Un megatsunami de cientos de metros de altura podría producirse en Alaska en los próximos 12 meses

Un estudio en forma de carta abierta advierte de que el evento, que podría ser hasta 11 veces más potente que el de 1958, se debe a los movimientos de tierra causados por el deshielo de los glaciares

En la imagen, pueden verse los daños causados por el megatsunami de la bahía de Lituya en 1958. Las áreas más claras muestran dónde los árboles fueron arrancados de raíz. La flecha roja muestra el punto en el que se produjo el desprendimiento de tierra y la amarilla señala el punto más alto alcanzado por la gigantesca ola de 523 metros
En la imagen, pueden verse los daños causados por el megatsunami de la bahía de Lituya en 1958. Las áreas más claras muestran dónde los árboles fueron arrancados de raíz. La flecha roja muestra el punto en el que se produjo el desprendimiento de tierra y la amarilla señala el punto más alto alcanzado por la gigantesca ola de 523 metros – D.J. Miller, United States Geological Survey – USGS

El 9 de julio de 1958 la escarpada bahía de Lituya, al noreste del golfo de Alaska, fue testigo del mayor megatsunami registrado en tiempos históricos. Aquella mañana, un seísmo de magnitud 8,3 hizo que desde uno de los flancos de la bahía se desprendieran más de 30 millones de metros cúbicos de roca, que cayeron al agua desde una altura de 914 metros y levantaron una ola gigante de 523 metros que avanzó furiosa hacia mar abierto. En su marcha, a 200 km/h, la descomunal ola barrió, literalmente, los dos lados de la bahía, arrancando árboles y rocas hasta una altura de más de 500 metros. Se trata del mayor megatsunami del que se ha tenido noticia hasta ahora.

Hubo testigos. En aquél momento, en efecto, tres pequeñas embarcaciones de pesca se encontraban en la bahía de Lituya: el Badger, en el que viajaba el matrimonio formado por Bill y Vivian Swanson; la Edrie, en la que se encontraba Howard Ulrich con su hijo de 8 años, Sonny; y el Sunmore, con el matrimonio formado por Orville y Micker Wagner a bordo.

Al ver la montaña de agua avanzando hacia ellos a toda velocidad todos se quedaron petrificados, y sus reacciones fueron diferentes. Y sus destinos también. El Badger fue levantado por la ola y llevado a toda velocidad hasta mar abierto, donde finalmente se hundió. Los Swanson, sin embargo, vivieron para contar su experiencia. Los ocupantes del Edrie también lograron sobrevivir gracias a la maniobra desesperada de Howard Ulrich tratando de salvar a su hijo pequeño: se dirigió directo hacia la ola y la cabalgó. La Sunmore, sin embargo, trató de huir de la muralla de agua que se le venía encima y fue arrollada por ella. El matrimonio Wagner pereció.

Como un meteorito

Estudios posteriores establecieron que la fuerza con la que las rocas cayeron al agua podría compararse a la del impacto de un meteorito. Y ahora, un equipo de investigadores ha enviado un estudio, en forma de carta abierta, al Departamento de Recursos Naturales de Alaska (ADNR) para advertir de que un episodio similar podría volver a producirse “de forma inminente”, durante los próximos 12 meses. La causa, un deslizamiento catastrófico de rocas que han quedado inestables tras derretirse los glaciares de la región.

Los investigadores, en efecto, aseguran que el retroceso de los glaciares en Prince William Sound, a lo largo de la costa sur de Alaska, están teniendo un fuerte impacto en las laderas de formaciones montañosas a menos de 100 km de Anchorage, la ciudad más poblada de ese estado norteamericano. El análisis de imágenes de satélite sugieren, de hecho, que a medida que el glaciar Barry se derrite y se retira, una gran “cicatriz rocosa” está emergiendo en la cara de la montaña que hay justo por encima de él.

Consecuencias terribles

Según los científicos, eso es una prueba de que ya se está produciendo un deslizamiento de tierra gradual y lento sobre el fondo que podría provocar el derrumbe de toda la pared rocosa. Si eso sucediera, las consecuencias podrían ser terribles, ya que la zona es frecuentada por numerosas embarcaciones comerciales y recreativas.

“Al principio -asegura Chunli Dai, geofísico de la Universidad Estatal de Ohio y uno de los firmantes de la carta- nos resultó difícil creer las cifras. Basándonos en la elevación del depósito sobre el agua, el volumen de tierra que se desliza y el ángulo de la pendiente, calculamos que un colapso liberaría 16 veces más escombros y 11 veces más energía que el deslizamiento de tierra de 1958 en la bahía de Lituya”. Si los cálculos son correctos, la magnitud del megatsunami resulta difícil de imaginar.

Sin ir más lejos, un evento de deslizamiento mucho menor, registrado en 2015 en Taan Fiord, en el este de Alaska, ya causó un tsunami que alcanzó los 193 metros de altura. “Las pendientes como esta -se explica en el estudio- pueden cambiar de un avance lento a un deslizamiento de tierra rápido debido a una serie de desencadenantes. A menudo, la lluvia intensa o prolongada resulta ser un factor importante, así como los terremotos, el deshielo del permafrost impulsado por un clima cálido o la nieve y el hielo de los glaciares”.

Retroceso de los glaciares

“Cuando el clima cambia -dijo a The Guardian el geólogo Bretwood Higman, coautor del trabajo- el paisaje tarda en adaptarse. Y si un glaciar retrocede muy rápido, puede ´tomar por sorpresa´a las laderas circundantes, haciendo que se derrumben de forma catastrófica en lugar de irse ajustando gradualmente”. La opinión general es que el retroceso de los glaciares aumenta la probabilidad de que se produzcan este tipo de dramáticos deslizamientos.

Según el estudio, que se publicará próximamente en una revista científica, una falla masiva y repentina podría generar un tsunami de varios cientos de metros de altura que se propagaría por toda la costa, tanto en Prince William Sound como en bahías y fiordos lejos de la fuente.

“Es algo realmente aterrador -dice Higman al comparar este tipo de sucesos con las erupciones volcánicas-. Tal vez estemos entrando en una época en la que necesitamos mirar los paisajes glaciares con el mismo tipo de lente”.

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