¿Hizo trampas Trump? No me importa, lo sigo

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ROMÁN REVUELTAS RETES

El reportaje de The New York Times sobre los impuestos de Donald Trump tendría que ser simplemente devastador para su persona. Sus seguidores, sin embargo, lo descartan sin mayores ambages porque no creen que sea cierto lo que revela el diario. Peor aún: así fuere que el hombre se las ha apañado para evadir el pago de sus obligaciones tributarias, no les importa.

Estamos viviendo tiempos muy extraños en los que la verdad no cuenta y los datos duros son ignorados casi por principio. Lo que vale es lo otro, los “hechos alternativos” –como herramienta para sustentar lo injustificable cuando persiste todavía una tibia intención de validar las cosas— o, de plano, la galopante emocionalidad que conecta al fanático con el populista de turno. Lo que verdaderamente importa es su retórica, sus gestos, sus desplantes y sus bravatas. La realidad misma se desecha con calculada selectividad.

Ocurre también que los adeptos deciden ignorar un segmento entero de la personalidad del caudillo por justipreciar un único elemento por encima de todo los demás y es por ello que la derecha religiosa de los Estados Unidos mira hacia otro lado al enterarse, entre otras cosas, de que el inquilino de la Casa Blanca es adúltero o de que ha tenido muy dudosos tratos con las mujeres porque el factor decisivo, para los protestantes evangélicos y los católicos fundamentalistas, es que Trump se ponga meramente del lado de los conservadores, así sea de palabra.

El advenimiento de los mentirosos –aquí, allá y acullá— ha terminado por instaurar el imperio del cinismo y por envenenar la vida pública. Es muy desalentador, aparte de preocupante, porque esperábamos que el proceso civilizatorio nos hubiera llevado ya a consagrar la razón por encima de la ignorancia, a validar la ciencia como instrumento exclusivo para explicar la realidad de las cosas, a atender las voces de los expertos en lugar de seguir a los propaladores de engañifas y a privilegiar la verdad en vez de creer extravagantes patrañas.

Las vacunas han erradicado enfermedades que antes provocaban millones de muertes, la Tierra es redonda –no plana— y Trump es un tramposo y nada más. Ah y, encima, ni tan rico ni tan exitoso sino viviendo siempre al borde de la bancarrota. Pues eso.

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