El Presidente puede dormir tranquilo

Las batallas electorales suelen sacar la peor parte de los partidos políticos. Por un lado, constituye el momento del ansiado reparto entre los cuadros y simpatizantes, que disputan con el cuchillo entre los dientes las insuficientes posiciones para los muchos aspirantes. Por otro, con el resultado de los comicios los partidos se están jugando la vida misma, lo cual significa que la necesidad de ganar desplaza cualquier otra consideración política de mediano plazo o ética de cualquier plazo.

La candidatura al gobierno de Guerrero de Félix Salgado Macedonio por parte de Morena es un desenlace ominoso, pero ciertamente constituye un capítulo más de los muchos que estaremos viendo en las próximas semanas, a juzgar por lo que está sucediendo con las listas para las plurinominales.

Y es que ni PRI, PAN o PRD lo están haciendo mucho mejor. Lejos de lavarse la cara están proponiendo miembros de los mismos grupos que los llevaron a la crisis en la que están metidos. En el PRI se han repartido las posiciones claves entre el círculo inmediato de la familia y allegados a Alejandro Moreno, su presidente, quien lejos de refrescar las filas, las conciencias o los programas del viejo partido, parece más interesado en sacar provecho político para los suyos antes de que el barco termine de hundirse. Rubén Moreira y su esposa, el clan de los Murat, el hijo de Gamboa, acaparan, junto a los familiares y colaboradores de Moreno, las posiciones con mayores posibilidades de triunfo. 

En el PAN basta decir que estas posiciones las han acaparado Margarita Zavala, Santiago Creel, Cecilia Romero o Gabriel Quadri dejando para mejor ocasión las promesas de incorporar nuevos líderes procedentes de la sociedad civil. En el caso del PRD, ni siquiera se hicieron esas promesas; hace tiempo que los llamados Chuchos y sus aliados no sueltan ninguna posibilidad de escaño o curul, única razón de ser de ese partido. 

El problema de fondo para todos los partidos de oposición es que están atrapados en un permanente círculo vicioso. Asumen que deben ir con rostros conocidos para tener alguna oportunidad en los comicios, pero a su vez tales rostros resultan incapaces de atraer votos adicionales a los círculos cerrados que, de cualquier modo, votarían por ellos. Para su desgracia, las mayorías están en otro lado. Siendo así, PRI y PAN carecen de todo atractivo para el grueso de los votantes porque lo único que pueden garantizar es el viejo estado de cosas que, justamente, generó el descontento que trajo al poder a López Obrador. Habría que insistir en que mientras el PRI y el PAN no tengan propuestas viables y creíbles frente a la corrupción, la injusticia social o la inseguridad pública, sus victorias serán marginales. Pese a todas las críticas o desaciertos que puedan achacarse a la 4T, la agenda del lopezobradorismo sigue siendo más atractiva para los que ven al país desde el agravio y la precariedad.

Habría que reconocer que el único en la oposición que está intentado hacer algo diferente o, por lo menos, algo más allá que solo criticar a López Obrador, es Ricardo Anaya. Pero ojalá lo hubiera hecho mejor. La gira del ex candidato presidencial para descubrir el “México profundo” ha sido motivo de chunga en las redes sociales. Una burla que se ha ganado a pulso, habría que añadir, porque lo ha convertido en un espectáculo frívolo y no en una incursión seria o reflexiva para conocer una realidad que no era la suya.

A propósito de los “reportes” que el ex líder panista suele mostrar de su inmersión social, este lunes Alejandro Páez se preguntaba: ¿Qué tiene Anaya que no conecta?, y anticipaba que descubrirlo está lejos de ser un acertijo y requiere poco esfuerzo.

“Se trata de giras preelectorales (busca ser candidato en 2024) para decir: ‘Miren, miren, qué jodidos están los mexicanos’. Porque fue diputado e impulsó las reformas a Enrique Peña Nieto. Porque fue panista cuando los doce años de Felipe Calderón y Vicente Fox. El ‘me da coraje ver tanta pobreza’ lo hace ver como si hubiera estado en coma toda su vida; aislado de este país y de sus dolencias. Hace ver que no tiene ni idea de dónde viene tanta miseria o que, de plano, es un extranjero en su propio país: hasta los turistas convencionales saben a qué vienen y qué esperar si rentan un auto y echan a andar por carretera. O, bueno, más directos: esos paseos por tierra, donde Anaya parece descubrir la pobreza hacen recordar cuando viajaba (o viaja) cada fin de semana a Atlanta para ver a su familia, que vivía (o vive) en una casa junto a un lago para que los niños fueran (o van, todavía) a la High Meadows School”.

Lo cierto es que si esa es la oposición que enfrenta el lopezobradorismo, el Presidente bien podría descansar (y darnos un descanso) de la frenética defensa en la que está empeñado día tras día. Los titulares de la prensa o las columnas que tanto lo irritan no han hecho mella en el grueso de sus simpatizantes, y dudo que lo que hasta ahora hemos visto de la oposición vaya a tener un impacto significativo entre los votantes. ¿Dónde están los nuevos líderes?, ¿las propuestas frescas?, ¿la construcción de expectativas distintas? Si lo único novedoso en el panorama es la incursión de Diego Fernández de Cevallos en las redes sociales, además de la ya mencionada gira antropológica de Ricardo Anaya, el Presidente puede dormir tranquilo. Bueno, es un decir, él mismo se hará cargo, como en el caso del movimiento feminista o la candidatura de Félix Salgado, de provocar sus propias tormentas. Pero ese es otro tema.

https://www.milenio.com/opinion/jorge-zepeda-patterson/pensandolo-bien

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