Milenials, la generación de la crisis eterna

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A lo largo de este año 2021, toda la generación milenial (aquellos nacidos entre 1986 y 1996, coincidiendo con el cambio de milenio) alcanzará la edad adulta. Dicen que en la historia de todas las generaciones hay un evento que marca su manera de pensar y actuar. En el caso de los milenial, han tenido el dudoso honor de que ese hito fuese una crisis económica.

LA CRISIS FINANCIERA DE 2008 Y ‘BEYOND’

En el año 2008, un tsunami financiero provocado por una crisis hipotecaria en Estados Unidos sumió al mundo en una recesión global. Lo hizo cuando la generación milenial empezaba a incorporarse al mercado de trabajo. Además de las consecuencias que la crisis de 2008 tuvo a nivel global, en España se saldó con un paro elevadísimo entre los más jóvenes (casi un 40%). Al mismo tiempo, el equilibrio de bloques ideológicos en la Unión Europea, más tendente a la austeridad presupuestaria, forzó un ajuste de la economía que, en el caso de España, se concretó en una reducción de los salarios medios.

En los años posteriores, la economía inició una lenta recuperación. El ritmo de crecimiento, combinado con las medidas económicas de los cinco gobiernos posteriores, permitió que para cuando los milenial comenzaban a alcanzar la treintena, la brecha salarial respecto a las generaciones anteriores comenzara a cerrarse.

A principios de 2020, doce años más tarde, cuando parecía que estas personas especialmente afectadas por la crisis de 2008 comenzaban a recuperar las posibilidades de progresar, llegó la covid. Una pandemia global volvió a provocar una recesión económica mundial y a poner en pausa las expectativas de progreso de esa generación maldita.

LA GENERACIÓN MÁS PREPARADA

Se suponía que la generación milenial venía a ser la culminación de la modernización de España después de los años de dictadura. La primera generación nacida completamente en democracia, dentro de la Unión Europea y después de los años de bonanza económica. La generación más preparada de la historia.

De acuerdo con la OCDE, en 2019 el porcentaje de españoles entre 25 y 35 años que tenían un título universitario era de un 46,5% frente al 39,5 % de una década antes. Pero es que, además, la tasa de graduación en los estudios secundarios en España aumentó de un 57% en 2010 a un 74,2% en 2018. Estas comparaciones reflejan las diferencias de nivel educativo entre la generación milenial y la inmediatamente anterior, la generación X.

Y a pesar de la evolución positiva, los nacidos entre 1986 y 1996 en España han sufrido durante toda su vida adulta unas tasas de inactividad insoportables y unos ingresos por debajo de los de las generaciones anteriores.

LA MÁQUINA DE MASTICAR JÓVENES

De acuerdo con el INE, en el cuarto trimestre de 2020 la tasa de paro para los milenial más mayores (30 a 34 años) era de un 17%, mientras que para los más jóvenes (25 a 29 años) era de un 23%. Diez años antes, en plena crisis económica, la cifra para los milenial más mayores (entonces de 20 a 24 años) era de un 38%, mientras que los que entonces contaban con entre 16 y 19 años era de un 67%.

La explicación de estas cifras de paro se esconde tras un funcionamiento perverso del mercado laboral español. Trabajadores con mucha antigüedad y contratos blindados provocan una falta de dinamización del mercado. Y este solo ofrece a los más jóvenes contratos de trabajo temporales para mantener controlados los gastos por despido. Así, cada vez que hay una recesión económica, las cifras de paro se disparan entre los que menos tiempo llevan en el mercado.

El problema es que esta situación, sostenida en el tiempo, ha provocado una caída de las capacidades de ingreso de la generación nacida entre 1986 y 1996.

Se suponía que la generación milenial venía a ser la culminación de la modernización de España después de los años de dictadura. La primera generación nacida completamente en democracia, dentro de la Unión Europea y después de los años de bonanza económica. La generación más preparada de la historia

INGRESOS QUE NO SUMAN

La capacidad de acumulación de riqueza de esta generación ha sufrido un duro golpe respecto a la de generaciones anteriores. En 2017, la riqueza neta mediana de los hogares encabezados por menores de 35 era de 5.300 euros, mientras que a finales de 2011 era de 7.160 euros. Pero es que en 2002 era de en torno a 60.000 euros.

A esto hay que unirle que la generación milenial también presenta unas cifras menores de vivienda en propiedad. De acuerdo con el Banco de España, la cantidad de los hogares que tenían una vivienda en propiedad cayó entre 2011 y 2017 del 82,6% al 75,9%. Pero es que, entre los hogares encabezados por menores de 35 años, la caída entre 2014 y 2017 fue del 49,5% al 41,3%, caída que se suma a una reducción del 20% (del 69,3% al 49,5%) del período 2011 al 2014.

JÓVENES Y MALDITOS

Una de las principales consecuencias que ha tenido el efecto de dos crisis consecutivas en la generación milenial es la de provocar una resignación generalizada. De acuerdo con un estudio de 2019 del Centro de Estudios Progresistas, financiado por el Parlamento Europeo, todas las generaciones consideran mayoritariamente que será la milenial la generación que peor vivirá de todas las que conviven ahora mismo. Esta percepción es compartida por más de un 30% de los propios milenial.

El inicio de la precariedad crónica de esta generación comenzó cuando eran muy jóvenes, y este hecho ha provocado una cicatriz mucho mayor que si la precariedad les hubiese sobrevenido en el ocaso de su carrera.

Además, hay que tener en cuenta que la década perdida en términos de ingresos y ahorro a causa de la crisis de 2008 no se recuperará y que eso afectará a su capacidad de acumular riqueza hasta el final de su vida. Con la obstaculización que eso supondrá a su capacidad de complementar las pensiones públicas (en caso de que las haya).

La caída de los salarios, y con ella de la capacidad de acumular riqueza, provoca una imposibilidad de hacer frente a determinados objetivos y necesidades vitales

En el caso de los milenial españoles, una de las consecuencias más preocupantes es el aumento de la edad de emancipación. Además de que la edad media de emancipación es de 29 años, solo el 32,8% de los menores de 30 pensaba emanciparse en 2020, cifra que ha vuelto a desplomarse desde el 48% de 2019, previo a la crisis del covid.

La caída de los salarios, y con ella de la capacidad de acumular riqueza, provoca una imposibilidad de hacer frente a determinados objetivos y necesidades vitales. Una de las más preocupantes es la capacidad de formar una familia. La edad media a la que se tenía el primer hijo en 2018 estaba en 32 años, casi cinco años más tarde que en 2010.

Si a estas circunstancias se añade la caída de la natalidad en España, la realidad es que el sistema de pensiones comienza a tener visos de insostenibilidad. Es esta otra triste carga que se impone sobre los hombros de las nuevas generaciones. Las personas de mayor edad suelen representar un coste mayor para el Estado (a causa de su gasto en pensiones y sanidad); si a esto le unimos unas generaciones sobredimensionadas respecto a las generaciones posteriores, las cuentas no cuadran. Y lo que es peor, tiene pinta de que, si no se cambia la dirección de las políticas públicas de forma drástica, nunca llegarán a cuadrar.

Las consecuencias que estas circunstancias imponen sobre la generación milenial no solo son ya patentes en sus condiciones de vida, sino que, además, tendrán eco en las generaciones anteriores y posteriores. Solo una sostenida voluntad política y unas decisiones de gestión acertadas servirán para paliar los efectos de esta situación. Es imprescindible repartir el coste de las dos últimas crisis entre generaciones en vez de continuar apuntando cargos en la cuenta de las generaciones más jóvenes. Lo contrario es condenar a una generación entera al tiempo que se arriesga la sostenibilidad de todo el sistema.

Al final es el dilema de toda la vida. El refranero de siempre, el que todo lo sabe, nos dice que, si hay pan para hoy, el hambre hará su aparición mañana. De la misma manera, condenar hoy a una generación a la precariedad es la receta perfecta para que mañana no salgan las cuentas de ninguna.

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