[Traducciones] Poemas de James Wright [vers. de Diego L. García]

[Traducciones] Poemas de James Wright [vers. de Diego L. García]

Escasamente traducida al español, la poesía del estadounidense James Wright (1927-1980) sobresale tanto por sus innovaciones formales —el aprovechamiento de las posibilidades expresivas en los títulos de los poemas y el carácter energético de los versos de apertura y de cierre— como por sus indagaciones en los paisajes sombríos del espíritu humano, especialmente el de los marginados —de los que él, un atormentado, se sentía parte—, casi siempre con el Medio Oeste estadounidense como telón de fondo.

Los poemas que presentamos a continuación (en traducción de Diego L. García) corresponden a The Branch Will Not Break (1963), probablemente el libro más importante que publicó en vida, junto con Collected Poems, título que le valió un Pulitzer en 1972.

 


 

Mientras camino sobre un charco al final del invierno, pienso en un antiguo gobernante chino

¿Y cómo puedo yo, nacido en malos días
y recién salido del fracaso, exigir alguna bondad
al destino?
—Escrito en 819 d. C.

Po Chu-i, calvo y viejo político,
¿de qué sirve?
Yo pienso en ti,
entrando con dificultad en las gargantas del Yangtsé,
cuando eras conducido por los rápidos
hacia uno u otro de tus trabajos
en la ciudad de Changshou.
Lo hacías, supongo,
en la oscuridad.

Pero es 1960, ya casi primavera de nuevo,
y las altas rocas de Mineápolis
construyen mi propio negro crepúsculo
con cuerdas de bambú y aguas.
¿Dónde está Yuan Chen, el amigo a quien amabas?
¿Dónde está el mar, que alguna vez salvó la completa soledad
del Medio Oeste? ¿Dónde está Mineápolis? No puedo ver nada
más que el gran y terrible roble oscureciéndose con el invierno.
¿Hallaste la ciudad de hombres aislados más allá de las montañas?
¿O has estado sosteniendo el extremo de una soga raída
por cientos de años?

 

Estadías en un viaje al Oeste

1.
Comienzo en Ohio.
Aún sueño con mi hogar.
Cerca de Mansfield, enormes caballos entran a los oscuros establos en otoño,
donde pueden ser perezosos, donde pueden comer pequeñas manzanas,
o dormir de corrido.
Pero para esta noche, en las filas del comedor de caridad mi padre
merodea, no puedo encontrarlo: tan lejos,
1.500 millas más o menos, y aún
no puedo dormir.
En harapos azules el viejo hombre cojea hasta mi cama,
conduciendo un caballo ciego
de dulzura.
En 1932, sucio con maquinarias, él me cantaba
una canción de cuna acerca de una gansa.
Afuera de la casa, las pilas de escombros esperaban.

2.
En Minnesota Oeste, justo ahora,
me dormí otra vez.
En mi sueño, me agazapé ante una fogata.
Los únicos seres humanos entre el océano Pacífico y yo
fueron los viejos indios, que querían matarme.
Se ponían de cuclillas y contemplaban durante horas pequeñas fogatas
lejos en las montañas.
Las cuchillas de sus hachas estaban sucias con la grasa
de enormes y silenciosos búfalos.

3.
Amanece.
Estoy temblando.
Incluso debajo de una enorme frazada.
Llegué anoche, borracho,
y dejé la vieja estufa fría.
Escucho por un largo rato, ahora, las ráfagas.
La nieve aúlla a mi alrededor, afuera de las abandonadas praderas.
Suena como las voces de vagos y apostadores,
sacudiéndose a través del desnudo prostíbulo del siglo diecinueve
en Nevada.

4.
Derrotado en la reelección,
el sheriff casi analfabeto de Mukilteo, Washington,
ha estado bebiendo de nuevo.
Él me conduce al acantilado, tambaleándose.
Ambos borrachos, nos paramos en medio de las tumbas.
Los mineros se detenían aquí en el camino hacia Alaska.
Furiosos, ellos enterraron los cuerpos lacerados de sus mujeres
en zanjas de malezas.
Me recuesto entre las lápidas.
En el fondo del acantilado
América está acabada.
América,
sumida en los oscuros surcos
del mar otra vez.

 

Mineros

1.
La policía está investigando esta noche los cuerpos
de unos niños en las negras aguas
de los suburbios.

2.
Bajo los rifles químicos del río Ohio,
ganchos de amarre
dragan delicadamente, entre cascos de esquife y bancos de arena,
hasta que cierran
los dedos.

3.
En alguna parte de una vena de Bridgeport, Ohio;
profundo en una colina de carbón con el nombre de Hanna;
debajo de los volcaderos, y oscuro como una somnolienta marmota;
un hombre, solo,
tropieza con las cerraduras exteriores de una tumba, susurrando
oh déjame entrar.

4.
Muchas mujeres americanas montan largas escaleras
en los pozos de las casas,
se quedan dormidas, y emergen de repente en palacios tambaleantes.

 

En Ohio

Yeguas blancas tiran de los sulquis
trotando suavemente
alrededor de las desmanteladas ferias
cerca del lago Buckeye.

Los bloques de arsénica de un manantial
enfrían el musgo verde oscuro.

El sol flota bajo, un pequeño limón dorado se disuelve
en el agua.
Sueño, mientras me inclino en el borde, con boca de cangrejo.

Las bodegas de las casas embrujadas son como antiguas ciudades,
caídas detrás de una gran pila de manzanas.
Una viuda en el porche frunce sus labios
y susurra.

 

[Traducciones] Poemas de James Wright [vers. de Diego L. García]

James Wright (sobre el caballo), en compañía de Robert Bly, en la granja de este en Madison, Minnesota.

https://jampster.cl/

Deja un comentario