Lecturas para evocar al Rey Lagarto

Una vez que los seis discos de los Doors se convirtieron en una infinidad de recopilaciones, que todo súbdito del Rey Lagarto conoce de memoria, me tomaré la libertad de proponer, en ocasión de conmemorar los 50 años del momento en que Jim Morrison atravesó el plano de las puertas de la percepción, algunas lecturas que recogen parte de la obra escrita, algunos apuntes para rolas y una biografía con profusa documentación.

Soledad: los escritos perdidos (Laser Press, 1988) abre con un prólogo firmado por el propio Jim Morrison en el que plantea que la autoentrevista es la nueva forma del arte, la esencia de la creatividad, para seguir con un volumen bilingüe que alterna los textos con fotos y escritos a mano, material recopilado por sus amigos y fechado entre 1966 y 1971.

La noche americana (Laser Press, 1990), también con traducción de Susana Liberti, es el segundo volumen que recoge diarios, manuscritos y textos a máquina de escribir que Jim dejó a su esposa, Pamela Courson, con quien se fue a vivir a París con la idea de convertirse en poeta de tiempo completo. Rayones y tachaduras aparecen en algunas letras que después pasaron a ser las rolas con las que oficiaba sus ceremonias en compañía de los Doors.

Los amos: apuntes sobre las visiones (Dosfilos Editores, 1990), traducido y presentado por José Vicente Anaya, ya lleva ventaja desde la portada con un retrato de Jim Morrison, en modo Rey Lagarto, en la tinta del ya desaparecido Ahumada. El curador hace un recuento de la California jipiosa de los 60, el despertar literario de Jimbo con On the Road, de Jack Kerouac, hasta la publicación del libro en cuestión. Bilingüe también, el libro resulta un acercamiento indispensable al personaje y sus obsesiones: el cine, el desierto, la carretera, los reptiles.
Espiral Fundamentos publicó Las nuevas criaturas: los señores (poemas, 1988) y Lasser Press Nadie sale vivo de aquí, la ambiciosa biografía de Morrison por Jerry Hopkins y Danny Sugerman, lanzada por vez primera en 1980.
https://www.milenio.com/opinion/alfredo-villeda/fusilerias/

Deja un comentario