La Historia la hacen quienes no son parte de la “historia”

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EPIGMENIO IBARRA

La televisión no quiso verlo. La radio guardó silencio. La prensa no dijo nada. Salvo honrosas excepciones, los medios de comunicación en México, la inmensa mayoría de las y los reporteros, columnistas, presentadores de radio y televisión dieron la espalda a un hecho histórico. No tuvieron la sensibilidad, agudeza, inteligencia, humildad y profesionalismo para rendirse ante la única dictadura ante la que ha de someterse quien cumple una tarea informativa: la de los hechos.

¿Cuándo, en la historia de este país, más de dos millones de personas habían acudido a firmar para exigir que, en una consulta ciudadana, se decida si se ha de llevar o no a juicio a los ex presidentes? ¿Cuándo habíamos visto que tanta gente respondiera en tan corto plazo —solo 10 días— al llamado de dos jóvenes activistas, víctimas ambos de la violencia desatada por el viejo régimen? ¿Cómo se corrió la voz si los medios no hicieron eco alguno de la convocatoria y no hubo detrás de esta iniciativa ni el aparato ni el dinero que se requiere para movilizar a centenares de miles de personas?

¿Cómo se organizaron los activistas? ¿Cuántos eran? ¿Cómo se comunicaron entre sí y con la gente? ¿Cómo, en poco más de 48 horas, concentraron las firmas venidas de todo el país, ordenaron más de 282 mil hojas, las foliaron, las entregaron antes de las 12 de la noche del 15 de septiembre en el Senado de la República? ¿Por qué no estaba la casita en Tepeji 14, donde se clasificaban los miles de formatos, atiborrada de cámaras de televisión? ¿Por qué ningún líder de opinión se hizo presente?

¿Por qué no se ha hecho el menor esfuerzo para descifrar esta movilización ciudadana sin precedentes? ¿Por qué solo se atiende lo sucedido con la petición presidencial en la Suprema Corte de Justicia? ¿Por qué no se cuenta lo que sucede —en estos momentos— en el centro de impresiones del INE donde funcionarios de esa institución —bajo la mirada de ciudadanas y ciudadanos— recuentan y validan las firmas?

No lo sé, pero lo considero un agravio.

A los medios en México, demasiado atentos al poder, deslumbrados por él, acostumbrados a rendirse ante él, hoy, que como nunca les sobra independencia y libertad, les hace falta —como siempre— calle, terracería, país por recorrer.

Pese a lo sucedido en las urnas el 2018 no se dan cuenta aún de que la historia la hacen quienes no son parte de la historia: ciudadanas y ciudadanos anónimos que no les merecen ni una mirada, que no habrán de estar en las primeras planas de los diarios, que serán a lo sumo imágenes fugaces en la televisión o voces de fondo en la radio.

Acomodados en sus despachos. Plantados en sus estudios de radio y televisión, las y los líderes de opinión esperan que la historia les pida cita, acuda a su medio, se rinda ante ellas y ellos. Su soberbia, resultado de lo que fuera un perverso amasiato entre prensa y poder, les condena a perderse la historia.

No cuentan los medios —ni la inmensa mayoría de las y los comunicadores— cómo el país se transforma, cómo se gesta la democracia participativa y cómo ya no se trata tan solo de votar, callar y obedecer.

Quienes deberían dar testimonio puntual de los hechos cierran los ojos ante lo que en silencio hacen millones de personas y, en cambio, se rinden ante la estridencia, el espectáculo de un puñado de fanáticos. Pesan más en la prensa las tiendas de campaña vacías —a las que habrá de llevarse el viento— que las firmas de más de dos millones de personas que cambiarán la historia.

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