El mundo va

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Llevamos un año con la agenda saturada de COVID, de trabajo a distancia, de crisis económica, de cientos de miles de muertos, de cubrebocas y sana distancia, de vacunas y ciencia. La vida gira en torno a la pandemia, no es para menos; los poderosos hombres del siglo XXI encerrados en el laberinto de lo súbitamente inesperado. Pero el mundo se mueve.

Pese a todo lo que está pasando se siguen produciendo alimentos y petróleo; siguen prendiéndose las centrales de generación eléctrica, las aerolíneas vuelan operando a medio gas; los tenistas hacen cuarentena en Australia para jugar el abierto de Tenis; el fútbol americano está rumbo al súper tazón; las ligas de soccer intentan seguir su calendario; cantantes y músicos hacen uso de las redes para seguir vigentes; restaurantes y oficinas haciendo milagros para sobrevivir… La tecnología nos dio la oportunidad de seguir caminando, de encontrar cómo adaptarnos a la llamada “nueva normalidad” mientras el mundo se alista para la operación de salud masiva más grande de la historia. El mundo es resiliente a tal grado que con sorpresa comienzan a mostrarse datos de recuperación económica, la fe en el futuro parece insustituible, la democracia demostró hace unos días su capacidad de reinventar agendas como en Estados Unidos, y para sorpresa de muchos, Japón se alista para recibir al mundo en los Juegos Olímpicos de Tokyo y Dubai en la Expo Universal.

La pandemia ha causado la muerte de millones y aunque no es la primera vez que una enfermedad azota o extermina a poblaciones y comunidades enteras, la gran diferencia con el COVID-19 radica en el avance tecnológico y científico de hoy día que permitió que se rebasaran barreras burocráticas y estatales, para la creación de una vacuna en tiempo récord, demostrando así sus capacidades y despliegue; ambas -ciencia y tecnología- nos han enseñado que la colaboración es la mejor manera de resolver cualquier crisis que enfrente la humanidad.

Si tan solo el cambio climático, el hambre y la pobreza, la lucha contra otras enfermedades recibieran ese trato especial y urgente con el que hemos enfrentado al COVID-19, la sostenibilidad futura del planeta estaría asegurada. Por eso es importante reflexionar sobre lo que ha pasado en el mundo desde diciembre de 2019, cuando se registraron los primeros casos de la enfermedad.

En poco tiempo, muy poco, recursos, ideas, genios, tecnología, instituciones, universidades, todos, unieron esfuerzos hacia un objetivo común. Empero, en el mundo sigue habiendo muchos objetivos comunes que no hemos superado: todos los días 150 millones de seres humanos no saben si podrán comer al día siguiente; el sistema de producción actual está llevando al planeta al límite.

Hay que pensar en ello también; atacar a la pobreza, la desigualdad y el cambio climático con la misma generosidad y fuerza podría iluminar el camino hacia una sociedad global que reduzca la inequidad, la injusticia y que genere nuevos sistemas de producción sostenibles y amables con el medio ambiente. La rapidez con la que se logró una vacuna para hacer frente al COVID-19 es una muestra de los alcances que puede tener la colaboración de todas las naciones.

Imagen: Aja Kusick

https://www.milenio.com/opinion/javier-garcia-bejos/ekos/el-mundo-va

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