NI LOS MURCIÉLAGOS (NI LOS CHINOS) SON LOS CAUSANTES DE LA PANDEMIA DE COVID-19

HASTA EL MOMENTO NO HAY EVIDENCIA SUFICIENTE PARA ATRIBUIR A UNA SOLA CAUSA EL CONTAGIO MASIVO DEL CORONAVIRUS CAUSANTE DE LA COVID-19; LA PANDEMIA ES UN FENÓMENO COMPLEJO QUE NO ADMITE EXPLICACIONES REDUCCIONISTAS (O PREJUICIOSAS)
Coronavirus de Wuhan: Murciélagos, la especie que ya sabíamos que traería  otra pandemia

Entre los varios efectos que la pandemia de covid-19 ha tenido en el imaginario colectivo, uno de los más peculiares fue la atribución (y aun podría decirse, la inculpación) que se hizo al principio a los murciélagos de ser los huéspedes del nuevo coronavirus, específicamente, los residentes en zonas del sureste de Asia. 

Ya desde el inicio de la pandemia, en no pocos medios de todo el mundo se difundió la idea de que el virus SARS-Cov-2 había pasado al ser humano luego de que algunas personas en las inmediaciones de la ciudad china de Wuhan comieran “sopa de murciélago”. 

Si bien la transmisión de virus u otros agentes patógenos de animales salvajes a seres humanos es un hecho comprobado (fenómeno que recibe el nombre técnico de zoonosis), en el caso del coronavirus no hay evidencia de que los murciélagos hayan sido los portadores originales. 

La hipótesis más extendida es que probablemente el contagio del virus a seres humanos ocurrió en el marco de las actividades del Mercado Huanan de Mariscos, ubicado en Wuhan y el cual es un mercado “húmedo” donde se comercia con animales vivos, algunos de ellos salvajes, es decir, sacados directamente de su hábitat natural para consumo humano.

En la hipótesis del mercado húmedo de Wuhan no se ha señalado hasta el momento un “culpable” específico. Se sospecha que el virus pasó de un animal a uno o varios seres humanos, pero no se sabe qué animal pudo ser. Además de los murciélagos, se ha especulado sobre la posibilidad de que el huésped “original” haya sido una serpiente, una civeta o un pangolín, animales que también se comercian en el lugar y que tienen un aprecio especial en ciertas ramas de la gastronomía china.

Cabe señalar que el consumo de carnes “exóticas” es una práctica que si bien es propia de la cultura china, está extendida en todo el mundo. Asimismo, el fenómeno de la zoonosis está asociado con la reducción de los hábitats naturales a causa de la actividad humana: zonas en donde antes se desarrollaba la vida “salvaje” o silvestre ahora están invadidas por campos de cultivo o de ganadería, zonas habitacionales e industriales y, en fin, por los seres humanos y sus industrias. En ese sentido, la devastación de los ecosistemas naturales tampoco es exclusiva de una cultura, sino que es común a toda la humanidad.

El conocimiento científico al respecto también indica que no hay un solo “culpable” de la transmisión del virus de un animal salvaje al ser humano. Como escribe el Dr. Antonio Guillén Servent del Instituto de Ecología del Gobierno de México, para que el SARS-Cov-2 haya podido pasar de un animal a un ser humano, la circulación del virus tuvo que darse en el marco de “una convivencia forzada de varias especies de animales con humanos”.

Es claro que hay al menos una postura frente a la pandemia de covid-19 que no tiene sustento: la idea de que puede encontrarse un único factor que la haya desencadenado. Dicho con otras palabras: ni los murciélagos, ni los pangolines, ni los consumidores de carnes exóticas (independientemente de su nacionalidad o pertenencia socioeconómica) pueden tomarse como la “causa primera”. En realidad, la pandemia es un fenómeno complejo que no admite una explicación reduccionista.

¿Por qué atribuir el “mal” a un murciélago cuando su actividad es fundamental para ciertos ecosistemas? 

Entre otros procesos naturales, los murciélagos tienen participación en la polinización de algunas plantas o el control de plagas que afectan a cultivos como el maíz, el cacao o el café, según señala el Dr. Rodrigo Medellín, investigador del Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Considerar el hecho desde esa perspectiva también contribuye a no incurrir en prejuicios e ideas falsas sobre, por ejemplo, los murciélagos o las costumbres culturales de China u otras regiones del mundo.

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