En plena distopía

En plena distopía
Si veo un anuncio que dice que tu asesor te “ayuda” o que tal o cual compañía “cuida de ti” está claro que es a cambio de dinero, que no se hace gratis y que, por tanto, mienten. El hombre es un animal astuto y sabe engañar muy bien. Mentira es el aire que respiramos. Con el engaño se domina a las masas, con el engaño se envía a la muerte (a matar y a morir) a millones de individuos. Con el engaño nos hacen odiar al enemigo de un minúsculo círculo de poderosos.
Lamentablemente, observo que la estupidez gana terreno en todos los frentes y a marchas forzadas: como pueblo estamos envilecidos y amaestrados. Al mundo lo gobiernan cuatro personas, cada vez más voraces y poderosas. El perro tiene que hacer cada vez más gracias para roer el hueso. La pandemia ha favorecido este envilecimiento. No veo que aprendamos nada de esta pandemia, más bien lo contrario. Si la vida se endurece, nosotros nos endurecemos. Quizá no estemos lejos de acabar este drama o sainete que es la Historia en un planeta devastado por la contaminación.
No, lo malo no está por venir (no seas ingenuo, pienso) ya estamos en plena distopía. No me lo dicen sólo las cifras de paro o los datos más o menos exactos sobre el calentamiento global o la extinción en masa de especies vegetales y animales: me lo dice nuestro comportamiento alterado, nuestra tristeza, nuestro humor de emergencia. A la inmensa mayoría le va muy mal, a una minoría le va de maravilla. Esto sucede también en las dictaduras. 
     
Cuando nos sonrían y nos digan que todo está bien, que somos muy importantes, entonces es cuando nos empujarán al vacío. Escribo esto con una sonrisa, mirando hacia otra parte. No me tomo en serio estos catastrofismos. Si no sabemos si mañana estaremos en este mundo.
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