Futuro

La covid-19 no es una grieta, es un boquete en toda regla, un agujero negro que se traga cuanto pasa por sus bordes

Varias personas con mascarilla hacen cola en una oficina de empleo en Barcelona.
Varias personas con mascarilla hacen cola en una oficina de empleo en Barcelona.©CONSUELO BAUTISTA /

 

En una realidad delirante como la del capitalismo sin fronteras, ha irrumpido de súbito una realidad real, aunque modesta, que es la covid-19. No sabemos qué hacer con ella porque en la realidad delirante éramos personajes y en la realidad real somos personas. Imaginen que en la trama de Crimen y castigo, por poner un ejemplo, penetrara el virus de la polio y atacara a Raskolnikov. ¿Qué haría el personaje de Dostoievski con esa variante argumental? Enloquecería el pobre —más, si cabe— y echaría a perder el relato porque esa enfermedad real alteraría gravemente la lógica interna de la historia irreal. Nosotros vivíamos en una ficción en la que de vez en cuando aparecían grietas provocadas por la entrada de la verdad. Pero el edificio, mal que bien, aguantaba gracias al sacrificio de muchos que soportaban los abusos de unos pocos. En cualquier caso, esa cosa llamada cohesión social se mantenía pese a las desigualdades galopantes.

La covid-19 no es una grieta, es un boquete en toda regla, un agujero negro que se traga cuanto pasa por sus bordes, incluidos los delirios financieros del liberalismo económico, de los que a la mayoría solo nos llegaban las migajas. El relato fantástico anterior, contaminado por la intrusión de una subtrama costumbrista, se tambalea como una torre sin cimientos. No hay lector que se lo crea. Corremos el peligro de que la gente comience a cerrar el libro de su vida y de la nuestra, de nuestras vidas, y lo abandone en cualquier parte o lo tire a la basura, desde donde quizá llegue a una librería de viejo en la que dormirá durante años o siglos o milenios, hasta que una mano del futuro lo rescate y se asombre, al leerlo, de lo locos que estábamos. Ello, en el caso de que exista el futuro.

https://elpais.com/opinion

Deja un comentario