“Arreglen el techo antes de que llueva”

Electores tendrán que escoger entre delincuentes: Alfredo Campos ...

INAMOVIBLE EN CUANTO A QUE LA EXISTENCIA DE UN CREADOR NO PUEDE SER PROBADA CIENTÍFICAMENTE, BERTRAND RUSSEL SOSTENÍA QUE EL FUTURO SOLO ES POSIBLE DESDE ESA PERSPECTIVA, LA CIENTÍFICA, QUE EMPERO PROYECTA UNA SOCIEDAD ATERRADORA SI SIGUE ESTANDO AL SERVICIO DEL PODER. PEOR AÚN: LA SITUACIÓN SE TORNA CATASTRÓFICA CUANDO ESOS POLOS DE DECISIÓN POLÍTICA IGNORAN LA VOZ DE LOS CIENTÍFICOS.

EN UN DOCUMENTO FECHADO EN SEPTIEMBRE PASADO, EXPERTOS DE LA ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD ALERTARON DE LA AMENAZA REAL DE EXPANSIÓN MUNDIAL DE UNA ENFERMEDAD SIMILAR A LA GRIPE EN SOLO 36 HORAS CON UN CÁLCULO DE 80 MILLONES DE MUERTOS, DEVASTACIÓN NO VISTA DESDE LA PANDEMIA DE INFLUENZA ESPAÑOLA QUE MATÓ EN 1918 A 50 MILLONES. LA JUNTA DE MONITOREO DE PREPARACIÓN GLOBAL DE LA OMS, CON GRO HARLEM BRUNDTLAND Y ELHADJ AS SY A LA CABEZA, ADVIRTIÓ QUE UN PATÓGENO DE RÁPIDO MOVIMIENTO TIENE EL POTENCIAL DE MATAR A DECENAS DE MILLONES, DESESTABILIZAR LAS ECONOMÍAS Y AMENAZAR LA SEGURIDAD NACIONAL.

UNA PANDEMIA GLOBAL COMO SOBRE LA QUE ADVIERTE, PRECISA EN EL DOCUMENTO, SERÁ CATASTRÓFICA, CREANDO ESTRAGOS E INSEGURIDAD, PARA LO QUE EL MUNDO NO ESTÁ PREPARADO. MUCHOS SISTEMAS DE SALUD, SOBRE TODO DE PAÍSES POBRES, COLAPSARÁN.

TEDROS ADHANOM GHEBREYESUS, DIRECTOR GENERAL DE LA OMS, LO RESUMIÓ CON UNA PINCELADA COLOQUIAL: “ARREGLEN EL TECHO ANTES DE QUE LLUEVA”. NADIE ESCUCHÓ, NADIE EN LAS ESFERAS DE PODER DE NINGÚN PAÍS, NADIE EN ESTADOS UNIDOS ENFRASCADOS EN LA PRÓXIMA ELECCIÓN, NADIE EN FRANCIA PELEANDO CON LOS CHALECOS AMARILLOS, NADIE EN GRAN BRETAÑA LIDIANDO CON EL BREXIT, NADIE EN CHINA CON SUS LUCHAS COMERCIALES, NADIE EN ITALIA DETENIENDO BARCAZAS DE MIGRANTES Y NADIE EN ESPAÑA REPARTIÉNDOSE EL PASTEL DE LA GOBERNANZA. NADIE EN BRASIL, POLARIZADO EN LA FIGURA DE JAIR BOLSONARO, Y NADIE EN MÉXICO, DIVIDIDO ENTRE LOS REPROCHES Y LOS ELOGIOS A LÓPEZ OBRADOR.

PARA DECIRLO CON BERTRAND RUSSELL, EL PODER ES COMO EL HOMBRE QUE GENERALIZA CON ESO DE QUE LOS CUERPOS SIN APOYO EN EL ESPACIO CAEN, SIN TOMAR EN CUENTA LOS GLOBOS Y LAS MARIPOSAS, MIENTRAS QUE EL CIENTÍFICO QUE CONOCE LA TEORÍA SABE POR QUÉ CIERTOS CUERPOS EXCEPCIONALMENTE NO CAEN. EL PROBLEMA ES QUE LOS PRIMEROS NO ESCUCHAN A LOS SEGUNDOS Y POR ESO HOY NOS ASOMAMOS AL ABISMO.

 

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Venezuela: resistir, además, a Trump

Venezuela: resistir, además, a Trump

 

Ni EEUU son los paladines de la libertad ni la letra de Resistiré, la canción que suena en toda España en los balcones, la escribió el Duo Dinámico. Lo hizo Carlos Toro, hijo de Carlos Toro Gallego, condenado a muerte por la dictadura franquista, 17 años en la cárcel y militante del Partido Comunista de España. Unos cardan la lana y otros llevan la fama. Las revistas de ciencia política más prestigiosas sobre democracia son norteamericanas. Defienden la democracia norteamericana. Por la plata baila el mono.

“Parte del pueblo norteamericano, que en las películas de gángster va casi siempre con los gangsters y no con la policía, vota a Trump. Y Trump sabe que con esa gente, no hay mejor cortina de humo que una guerra”

Parece que no puede haber Presidente de los EEUU que no tenga su guerra. Sobre todo al final de su primer mandato, cuando se juega  la reelección. Aunque también son muy socorridas las guerras cuando las cosas van mal a la interna y hay que hacer un llamado patriota a un pueblo, el norteamericano, que en las películas de gángster va casi siempre con los gangsters y no con la policía. Esa gente vota a Trump. Y Trump sabe que con esa gente, no hay mejor cortina de humo que una guerra.

Y como los EEUU son el matón del barrio, siempre tiene víctimas para escoger. Luego se encarga Hollywoood de señalar a las víctimas como culpables. Incluso de que les tengan que matar los paracaidistas, el General Custer o un batallón de marines en Vietnam. ¿O no van todos los niños del mundo con el VII de caballería y odian a los sioux y a los apaches que estaban allí desde siempre? ¿Te irías de copas con el sargento de hierro o con Ho Chi Min?

Así que después de machacar a los apaches, a los mexicanos, a los españoles, a los filipinos, a los vietnamitas, a los tailandeses y a los coreanos, y de intentarlo sin éxito con los cubanos, Reagan invadió Granada, y puso en marcha la guerra contra Nicaragua y la guerra de las galaxias; Bush padre y la invasión de Panamá; Clinton y la primera guerra de Irak; Bush hijo con Afganistán e Irak ; Obama, por eso de que es premio Nobel de la paz, la emprendió contra Libia, Pakistán, Somalia, Yemen y Siria.

“El último intento fue mandar a un militar traidor, Clíver Alcalá, con armas vía Colombia y con conocimiento de Guaidó para intentar el enésimo golpe de Estado”

¿Y Trump? Pues Trump no hace más que intentarlo con Venezuela. Porque así, además, sus empresas se quedarían con el petróleo de los venezolanos. Porque no hay más misterio. Invaden países para despistar a su población y, al tiempo, hacer negocio. Cuando alguien en España, en Colombia, en Brasil o en Venezuela dicen que Maduro es un dictador y que tienen que entrar los marines, es porque piensan que les va a tocar algún barril de ese petróleo. A ellos o a sus jefes.

Después de hacer Trump el payaso con el payaso de Guaidó; después del fiasco de Cúcuta, con música de Alejandro Sanz y Miguel Bosé; después de hacer el show de saltar la verja cuando podía haber entrado por la puerta, el último intento fue mandar a un militar traidor, Clíver Alcalá, con armas vía Colombia y con conocimiento de Guaidó para intentar el enésimo golpe de Estado.

Les pillaron militares colombianos y se frustró el asunto. Los gringos sacaron al militar golpista de Colombia y ahora se ha convertido en un confidente de los EEUU. Otro. Que repetirá las mismas mentiras que nunca han podido demostrar todos los confidentes anteriores. Pero servirá para que los medios de comunicación, que son propiedad de esa gente, hagan un show con las declaraciones de ese tipo. Una película con malos actores y con un guión que hemos leído mil veces.

“Van a morir cientos de miles de norteamericanos porque el demente de Trump no quiso aplicar la cuarentena cuando todos los expertos y la experiencia en otros países lo pedía a gritos”

Para hacer todo más creíble, Trump, el loco de Trump, ha ofrecido una recompensa por los gobernantes venezolanos, ha incrementado las sanciones al país, y por sifuera poco además del bloqueo comercial en mitad de la crisis del coronavirus, ahora pretende un bloqueo naval a las costas venezolanas. Como hicieron con Nicaragua para tumbar en su día al gobierno sandinista. Estados Unidos no tolera la democracia en lo que considera su patio trasero.

¿Y por qué ahora? Pues porque van a morir cientos de miles de norteamericanos porque el demente de Trump no quiso aplicar la cuarentena cuando todos los expertos y la experiencia en otros países lo pedía a gritos. Pero era más importante el negocio. Por eso la extrema derecha española y latinoamericana están con Trump: porque solo les interesa el dinero.

“Pronto habrá elecciones en Venezuela y podrán recuperar la senda del diálogo. Aunque a Trup no le interesa lo más mínimo que haya diálogo en el país”

Y no son patriotas. Porque los patriotas nunca van contra los pueblos. Venezuela necesita poder comprar medicinas y alimentos, que les devuelvan el dinero que les están robando en los EEUU, que la oposición y el gobierno se sienten a discutir sin presiones de Trump. Pronto habrá elecciones en Venezuela y podrán recuperar la senda del diálogo. Aunque a Trup no le interesa lo más mínimo que haya diálogo en el país. ¿Recuerdan la letra? Resistiré, para seguir viviendo/ Soportaré los golpes y jamás me rendiré/Y aunque los sueños se me rompan en pedazos/ Resistiré, resistiré.

 

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Más que un club, una compañía rentable

Los jugadores del Barça se rebajan el sueldo un 70% y critican a ...

SOMETIDO A UN EXPEDIENTE DE REGULACIÓN TEMPORAL DE EMPLEO (ERTE), EL BARÇA FUE UNO DE LOS PRIMEROS CLUBES EN EL MUNDO QUE TOMÓ MEDIDAS PARA EVITAR UNA RUPTURA EN SUS FINANZAS, EN OTRAS PALABRAS, NO QUEBRAR.

EL BRUSCO RECORTE EN SU PRINCIPAL GASTO, LA NÓMINA DE SUS FUTBOLISTAS PROFESIONALES DE PRIMERA DIVISIÓN, ES EL MISMO PALIATIVO QUE HAN TOMADO LA MAYORÍA DE EQUIPOS EN ESTA APREMIANTE SITUACIÓN. EL CASO DEL BARÇA ES EMBLEMÁTICO, PORQUE SE TRATA DEL EQUIPO CON LOS SALARIOS MÁS ALTOS Y AL MISMO TIEMPO, LOS MAYORES INGRESOS EN EL MUNDO DEL FUTBOL.

PARA ENTENDER LAS FINANZAS DEL BARÇA REVISEMOS SUS PRINCIPALES FUENTES DE FINANCIAMIENTO. EN LA TEMPORADA 2019-20, QUE QUEDARÁ MARCADA POR EL CORONAVIRUS, SU JUNTA DIRECTIVA ESTIMABA INGRESOS POR 1,047 MILLONES DE EUROS DIVIDIDOS DE LA SIGUIENTE FORMA: 374 POR CONCEPTO DE PATROCINIOS, LICENCIAS COMERCIALES Y VENTA DE MERCHANDISING EN SUS DIFERENTES TIENDAS Y PLATAFORMAS ONLINE; 281 EN DERECHOS DE TRANSMISIÓN POR LA LIGA Y LA CHAMPIONS LEAGUE, CONSIDERANDO AVANZAR A LOS CUARTOS DE FINAL; 158 REPARTIDOS EN TAQUILLA, TOURS POR EL CAMP NOU, MUSEO DEL CLUB Y EXPLOTACIÓN DEL ESTADIO; 124 DE TRASPASOS Y PRÉSTAMOS DE JUGADORES; 62 POR LA RENOVACIÓN Y VENTA DE ABONOS, Y 48 MILLONES DE EUROS PRODUCTO DE REVERSIONES CONTABLES, DETERIORES Y OTROS INGRESOS.

COMO PUEDE OBSERVARSE, LOS NÚMEROS DEL EQUIPO MÁS ATRACTIVO DE LA ÚLTIMA DÉCADA SON UN LUJO: NADIE VENDE MÁS QUE EL BARÇA. SIN EMBARGO, SUS GASTOS DE EXPLOTACIÓN ALCANZAN LA EXTRAORDINARIA CIFRA DE 1,007 MILLONES DE EUROS PARA EL MISMO PERIODO, POR LO QUE CUALQUIER DESVIACIÓN EN EL PRESUPUESTO SERÍA IMPACTANTE. ¿EN QUÉ GASTA TANTO DINERO EL CLUB QUE MEJOR VENDE? LA PARTIDA MÁS ELEVADA, CORRESPONDIENTE AL 50% DE SUS GASTO ES LA NÓMINA: 507 MILLONES DE EUROS EN SALARIOS DEL PERSONAL DEPORTIVO QUE INCLUYEN A TODOS SUS EQUIPOS PROFESIONALES, CUERPOS TÉCNICOS, SOCIEDADES DE IMAGEN Y RETRIBUCIONES A AGENTES.

LOS GASTOS DE OPERAR UNA COMPAÑÍA COMO EL BARÇA QUE MANTIENE INSTALACIONES, ESTADIO, PABELLONES, TIENDAS Y UN CANAL DE TV, ASCIENDEN A 234 MILLONES DE EUROS. EL RESTO DE LOS GASTOS SON AMORTIZACIONES POR 135, DETERIOROS Y OTROS GASTOS POR 75, Y 56 MILLONES EN SALARIOS DEL PERSONAL NO DEPORTIVO. SOLEMOS PENSAR QUE ORGANIZACIONES COMO ÉSTAS SON INQUEBRANTABLES.

REVISANDO SUS ESTADOS, VEREMOS OTRA REALIDAD: EL BARÇA REPORTA BENEFICIOS CADA AÑO, PERO ÉSTOS, DESDE LA TEMPORADA 2011-12, ACUMULAN LA CANTIDAD DE 213 MILLONES EN 9 AÑOS. A LOS EQUIPOS DE FUTBOL NO LES SOBRA EL DINERO.

 

HTTPS://WWW.MILENIO.COM/OPINION/JOSE-RAMON-FERNANDEZ-GUTIERREZ-DE-QUEVEDO/CARTAS-OCEANICAS/MAS-QUE-UN-CLUB-UNA-COMPANIA-RENTABLE

 

La bolsa o la vida

Los Gobiernos se enfrentan al dilema del diablo: elegir entre víctimas del virus o de la recesión

Obras de construcción de viviendas en Sevilla.
Obras de construcción de viviendas en Sevilla. JULIO MUÑOZ EFE

 

La única ventaja de que el virus más famoso del siglo XXI haya llegado a Estados Unidos es que la prodigiosa maquinaria biomédica de ese país se ha metido hasta las trancas en el pantano pandémico que sobrecoge al mundo. Buena parte del trabajo de los científicos consiste en disuadir a su presidente, Donald Trump, de que adopte medidas contraproducentes, sea por orden ejecutiva o vía Twitter. Trump, magnate de la construcción antes que líder de un país de 330 millones de habitantes, empezó intentando retrasar las medidas de confinamiento y, cuando vio que eso no podía ser, se concentró en adelantar todo lo posible la recuperación de la actividad.

Tenía razones para ello: más de tres millones de trabajadores se habían apuntado al subsidio de paro en marzo, y eso sería poca cosa en comparación con los que no podían ni apuntarse. Trump quiso anunciar el fin del confinamiento para mediados de abril, con el muy comprensible propósito de limitar el daño a la economía, pero entonces ocurrió algo extraordinario. El jefe de enfermedades infecciosas de los NIH (Institutos Nacionales de la Salud, la mayor maquinaria de investigación biomédica pública del mundo), y principal asesor científico de la Casa Blanca, le convenció de que relajar las medidas en esa fecha mataría a dos millones de estadounidenses. Nadie salvo un psicópata se echaría sobre los hombros semejante carnicería. Trump ha rectificado, y va a extender la parálisis nacional hasta finales de este mes, pese al chorro de dinero que va a perder el país. Las muertes se reducirán así por debajo de las 100.000, aunque las pérdidas se disparen.

Es solo un ejemplo, aunque bien notable, del dilema del diablo al que se enfrentan los Gobiernos estos días. Se ha hablado mucho del premier británico, Boris Johnson, que optó inicialmente por proteger la economía a costa de soportar una multiplicación de la mortalidad. Llegó a pedir disculpas a sus ciudadanos por las lamentables pérdidas que sufrirían entre sus allegados. Sin citarlas, se refería sobre todo a las personas mayores, que tendrían que desaparecer del mapa por el bien de la economía nacional. Johnson también dobló. Pero tenemos ejemplos mucho más cercanos. El propio Gobierno español ha estado dividido sobre el confinamiento y el cierre de empresas desde el primer microsegundo de la crisis. La parte económica lleva un mes intentando reducir, retrasar o aliviar las medidas contra el contagio. No parece casualidad que el presidente decidiera poner al frente del gabinete de crisis al ministro de Sanidad, que siempre ha defendido la opción contraria.

No intento burlarme de esas divisiones y rectificaciones, ni proclamar la superioridad de la ciencia sobre la racionalidad económica. El dilema del diablo no me hace ninguna gracia, porque una recesión económica puede ser aún más dañina que el propio coronavirus. Puede dejar a un montón de gente en la calle, sin trabajo ni recursos, otra vez hipotecada, desahuciada, aplastada por la historia. Los gobernantes del planeta se enfrentan a unas decisiones muy difíciles, donde no se puede ayudar a todo el mundo y hay que elegir entre unas víctimas y otras. Nunca he querido ser ministro, pero ahora lo quiero menos que nunca. Qué horror.

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La pobreza espiritual de una sociedad que minimiza la muerte de sus ancianos

En tiempos de pánico parece que todo vale con tal de exorcizar el miedo. Uno de los mantras que algunos gobiernos (desalmados) y medios de comunicación (desinformados) han repetido bajo diferentes fórmulas – algunas a nivel subliminal – para intentar calmar a la población cuando el virus aún no estaba muy difundido es: ¡no os preocupéis, este coronavirus solo mata a los ancianos!

Pero ese “solo” duele en el alma. Duele a quienes tienen ancianos a su lado y a quienes les queda un mínimo de sensibilidad. Porque la grandeza de una sociedad se mide por la manera en que trata a sus mayores. Y una sociedad que convierte a sus ancianos en piezas prescindibles ha perdido todos sus puntos cardinales.

La sociedad que venera el cuerpo se condena a la decadencia del alma

En las culturas “primitivas” las personas más ancianas gozaban de una consideración especial porque se les consideraba reservorios de una gran sabiduría y conocimiento. El declive comenzó en la Grecia antigua y desde entonces no ha hecho sino empeorar, sufriendo en las últimas décadas una auténtica caída libre. El culto al cuerpo impulsado en aquel momento ha proseguido su curso inexorablemente. Pero una sociedad que venera el cuerpo es incapaz de ver más allá de las apariencias.

Una sociedad que venera lo superficial se condena a sí misma a la decadencia del alma. Esa sociedad empuja cada vez a más personas a preocuparse – y espantarse – por sus arrugas, lanzándolas en los brazos del floreciente negocio de la cirugía estética.

Esas personas en realidad no huyen de sus arrugas sino de lo que significan. Porque comprenden, en lo más recóndito de su ser, que esas arrugas son el inicio de una condena al ostracismo. Y si hay algo peor que verse las arrugas al espejo, es saber que ya no cuentas porque durante toda la vida has recibido los mensajes sutiles – y otras veces no tan sutiles – de que los ancianos poco importan.

Lo que damos hoy a los ancianos, es lo que recibiremos mañana

La sociedad que minimiza la muerte de los ancianos se ha olvidado que ha sido construida por esos ancianos, esos que hoy se han convertido en un número que miramos con cierto estupor y desde la distancia, sintiéndonos falsamente seguros de que no nos va a tocar a nosotros. Fueron esos ancianos los que lucharon por muchas de las libertades que hoy disfrutamos. Los que recogieron los pedazos desechos de muchas familias durante la crisis y los que hoy están cuidando a sus nietos – aunque ello puede significar una condena mortal – porque les han suspendido las clases.

Por eso, aunque sea ley de vida que las personas mayores nos abandonen primero, no puedo sino estremecerme por esos ancianos a los que nadie tiene en cuenta. Por mis ancianos. Y también por mí misma. Porque a la vejez llegamos todos, incluidos esos que hoy presumen de juventud y sacan músculo de inmunidad. Y si bien es cierto que la muerte de niños y jóvenes conmueve, eso no nos da derecho a minimizar la pérdida de quienes han vivido más. Cada vida cuenta. Olvidarnos de ello nos insensibiliza y acerca peligrosamente a la sociedad distópica que dibujó Lois Lowry.

Por eso, no puedo evitar estremecerme al pensar que vivo en una sociedad a la que parece importarle más las consignas y la economía que las vidas. En una sociedad donde el progreso se mide en términos de PIB y tecnología en vez de hablar de bienestar y salud para todos y cada uno de sus miembros.

Por eso también me resulta escalofriante la tranquilidad con la cual se dice que el coronavirus “solo” afecta seriamente a los ancianos – una verdad a medias ya que también mueren personas jóvenes y saludables, como indicó el mayor estudio realizado hasta el momento – y a personas con patologías previas, aunque bajo el paraguas de “patologías previas” no se esconden enfermedades terribles sino problemas tan comunes como la hipertensión y la diabetes – como reconoció el propio Ministerio de Sanidad. Y en España, 16,5 millones de personas padecen hipertensión, según la Sociedad Española de Cardiología y 5,3 millones tienen diabetes, según la Fundación para la Diabetes. Y todos no son ancianos.

Eso significa que esta lucha es de todos. Y no es una lucha por la supervivencia individual sino por la supervivencia colectiva. Por la supervivencia de los grupos más vulnerables. Y por la supervivencia de lo que queda de humanos en cada uno de nosotros. Porque si bien es cierto que en circunstancias extremas sale a relucir lo peor de las personas, también sale a la luz lo mejor que tenemos dentro. La decisión es nuestra.

Por eso, hoy alzo la voz por los ancianos. Por esos ancianos que quizá no la alzarán. Porque no pueden. O porque no quieren. O quizá porque tienen esa sabiduría que le confieren los años y saben que aprenderemos la lección, cuando la vida se encargue de colocar a cada uno en su sitio.

Aunque quizá, el mío sea tan solo un grito que no hará eco en una sociedad demasiado endurecida e individualista que se ha quedado sorda a todo lo que no sea su egolatría narcisista.

Fuentes:

Wu, Z. & McGoogan, J. M. (2020) Characteristics of and Important Lessons From the Coronavirus Disease 2019 (COVID-19) Outbreak in ChinaSummary of a Report of 72 314 Cases From the Chinese Center for Disease Control and Prevention. JAMA: doi:10.1001/jama.2020.264.

Fernández, E. et. Al. (2020) Informe Técnico. Enfermedad por coronavirus, COVID-19. Ministerio de Sanidad y Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias; 1-27.

Trejo, C. (2001) El viejo en la historia. Acta Bioethica; 7(1).

https://rinconpsicologia.com

Sobre cómo el capitalismo se fortalece en las tragedias, por Naomi Klein

Naomi Klein es una periodista, escritora y activista canadiense, conocida por su crítica a la globalización y el capitalismo.​ Es autora de las obras No Logo, Vallas y ventanas, La doctrina del shock, Esto lo cambia todo y Decir no no basta, además de un gran número de artículos periodísticos y políticos.

La doctrina del shock es la historia no oficial del libre mercado. Desde Chile hasta Rusia, desde Sudáfrica hasta Canadá la implantación del libre mercado responde a un programa de ingeniería social y económica que Naomi Klein identifica como «capitalismo del desastre»

 

Naomi KleinLa periodista, escritora y activista canadiense Naomi Klein  | Maclean’s photo

 

La doctrina del shock es un libro escrito por Naomi Klein, periodista y activista de origen canadiense )a quien mucho recordamos por su ensayo “No logo“), publicadado originalmente en 2007 y cuyo principal argumento es que el capitalismo contemporáneo se apoya sobremanera en los grandes desastres, catástrofes y tragedias colectivas para fortalecerse, un comportamiento sistémico que aprovecha estos momentos de crisis para superar obstáculos que en condiciones de calma y tranquilidad representan un callejón sin salida para su avance.

Según Klein, este es uno de los rasgos más característicos de la llamada variante neoliberal impulsada desde las década de los 70 tanto por teóricos de la economía como por personas formadas en esta perspectiva que cumplen funciones clave en el desarrollo de una economía nacional, desde el sector público o el privado, sea en el Chile posterior a Salvador Allende (en cuya presidencia el shock fue el golpe de estado de Augusto Pinochet) o en los Estados Unidos luego del paso del huracán Katrina o el polémico atentado del 11-S.

En su momento, el libro de Klein fue sumamente discutido e impactante, en buena medida por la atrevida confrontación para con el pensamiento hegemónico y, en especial, porque desenmascaraba el rostro despiadado del capitalismo, la ganancia obtenida del sufrimiento y el dolor de cientos o miles de personas.

La popularidad de La doctrina del shock fue tanta, que en 2009 Michael Winterbottom y Mat Whitecross rodaron un documental basado en el libro, exponiendo tanto el origen como el desarrollo y la aplicación de las ideas de Milton Friedman, economista de la Universidad de Chicago a quien se le considera el padre del neoliberalismo.

Compartimos a continuación dicho documental, completo y subtitulado al castellano:

via pijamasurf

 

Disfruta el canal de Cultura Inquieta en Spotify

https://culturainquieta.com/es/pensamiento/item/16652

Opinar por opinar

¿Sufrimos una oleada de pensamiento ‘fast food’, empacado y listo para llevar, pero, asimismo, superficial y poco nutritivo? Sin duda

Un policía usa una mascarilla en un control en la carretera en México.
Un policía usa una mascarilla en un control en la carretera en México. JOSE LUIS GONZALEZ REUTERS

 

Habrá usted detectado durante estos días un aumento vertiginoso de los artículos de opinión escritos en torno al Covid-19 en los medios tradicionales y también un crecimiento exponencial de esos otros editoriales que son los posteos, tuits, etcétera, en redes sociales. Es evidente que, ante la emergencia mundial, muchos tienen ganas de hacer oír su voz. Y la levantan. Y dicen que el virus esto y aquello, que la pandemia así y asado, que las etapas de prevención y atención por aquí y por allá.

Pero me temo que este curioso florecimiento de la libre expresión encierra una trampa: la inmensa mayoría de los que abren la boca no tienen (sí, de acuerdo, no tenemos, ¿para qué excluirse?) una idea demasiado clara de lo que pasa. O ninguna idea en absoluto. Así, con todas las letras. Y no, tampoco es verdad que se esté reflexionando a fondo. Quizá se intenta, pero en general se carece de los elementos necesarios para hacerlo con seriedad. Y sucede así por la sencilla razón de que los opinadores de ocasión (y aquí no hay que hablar solamente de los relativos amateur de las redes, sino, visto el panorama, de veteranos con mil credenciales en otras áreas y hasta de algunos prestigios mundiales) no somos médicos o científicos con datos relevantes a la mano y, en la mayoría de los casos, ni siquiera tenemos un nivel básico de educación científica como para andar soltando frases que no sean disparates, o mímesis y distorsiones de lo que dijo antes alguien mejor enterado. Y, francamente, dar una opinión impresionista sobre la gravedad de una epidemia es tan acertado, en estos momentos, como sería darla sobre un tsunami que estuviera por ahogarnos: el resultado no pasará de estampa o testimonio, cuando no de ejemplo de histeria delirante…

Alguien argüirá que no todos andan dando juicios sin el sustento necesario (o de plano sin sustento alguno) sobre los ángulos médicos de la enfermedad, sino que abordan sus impactos y los de la cuarentena desde las perspectivas de su experiencia o su área de conocimientos. Muy bien. Solo que la filosofía, la sociología, la politología, la economía, entre otras, suelen requerir datos y tiempos de estudio y reflexión que no se condicen en lo absoluto con la velocidad inimaginable de esta pandemia, que en enero aún no llegaba a los encabezados principales fuera de China y para marzo ya ha dejado miles de muertos en el planeta entero.

¿Sufrimos, pues, una oleada de pensamiento fast food, empacado y listo para llevar, pero, asimismo, superficial y poco nutritivo? Sin duda. Tan veloz que uno pudiera pensar que incluso ciertos grandes maestros del pensamiento se están entregando a la neurosis opinadora y han terminado por despachar parrafadas bastante cuestionables… Tal y como hacemos el resto de nosotros, los mortales (increíble: ya circula un libro sobre el Covid-19 de Slavoj Zizek, que ha roto todos los récords de velocidad de pensamiento, escritura, edición y publicación; y eso por no hablar del gran Giorgio Agamben, quien básicamente llamó “gripita” al coronavirus y calificó de “histéricas y exageradas” las medidas de prevención pocos días antes de que miles de personas en su Italia comenzaran a morir).

Quizá podemos acordar una clave de interpretación muy simple: si un pensador esencialmente concluye lo mismo que ha concluido siempre cuando pretende analizar la actual crisis mundial, es decir, si solo retuerce la realidad para hacerla entrar en los marcos en los que ya ha tratado de ceñirla antes, leerlo en este contexto dará lo mismo que leer los mensajes de Whatsapp del más alarmado de nuestros tíos: ninguna novedad allí. Busquemos, mejor, lo que tengan que decir los científicos y esos poquísimos articulistas que opinan con datos e investigación, así sean preliminares, sobre esta nueva realidad.

Sin duda que la filosofía, la sociología, la economía, la politología y hasta la historia tendrán mucho que decir sobre esta catástrofe. Pero hay que darles el tiempo y exigirles la claridad de miras suficientes para que lo hagan con rigor. Porque para reflexiones de café, la verdad, nos basta y nos sobra con los memes, que también son impresionistas y espontáneos pero que, además, son divertidísimos.

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¿Desde cuándo los ejércitos son humanitarios?

Efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME) participan en labores de desinfección e información en un Centro de Atención Primaria en Motril, Granada. EFE/Miguel Paquet
Efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME) participan en labores de desinfección e información en un Centro de Atención Primaria en Motril, Granada. EFE/Miguel Paquet

 

Estos últimos años hemos visto con preocupación cómo los diferentes Gobiernos han ido recortando, entre otras partidas, las destinadas a educación, servicios sociales y también a sanidad. Hoy más que nunca está quedando patente cómo nos están afectando estos recortes. Por el contrario, el dinero destinado al Ejército, dinero que se traduce en guerras, destrucción y muerte, no ha dejado de aumentar.

El Ejército español creó la Unidad Militar de Emergencias (UME) como unidad destinada a tareas de protección civil. En estos días tan convulsos de crisis sanitaria, esa supuesta “milicia buena” está siendo utilizada para realizar un lavado de imagen de las fuerzas armadas.

Además de la militarización social que estamos padeciendo y de ruedas de prensa de corte castrense por parte de portavoces gubernamentales, también observamos cómo le han otorgado al Ejército las trabajos de limpieza y desinfección de espacios públicos, tareas  que deberían ser realizadas por personal civil cualificado, con derechos y condiciones laborales dignas. El objetivo último de todo esto es poder justificar la propia existencia del Ejército, aumentar su presencia en nuestras calles e intentar hacer que nos olvidemos de su versión más militarista, de su participación en conflictos internacionales y de paso del enorme negocio de la industria armamentística.

En estos momentos en que el gasto militar es 7 veces superior al de Sanidad, 11 veces al de Educación y 9 veces al de Servicios Sociales, es hora de plantarse y exigirle a nuestros representantes políticos que dejen de justificar y dar cobertura a esta exhibición militarista.

Por todo ello, desde la coordinadora antimilitarista Kakitzat creemos que las desinfecciones y emergencias las deberían gestionar instituciones públicas y civiles, pedimos la reconversión de la industria y la I+D+I militar en industria e investigación con fines sociales y exigimos acabar con la venta y el comercio de armas.

Ahora más que nunca seguiremos gritando: ¡Gastos militares para necesidades sociales! ¡Fuera militares de nuestras calles!

JAVIER FERNÁNDEZ

https://blogs.publico.es/otrasmiradas

Enzo, bienvenido

El recién nacido se va a dar con una España que puede ser mucho mejor o tan mala como la que había hace tan solo unos días. Depende, claro

En esta situación tan complicada, el niño no tiene todavía su generosa dosis latina de arrumacos.
En esta situación tan complicada, el niño no tiene todavía su generosa dosis latina de arrumacos. GETTY IMAGES

 

Hay que tener puntería para nacer el día en el que todos los habitantes de Madrid se tienen que quedar encerrados en casa. Eso incluye a los abuelos que, como obliga su cargo, están deseando besar y achuchar trozos —aunque sean de ropa— del bebé.

Enzo ha nacido cuando Madrid estrenaba primavera. Una estación que este año llega como es debido, o sea, con un tiempo inestable, imposible de predecir. Algo que es como antes, como cuando se encontraba uno a alguien en el portal y le decía cargado de razón, “el tiempo está loco”. Aseveración que no tiene respuesta, como todos los pensamientos tan imbéciles, zafios y banales.

Enzo ha nacido en una situación complicada desde el punto de vista afectivo, o sea, que no hay manera de sobarle si no se es su madre o su padre. Un tal Pedro Sánchez, en su calidad efímera de presidente del Gobierno, ha declarado el estado de alarma en España, y eso se traduce en que el niño no tiene todavía su generosa dosis latina de arrumacos.

Sea como sea, el recién nacido se va a dar con una España que puede ser mucho mejor o tan mala como la que había hace tan solo unos días. Depende, claro.

Dependerá de si aprendemos algo los españoles de lo que ha pasado o, mejor, dicho, de lo que está pasando.

Yo no soy tan optimista como algunos colegas de escritura, que piensan que el conocimiento serio de las cosas se va a imponer al robusto, al fecundo, mercado de las filfas y los tiempos “locos”. Algunos políticos que basan su éxito electoral en la simpleza y muchos periodistas que opinan sobre la superficie de las cosas son el triste ejemplo de ello.

Creo que lo de saber de qué se habla está mal pagado, electoralmente para los políticos populistas y económicamente para los periodistas caraduras.

Creo que tendría que ser obligatorio que esos políticos y esos periodistas dieran su versión sobre la inestabilidad del tiempo antes de hablar de otra cosa, antes de salir de casa.

Es posible que la educación de Enzo dependa de que sus padres, y sus abuelos cuando puedan achucharle, crean, de forma seria, profunda, que no se puede despachar una observación banal con una respuesta tan descalificadora para la razón.

Enzo, escucha, el mundo solo va a ser mejor si impides que una respuesta como que “el tiempo está loco” triunfe.

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Un cataclismo previsto

Las principales instituciones mundiales denunciaron hace meses que un brote de enfermedad a gran escala era una perspectiva tan alarmante como realista y alertaron de que ningún Gobierno estaba preparado

Un cataclismo previsto
EVA VÁZQUEZ

 

En septiembre del año pasado, un informe de Naciones Unidas y el Banco Mundial avisaba del serio peligro de una pandemia que, además de cercenar vidas humanas, destruiría las economías y provocaría un caos social. Llamaba a prepararse para lo peor: una epidemia planetaria de una gripe especialmente letal transmitida por vía respiratoria. Señalaba que un germen patógeno de esas características podía tanto originarse de forma natural como ser diseñado y creado en un laboratorio, a fin de producir un arma biológica. Y hacía un llamamiento a los Estados e instituciones internacionales para que tomaran medidas a fin de conjurar lo que ya se describía como una acechanza cierta. La presidenta del grupo que firmaba el informe, Gro Harlem Brundtland, antigua primera ministra de Noruega y exdirectora de la Organización Mundial de la Salud, denunció que un brote de enfermedad a gran escala era una perspectiva tan alarmante como absolutamente realista y podía encaminarnos hacia el equivalente en el siglo XXI de la “gripe española” de 1918, que mató a cerca de 50 millones de personas. Denunció además que ningún Gobierno estaba preparado para ello, ni había implementado el Reglamento Sanitario Internacional al respecto, aunque todos lo habían aceptado. “No sorprende” —dijo— “que el mundo esté tan mal provisto ante una pandemia de avance rápido transmitida por el aire”.

Los llantos de cocodrilo de tantos gobernantes, en el sentido de que nadie podía haber imaginado una cosa así, no tienen por lo mismo ningún sentido. No solo hubo quienes lo imaginaron: lo previeron, y advirtieron seriamente al respecto. Ha habido sin ninguna duda una negligencia por parte de los diversos ministros de Sanidad y sus jefes, y en Francia tres médicos han presentado ya una querella contra el Gobierno por ese motivo. La consecuencia es que la mayoría de las naciones occidentales están hoy desbordadas en sus capacidades para luchar contra la epidemia. Se ha reaccionado tarde y mal. Faltan camas hospitalarias, falta personal médico, faltan respiradores, y falta también transparencia en la información oficial. En nuestro caso los periodistas tienen incluso que soportar que sus preguntas al poder sean filtradas por el secretario de Comunicación de La Moncloa.

El 24 de febrero la OMS declaró oficialmente la probabilidad de que nos encontráramos ante una pandemia. Pese a ello y a conocer la magnitud de la amenaza, ya hecha realidad con toda crudeza en varios países, apenas se tomaron medidas en la mayoría de los potenciales escenarios de propagación del virus. En nuestro caso se alentó la asistencia a gigantescas manifestaciones, se sugirió durante días la oportunidad de mantener masivas fiestas populares, no se arbitró financiación urgente para la investigación, se minimizó la amenaza por parte de las autoridades, e incluso el funcionario todavía hoy al frente de las recomendaciones científicas osó decir entre sonrisas que no había un riesgo poblacional.

No es momento de abrir un debate sobre el tema, pero es lícito suponer que además de las responsabilidades políticas los ciudadanos, que ofrecen a diario un ejemplo formidable de solidaridad en medio del sufrimiento generalizado, tendrán derecho a demandar reparación legal si hay negligencia culpable. Cunden a este respecto las dudas sobre la constitucionalidad en el ejercicio del estado de alarma. Se han suspendido en la práctica, aunque el decreto no lo establezca así, dos derechos fundamentales, el de libre circulación y el de reunión. No se discute el contenido de las medidas, del todo necesarias, sino la decisión de no declarar el estado de excepción que sí cubriría sin duda alguna dichos extremos, como también la movilización del Ejército. La impresión dominante es que el Gobierno es prisionero en sus decisiones de los pactos con sus socios de Podemos y los independentistas catalanes y vascos. En una palabra, la conveniencia política prima, incluso en ocasiones tan graves como esta, sobre la protección de la ciudadanía.

En descargo de nuestras autoridades puede apelarse por desgracia a parecidos errores cometidos en la Unión Europea, cuyo fracaso institucional, si no despierta a tiempo de la parálisis, amenaza con ser definitivo. La falta de coordinación entre los Gobiernos, la variedad de las decisiones adoptadas, la incapacidad para dar una respuesta global a un problema global, es ultrajante para la ciudadanía. La Comisión, el Consejo y el Parlamento europeos deberían haber adoptado medidas homogéneas para el conjunto de sus miembros. Europa ya venía fracasando en las políticas sobre emigración o refugiados, y solo se ha mostrado firme y coherente en la exigencia de austeridad que garantice los equilibrios presupuestarios. Dicha austeridad, aplicada con criterios cortoplacistas, está en la base de la escasa inversión en los sistemas de salud, cuyas carencias nos conducen ahora al mayor desequilibrio económico y fiscal imaginable. A medida que se cierran las fronteras y se expulsa a los extranjeros, crece el nacionalismo de viejo cuño, incapaz como es de dar respuesta a problemas planetarios, y en el que se engendran desde hace siglos sangrientos conflictos.

Pero el desorden no es solo europeo. No se han reunido el G20 y el G7, los supuestos amos del mundo; los llamamientos del secretario general de la ONU a proteger a los países más desfavorecidos e inermes ante la amenaza letal no son escuchados; y al presidente de Estados Unidos no se le cae de la boca la acusación a China de ser la responsable de esta catástrofe porque el primer ataque del virus tuvo lugar en Wuhan. Uno de los principales deberes pendientes, cuando la situación se haya estabilizado, será tratar de analizar el verdadero foco del patógeno, y establecer si tiene su origen natural o fue un invento humano. Al fin y al cabo, también la pandemia de 1918 recibió el apelativo de “gripe española” cuando en realidad la transmitieron soldados norteamericanos que habían desembarcado en un puerto francés.

Dure dos semanas o dos meses (más probablemente esto último) la batalla ciudadana contra el virus, lo que se avecina tras la victoria, cuyo precio habrá que contabilizar en vidas humanas antes que en datos económicos, es una convulsión del orden social de magnitudes todavía difíciles de concebir. El poder planetario se va a distribuir de forma distinta de como lo hemos conocido en los últimos 70 años. El nuevo contrato social ya ha comenzado a edificarse además gracias al empleo masivo de la digitalización durante el confinamiento de millones de ciudadanos en todo el orbe. En el nuevo escenario, China no será ya el actor invitado, sino el principal protagonista. La eficacia de sus respuestas en las dos últimas crisis globales, la financiera de 2008 y la pandemia de 2020, le va a permitir liderar el nuevo orden mundial, cuyo principal polo de atención se sitúa ya en Asia. No por casualidad países como Corea del Sur, Singapur y Japón sobresalen en el podio de los triunfadores frente al coronavirus. Este nuevo orden mundial ha de plantear interrogantes severos sobre el futuro de la democracia y el desarrollo del capitalismo. También sobre el significado y ejercicio de los derechos humanos, tan proclamados como pisoteados en todo el orbe. Por mucho que griten los populistas es la hora de los filósofos. Uno de los más respetados en el ámbito del Derecho, el profesor Luigi Ferrajoli, llamaba precisamente desde Roma, apenas días antes de que la ciudad se cerrara al mundo, a levantar un constitucionalismo planetario, “una conciencia general de nuestro común destino que, por ello mismo, requiere también de un sistema común de garantías de nuestros derechos y de nuestra pacífica y solidaria coexistencia”. Palabras que me hubiera gustado escucharan los españoles días atrás en alguno de los mensajes a la nación, tan bienintencionados como poco inspiradores.

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