El evangelio según Brian

El evangelio según Brian

Han pasado más de treinta años de La vida de Brian, la obra maestra de los Monty Python, y la película sigue tan fresca, hilarante e irreverente como el día de su estreno, cuando provocó un terremoto de manifestaciones, protestas, críticas y debates a lo largo y lo ancho del mundo. John Cleese dijo que estaba muy orgulloso de haber puesto de acuerdo a cristianos, judíos y musulmanes por primera y única vez en la historia, y la película llegó a ser prohibida en algunos países, lo que dio pie a una de las mejores campañas de promoción del cine: “¡Tan divertida que la han prohibido en Noruega!” A estas alturas del siglo XXI todo este escándalo sería un disparate mayúsculo si no fuese porque, a día de hoy, con el integrismo religioso por un lado, la corrección política por otro y la libertad artística en peligro de extinción, una comedia como La vida de Brian es absolutamente impensable.

De hecho, el proyecto estuvo muchas veces a punto de malograrse y su realización, conseguida a base de una serie de carambolas alucinantes, bien puede considerarse un milagro. En principio todo estaba dispuesto para que el equipo se trasladase a Túnez cuando la productora de la película suspendió la financiación porque a Bernie Delfont, empresario teatral y jefe de la división de ocio de la EMI, le dio por leer el guión. Asustado por las posibles implicaciones religiosas del argumento retiró los fondos justo una semana antes de empezar el rodaje. Los Monty Python pidieron dinero en todas partes, sin mucho éxito, hasta que Eric Idle, el impulsor de la idea inicial, contactó con George Harrison, quien lo financió personalmente sólo por el gusto de verla algún día. “La entrada de cine más cara del mundo” dijo Idle.  Tenía gracia que un ex-Beatle, la banda que se había proclamado “más grande que Jesucristo”, sacase adelante la mayor parodia jamás vista sobre la vida de Jesucristo, pero ahí no acabó la buena suerte. Por pura casualidad, el equipo pudo hacerse con los decorados de la serie de televisión Jesús de Nazaret, de Zeffirelli, lo que dio un impresionante acabado a la película. El gran Anthony Burgess, uno de los guionistas, confesó en sus Memorias: “No me importaría nada haber firmado el guión”.

El guión, en efecto, es una obra maestra de la astucia en la que los Monty Python sortearon los riesgos de la blasfemia mediante el procedimiento de usar directamente no a Jesucristo, sino a un pobre hombre llamado Brian Cohen, a quien en diversos momentos de su vida, desde su nacimiento el mismo día que Jesucristo a unos metros del portal de Belén, confunden con el Mesías. Es el mismo truco que utilizó Chaplin en El gran dictador pero con resultados completamente distintos. Al igual que en Ben-Hur, la gran epopeya bíblica de William Wyler, Jesucristo no aparece más que al fondo de la pantalla en ciertos momentos puntuales, cuando los tres Reyes Magos, indignados por el equívoco, vuelven a recoger los regalos, o cuando se lo ve a lo lejos, pronunciando el Sermón de la Montaña y uno de los espectadores pregunta: “¿Qué ha dicho?” “Ha dicho: bienaventurados los queseros”. “¿Por qué los queseros?” “Es una metáfora: se refiere a todos los fabricantes de productos lácteos”.

Los malentendidos son el motor de propulsión de La vida de Brian, la historia de un judío contemporáneo de Jesucristo a quien toman por el Mesías sin que él pueda hacer nada por evitarlo. La descacharrante secuencia en que Brian decide no comprar una calabaza y luego pierde una sandalia, mientras poco a poco una turba de exaltados se dividen entre los seguidores de la calabaza y los de la sandalia, resume, como apuntó John Cleese, “la historia entera de la religión en dos minutos y medio”. La incesante sucesión de memorables diálogos cómicos no deja títere con cabeza: el nacionalismo, el colonialismo, la mendicidad, el Espartaco de Kubrick, los profesores de latín, y también los defectos de pronunciación, el lenguaje inclusivo e incluso ciertas reivindicaciones feministas y transgénero que hoy, tal vez, les habrían costado un linchamiento virtual. Sin embargo, en toda la película no hay una sola burla contra Jesucristo, contra el cristianismo o contra la fe, aunque las autoridades religiosas, los hipócritas y fariseos de cualquier credo, hicieron bien en sentirse ofendidos, porque si hay una diana principal para la mofa y la sátira en La vida de Brian es justamente el negocio de la religión oficial, la religión entendida como negocio. Una cruz por persona.

https://blogs.publico.es/davidtorres

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