La gran brecha del mundo

Como cualquier migrante, africanas y africanos vienen a Europa no porque quieran, sino para vivir mejor

           

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Cualquier migración tiene un punto de crueldad, de desarraigo. Te vas de tu pueblo porque te echan o porque crees que en otro vivirás mejor. Pero, sobre todo, te vas porque tu lugar de origen no te ofrece la posibilidad de desarrollarte personalmente, empezando por un trabajo digno. Atrás quedarían los derechos al entorno o a la familia, en caso de que fuesen derechos reconocidos.

YO ARRIESGO

Muchas personas de cualquier parte de África, hartas de sufrir lo que el mundo hace con su país, deciden que basta ya. Que arriesgan. Que quieren otra vida. De cada 18 personas que intentan cruzar el Mediterráneo, una muere ahogada, según datos de Open Arms. En total, más de 33.000 desde 1993.

El 90% sufre violencia sexual, física o psicológica. Aunque es difícil generalizar, cada uno de los entre 25 y 30 embarcados en una patera puede llegar a pagar unos 2.000 euros por el traslado marítimo. El patrón puede cobrar hasta 5.000 euros.

emigración africana
Alejandro Carnicero – Shutterstock

Un traficante de 27 años, cauto pero entusiasmado con el negocio, declaraba a La Vanguardia haber ganado unos 70.000 con seis pateras en dos meses. Tiene que darle 10.000 euros a su contacto policial y 200 por cliente a su agente comercial, que le busca pasajeros. Dice que si Europa le paga, él deja el negocio.

La emigración africana no es lo que parece. Más de la mitad de las personas que salen de su entorno lo hacen a otro país africano, no a Europa

MOUSSA

Pero no todas las personas llegan en patera. Moussa vino en avión con la documentación de una persona fallecida. Con enviarle a su madre en Senegal 250 euros para comida —para mucho más no le alcanza— ya cumple parte de su objetivo.

Lo que más le cuesta es convencerles, cuando visita a su familia, de que aquí la vida es dura, que se trabaja mucho y se cobra poco. Aun así, le compensa porque, tras 10 años entre nosotros, tiene ocupación, nuevos amigos y está orgulloso de pagar aquí sus impuestos. Somos parte de su vida y él de la nuestra.

DE DÓNDE VIENEN

La emigración africana no es lo que parece. Más de la mitad de las personas que salen de su entorno lo hacen a otro país africano, no a Europa. Y si no contamos el Magreb, la cifra asciende al 75%, ya que los países al norte del Sáhara tienen más vínculos con Europa, además de la propia proximidad geográfica. Solo el 14% de los emigrantes transcontinentales son africanos. 17 millones viven en Europa, una cifra muy parecida, por ejemplo, a la de europeos que viven en norteamérica.

De ellos, solo cuatro nacieron al sur del Sáhara y residen, sobre todo, en las antiguas metrópolis: más de 1 millón en Reino Unido, casi otro en Francia. Entre esos dos países, en Italia y en Portugal viven tres cuartas partes de las personas nacidas al sur del gran desierto. Las cifras oficiales estiman que entraron a España en embarcaciones precarias unas 110.000 personas en los últimos 6 años, casi la mitad en 2018.

POLIZONES

A ellas hay que unir los que se arriesgan a aprovechar el viaje de un carguero o petrolero. En 2004 el mercante Wisteria, de bandera panameña y tripulación coreana, tiró al mar a cuatro senegaleses. Intentaron juzgar al capitán, pero el hecho de que todo ocurriera en aguas internacionales pesó más que los cuatro asesinatos.

Casi le sucede lo mismo a Mamadou Diouf, que vino desde Dakar. Gracias al chivatazo de una ONG portuguesa que lo había detectado en su escala de Lisboa, lo localizaron en Galicia, donde lo acogieron tras escapar del buque, hace más de 20 años. Como otros muchos, envía dinero a su familia mientras trabaja en lo que puede (incluidas las duras temporadas de la fruta en el oriente peninsular), duerme en contenedores y cobra bajo mínimos.

Vienen para progresar personalmente y ayudar a sus familias, como cualquier emigrante del mundo. Irlandeses, españoles, portugueses e italianos lo hicieron siempre

EL EFECTO LLAMADA

El desarrollo de ciertas zonas del continente, lejos de suponer un freno a la emigración, resulta un estímulo. El mayor conocimiento del mundo hace que muchas personas jóvenes (la media de edad africana es de 19 años) deseen compartir algunos de los estándares de calidad de vida del norte.

Efectivamente, hay un efecto llamada, pero no lo provocan los barcos que los rescatan en el mar, como dicen algunas autoridades europeas para no apoyar a Open Arms y otras organizaciones. El efecto llamada es previo.

La televisión y las redes sociales, ese exhibicionismo europeo del hedonismo y la vida fácil. «Vemos cómo se vive aquí y queremos compartir esta vida», dice Moussa, lleno de razón y de dignidad. La mayoría de la gente viene a encontrarse con familiares que ya viven entre nosotros o con algún contacto de su entorno.

La gran brecha del mundo
Sonia Bonet – Shutterstock

LAS MÁS EDUCADAS

Las personas africanas que vienen a Europa suelen ser las alfabetizadas. La media está en tres años más de escolarización que el resto de sus compatriotas. En general, las más pobres se desplazan a otros lugares dentro del continente, a grandes ciudades o a lugares de interés agrícola. Achim Steiner, de Naciones Unidas, explica que «pese a los avances, el desarrollo de África es desigual y no lo suficientemente rápido como para satisfacer las aspiraciones de la gente».

Vienen para progresar personalmente y ayudar a sus familias, como cualquier emigrante del mundo. Irlandeses, españoles, portugueses e italianos lo hicieron siempre. «¿Qué clase de padre sería si no pudiese pagar alimentos, salud y educación a mi hija y a mi mujer?», se pregunta Yerima en un estudio del Programa ONU para el Desarrollo.

NOSOTROS, CIEGOS SOBRE ÁFRICA

Los medios de comunicación nos trasladan una imagen naïf, muy superficial y llena de negatividad de ese continente. Guerras, hambre, pobreza, epidemias y safaris. A eso se reduce el menú informativo occidental. Nada para compensar el gran drama de pateras, cayucos, rescates y catástrofes naturales. Ni pizca de vida cotidiana, poco de llamar a la gente por su nombre ni enseñar sus calles o sus ciudades, a no ser que hayan sido pasto de alguna tragedia. Hay quien llama a esto miserabilismo.

STROMAE Y LA CRUELDAD

Ni un solo contenido cool con protagonistas africanos. Excepto cuando alguien se hace millonario jugando al fútbol, por ejemplo. O cuando algún cantante triunfa en Occidente.

Stromae es un icono belga del culto e ilustrado pop francófono y del diseño gráfico y textil. Hijo de un arquitecto ruandés al que mataron en África cuando el cantante tenía 9 años. A él dedicó Papaoutai en 2013, tema que resultó un gran éxito internacional. En 2016 Charlie Hebdo publicó una portada con el cantante rodeado de un cuerpo descuartizado, preguntándose «¿Dónde está mi padre?».

Los graciosillos culturetas parisinos se burlaban así del cantante, en una demostración de burdo eurocentrismo. La revista perdió buena parte de la simpatía ganada tras el terrible atentado que la hizo famosa en todo el mundo. Y los fans, a uno de los grandes, pues tras esa portada Stromae se retiró y todavía se espera su regreso.

LAS ARMAS DE LA METRÓPOLI

En las últimas décadas se fraguan al sur del Mediterráneo las acciones de Occidente para perpetuar el viejo colonialismo. Francia sigue controlando las monedas de la mayor parte de sus antiguas colonias centroafricanas, como reafirmó en diciembre su Asamblea Nacional.

Guerras con trasfondo económico, como las de Somalia o Chad. Acciones más espectaculares, como la que acaba con Libia, en guerra civil desde 2014, el país más próspero del continente. Siria proporciona al Mediterráneo su éxodo de refugiados, motivación común para tantas personas africanas. Como Yemen, frente a Somalia, que se considera ya el mayor desastre humanitario del mundo. Allí, Occidente respalda a Arabia Saudí ante una supuesta influencia iraní.

La gran brecha del mundo
Mike Dotta – Shutterstock

ESPERANZA

El actual proceso de empoderamiento africano cristaliza en sentimientos antifranceses y antioccidentales cada vez más patentes, pero nadie logra revertir la situación, trufada de neocolonialismo, neoliberalismo e influencia china, tras décadas de intentos de autogestión económica liquidados desde Occidente a través de golpes de Estado o diplomacia económica.

Algunas personas tienen cierta esperanza en el proceso abierto del mercado común africano, el conocido como Tratado de Libre Comercio Africano (AfCFTA), en vigor desde principios de este año, con la vista puesta en los 1.200 millones de africanos y con un PIB de 3,4 billones de dólares. El tiempo dirá si contribuye al desarrollo real o continuará arrastrando las herencias coloniales.

DEUDA, PRODUCTIVIDAD, MERCADOS

De momento, un buque europeo pesca en un día frente a Senegal lo que 50 de sus tradicionales cayucos pescaban en un mes. Francia alimenta con uranio nigeriano el 40% de sus centrales nucleares. Las plantaciones de tomates se desmantelaron porque los europeos son más baratos, subvencionados por la UE.

El mercado del algodón bajó considerablemente gracias a la competencia norteamericana, que subsidia a sus productores. Los 46 países africanos más renqueantes dedican a pagar su deuda el 7,6% de su PIB, y a sanidad el 1,8.

«Se habla del Mediterráneo, pero poco del desierto, donde también se queda mucha gente»

SANI LADAN

Camerunés de 26 años. Cuando llegó aquí cayó en manos de una ONG que lo derivó hacia la agricultura intensiva del sureste español, una zona que aprovecha la desesperación de los emigrantes y los invita a trabajar por poco dinero. Sani no se resignó y hoy estudia relaciones internacionales en la universidad. Es un reputado y recomendable comentarista de la realidad africana.

 UN LÍDER DE OPINIÓN

Este jóven, de verbo fácil y gran capacidad persuasiva, salió con 18 años de su país natal. Cruzó el Sáhara, donde tuvieron que enterrar en las arenas del desierto a un compañero de expedición: «Se habla del Mediterráneo, pero poco del desierto, donde también se queda mucha gente». Argelia, Marruecos, Melilla, Ceuta, ese fue su itinerario desde casa.

Ladan tenía trabajo en Camerún, su familia podía mantenerlo, pero quería seguir estudiando. Pudo hacerlo con el apoyo de su nueva gente de Córdoba. Eso sí, tras rechazar convertirse en un paria agrícola por cuatro perras. Hoy representa el espíritu de África para sus seguidores en las redes, la dignidad del migrante. Una energía positiva, crítica y audaz.

EL TARAJAL, EL MEDITERRÁNEO

Ladan entró en España nadando por la playa de El Tarajal; después de aquello, tuvo la fortuna de dar con Cruz Roja. No tuvieron la misma suerte Yves, Samba, Daouda, Armand, Luc, Roger, Larios, Youssouf, Ousmane, Feita, Jeannot, Oumarou, Blaise y otra persona que continúa sin identificar, anónima. Sus cuerpos quedaron para siempre bajo las olas de Ceuta.

56 funcionarios españoles, siguiendo las órdenes del entonces ministro del interior, Jorge Fernández Díaz, dispararon 145 balas de goma y 5 botes de humo. Quince se ahogaron. Se salvaron otras 23. Ocurrió a las 7,40 horas del 6 de febrero de 2014.

En el extremo oeste del Mediterráneo se situó para cada uno de ellos el punto final de su sueño, que coincidió con el punto final de su vida.

Emigración africana en el Mediterráneo: la gran brecha del mundo (yorokobu.es)

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