Filomena, el trumpismo y el cambio climático

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Hace ahora dos años, en enero de 2019, cuando Donald Trump todavía tenía cuenta en tuiter, una ola de frío se extendió por Estados Unidos dejando temperaturas mínimas de 40 grados bajo cero. Trump, una de cuyas batallas políticas mas importantes ha sido el negacionismo del cambio, climático aprovechó la oportunidad de hacer alarde de ese negacionismo, y escribió un tuit en el que decía más o menos esto: “¿Qué demonios está pasando con el calentamiento global? Por favor vuelve pronto ¡Te necesitamos¡”. Algo parecido hemos vivido a escala española en estos días de nieves y frío en las redes. sociales

Es ya un clásico del negacionismo aprovechar las olas de frío para cuestionar el calentamiento global. Poco les importa a ellos que los datos que avalan el progresivo calentamiento sean contundentes, y que 2020 haya sido el año más cálido desde que hay registros: el negacionismo aprovecha cualquier oportunidad para hacerse notar. También ha ocurrido con Filomena, y mientras nevaba intensamente en grandes zonas de España, las redes se llenaban de comentarios  del estilo trumpista.

En realidad de poco o de nada les sirven a los negacionistas las explicaciones científicas. También estos días numerosos expertos han explicado que los eventos meteorológicos extremos, como la tormenta de nieve Filomena que  hemos vivido, son uno de los efectos esperables del cambio climático. Pero eso no importa a quienes niegan el cambio climático, porque tratan simplemente de sembrar  dudas que dificulten la acción política decidida para reducir las emisiones. Llevan 30 años haciendo lo mismo. El actual negacionismo climático no tiene ninguna base científica, y es más parte de la conspiranoia extremoderechista, bien financiada por las empresas petroleras, que cualquier otra cosa. De hecho en España la extrema derecha de VOX ha hecho del negacionismo climático su principal mensaje en materia ambiental (junto con la defensa de la caza y los toros).

Más sorprendente ha sido que, aprovechando la nevada que nos trajo Filomena, el Presidente de Aragón, Lambán, del PSOE saliera en tuiter desmintiendo la predicción científica de que (tal y como demostraba la nevada de estos días) el cambio climático iba a acabar con la nieve en las montañas, y aclarando que en realidad lo del cambio climático es una teoría científica sin confirmar… Es decir, se ponía al nivel argumentativo del negacionismo más recalcitrante,
aunque en el caso de Lambán es público y notorio que lo que pretende es defender las polémicas y contestadas obras de Castanesa, en el Pirineo aragonés. En todo caso,  han sido unas declaraciones lamentables de un presidente socialista de una comunidad autónoma como Aragón.

La mala noticia en todo caso es que el cambio climático sigue aquí, a pesar de Filomena. Ciertamente el frío de estos días nos recuerda los tiempos en que los inviernos eran más duros, pero recordemos que no hay que confundir la meteorología con la climatología, y que una ola de frío no es prueba de que no haya calentamiento, sino al contrario es parte del mismo fenómeno de alteración climática.

Ya vemos como ha acabado lo de Trump. Pero el trumpismo sigue vivo, y el negacionismo climático también, así que afinemos los argumentos para rebatir el cuñadismo con contundencia y sigamos adelante en esta lucha sin cuartel para evitar que se continúe agravando la situación climática. La década en la que entramos es decisiva, y no podemos distraernos del objetivo de reducir las emisiones, con todo lo que eso conlleva.

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La culpa es de Pedro Sánchez

2020, un año de mierda en todos los sentidos de la palabra, terminó bien. Nuestro pequeño Muro de Berlín, la Verja del Peñón, empezó a oxidarse merced al principio de acuerdo de Nochevieja entre España, el Reino Unido y Gibraltar. Si los actores de este acontecimiento histórico cumplen con la palabra dada, en seis meses Gibraltar formará parte del territorio Schengen de la UE, se empezará a construir junto al Campo de Gibraltar una zona de prosperidad compartida para igualar rentas –en pocos kilómetros cuadrados conviven las más altas y las más bajas- y la frontera de colas y sufrimientos saltará por los aires como un acto colectivo liberador y benefactor.

Después de 300 años de fracasos militares y diplomáticos, de batallas perdidas y cerrojazos de carcelero, los ciudadanos de ambos lados de la frontera serán así los únicos ganadores del famoso contencioso. Merced a una pizca de sentido común y cuatro ratos de diálogo en pos de un acuerdo, se derribaron tres siglos de incomprensión.  Así de fácil, así de complicado.

Comprendo que muchos diplomáticos patrios estén decepcionados. Definitivamente, me temo que quedará enterrada para siempre la leyenda que decía que quien consiguiera recuperar el Peñón, recibiría el marquesado de Gibraltar ipso facto.

A partir de ahora, gracias a Fernando Morán, a Miguel Ángel Moratinos –nadie llegó tan lejos como él-, Alfonso Dastis y Arancha González Laya, con la broma del título nobiliario en el fondo del Estrecho, tendremos ósmosis a cañonazos. Cualquiera sabe qué será cada quién a la vuelta de años, décadas, siglos. ¿Españoles? ¿Británicos? ¿Marroquíes? ¿Quizás todos gibraltareños? No sería mala patria.

En cualquier caso, para la derecha y la extrema derecha, que han estado siempre en contra de cualquier progreso de los españoles desde la democracia, el divorcio y la Constitución para acá, la culpa es de Pedro Sánchez, sin ningún género de dudas.

Sin embargo, 2021, año de esperanzas, empezó regular. La toma del Capitolio USA a manos de los trumpistas más descerebrados nos ha dejado con el cuerpo cortado. Eso de que en la autodenominada primera democracia del mundo se haya producido un intento de golpe de Estado, auspiciado por su presidente, es para no dormir tranquilo.

Para la derecha y la extrema derecha nacional, es decir, PP, Ciudadanos y VOX, el susto les ha servido no para reflexionar sobre la fragilidad de la democracia –ya lo advirtieron los padres fundadores en EEUU- sino para sacar rédito político. Así las cosas, han equiparado la toma del Capitolio con el Rodea el Congreso que pidieron Plataforma ¡En Pie! y Podemos en 2012 y 2016, respectivamente.

Que los dirigentes de estos partidos han estado no rodeándolo sino enfrentándolo junto a los policías y guardias civiles de la ultraderechista Jusapol, que se saltaron por cierto el cordón policial, junto a los negacionistas de la muerte digna y la eutanasia, junto a padres de las escuelas concertadas que estaban en contra de la Ley Celáa, junto a todos aquellos conmilitones que consideraban al Gobierno de Pedro Sánchez ilegítimo, no se acuerdan.

Que están abonando el terreno a golpe de tremendismo para que los nostálgicos de la noche más larga propongan por whatsapp fusilar a 26 millones de españoles del tirón, no es para tanto. Claro, la lista no incluiría ni a ellos ni a los suyos; sino a poetas, a compañeros del Metal y a todos los colegas de Bertolt Brecht.

Afortunadamente, los tuits de Abascal dejan huella y rezuman la misma mala baba que Trump. Vean y vomiten. Contra la eutanasia: “Quizá sea hoy uno de los días más funestos de la democracia. El Gobierno de la muerte ha condenado hoy a la muerte a los más indefensos y a la desesperanza a los más débiles y a los que más sufren”. Contra la investidura de Pedro Sánchez: “‪@Santi_ABASCAL‪ hace un llamamiento a la movilización el 12 de enero en toda España ante el repugnante fraude electoral de Sánchez. Levantamiento popular contra el Gobierno traidor, ilegítimo y enemigo de la soberanía nacional “. Y qué decir de Isabel Díaz Ayuso, que es una caricatura de Trump, mitad vestal de los Proud Boys, mitad niña bonita de la Sección Femenina que el PP lleva dentro. No reproduzco ninguna manifestación suya siguiendo las recomendaciones de Naciones Unidas para la erradicación de los tontos del bote de la primera línea política.

En cualquier caso, para estos artistas del engaño y la media verónica, la culpa no es de Pablo Iglesias: es de Pedro Sánchez por haber pactado con Podemos y los de Rodea el Congreso, ¿no?

Por último, 2021 ha continuado con el retraso de la vacunación en Madrid y en otras comunidades. Pero en la España dentro de España, donde el milagro de la gestión de la pandemia se hizo mujer, la culpa la tiene Pedro Sánchez, que, como demostrarán sus tertulianos, ha traído la nevada del siglo para ralentizar dicha vacunación y poner en peligro la vida de millones de madrileños.

Y por supuesto también es el culpable de la nevada. Pedro Sánchez siempre es el culpable. ¡Faltaría más!

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Llueve sobre mojado: China y el “incidente del Capitolio”

XULIO RÍOS

Director del Observatorio de la Política China

Los seguidores del presidente estadounidense Donald Trump, agolpados en las escalinatas de acceso al edificio del Capitolio, en Washington. REUTERS/Leah Millis
Los seguidores del presidente estadounidense Donald Trump, agolpados en las escalinatas de acceso al edificio del Capitolio, en Washington. REUTERS/Leah Millis

En buena parte de la sociedad china siempre ha existido una cierta admiración por “Meiguó”, los Estados Unidos, literalmente “país hermoso”. Incluso entre las élites se puede hablar de una especie de sana envidia hacia el poder y el desarrollo de dicho país. El viaje que Deng Xiaoping realizó a EEUU en enero de 1979, en plena guerra fría con la URSS, fue decisivo para certificar el sentido inicial de la reforma y apertura que China iniciaba entonces para dejar atrás el maoísmo.

En los últimos años, sin embargo, esa admiración, mantenida en gran medida a pesar de discrepancias y tensiones, algunas graves como el bombardeo “accidental” de la embajada china en Belgrado en 1999, se ha ido mitigando. Primero fue la crisis financiera de 2008, que puso fin a la devoción por la ingeniería financiera estadounidense, repleta de sombras. Aquella crisis explica, entre otros, la renuencia a ampliar alegremente la apertura de la cuenta de capital e incluso en parte también las reticencias manifestadas en el reciente caso del gigante financiero Ant Group de Jack Ma. Después, llegó la pandemia, con la pésima gestión del presidente Trump, resultante en el fiasco que todos conocemos.

Lo que en China llamarían el “Incidente del Capitolio” puede marcar un tercer punto de inflexión y dar el golpe de gracia a cualquier atisbo de admiración residual. Cierto que a Xi Jinping le viene al pelo para exhibir una vez más fortaleza frente a unos disturbios que fácilmente pueden calificarse de expresión de la decadencia de la democracia estadounidense, aunque bien podrían actuar como un revulsivo. Dirán que ahora prueban de su misma medicina, una “revolución de color” como las instigadas por medio mundo, incluso en “su mundo”: Taipéi o en Hong Kong, pongamos por caso. En Taiwán, el asalto de los estudiantes al Yuan Legislativo en 2014 supuso el fin de la bonanza cooperativa entre los dos lados del Estrecho y el inicio del imparable ascenso del independentismo más pro-estadounidense que culminaría en 2016. A diferencia de la demócrata Nancy Pelosi, el entonces presidente del parlamento taiwanés, Wang Jin-pyng, del Kuomintang, se negó a expulsar a los estudiantes del recinto parlamentario. Aquel Movimiento Girasol no consumó un golpe de Estado pero si propició un cambio de rumbo radical en la política taiwanesa. En Hong Kong, el Movimiento de los Paraguas está en el origen de una larga crisis política que con el asalto al Consejo Legislativo en 2019, enarbolando por cierto banderas estadounidenses, dio un vuelco: no logró del todo hacer hincar la rodilla a Beijing pero supuso un punto de inflexión en aquella crisis abonando argumentos para justificar la vía represiva ahora en pleno auge en la región.

¿Puede la China de Xi vivir una situación similar a la de EEUU? Dejando a un lado las cuestiones de seguridad, sobre las que Beijing lleva tiempo muy alerta, la cuestión política clave radica en la división de la sociedad. Trump elevó la confrontación, tanto a nivel interno como exterior, a la condición de marca de su política. Estados Unidos es un país partido en dos como también en todo el mundo alentó la política de con nosotros o con China. Por el contrario, China, con su sueño de revitalización nacional, y a pesar de sus agujeros negros, no solo presenta un balance globalmente exitoso sino también una sociedad que mayoritariamente está unida en torno a un proyecto nacional. Añadamos a esto que las políticas adoptadas por el capitalismo ultraliberal en EEUU –ya con anterioridad a Trump- desgarraron profundamente la sociedad de dicho país, mientras que en China desde hace una década se está realizando un fuerte empeño por corregir las desigualdades, acabar con la pobreza, ensanchar la clase media, etc., para crear aquella sociedad armoniosa que decía Hu Jintao.

En clave china, Trump ejerce de auténtico neomaoísta, apelando a las masas para utilizarlas en su empeño político de permanecer en el poder ignorando y despreciando  los resultados de las urnas, como igualmente hizo Mao  con su Revolución Cultural para movilizar a millones de almas y truncar la restauración burocrática que le había apartado del poder para, supuestamente, iniciar la senda de la recuperación capitalista. Los “patriotas” que secundan a Trump dicen luchar contra el “socialismo” de Joe Biden….¡Otra locura es posible!

La contraposición entre el “Incidente del Capitolio” y el centenario del Partido Comunista de China representa ahora una oportunidad que viene como anillo al dedo para exhibir músculo político, confianza sistémica, y para reforzar internamente la opción de persistir en la exploración de una vía autónoma no solo en términos de desarrollo económico o social sino también político. Rechazar el modelo occidental ya no es únicamente una cuestión ideológica sino puramente empírica y de sentido común, algo que culturalmente la sociedad china entiende mejor.

Los próximos años serán duros y difíciles en EEUU. Biden no solo deberá reparar las relaciones con sus aliados sino prestar una enorme atención a sanar internamente el país, con fracturas mucho más serias de lo que inicialmente se podía prever. Es probable que ello acentúe en el liderazgo chino la convicción de enfrentar otra oportunidad estratégica para apurar el paso, dentro y fuera. Las prisas, no obstante, son malas consejeras.

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¿Y ahora qué hacemos con Biden?

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En papeles el gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha reconocido por fin a Joe Biden como mandatario electo de Estados Unidos. Pero es un hecho que el relevo en la Casa Blanca todavía no acaba de acomodarse en el ánimo del presidente mexicano.

Por muchas razones se sentía muy cómodo con Donald Trump, en una alianza tan improbable como ficticia, pero alianza al fin, que ambos intentaron usar en su propio provecho.

Pero al margen de sus mutuos intereses, lo cierto es que creció entre ellos una empatía y una relación personal que AMLO extrañará. Desde luego ambos tenían razones políticas para acercarse al otro.

Para Trump, López Obrador constituía un recurso para resolver el flujo migratorio de centroamericanos que pasan por México y cuyo volumen había superado la emigración mexicana. Y quizá aún más importante, particularmente en los dos últimos años: AMLO era un personaje clave en la tarea de aumentar el número de votos latinos al acercarse la campaña de reelección.

 En ambos aspectos nuestro Presidente superó las expectativas del republicano. No solo aceptó cumplir el papel de “cadenero” en la gestión y retención de centroamericanos, también se prestó a promover la figura de Trump al arranque de la campaña de reelección. En una mediática visita a la Casa Blanca el mexicano cubrió de elogios a su colega, quien los explotó al máximo en la publicidad electoral.

Probablemente AMLO lo consideró un precio aceptable a cambio de sacar adelante su propia agenda respecto a Estados Unidos: por un lado, y aunque con remiendos restrictivos, consiguió la ratificación del Tratado de Libre Comercio, que Trump deseaba cancelar. Por otro lado, logró neutralizar la hostilidad del líder, quien había amenazado limitar las importaciones procedentes de México y el afincamiento de empresas estadunidenses en nuestro territorio. Quizá el mayor logro de AMLO con respecto a Trump no está en lo que consiguió, que no es poca cosa, sino en lo que evitó. Así pues, si bien es cierto que ambos tenían razones políticas para usarse mutuamente, también existían empatías personales que facilitaron el camino.

A pesar de obvias diferencias ideológicas y orígenes sociales que no pueden ser más contrastantes entre un neoyorquino de cuna millonaria y un tabasqueño de clase media baja, encontraron razones para entenderse y respetarse. Ambos se veían a sí mismos como outsiders que lograron imponerse y tomar por asalto a las respectivas maquinarias políticas vigentes, ambos profesan un estilo proclive al voluntarismo personal y desconfían del entramado institucional, las comunidades intelectuales, los técnicos y los especialistas. Nada resume esta empatía de mejor manera que la confianza que desarrollaron para resolver personalmente con una llamada telefónica cualquier cosa que entorpeciera la relación entre los dos gobiernos.

Nada de este estilo prevalecerá con Joe Biden, un político y funcionario profesional, formado en la costumbre de llevar los asuntos públicos a través de canales institucionales y relaciones multilaterales. Para el nuevo gobierno las relaciones entre ambos países no dependerán de lo que pueda o no lograr una llamada telefónica, sino de una agenda fragmentada en una miríada de frentes: migración, drogas, frontera, aspectos ambientales, aguas, comercio, inversiones, mano de obra, derechos humanos y un largo etcétera. Cada uno de estos temas será conducido por instancias especializadas que remitirán al Pentágono, al Departamento de Justicia, al Senado, al Departamento de Estado y a la Casa Blanca, entre otras dependencias.

Hay razones pues para que López Obrador se sienta incómodo con el arribo de un nuevo gobierno en Washington. Particularmente porque en el ambiente en el que arranca la administración de Biden flotan aún las atenciones que se prodigaron mutuamente AMLO y Trump, en ocasiones en detrimento de la campaña electoral del demócrata. Tampoco ayudará a limar asperezas la decisión del gobierno mexicano para restringir las actividades de los agentes de la DEA o el ofrecimiento de López Obrador de otorgar asilo a Julian Assange, sobre quien Biden se expresó críticamente cuando era vicepresidente.

En conjunto ambos temas, aunque respondan a su propia lógica, serán percibidos como una declaración de distanciamiento de Palacio Nacional respecto a la nueva Casa Blanca. Probablemente la actitud de López Obrador irá cambiando paulatinamente, consciente como lo es de la necesidad de una relación fluida y amigable con Estados Unidos, razón que el propio presidente ha externado para justificar su buena voluntad para con Trump.

Pero siempre es un enigma anticipar en qué situaciones se impone el espíritu pragmático de López Obrador y en cuáles prevalece sus posiciones ideológicas o sus fobias y filias personales. En todo caso, en estas primeras semanas el mexicano no ha ocultado un dejo de frustración por el fin de una relación privilegiada e inesperada con el presidente que se va. La manera en que Donald Trump se aferra al poder y el infierno en que está transformando la toma de posesión de Biden no ayudarán para la construcción de una relación positiva con todos los amigos del ex presidente. Y sin duda, hasta ahora López Obrador es percibido como un amigo del enemigo.

El penoso espectáculo de las masas enardecidas intentando entrar en el Congreso pasará factura a los republicanos y al trumpismo en particular. A muchos estadunidenses orgullosos de sus tradiciones democráticas les escandalizará el intento de violentar el proceso por parte de sus seguidores. Sería prudente que el presidente mexicano comenzara a tomar distancia, de cara a la opinión pública internacional, de este personaje impresentable, por más razones que en su momento haya tenido para cortejarlo. Pero tampoco habría que llevar las cosas demasiado lejos. La actitud institucional que puede esperarse del gobierno demócrata en sus relaciones con México despersonalizará la carga emocional que suponen estos antecedentes.

Como suele decirse, Estados Unidos no tiene amigos (o enemigos, habría que agregar), tiene intereses. Esperemos que nuestro Presidente también lo entienda y no abra un frente de conflicto donde no lo había.

 

https://www.milenio.com/opinion/jorge-zepeda-patterson/pensandolo-bien/y-ahora-que-hacemos-con-biden

¿Qué le ocurre al Pacífico? El océano más grande del mundo está en peligro

JODIE L. RUMMER

Profesora asociada e investigadora principal, Universidad de James Cook

BRIDIE JM ALLAN

Profesora e investigadora, Universidad de Otago

CHARITHA PATTIARATCHI

Profesor de Oceanografía Costera, Universidad de Australia Occidental

IAN A. BOUYOUCOS

Ayudante postdoctoral becado, Universidad James Cook

IRFAN YULIANTO

Profesor de Utilización de Recursos Pesqueros, Universidad IPB

MIRJAM VAN DER MHEEN

Compañera del equipo, Universidad de Australia Occidental

¿Qué le ocurre al Pacífico? El océano más grande del mundo está en peligro
Shutterstock

El océano Pacífico es el más extenso y profundo de la Tierra, y abarca un tercio de la extensión del planeta. Un océano tan vasto podría parecer invencible, pero a pesar de su tamaño (se extiende por el sur hasta la Antártida y por el norte hasta al Ártico, y también desde Asia hasta América, pasando por Australia) sus delicados equilibrios ecológicos están en peligro.

En la mayor parte de los casos, la culpa es de la actividad humana. Nos hemos dedicado a saquear las riquezas pesqueras del Pacífico y lo hemos usado como vertedero, hasta el punto de que se ha encontrado basura incluso en el punto más bajo de la Tierra, la fosa de las Marianas, situada a 11.000 metros por debajo de la superficie del mar.

Y a medida que expulsamos dióxido de carbono a la atmósfera, el Pacífico, al igual que el resto de océanos, está aumentando sus niveles de acidez. Esto significa que los peces están perdiendo los sentidos de la vista y del olfato y que ciertos organismos encuentran cada vez más dificultades para construir sus conchas.

Los océanos producen la mayor parte del oxígeno que respiramos. Regulan el clima, nos proveen de alimentos y proporcionan ingresos a millones de personas. Son lugares de diversión y recreo, pero también de bienestar y hasta de conexión espiritual. Por todo ello, tener un océano Pacífico rico y vibrante es algo que nos beneficia a todos.

En la medida en que entendamos mejor las amenazas que pesan sobre este océano esencial podremos empezar a afrontar la ardua tarea que implica protegerlo.

 

El látigo de plástico del océano

Hay constancia científica del problema de la presencia de plásticos en este océano desde la década de los sesenta, cuando dos investigadores observaron que había cadáveres de albatros cubriendo las playas de algunas islas noroccidentales de Hawai, en el Pacífico norte. Casi tres de cada cuatro crías de albatros (que murieron antes de que les pudieran crecer plumas) tenían plásticos en el estómago.

En la actualidad podemos encontrar residuos plásticos en los principales hábitats marinos del mundo. En algunos casos dichos residuos se miden en nanómetros, y en otros en metros. Una pequeña porción de ellos se acumulan en las conocidas como “islas de basura”, y como es bien sabido, el Pacífico alberga las más grandes.

Se estima que cada año 15 millones de toneladas de basura plástica se desplazan desde los ríos y los litorales costeros hasta el océano.

La mayor parte de los residuos provenientes de la tierra llegan al océano a través de los ríos. Solo 20 ríos son responsables del vertido de dos tercios de la basura plástica presente en los océanos del mundo, y de esos 20 ríos, 10 desembocan en el Pacífico norte. Por ejemplo, el río Yangtzé, en China, que atraviesa la ciudad de Shanghai, arroja anualmente en torno a 1,5 millones de toneladas métricas al mar Amarillo, integrado en el Pacífico.

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Esta foto de 2014 muestra una cría de albatros de patas negras con plásticos en el estómago en el atolón de Midway, en el noroeste de Hawai. Dan Clark / U.S. Fish and Wildlife Service via AP

Asesino de vida salvaje

Los residuos plásticos de los océanos suponen innumerables peligros para la vida marina. Los animales pueden quedar atrapados en residuos como redes de pescar descartadas, lo que puede provocarles heridas o incluso que mueran ahogados.

Algunos organismos como las algas microscópicas o ciertos invertebrados pueden adherirse a estos residuos flotantes y recorrer grandes distancias dentro de los océanos. Esto implica que pueden quedar fuera de su espacio natural y de este modo colonizar otros ecosistemas como especies invasivas.

Y, por supuesto, los animales pueden sufrir graves heridas como consecuencia de la ingesta de este tipo de residuos, como los microplásticos de menos de cinco milímetros. Estos plásticos pueden obstruir la boca de los animales o acumularse en sus estómagos. Cuando esto ocurre, lo normal es que los animales tengan una muerte lenta y dolorosa.

En el caso concreto de las aves marinas, estas a menudo confunden los plásticos flotantes con comida. Un estudio de 2019 determinó que las aves que ingieren un trozo de plástico tienen un 20% más de posibilidades de morir, porcentaje que sube al 100% si ingieren 93 fragmentos.

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Las redes de pesca descartadas o redes fantasma pueden atrapar a animales como las tortugas. Shutterstock

El azote de las pequeñas naciones isleñas

El plástico es extremadamente resistente al paso del tiempo y puede desplazarse a grandes distancias flotando por el océano. En 2011, cinco millones de toneladas de escombros penetraron en el Pacífico como consecuencia del tsunami de Japón. Algunos de estos restos, de hecho, cruzaron toda la cuenca oceánica y acabaron en las costas de Norteamérica.

Y debido a que los plásticos flotantes, cuando llegan a mar abierto, son desplazados por las corrientes y los vientos oceánicos, se van acumulando hasta formar islas de basura junto a la costa. Se considera que playa Kamilo, situada en el extremo suroriental de la Big Island, en Hawai, es una de las más afectadas por la contaminación de plásticos. Unas 20 toneladas de residuos llegan anualmente a dicha playa.

Del mismo modo, la isla de Henderson, un lugar inhabitado que forma parte del archipiélago de las Pitcairn, en el Pacífico sur, recibe anualmente 18 toneladas de basura plástica, que se acumulan en una playa de 2,5 kilómetros de largo. Cada día son arrastrados a dicho lugar muchos miles de fragmentos plásticos.

Islas subtropicales de basura

La basura plástica puede acabar en diferentes lugares dentro del océano. Una parte se hunde, otra acaba en las playas y otra flota en la superficie arrastrada por las corrientes, los vientos y las olas.

En torno al 1% de la basura plástica se acumula en cinco “islas de basura” situadas en mar abierto en regiones subtropicales. Se formaron como consecuencia de la circulación oceánica, que depende de las variaciones de los campos de viento y de la rotación de la Tierra.

Hay dos islas de basura subtropicales en el Pacífico: una en el hemisferio norte y otra en el hemisferio sur.

La acumulación de basuras en el Pacífico norte se divide en una gran isla oriental situada entre California y Hawai y otra occidental situada al este de Japón.

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Localizaciones de las cinco islas subtropicales de basura. van der Mheen et al. (2019)

Nuestro vergonzoso océano de basura

La isla oriental fue descubierta a principios del año 2000 por el capitán Charles Moore, y se la conoce como La Gran Isla de Basura del Pacífico debido a que supone la mayor concentración de plásticos tanto por extensión (en torno a 1,6 millones de kilómetros cuadrados) como por cantidad de residuos. En lo que respecta al peso, cada kilómetro cuadrado podría acumular de media 100 kilos de basura.

La isla de basura del Pacífico sur se encuentra en las costas de Valparaíso (Chile) y se extiende hacia el oeste. Aquí la concentración de residuos es menor si se la compara con su gigantesca homóloga del noreste.

Las redes de pescar descartadas suponen en torno al 45% de todo el peso de la basura plástica de la Gran Isla de Basura del Pacífico. La basura procedente del tsunami de 2011 de Japón también supone una parte importante, ya que se estima que supone un 20% del total.

Con el paso del tiempo, los plásticos de mayor tamaño se convierten en microplásticos. Los microplásticos sólo suponen el 8% del peso de los residuos de la Gran Isla de Basura del Pacífico, pero suponen el 94% de los 1,8 billones de fragmentos plásticos que se estima la forman. En altas concentraciones, estos plásticos hacen que el agua adopte un color “turbio”.

Se calcula que cada año 15 millones de toneladas de basura plástica acaban en el océano procedente de costas y ríos. Se espera que esta cantidad se duplique para 2025, dado que la producción de plásticos continúa incrementándose.

Deberíamos actuar inmediatamente para ponerle freno a la situación. Esto implicaría desarrollar planes para recoger y eliminar los plásticos y, yendo un paso más allá, marcarnos la prioridad de dejar de producirlos.

Caladeros al borde del colapso

Debido a que se trata del océano más extenso y más profundo del planeta, el Pacífico posee algunos de los mayores caladeros del mundo. Durante miles de años, la gente ha utilizado estos caladeros para obtener alimento y también como medio de vida.

Pero en todo el mundo, y no solo en el Pacífico, la pesca está reduciendo las poblaciones de peces más rápido de lo que tardan en recuperarse. Se considera que esta sobreexplotación pesquera es una de las mayores amenazas a que se enfrentan los océanos del planeta.

Los seres humanos extraemos unos 80 millones de toneladas de vida salvaje de los océanos cada año. En 2019 los científicos más destacados del mundo afirmaron que, de todas las amenazas a la biodiversidad marina de los últimos 50 años, la pesca es la que más daño había provocado. Afirmaban que el 33% de las especies estaban sobreexplotadas, que el 60% estaban siendo pescadas a su nivel máximo y que solo el 7% estaban siendo explotadas a un nivel más bajo del recomendado.

Pero la reducción de las poblaciones de peces no es solo un problema para los humanos, ya que los peces poseen un papel central en los ecosistemas marinos y suponen un nexo fundamental en las complejas cadenas tróficas de los océanos.

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La sobreexplotación pesquera en el Pacífico está esquilmando la vida marina. Shutterstock

Escasez de pescado en el mar

La sobreexplotación pesquera se produce cuando los humanos extraemos recursos pesqueros por encima del nivel máximo, conocido como “rendimiento máximo sostenible“. Pescar por encima de este nivel provoca que disminuyan los bancos mundiales de peces, afecta a las cadenas alimentarias, degrada los hábitats y provoca escasez de alimentos para los humanos.

El océano Pacífico acoge enormes caladeros de atún que suponen casi el 65% de las capturas mundiales anuales de este pescado. Pero la supervivencia a largo plazo de muchas poblaciones de atún está en riesgo.

Por ejemplo, un estudio de 2013 determinó que el número de ejemplares de atún rojo (un pescado muy apreciado para preparar sushi) se había reducido más de un 96% en el Pacífico norte.

Los países en desarrollo, entre los que incluimos a Indonesia y China, son los que más practican la sobreexplotación pesquera. Pero se trata de algo que también hacen los países desarrollados.

A lo largo de toda la costa occidental de Canadá las poblaciones de salmón se han reducido rápidamente desde el inicio de la década de los noventa, en parte debido a la sobreexplotación. Además, Japón recibió hace poco duras críticas por su propuesta de incrementar las cuotas de pesca de atún rojo del Pacífico, una especie que está a niveles de solo el 4,5% de la media de su número histórico de ejemplares.

Los expertos afirman que la sobreexplotación pesquera también supone un problema en Australia. Por ejemplo, una investigación publicada en 2018 demostró que las grandes poblaciones de pescado se estaban reduciendo en las costas del país como consecuencia de un exceso de actividad pesquera. Y en las zonas donde estaba autorizada la pesca, las esquilmadas poblaciones se habían reducido de media un 33% en la década anterior a 2015.

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Los bancos de peces utilizados para preparar sushi tienen menos ejemplares. Shutterstock

¿Qué explica la sobreexplotación pesquera?

Hay muchas razones que explican por qué se produce la sobreexplotación y por qué sigue incontrolada. Los datos objetivos apuntan a las siguientes razones:

Tomemos el ejemplo de Indonesia. Indonesia está situada entre los océanos Pacífico e Índico y es el tercer país del mundo en volumen de capturas de pescado salvaje por detrás de China y Perú. El 60% de sus capturas las hacen pescadores de pequeña escala, muchos de los cuales provienen de comunidades costeras pobres.

La primera vez que se informó de sobreexplotación pesquera en Indonesia fue durante la década de los setenta. En 1980 se aprobó un decreto presidencial que prohibía la pesca de arrastre en las islas de Java y Sumatra. Pero la sobreexplotación continuó durante los noventa y se mantiene hasta hoy. Entre las especies amenazadas se encuentran los peces de arrecife, las langostas, los camarones, los cangrejos o los calamares.

El caso de Indonesia demuestra que no hay soluciones fáciles para el problema de la sobreexplotación. En 2017 su Gobierno aprobó un decreto que buscaba mantener la pesca en volúmenes de capturas sostenibles (12,5 millones de toneladas anuales). Pero en muchos lugares las restricciones no se aplicaron (en gran medida porque las reglas no estaban claras, o porque las autoridades locales carecían de las capacidades necesarias para hacerlas cumplir).

La aplicación del decreto fue compleja por el hecho de que casi todos los pesqueros pequeños de Indonesia están bajo la jurisdicción de los gobiernos provinciales. Esto demuestra la necesidad de mejorar la cooperación entre los distintos niveles del Gobierno para luchar contra la sobreexplotación pesquera.

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A escala global el nivel de compromiso con los límites de pesca es escaso, lo mismo que la capacidad para hacerlos cumplir. Shutterstock

¿Qué más podemos hacer?

Para evitar la sobreexplotación los Gobiernos deberían combatir el problema de la pobreza y el del acceso a la educación en las comunidades pesqueras pobres. Esto podría pasar por encontrar fuentes de ingresos alternativas. Por ejemplo, en la localidad de Oslob, en Filipinas, antiguos pescadores y algunas mujeres locales se han convertido en guías turísticos. Le dan a los tiburones ballena pequeñas cantidades de camarones para que se acerquen a la costa y los turistas puedan bucear y hacer snorkel junto a ellos.

La lucha contra la sobreexplotación en el Pacífico también requerirá la cooperación entre países para controlar la actividad pesquera y garantizar el cumplimiento de las restricciones.

Además, la red internacional de zonas de pesca protegidas debería ampliarse y robustecerse para preservar la vida marina. En este momento menos del 3% de la superficie de los océanos son áreas de alta protección donde no se permite pescar. En Australia muchas reservas marinas tienen una extensión limitada y se sitúan en zonas que apenas tienen valor pesquero.

El colapso de los caladeros en todo el mundo no hace sino demostrar hasta qué punto nuestra vida marina es vulnerable. Está claro que los humanos estamos explotando los océanos por encima de los niveles de sostenibilidad. Miles de millones de personas dependen de la producción pesquera para obtener proteínas, y también como medio de vida. Pero si seguimos permitiendo la sobreexplotación no solo causamos daño a los océanos, sino también a nosotros mismos.

¿Qué le ocurre al Pacífico? El océano más grande del mundo está en peligro
Proporcionar a los pescadores una fuente de ingresos alternativa podría ayudar a evitar la sobreexplotación pesquera. Shutterstock

La amenaza del aumento de la acidez de los océanos

Las aguas tropicales y subtropicales del Pacífico acogen el 75% de los arrecifes de coral del mundo. Entre ellos se encuentran tanto la Gran Barrera de Coral como arrecifes más remotos del Triángulo de Coral, situado en Indonesia y Papúa Nueva Guinea.

Los arrecifes coralinos están soportando el embate del cambio climático. Se habla mucho de cómo la pérdida de color del coral está dañando estos ecosistemas, pero existe otro proceso muy dañino, el del aumento de la acidez de los océanos, que también amenaza la supervivencia de los arrecifes.

Este aumento de la acidez de los océanos afecta especialmente a las aguas pocos profundas, y por ello la región subártica del Pacífico es particularmente vulnerable.

Los arrecifes de coral ocupan menos de un 0,5% de la superficie del planeta, pero acogen a cerca del 25% de todas las especies marinas. Sin embargo, debido al aumento de la acidez de las aguas y a otros problemas, estos “bosques pluviales submarinos” están entre los ecosistemas más amenazados del planeta.

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El Pacífico acoge más del 75% de los arrecifes de coral del mundo. Victor Huertas, Author provided (No reuse)

Una reacción química

El aumento de la acidez del océano supone un descenso del pH del agua marina y está provocado por la absorción de dióxido de carbono (CO₂) de la atmósfera.

Los seres humanos emitimos anualmente 35 000 millones de toneladas de CO₂ debido a actividades como la deforestación o la quema de combustibles fósiles.

Los océanos absorben hasta el 30% del CO₂ de la atmósfera, lo que desencadena una reacción química que hace que se reduzcan las concentraciones de iones de carbono y que aumenten las de iones de hidrógeno. Este cambio hace que aumente la acidez de las aguas de los océanos.

Desde la Revolución Industrial el pH de los océanos ha descendido 0,1 unidades. Esto podría no parecer demasiado, pero en la práctica supone que en este momento los océanos son un 28% más ácidos de lo que lo eran a mediados del siglo XIX. Y según el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), los niveles de acidez aumentan cada vez más rápido.

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Cada año los seres humanos emitimos 35 000 millones de toneladas de CO₂. Shutterstock

¿Por qué el aumento de la acidez de los océanos es tan perjudicial?

Los iones de carbono son los ladrillos de las estructuras coralinas y de los organismos que generan conchas. De este modo, un descenso de las concentraciones de iones de carbono solo pueden ser malas noticias para la vida marina.

Se ha demostrado que en las aguas ácidas los moluscos tienen más problemas para generar y reparar sus conchas. También exhiben comportamientos anormales en lo relativo a su crecimientometabolismoreproducciónsistema inmunológico y posibles comportamientos alterados. Por ejemplo, un grupo de investigadores expuso a unas liebres marinas (un tipo de babosa de mar) de la Polinesia francesa a unas condiciones marinas de acidez mayores que las habituales, y descubrieron que estos animales tenían más dificultades para encontrar alimento y tomaban peores decisiones.

El aumento de la acidez oceánica también es un problema para los peces. Numerosos estudios han demostrado que unos niveles elevados de CO₂ pueden alterar sus sentidos del olfato, la vista y el oído. También puede alterar algunas de sus aptitudes de supervivencia, como su capacidad de aprender, de evitar a los depredadores y de elegir hábitats adecuados.

Todas estas deficiencias parecen ser consecuencia de cambios neurológicosfisiológicos y relativos a las funciones moleculares que habrían tenido lugar dentro del cerebro de los peces.

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Las liebres marinas expuestas a aguas más ácidas tomaban peores decisiones. Shutterstock

Predecir quiénes serán los ganadores y los perdedores

De los siete océanos del mundo, el Pacífico y el Índico son los que presentan un mayor incremento de los niveles de acidez desde 1991, lo que implica que su vida marina probablemente también sea la que esté en una situación más vulnerable.

Sin embargo, el aumento de la acidez de los océanos no afecta a todas las especies marinas por igual. Dichos efectos, además, tampoco son iguales a lo largo de la vida de cada organismo. De este modo se hace imprescindible realizar más investigaciones para poder prever quiénes ganarán y quiénes perderán con esta situación.

Esto puede hacerse a través de la identificación de rasgos heredados que pueden aumentar la capacidad de supervivencia o la eficacia reproductiva de una especie en condiciones de agua más ácida. Las poblaciones ganadoras podrían empezar a adaptarse, mientras que las perdedoras deberían ser objeto de los esfuerzos de conservación y de gestión medioambiental.

Una de las ganadoras podría ser la pintarroja colilarga ocelada, una especie cuyo hábitat son las aguas poco profundas de los arrecifes y que es autóctona de la Gran Barrera de Coral. Se han hecho investigaciones en las que se ha expuesto a algunos ejemplares a condiciones de mayor acidez, y esto no ha afectado a sus embriones y nonatos en términos de crecimiento prematuro, desarrollo y supervivencia. Y en lo que respecta a los adultos, tampoco se apreció ninguna incidencia en los comportamientos de búsqueda de alimento o en términos de rendimiento metabólico.

Pero del mismo modo es muy probable que el incremento de la acidez del océano provoque que en la Gran Barrera de Coral haya especies que salgan perdiendo. Por ejemplo, hay investigaciones que apuntan a que el pez payaso naranja (una especie famosa porque a ella pertenecía el personaje de Nemo de la película de Disney) sufrió múltiples perjuicios sensoriales en condiciones de mayor acidez. Estos prejuicios iban desde dificultades relacionadas con los sentidos del olfato y el oído, necesarios para encontrar el camino de vuelta a su refugio, a dificultades para distinguir los organismos amigos de los enemigos.

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El pez payaso tenía dificultades para distinguir los organismos amigos de los enemigos cuando se le sometió a condiciones de mayor acidez del agua. Shutterstock

Aún no es demasiado tarde

Más de 500 millones de personas dependen de los arrecifes coralinos para obtener alimento, ingresos o protección frente a las tormentas y frente a la erosión costera. Los arrecifes generan empleos (por ejemplo en pesca y turismo) y sirven como lugares de recreo. A escala global, los arrecifes suponen una industria valorada en 11,9 billones de dólares anuales. Y suponen un lugar de conexión cultural y espiritual profundas para pueblos indígenas de todo el mundo.

El aumento de la acidez de los océanos no es solo una amenaza para los arrecifes de coral. Debido al cambio climático, la tasa de calentamiento de los océanos se ha doblado desde la década de los noventa. La Gran Barrera de Coral, por ejemplo, ha experimentado un aumento de temperatura de 0,8 grados desde la Revolución Industrial. En los últimos cinco años esto ha tenido una serie de efectos devastadores en cadena en la decoloración del coral. Y los efectos del calentamiento de las aguas se ven agudizados por el aumento de la acidez.

Recortar las emisiones de gases de efecto invernadero debería convertirse en una tarea global. La covid-19 ha frenado nuestros desplazamientos por el planeta y con ello ha demostrado que es posible reducir drásticamente nuestra producción de CO₂. Si el mundo alcanza los objetivos más ambiciosos del Acuerdo de París y evita que la temperatura global aumente por encima del grado y medio, el Pacífico sufriría descensos menos severos de su pH oceánico.

Sin embargo, tenemos que reducir nuestras emisiones mucho más (un 45% más durante la próxima década) para mantener el calentamiento global por debajo de los 1,5 grados. Esto daría algo de esperanza a los arrecifes de coral del Pacífico y a los de todo el mundo, pues indicaría que no todo está perdido.

Está claro que las decisiones que tomemos hoy afectarán al aspecto que tendrán nuestros océanos mañana.

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Las decisiones que tomemos hoy determinarán el destino de los océanos en el futuro. Shutterstock

 

Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation

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Vacunas: derecho a la desconfianza

JUAN PAGOLA CARTE

Profesor de Comunicación. Universidad de Deusto

Pixabay.
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Lo que se va a tratar de razonar en los siguientes párrafos circula a contracorriente. Seguramente suene a políticamente incorrecto, impopular e incluso se pueda tachar de insolidario. Pero es parte de una convicción, exteriorizada a modo de preocupación, en torno al debate creado sobre las dudas que genera en parte de la ciudadanía la próxima vacunación contra la covid-19. Precisamente, porque se está insistiendo mucho en ello y además se deja entrever un cierto recelo hacia aquel sector de la población que se muestra reacio a vacunarse. Pero creo que hay suficientes razones para comprender su posición.

Algunos datos recientes corroboran esta controversia. En los resultados del último barómetro publicado por el CIS, en España sólo un 35% de los encuestados estaría dispuesto a vacunarse y un 55% preferiría esperar a conocer sus efectos. Pero no somos la excepción. Según un estudio publicado por la firma Gallup hace varias semanas, en Estados Unidos sólo el 50% sería proclive a vacunarse. Tal es el grado de tibieza frente a la nueva vacuna entre la ciudadanía, que los expresidentes Clinton, Bush y Obama han decidido meterse en harina, vacunándose en público para dar ejemplo.

Y es que cunde la preocupación entre los gobiernos e instituciones implicadas en la gestión de esta crisis sanitaria por la frialdad con la que se puedan recibir las campañas de vacunación entre la población. Sobre todo, porque de su mayor o menor penetración depende el éxito en la erradicación de la enfermedad, o por lo menos en la mitigación de los efectos de esta pandemia que lleva casi un año con nosotros. La inquietud se ha elevado hasta tal punto, que incluso se ha barajado la posibilidad de modificar la legislación para obligar a una vacunación universal al conjunto de la ciudadanía.

Ante esta situación, y sosteniendo por delante que estas líneas no pretenden alentar teorías conspirativas ni engrosar los argumentos de los movimientos antivacunación, no deberíamos extrañarnos ante la actitud de parte de la ciudadanía. Una vez más, se carga en sus hombros una responsabilidad sobre el futuro de la pandemia que no es sólo suya. Una vez más, se quiere atribuir la desconfianza que generan estas recomendaciones a un desconocimiento de la realidad o a un bajo estatus cultural del que se pronuncia en dichos términos.

Esta manifiesta desconfianza nace tras décadas de prácticas sistemáticas de desinformación, dudosa honestidad, silenciamientos, proliferación de la mentira, socialización del desconcierto, corrupción a borbotones y deshonrosas actitudes de muchos de los dirigentes de empresas multinacionales –también farmacéuticas–, parte de la clase política y de la representación institucional, a todos los niveles y en todo el mundo. No es de extrañar, por lo tanto, que su credibilidad se encuentre bajo mínimos, fruto de la devaluada percepción que la opinión pública tiene sobre los valores intangibles con los que se muestran la mayoría de las instituciones en los últimos tiempos. A su vez, esta situación genera un desgaste de su legitimidad social y pública. Y como señala esa máxima que se atribuye al magnate Warren Buffet, “se necesitan veinte años para construir una reputación y cinco minutos para arruinarla”.

Y precisamente, la industria farmacéutica no ha gozado de buena reputación en las últimas décadas y su legitimidad, o reconocimiento social, no es muy elevado. Es evidente que para poder crecer y continuar ensayando nuevos medicamentos, debe obtener unos beneficios que reinvertir. Y también parece insoslayable que el método científico con el que ponen en práctica los nuevos fármacos que lanzan al mercado avalan su fiabilidad. Pero también es cierto que, en los últimos tiempos, esta industria ha pecado de escasa transparencia y han pesado los intereses financieros sobre su ineludible responsabilidad social. Y estos han sido argumentos que han pesado en la imagen con la que la opinión pública percibe a esta industria.

En uno de sus últimos libros antes de ser nombrado ministro, Manuel Castells afirma que “las raíces de la ira” se encuentran en la incapacidad de los “Estados-nación para responder en su ámbito a problemas que son globales”, como ahora la pandemia. En esa coyuntura, surge la desconfianza porque la ciudadanía se siente más desprotegida y alejada de los lugares donde se adoptan las grandes decisiones que les incumben. Y en ese escenario es en el que la gente se refugia en su identidad local, “en los espacios culturales en los que se reconoce y en donde su valor depende de su comunidad”. Curiosamente, en otra encuesta del CIS hecha pública a principios del mes de noviembre se constataba que los encuestados más reacios a vacunarse pertenecían a formaciones de derecha o soberanistas: Vox (57%), Junts per Catalunya (60%), Esquerra Republicana (50%), Ciudadanos (50%), Partido Popular (44%) o EH Bildu (50%).

El debate social que se está librando a propósito de la próxima vacunación masiva contra la covid-19 debe hacernos reflexionar. Es otra de las grandes carencias globales que ha hecho aflorar esta crisis. No podemos pretender que la ciudadanía recupere en un mes la confianza pérdida en las instituciones durante los últimos años. Debemos aceptar que la sociedad muestre incredulidad ante algunos de los discursos que se lanzan desde los centros del poder del planeta, porque éstos han echado por tierra, con sus reiteradas obras, su propia legitimidad. Ojalá se arrinconen los debates estériles y se den pasos honestos, transparentes y responsables en todos los sentidos, para volver a acercar a una gran parte de la ciudadanía al compromiso por el bien común.

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Gracias por la propina, majestad

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A Juan Carlos de Borbón, esta regularización no le ha costado tanto esfuerzo.

678.393 euros es poco más del 1% del ‘donativo’ que le entregó la dictadura saudí en 2008: fueron 100 millones de dólares (65 millones de euros al cambio de entonces) que Juan Carlos de Borbón ingresó en Suiza y que nunca declaró ante Hacienda. Otro fraude fiscal, como el que ahora el rey emérito ha admitido, y que tampoco tendrá ninguna consecuencia judicial. Juan Carlos de Borbón cobró esa fortuna durante los años en los que estaba protegido por la inviolabilidad constitucional. Por eso no ha regularizado este dinero saudí: porque no le hace falta pagar para que este presunto delito fiscal quede impune. 

678.393 euros es también el 1% de lo que el rey ‘donó’ en 2012 a Corinna Larsen: 65 millones de euros para su amante, de su fortuna escondida en paraísos fiscales. Era cuando decía aquello de “lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir”; se refería a su cacería de elefantes, claro está.

678.393 euros no alcanzan para pagar el hotel de lujo en el que Juan Carlos de Borbón se aloja en Emiratos Árabes. El rey emérito duerme en una de las suites del hotel Emirates Palace, que cuesta unos 6.000 euros la noche. Lleva allí desde el 3 de agosto, así que ya van 128 días: 768.000 euros en total. No sabemos quién lo paga: si el rey, de su bolsillo, o si es acaso otro de esos ‘donativos’ con el que le agasajan las dictaduras del Golfo Pérsico. 

678.393 euros es el doble de lo que costó la luna de miel que el rey Juan Carlos regaló a su hijo, Felipe VI. Aquel viajecito secreto de cuatro meses por los mejores hoteles de Fiji, Samoa, Camboya o California costó 467.000 dólares, según el diario británico The Telegraph. La mitad de esa factura la pagó Juan Carlos de Borbón de sus amplios bolsillos. La otra mitad, un empresario amigo, no se sabe a cambio de qué. 

678.393 euros es 3 años y medio del salario que cobraba el rey emérito de los Presupuestos Generales del Estado (194.232 euros anuales); una asignación que, hace unos meses, su hijo le retiró. Antes de abdicar, el rey ganaba 292.752 euros al año, así que la regularización le ha costado el sueldo público de 27 meses como jefe del Estado. Este salario nunca fue su única fuente de ingresos. Tampoco la más importante.

678.393 euros es un 8,4% del dinero que el rey Juan Carlos se gastó en jets privados entre 2009 y 2018. En total, fueron 8 millones de euros en vuelos personales –los viajes institucionales eran en aviones del Ejército– a la República Dominicana o Bahamas. Los pagaba desde paraísos fiscales la Fundación Zagatka, gestionada por su primo y presunto testaferro Álvaro de Orleans. Eran tantos los viajes en jet privado que esta fundación ‘off shore’ contrataba unos bonos de 100 horas de vuelo, que el rey consumía en menos de un año. Cada uno de estos bonos de 100 horas de jet costaba 980.000 euros. Todo este dinero, por supuesto, tampoco está declarado.

678.393 euros es el 1,09% de otro extraño regalo que recibió Juan Carlos de Borbón de otro dictador amigo. El sultán de Omán le agasajó con un ático de lujo en Londres que había comprado por 50 millones de libras: 62,5 millones de euros. Por comparar, solo este ático equivalía a más de dos siglos del sueldo que cobraba de todos los españoles el rey como jefe del Estado. 

678.393 euros es poco más que calderilla, comparado con el tren de vida del monarca. En el año 2010, para sus gastos y los de su familia, el rey retiró de sus cuentas en Suiza 1,5 millones de euros en efectivo: en billetes que llegaban a España en maletines. La multa que ahora ha pagado a Hacienda equivale a sus gastos en metálico de solo cinco meses. 

678.393 euros es la séptima parte de ese maletín con cinco millones de dólares en efectivo que –según dos testigos– le regaló en 2002 otro dictador, el presidente de Kazajistán

678.393 euros es solo un tercio del dinero en metálico que el propio rey Juan Carlos llevó en un maletín a Suiza en 2010 cuando aún era jefe del Estado. Fueron 1,9 millones de dólares en billetes que el rey entregó en mano a su contable en este paraíso fiscal, Arturo Fasana. Así lo declaró el propio Fasana hace pocos meses ante la fiscalía Suiza. 

678.393 euros es el precio ridículo con el que Juan Carlos de Borbón puede librarse de una de las tres causas penales que está investigando la Fiscalía. No es seguro que lo consiga porque no solo hay un presunto delito fiscal en este asunto de las tarjetas en negro que usaba el rey emérito y parte de su familia: también una posible causa de blanqueo de capitales, si el origen de estos fondos no es legal.

678.393 euros es también una confesión: el reconocimiento de un delito que sale extremadamente barato; la alternativa era una posible condena de hasta cinco años de prisión. Pero esta regularización fiscal también supone la constatación de que ese rey que cada Navidad pedía “ejemplaridad” a los españoles era un defraudador fiscal, indigno de la jefatura del Estado y de los honores que aún conserva.

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UN DÍA FUNESTO PARA LA HUMANIDAD: EL AGUA COMIENZA A COTIZAR EN EL MERCADO FINANCIERO

ANTE LA DIFICULTAD DE ACCESO AL AGUA QUE SE AVECINA EN EL FUTURO, LOS MERCADOS FINANCIEROS TOMAN PREVISIONES Y LA CONVIERTEN EN UN ÍNDICE EN EL CUAL SE PUEDE INVERTIR… O ESPECULAR
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Por primera vez en la historia, el agua –que es sin duda uno de los elementos más vitales para la supervivencia humana y, en general, de todo ser vivo en la Tierra– se ha convertido en un índice que cotiza en bolsa, lo cual implica que podrá ser tratado financieramente como cualquier otra materia prima (como el oro, el trigo o el petróleo, por ejemplo), esto es, su valor de cambio será determinado por los mercados y será objeto de inversiones y especulaciones, entre otros aspectos.

Esta medida fue impulsada por el CME Group, el grupo financiero con mayor número de contratos del mundo y al cual pertenece el Chicago Mercantile Exchange, un mercado específicamente de derivados financieros y productos básicos como ganado, leche, madera, oro hierro, etcétera.

Entre otras razones, el CME Group decidió hacer del agua un índice que cotice en la bolsa en vista de la escasez del liquido que se avizora en el futuro (¿inmediato quizá?), provocada, por un lado, por fenómenos como el cambio climático, pero también por la demanda cada vez más creciente del elemento, asociada a su vez con actividades humanas como la agricultura, la industria y otras.

Dicho de otro modo, este movimiento hará del agua un bien cuyo valor y acceso quedará sujeto al arbitrio del “mejor postor”, pues como ocurre con otras materias primas como el oro o el petróleo, la necesidad de agua hará que los actores interesados (grupos agricultores, municipios, inversionistas) busquen la manera de financiar su acceso, protegerlo, conservarlo e incluso acapararlo y lucrar con ello. 

Por ahora, el índice Nasdaq Veles California Water Index (identificado en el mercado con las siglas NQH2O) está basado en indicadores de precios de los futuros del agua en California, que al día de hoy cotizó en casi cuatrocientos noventa dólares acre/pie (una medida de volumen del sistema inglés que equivale a 1 233 metros cúbicos). 

Que California sea el referente para establecer el precio del agua se debe a que es uno de los puntos de Estados Unidos donde la escasez del líquido ha aumentado significativamente en los últimos años y, por ende, el precio del agua aumento en un 100% tan sólo en el último año. Sin embargo, si el índice NQH2O prospera, los especialistas aseguran que podría dar la pauta para el valor del agua en cualquier otro mercado financiero del mundo.

Para los tiempos que corren, este es sin duda un signo aciago. Y este adjetivo no parece en modo alguno desmedido. Si pensamos que por todos los otros bienes, mercancías y materias primas que actualmente cotizan en la bolsa –el oro, el petróleo, el trigo– ha habido guerras e invasiones, diversos gobiernos han intervenido países y han impuesto dictadores, ha habido codicia y miseria, ¿qué pensar de la manera en que el agua se disputará en el futuro? ¿No es un tanto desolador que en vez de buscar soluciones a la escasez inminente la respuesta sea poner en subasta el acceso al agua?

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Los problemas crecen, los reyes también

Los problemas crecen, los reyes también

En España hemos solucionado los problemas que produce un rey a cargo de la jefatura del Estado mediante un procedimiento similar al modo en que James Stewart arreglaba la molestia de su pierna escayolada al final de La ventana indiscreta: con otra pierna escayolada. Dos mejor que uno es un lema sumamente español, un eslogan que lo mismo vale para un borbón que para un plátano de Canarias. Fue una suerte que James Stewart sólo contara con dos piernas en esa película, porque de tener una tercera seguramente habría acabado también enfundada en otra escayola, tal y como se presenta el panorama en nuestro país, con Froilán en la recámara de la sucesión, preparado para recoger el testigo entre el aumento de la esperanza de vida y la enorme tasa de natalidad de los borbones.

Los problemas crecen era el título de una sitcom ochentera protagonizada por una familia en constante estado de expansión, como el universo o la Casa Real española, pero también podría ser el eslogan de otro anuncio de plátanos de Canarias. Desde que el rey Juan Carlos empezó a abdicar por partes (de Corinna, de Hugo Chávez, de cazar elefantes y finalmente de la jefatura del Estado), la figura ejemplar que la prensa había glorificado durante décadas fue sutilmente transformándose en un ejemplo de otra clase: un escalonado proceso de conductas a no seguir que van desde el exilio del dormitorio conyugal a la patriótica costumbre de esconder dinero en Suiza.

La investigación iniciada por la Fiscalía Anticorrupción sobre los pagos con tarjetas opacas posteriores a su abdicación intenta dilucidar si el rey Juan Carlos defraudó a Hacienda o bien defraudó a todos los españoles. Hacienda y el conjunto de la nación al completo pudieran parecer sinónimos pero aquel viejo eslogan publicitario de 1978 (“Hacienda somos todos”) se ha ido carcomiendo con los años (cada vez menos todos) a medida que vamos conociendo los centenares de trucos con que los millonarios rellenan su quiniela anual y el emplazamiento exacto de diversos paraísos fiscales. Un desgaste semejante al desprestigio de la Corona, que cada día anda más de capa caída, entre fabulosos editoriales de juegos malabares y viles escándalos publicados en la prensa extranjera.

Ya avisamos en su día que existe una campaña internacional de difamación contra el rey Juan Carlos que consiste en informar puntualmente sobre las actividades del rey Juan Carlos. Con tantas noticias sobre Corinna, cuentas en Suiza, comisiones por birlibirloque, máquinas de contar billetes y elefantes tiroteados, era fatal que el republicanismo creciera hasta el punto de que el ex capitán José Manuel Adán Carmona, ideólogo y redactor de la carta-bomba en la que pedía al rey Felipe VI su visto bueno para un golpe de estado, se declare republicano. Aquí en España, de la reina Letizia a los militares que gritan viva el rey, los monárquicos más recalcitrantes son republicanos, una paradoja tan extraña como la de que en teoría un monarca haya abdicado y en la práctica tengamos dos.

Mientras el rey Juan Carlos va regularizando su situación fiscal, el rey Felipe VI todavía no ha dicho ni una palabra sobre el apoyo que le pedía más de medio centenar de generales para liquidar este gobierno etarra y comunista, ni tampoco sobre el proyecto de fusilar a 26 millones de súbditos, hijos de puta mayormente. Es muy significativo este silencio estatal comparado con la locuacidad con la que el rey Felipe VI se pronunció en su día contra el peligro de la secesión catalanista. Claro que hay que tener en cuenta que una cosa es España, la nación, y otra muy distinta los españoles, los ciudadanos, no digamos ya los hijos de puta, que somos legión. No es que la monarquía se haya regularizado, sino que va regular. Tranquilos, que seguro que nos lo aclara en el mensaje de Nochebuena.

https://blogs.publico.es/davidtorres

La fidelidad de los ‘Amlovers’

El alto nivel de aprobación que mantiene el presidente López Obrador provoca perplejidad y quizá algo de frustración en buena parte de los lectores de este diario (y para el caso cualquier otro diario del país). Para todos los que no votaron por él y asumieron que el paso del tiempo inevitablemente desengañaría a los que sí lo hicieron, es poco menos que incomprensible que con una pandemia en marcha y la consiguiente devastación económica, las encuestas revelen que más personas votarían por él hoy que hace dos años.

Todas las semanas el líder de Morena ofrece, a juicio de sus críticos, pruebas tangibles de su rusticidad, su soberbia o su incapacidad. Pero tras 110 semanas en el poder y una exposición diaria de dos horas en las que sin ningún filtro ni posproducción improvisa, divaga y provoca, parecería que no hay mucho más espacio para el desengaño. ¿Qué podría hacer o decir López Obrador, que no haya dicho o hecho, que sea capaz de generar un desplome mayúsculo en sus niveles de aprobación?

Un hermano suyo fue captado en un video comprometedor, hizo un sorteo de un avión sin avión, canceló un aeropuerto semiconstruido, alabó a Donald Trump y le hizo el trabajo sucio con los centroamericanos, nos hemos convertido en el cuarto país en número de muertos por la pandemia a la que el Presidente describió como algo que nos venía como anillo al dedo, ha tenido desencuentros con feministas, con intelectuales, artistas y científicos, con ecologistas, con los principales medios de comunicación y con empresarios. Hemos vivido el peor año del que tengamos memoria los mexicanos y no obstante, contra toda lógica aparente, el mandatario no ha perdido el apoyo de sus seguidores que, dicho sea de paso, por su pobreza han sufrido más que otros sectores.

Desde luego, podría atribuirse a la demagogia y al engaño la capacidad de mantener el apoyo de las masas “ignorantes y desinformadas”. Pero cuando uno observa a conductores y comentaristas de la mayor parte de la radio, la prensa y la televisión “desenmascarar” al Presidente cada día y a lo largo de dos años (en realidad desde antes, y pese a eso ganó), tendríamos que preguntarnos si esa tesis resiste a la razón, pese a lo conveniente que pueda resultar a la pasión (de sus adversarios).

Quizá la explicación está en otro lado. López Obrador ha construido una poderosa narrativa que lo presenta como un presidente que gobierna para los pobres y en contra de los privilegiados. Pero no es una narrativa hueca, todo lo contrario, López Obrador ha sido absolutamente congruente con el mandato social del que se siente portador. Repasemos la siguiente lista: incremento histórico del salario mínimo; transferencias directas a la mayoría de los hogares mexicanos (la cifra oficial es 70 por ciento); introducción del voto secreto en la vida sindical; reducción del gasto suntuario y los excesos en la administración pública; elevación de penas en casos de corrupción, delitos electorales y evasión fiscal; combate a fondo a los privilegios fiscales de las grandes empresas; exhibición de los contratos leoninos de un empresariado enriquecido a la sombra del Estado; programas de apoyo a los campesinos y a las escuelas rurales; grandes obras públicas en el sureste, región otrora ignorada; despliegue progresivo de la Guardia Nacional a la totalidad del territorio; programa de construcción de una sucursal bancaria en toda cabecera municipal; programa de salud gratuita universal; proyecto de red de internet a todo pueblo y ranchería; combate a las factureras y a la subcontratación utilizadas para evadir responsabilidades laborales y fiscales; introducción del referéndum y fin del fuero presidencial; combate al robo de combustibles.

La mayoría de estos programas se han realizado de manera apresurada, a tirones y jalones, con cuadros operativos insuficientes, a partir del ensayo y el error, y a veces sin eso bajo la lógica de que toda rectificación es expresión de debilidad. En algunas ocasiones, insisto, la extirpación de un tumor se ha hecho con cuchillo de carnicero a falta de bisturí, afectando más tejido sano del que habría sido deseable (por ejemplo en el caso de los fideicomisos y del outsoursing).

Y sin embargo, comparado con sexenios anteriores, la lista resulta impresionante a ojos de todos aquellos que hasta ahora se habían sentido víctimas de gobiernos cómplices de la élite.

Ciertamente el impacto de la crisis económica barre con buena parte de los beneficios reales o presuntos que las acciones de la 4T habrían propiciado a favor de los pobres. Pero incluso así, siempre quedará entre estos sectores la percepción de que por fin hay alguien en Palacio que habla y gobierna en su nombre, aun cuando los obstáculos terminen por superarlo. Por lo demás, a pesar de los números rojos, queda la percepción entre los pobres de que con otros gobiernos habrían salido peor parados de la crisis. El paquete de rescate solicitado por la iniciativa privada, que seguramente habrían impulsado Calderón o Peña Nieto, se habría diluido por el abuso y la distorsión de un sector privado engordado por monopolios disfrazados, privilegios y márgenes absurdos de rendimiento. La mayor parte de los votantes de López Obrador no habrían obtenido algo de un programa de apoyo a las empresas porque, para empezar, la mayoría de ellos no cuenta con un empleo formal.

En suma, la popularidad de López Obrador no tiene nada de irracional o misterioso. Quizá escapa al sentido común de una clase media que creía en la racionalidad del sistema y asumía que solo había que corregir excesos y distorsiones para lograr la modernidad y el desarrollo. Pero no es el caso del México bronco y de los muchos agravios pendientes en nombre de los cuales el Presidente busca un cambio radical. Visto así, su popularidad resulta explicable. Se nutre de dos factores que están a la vista: uno, una narrativa populista apoyada por políticas públicas claramente destinadas a favorecer a los pobres y a cuestionar a la élite. Dos, por un dato que está más allá del debate ideológico o del gusto político; los pobres son mayoría. ¿Por qué no habrían de apoyarlo?

https://www.milenio.com/opinion/jorge-zepeda-patterson/pensandolo-bien