Truco o trato en Davos

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Por 400 millones de dólares, ¿sabría decir el nombre de la ONG que desde hace 50 años reúne a cientos de políticos, empresarios, académicos y periodistas en un resort vacacional suizo? Que el Foro Económico Mundial tenga entidad legal asociativa es solo la menor de las bromas macabras que solemos escuchar cada año desde Davos. Un bunker ultra-securizado, aislado y con todos los lujos pagados, en pleno paraíso fiscal centro-europeo. Hay imágenes tan crudas del capitalismo global que, si no existiesen, costaría imaginarlas.

Este año el Foro de Davos ha estado dedicado oficialmente al cambio climático. La igualdad de género, estrella invitada hace unos años, también encabezaba algunos de los paneles de debate en los que han participado Greta Thunberg, Joseph Stiglitz o la agencia de Naciones Unidas para el empoderamiento de las mujeres UN-Women. Pero en Davos el pescado se guisa a puerta cerrada y se sirve en bandeja de plata. Quien solo se pasee por sus pasillos (tampoco le deseo semejante tortura a nadie, la verdad) o asista a las conferencias oficiales, apenas percibirá la punta de un iceberg que se esconde en reuniones privadas, encuentros bilaterales y “comidas de trabajo” donde las élites políticas y económicas del mundo parten y se reparten el bacalao.

Pero nunca está de más asomarse también a esa cara oficial de este cónclave del poder mundial. Porque en las declaraciones públicas de los Trump, Putin y compañía a veces se esconden crudas verdades, bromas pesadas o palabras escondidas que señalan el camino oculto del futuro del capitalismo financiarizado. Y es que en estos días de cumbre ha sobrevolado el pesimismo creciente que traen los grandes hombres de negocios en sus maletines. Y no precisamente motivado por la emergencia climática que anuncian los carteles de las salas de conferencias, sino por el rumbo de la economía mundial. Porque según la encuesta anual de la auditoría PwC, el 53% de los grandes ejecutivos del planeta prevé una desaceleración del crecimiento en el próximo año. Los mismos empresarios e inversores que, por cierto, colocan el cambio climático en el puesto 11 de su escala de preocupaciones.

Los ánimos empresariales no estaban de hecho tan bajos desde 2008. Precisamente el año del estallido de la última gran crisis económica. Aquellos años, quienes se paseaban por Davos hablaban de una necesaria reforma moral del sistema económico mundial. Recordemos a Tony Blair asumiendo repentinamente que “el capitalismo no puede funcionar si no se basa en valores compartidos y de justicia”, o al entonces presidente francés Nicolas Sarkozy denunciando los “excesos de una economía entregada a la generación de beneficios” y defendiendo la “moralización del capitalismo para poner la economía al servicio del hombre” (sic).

Pero no solo entre la clase política parecía florecer esa urgencia por dotar de rostro humano al poder corporativo. Entre sus propias filas, ejecutivos del banco HSBC, como Stephen Green, arengaban en Davos que “sin valores en las firmas, la regulación no hará el trabajo por nosotros”. Qué casualidad que pocos años después su banco se viese implicado en la Lista Falciani, uno de los mayores escándalos recientes de evasión fiscal y lavado de dinero. Una excelente vara de medir la distancia entre las bonitas palabras refundadoras y la cruda realidad del capitalismo realmente existente. La misma brecha que separaba los alegatos por la refundación moral de una economía en crisis y las políticas de ajuste estructural que justo después de aquellas declaraciones comenzó a implementar la Troika contra las clases populares europeas.

De hecho, según la OIT (Organización Internacional del Trabajo), desde que hace diez años se hablaba en Davos de reformar el capitalismo para humanizarlo, hasta hoy, las rentas del trabajo no han parado de perder peso en la economía mundial a costa de engrosar los bolsillos de una minoría privilegiada cada vez más enriquecida. Solo en España el conjunto de las y los trabajadores hemos perdido de media cada año 64.500 millones de euros. Básicamente lo mismo que supuso el rescate-fake del sistema bancario. Pero cada año. Ya es mala suerte que nadie hable en Davos de este aumento de la desigualdad…

Lo que sí hemos tenido de vuelta este año, posiblemente motivado por una nueva crisis global a la vista, es el reestreno de aquella vieja tradición del Foro de Davos de publicar un manifiesto de la cumbre. Y, ahora como hace diez años, el objetivo de los allí reunidos apunta a “construir un mundo más sostenible e inclusivo”. Cuestionado el libre mercado auto-regulado y amortizada la novedad de las nuevas tecnologías de la información, lo “verde” se erige como el nuevo mantra y barniz renovador del capitalismo global. Y ahora como entonces, aprendamos la lección y apretemos los puños si oímos hablar de renovar la economía, porque ya sabemos a quiénes nos pasarán la factura y dónde quedarán todos los cambios anunciados a bombo y platillo.

Hablando de cambios, Pedro Sánchez también ha estado en Davos estos días, buscando tranquilizar a los inversores internacionales sobre el nuevo gobierno de coalición con Unidas Podemos. Su mensaje ha sido claro: cambian las caras, pero se mantiene la política económica. ¿Cambia todo cambia para que cambie nada cambie?

Y sin embargo hay algo que pasaba cerca de la estación de esquí de Davos y que debería preocuparnos tanto o más que lo que allí dentro de cuece: el desinflamiento de la contra-cumbre que cada año organizaban los movimientos sociales a las puertas de las élites políticas y empresariales mundiales. Unos encuentros que señalaban con el dedo acusatorio a quienes se reunían en el Foro Económico Mundial, que fueron germen y motor fundamental del Foro Social Mundial y del movimiento altermundialista, y que sobre todo, más allá de la denuncia, eran una pieza central en el diseño y construcción de alternativas para otro mundo.

Alternativas que pasan ineludiblemente por el combate contra la desigualdad. De todas las desigualdades crecientes, plurales e interconectadas. Alternativas que intervengan en las realidades que son fuente y reflejo de esa desigualdad, como la fiscalidad, la precariedad, la austeridad o el poder corporativo. Necesitamos volver a poner en el centro del debate la redistribución de la riqueza y de los recursos como eje central de un programa ecosocialista que lejos de tranquilizarles, asuste a quienes se reúnen en Davos. Porque nuestro combate es contra las élites que provocan desigualdad y emergencia climática, y contra quienes se aprovechan de ello para convertir a los más golpeados por sus consecuencias en chivos expiatorios y exculpatorios de los verdaderos responsables del expolio. Unos y otros nos encontrarán de frente en la lucha por otra Europa y por otro mundo que tenga en el combate contra la desigualdad uno de sus pilares fundadores y fundamentales.

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Sin miedo al futuro

Sin miedo al futuro
‘Sin miedo al futuro’

 

Acabamos de entrar en un nuevo año y en una nueva década. Una década que posiblemente marque un periodo decisivo en la historia mundial, ya que todo apunta a que las tendencias que se han estado desarrollando durante los últimos años se acelerarán y pronto llegarán a un punto de inflexión,creando nuevos paradigmas y cambios sociales como nunca nos habríamos imaginado.

Pero, antes de nada, es importante hacer una reflexión sobre algunos temas clave que necesitaremos abordar en los próximos años:

  1. Observamos que la cultura de Oriente está en auge, el mundo está cambiando, pero Occidente se aferra a una visión unipolar del mundo que ha pasado. El reconocimiento de este hecho ayudará a identificar tendencias y ciclos importantes que probablemente se materializarán en un futuro cercano.
    De repente, se nos presenta otra visión de la realidad que pide una versión diferente de la historia en las últimas décadas. Nuestro sistema económico parece beneficiar a unos pocos que tienen un control sobre la política. Los negocios locales y la artesanía, la economía real, han dado paso a las multinacionales privilegiadas y el mundo financiero (que amenazan y debilitan los estados-nación), el mundo de las exenciones y los paraísos fiscales.
    Veremos como China, Rusia y Asia reemplazarán la hegemonía de los EE.UU., no con otra hegemonía, sino con una coalición flexible de estados que defienden valores y modelos de civilización diferentes con otras perspectivas económicas.
    Occidente tendrá que comenzar a comprender que las ideas de la Ilustración, los conceptos de libertad, democracia y derechos humanos no se ven afectados por el desarrollo del resto del mundo, sino por la estratificación de una sociedad socavada por conceptos monetarios y neoliberales que han vaciado sus ideales.
  2. El mundo está experimentando un gran cambio político que ha generado un rápido aumento de la polarización a medida que las opiniones y creencias entran en conflicto. Las poblaciones frustradas por el fracaso de sus líderes para crear un mundo más justo están tomando las calles en grandes protestas para presentar sus demandas con nuevas formas que los políticos hasta ahora, no han entendido, ya que se basan en una organización horizontal sin líderes, tal y como hemos visto recientemente en Cataluña o Hong Kong.
    La desigualdad y la globalización están alimentando un movimiento populista que probablemente crecerá a medida que las promesas de los gobiernos no se cumplan. El enorme peligro que corremos con esta situación es la tentación de los gobiernos a imponer un sistema totalitario que controle todas las facetas de la vida de las personas y ponga en marcha modelos de “crédito social” que cercenen la libertad de las personas.
  3. Los Bancos Centrales están inundando el mundo de dinero “fiat”a través de las llamadas “flexibilizaciones cuantitativas”,en un esfuerzo por mantener la economía en movimiento, pero resulta evidente que no está funcionando.
    El sistema financiero global se ha transformado en un experimento controlado por fuerzas plutócratas que lo único que han conseguido es aumentar la desigualdad, favoreciendo enormemente a los más ricosy creando una burbuja de activos ficticios, cuyas consecuencias, pagaremos todos. Por lo tanto, es urgente abordar un nuevosistema monetario que priorice las necesidades de la mayoría social.
  4. Respecto al cambio climático y el calentamiento global, nos encontramos en una situación de emergencia ya que todos los indicadores están empeorando. Hoy día existe un gran movimiento para sustituir los combustibles fósiles por energías renovables, pero lamentablemente, pocos de los que hablan de esto,consideran la reducción de los residuos sólidos,por su relación con la producción y el consumo, como una parte clave de la respuesta que hay que dar.

La obsesión por elevar el PIB impide mejorar nuestras vidas, más bien al contrario, puesto que está demostrado que es masivamente destructivo para nuestro planeta. Es imprescindible cambiar nuestros hábitos de vida y preservar nuestros recursos naturales por nuestro bien como especie y por el bien del planeta.

La tecnología y la inteligencia artificial está avanzando a unos niveles inimaginables hace unas décadas,generando numerosos temores en cuanto al impacto que tendrá en los nuevos modelos productivos y de distribución, además del mundo del trabajo y el empleo.

Sobre este punto, se ha debatido mucho en los últimos años respecto a cómo se está empezando a transformar gran parte de la economía gracias a la combinación de las telecomunicaciones (5G) con la inteligencia artificial (IA). Esto supondrá la sustitución de una gran cantidad de empleos de muchos tipos por nuevos sistemas tecnológicos, con el consiguiente aumento de la desigualdad que conlleva.Según la OCDE, se estima que poco menos del 10 por ciento de los trabajos existentes tienen un alto riesgo de automatización, mientras que otros estudios lo cifran en un 40 por ciento.

Lo verdaderamente relevante no son los empleos que se destruyan, sino cuantos se crearán, y sobre esto existe un enorme desconocimiento. Lo que estamos seguros es que estos nuevos empleos requerirán de un elevado nivel tecnológico que podría polarizar aún más el empleo hacia una mayor desigualdad económica, sobre todo en la fase de transición.

Los trabajos que probablemente desaparecerán serán aquellos que conllevan cualidades rutinarias y repetitivas e involucran el desempeño repetido de tareas estandarizadas, como trabajos manuales simples y trabajos de escritorio basados en procesos.

Por otra parte, los trabajos con bajo riesgo de automatización son los que requieren destreza manual y manipulación, los que requieran juicio humano o creatividad y todo el trabajo que involucre la interacción humana, porque las personas siempre anhelaremos el contacto humano.

Ante estas previsiones, una respuesta es el pánico. El temor es que no habrá empleo disponible para todos, o no será suficiente para las personas que buscan y necesitan trabajo remunerado.

Una reacción positiva a este reto es verlo como el camino hacia una reconstrucción radical de todo el sistema económico, y un movimiento más allá del capitalismo hacia otro tipo de orden económico. Es necesario establecer una desconexión total entre el empleo y la obtención de recursos como única alternativa, para esto es necesario que sea entendido por los Gobiernos y pongan en marcha la Renta Básica Universal que garantice la existencia material de todas las personas.

La Renta Básica Universal promoverá otro modelo productivo que potencie la cooperación, la creatividad y la innovación, la ecología, el desarrollo de proyectos individuales y colectivos, desmontando así la necesidad de acceder a los medios de subsistencia a través del empleo, y donde el capital intelectual sea la fuerza motriz y lo más cotizado. La riqueza ya no residirá en el capital físico, sino en la imaginación y en la creatividad humana.

Por lo tanto, no deberíamos hablar de una sustitución del trabajo humano, sino de su liberación para hacer cosas nuevas. Hay esperanza.

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El halo de impunidad de los Legionarios de Cristo

Foto: Reuters / Max Rossi Foto: Reuters / Max Rossi

Pese a las denuncias en su contra por abuso sexual, por encubrir violaciones y por su relación con el escándalo financiero conocido como los Panama Papers, personajes cercanos al extinto fundador Marcial Maciel mantienen el poder de la congregación, así lo reflejan documentos a los que Proceso tuvo acceso y testimonios que advierten del riesgo de que dicho grupo clerical conocido como “los macielistas” mantenga el control de los Legionarios tras el proceso de renovación de la cúpula que inicia el lunes 20 en Roma.

ROMA (Proceso).– Identificados como “macielistas” por su vínculo con su fundador fallecido en 2008, Marcial Maciel, los miembros de la cúpula de la vieja guardia de los Legionarios de Cristo no sólo siguieron activos y en plenitud de sus facultades, permanecieron en la cima del poder de la congregación religiosa pese a los escándalos más recientes, a la nueva ola de denuncias de víctimas de abuso sexual y a los juicios que se abrieron en 2019.

Tampoco ha importado que parte del clero mexicano y el Vaticano estén revisando su posición por las acusaciones de encubrimiento.

En ese contexto, la denunciada organización deberá elegir a su nuevo líder en una reunión clave (capítulo general, en el lenguaje legionario) que se realizará en la capital romana en los próximos días.

Las múltiples acusaciones revelan que muchos de los colaboradores más cercanos a Maciel no fueron separados de los puestos de poder en la legión y exponen que el grupo no ha perdido terreno ante los enfrentamientos directos con otros miembros del clero.

“Uno de los problemas es que la mayoría no está preparada para enfrentar a la cúpula, a aquellos que desde siempre están en los puestos de poder”, explica Adriana Lozano, consagrada del Regnum Christi (el brazo seglar de los Legionarios), quien recientemente emprendió una batalla en favor de las víctimas de los sacerdotes pederastas y cuya lucha históricamente ha tenido poco apoyo público de parte de los miembros de la congregación.

Sin embargo, el esfuerzo de Lozano se ha intensificado en los últimos meses y ha sumado aliados. “Personalmente he recibido muchísimo apoyo del nuncio apostólico en México (Franco Coppola) y del promotor de Justicia de Monterrey (Pedro Pablo González Sias)”.

Cuenta a Proceso que González Sias le ofreció escribir una carta a Eloy Bedia, un directivo legionario que además otras víctimas y testigos han denunciado por encubrir los abusos de Fernando Martínez, quien en días recientes fue expulsado del sacerdocio por orden del Papa Francisco.

“Así nació la carta que el tribunal eclesiástico de la Arquidiócesis de Monterrey le envío a Bedia”, explica la mujer vía telefónica.

De acuerdo con esa misiva fechada en noviembre último y firmada por González Sias, por Lozano y un grupo de víctimas, a Bedia se le pide no participar en el capítulo general que los Legionarios celebrarán el próximo lunes debido a “su clara incapacidad para asumir decisiones apropiadas de gobierno en favor de la infancia y de los formandos”.

El texto también expone la negativa del actual director de los Legionarios, Eduardo Robles-Gil, a otorgar acceso a los archivos internos de la congregación.

Sin embargo, la carta no causó el efecto esperado; Bedia no sólo no respondió, su nombre fue incluido como uno de los convocados a la importante cumbre en Roma.

“Todo esto es muy doloroso para mí. Me mintieron en la cara cuando primero supe de los abusos (de Martínez) y los denuncié. Y siguen con esas actitudes. No hay interés alguno por las víctimas”, afirma Lozano, quien ha sido amenazada por sus recientes señalamientos.

Otra fuente del Regnum Christi consultada por este semanario se cuestiona sobre el peso que tiene la disidencia en los Legionarios. Recuerda que en el anterior capítulo general que se realizó en 2014 hubo algunas personas que expresaron su inconformidad, “pero fueron sepultados y ninguna acción hubo”.

Bajo el anonimato por temor a represalias, esta persona relata que algunos jóvenes estadunidenses han amenazado con abandonar la congregación “si las cosas no cambian pronto”.

No obstante, confiesa que la disidencia aún no tiene la fuerza para competir por la cúpula de la congregación. “Por eso nuestra lucha dependerá de los apoyos externos que logremos sumar”.

Precisamente ese apoyo podría llegar de Coppola, representante del Papa en México y cuyos esfuerzos cada vez son más abiertos.

En junio último, el nuncio apostólico de México tuvo un traspié con una de las denunciantes de Martínez, pero corrigió su posición la semana pasada cuando declaró a un medio de comunicación religioso que esperaba que el Vaticano se ocupe de la “red de encubrimiento” que durante tres décadas ocultó los abusos de Martínez.

Por los comportamientos inadecuados del gobierno de esta congregación, “el tribunal eclesiástico de Monterrey ha pedido a la Congregación para la Doctrina de la Fe la autorización para abrir un proceso penal y un proceso para reparación del daño”, agregó Coppola.

Acusaciones

Lo que representa una tarea insólita para una nunciatura, Coppola ha comenzado a recibir a aquellos que buscan denunciar los abusos de otros legionarios.

Entre las acusaciones destaca la que una persona presentó en diciembre último por un presunto caso de abuso sexual cometido en los ochenta en el seminario de Ajusco, en la Ciudad de México.

En una comunicación que hizo llegar a Proceso, Coppola explicó que están trabajando para que las víctimas sean atendidas y “encuentren el camino más adecuado para presentar su denuncia y erradicar así este flagelo de la Iglesia”.

El representante del Vaticano agregó que falta decidir ante cuál instancia judicial presentarán formalmente las acusaciones y consideró que los recientes casos podrían destapar más reportes de violaciones.

Señalados

Para Erick Emmanuel Escobar Hernández, quien en 2010 abandonó a los Legionarios de Cristo, las declaraciones del nuncio reflejan que “finalmente conseguimos el apoyo de la Iglesia”.

Activista que ha luchado por darle voz a las víctimas de los sacerdotes pederastas, considera que lo alarmante es que varios directivos de la congregación acusados de encubrir abusos sexuales fueron votados para participar en la elección del futuro gobierno de los Legionarios.

“Hay encubridores en el capítulo general. Eso es seguro. Por algo les votaron (como integrantes delegados para participar en el encuentro). Pero estoy seguro de que otros legionarios no saben nada de esto y que sólo son una minoría los que de verdad quieren el cambio”.

Escobar Hernández, quien a sus 18 años ya era sacristán en el seminario español de Salamanca, confiesa su enojo por haber estado como legionario en contacto directo y a diario con Martínez.

Otro de los personajes que fueron votados para participar en el encuentro en Roma es Óscar Náder, quien en marzo próximo deberá enfrentar un juicio relacionado con el presunto intento de extorsión a una víctima en Italia.

Elegido como representante de Monterrey, Náder está acusado de participar en una red que presumiblemente buscó impedir que se dieran a conocer los abusos cometidos por Vladimir Reséndiz Gutiérrez, ya condenado en segunda instancia el sábado 8 por un tribunal italiano.

De acuerdo con los documentos que este medio ha tenido acceso, además de Náder otros legionarios acusados también han sido convocados al capítulo general en Roma: Luca Gallizia y Antonio León Santacruz.

Según lo que una víctima relató en diciembre, León Santacruz es el superior de los Legionarios del seminario de Salamanca (España) que desestimó su denuncia y lo regresó a México con un boleto de avión y 100 dólares en el bolsillo.

Los documentos obtenidos también indican que León es el autor de una ficha de 1994 en la que plasma su preocupación por la “bajísima capacidad” de Reséndiz Gutiérrez de controlar “sus impulsos sexuales”.

Cercanos a Maciel

A la par de las nuevas denuncias contra los encubridores y los sacerdotes pederastas, personas identificadas como legionarios y exlegionarios impulsan desde noviembre último una petición en la página Change.org para que diversos personajes cuestionados de la congregación se abstengan de acudir al capítulo general.

De acuerdo con la solicitud que hasta ahora ha sido firmada por 6 mil personas en internet, además de Bedia piden que no participen Evaristo Sada, Luis Garza, Ricardo Sada y Emilio Diáz Torre. Todos ellos son colaboradores cercanos y conocidos de Marcial Maciel.

Las fuentes consultadas por Proceso explican que entre los 66 convocados al encuentro en Roma figuran al menos 20 “macielistas”.

En un comunicado emitido el 10 de diciembre último, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) criticó abiertamente a los Legionarios de Cristo por no haber avanzado en la reparación del daño de las víctimas de Fernando Martínez y por no haber señalado a los encubridores.

Sin revelar los nombres de los responsables, el 21 de diciembre pasado los Legionarios reconocieron que 175 menores de edad fueron víctimas de abuso sexual por parte de sacerdotes de su congregación, actos cometidos desde su fundación en 1941.

Es por esa razón que las víctimas y la disidencia de los Legionarios reconocen que aún es largo el camino que falta para obtener justicia. “Desgraciadamente el sentir de la mayoría de los Legionarios es que las víctimas son una espina para la congregación. No las entienden, no entienden el sufrimiento que sienten; sólo las ven como una molestia”, afirma otro miembro del Regnum Christi que pide que se reserve su identidad. “Muchos piensan que los críticos lo único que quieren es destruir a la legión”, añade.

Para el exlegionario Víctor Pajares, es necesario reclamar una renovación real de la congregación. En el presente mes envió a la legión una carta abierta con cinco puntos en los que, además, recuerda el involucramiento de la organización en el escándalo financiero conocido como los Panama Papers.

“La mía fue una carta a los Reyes Magos. Es una carta propositiva; no espero que se vaya a tomar en cuenta”, dice.

“Hay gente que no tuvo nada que ver con Maciel. Ellos son los que podrían hablar… pero no lo hacen. Los siguen considerando intocables. Quizá sea que no están formados para ser autónomos y vivir en el mundo real, o quizá por conveniencia”, añade Pajares.

Proceso buscó a los Legionarios de Cristo para conocer su posición sobre los señalamientos en su contra. En particular, se solicitó entrevistas con los personajes llamados a no participar en el próximo capítulo general. Sin embargo, la oficina de comunicación social de la congregación rechazó la petición de este medio.

Este reportaje se publicó el 19 de enero de 2020 en la edición 2255 de la revista Proceso

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Éxito y fracaso de la ficción

Buscamos en series o películas una interpretación de lo que pasa, la metáfora definitiva de la actualidad

DANIEL GASCÓN

Aspecto de una caseta en la Feria del Libro de Madrid.
Aspecto de una caseta en la Feria del Libro de Madrid. JAIME VILLANUEVA

Vivimos en una época de descrédito de la ficción. Las obras narrativas importan más por sus temas que por sus personajes o la habilidad con la que estén hechas. Las leemos y vemos como si fueran un comentario del asunto que está de moda esta semana. Las novelas se justifican por el tema y las películas son relevantes si dan munición en la guerra cultural: ha ocurrido con Érase una vez… en Hollywood, con Mujercitas, con Historia de un matrimonio.

Aunque una de las enseñanzas más duraderas del arte es que cualquier cosa es interesante y reveladora si se observa con atención, y que lo que parece menor puede ser mayor, predomina una lectura basada en el tema y centrada en los aspectos políticos. Para la crítica estadounidense Jessa Crispin esto facilita las cosas: si decidimos que una obra es importante podemos ahorrarnos la tarea más trabajosa de valorar si es buena o mala. El comentario cultural se hace a través de una lente política que permite abroncar a los demás, que es una cosa que siempre da gusto, pero ignora que una buena novela o una buena película tiene un elemento esencial de ambigüedad. Por eso, como decía Italo Calvino, un clásico es un libro que nunca se acaba de leer.

Aplicamos esa lectura chata y farisea a obras y autores del pasado, y a personas de otras épocas. Pico Iyer ha criticado esa tendencia presentista, o cronocentrista, que consiste en utilizar la opinión actual como un criterio sin matices. No podemos ser totalmente relativistas con respecto al pasado, pero tampoco deberíamos considerar que nuestros valores son absolutos o nos vuelven automáticamente superiores. Un poco de autoconciencia nos hace ver lo maleables que somos y la suerte que tenemos por vivir en tiempos tolerantes, esperar que las circunstancias no pongan a prueba nuestro temple moral y saber que las generaciones posteriores juzgarán bárbaras algunas de nuestras costumbres.

Son lecturas oportunistas, literales e inevitablemente empobrecedoras. Esa desconfianza en la ambigüedad de la ficción coexiste paradójicamente con la evidencia de la fuerza que tienen las ficciones en la vida cotidiana y con nuestra obsesión por el relato. Buscamos en series o películas una interpretación de lo que pasa, la metáfora definitiva de la actualidad, y sociedades avanzadas sucumben a mitos nostálgicos e ilusiones de grandeza, porque en el fondo, como decía Eliot, tampoco podemos soportar demasiada realidad.

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Irán en las 14.352 mentiras de Trump, el discípulo más patoso de Maquiavelo

Un televisor en la sala de prensa del Departamento de Defensa de EEUU emite una declaración del presidente Donald Trump sobre Irán. REUTERS / Al Drago
Un televisor en la sala de prensa del Departamento de Defensa de EEUU emite una declaración del presidente Donald Trump sobre Irán. REUTERS / Al Drago

Bueno, es una cifra aproximada. Es imposible seguirle al Joseph Goebbels americano. Hasta el 16 de diciembre del 2019, Trump había soltado unas 14.000 mentiras, falsedades, tonterías, manipulaciones y exageraciones según Washington Post, cuyo «detector de mentiras» (Fact Checkers) echa humo: un promedio de 22 mentiras por día, y sobre todas las cuestiones: el supuesto asesinado de Al Bagdadi, el inexistente atentado perpetrado por refugiados musulmanes en Suecia, la retirada de tropas de Siria,  que EEUU es la nación con los impuestos más altos del mundo, que China no paga aranceles, el Ucraniagate, etc. Su primera gran mentira fue acusar a Barak Obama de haber nacido en Kenia.

Y si en tiempo de paz hay que vigilar a nuestros mandatarios, hoy que estamos en tantas guerras habría que desconfiar absolutamente de ellos.

Las técnicas trampianas incluyen pervertir las palabras; provocar polvo y niebla para impedir ver la realidad, y borrar la frontera entre la certeza y la incertidumbre, entre otras. Que no haya tenido que rendir por sus patrañas ante los ciudadanos, Donald Trump sigue batiendo su propio récord, incluso sin mejorar sus métodos.

Irán en el repertorio de Trump

El atentado terrorista contra el general Gasem Soleimani el 3 de enero del 2020 por EEUU en Iraq, -aunque ha sido sacado de los titulares por el humo del extraño derribo del avión ucraniano en Teherán cinco días después y la muerte de sus 176 pasajeros-, sigue envuelto en un halo de misterio. ¿Por qué EEUU de repente decide matar al hombre más poderoso de Irán y su séquito, cuando él se movía sin problemas en las zonas de guerra de una región que está bajo el control militar de EEUU desde 1991?

  • Pretendía atentar contra cuatro embajadas de EEUU”, afirmó por el presidente. Preguntas:
    ¿Por qué, entonces, el senador Chris Van Hollen dice que el miércoles día 1 la Casa Blanca no informó a los diputados de ningún complot para asaltar las embajadas, durante una sesión informativa sobre la inteligencia clasificada?
    ¿Por qué no revela qué embajadas eran objetivos?
    Al no tener una justificación ante la opinión pública, el vicepresidente Mike Pence afirma que la información sobre el asesinato era «demasiado sensible» para compartirla con el público. ¿Por qué esta información, si existió, no fue presentada a los comités de inteligencia del Congreso y el Senado?
    ¿Por qué el Departamento de Defensa declara que EEUU pretendió el 4 de enero «disuadir futuros planes de ataque iraníes«, y no menciona en ningún momento que habían asesinado a Soleimani para interrumpir una operación en curso?
    ¿Cómo eliminar al general podía haber detenido un ataque de la República Islámica?
  • Bajo mi dirección, el ejército de los EEUU eliminó al principal terrorista del mundo”. Más allá de que estas palabras están llenas de complejos narcisistas de un mediocre magnate, matar a Soleimani es un acto de guerra, cuando EEUU oficialmente no se encuentra en una guerra con Irán.
    Ben Wikler, del grupo “MoveOn.org” que se dedica a desnudar al presidente, nos revela que: “Trump no intenta, de vez en cuando, engañar a todas las personas. Tiene una estrategia muy clara de «engañar a un sector de la población todo el tiempo«.
  • Seguimos: «El régimen iraní es el principal patrocinador estatal del terror”, cuenta Trump“Ser terrorista” también fue una de las 7 acusaciones de Bush contra Iraq cuando decidió desmantelar el poderoso estado iraquí, rival de Israel en Oriente Próximo. Pero ¿no fue EEUU quien, como lo reveló el asesor de seguridad de EEUU, Zbigniew Brzezinski, había creado el espantoso terrorismo “Yihadista”? Su vicepresidente Mike Pence asegura que “Soleimani ayudó a los terroristas del 11S”, a pesar de que todos los informes oficiales de EEUU niegan la implicación de la República Islámica e incluso del conocimiento previo de los atentados, en cambio, señalan a Arabia Saudí, el íntimo aliado de Washington (y del propio Trump) de organizar aquella masacre: O la mitomanía de Trump es contagiosa o el presidente ha creado un gabinete a su propia y medida.
  • Acusa a Obama de haber pagado a Irán 50.000 millones de dólares, tras la firma del acuerdo nuclear, casi como un soborno. Sin embrago, este dinero no salía del tesoro de EEUU, sino de los bancos de China, India y Turquía,como parte de la deuda contraída con Irán por su compra del petróleo, bloqueado por las sanciones impuestas a Teherán por la ONU.
  • Pregunté cuántos morirían” -dijo Trump cuando el mundo esperaba una reacción contundente de Washington por el derribo de un dron estadounidense por Irán el verano pasado-,  “‘150, señor’, fue la respuesta de un general. Diez minutos antes de la ofensiva, lo paré. No era proporcionado al derribo de un dron no tripulado”. Trump, el mismo que encierra a los hijos pequeños de los inmigrantes en jaulas y ha matado a miles de civiles en Siria, Yemen, Afganistán e Iraq, ¿tuvo, realmente, un ataque de compasión con los iraníes o pretendía no sabotear la posibilidad de llevar a Irán a la mesa de negociaciones y firmar un nuevo acuerdo BILATERAL con Teherán? Posición relacionada con el lema “Hagamos grande a EEUU otra vez”: su plan es acabar con la multilateralidad, excluir a otras potencias de la gobernanza mundial y así cumplir su misión que es devolver a EEUU su hegemonía exclusiva de la que gozó entre 1991(fecha de fin de la Unión Soviética), y julio del 2001 cuando China y Rusia constituyeron la Organización de Cooperación de Shanghái y Beijín y Moscú formaron una alianza estratégica por primera vez tras la muerte de Stalin: meses después la OTAN y sus 300.000 soldados ocuparán Afganistán, país situado en la zona de influencia de China, Rusia, Irán e India, a pesar de que los terroristas del 11S eran de nacionalidad saudí. Y ahora, Donald Trump pretende, en vano, regresar al pasado. La actual crisis coincide “accidentalmente” con el intento de Francia y Alemania de ampliar el INSTEX, el mecanismo de reducir el impacto de las sanciones de EEUU contra Irán, a China y Rusia.
  • Que el acuerdo nuclear con Irán estaba “basada en la confianza con Irán”. Federica Mogherini, la ex jefa de la diplomacia europea, le denuncia: El acuerdo «no se basa en asunciones de buena fe o confianza, sino en compromisos concretos, mecanismos de verificación y un control de los hechos muy estricto, realizado por la Agencia de Energía Atómica de la ONU”, que ha instalado decenas de cámaras en todas las instalaciones nucleares iraníes, monitorizando hasta el vuelo de las moscas. Este pacto, en cuyo detalles había al menos 16 demonios contra Irán, le prohibía comparar armas avanzadas durante 15 años, mientras EEUU seguía vendiendo artefactos de ultimísima generación a Israel, Arabia Saudí, Turquía, y Emiratos Árabes. Los propios servicios de inteligencia de EEUU e Israel habían certificado que Teherán cumplía con su compromiso. Romper el acuerdo fue el primer paso de Trump hacia la guerra diseña por el Estado Profundo de EEUU.

Y erre que erre:

  • Hoy tenemos pruebas definitivas de que esta promesa iraní programa pacífico de energía nuclear fue una mentira«. Según los informes trimestral del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), la cooperación iraní es «puntual y activa» y destaca que incluso «está facilitando la aplicación del protocolo adicional». Esto significa que, aunque no lo ha ratificado, Teherán aplica el «protocolo adicional» del Tratado de No Proliferación nuclear (TNP), que permite inspecciones sin aviso previo en cualquier instalación que los expertos del OIEA deseen ver.”
  • No obtuvimos nada” al firmar el acuerdo. Desmantelar el programa nuclear de Irán, sin disparar una sola bala y sin que muriese un soldado estadounidense, ¿no es “nada”?
  • Que Teherán no respetaba el “espíritu del acuerdo”. Ignora que los espíritus no existen, y sabía que el acuerdo sólo y exclusivamente pretendía impedir un Irán nuclear, que no desarmarle para que claudicase ante el colonialismo estadounidense y “hacer a América más grande”.
  • “Irán puede construir la bomba nuclear después del 2030”. Y ¿por qué le empuja a hacerlo ahora, saliendo del pacto? Además, es consciente de que, según lo acordado con los 5+, Irán entregó el diciembre del 2015 la totalidad del uranio enriquecido a Rusia. Por lo que, para regresar al punto en el que estaba en 2014, necesita varios años, y eso en el mejor de los casos y si Israel no bombardea sus plantas nucleares, como hizo con las de Iraq y de Siria con total impunidad. Si como afirma, pretende un nuevo y mejor acuerdo con Teherán, podría haberlo mantenido, añadiéndole clausulas. Pero ¿De verdad cree que Irán volvería a fiarse de EEUU?

El presidente oculta que, con el objetivo de para ocupar la Casa Blanca, prometió en su campaña electoral a los lobbies israelí y árabe (de los que recibió millones de dólares), castigar a Irán. De hecho, es el primer presidente de EEUU que realiza su primera visita oficial a los dos archienemigos de Irán; Arabia Saudí e Israel.

  • Quiero ver un Irán verdaderamente fuerte -cuenta-. Y no buscamos un cambio de régimen”. En realidad, el objetivo de EEUU no es la República Islámica sino el propio Irán. J.F. Kenedy planeó derrocar al Sha en los años 60, por su “debilidad” en la lucha anticomunista y por negarse a ceder bases militares a EEUU en la frontera iraní con la URSS. Aquel rey acusó a otro presidente demócrata, Jimmy Carter, de derrocarle apoyando a Jomeini, al pedir al ejército iraní y a su macabro servicio de inteligencia SAVAK a colaborar con la teocracia islámica que los G4 plantó en Irán, como la segunda fase del golpe de estado de la CIA y MI6 del 1953, impidiendo un Irán avanzado y progresista. EEUU está aplicando a Irán el mismo plan que a Iraq, las dos principales reservas de hidrocarburo del plantea: contener su desarrollo en favor de Israel. EEUU no soporta un poderoso estado al que no pueda controlar.
  • Sacar las tropas de las “guerras tontas” de Oriente Próximo fue una de sus promesas electorales: pero, sigue en Iraq, Afganistán, Siria, Yemen, Libia, y ahora ha envía 14.000 soldados más -que harán de carne de cañón de los intereses de la élite de su país-, a la región para una nueva carnicería. Con la guerra contra Irán, el magnate de casino (negocio basado en trampa y engaño) pretende ser recordado por la historia, no como el presidente más vulgar, degenerado, machista, racista, aporófobo e inculto de EEUU, sino como Alejandro Magno, el criminal que incendió Persépolis, símbolo del primer imperio del mundo.

En un año electoral, un Trump que ha conseguido una alta tolerancia a la mentira en la opinión pública, y ha sido capaz de presentar sus fracasos como logros “bonitos y grandes”, necesita reconciliarse con su base social evangélica ultraconservadora,  y al ver que no es castigado por su deshonestidad ¿por qué debe alterar su actitud? El electorado de Trump no le importa sus mentiras, e incluso piense que sirven para el bien común.

Y un dato: si Bush mandó destruir los documentos y videos de torturas de las personas secuestradas en las cárceles clandestinas -desde Rumanía y Polonia, hasta Afganistán e Iraq-, Trump mediante el uso de una aplicación encriptada para eliminar el contenido de su correo electrónico impide el registro de las conversaciones con los líderes extranjeros u otras de interés público. Por lo que, el Archivo de Seguridad Nacional y Ciudadanos por la Responsabilidad y la Ética en Washington y la Sociedad de Historiadores de Relaciones Exteriores de EEUU han presentado una demanda acusando a su gobierno de violar la Ley de Registros Presidenciales.

Si alguien cree que tantas mentiras impedirán su reelección, está más que equivocado: personajes como él solo mintiendo pueden ascender al poder. 

Los ciudadanos tenemos derecho a la información objetiva y no manipulada.

Nazanín Armanian

https://blogs.publico.es/puntoyseguido

Australia arde

Australia arde

Australia es uno de esos países civilizados que no molesta, que casi nunca aparece en los telediarios, un poco lo que le pasa a Canadá, a su vecina Nueva Zelanda o a Islandia. Cuenta Bill Bryson en su hilarante libro de viajes En las antípodas que se trata de un país tan enorme que una vez un grupo terrorista japonés detonó una bomba atómica en mitad del desierto australiano y nadie se percató de nada, salvo algunos bebedores de cerveza a los que les temblaron las jarras encima de la mesa y unos cuantos sismógrafos que enloquecieron un momento, una anomalía ante la que los científicos decidieron pasar página. Luego se supo que Aum Shinrikyo, el mismo que provocó el atentado mortal con gas sarin en el metro de Tokio, tenía unas propiedades enormes en la región de Victoria donde trabajaban dos ingenieros nucleares de la extinta Unión Soviética.

Australia, en efecto, es un lugar que puede competir con Macondo en lo que se refiere a hechos asombrosos, un país que es una isla que es un continente donde se refugia el animal más grande del planeta (la Gran Barrera del Coral, hoy herida de muerte), donde viven las especies más venenosas y peligrosas (pulpos, medusas, serpientes, arañas) y donde un día de 1967 el primer ministro, Harold Holt, desapareció tragado por una ola en una playa de Victoria y nunca más se supo. De hecho, como dice Bryson al comienzo de su libro, casi nadie sabe el nombre del primer ministro australiano fuera de Australia.

Por eso es una desgracia planetaria que estos días los noticiarios y periódicos surjan manchados con el humo de los incendios pavorosos que han devorado más de diez millones de hectáreas y con el nombre de Scott Morrison, el actual dirigente del país que al fin ha reconocido unos cuantos errores gordos en la gestión de la catástrofe y al que prácticamente ninguno de los afectados quiere dar la mano. Resulta penoso contemplar a Morrison mendigando un saludo a sus compatriotas y a sus compatriotas que lo dejan con el brazo colgando y con cara de mandarlo a tomar por culo. No es para menos, y no sólo por la tardanza y la poca seriedad con las que ha tomado la visita a las áreas afectadas (el colmo de la pachorra fueron unas vacaciones en Hawai con medio país ardiendo), sino sobre todo por los resultados de una política criminal basada en el fracking, la minería y los combustibles fósiles.

La dimensión bíblica de los incendios, las aterradoras imágenes de esos muros de fuego consumiendo árboles y bosques enteros, la insoportable visión de los animales carbonizados y los pobres koalas, canguros y ualabíes desahuciados, quemados y aturdidos son un recordatorio del mecanismo de relojería que tenemos colocado en la biosfera y al que hemos llamado, por llamarlo de algún modo, cambio climático. Parece un episodio sacado del Macondo de García Márquez, un capítulo inconcebible del realismo mágico y que sin embargo se ha cobrado ya cerca de treinta víctimas mortales, más de un cuarto de millón de evacuaciones y más de mil millones de animales muertos. Si serán graves los fuegos que seguramente el Open de Australia va a tener que aplazarse por culpa de la niebla tóxica que cubre Melbourne, una noticia que -me van a perdonar- me importa muy poco. La negligencia flagrante del gobierno australiano no es más que un eco de la desidia mundial: la lección de Australia consiste en que el día que queramos reaccionar puede que el planeta no sea más que un churrasco.

https://blogs.publico.es/davidtorres/

Matar por si acaso

Todos los superlativos le vienen pequeños al millonario en la Casa Blanca, cuya pericia y desfachatez son tan asombrosas como creativa

JUAN JESÚS AZNAREZ

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante un acto de campaña en Ohio.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante un acto de campaña en Ohio. SAUL LOEB AFP

El conflicto entre la verdad y la política planteado por Hannah Arendt sigue sin resolverse desde mucho antes de que el presidente Roosevelt prefiriera no decir la verdad si le servía una mentira, y de que Eisenhower afirmara en 1960 que el avión espía U-2 estadounidense derribado en el espacio aéreo soviético era una nave de investigación meteorológica. La captura del piloto malogró el engaño. Dicen que el general mintió sin saber que lo hacía porque la credibilidad era parte de su personalidad, de la misma manera que la mendacidad casi totaliza la identidad de Donald Trump. Pero ahora resulta que el embustero número uno del planeta dijo la verdad: el avión ucraniano que cayó cerca de Teherán fue derribado por un misil iraní.

Vivimos en un mundo en el que nada es blanco o negro, sino que todo es gris, con mayor tendencia a la negrura o a la blancura, pero gris, así que hasta los fuleros compulsivos dicen alguna vez la verdad, asemejándose a los relojes rotos: al menos dos veces al día dan la hora correcta. Todos los superlativos le vienen pequeños al millonario en la Casa Blanca, cuya pericia y desfachatez son tan asombrosas como creativa, por ejemplo, la acusación a Cuba de 2016: la dictadura ataca acústicamente a nuestros diplomáticos en la isla.

Los funcionarios testimoniaron haber sido víctimas de chillidos, zumbidos y percusiones desquiciantes de origen desconocido, posiblemente armas sónicas susceptibles de dañar la estructura cerebral y la conectividad funcional y, fundamentalmente, de demostrar la perfidia castrista. Aquella patraña fue tan efímera como la llamada al entonces presidente de México, Peña Nieto, que dijo haber realizado y nunca se produjo. Tampoco existió la democracia de Aristóteles, el Gobierno filosófico fundamentado en el diálogo de quienes buscan la verdad.

Lo cierto es que el régimen de los ayatolás asesinó a 176 personas, y que antes, mientras jugaba al golf, Trump pidió la lista de condenados a muerte por el Pentágono y eligió al general Soleimani. Su asesinato sorprendió tanto que la estupefacción le obligó a buscar una excusa. Se le ocurrió decir que planeaba destruir la embajada de Estados Unidos en Bagdad, y que tenía pruebas que no difundiría porque ser secretísimas, tanto como las que justificaron la invasión de Irak para destruir los imaginarios arsenales de destrucción masiva.

Aunque su secretario de Estado parecía no estar al tanto, le secundó enfatizando que, efectivamente, el general iraní era muy malo pero que no tenían ni idea de dónde ni cuándo pensaba ejecutar sus fechorías. Algunos mandos estadounidenses inyectaron algo de coherencia al asunto: fue una operación defensiva, o dicho de otra manera, un ataque preventivo, de esos en los que alguien asesina a alguien porque sospecha que trama algo. Si sospechas que tu pareja o tu socio pueden traicionarte, pues los matas antes. Después, sales por peteneras, como Estados Unidos.

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De Washington a Teherán y Pekín, vía Iowa

Ejercer el máximo tacto para no provocar una crisis internacional que detenga el crecimiento de la economía de EE UU es la gran baza de Trump

FRANCISCO G. BASTERRA

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante un acto en Ohio.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante un acto en Ohio. JONATHAN ERNST REUTERS

Hace 42 años, el presidente Carter cenaba con el Sha en Teherán y afirmaba que Irán “es una isla de estabilidad en una de las regiones más turbulentas”. Un año después, Reza Pahlavi era derrocado por el ayatolá Jomeini que instauraba una república teocrátrica islámica que devino en una irritante china en el zapato estratégico de EE UU. El nuevo Irán revolucionario asaltaba la Embajada de EE UU en Teherán secuestrando a sus ocupantes y Carter, en plena campaña electoral, intentaba un desesperado rescate con helicópteros que fracasó.

Acabamos de iniciar la segunda década del siglo XXI e Irán, como en el cuento de Monterroso, sigue estando ahí. Trump ordenó el 3 de enero un acto de guerra, asesinando con misiles disparados desde drones al general Soleimani. Irán se tomó una revancha leve lanzando cohetes contra bases utilizadas por soldados estadounidenses en Irak. Los dirigentes iraníes y el presidente de EE UU intercambiaron virulentas amenazas verbales, útiles para el desfogue de sus opiniones públicas. Sorprende la contención mutua tras el casus belli.

¿A qué se debe? Irán es un país asfixiado por las severas sanciones de EE UU que le impide prácticamente la exportación de su petróleo, arruina su economía y ha provocado un nivel alto de ira ciudadana que amenaza la estabilidad del régimen. Y, sobre todo, Irán no posee armas atómicas. Washington no hubiera perpetrado un ataque semejante contra Corea del Norte.

El intento de contener el rearme nuclear de Irán, a cambio del levantamiento de las sanciones occidentales, es la almendra del problema. El acuerdo de 2015, que EE UU denunció en 2018 y que, malherido, se mantiene, es aún el seguro que impide la catástrofe: dejar que Teherán se haga con la bomba o bombardear Irán para impedirlo. Trump calculó bien que Irán no respondería con fuerza al desatino de la ejecución extrajudicial de Soleimani. Y Trump achica el efecto del impeachment, a punto de iniciarse en el Senado. Frenar el expansionismo chií alentado por Irán es importante, pero la contención de China es la principal preocupación geoestratégica de EE UU y definirá el siglo XXI. Una distracción por un incendio energético en el Golfo no es lo más recomendable para Washington. Esta semana está prevista la firma de la primera fase de un acuerdo de congelación de la guerra de aranceles entre las dos superpotencias.

Llegar a la elección presidencial como el mejor colocado es hoy la misión principal de Trump; los caucus de Iowa abren en febrero la campaña de las primarias donde se ha colado la política exterior. Y ejercer el máximo tacto para no provocar una crisis internacional que detenga el crecimiento de la economía, la gran baza de Trump. De Washington a Teherán y Pekín, pasando por Iowa. El mundo no es plano.

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‘Morir es un alivio’: 33 exnarcos explican por qué fracasa la guerra contra la droga en México

Karina Garcia Reyes

Leonardo Emiliozzi Ph / Shutterstock
Leonardo Emiliozzi Ph / Shutterstock

Soy del norte de México, una de las regiones más afectadas por la violencia del narco durante la guerra contra el narcotráfico.

Entre 2008-2012 mi ciudad vivió una de las épocas más inciertas y violentas en su historia. Las balaceras, enfrentamientos entre cárteles y militares, que empezaron como acontecimientos esporádicos, terminaron siendo eventos frecuentes. Sucedían a plena luz del día y en cualquier lugar de la ciudad. A mí me tocó presenciar una balacera justo a un costado de la universidad donde daba clases. Tuvimos que cerrar las puertas y aplicar el protocolo de seguridad diseñado para enfrentar estos eventos. Mis amigos y familiares vivieron experiencias similares. Algunos fueron testigos de las balaceras desde sus automóviles y otros desde sus casas.

Junto con la creciente violencia, el cártel de los Zetas empezó a sobornar a los negocios locales. O pagaban su “derecho de piso” o les balaceaban su negocio, o les secuestraban a algún familiar.

Poco a poco los negocios fueron cerrando y la paranoia aumentó debido a los mensajes que los narcos mandaban por redes sociales: “Esta noche no salgan porque va haber balazos”. Algunas veces estas amenazas resultaban ciertas.

En este contexto decidí estudiar un postgrado en el extranjero. No quería continuar mis estudios en medio de tanta inseguridad, por lo que viajé a Inglaterra. Es aquí donde surge mi interés académico por la violencia del narcotráfico. Gracias al consejo de una de mis profesoras, canalicé mi frustración en contra de las políticas de seguridad del expresidente Calderón (2006-2012) a través de mi tesis de máster. Llevo siete años estudiando el tema.

33 historias de vida de narcotraficantes

Mi tesis doctoral se enfoca en estudiar la violencia del narcotráfico a través del análisis de historias de vida.

Entre octubre de 2014 y enero de 2015, entrevisté a 33 hombres que trabajaron en el narco. Abordamos temas como su niñez y adolescencia, alcoholismo, drogas, vandalismo, su incursión y rol en el narco. Con el fin de entender el impacto de estas experiencias personales en la incursión de los participantes en el narcotráfico, estudié sus narrativas desde un punto de vista discursivo.

Por las características de mi estudio, su contribución es de dos tipos. Primero, metodológicamente, entrevistar a narcos de primera fuente es algo inédito en el mundo académico. Hasta la fecha, no hay otro estudio que haya recopilado más de treinta entrevistas a exmiembros del narco. En términos académicos el estudio pone sobre la mesa una perspectiva que ha sido ignorada por investigadores, funcionarios públicos y políticos: la de los perpetradores. En este sentido, el análisis de sus narrativas de vida arroja luz sobre las posibles causas de su incursión en el narco y explica la lógica con la que entienden el mundo. Comprender ello es clave no sólo para abordar un fenómeno complejo sino para diseñar políticas públicas y de seguridad. Hasta ahora, dichas políticas se diseñan bajo la lógica de los hacedores de política. No sorprende, entonces, su gran fracaso.

Narcos: Ni monstruos ni víctimas

Pseudónimos de los entrevistados
Pseudónimos de los entrevistados

Para empezar, hay que reconocer que los narcos son parte de nuestra sociedad. Están expuestos a los mismos discursos, valores y tradiciones que todos nosotros. Uno de los principales problemas en México es que el gobierno sistemáticamente los discrimina al reproducir el discurso binario estadounidense “ellos” y “nosotros”, “buenos” y “malos”. Este discurso, además de ser absurdo en su extrema simplicidad, opaca los múltiples matices que revelan las causas de esta violencia.

El análisis de las historias de vida de exnarcos arroja luz sobre dichos matices. Los participantes no se ven ni como víctimas ni como monstruos. Ellos no justifican su incursión en el narco como su “única opción” para sobrevivir, como muchos estudios académicos aseguran. Reconocen que entraron al narco porque, aun cuando la economía informal les permitía sobrevivir bien y mantener a sus familias, ellos querían “más”.

Los entrevistados tampoco se ven como criminales sanguinarios, como se les representa en las películas. Los participantes se autodefinen como agentes libres que decidieron trabajar en una industria ilegal, pero también se definen como personas “desechables”.

Este sentimiento de marginación, sumado a su problema de adicción a las drogas y la falta de un propósito general de vida hace que valoren poco sus vidas y que la muerte, en cambio, sea vista como un alivio.

Este es un tema clave a considerar en el diseño de políticas públicas. Una tarea central es evitar que más niños y jóvenes se sientan desechables.

Mi investigación revela cómo los participantes reproducen el discurso binario del gobierno. Se autodefinen como “ellos”, los marginados de la sociedad. No se consideran “nosotros”, parte de la sociedad civil. También reproducen la ética individualista que permea México desde la entrada del neoliberalismo a fines de los 80. Esta ética es un arma de doble filo: no culpan al Estado o a la sociedad por su condición de pobreza, pero tampoco sienten remordimiento por sus crímenes. Consideran que ellos tuvieron “la mala suerte” de nacer pobres y marginados y sus víctimas tuvieron “la mala suerte” de caer en sus manos. Su lógica es simple: “Cada quien que se rasque con sus propias uñas”.

La pobreza, condición fija e inevitable

Al analizar las entrevistas de mis participantes, identifiqué un conjunto de regularidades e ideas asumidas como verdades, a las cuales denomino discurso del narco.

El discurso del narco produce un significado de la pobreza tajante. Se asume que la gente pobre no tiene futuro y por lo tanto no tiene nada que perder. Como lo aseguró uno de mis entrevistados (Wilson): “Yo sabía que iba a crecer y morir en la pobreza y sólo le preguntaba a Dios: ¿Por qué yo?”. La pobreza se naturaliza, se entiende como una condición inevitable sin señalar responsables. Se da por sentado que “alguien tiene que ser pobre” (Lamberto) y que “no puedes hacer nada para evitarlo” (Tabo).

Esta visión de pobreza implica una visión individualista del mundo: los individuos son responsables por su desarrollo económico y social. “Yo sabía que estaba solo, si quería algo lo tenía que obtener por mí mismo” (Rigoleto).

La lógica del discurso del narco en términos de pobreza es que los individuos están solos y por lo tanto impera “la ley del más fuerte” (Yuca). Así también lo explica Cristian: “En mi barrio todos sabíamos las reglas: el que se duerme pierde. Esa era la ley. Tienes que ser rudo, violento, uno se tiene que cuidar porque nadie lo va a hacer por ti”.

El discurso del narco asume que los niños y jóvenes inevitablemente serán drogadictos y pandilleros: “Cuando creces en un barrio pobre ya sabes que en algún punto te convertirás en drogadicto” (Palomo). Igualmente, las pandillas, que implican vandalismo y violencia diaria, son construidas como “la única manera de sobrevivir a la violencia en las calles” (Piochas). Por lo tanto, se da por sentado que estos jóvenes no tienen futuro y por eso son desechables: “Cuando eres drogadicto te ves a ti mismo como nada, peor que basura… ¿a quién le va a importar la vida de un pobre drogadicto?” (Palomo).

La muerte temprana de estos jóvenes también se construye como inevitable: “Cuando ves tantos de tus compañeros morir en peleas, de una sobredosis, balaceados por la policía, tú piensas que ese también es tu futuro” (Tigre). De esta manera, se asume que el destino de los jóvenes pobres es fatal: “Siempre pensé que mi destino era morir, ya sea de una sobredosis o por una bala” (Pancho).

Bajo esta lógica, una de las pocas maneras de disfrutar la vida es a través del consumo de productos de lujo, y la única manera de acceder a ellos es a través del “dinero fácil” que les proporciona “la vida fácil”. La vida fácil es el trabajo en el narcotráfico. La felicidad dada por el dinero fácil se entiende como efímera pero que merece la pena, porque se asume que “en este mundo, sin dinero no eres nadie” (Canastas). Se reconocen los peligros: “Un día puedes estar en un restaurante lujoso rodeado de mujeres hermosas, pero al día siguiente puedes despertar en un calabozo” (Ponciano). Así pues, la vida fácil se tiene que vivir rápido y al máximo: “Mi meta era disfrutar cada día como si fuera el último. No escatimaba en nada. Me compraba las mejores trocas (camionetas), los mejores vinos y tenía las mejores mujeres” (Jaime).

Violencia, machismo y la fantasía del parricidio

El discurso del narco también produce la idea de que “un hombre de verdad” tiene que ser agresivo, violento y mujeriego.

Los participantes se referían a los barrios pobres como “la jungla” haciendo alusión a la ley del más fuerte. La violencia física es esencial para sobrevivir, literalmente.

El discurso del narco resalta un aspecto clave de la violencia: es aprendida. Los hombres no nacen, se hacen violentos. Como lo explica Jorge: “Cuando era niño, los niños más grandes me pegaban, se aprovechaban de mí porque estaba solo. Yo no era violento… pero tuve que volverme violento, más violento que ellos. Lo tienes que hacer si quieres sobrevivir en las calles”.

En “la jungla” los hombres también sobreviven por tener una cierta reputación. Se asume que el “hombre de verdad” es heterosexual, mujeriego, “bueno para la parranda, las drogas y el alcohol” (Dávila).

En este discurso también se reconoce que, a diferencia de las mujeres, el hombre de verdad no puede mostrar sus miedos, sus emociones y debilidades, y la mejor manera de hacerlo es demostrar fuerza y dominio en todos los territorios: en la pandilla, en las peleas con pandillas rivales y en sus casas, con sus familias.

En las entrevistas un tema recurrente fue el rencor que los participantes sentían en contra de sus padres. De hecho, 28 de los 33 entrevistados admitieron que en algún punto de sus vidas su mayor ilusión era matar a sus padres. La violencia doméstica y de género son las primeras experiencias de vida de estos participantes. Todos coinciden en que su mayor frustración era ver como sus padres golpeaban y abusaban de sus madres constantemente. Este tema es una constante en las narrativas, no sólo cuando se abordó su niñez sino también cuando se tocaron temas de drogadicción, violencia y su incursión en el crimen.

Para algunos participantes, la fantasía de matar y hacer sufrir a sus padres era su mayor motivación para trabajar en el narco. Por ejemplo, Rorro explicó que “cuando era niño no tenía ilusiones, o planes para el futuro, mi único pensamiento era matar a mi padre cuando fuera grande… lo quería cortar en pedacitos”, y ser parte del narco le otorgaba esta oportunidad. Ponciano también señala que cuando le tocaba torturar personas se imaginaba que la persona era su padre “y los hacía sufrir con más ganas, como él nos hizo sufrir a nosotros”.

Las fantasías de los participantes sobre matar a sus padres son similares, todos coinciden en que los querían hacer sufrir, querían cobrar venganza no por su sufrimiento, sino por el de sus madres. Notablemente, todos también coinciden en que llegada la oportunidad no pudieron cumplir su fantasía. Facundo lo explica así: “Si hubiera querido, lo hubiera matado. Tenía docenas de sicarios trabajando para mí. Si hubiera querido… lo hubiera podido ver sufrir bajo tortura. Pero no pude… así que le dije: vete lejos de aquí, que no te vea. Si te vuelvo a ver te mato”.

¿Qué podemos aprender en América Latina?

Las causas del crimen y violencia en América Latina son similares. Independientemente del tipo de violencia, de narcotráfico, militar, de guerrillas o de maras, a mi parecer hay dos ejes transversales: la pobreza y las masculinidades tóxicas (el machismo). Las experiencias de vida diaria de aquellos que viven en pobreza son el caldo de cultivo para todo tipo de violencia (doméstica, de género, de pandillas). Todo esto enmarcado por un tipo de violencia invisible, y pocas veces reconocida, la violencia estructural del Estado.

Académicos, políticos y sociedad civil tenemos que entender y aprender de estas experiencias. A pesar de que se reconoce a la pobreza como madre de todos los males, nosotros no sabemos lo que significa vivir en pobreza. El problema de la violencia únicamente se puede minimizar y evitar si se entiende y ataca localmente. Cada región, cada barrio, tiene problemas y necesidades específicas. Las políticas públicas diseñadas en masa no funcionarán. Y tal vez este es el gran problema, la solución de raíz al problema de la violencia no ofrece grandes recompensas a los políticos.

Igualmente, las masculinidades dominantes en nuestros países no sólo justifican, sino que incentivan la violencia. La solución a los problemas en la región invariablemente es la agresión y políticas de seguridad militarizadas. Políticas no violentas no son una opción hasta ahora en nuestros países porque el machismo y la violencia están institucionalizados.

La clave para atacar la violencia es entenderla: ¿de dónde viene? ¿quién y cómo se justifica? ¿cómo se reproduce? ¿cómo se ha lidiado con ella? Para contestarlas, necesitamos un enfoque interdisciplinario y la disposición de nuestros gobiernos a escuchar.

Lo que más urge es un cambio de paradigma: que los militares regresen a los cuarteles, que los problemas complejos se empiecen a resolver localmente (aunque eso no les otorgue medallitas a los políticos), y dejar a un lado el discurso binario que justifica la muerte de “ellos”, el cual sólo alimenta su indiferencia hacia “nosotros”.


La versión original de este artículo fue publicada por el Centro de Investigación Periodística (CIPER) de Chile.


Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation

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Australia nos enseña el camino hacia el infierno

Si la negación y la oposición a la acción contra el cambio climático son inamovibles, ¿cómo evitar el apocalipsis?

PAUL KRUGMAN

Tumbas cercanas a un bosque quemado en la ciudad de Mogo, Australia.
Tumbas cercanas a un bosque quemado en la ciudad de Mogo, Australia. ALKIS KONSTANTINIDIS REUTERS

En un mundo racional, los incendios de Australia constituirían un punto de inflexión histórico. Al fin y al cabo, es exactamente el tipo de catástrofe que los científicos nos advirtieron hace mucho que debíamos esperar si no tomábamos medidas para limitar las emisiones de gases con efecto invernadero. De hecho, un informe encargado en 2008 por el Gobierno australiano predecía que el calentamiento global haría que las temporadas de incendios comenzaran antes en el país, terminaran más tarde, y fuesen más intensas… a partir aproximadamente de 2020.

Es más, aunque parezca cruel decirlo, este desastre es inusualmente fotogénico. No hace falta estudiar gráficos y tablas de estadísticas; es un relato de terror contado por paredes de fuego y aterrados refugiados apiñados en las playas.

De modo que este debería ser el momento en el que por fin los Gobiernos estableciesen medidas urgentes para evitar la catástrofe climática. Pero el mundo no es racional. De hecho, el Gobierno antiecologista australiano parece mostrarse completamente indiferente mientras las pesadillas de los ecologistas se hacen realidad. Y los medios de comunicación antiecologistas, el imperio de Murdoch en especial, han emprendido una campaña de desinformación a gran escala que intenta echar la culpa a los pirómanos y los “verdosillos” que no dejan a los bomberos talar suficientes árboles.

Estas reacciones políticas aterran más que los propios incendios. Los optimistas climáticos siempre han esperado un consenso amplio a favor de medidas para salvar el planeta. El relato era que el problema de las acciones climáticas residía en la dificultad de llamar la atención de la ciudadanía. Se trataba de un asunto complejo, y los daños eran demasiado graduales e invisibles; además, los grandes peligros se situaban en un futuro muy distante. Pero, sin duda, en cuanto hubiese suficientes personas informadas de ellos, en cuanto las pruebas del calentamiento fuesen suficientemente abrumadoras, la acción climática dejaría de estar politizada. La crisis climática, en otras palabras, acabaría convirtiéndose en el equivalente moral de la guerra, una emergencia que trasciende a las habituales divisiones políticas.

Pero si un país en llamas no basta para producir un consenso a favor de la acción, ni siquiera para moderar las posiciones antiecologistas, ¿cómo se alcanzará ese consenso? La experiencia australiana da a entender que la negación del cambio climático persistirá contra viento y marea, es decir, pese a las olas de calor devastadoras y al aumento de las tempestades catastróficas.

Podríamos estar tentados de considerar a Australia como un caso especial, pero la misma división profunda entre partidos se produce desde hace tiempo en Estados Unidos. En la década de 1990 sin ir más lejos, demócratas y republicanos tenían prácticamente las mismas probabilidades de declarar que los efectos del calentamiento ya habían empezado. Desde entonces, las opiniones entre partidos han divergido, y los demócratas tienen cada vez más probabilidades de ver que se está produciendo un cambio climático (como de hecho ocurre), mientras que un porcentaje cada vez mayor de republicanos no ven ni oyen ningún problema relacionado con el clima.

¿Refleja esta divergencia un cambio en la composición de los partidos? Al fin y al cabo, los votantes con más formación académica se han ido decantando por los demócratas, y los que menos formación tienen, por los republicanos. ¿Es entonces cuestión de lo bien informada que esté la base de cada partido?

Probablemente no. Hay pruebas sustanciales de que los conservadores académicamente preparados y bien informados sobre política tienen más probabilidades que otros conservadores de decir cosas que no son ciertas, quizá porque es más probable que sepan lo que las élites políticas conservadoras quieren que crean. Es especialmente probable que los conservadores con altos conocimientos en ciencias y letras sean negacionistas del cambio climático.

Pero si la negación y la oposición a la acción son inamovibles incluso ante una catástrofe evidente, ¿qué esperanza hay de evitar el apocalipsis? Seamos sinceros con nosotros mismos: las cosas tienen muy mala pinta. Sin embargo, rendirse no es una opción. ¿Qué camino debemos seguir?

Clarísimamente, la respuesta es que la persuasión científica está obteniendo rendimientos drásticamente decrecientes. Muy pocos de los que ahora siguen negando la realidad del cambio climático o al menos oponiéndose a hacer algo al respecto se moverán ante una mayor acumulación de pruebas o incluso ante la proliferación de nuevos desastres. Cualquier medida que llegue a tomarse deberá emprenderse frente a la incorregible oposición de la derecha. Esto significa que la acción a favor del clima tendrá que ofrecer beneficios inmediatos a un gran número de votantes, porque las políticas que parecen exigir un sacrificio generalizado —como las que se basan en los impuestos a las emisiones de carbono— solo serían viables con el tipo de consenso político que claramente no vamos a alcanzar.

¿Cuál podría ser una estrategia política eficaz? He estado releyendo un discurso publicado en 2014 por el eminente politólogo Robert Keohane, que insinuaba que una forma de superar el punto muerto político en lo referente al clima podría ser “haciendo hincapié en enormes proyectos de infraestructuras que crearan empleo”; en otras palabras, un Nuevo Pacto Verde. Una estrategia así podría dar lugar a un “gran complejo climático-industrial”, lo que de hecho sería bueno desde el punto de vista de la sostenibilidad política.

¿Tendría éxito una estrategia semejante? No lo sé. Pero parece ser nuestra única oportunidad, teniendo en cuenta la realidad política en Australia, Estados Unidos y en otros sitios, es decir, que las fuerzas poderosas de la derecha están decididas a hacernos seguir rodando a toda velocidad por el camino hacia el infierno.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía. © The New York Times, 2019.

Traducción de News Clips.

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