Impensado impensable

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La pandemia ha suscitado sucesos impensados. Expresiones, conversaciones, actitudes, e intelecciones a veces curiosas, a ratos sorprendentes, y una agitación social en muchos ámbitos de nuestra sociedad. Si por un momento nos abstraemos de los sucesos aparece un mundo en conmoción y a la vez predecible e impredecible. Es un tiempo especial tipo 100 años de soledad de García Márquez. Fantasía y realidad se mezclan sin concierto, fantasmas y sujetos impertérritos, rutinas de años abandonadas, nuevas propuestas que pasan como vendaval y viejos recuerdos y prácticas 100 años olvidadas se reproducen sin saber su antigüedad. No se mezclan como en batidora y sí configuran un movimiento complejo quizá sin rumbo.

Confinados y a la vez con intensidad de contactos a veces con quien nunca lo esperabas. Estudiantes constantes y ávidos de pensar y reflexionar, y a la vez deserciones casi masivas, profes en la lona, autoridades en el éter y bueno sólo queda la opción de paso atrás y disfrutar lo que alcances a observar, compartir y repensar. Lo viejo, lo nuevo, lo caro, lo barato, lo profundo y lo impensable… todo revuelto. Bien visto: fascinante y casi irrepetible, espero, esperamos.

Noticias cada vez más frecuentes de personas con quienes tenemos relaciones más cercanas con enfermedad y con muertes de familiares… conocidos o cercanos… el lado infernal del tema. Y una joven, paciente pariente, a punto de dar a luz, el lado bellísimo del tema. Una dación extraña para quitarle la piel y encontrarle el sabor y encontrar la sabiduría.

Virus en todo el mundo, en pocos lugares controlado, en los demás sólo una terrible curva “sube y baja” sin descanso en espera de una salida, una vacuna. Brutal manifestación de una economía “global” pero empresarial, mundial pero controlada por el “top diez” de las farmacéuticas. Sí, el mundo enfermado en todos sus pedazos llamados países, y a la vez conectado por avisos impronunciables de no solución no vacunas, más virus y sus variantes cabalgando cual jinetes del apocalipsis. ¿Caemos en la cuenta de lo mundial, sin fronteras, sin soluciones de la pandemia? No habrá solución parcial. Todos nos salvamos o todos desaparecemos no sólo los muertos.

Bueno, quedarán unos José Aureliano fantasmales, risueños, atados a un vetusto árbol en la sede virtual de la OMS decretando el fin final.

MIGUEL BAZDRESCH PARADA

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