‘God save the game’

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JOSÉ RAMÓN FERNÁNDEZ GUTIÉRREZ DE QUEVEDO

Los ingleses refundaron una Liga en la que escurría sangre, veneno y cerveza, convirtiéndola en un paraíso de los fanáticos, un sueño de los sponsors y un botín para los sistemas de televisión que volvieron al inglés un futbol VIP, con señales premium para distribuir, y un sello de calidad para vender.

El éxito de la Premier consistió en fusionar el tiempo: mantuvo los ritos ancestrales que protegen las tradiciones de sus equipos y siguió las mejores prácticas de las principias Ligas estadunidenses, las más avanzadas del deporte mundial, agregando una robusta estructura comercial que rentabilizó su enorme extensión territorial.

Durante años, el dinero fue la gran estrella de una Liga que se acostumbró a administrar la riqueza, pero como sucede con todos los excesos, pueden crearse vicios que a la larga ponen en riesgo la estabilidad de cualquier organización. El caso del Manchester United, un equipo de origen obrero a quien el dinero transformó en una poderosa corporación cotizada en Wall Street, enseñó las costuras de un modelo que empieza a descoserse.

Cuando un equipo compra un defensa de 26 años en 85 millones de euros, es porque el mercado se rompió por completo. Un año después del traspaso de Harry Maguire, del Leicester al United, en Manchester resolvieron que la mejor fórmula para seguir gastando un dinero que se agota, es repartirlo entre menos equipos, abolir Copas, cancelar subsidios a la Liga femenil, reglamentar el precio de las entradas a los estadios simulando un apoyo al seguidor incluyendo bonos de transporte y reorganizar la impecable distribución de la bolsa por derechos de televisión.

La iniciativa, en la que participó el Liverpool engañado por su rival, fue rechazada por el resto de los clubes, fracturando una de la asociaciones más respetuosas del deporte. La Premier puede perder el dinero, pero jamás perderá su señorío. God save the game.

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