Neus Sabaté: «Hemos hecho una batería de papel que se usa, se tira y no contamina»

La investigadora ha ganado el Premio de Física por un ingenio diseñado para kits de diagnóstico que incluso podrían detectar el coronavirus

Neus Sabaté muestra su batería de papel

Neus Sabaté muestra su batería de papel – Fundación BBVA

 

Dicen que las buenas ideas vienen en los momentos de desconexión, cuando el cerebro se encuentra relajado, casi distraído. A Neus Sabaté, investigadora en el Instituto de Microelectrónica de Barcelona (CNM-CSIC), el momento «eureka» le llegó mientras se hacía el test de embarazo de su segundo hijo. Dándole vueltas al envoltorio, descubrió que en las instrucciones el fabricante recomendaba abrir la prueba y extraer la pila de botón contaminante para reciclarla. «Esto no lo hace nadie -pensó-, vaya gasto de recursos y energía». Entonces tuvo una ocurrencia genial que desarrolla en su propia empresa, Fuelium, y por la que acaba de recibir el Premio de Física, Innovación y Tecnología de la Real Sociedad Española de Física (RSEF) y la Fundación BBVA: la batería de papel.

-Batería y papel son dos palabras que no parecen casar bien juntas.
-Es una alternativa sostenible a las pilas de botón. Es barata, de un solo uso, con el mismo ciclo de vida que el producto del que es fuente de energía y no contamina.

«Hemos deconstruido la pila. La hemos pensado desde el principio»
-¿Cómo funciona?

-Se trata de una tira de papel con dos electrodos de materiales no tóxicos que reaccionan con un fluido humano, ya sea orina, sangre o saliva. Lo hemos patentado. Y hemos cambiado el paradigma de las baterías como se habían entendido hasta ahora, cajitas cerradas que uno mete en un móvil para que le duren cinco años cargándose y descargándose cada día. Nosotros las hemos deconstruido.

-¿Deconstruido, como si fuera Ferran Adriá?

-Sí. Pensamos la pila desde el principio. No queremos que dure cinco años, le quitamos los electrolitos corrosivos y partimos de algo muy sencillo donde primamos el ciclo de vida del producto. Intentamos hacerla lo más sencilla, barata y sostenible posible usando el menor número de materiales y todos ellos no tóxicos e incluso biodegradables.

-Parece muy revolucionario.

-La pila de botón de un test de embarazo digital, por ejemplo, está diseñada para hacer hasta cien test. Pero después de un uso, ya la tiras, así que toda esa energía almacenada no se aprovecha. Es una gran pérdida. Por eso, la batería tiene que adaptarse al producto al que va a alimentar.

-Entonces, ¿para qué podría emplearse su batería?

-Al principio pensábamos en los test de embarazo, pero ahora tenemos un proyecto con la fundación Bill y Melinda Gates para desarrollar una tecnología aplicada a pruebas moleculares de un solo uso. El objetivo es aplicarlas a sistemas portátiles de diagnóstico para detectar mejor y más rápido enfermedades infecciosas como malaria, tuberculosis y sida en África. Pero es que también serviría para diagnosticar el covid.

-¿De qué manera?

-En vez de hacer la PCR en el hospital la batería podría calentar de manera fácil un test portátil que lleve el reactivo para la detección del covid. Es muy sencillo, rápido (menos de 30 minutos) y muy barato. Pero no vamos a llegar, la pandemia nos ha pillado muy pronto. Eso sí, se ha visto que también el primer mundo necesita algo así.

-¿Qué otras aplicaciones tiene?

-Trabajamos en un glucómetro que usa la energía en una gota de sangre para medir el nivel de glucosa, lo que podría ser útil para diagnosticar la diabetes en países en vías de desarrollo. Y un parche de un solo uso para diagnosticar fibrosis quística en bebés mediante el sudor. También en la creación de nuevos productos para ayudar a la penetración de cosméticos en la piel. Y en la monitorización remota de proyectos medioambientales: baterías biodegradables que pueden durar hasta un mes, se dejan en el suelo de un campo o un bosque y desaparecen.

«O hacemos nuestra propia industria o nos quedamos como un país de turismo y pandereta a merced de multinacionales»
-Ha contado con respaldo económico internacional para sus proyectos. ¿Hay suficientes ayudas en España?

-No. Los fondos públicos se han ido recortando de manera dramática hasta el punto de que la inversión es ahora menor que la que había en 2010. Y son muy necesarios para poder sacar adelante un prototipo de laboratorio. Así, puedes llegar a los inversores privados con un proyecto que sea más maduro y que tenga más valor.

-¿Innovamos poco?

-El sistema español de investigación debería incentivarnos mucho más a innovar, a sacar nuestros desarrollos fuera del laboratorio y montar aventuras, porque, al final, o nos quedamos siendo un país de turismo y pandereta, o nos quedamos a merced de las multinacionales que se quieran establecer en España. Es el momento de crear nuestra propia industria.

«Los investigadores se forman y se van. Es una fuga de cerebros enorme»
-Las consecuencias…

-El talento se nos va fuera. Los investigadores se forman y se tienen que ir del país. Eso es una fuga de cerebros enorme. De una cosa que me siento orgullosa es de los investigadores en el extranjero que se han vuelto a trabajar con nosotros. Es muy importante ese mensaje: una inversión de hoy es una rentabilidad para mañana. Un proyecto como el mío puede tardar unos diez años en madurar, pero después ha venido para quedarse.

-¿Y qué pasó con su positivo?

-Pues que ya tiene siete años y, con el premio, es más consciente de lo que vino con su embarazo. A mi hija mayor le entran los celos. Le digo que escoja una carrera técnica y haga cosas que mejoren el mundo.

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