Pecados

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Félix de Azúa
Las ‘Glosas Silenses’ son un documento decisivo para quienes se interesan por la vida social del medievo europeo ya que recoge los agravios más frecuentes oídos por los clérigos en sus garitas

De cómo se formó la lengua española a partir del latín, muchos sabios han escrito grandes obras esclarecedoras. Nada, sin embargo, sustituye la lectura de unas notas manuscritas que se sitúan en el origen mismo, en el umbral que lleva del latín al romance. Y ese documento, las Glosas Silenses, lo acaba de publicar Beltenebros en edición monumental, gracias a un valioso grupo de expertos.

En sus escritos dejan los sabios establecido que el manuscrito data de finales del siglo XI, que estaba en el monasterio de Silos, pero no fue escrito allí, que en el siglo XIX lo salvaron seis monjes benedictinos y que hasta ahora no se había publicado exento de las Glosas Emilianenses. Pero es que las Silenses son un penitencial que ordena las penitencias correspondientes a los pecados más comunes y cada castigo viene graduado según razón.

Esta singularidad hace que el documento sea decisivo para quienes se interesan por la vida social del medievo europeo, ya que recoge los agravios más frecuentes oídos por los clérigos en sus garitas. A su inestimable valor científico hay que añadir un uso como pauta de punición personal.

El primero de los castigos reseñados es la embriaguez de los obispos, lo que da que pensar, pero lo más curioso, sin embargo, es el extenso apartado de pecados sexuales. Así, cuando se peca con animales antes de cumplir los 20 años, son 15 de penitencia, en cambio, si es con “ganado menor” te caen 25. Hay castigos severos para quien “fornica con la madre y con la hija” y el mismo para quien “fornica con una mujer muerta”, que es: “toda la vida”. Y así cien más.

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