Con la novedad de que a Cristiano ya no le interesa el dinero…

Y es que, miren, se apareció el hombre en una conferencia de prensa, antes del partido que iba a jugar la selección portuguesa contra la de Hungría y, con la cara de pocos amigos que acostumbra, apartó las dos botellas de Coca-Cola que tenía delante en la mesa y exhibió en su lugar un botellín al tiempo que mascullaba “agua, agua”.

Un héroe moderno, o sea. Un valiente que, ante las miradas del mundo entero, le planta cara a la empresa multinacional que nos incita a degustar bebidas azucaradas. Merece, en automático, portentosos títulos y nombramientos: Apóstol de los gordos. Salvador de los diabéticos. Paladín de la causa nutricionista. Líder supremo de los activistas de la salud. Gran timonel del naturismo. Emperador de los vegetales orgánicos. Mariscal de la clorofila…

El tema, sin embargo, tiene sus bemoles: el personaje, para empezar, no se mueve en los círculos contestatarios de la sociedad ni revolotea en torno a quienes cuestionan de raíz el orden establecido. Todo lo contrario: es, de pies a cabeza, un hombre del sistema. Futbolista extraordinario, no son únicamente sus talentos los que lo han llevado a acumular una gran fortuna sino, como en los casos de tantos otros deportistas de élite, sus acuerdos comerciales con grandes corporaciones.

Lo que tendríamos que sopesar, entonces, sería su sentido de la oportunidad. O, dicho en otras palabras, podernos enterar, en nuestra condición de fervientes seguidores, de cuáles puedan ser sus criterios para representar alegremente a una firma en lugar de otra y, a propósito de su abierto rechazo a uno de los patrocinadores del torneo en el que está participando en estos momentos, qué reciente descubrimiento personal haya podido experimentar para exhibir tan imprudente atrevimiento.

Por cierto, la Coca-Cola es, en muchas ocasiones, enteramente preferible al agua. Hay también gente que elige tomarse una cerveza oscura en lugar de una limonada y otra que se atraganta con suculentos guisos grasosos en vez de consumir anodinas ensaladas.

Lo cuestionable de Cristiano Ronaldo no es su súbita y sorpresiva disposición combativa. Lo que no concuerda es la naturaleza de un denunciante que, hoy mismo, obtiene colosales beneficios siguiendo las reglas del juego que pretende desconocer: ¿KFC sí, pero Coca-Cola no? Ah, mira…

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