Los seres vivos que pueden vivir ‘eternamente’

En el reino animal podemos encontrar algunas especies que disfrutan de la ‘inmortalidad biológica’

Un ejemplar de Hydra vulgaris
Un ejemplar de Hydra vulgaris – Wikipedia

Sin el consentimiento de Henrietta, el doctor George Gay tomó algunas de sus células neoplásicas y las cultivó en el laboratorio, observando con perplejidad que lo podía hacer de forma indefinida. Era la primera vez que se identificaban ‘células inmortales’ humanas.

Aquella estirpe celular fue bautizada con el nombre de HeLa y, a pesar del tiempo transcurrido, sigue utilizándose en diferentes campos de la investigación.

Feliz… 1.400 cumpleaños

En la naturaleza tenemos algunos ejemplos que se aproximan a lo que se ha bautizado como ‘inmortalidad biológica’, un término a todas luces incorrecto, ya que estos organismos pueden morirse a consecuencia de una enfermedad, de un infortunado accidente o, simplemente, a manos de un depredador.

Algunas especies de hidra –Hydra vulgaris e Hydra magnipapillata– son capaces de celebrar su 1.400 años cumpleaños y esto se debe a que están capacitadas para regenerar células viejas por células nuevas.

Esta envidiable singularidad la consiguen gracias a una proteína llamada FoxO. Cuando a nivel del laboratorio se desactiva el gen encargado de regularla -el llamado gen matusalén- la hidra pierde su condición imperecedera y sigue el proceso de envejecimiento propio de las leyes de la biología.

Este gen no lo tiene la hidra en exclusividad, también aparece en otros animales, entre ellos los seres humanos, especialmente en aquellas personas que consiguen adquirir la condición de centenarias.

La medusa inmortal

Hay especies de medusas -Turritopsis- que comparten con la hidra la perpetuidad biológica. Estos animales son originarios del mar Caribe desde donde se han expandido por la práctica totalidad del globo terráqueo gracias a los tanques de lastre de los barcos.

Para comprender su excentricidad hay que detenerse en su ciclo biológico. Cuando los espermatozoides y los óvulos de la medusa se unen se convierten en una minúscula larva que se adhiere a una superficie dura dando lugar a un pólipo.

La mayoría de las veces los pólipos son capaces de generar individuos clónicos pero en otras ocasiones engendran medusas, bien de sexo masculino o femenino, que se desanclan de la superficie y acaban convirtiéndose en adultos. Durante esta etapa se reproducirán y darán lugar a un nuevo ser vivo cerrando, de esta forma, el ciclo.

Lo más extraordinario de las medusas es que algunas especies pueden dar marcha atrás en su desarrollo y retornar a etapas previas de su ciclo biológico, es decir, es como si una mariposa pudiera volver a convertirse en oruga. Esta capacidad “involutiva” se puede repetir de forma infinita, convirtiéndose, por tanto, en inmortales.

El hallazgo de esta idiosincrasia se lo debemos a un estudiante de biología marina, Christian Sommer. Lo descubrió por serendipia, como tantos y tantos sucesos en ciencia. Sucedió en el año 1988 mientras analizaba un ejemplar hallado en la costa noroeste italiana.

https://www.abc.es/ciencia

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