Cuando los poetas le cantan al amor

Nombrar es dar poder. Dios le otorgó esa potestad a Adán, cuenta El Génesis que fue él quien le dio nombre a todo lo que existe. Pero al ser un libro sagrado, su contenido debe tratarse y leerse con cautela. Esta literatura es también mítica y simbólica, por esa razón se eleva al firmamento de las interpretaciones. Hace algunas semanas llegó hasta mí una pregunta que alguien hizo en redes sociales. Me he quedado pensando en ella, era algo así como: además de “Paloma querida”, ¿cuáles otras canciones le escribió José Alfredo a su esposa?

Desde mi análisis, el compositor dedicó su obra completa a Paloma. Concretamente, hay tres canciones donde su nombre queda plasmado: “Paloma querida”: “Por el día que llegaste a mi vida, Paloma querida, me puse a brindar…”; “Cuatro caminos”: “…hay en mi vida, cuál de los cuatro será el mejor, tú que me viste llorar de angustia, dime Paloma, por cuál me voy…”, y en “Amor del alma”: “Tú sabes que mi alma vivió entre tus brazos la historia de amores que tanto soñé; tú sabes, Paloma, que me haces pedazos si el día de mañana me pierdes la fe”. El día que se casaron compuso “Guitarras de media noche”; inspirándose en la música de la tierra jarocha de Paloma, le escribió “Serenata huasteca” y “Tu enamorado”, un poco después, “Cuando sale la luna”; “A la luz de los cocuyos”, durante un viaje a la Barra de Nautla que realizaron con Miguel Aceves Mejía y su esposa… hay muchas más de las que podré ir narrando detalles en distintos momentos.

Las redes son una herramienta maravillosa que nos ha permitido la comunicación casi directa y al instante; sin embargo, son también armas filosas que se expanden y se bifurcan por el universo en cuestión de segundos. El exceso de información, las mentiras y la tergiversación de los hechos aparecen como el pan nuestro de cada día, así la ignorancia se propaga en los medios; por eso, me tomé el tiempo suficiente para reflexionar la pregunta.

Pero volvamos al nombre, pues yo he leído y releído, al derecho y al revés las canciones de mi padre para poder desarrollar mi proyecto doctoral. No hay otro nombre que figure entre sus versos. Claro, los que saben me dirán que sí, que hay varios. Es verdad, pero son tan solo actores de corridos; es decir, relatos característicos de nuestra tierra que cuentan historias de bandoleros, personajes populares o famosos y mujeres que los acompañan o que protagonizan el relato, como: “La bandida”.

Tenemos entonces a “Pedro el herrero”; a Gilberto, La Lupe o Lupita y a don Julián, en el “Perro negro”; a Conchita, la de Apizaco, a quien llaman “La rielera”, los conocedores saben por qué; María Elena, la que traicionó a su compañero con “El Coyote”; Marcelina y Reina (la parrandera), en “El Borrego”; en su trágico “Sucedió en la barranca”, Rosita; la escanciadora, en “La Sota de copas” y un tema que no alcanzó a grabar presenta a la terrible “Araña”, entre otros.

Anoto que el corrido es una herencia del romance español, tiene las características del cuento popular: brevedad, concreción y personajes planos, pues al compositor no le da tiempo de ahondar en la sicología de sus protagonistas.

Las canciones de amor se escriben con otra intención, contienen elementos relacionados con el amor cortés o fin amores, también conocido como amor refinado. Aquella generación de poetas creó una especie de código amoroso que aún está vigente entre los compositores mexicanos, entre los de lengua hispana y en los que heredaron estas formas de la lírica provenzal. El tema es el amor, se escribe en lengua vulgar (esto significa en italiano y no en latín que era considerado culto, para que pudiera ser entendido por la gente, de manera principal, por las damas cortejadas), y los poemas no se leen, se cantan.

Hagamos un breve recorrido. “Quizás te llamaras Rocío, Alba o Soledad, quizás tengas un nombre muy vulgar, prefiero bautizarte con mi amor, voy a llamarte mía, nada más….”, canta Sandro, y Serrat se expresa así: “Tu nombre me sabe a hierba, de la que nace en el campo” o dice “Secreta mujer, secreta mujer” un poema de Eduardo Galeano que musicalizó el catalán. Por su parte, Sabina, las llama aves de paso y Martín Urieta, mujeres divinas. Es de esta manera como hablan los poetas cuando le cantan al amor porque viven enamorados de la luna, porque rescatan a la diosa del universo para admirarla y volver al origen. Los nombres primigenios de las diosas son tan solo unos cuantos. Quizás uno de los más antiguos es Inanna, Jana, Ana o Juana, y se identifica siempre con Ishtar. La diosa está relacionada con el planeta Venus, con Afrodita, en Grecia y con Astarté, en Fenicia.

También los grandes nombres que empoderan a los poetas se cuentan con los dedos: en Petrarca, es Laura, Dante evoca a Beatriz para ir al paraíso, Fuensanta quedó inmortalizada en los poemas de López Velarde, y Paloma, en las canciones de su esposo José Alfredo.

Paloma Jiménez Gálvez

*Doctora en Letras Hispánicas

https://www.milenio.com/opinion/paloma-jimenez-galvez

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