Metafísicamente imposible

Hace tiempo que las pesquisas por la caja B del PP rebasaron ampliamente las fronteras de la jurisprudencia para entrar de lleno en los resbaladizos terrenos de la física, la química y la parapsicología. En octubre de 2020 el Tribunal Supremo dio por probada la existencia de una contabilidad extracontable del PP, una extraña entidad de origen desconocido avalada por los llamados “papeles de Bárcenas”, pero atribuyó en exclusiva al propio Bárcenas la capacidad de control de esa contabilidad paralela. Hasta la fecha no se ha podido demostrar que nadie más, del presidente del partido al conserje, tuviera conocimiento de dicha contabilidad fantasmal. Es un recurso jurídico similar al de aquel telepredicador de Les Luthiers: “No prueben las drogas, no prueben el alcohol, hagan como Warren: a Warren nunca le han podido probar nada”.

La negación reiterada y obsesiva de la realidad es un clásico del pensamiento que ha dado a luz imponente sistemas metafísicos. A fuerza de negar la realidad, René Descartes puso en duda incluso la misma existencia del universo físico, aunque hubo algo de lo que no podía dudar: la duda misma. Descartes desconfiaba incluso de la posibilidad de que un tal “R. Descartes” hubiese escrito los argumentos que acreditaban su autoría; no, señorito, porque un demonio podía haberle engañado y firmado por él, con iniciales y todo, la misma teoría a la que se aferran los defensores acérrimos de que “M. Rajoy”, el de los papeles de Bárcenas, y Mariano Rajoy, ex presidente del gobierno, sean la misma persona. Cabe también la alarmante posibilidad, que ha hecho temblar los cimientos de la filosofía occidental, de que el demonio hipotético imaginado por Descartes en realidad sea Bárcenas.

“Sólo sé que no sé nada”, la famosa frase de Sócrates, se ha convertido por derecho propio en la piedra angular de las declaraciones de los mandamases del PP, una gente que tenía pruebas fehacientes de la existencia de armas destrucción masiva en Irak o de la financiación venezolana de Podemos, pero que ignoraba completamente lo que ocurría o no ocurría delante de sus propias narices, esos sobres atiborrados de dinero que pasaban o no pasaban de una mano a otra por los despachos de Génova. Platón apuntaló la fama de sabio de Sócrates sobre ese agujero negro del conocimiento, aunque, a decir verdad, aterra pensar que Sócrates realmente no supiera nada de nada y que fuese un auténtico imbécil.

A fuerza de chocar contra el no lo recuerdo, no me consta y no lo sé, los investigadores se encuentran ante un inquietante callejón sin salida, un enigma que desafía los cimientos mismos de la realidad, una contabilidad cuántica en un universo paralelo donde M. Rajoy, María Dolores de Cospedal, Javier Arenas y el resto de sobrecargos y sobreseídos de la contabilidad en B existían en un mundo alternativo cuyo único anclaje con la contabilidad en A fuese Bárcenas. De ahí que M. Rajoy, el único e inimitable, haya dejado zanjada la cuestión con un apotegma socrático: “Es metafísicamente imposible que haya podido destruir esos papeles porque nunca los he tenido en las manos”.

De ahí también que uno de los abogados le preguntara a José María Aznar por qué testificaba con mascarilla en su propia casa, sospechando que tras la mascarilla podía ocultarse otra persona o, peor todavía, otro ex presidente del gobierno. Era metafísicamente imposible saber si se trataba de Aznar en A o de Aznar en B, y por si fuera poco la respuesta no aclaró mucho las cosas. “Yo respeto las recomendaciones de las autoridades sanitarias”, dijo el señor detrás de la mascarilla, a lo mejor el mismo señor que en su día dijo que a él nadie, mucho menos las autoridades sanitarias, le iba a decir si podía o no podía conducir con cuatro copazos de vino entre pecho y espalda. Metafísicas aparte, es posible que en el PP todos fueran inocentes y tontos del culo a la vez, o bien que en el PP sólo hubiera una persona inteligente, Bárcenas, tan inteligente que se pasó de la raya. En cualquier caso, como ya he dicho en más de una ocasión, los universos paralelos son para lelos.

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