Los días enmascarados

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JORDI SOLER

Los nemontani eran los días enmascarados de los aztecas; después de 360 venían los últimos cinco que formaban un puente entre el fin de un año y el comienzo del otro.

Durante estos cinco días vacíos, en los que se recomendaba mantenerse quieto, en silencio, reflexionando, desaparece el velo que separa un mundo del otro y los espíritus aprovechan para moverse entre nosotros, mientras nosotros convivimos con ellos sin tener que abandonar el cuerpo.

Lo sensato sería aprovechar que hoy nos encontramos cruzando los nemontani, los cinco días que coinciden con las rauhnächte, las noches rigurosas del mundo sajón. Los dos calendarios, el azteca y el occidental, sitúan esos días vacíos en el mismo extremo, y establecen que se trata de un periodo de tiempo situado al margen de la suma general de días que tiene una vida, por eso están vacíos. “Los días enmascarados robados a los días de mi destino”, dice un personaje de la novela Terra Nostra, de Carlos Fuentes, que vive durante los nemontani una aventura fabulosa, un viaje como el de Ulises que va del mar a Tenochtitlan, con una inolvidable incursión en la selva veracruzana. Son días “que no pertenecen ni a los dioses ni a los hombres”, dice el mismo personaje.

Fuentes, que era un entusiasta de los nemontani, tituló su primer libro Los días enmascarados.

Hoy también estamos cruzando la misteriosa temporalidad de las rauhnächte, las noches rigurosas que ocupan más espacio en el calendario, van del 25 de diciembre al 6 de enero. Durante este periodo limitado de tiempo también se difumina el velo entre los dos mundos. Ernst Jünger hace una anotación al respecto en su diario: “no estoy del todo centrado. Los sueños no son muy precisos, más bien movimiento en grandes grupos”.

Si estos días del año nos parecen raros se debe a que, efectivamente, lo son; deberíamos aprovechar la convivencia con los espíritus, esta fructífera promiscuidad, para hacer la suma del año que se va y proyectar, debidamente asesorados por el más allá, el andamiaje del que viene.

https://www.milenio.com/opinion/jordi-soler/melancolia-de-la-resistencia

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