Antes (no me pregunte cuándo es antes), como no sabíamos que el rey Juan Carlos I robaba a manos llenas, que se llevaba su fortuna fuera de España, que aquí no pagaba esos impuestos, que aprovechaba la Jefatura del estado para su enriquecimiento personal prestando servicio a países donde no conocen los derechos humanos, como no lo sabíamos, no pasaba nada.

Antes, como no sabíamos que el dictador Francisco Franco estaba enterrado con honores de Estado en un mausoleo pagado por todos los españoles y españolas, que el Estado le ponía flores frescas de forma habitual en nuestro nombre, que se le seguía rindiendo pleitesía, como no lo sabíamos, no pasaba nada.

Antes, como no sabíamos que la familia del dictador mantenía todas las propiedades y riquezas que habían robado, no pasaba nada.

Antes, como no sabíamos que más de 114.000 asesinados y asesinadas siguen en fosas comunes, que ningún gobierno de ningún color ha dado un paso para remediarlo, que España es la democracia más inhumana del mundo en ese sentido, como no lo sabíamos, no pasaba nada.

Antes, como no sabíamos que todos los presidentes de esta democracia, del color que sean, apoyaban públicamente al hombre que condecoró a los peores torturadores de la democracia, que los colocó al frente de la policía “democrática”, que estuvo detrás de represiones con resultado de asesinatos, como no lo sabíamos, no pasaba nada.

Antes, como no sabíamos que los sindicatos conocían las atrocidades perpetradas por ese hombre, el franquista llamado Rodolfo Martín Villa, que sus principales líderes y los referentes de la lucha obrera eran capaces de dar la cara por él, de uno en uno y por escrito, como no lo sabíamos, no pasaba nada.

Antes, como no sabíamos que existía la extrema derecha en España, capaz de negar la violencia contra las mujeres y sus asesinatos, herederos de la dictadura y su violencia, racista y homófoba, aspirante a un nuevo fascismo, como no lo sabíamos, no pasaba nada.

Antes, como no sabíamos que nos estaban dejando sin Sanidad pública, que nos estaban dejando sin Educación pública, que los presupuestos (nuestro dinero) dedicados a dichas áreas iban adelgazando a medida que engordaban la sanidad y la educación privadas, gobierno a gobierno, como no lo sabíamos, no pasaba nada.

Antes, como no sabíamos que el Estado español, sea cual sea el gobierno al frente, del color que sea, regala a la Iglesia católica, además de bienes y propiedades varias, más de 11.000 millones de euros al año, como no lo sabíamos, no pasaba nada.

Ahora ya lo sabemos.

Durante muchos años los medios de comunicación han callado, todos ellos, todo lo anterior. Ahora ya no, principalmente porque han aparecido nuevos medios, digitales, y nuevos canales de información, como las redes sociales. En muchas ocasiones he escrito sobre la responsabilidad de los medios de comunicación en el silencio que ha ido convirtiendo España en un país que mantiene fresco su lado siniestro, que decora de folclore su castigo a la Cultura y que considera la Educación como un asunto de última importancia. Sin embargo, ya no es así, ya no existe ese silencio.

Ahora han ido apareciendo todas las informaciones anteriores, todas las que no queríamos saber, y por eso no sabíamos. Ese no saber se ha convertido durante décadas en la mejor excusa para no mover un dedo.

Pues bien, ya lo sabemos. Y aquí no pasa nada. Así que quizás toda la responsabilidad no era de los medios de comunicación.

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