Causa archivada, perros rabiosos mudos

Causa archivada, perros rabiosos mudos
Ione Belarra durante su primera intervención como secretaria general de Podemos en el Consejo Ciudadano Estatal. – Dani Gago (Podemos)

 

La causa abierta por los supuestos sobresueldos de Podemos ha sido archivada de nuevo. Buena parte de la opinión pública ni siquiera se enterará, porque quienes hicieron correr ríos de tinta cuando se reabrió han vuelto a hacer lo mismo que cuando se archivó por primera vez: agachar la cabeza y callar. Ya ni siquiera es una cuestión de profesionalidad -que también- es de pura dignidad, de saber encajar los golpes cuando, además, vienen de la Justicia. Algunos medios, algunos periodistas muy concretos, son incapaces, sumidos en su ridículo mayúsculo.

Podemos no tiene por qué caer bien; se puede estar en desacuerdo con sus postulados, con su estilo, incluso, con su misma concepción de democracia interna. Sin embargo, por una mera cuestión de honestidad, hay que admitir el modo en que la formación morada sale airosa de cuantas causas intentan abrir contra ella.

Ningún otro partido ha sido examinado con tanto celo, antes incluso de llegar al poder. La otra gran diferencia respecto al Partido Popular (PP) es que, por mucho que se ha intentando, no ha sido condenado como partido. La mayor parte de las querellas presentadas terminan siendo archivadas porque la acusación ni siquiera es capaz de presentar pruebas que sostengan sus argumentos… así casi una veintena de veces.

Desde que hace ya seis años intentaran acusar a Pablo Iglesias por blanqueo de capitales, la lista de querellas se ha ido incrementando, unas veces hacia personas y otras contra el partido… y a cada acusación, un archivo, la mayor parte de ellos por parte nada menos que del Tribunal Supremo. El caso que encabeza este artículo, el de los supuestos sobresueldos, ya fue archivado el pasado mes de marzo. Un mes más tarde y a instancias de Vox, se reabrió el caso, pero su recorrido ha sido tan corto como las pruebas aportadas… lo que terminado en un nuevo archivo.

Cuando en casi una veintena de ocasiones se abren procesos judiciales y todos ellos se archivan parece evidente que más que una búsqueda por la justicia hay una obsesión contra Podemos, especialmente considerando que acusaciones como las de financiación irregular son recurrentes y siempre quedan en agua de borrajas.

Así pues, la finalidad es el desgaste, el descrédito, no la justicia. Y lo consiguen, pero no el descrédito del partido, sino de sus brazos mediáticos. Ver cómo cada vez que se archiva una causa enmudecen los Inda, Marhuenda, Quintana, Rubido, Herrera, Naranjo, Cuesta, Durán, Jiménez, Losantos, Seguí, Claver, Castillón… cómo se empequeñecen respecto a lo que se crecían para amplificar a los cuatro vientos la querella inicial sólo genera un descrédito: el suyo propio.

En realidad, tanto han forzado la máquina que han terminado consiguiendo el efecto contrario: mientras cada vez resulta más evidente la imagen de persecución a Podemos, además, por parte de perros rabiosos cuyo juicio ya está consumido por el virus de la ira, la formación morada se siente más fortalecida. El único riesgo para los de Belarra es que se pasen de frenada y se crean invencibles o, lo que es peor, impunes como el PP. No es así: cuando comentan delitos habrá de caer todo el peso de la ley  contra ellos… y verán como entonces los perros no se van con el rabo entre las piernas como ahora. Ladrarán de lo lindo lo que hoy callan para ganarse su hueso.

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La cobardía (in) explicable

Balacera en Reynosa... y nadie dijo nada

Me encantaría referirme a otro tema, pero la matanza en Reynosa este fin de semana constituye una transgresión que no puede dejarnos indiferentes. Sicarios montados en convoy para asesinar al azar a los habitantes de la ciudad. Durante muchos años hemos visto a la violencia escalar de un nivel al siguiente mientras nos consolábamos afirmando que eso era algo que sucedía entre ellos. Y por espeluznantes que parecieran las imágenes de los cuerpos colgados en un puente o las cabezas arrojadas a una zanja, nos decíamos en voz baja que, aunque lamentable, se trataba de hombres que habían aceptado someterse a las condiciones de una vida de vértigo y crueldad y, aunque efímera, de riqueza fácil. Y en más de una ocasión he escuchado en charlas de sobremesa afirmar, eso sí, entre lamentos, que en última instancia eran personas que se lo habían buscado. No estaría de acuerdo con esa afirmación, pero en todo caso hace rato que dejó de ser así.

Los centroamericanos reclutados y ejecutados por decenas y luego arrojados en fosas clandestinas no se lo buscaron. Tampoco se lo buscaron las personas que han comenzado a desaparecer, también por decenas, en las carreteras del norte del país. Y menos aún se lo buscaron los habitantes de Reynosa que cayeron ahora en las calles de su propia ciudad, sin cometer otro crimen que dedicarse a las actividades de cada día, como cualquier otro mexicano. No se trata de víctimas infortunadas que quedaron atrapadas en un fuego cruzado, como ha sucedido tantas veces. Más de uno tratará de conciliar el sueño diciéndose que simplemente se trata de personas que estaban en el lugar equivocado a la hora equivocada. Pero sería muy cobarde refugiarnos en ese pretexto, porque equivale a entregar al crimen la calle y los espacios públicos de nuestras ciudades.

Las víctimas de estas ejecuciones arbitrarias no estaban en un tugurio de mala muerte a las 3 de la mañana (lo cual tampoco justificaría sus muertes). Estaban en el lugar correcto y a las horas adecuadas porque se encontraban en su ciudad y haciendo lo que tenían que estar haciendo. Los que estaban en circunstancias incorrectas, en hora y lugar, eran los sicarios que equivocadamente se sienten dueños de vidas y hacienda del resto de los mexicanos. Lo anómalo es eso, y no el comportamiento de los reynosenses que estaban en lo suyo. Si comenzamos a asumir que movernos en nuestros tiempos y espacios cotidianos nos condena a quedar colocados en el momento y el lugar equivocados, habremos concedido a los matones la potestad de seguirlo haciendo como si fuera un derecho adquirido. Justamente, el hecho de haber “normalizado” estos niveles de violencia ha producido que la barbarie y la impunidad tengan una progresión continua, de tal manera que ahora vemos como “normal” lo que antes habría constituido una salvajada inadmisible.

Y en este acto de negación y anestesia colectiva todos llevamos culpa. Desde luego, en primera instancia la mayor responsabilidad de este estado de cosas recae en las autoridades de los tres poderes, particularmente en el ejecutivo federal y estatal. Los dos últimos presidentes, Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador prefirieron no afrontar el problema. Fue tal el fracaso de Felipe Calderón, que su sucesor de plano decidió gobernar como si el crimen organizado no existiese. Calderón había tenido el mérito de tomar la iniciativa, en efecto, pero al hacerlo con las intenciones de posicionarse políticamente, la improvisación y los errores terminaron empeorando el problema. Peña Nieto simplemente recurrió a la estrategia del avestruz. Andrés Manuel López Obrador ha buscado atender las causas, de allí su deseo de mejorar oportunidades para los jóvenes o de transformar el Poder Judicial, pero incluso en el caso de aceptar que estas medidas pudieran tener éxito, obviamente apuntan al largo plazo.

No diré, como Keynes, que a largo plazo todos estaremos muertos, aun cuando parecería aplicarse en este caso, pero es obvio que mientras tanto los cárteles han experimentado una expansión que nos pone contra la pared. Ciertamente hay una estrategia para lo inmediato por parte de la 4T: con la creación de una Guardia Nacional y la construcción de más de doscientos cuarteles el presidente busca recuperar presencia en el territorio. Pero está claro que hay una decisión de no enfrentar directamente a los cárteles, más allá de abordar los casos extremos en que el salvajismo o la indignación de la opinión pública obliga a tomar cartas en el asunto.  

A diferencia del caso de Peña Nieto, nadie podría decir que AMLO no sabe lo que está sucediendo. Se agradece que inicie sus días con una reunión de análisis e información sobre el tema a las 6 de la mañana. Pero el hecho de que, sabiendo lo que sabe y pese al enorme crecimiento de los recursos del Ejército, no se anime a intentar poner un alto a los cárteles termina por dejarnos una preocupación mayor. ¿De qué tamaño serán las fuerzas que se dedican a cometer crímenes? Y, sin embargo, los ciudadanos tendríamos que hacer algo antes de que sea demasiado tarde y los nuestros también comiencen a estar en el lugar y el momento equivocados, aun cuando no se muevan de sitio. Los políticos solo consideran urgente aquello que les afecta mediáticamente. Es necesario que los ciudadanos, los periodistas, las organizaciones sociales de toda índole presionen para que los responsables de tomar decisiones encabecen un verdadero esfuerzo colectivo para afrontar este cáncer. No será fácil, pero menos lo será si no comenzamos inmediatamente.

No podemos admitir que solo quede confiar en que no seamos víctimas del azar. Por más que resulte cómodo voltear hacia otro lado y desear que en esta ruleta rusa la pistola no esté cargada cuando sea nuestro turno, habría que rechazar la idea de que alguien coloque una pistola en nuestra sien. Nunca como ahora aplica lo dicho por el irlandés Edmund Burke, “lo único necesario para que triunfe el mal es que los hombres buenos no hagan nada”.

 

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El escándalo de los influencers

La Fiscalía de Delitos Electorales investiga a los 'influencers' que  promovieron el voto por el Partido Verde | EL PAÍS México

No me preocupa que el Partido Verde haya contratado influencers para promover el voto a su favor en un momento muy específico de la contienda electoral. Me preocupa que el Partido Verde piense que somos tan estúpidos como para suponer que al ver a un influencer pidiéndonos que votemos por sus candidatos, inmediatamente vamos a cambiar nuestra intención de voto y la vamos a poner a su favor. ¡Ése es el problema! Que estas señoras, que estos señores, no nos respetan, que nos agreden a la menor provocación. Y cuando hablo de agresión, no necesariamente hablo de balazos. Hablo de estas estrategias que sumadas al violentísimo contexto electoral que acabamos de vivir, generan esto que estamos observando en medios y redes sociales.

¿Qué? Una justificadísima reclamación a las autoridades, un hartazgo colectivo. ¡Ya basta! ¡Ya basta de vernos de arriba para abajo! ¡Ya basta de atacarnos! ¡Ya basta de faltarnos al respeto con nuestros propios recursos, con nuestro propio dinero! ¿Cuál es la nota? Que esto es diferente a lo que sucedió hace tres años. En aquel entonces, un montón de actrices, cantantes, conductores e influencers, recibieron dinero para subir publicaciones a favor del Partido Verde en sus redes sociales.

Como usted recordará, se hizo un escándalo. ¡Pero qué cree! No pasó nada. Todas las personas que participaron no sólo cobraron cantidades espeluznantemente altas de nuestro dinero por hacerle el favor al Partido Verde, nadie les hizo nada y sus carreras crecieron. Hoy les va mil veces mejor que en aquel entonces. Qué casualidad, ¿verdad? Conclusión: ¡Esto es un negociazo! La bronca fue que como que nadie le dijo ni a los partidos políticos, ni a los influencers ni a nadie que hubo un cambio de reglas para las elecciones de este año. Ahí está la nota. Si nadie les hace nada, una vez más, se mandará un mensaje de impunidad que por supuesto hará de las elecciones de 2024 un infierno todavía peor al que se ve venir. Si se les castiga, habrá que evaluar el proceso, los resultados y la condena porque esto más complejo de lo que parece.

Un alto porcentaje de los influencers no hacen nada en sus redes sociales. Lo único que ponen es su “linda” cara. Hay empleados, asesores y hasta compañías enteras publicando cosas de las que ellos, muchas veces, ni siquiera se enteran. ¿Sobre quién va a caer el peso de la ley? Por si esto no fuera suficiente, en algunos casos, cuando uno trabaja para ciertas televisoras, al firmar cualquier contrato, cualquiera, no sólo de exclusividad, hay cláusulas que obligan a entregar redes sociales. ¿Qué ocurre en estos casos? Si “tus patrones” te ordenan publicar algo, así vaya en contra de tus más íntimos valores, lo tienes que hacer so pena de pagar unas multas altísimas y quedar fuera del medio durante muchos años.

Se lo vuelvo a preguntar: ¿sobre quién va a caer el peso de la ley? ¿Sobre las televisoras?

No, pero espérese, se pone peor. Hay figuras públicas que lo que tienen de guapas lo tienen de ignorantes y que saben de política lo que yo, de neurocirugía. Si usted les ofrece un fajo de billetes, esas mujeres, esos hombres, le publican lo que sea. ¡Lo que sea! ¿Qué castigo le das a alguien así, a alguien que ni remotamente sabe de reglas electorales? ¿Ahora entiende la importancia de este asunto? No se trata de buscar venganza porque sea el Partido Verde, porque sean figuras “de la competencia”, por diferencias ideológicas o por rencores personales.

Se trata de poner sobre la mesa temas todavía más profundos como la responsabilidad que todos debemos tener en el uso y administración de nuestras redes sociales, como el abuso que algunas televisoras cometen al “robarle” sus redes a sus talentos y como la epidemia de ignorancia que infecta a muchas de nuestras más queridas figuras públicas. Está muy grueso. Aquí va a pasar algo. Aquí tiene que pasar algo. Por nada del mundo deje de darle seguimiento a esta historia. El futuro de las campañas electorales está de por medio. ¿O usted qué opina?

 

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“¡Viva Franco!” como expresión de normalidad

Los familiares de Franco encabezan la comitiva familiar que porta el féretro con los restos mortales del dictador tras su exhumación en octubre de 2019. EFE
Los familiares de Franco encabezan la comitiva familiar que porta el féretro con los restos mortales del dictador tras su exhumación en octubre de 2019. EFE

 

El Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) ha emitido ya su informe sobre el proyecto de ley de memoria democrática que tiene previsto aprobar el Gobierno. Sí, el Poder Judicial, que lleva dos años y medio en funciones con la escasa dignidad que supone cobrar un sueldo que ya no te corresponde (y si solo fuera eso…), ha decidido ponerse exquisito y decirnos al común de los mortales que quizás el tema de la libertad de expresión no cuadra bien con eliminar fundaciones pro-dictadores como la Fundación Francisco Franco, pese a que las instituciones europeas pidieron hace tiempo acabar con cualquier vestigio de defensa de regímenes fascistas o aliados.

Después de encarcelar a titiriteros por los carteles de sus marionetas, a cantantes de rap desconocidos hasta que los jueces les dieron fama, de secuestrar libros bien contrastados sobre el narcotráfico gallego, publicaciones pornográficas (en viñetas satíricas) de los reyes… el CGPJ se alza como la más demócrata de las instituciones y nos dice que ni apología del franquismo ni nada, que la Fundación Francisco Franco y sus voceros (patrocinadores, publicistas y mecenas) pueden hacer lo que les dé la gana mientras no humillen a las víctimas del franquismo.

¿Qué más humillación se le ocurre al CGPJ que la de no haber tomado una medida, jamás, que haga justicia y restaure la memoria de los fusilados, torturadas, exiliados,… del franquismo? Restos humanos en cunetas de toda España sin que al Estado le importe un euro, legislación franquista que viene a legitimar comportamientos ídem, una Transición que hizo borrón y cuenta nueva, sobre todo, con las víctimas de una dictadura salvaje (los demócratas), una Historia sin conocer gracias a una ley de secretos oficiales de 1968… Pero no hay humillación, dicen con la superioridad moral del poderoso.

En las últimas horas, al tiempo que se conocía el informe del guardián de las esencias de la libertad de expresión, ahora CGPJ, la agencia EFE publicaba que Alemania ponía veto a la cuenta de Twitter de la Fundación Francisco Franco, horrorizado el país germano en su lucha contra los brotes de ultraderecha y filonazis que asedian sus instituciones y las europeas, con que una organización que exalta una dictadura afín a la de Adolf Hitler goce de tan buena salud en España.

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Cospedal y el Museo del Chorizo

Cospedal y el Museo del Chorizo
La ex secretaria general del PP y expresidenta de Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal.- EFE

Más que unos magistrados amigos, que los hay a patadas, lo que le va haciendo falta al PP en los distintos frentes judiciales que tiene abiertos, es un ejército de poceros para limpiar cloacas, aunque al paso que va lo de la Operación Kitchen no lo soluciona ni Desatranques Jaén. Llega un momento en que la porquería rebosa de las alcantarillas y empieza a arrastrar nombres propios muy gordos, más allá de jefazos de la Policía y secretarios de Seguridad Nacional.

El elenco que de momento ha sido imputado en el sumario de la Kitchen incluye a dos estrellas de la constelación mariana -Fernández Díaz y Cospedal-, quienes, sumados a los varios ministros del gobierno de Aznar en traje de rayas -Zaplana, Rato, Matas, sin contar sobreros- dan para una película de la mafia en versión hispánica o una reedición del neocalorrismo por todo lo alto: el Torete y su cuadrilla en traje y corbata.

También con mantilla, ya que la última adquisición, María Dolores de Cospedal, era de ir mucho a misa como las folklóricas de Julio Romero de Torres. Cospedal, que se fundió casi dos millones de euros en celebrar sendas cumbres del vino en Toledo y otros cuatro millones en la construcción de una Torre del Vino en Socuéllamos, patrocinaba a tope los caldos de Castilla-La Mancha sin comprender que el futuro estaba en la inauguración de un Museo del Chorizo. De este modo tan peculiar, lo que va quedando de las sucesivas legislaturas del PP es un gobierno en busca y captura la mar de chulesco.

Chulesco es el término que mejor define el tono con que estos próceres y próceras de la patria se sientan en el banquillo para alegar que ellos no saben nada ni se acuerdan de nada. Con tanto vino manchego, no nos extraña. López del Hierro, consorte de Cospedal, se ha negado a contestar las preguntas de los portavoces de la comisión del Congreso asegurando que el “López Hierro” que aparece en los papeles de Bárcenas no es él, sino otro distinto. “Yo es otro” escribió Rimbaud en un verso famoso, profetizando la asombrosa metamorfosis del PP en manos de Casado, que no es ese PP de las cloacas y la corrupción a manos llenas, sino otro PP mucho más bonito. De hecho, Casado llegó a la presidencia del partido gracias entre otras cosas al apoyo directo de Cospedal, una mujer que hace política igual que le apañaba los finiquitos a Bárcenas: en diferido y en forma de simulación. Ocho meses hace que la fiscalía Anticorrupción solicitó la imputación de Cospedal y señoro: más diferido imposible.

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No voten por ellos, son tan malos como nosotros

No voten por ellos, son tan malos como nosotrosSe dice que las elecciones de mitad de sexenio constituyen una suerte de evaluación del gobierno en turno. Más en este caso, en que los opositores al mandatario Andrés Manuel López Obrador, los partidos PRI, PAN y PRD (en teoría de centro, derecha e izquierda, respectivamente) han decidido desdibujar sus propias identidades y fusionarse en un bloque unido para competir contra el partido del Presidente. Si por ellos fuera, la boleta electoral no pediría marcar por un partido sino responder a una única pregunta, algo así como: ¿estás de acuerdo o en desacuerdo con darle al Presidente el control de las Cámaras para cambiar las leyes a su capricho? Una pregunta que, enunciada desde el obradorismo, sería formulada de otra manera, desde luego: ¿estás de acuerdo o en desacuerdo con que el Presidente se apoye en las Cámaras para consolidar los cambios a favor de los pobres?
Pese a la narrativa contrastante, lo que se observa es que las dos partes han hecho todo lo posible para convertir a estas elecciones en una disputa por la mayoría calificada de la Cámara (dos tercios más uno, es decir, 334 de un total de 500 curules). El obradorismo con el fin de conseguirlo, el bloque opositor con el propósito de impedirlo. Ciertamente hay muchas otras contiendas metidas en esta elección, 15 gubernaturas, las principales alcaldías del país y la mayoría de los congresos estatales. Para los partidos de oposición, en lo individual, todos esos frentes son estratégicos incluso para su sobrevivencia: huérfanos del andamiaje federal, requieren bastiones regionales desde los cuales puedan reconstruirse y soportar la temporada de vacas flacas. Pero para la alianza en su conjunto y los grupos empresariales y de la sociedad civil que le apoya, la verdadera batalla está en impedir el control del Poder Legislativo por parte de Palacio Nacional. 

Y, paradójicamente, en eso coinciden puntualmente con López Obrador. Si alguna lección le deja el primer trienio es que con lo que tiene no le alcanza. El Presidente sabe que sin las reformas constitucionales, el pretendido cambio de régimen quedará en leyes secundarias y políticas públicas sexenales, muchas de las cuales incluso ahora son paralizadas en tribunales por entrañar contradicciones constitucionales; es decir, una cuarta transformación efímera, nada que el siguiente gobierno no pueda deshacer de un plumazo. Las dos partes, pues, identifican que la elección de la Cámara es un parteaguas que puede decidir en un sentido u otro lo que resta del sexenio.

Otra involuntaria similitud entre los dos bandos es que ambos eligieron básicamente la misma estrategia para la batalla: apelar a su propia base social, predicar a los conversos. Ni los partidos políticos de oposición ni los actores sociales descontentos con la 4T buscaron realmente apelar a las mayorías que votaron a favor de López Obrador para disuadirles y atraerlas a su causa. Para hacerlo, tendrían que haber construido un mensaje creíble con respecto a las preocupaciones que tienen estos grupos: pobreza, corrupción, injusticia social, inseguridad y desigualdad. Han criticado hasta la saciedad las propuestas que el obradorismo ha puesto en marcha respecto a esos problemas, pero han sido incapaces de plantear cualquier alternativa para contraponerse al programa oficial. Incluso en el caso de que tuviera éxito la descalificación que se hace de la 4T, a partir del abrumador manejo de medios que la oposición posee, los sectores populares podrían concluir que, aun cuando cometa errores, al menos el Presidente está intentando hacer algo por ellos, a diferencia de quienes lo critican. La parte de la argumentación que se centra en acusar a los de Morena de ser tan corruptos como los de antes, es en sí misma un tiro al pie, porque quienes la esgrimen son percibidos como los de antes. Equivale al autoincriminatorio exhorto: “no voten por ellos, son tan malos como nosotros”.  

Lo que sí han logrado los adversarios del Presidente es profundizar el desamor de todos aquellos que no simpatizaban con él, incluso de los que le daban el beneficio de la duda y sufragaron en su favor. Pero a juzgar por la estabilidad en la aprobación que registra el Presidente en las encuestas, éstos últimos constituyen una escasa franja. En suma, un tercio de los mexicanos está más convencido que nunca de que el tabasqueño es un peligro para México, gracias a la campaña antiobradorista y el desgaste propio de un gobierno en funciones, pero en las urnas lo que cuenta es el número y no la intensidad. Vale lo mismo el voto de un radical converso que el de alguien que simplemente gusta de un Presidente que por vez primera critica a los ricos.

Desde la otra portería, el Presidente eligió el mismo plan de juego: profundizar el vínculo con sus seguidores; predicar a los suyos. Realmente nunca intentó ir por los otros, salvo en las primeras semanas cuando hizo algunos planteamientos conciliadores. A partir de la decisión definitiva de la cancelación del nuevo aeropuerto y las reacciones que esto provocó, el Presidente no volvió a intentar atraer a los sectores medios y profesionales, al empresariado moderado, a los académicos y científicos, a los actores sociales con reivindicaciones distintas a la suya pero que podrían haber sido empáticos a sus banderas (agendas de género, de medio ambiente, de derechos humanos). Apostó a su propia base social y se concentró en una narrativa más depurada de cara a lo que llama pueblo, a riesgo incluso de enajenar al resto de los actores.

En suma, intencional o no, los dos bandos que esta semana se disputan las urnas optaron por radicalizar a su propia clientela, en lugar de ir por la otra. Un plan de juego que parecería correcto si antes te ha dado resultado, como es el caso de López Obrador, y que se antoja suicida si antes ha sido la razón de tu derrota. Acentuar los vínculos con una base social que constituye más de la mitad de los mexicanos, parecería ser una apuesta sensata; atrincherarse en un segmento que piensa igual que uno, aunque constituya la minoría, parecería menos acertado.

López Obrador ganó con 53 por ciento de los votos en 2018, el objetivo realista de la oposición, tres años después, tendría que ser que Morena y sus aliados no pasaran de 40, considerando el desgaste que exige gobernar. En lugar de eso, consideran un triunfo que el obradorismo no llegue a 62 por ciento que persigue y obtenga el control de la Cámara. Este hecho tendría que decirles algo sobre lo que resta del sexenio. Por lo pronto, veamos qué deciden los votantes el próximo domingo; un plebiscito sobre el Presidente, pero también sobre la oposición. _

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Elecciones, mucho ruido y pocas nueces

Jorge Zepeda. Elecciones, mucho ruido y pocas nueces by Milenio Opinión

Mucho está en juego en las elecciones del próximo domingo, es cierto, pero habría que mantener las cosas en perspectiva: no se está decidiendo el futuro del país de una vez y para siempre, por más que intenten convencernos de ello los candidatos o los comentaristas y columnistas que vivimos de rumiar hasta la obcecación los asuntos de la vida pública.  Hay que reconocer, sí, que estas elecciones intermedias son más relevantes que las de sexenios anteriores, al menos por tres razones.

Una: los cambios en el calendario electoral provocaron que por vez primera coincidiera el relevo en 15 gubernaturas de manera simultánea con el reemplazo del poder legislativo; en ese sentido, son los comicios intermedios más vastos que hayamos tenido.

Dos: al estar en marcha una intención de cambio de régimen por parte del gobierno de López Obrador, la disputa de proyectos entre el partido oficial y los opositores es más contrastante que en otras ocasiones; o dicho de otra manera, eran menos relevantes cuando la opción se circunscribía al PAN y al PRI y luego resultaba que pese a la alternancia, el ganador conservaba agendas parecidas o mantenía en Hacienda a la misma persona (José Antonio Meade, por ejemplo).

Y tres: el partido en el poder tiene el objetivo de conseguir la mayoría calificada, lo cual le permitiría hacer cambios constitucionales sin necesidad de negociar con la oposición, privilegio del que no gozaron los ocupantes de Palacio Nacional en los últimos sexenios. Dicho lo anterior, habría que relativizar lo que está en juego. Por más que la narrativa sea la de una cuarta transformación, las posibilidades de orquestar un verdadero cambio de régimen desde la Presidencia son más bien reducidas. Los márgenes que poseen los poderes ejecutivos o legislativos en los países actuales son mucho más limitados de lo que parece.

Lo acabamos de ver en el caso de Donald Trump en EU. En tiempos de globalización y explosión del mundo virtual, las inercias instaladas y las interdependencias han reducido brutalmente el peso de los Estados nacionales. Algo similar sucede en México, estamos a la mitad del tercer año del gobierno de López Obrador y pese a toda la polarización, los gritos y sombrerazos en la conversación pública y en redes sociales, la vida cotidiana en realidad ha variado muy poco. Se podrá pontificar en las mañaneras todos los días sobre los males del neoliberalismo, pero lo cierto es que vivimos en un mundo dominado por la economía de mercado del cual México, el planeta entero, no puede sustraerse. En el mejor de los casos, toda esa crítica ayuda quizá a paliar algunos de los excesos más ominosos de la sociedad de consumo.

López Obrador podrá fustigar con dedo flamígero una y otra vez a los ricos, pero no ha habido expropiaciones ni incremento de impuestos o afectación a su patrimonio. Lo más radical que se ha hecho al respecto es exigir que paguen sus contribuciones e intentar parar las estrategias de evasión con la que hacían su agosto las grandes empresas. Y para todos aquellos que aseguraban que el triunfo de López Obrador supondría el desplome del peso o la salida masiva de capitales, habría que recordar que nada de eso ha sucedido; las finanzas públicas del obradorismo han sido notoriamente responsables: control de la inflación, equilibrio en el gasto público, aversión al endeudamiento y obsesión por mantener la moneda nacional estable. Lo que sí ha habido es una narrativa radical, a ratos belicosa que, dadas las circunstancias, cumple una función política que paradójicamente, sea por razones intencionales o no, ayuda a la estabilidad política del país.

López Obrador llegó al poder gracias al voto de millones de personas que exigían un cambio, hartas de los excesos, la corrupción y la desigualdad. Y mientras esas mayorías estén convencidas de que el Presidente del país habla en su nombre y hace suya y expresa su molestia, existe al menos una salida política a su malestar. Preocupémonos cuando esas mayorías sientan que carecen de una vía legítima para canalizar su inconformidad.

En el fondo, el sexenio de López Obrador constituye el intento de impulsar el péndulo en la otra dirección, un ajuste menor en realidad con respecto a los muchos excesos en los que habíamos incurrido en detrimento de los sectores más desprotegidos y de las regiones más abandonadas. La recuperación del poder adquisitivo del salario mínimo, las inversiones en el sureste, la derrama anual de 700 mil millones en ancianos, jóvenes y familias de escasos ingresos, entre otras muchas acciones, puede que no sean la panacea ni se trate de soluciones definitivas, pero tienen como destinatarios a grupos que habían recibido muy poco y habían acumulado legítimos agravios con las políticas públicas de los últimos sexenios. Pueden cuestionar las maneras a ratos atropelladas y señalarse desaciertos que algunos juzgarán de mayor gravedad que los cometidos por gobiernos anteriores. Pero, en conjunto, el país seguirá caminando bajo inercias y tendencias que construimos entre todos, en gran medida a partir de los condicionamientos, los impulsos y las presiones de la vida moderna.  Las elecciones del próximo domingo son vitales esencialmente para los que se están jugando carrera y fortuna en una candidatura.

Pero habría que ser realistas, los resultados electorales ni siquiera suponen un cambio de cuadros entre las élites políticas. Incluso los candidatos de Morena, el nuevo partido en el poder, son en su mayoría reciclados de otros partidos y han estado allí desde siempre. Con todo, es cierto que el resultado de estas elecciones podría modificar tonalidades en la segunda mitad del sexenio obradorista. Si el Presidente obtiene el control absoluto en las cámaras, el péndulo podrá moverse algunos grados más en la dirección que propone. Pero tampoco nada que otro gobierno u otro movimiento pendular no pueda ajustar o matizar en el futuro.

Es verdad que este domingo chocarán en las urnas dos visiones distintas de país, dos proyectos sociales contrastantes. Pero eso no significa que el triunfo en un sentido u otro suponga que una de ellas pueda imponerse significativamente. Ni la alianza Sí por México puede ignorar que 60 por ciento de la población exige cambios parecidos a los que el obradorismo propone ni éste puede desconocer que vivimos en un mundo dominado por la sociedad de mercado.

Ejerzamos nuestro voto, acudamos a las urnas sabiendo que es uno de los pocos momentos en los que los ciudadanos podemos intervenir en la cosa pública. Pero no nos convirtamos en rehenes de la estridencia catastrofista que los profesionales de esto, políticos y comentaristas, intentan vendernos.

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La serpiente de Mohamed VI

La serpiente de Mohamed VI
El rey de Marruecos, Mohamed VI.- AFP

 

La Plaza Jemaa El Fna de Marrakech siempre trae a la mente dos poderosas imágenes: la muchedumbre caminando de un lado a otro entre los puestos de naranjas y los curanderos y encantadores de serpientes. Lo que no acostumbra a contarse es cuántos de estos encantadores mueren al año por mordeduras de sus reptiles. Hace unos cuatro años, los seis minutos de agonía de un encantador después del beso mortal de su serpiente dieron la vuelta al mundo por las redes sociales. Mohamed VI parece en ocasiones encantador, pero en realidad es serpiente. Tras la nueva vuelta de tuerca al chantaje de Marruecos de ayer, queda saber si España y la Unión Europea se dejarán dar el beso de la muerte.

Mohamed VI es sanguinario, mezquino, ruin. Un monarca que sume a su pueblo en la pobreza mientras él nada en riqueza, que no duda en pisotear los Derechos Humanos (DDHH) a su capricho, se desenvuelve en la mentira con soltura. No es que no lo hubiera hecho ya -aunque, por las palabras de Pedro Sánchez, éste pareciera que se hubiera enterado ayer mismo-, pero el reconocimiento de que Mohamed VI puso en peligro a 10.000 personas en la frontera con Ceuta para presionar a España con el Sáhara Occidental retrata cuán venenosa es la serpiente alauita.

Tratar de poner en jaque a España con la cuestión saharaui comparándola con la catalana sólo puede darse en una mente enferma y fanática como la de Mohamed VI. Las diferencias entre ambas son absolutas, comenzando porque el hecho de que Catalunya forma parte de España pero el Sáhara Occidental no de Marruecos. Fue el reino alauita el que invadió ilegalmente el Sáhara Occidental, el que ha hecho caso omiso de sentencias del Tribunal de La Haya que niegan su soberanía sobre este territorio, el que con su danza sibilina ha embaucado a Europa durante más de cuatro décadas y ahora a ésta le explota en la cara.

Como apuntaba hace unos días, el reto de España y Europa es ahora mayúsculo y va mucho más allá de un par de frases elevando el tono. En unas semanas es posible que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) sentencie que la UE ha vulnerado la legalidad al incluir en sus acuerdos comerciales con Marruecos productos procedentes del  Sáhara Occidental. Dado que este territorio no forma parte de Marruecos, se estarían esquilmando ilegalmente recursos naturales saharauis.

La sentencia debería ir en esa dirección, como de hecho ya lo hizo hace años una sentencia referida sobre los acuerdos de pesca que, posteriormente, se confeccionó a medida de Marruecos, incluyendo la condicionalidad de que parte de los beneficios que obtiene el reino alauita debía ser revertida en la población saharaui. No sólo no ha sido así, sino que la represión y la vulneración de la población saharaui se ha incrementando, habiendo roto el alto fuego el pasado 13 de noviembre.

El Gobierno de España y la UE no deberían volver a dejarse besar por la serpiente de Mohamed VI, porque su ponzoña es mortal. Deberían mirar más a la sociedad civil y cómo mientras Marruecos patrocina una inaudita querella contra el líder saharaui Brahim Ghali, tratando de desacreditar su imagen, en el hospital de Logroño no dan abasto para almacenar ramos de flores de apoyo llegados de toda España.

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México bronco e impune

México bronco e impune
Estudiantes, docentes y activistas participan en la ‘Marcha por la Paz y la Justicia’ exigiendo justicia al gobierno mexicano por el caso de tres hermanos Ana Karen, Luis Ángel y José Alberto González que fueron encontrados muertos tras ser secuestrados de su domicilio por un grupo armado , en Guadalajara, estado de Jalisco, México, el 11 de mayo de 2021.

 

 

 

 

 

A Luis Donaldo Colosio lo mataron en un mitin electoral en Tijuana el 23 de marzo de 1994. Alguien se abrió paso entre la multitud y le disparó en la cabeza. El supuesto asesino, Mario Aburto, está preso desde entonces. La versión oficial lo señala como único responsable del crimen, aunque a lo largo de los años han surgido hipótesis sobre la implicación de altas esferas del poder y carteles del narcotráfico. El magnicidio -Colosio era el candidato presidencial del entonces hegemónico Partido Revolucionario Institucional (PRI)- marcaría un hito en la historia reciente de México: la violencia política no tendría vuelta atrás. Miles de dirigentes políticos, militantes y activistas han sido asesinados en los últimos 25 años. Y la cuenta no se detiene.

Alma Rosa Barragán, candidata del opositor Movimiento Ciudadano a la alcaldía de Moroleón, en el estado de Guanajuato, caía tiroteada el martes pasado en un acto electoral a las afueras de esa localidad. Su caso es solo uno más entre la treintena de candidatos asesinados en los últimos meses. La violencia política en México suele desmadrarse en tiempos electorales. Durante las dos últimas décadas, los estragos de esa violencia han sido devastadores para la frágil democracia mexicana. Ante las elecciones del 6 de junio, en las que se renueva la Cámara de Diputados y se eligen gobernadores en casi la mitad del país y unos 20.000 cargos locales, las agresiones a candidatos, dirigentes políticos y activistas se han multiplicado.

Dos de las principales consultoras de análisis de riesgo del país, Integralia y Etellekt, han publicado estos días informes alarmantes sobre agresiones relacionadas con la política desde que se abrió el proceso electoral, en septiembre de 2020. Aunque difieren ligeramente en las cifras, la lectura de los datos es similar: asistimos al que probablemente sea el periodo electoral más violento en la historia reciente de México, con más de 30 candidatos asesinados y entre 150 y 200 víctimas mortales relacionadas con el proceso político (dirigentes, familiares de candidatos, funcionarios, periodistas, etc.). Etellekt destaca en su informe que el número de políticos y candidatos asesinados supera en un 30% al registrado en el ciclo electoral intermedio de 2015. Y si se contabilizan todas las agresiones (no solo los homicidios; también los secuestros y otros delitos), los 476 casos contabilizados de violencia política arrojan ya un saldo superior al del periodo electoral de 2017-2018.

El presidente Andrés Manuel López Obrador (conocido popularmente por sus iniciales: AMLO) ha visto en ese clima de violencia una estrategia de las organizaciones criminales para intimidar a la población a la hora de ejercer su derecho al voto. Para el mandatario, una parte de la prensa mexicana magnifica la ola de violencia electoral y practica una suerte de amarillismo informativo al hablar sobre las agresiones que sufren los candidatos. No hay duda de que algunos medios caen en un sensacionalismo burdo al informar sobre hechos violentos, y tampoco es una novedad que un sector de la prensa mexicana aprovecha cualquier ocasión para tratar de desgastar al ejecutivo progresista del Movimiento Regeneración Nacional (Morena). Pero la mirada del presidente respecto de la violencia política no deja de ser un tanto reduccionista al circunscribirla únicamente en el marco del crimen organizado, cuando en realidad se trata de un fenómeno multicausal que atenta contra la propia regeneración democrática que defiende el proyecto político de AMLO.

El crimen organizado es responsable en México de cientos de atentados contra políticos, activistas sociales y periodistas. Las oscuras conexiones con una parte del establishment político y policial han catapultado al narcotráfico como un poder territorial en sí mismo. Poco antes de morir en 2012, el escritor Carlos Fuentes se lamentaba de que México se hubiera colombianizado. Sin llegar a ese paralelismo, es indudable que los carteles de la droga, en constante renovación, constituyen la principal amenaza para el país en términos de seguridad. Pero la violencia política en México no se entiende sin tener en cuenta todos sus atributos: las enconadas pugnas partidistas en pueblos y ciudades pequeñas, la extendida corrupción del sistema político, la ley de la selva que rige unas relaciones sociales donde impera la desigualdad y, ante todo, la impunidad secular que sufre el país.

Es precisamente esa impunidad la que alimenta los delitos, las amenazas, las agresiones. Como resume un detallado informe publicado en 2018 en el diario digital Animal Político, “en México se mata porque se puede”. La capacitación de la Policía para abordar una investigación criminal brilla por su ausencia en un sistema que carece de protocolos homologados y de fiscalías especializadas en muchos estados del país. Entre 2010 y 2016, de los 155.000 homicidios registrados, no se encontraron culpables en el 95% de los casos, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). La impunidad se ha enquistado en México. A principios de siglo ofrecía estadísticas similares. Como señala el investigador Arturo Alvarado, del Colegio de México, en un artículo sobre la violencia política y electoral en 2018, la progresiva democratización del país no ha logrado detener la violencia. Si el desmoronamiento del PRI como partido-Estado activó en un principio la violencia política al entrar en colisión muchas estructuras de poder territoriales, la transición democrática no ha logrado contener ese fenómeno.

Morena llegó al poder en 2018. Fue el partido que más militantes y candidatos perdió en ese proceso electoral precisamente porque era un movimiento opositor emergente. La violencia electoral busca ante todo imponer a la brava el resultado de las urnas. No es posible frenar esa inercia de la noche a la mañana. A AMLO le precedieron en Los Pinos dos presidentes -Enrique Peña Nieto (PRI) y Felipe Calderón (PAN)- bajo cuyos mandatos se registraron índices estremecedores de muertes violentas de toda naturaleza. La tarea que le aguarda al gobierno de Morena es descomunal. Con una policía mal retribuida y peor instruida, un sistema judicial colapsado, una cultura de la corrupción muy asentada y un narcotráfico omnipresente, la transición democrática en México tiene ante sí un reto enorme para ganarle la batalla a la impunidad.

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La mayoría silenciosa apoya los indultos

La mayoría silenciosa apoya los indultos
Presos del procés con una pancarta donde se lee “Amnistía. Hagámonos libres” – David Zorrakino / Europa Press

Cada vez que a la derecha no le favorece la calle, cuando todas las encuestas se vuelven en su contra o la recogida de firmas es tan masiva que apabulla, no falta el líder conservador que esgrime aquello de “la mayoría silenciosa” que sí les apoya, esa que no hace ruido, que no se moviliza del mismo modo… Igual, eso es lo que está sucediendo con los indultos a los condenados del procés, que sólo quienes protestan contra ello son los que andan calentando el ambiente.

El club de los desahuciados de la política ha convocado una nueva concentración, otra fotografía de Colón para protestar contra los indultos. Es lícito, están en su derecho y aunque se trata de una convocatoria partidista, a líderes y primeros espadas de PP y Ciudadanos ya les están temblando las canillas sólo de pensar que volverán a fotografiarse con los fascistas de Vox, dándoles alas de nuevo.

La derecha y extrema-derecha se oponen a la mesa del diálogo, se oponen a los indultos y su única solución es aplastar e imponer al pueblo catalán esta españolidad que se le atragante, incluso, a buena parte de esa ciudadanía ‘libre’ de Madrid. Su fórmula es la que condujo a unos juicios del procés que jamás tuvieron que celebrarse, a que Felipe VI perdiera su neutralidad y, una vez más, deteriorara la imagen de una monarquía caduca y, en definitiva, a negar un problema territorial en España que trasciende a Catalunya y se extiende a otras Comunidades Autónomas como Euskadi.

Es innegable que los indultos harán pagar un peaje político al PSOE y a Unidas Podemos (UP), especialmente por la falta de altura de miras de la derecha, que valora muy positivamente las tragaderas de la Transición porque salvaba a los franquistas que después fundaron partidos como el PP y siguieron tirando de las riendas de empresas del Ibex, pero que no son capaces de poner en libertad a quienes ya han cumplido cerca de cuatro años de cárcel por un delito que ni siquiera existe en el resto de Europa.

A pesar de este coste político, el gobierno parece que tirará para adelante. Equivocado o no, el convencimiento de Pedro Sánchez es que es lo correcto, lo más beneficioso para el país y, en ese sentido, está haciendo lo que debería ser el mantra de cualquier político: huir del partidismo, ignorando el coste político de sus decisiones, y tener coraje para ejecutarlas por el bien común. Pensar que detrás de los indultos sólo se encuentra el deseo de seguir en el poder es una teoría tan simplona como hueca: ¿acaso no creen que entre que gobierne el PP apoyándose en el partido fascista o PSOE-UP la mayoría del Congreso no seguirá respaldando las medidas progresistas del gobierno actual?

Por eso, quizás y aunque no esté subiendo el tono ni la tensión como hace la derecha y su hinchada, una amplia mayoría española silenciosa esté del lado de los indultos, confiando en que, como asegura el secretario general de Junts per Catalunya (JxCat), Jordi Sànchez, el gobierno catalán estará también a la altura. Esa mesa de diálogo que, por cierto, debiera activarse antes incluso de proceder con los indultos, tendrá que extender su alcance a todo el territorio nacional, porque la realidad española es muy distinta a la de hace 40 años. De nuevo, todos los caminos conducen a nuestra particular Roma, esto es, la Constitución, cuyas goteras son demasiadas y es preciso reformarla, sino abrir un proceso constituyente que, además de

sacudirnos de una vez por todas la monarquía, plantee un nuevo modelo de Estado.

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