El otro día, Rafa Nadal, un señor que gana e influye intelectualmente pegándole a una pelota muchísimo más de lo que influirían y ganarían juntos  hoy mismo Cervantes, Maria Salomea Curie y Shakespeare, por todas sus inmensas aportaciones al conocimiento humano, opinó sobre el choriceo de un tal don Juan Carlos I.

–Puede que se haya equivocado. Pero hay que recordar siempre lo que ha hecho por España.

A ver, Rafa, admirado, uno se puede equivocar con tres euros en la cuenta de un bar, pero no con 50 millones en Suiza. Es lo que nos pasa por dar más prestigio intelectual a un tonto que le pega a una bola que a Javier Reverte. Yo ahora le exijo a Rafa Nadal algo más: que nos diga lo que él considera que ha hecho Juan Carlos por España. Que profundice. Que nos abra el jardín de su pensamiento y de su conocimiento de la historia. Yo necesito saber, como ciudadano algo leído, lo que Rafa Nadal cree que “hay que recordar que Juan Carlos I ha hecho por España”. Con citas, autores y parafernalia bibliográfica, que seguro que a Rafa Nadal le sobra. Y por eso le han preguntado como gran intelectual español. Cuando el juico de Al Capone, también muchos musculados deportistas aseguraron en la prensa que Al había hecho mucho por lo jóvenes.

Yo no digo que Rafa Nadal sea un imbécil, pero no creo que se deba entrevistar a un tenista sobre la historia de España, y que su opinión se difunda en todos los grandes medios como si este tío supiera algo de nada. Nadal ha hecho el ridículo porque, como millonario que es por darle a una pelotita, le han hecho creer que su revés puede valer tanto como la prosa de Pardo Bazán, a quien quizá no conozca.

Estoy escribiendo esto de madrugada mientras escucho al mismo tiempo todas las radios y todas las teles, a punto de enloquecer, y todavía no he escuchado la palabra fascista. Nuestros comunicadores han eliminado la palabra fascismo para definir al fascista. Al fascista, hoy, se le llama trumpiano, se le llama radical, se le llama digno votante de Vox o del PP, se le llama ultra… Nadie llama fascistas a los votantes de Trump, cuando el gobierno de Trump ha esterilizado a decenas de miles de mujeres en las fronteras de México. ¿Qué cojones esperamos para llamar fascista a un fascista? ¿A un Mengele con mucho más poder que Mengele? Al tonto que dice que Juan Carlos I solo se ha equivocado, también hay que llamarlo fascista. Porque Rafa Nadal tiene grandes equipos de comunicación a su alrededor.

En los últimos tiempos, la palabra comunista se ha convertido en un insulto y el término fascista en un simpático eufemismo. Tanto que los comunistas se avergüenzan de confesar que lo son y los fascistas dicen que no son fascistas, jaja, pero ejercen divertidamente el fascismo.

La izquierda, el socialismo, el comunismo, incluso la social-democracia, han interiorizado tanto la derrota ante el fascismo que esta noche, incluso, nadie en la tele ni en las radios se atreve a llamar a Trump fascista. Ni a Rafa Nadal, cómplice. Yo prefiero pensar que Rafa es cómplice, porque si no lo fuera, diciendo estas cosas, parecería sencillamente gilipollas. Pues pocos creemos en las equivocaciones de 56 millones de euros.

–Puede que se haya equivocado. Pero hay que recordar siempre lo que ha hecho por España.

Por eso, hoy, en EEUU, se elige entre un fascista republicano y un fascista demócrata. Y no hablo por hablar. Tengo experiencia, como vosotros. La gran promesa del ultraizquierdista negro Barak Obama de cerrar los campos de tortura y concentración de Guantánamo. Era campaña electoral. Después ganó. Fue presidente ocho años. Mantuvo el campo de Guantánamo. Siguieron las torturas. Siguieron los asesinatos. Seguía siendo fascismo. Obama, por mucho que os pongáis tiernos, seguía siendo fascismo.

La izquierda nos negamos a torturar. No sabemos ni queremos torturar. Que ningún gobierno que torture se atreva a llamarse de izquierdas. Por cierto, últimamente vi al torturado Leopoldo López en Madrid mucho mejor que a Víctor Jara. Ni un rasguño. Se conoce que a los torturados de Venezuela se les tortura blandito. Lo digo por poner solo un ejemplo. Tenía Leopoldo un moreno que ya quisiera yo para mí. Quizá sea impresión mía, pero yo veo al Leopoldo mucho mejor que a Julian Assange.

El fascismo es considerar que Leopoldo López es un preso político y Assange un delincuente. El fascismo es pensar que Trump es conservador. El fascismo es asegurar que Felipe González es socialista. El fascismo es aceptar que un desahucio no es fascismo. El fascismo somos todos, en resumen. Y, mientras no nos defendamos de nosotros mismos, no sus preocupéis: los resultados de las elecciones en EEUU nos van a dar igual.

https://blogs.publico.es/rosa-espinas