Sí, hubo saña y expulsión de andalusíes

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Las palabras de la diputada Isabel Franco (Podemos) resuenan casi como una maldición en el Congreso: “La monarquía hispánica provocó un genocidio e invasión de Al Andalus”. Sin embargo, hubo diferentes alandalus, ideologías asociadas y regímenes políticos. Por otro lado, ¿A qué monarquía hispánica se refiere? Porque hubo varias, desde emperadores de todas las Españas, a reyes absolutistas en sintonía con la Europa del XVIII y XIX.

Al Andalus es un símbolo incómodo para muchos, ¿Cuándo se produjo la persecución de los andalusíes? ¿Acaso no hubo familias en el valle del Ebro o el Guadalquivir mezcladas en cuestiones de fe? El trauma se llama expulsión de los moriscos, hecho que aceleró la ruina de los Austria menores y empobreció al país. Visto en perspectiva, la inquisición, o los genocidios no han sido un patrimonio ibérico, sino que lo fue europeo. Los hispanos eran conocidos como marrani (marranos) por una supuesta mezcla con los judíos. Fue en los territorios ibéricos donde se practicó el mestizaje de las artes, pero también donde de vez en cuando se luchaba a muerte en guerra civil perpetua alegando motivos de fe.

Es común señalar que “los españoles estamos mezclados”, sin embargo, estudios genéticos no apuntan en esa dirección. ¡Al Andalus (los mauros) no han dejado rastro en nuestros genes! En efecto, si los hispanos somos “étnicamente” de procedencia europea; ¿dónde fueron los musulmanes ibéricos? Pregunta de difícil respuesta, aunque una buena parte de la población andalusí se mantuviera fiel al cristianismo. Los reinos medievales se sumaron a las grandes reformas eclesiásticas procedentes de Francia e impulsadas por el papado, por lo tanto, la cruzada estaba justificada ideológicamente. Al Andalus era motivo de sospecha, un fenómeno incomprensible en una Europa apasionada de las cruzadas. Desde luego que una reconquista de ocho siglos es sospechosa, pero los relatos tienen un fin, el de servir aquí y ahora.

El exministro Alberto Ruiz-Gallardón impulsó una ley en la que se otorgaba la nacionalidad a los sefardíes que demuestren su vinculación con un país (España) que ni siquiera estaba conformado como Estado-Nación. La oportunidad política de estrechar lazos con el Israel actual no se desaprovecha, pero hay que reconocer cierto valor a esta iniciativa, porque efectivamente los judíos fueron víctimas-como en el resto de Europa-de persecuciones masivas. ¿qué pensar de los moriscos? Ahí está la fascinante Historia del (sic)  rebelión y castigo de los moriscos, escrita por un granadino como Luis de Mármol y Carvajal. Fue una guerra cruel y desigual entre los moriscos rebeldes (apoyados por los turcos) y los tercios más experimentados.

La complejidad de la historia requiere respuestas complejas para romper la bipolaridad hispánica entre el alandalus sí o no… “aquellos a los que combatimos” fueron a la vez “aquellos a los que debemos parte de una espléndida cultura”. Pero hay que definir quiénes son ellos: ¿andalusíes cristianos, musulmanes, o judíos? ¿todos juntos, mauros, muladíes, mozárabes? Porque hubo momentos en la historia de Al Andalus en los que los andalusíes cristianos fueron mayoría. Y, por otro lado, ¿a quiénes se debían los científicos y literatos andalusíes? ¿Bizancio, Persia? Es peligroso interpretar el pasado con los ojos de la actualidad. La mitología explica un mismo relato metafísico, pero con diferentes personajes. Cuando el mito está al servicio de la nación, se corre el riesgo de hacer el ridículo, de ahí los disfraces de personajes públicos con la espada de El Cid o el casco del capitán Alatriste. Por otro lado, idealizar un periodo tan largo y extenso de convivencia armoniosa es erróneo. Es cierto que Al Andalus fue un fenómeno fascinante si lo comparamos con la Europa umbría que bostezaba en la penumbra de tupidos bosques, pero ni aun así podemos juzgar ese tiempo con los ojos del presente, y menos desde una perspectiva moral. La conciencia histórica se construye sobre consensos, y Al Andalus está en entredicho. ¿Por qué será? Tal vez la Iglesia tenga algo que decir. Y si nos cuidamos tanto de dar los derechos a los sefardíes, ¿es que nuestro país no está preparado para afrontar el trauma morisco? Porque sí, hubo saña, persecución y finalmente una expulsión terrible. ¿Se puede considerar este relato como un proyecto emprendido por un tal Pelayo y culminado por un Austria llamado Felipe III? Desde luego que no. Los relatos uniformes son un mal síntoma.

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