No dejéis de joder con la pelota

No dejéis de joder con la pelotaYo creo que las derivas derechizantes del PSOE, desde que llegó la democracia, tienen causa en el hecho de que sus dirigentes ya se han olvidado de que el partido se fundó en una taberna. Solo así se explica su defensa del elitismo extremo traducido en vasallaje hacia la casa real, la monarquía, el históricamente delincuencial borbonismo.

Lo que pasa es que los borbones se lo ponen cada día más difícil, como siempre hacen los señoritos con sus lacayos más sumisos, Azarías.  Ahora hasta los letrados del Congreso, esos señores tan distinguidos como veleidosos, acaban de dar luz verde a que el parlamento investigue las finanzas sospechosas de El Campechano, después de años negándose a que la sede de la soberanía popular ponga el ojo en los millones que los borbones han despistado por paraísos fiscales y ciertos bolsos de señora. El PSOE, ya lo ha anunciado, votará no, junto a Vox y sus brazos no armados (PP y Ciudadanos). Y el pueblo soberano tendrá que buscarse otra sede para conocer de dónde ha sacado los soberanos su soberano.

Hasta ahora, los escasamente tabernarios diputados del PSOE habían encontrado disculpa para no arrojar el asunto a los leones de San Jerónimo en “los informes [no vinculantes] de los letrados del Congreso” (MeritxellBatet dixit), que siempre se habían pronunciado en contra. Hoy queda invalidada aquella disculpa, y a Pedro Sánchez ya no le quedan más Francos que desenterrar para demostrar lo revolucionario que nos ha salido.

Este no querer arrojar luz sobre los borbones, la banca, la iglesia, las finanzas de los partidos políticos, las eléctricas, el fascismo latente y las oligarquías en general viene a decirnos al pueblo que no estamos preparados para conocer la verdad, que somos como niños a los que no conviene desencantar revelándoles la identidad verdadera de los reyes magos. Es la infantilización de la política, que tan bien se le ha dado al PSOE, y al socialismo europeo en general, en estos últimos 50 años. Y así lucen hoy los marginales socialismos franceses y alemanes, por poner dos pequeños ejemplos.

La puerilización sigue más o menos funcionando entre amplios sectores de la sociedad, esos que los politólogos llaman el centro ideológico y en las tabernas en las que se fundó el PSOE se denomina ni fu ni fani chicha ni limoná.

Llevan años advirtiendo los científicos de que, en las sociedades occidentales, por primera vez en la historia el cociente intelectual de los humanos está descendiendo. Eso a pesar de la universalización del acceso al conocimiento y de la mucho más alta cualificación académica que van logrando las sucesivas generaciones. O sea, que nos volvemos cada vez más gilipollas.

Malicio que ahí, en esa gilipollez nuestra, reside el último pretexto, tras la desafección de los letrados de las Cortes, que le queda al PSOE para seguir negándonos algo tan básico como el conocimiento de nuestra historia. Porque saber de dónde sacan los cuartos nuestros reyes no es activismo político, sino cultura.

Contrariamente a lo que piensan muchos, el PSOE no nació explícitamente republicano en 1879, aunque la abolición de la monarquía latía implícita en el marxismo revolucionario de aquel folio redactado en la taberna madrileña Casa Labra. Pablo Iglesias (El Coletas de entonces) desconfiaba de la república como instrumento del inmovilismo burgués, sobre todo viendo cómo en Francia la III República se había sustentado sobre la aniquilación de la Comuna de París, considerada por algunos como el movimiento insurreccional obrero más hermoso del siglo XIX. Entre 1910 y 1924, el PSOE sí abrazó el republicanismo por conveniencia y practicidad, pero en ese último año cometió la primera gran traición a su propia historia colaborando con el directorio militar del dictador Miguel Primo de Rivera y haciéndose cómplice así de la sangrienta persecución de comunistas, anarquistas, nacionalistas de toda laya y republicanos en general. Tras la II República, vinieron los 40 años de vacaciones adornando sus 100 años de honradez, la renuncia al marxismo en 1979 y la ulterior genuflexión ante el heredero de Franco, traicionando tácitamente su republicanismo de caprichoso cuño.

No sé qué líder o lideresa socialista vindicó hace nada la “defensa de la monarquía republicana”, que son las peras que da el olmo y otro alarde de infantilización del mensaje dirigido a las hordas iletradas, esas que ahora sacamos menos nota que nuestros abuelos en los test de inteligencia. Y es que el PSOE trata a sus votantes, a sus socios de gobierno y ahora a los letrados del Congreso con espíritu muy serratiano en este asunto de la borbonidad: “Niño, deja ya de joder con la pelota”. Pero es que el niño ya sabe que la pelota no se la han traído los reyes magos ni los otros, sino que es suya por ley y por derecho. Y yo, como niño y como pueblo, no estoy dispuesto a dejar de jugar, por muy progresista que se diga el que me quiere quitar la pelota.

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