partidos políticos “no son necesarios” para el bien del país; 77 por ciento piensa que las elecciones “cuestan demasiado” y son “poco o nada útiles para informar a la ciudadanía”.

Los ciudadanos contemplan y padecen elecciones competitivas pero demasiado caras. Partidos bien financiados pero poco representativos. Contiendas equitativas pero donde todos tienen la misma capacidad para gastar sumas multimillonarias. Un sistema para compartir el poder que beneficia más a los partidos que a los ciudadanos. Una democracia costosa para el país y onerosa para los contribuyentes que la financian.

Y ése seguirá siendo el caso hasta que los ciudadanos demanden —como lo estamos haciendo ahora— recortar el presupuesto para los partidos; hasta que los ciudadanos insistan en que si los partidos quieren tener la credibilidad suficiente para apretar el cinturón de los otros, necesitan comenzar con el suyo; hasta que los ciudadanos clamen “Ya bájenle” y se sumen a la convocatoria en www.yabájenle.org.mx.

Hasta que los ciudadanos acoten el privilegio de mandar.