Lo Simple

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SUSANA IGLESIAS

Algunos sábados suelo caminar por la calle de Nápoles, es oscura, solitaria, me hace pensar en bares de jazz inexistentes, la colonia Juárez es sombría, ya lo he dicho antes, existe algo en ella que le impide ser luminosa. Semanas atrás, la luz de ese local no me atrajo lo suficiente, tal vez fue el hambre o salir derrotada de la clase de batería, un día pasé más temprano, anunciaban un brunch con birria estilo Baja, mis pasos tenían otros planes: beber en casa. La Juárez en su fragmento llamado Zona Rosa no es una colonia cervecera, es más de cócteles de antro noventero, de luces y calentura sudorosa de cuerpos que antes se friccionaban, ahora están separados o simplemente no están. Entré, sitio acogedor y limpio, madera, metal, dos elementos importantes del lugar, la luz contrasta con la naciente y solitaria calle de Hamburgo que en esa esquina se cruza con Nápoles. Pedí un sándwich a la plancha que no me decepcionó, el sabor crujiente, la mantequilla y el queso derretido (espero sea queso) me recordaron cualquier restaurante o bar de New York. En la década de los años 20, este tipo de sándwich fue muy popular en todo Estados Unidos, tan sólo una rebanada de pan con queso americano, después hacia los años 50 y 60 le pusieron otra tapa. El panel de cervezas es variado, sin exagerar, lugares con cartas extensas me abruman, anuncian una brutal variedad que, para ser honesta, casi todas saben igual. No me pueden acusar de un paladar inexperto, no fumo, muy limpia mi lengua. Pedí una lata de Hércules, el amable barman comentó que abrieron en febrero, fue difícil mantenerse abiertos, la pandemia atrajo tiempos duros para todos; después de devorar mi cena hablé con Jorge Reyes que estaba recargado en la barra tras un pesado día de trabajo, me dijo que ahí mismo tenían el cuarto de pócimas donde él elabora cerveza. Jorge es un tipo serio, esa impresión da, desde sus ojos de abismo le gusta mirarte fijamemte sin decir  casi nada, su rostro es sereno, posee una belleza silenciosa, esa de los buenos bebedores. Casi todas las aventuras se gestan en la complicidad, Miguel Cervantes, Andrés Valverde, dos amigos que crearon un local de cervezas artesanales y bocadillos llamado: Simple. Cuando terminé la Hércules, pedí una cerveza estilo belga de la casa, me advirtieron que era de altos vuelos alcohólicos, no puedo recordar cómo se llama, al terminar pedí tres más, después dos Ipa, una Porter, cuando llegó la Dry Stout me acobardé, la noche empezaba su rumbo a otro escenario, llegaron Martha Vázquez y Kevin Ruíz por mí, dos escritores con los que suelo hablar hasta que nos echan de los bares. Ya casi es día de muertos, para celebrar, Simple, estrena su Pumpkin Ale este fin de semana, de estar hecha al estilo tradicional estadounidense tendrá malta Pilsen en mayor porcentaje que Munich, adjuntos de: canela, nuez, calabaza, sólo la he probado en Nueva York, iré hoy más tarde para sentirme en esos bares perdidos de carretra newyorkina.  

 

* Escritora. Autora de la novela Señorita Vodka (Tusquets)

https://www.milenio.com/opinion/susana-iglesias/cronica/lo-simple

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