El virus, la montaña y la bandera blanca

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JOSÉ RAMÓN FERNÁNDEZ GUTIÉRREZ DE QUEVEDO

Un virus particular. 

No hace mucho tiempo, el peor castigo para un equipo de futbol era vetar su estadio. Jugar a puerta cerrada como penitencia, significaba haber caído en ese lado oscuro donde habitan la trampa y la agresión. Un estadio vetado es como tener al deporte secuestrado. Por razones muy distintas, la pandemia cerró todos los estadios durante un año, la peor pesadilla se cumplió: millones de butacas fueron abandonadas. Por buscarle un lado positivo, creímos que ese distanciamiento común y obligatorio causaría una reflexión en las tribunas desapareciendo los gritos prohibidos, los pleitos malditos y los insultos gratuitos. No sucedió.

En cada jornada surge algún brote de violencia en las tribunas, demostrando que el futbol, tiene su virus particular.

Bandera blanca

 Una semana después de la guerra, el vencedor mantiene su amenaza sobre los cabecillas de la revolución: Real Madrid y Juventus, a quienes de manera despectiva el presidente de la UEFA llama “fundadores”, se volvieron los villanos más infames para el organismo. Nadie piensa que dos clubes tan grandes, históricos, seguidos y queridos por tanta gente en el mundo, sean considerados un peligro para el deporte. Lo mejor que pueden hacer es sacar la bandera blanca y hablar. Pero Ceferin, aupado por un triunfo que le dieron los hinchas ingleses cuando la Superliga lo tenía en la lona, se creyó el papel del héroe victorioso en una rancia disputa mercantil, donde UEFA y FIFA, volvieron a enseñar su lado más déspota y autoritario.

Se vende montaña

 Desde su conquista en 1950, subir al macizo del Annapurna en la cordillera del Himalaya, era una de las expediciones más difíciles y peligrosas del planeta. Pero en las últimas semanas, su respetable cima de 8,091 metros de altura se convirtió en un helipuerto, un tianguis de oportunistas, una taquilla con largas filas, un destino turístico y el spot más alto para colgar una selfie en Instagram. En un solo día, 67 “escaladores” que compraron un boleto a la cima hicieron cumbre, superando la cifra de 65 alpinistas, que tardaron medio siglo en coronarla. Pasear por el Himalaya se volvió un pasatiempo para algunos y un negocio para otros. La contemplación, espiritualidad, sabiduría, valentía, templanza y temperamento, que necesitaba el ser humano para superar las grandes montañas de la vida, están en venta. _

 

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo

https://www.milenio.com/opinion/jose-ramon-fernandez-gutierrez-de-quevedo/cartas-oceanicas

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