David Grossman

Bajo la luz de los focos, David Grossman – Calle del Orco

Gil cerraba la semana leyendo las noticias del Medio Oriente, del enfrentamiento entre Israel y Hamás, los misiles surcando el cielo de uno a otro lado y provocando 69 muertos en Gaza y siete en Tel Aviv. Mientras escalaba el conflicto, Gil recordó a Amos Oz, de quien ya han aparecido subrayados en esta página del fondo, repasó los títulos de los grandes escritores israelíes A. B. Yehoshúa y David Grossman. A esta tercia de ases, sumando además al magnífico Etgar Keret, los entrevistó la periodista Silvia Cherem y publicó un libro en Khalida Editores.

Gil arroja a esta página del fondo un puñado de iluminaciones de David Grossman.

*** Eso es lo que espero de mis libros: terminar devastado, que me traicionen, arruinar mi vida internándome en situaciones peligrosas, romper con todas las presunciones que pudiera tener de mí mismo, de mi familia, de mi país. Explorar los quiebres, sondear la intimidad, cuestionármelo todo.

*** En mi familia perdimos a una persona, a nuestro hijo Uri, y difícilmente pudimos levantarnos de ello.

¿Qué habrá sido de aquellos  que lo perdieron todo: a sus padres, a sus hermanos, a sus amigos, a sus vecinos, a sus compañeros de clase a los que amaban y a los que odiaban? Todo pereció (en el Holocausto), todo se desvaneció. ¿Cómo podían recomenzar? ¿Cómo podían tener fe en la humanidad? ¿Cómo podían asumir la opción de vida? ¿Cuánta fuerza era necesaria para luchar contra la gravedad de la desesperación y la tristeza?

*** Soy como un carterista. Tomo palabras  que están conectadas con lo que escribo. Estoy al acecho de pistas e ideas. Soy espía a la luz el día. Un espía que tiene una urgencia de decodificar la realidad. Llego inclusive a pensar que toda la gente con la que platico es parte de mi relato, que todos son agentes que trabajan para mí.

*** Hay tantas razones para ser pesimistas ante la realidad en que ambos pueblos, israelíes y palestinos, están distorsionados por la violencia  y el miedo, pero no podemos darnos el lujo de la desesperanza. Es muy fácil comenzar a enumerar los motivos por los que nunca seremos capaces de tener paz. Es la respuesta más fácil pero yo la encuentro humillante.

Como ser humano no tolero que, ante un problema, la gente se conforme con no hacer nada, que haya quienes crean y se conformen con que no se puede cambiar.  Casi cualquier situación es reversible, todo se puede transformar. Si estás desesperado, generas desesperación. Si estás esperanzado, no de una manera estúpida, sino sobria, quizá generes alguna esperanza. Yo insisto en tener esperanza, en mirarnos a los ojos. La realidad me demostrará si estoy equivocado. Si así sucediera, no olvidaré mi situación ni la de mis compañeros.

*** En mi vida personal muy poco ha cambiado desde que comencé a escribir.

Vengo de una familia sobria, autoirónica y nunca nos tomamos los premios a pecho. Tuve una muy buena abuela, muy buenos padres y Mijail y yo tenemos los mismos amigos que teníamos hace 30 o 35 años. Nuestra vida es simple: somos gente sencilla, hogareños y deseosos de estar en familia y entre buenos amigos.

*** “En mi familia perdimos a nuestro hijo Uri, y difícilmente pudimos levantarnos de ello” Milagro es un término religioso y yo soy un ateo, pero sólo en este contexto lo uso porque no hay un término más puntual. (Israel fue creado) literalmente de las cenizas (…) Gente que fue arrollada por la historia, humillada hasta lo más íntimo fue capaz de regenerarse, de recrear el hebreo y rescatar la herencia judía para fundar un país democrático con agricultura, industria, ciencia y tecnología de altos vuelos. *** Como todos los viernes de pandemia, Gil toma la copa consigo mismo. Mientras, deja caer una pequeña catarata de bolsillo en un vaso corto escribirá esta frase: “Nosotros, nuestra familia, ya perdimos esta guerra”, dijo Grossman al enterrar a Uri, su hijo, en el cementerio del Monte Herzl. _

https://www.milenio.com/opinion/gil-games/uno-hasta-el-fondo

 

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