Lo real

Lo real

Una mole de hielo más grande que la isla de Mallorca quedó a la deriva. Lo dice la prensa pero podría ser el sueño de un niño. Un sueño enorme. 4.000 kilómetros cuadrados de hielo y sueño. Los científicos han tenido a bien bautizar el mamotreto como A-76. Y lo cierto es que merecemos una explicación¹ al respecto. Alguien debería explicarnos por qué le han puesto a una isla recién parida, al sueño de un puto niño, al témpano más grande de la historia, el nombre de un modelo de picaporte. Un poquito de poesía, hagan el favor. La realidad a veces, no siempre, puede llegar a rimar. No hay que tener madera de rapsoda para encontrar, por pequeña que sea, una migaja de (triste) belleza en lo que nos pasa.

Porque lo que acontece se despegó de lo real hace ya un tiempo. Quizá por eso nos guste tanto la no ficción, porque vivimos tiempos ficticios. Piensen ahora en miles de niños vagando sin rumbo, piensen en esa “romería de derrotados” de la que nos habla el periodista Jairo Vargas, enviado especial de este diario a Ceuta. “Con la tristeza y el desconcierto dibujadas en la cara”, escribe. O en el abrazo de Luna, que a riesgo de que Carlos del Amor lo convierta en algodón de azúcar, lo cierto es que estremece a nada que tenga uno un corazón. Pero ya saben, el corazón no se regala, se tiene o no se tiene. Y los hay por ahí que en su lugar tienen una cañería de aguas residuales, cuando no una fosa séptica.

Entretanto va el presidente y nos habla de desafíos. En su prospección a 2050 Sánchez, con rostro de recién exfoliado, peroró incansable sobre los enormes desafíos que nos aguardan. Un compañero contó 218 desafíos en la hoja de ruta que presentó Moncloa. Ahí es nada. El caso es que desperté este domingo con la sospecha de no estar a la altura, de no poder afrontar tanto desafío con la solvencia y el pundonor que mi país requiere. Un breve periplo hogareño me ha servido para constatar que, en efecto, no estoy capacitado para emprender absolutamente nada y he optado por retomar la horizontalidad. De vuelta al lecho, en esa suerte de duermevela en la que lo real y lo soñado parecen bailar un chotis, he pensado en una isla gélida y errante, en miles de niños sin rumbo y en un abrazo que estremece. 

Y en la canción que se le habría quedado al bueno de Battiato² con semejantes mimbres, con su extravagancia y su tristeza, su compasión y su extrañeza. Supongo que ya nunca lo sabremos. 

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1. Los icebergs se nombran tradicionalmente a partir del cuadrante antártico en el que fueron avistados originalmente, luego un número secuencial, luego, si el iceberg se rompe, una letra secuencial.

2. La nomenclatura científica también reporta satisfacciones. No en vano el asteroide del cinturón principal 18556 descubierto en 1997 fue bautizado como Battiato en honor al compositor italiano, miembro honorario de una asociación astronómica siciliana, la Associazione Astrofili Ionico-Etnei.

https://blogs.publico.es/j-losa/

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