Otra Semana Santa

San Bartolomé Gto 2013 - YouTubeEn San Bartolo, estado de Guanajuato, se festeja la Semana Santa en una especie de ritual pagano. La iglesia no la acepta pero tampoco niega la llegada de ángeles y demonios que hacen cita en el centro del pueblo para luchar “malos” contra “buenos” y esperar el día de resurrección de Jesús. En realidad es un pretexto para limar asperezas entre los vecinos que ese día pelean para aplacar sus ímpetus de venganza por algún desagravio en el transcurso del año. Los daños colaterales llegan a la enfermería instalada a un lado del evento para curar las heridas infringidas en el “combate a muerte”.

Más de uno ha salido dañado de una oreja, dedo de la mano, fractura de un pie o rodilla producto de las espadas desenvainadas, machetes afilados —reales, de madera o plástico—, con los que se enfrentan los contendientes. La iglesia del pueblo lo tiene vetado como parte de la crucifixión, misma que se celebra en el pueblo que pasea a Jesucristo en la cruz con sus dos apóstoles, y Magdalena limpiando heridas. Un gozo visual, un ímpetu de carnaval, un rito tergiversado a través de los siglos y que, en San Bartolo, con espíritus celestes contra los hijos de Luzbel alcanza un tono fantasioso donde nadie sabe la verdad y sus orígenes, pero inventan la riña y la risa como cambio para sanar heridas.

Podremos observar el paganismo donde los ojos brincan de un lado a otro para encontrar al mejor vestido de lucifer o querubín en versiones donde Batman y Robin son el éxtasis. Donde en pleno duelo y luto el pueblo se divierte en una Semana Santa. Nada que ver con la tradición de Iztapalapa. Nada que ver con los ritos conservadores de la procesión en San Miguel Allende, o con la ciudad de Granada en la España católica, de rito ancestral. Acá los sentidos se desbordan en el colorido de los vestuarios rojos y azules, verdes y amarillos, rosas y violetas de esos, malditos contra benditos.

San Bartolo está a 15 minutos de la capital de Querétaro, aunque el pueblo pertenece al estado de Guanajuato, donde además existen ruinas prehispánicas y un balneario del siglo XVIII. Llegar es fácil y vale la pena encontrarse con otra Semana Santa.

La diferencia hace de la tradición cristiana tabúes rotos a pleno sol.

Braulio Peralta

https://www.milenio.com/opinion/braulio-peralta/la-letra-desobediente

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