El laberinto legal para fumar mariguana

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CARLOS PUIG

Es un primer paso, eso es cierto y hay que aplaudirlo. Aunque darlo costó tanto que no está claro si algún día se dará el segundo. Ayer, el Senado aprobó la iniciativa que regula la siembra, comercialización y consumo de mariguana en el país.

Se quitó antes de llegar al pleno el absurdo aquel de que todo consumidor adulto debería tener una licencia otorgada por el gobierno, pero lo aprobado sigue siendo un abigarrado laberinto de regulación.

Cito algunos apuntes hechos ayer por México Unido Contra la Delincuencia, una de las organizaciones que más sabe de esto y que más ha peleado por la descriminalización de la mariguana:

Prevalece el uso del sistema penal, ya que no se eliminan los delitos contra la salud, empezando por el de posesión simple ni se ajustan las sanciones para que sean proporcionales. Además, crea un sistema paralelo de sanciones administrativas; en caso de que una persona esté en posesión de más de 28 y hasta 200 gramos de cannabis sin autorizaciones será remitido a la autoridad administrativa y se impondrá una multa que va de 60 a 120 veces la Unidad de Medida y Actualización (entre 5 mil 500 y 15 mil pesos).

Continúa la criminalización de las personas de escasa instrucción y extrema pobreza que se dediquen al campo. Se establece una pena de seis meses a tres años para personas campesinas si cultivan cannabis sin licencia.

Deja abierta la posibilidad de exigir condiciones y requisitos sobre el domicilio o casa habitación donde se realice cualquier actividad relacionada con el cannabis y permitir que la autoridad administrativa entre a hacer verificaciones. Establece medidas invasivas en el domicilio de la persona que siembra y adecuaciones costosas e inviables como imponer barreras físicas.

Para que una persona realice el consumo de cannabis exige que todas las personas presentes hayan dado su consentimiento, esto se convierte en algo imposible de ser supervisado.

Las condiciones que impone a productores y comercializadores son tantas —desde definiciones de empaques, procesos de producción y condiciones fiscales— que favorecerá a grandes empresas.

Y así, otras complicaciones. Pero es un paso. Pequeño, temeroso y complicado. Veremos cómo se opera y funciona.

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