Expectativas al mínimo

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Vivimos unas transformaciones sociales profundas y vertiginosas que el virus ha acelerado. Esas dinámicas monstruosas ya estaban en marcha: revolución digital, despersonalización, disgregación social.  Me gusta jugar a la sociología. Desde que se declaró el estado de alarma, cuántos puentes se han roto. Nos hemos vuelto fantasmales: si visibles, a través de una pantalla; en lo demás, ausentes o remotos. ¿Dónde se fue la vida? Ahora nos toca este extraño período de latencia, la vida social está en suspenso. Viejos amigos a los que ya no vemos desde hace meses, aquella confianza perdida. De nada sirve la nostalgia, pero es humano recordar ahora como un sueño lo que era el mundo antes de febrero del 2020. Cada uno en su casa e Internet en la de todos. Este tiempo de latencia es tiempo que no regresará. Envejecemos en él. Quizá tengamos que escribir un paréntesis en nuestras biografías. Lo siento por los jóvenes, tienen que sacrificarse. Distancia, no fiestas. Mascarillas, no besos. Asépticos espacios públicos, cerrados lugares de ocio. No les han tocado buenos tiempos. Ni a nosotros tampoco. Muchos caminos truncados, muchas oportunidades perdidas: en el trabajo, en el amor, en la aventura. Gracias si no enfermamos ni enferman nuestros seres queridos. Gracias si no caemos en la ruina. Quisiera ver el mar y pasear por Guadalajara. Sería fabuloso. Gracias si no morimos. 

 

Selva de varia opinión (selvadevariaopinion.blogspot.com)

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