Maestros

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La rivalidad entre Roger Federer y Rafael Nadal se volvió institucional, no pertenece al tenis, es fundamental para entender la razón del deporte.

No se trata de un espectáculo que entretiene a millones de personas, su carrera, como si fuera una sola, ha servido para honrar los valores que vuelven al deportista un ejemplo para mejorar la vida de las personas. Viéndolos competir se aprenden muchas cosas que el profesionalismo con su desproporcionada devoción por el éxito, dejó en el olvido.

Federer y Nadal no entienden la victoria como conquista, sino como un ejercicio de nobleza frente a su rival. Cada uno de sus títulos ha sido un homenaje a los vencidos. Son atletas hechos de madera antigua, a quienes la gloria, la fama y la fortuna nunca pudieron alejarlos de la realidad. Los dos mejores tenistas de la historia son, al mismo tiempo, los más sencillos y humildes ganadores. Su juego, rico en propiedades terapéuticas, pedagógicas y emocionales, ofrece a millones de jóvenes la posibilidad de acercarse al deporte como un acto de fe: hace falta creer en algo más allá de una cancha.

Las nuevas generaciones han recibido un mensaje equivocado del profesionalismo en el que la palabra ‘ganar’ parece dominar todos los aspectos de la vida: ganar siempre, ganar más, ganar todo, ganar como sea. La cultura del triunfo como única fórmula para alcanzar riqueza, popularidad y superioridad, sigue haciendo mucho daño al deporte. Saber perder es tan importante como aprender a ganar. Entre uno y otro estado se encuentra la ejemplaridad, porque los grandes campeones como estos se forjan gracias a los grandes derrotados.

Federer y Nadal son gigantes en la victoria e inmensos en la derrota. Los medios hemos cometido el grave error de contar sus triunfos convirtiéndolos en estadísticas indestructibles, levantamos tronos de hierro con su nombre. Pero no es la cantidad de torneos, partidos, medallas y millones lo que hace que estos hombres parezcan sobrenaturales; sino su naturaleza modesta, educada y trabajadora, la que produce admiración, cariño y respeto. El tenis nunca había sido un deporte tan querido como en nuestra época, Federer y Nadal, maestros, le han dado un nivel educativo. 

JOSÉ RAMÓN FERNÁNDEZ GUTIÉRREZ DE QUEVEDO

https://www.milenio.com/opinion/jose-ramon-fernandez-gutierrez-de-quevedo/cartas-oceanicas/

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