La insoportable levedad del ser

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OMAR CERVANTES

Aclaro al lector que el título del artículo no tiene nada que ver con la magistral obra de Milán Kundera y mucho menos pretende abordar los temas de pareja, ni el alma o el cuerpo visto desde la perspectiva conflictiva de la vida sexual o afectiva como en su libro publicado en 1984, sino que más bien he tomado el nombre prestado porque me parece muy característico de lo que estamos viviendo en este 2020, marcado por la pandemia del Covid19.

La pesadez de la levedad o la levedad de la pesadez, más que ser un juego de palabras y muy lejos de la magistral filosofía de Kundera, es una imagen que me viene a la mente cuando observo que, en el ocaso del año, después de ocho inéditos meses en que las personas modificamos nuestros hábitos ordinariamente habituales, por causa del coronavirus, en diversos escenarios afloran diferentes facetas de la condición humana ante lo extraordinariamente desconocido que hemos experimentado en todo el planeta.

En materia de salud mental, ayer celebrábamos el Día Mundial sin Alcohol y una amplia jornada nacional de prevención sobre el alcoholismo y su comorbilidad con la depresión en estos meses de aislamiento social, miedo al contagio, pérdida de empleos y confinamiento obligado, entre otros factores que han marcado a los seres humanos en estas largas semanas que, para muchos han sido como auténticas pesadillas.

Curiosamente también este domingo, después de terminar nuestra transmisión en vivo por Facebook para “La Alegría de Vivir sin Adicciones”, recién hablábamos de cambiar de creencias para una mejor vida, incluyendo a las personas con alcoholismo, cuando al abrir nuestro Twitter nos encontramos una nota que con videos narraba cómo en Nuevo León (como seguramente pasa en muchos estados del país) los antros operan de forma clandestina toda la madrugada y sin ninguna medida sanitaria para evitar la propagación del virus.

Más allá de entrar a analizar si detrás de este tipo de acciones existe corrupción o no, nos llama la atención la insoportable levedad del ser que, mientras en algunos sitios extreman las medidas sanitarias para prevenir el aumento de contagios de esta pandemia que tanto ha azotado a nuestra sociedad, otros en cambio prefieren la diversión y libertinaje clandestino, como si al cerrar las puertas se pudiera evitar la presencia del Covid19 o como si esas zonas gozaran de autoinmunidad.

¡Sigo sin entender la condición humana cuando trato de comprender estos hechos, mientras cientos de miles de mexicanos han perdido sus fuentes de ingreso debido a que se han quedado sin sus empleos o negocios, producto de las medidas de aislamiento social!

Y paradójicamente videos como ese circularon en el día en que celebramos una jornada de prevención al uso excesivo o descontrolado de bebidas alcohólicas, como las que se muestran en el video, para el placer de sus consumidores.

Lo mismo me sucede cuando sigo viendo en redes sociales gente que presume aún sus disfraces en sus pasadas fiestas de “Halloween” hace apenas un par de semanas, sin sana distancia, sin cubrebocas y sin ser a todas luces reuniones con cupo limitado, como si el letal virus nunca hubiera existido o hiciera un descanso para que los jóvenes pudieran celebrar este tipo de festividades que no pueden esperar.

¿Acaso ya “normalizamos” la existencia del virus a tal grado que ahora lo desafiamos como si no existiera, a pesar de que las autoridades, a esas a las que se les responsabiliza de todo, han insistido en que no debemos bajar la guardia ante el repunte de contagios en muchas ciudades del país?

En verdad me parece que la raza humana en muchos segmentos no tiene remedio, cuando veo el antagonismo de miles de empleados que perdieron sus trabajos o miles de comerciantes que cerraron sus negocios, mientras, ¿por qué no?, se reanudan los juegos de futbol internacional como los de la Selección Nacional (suponemos que es una actividad muy esencial), como si los 25 que están en la cancha, más las bancas, entraran al terreno de juego con un pase de inmunidad por 90 minutos.

El sábado a la hora del partido (sin público en las gradas, ¡uff!) me tocó ir al hospital a consulta con el dentista y me sentía muy seguro al leer en los elevadores todas las recomendaciones para evitar contagios, mientras que cuando pasé al sillón de atención veía cómodamente el juego de México con Corea en un deporte de contacto, en ocasiones respirándose frente a frente entre ellos, preguntando hacia mis adentros, ¿cómo le harán? ¿acaso les practican una prueba instantánea anticovid antes de entrar a jugar o cómo le hacen para que ellos no tengan que seguir medidas que el resto del planeta si debemos atender?

Ya para entonces la insoportable levedad de mis dudas existenciales me continuaban cuestionando, ¿cómo le hacen en la NFL, en la NBA y en todos los deportes profesionales que reanudaron sus actividades? ¿Acaso el hecho de que jueguen sin público y que se transmita por televisión desinfecta a los jugadores?

Más bien creo que la respuesta está en la naturaleza desafiante de la condición humana, pensando cómodamente que “eso nunca nos pasará a nosotros”.

Podría gastar cientos de palabras más en este texto para ilustrar las contradicciones de la humanidad que aún en tiempos de crisis como la de este año, parece que no experimentamos en cabeza ajena y solemos vivir al extremo, pensando en que nada negativo nos pasará, como los que trabajamos con adictos cuando ellos dicen que no tienen la enfermedad o aseguran que la pueden controlar, igual que otros procesos del desarrollo personal.

Hace ya varias semanas preguntaba si el Covid19 en realidad nos haría más conscientes y responsables. Ante hechos como los hoy narrados, mi lector tiene la mejor respuesta.

https://www.milenio.com/opinion

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