De la “nueva normalidad” a la época “coronial”

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A la “nueva normalidad” le va a pasar lo mismo que le pasó a los nuevos pesos en los años 90: en cualquier momento le van a quitar la palabra nueva y se va a quedar así, como normalidad.

Es tan duro que sólo unos cuantos lo quieren ver: el lavado frenético de manos llegó para quedarse, el gel antibacterial siempre va a ser parte fundamental de nuestras vidas y los cubrebocas, un accesorio indispensable.

¿Viajes de trabajo? ¿Congresos multitudinarios? ¿Juntas presenciales? ¡Para qué si ya vimos que las videoconferencias lo resuelven todo! Son más rápidas, más prácticas y hasta más baratas.

Nunca más volveremos a soplarle a un pastel de cumpleaños, a ver a alguien estornudar sin sentir miedo o a entender una jornada laboral.

Ya nos acostumbramos a no tener ni hora de entrada ni hora de salida, a trabajar todos los días de la semana, a no dormir de noche y a no entender si toca el desayuno, la comida o la cena.

Ya nos acostumbramos a no tener el trabajo que teníamos antes, a no ganar lo que ganábamos antes, a no vivir como vivíamos antes.

Con el covid-19 no nos perdimos el asco, pero nos perdimos la vergüenza. Ya no nos importa si nos ven vestidos o desvestidos, arreglados o en ropa interior.

La proximidad del virus, de la muerte, nos ha vuelto cínicos, desinhibidos, groseros y egoístas. Ninguna vida es más importante que la nuestra. Nadie tiene más razón que nosotros.

Por lo mismo, todos tenemos permiso para gritar, para insultar y para golpear. Para transmitir, para grabar y para denunciar. Para opinar, para protestar y para destruir.

Tenemos permiso hasta para negar la existencia de la pandemia, para fingir que no nos va a pasar nada, para retar a la enfermedad.

Es miedo. Es incertidumbre. Es impotencia. Es vulnerabilidad. Es pobreza. Es dolor.

Es odio. Es violencia. Es racismo. Es machismo. Es clasismo. Es extremismo.

Es la lucha por la supervivencia, por la superioridad física, emocional y, sobre todo, moral.

Es lo que es y esto no va a terminar nunca, ni con una vacuna ni con diez. Es, como están diciendo muchos de nuestros más grandes pensadores: la era “coronial”.

Así como la época colonial tuvo sus características y sus valores, el coronavirus nos está llevando a situaciones que jamás imaginamos y que no van a tener solución en la lógica “pre-coronial”.

No sé usted, pero yo, antes, sufría mucho pensando en nuestros niños y en nuestros adolescentes.

Decía: pobrecitos, yo a su edad me hubiera vuelto loco sin caricias, si me hubiera tenido que encerrar lejos de mis amigos o si hubiera tenido que tomar clases a través de una pantalla.

Hoy, sufro pensando en mi generación. Me imagino a los adultos del año 2050, los que hoy son niños o adolescentes, recordándonos a nosotros en 2020 y comentando cosas como:

¡Qué asco! ¡Se saludaban de beso! ¡Qué flojera! ¡Salían de sus casas para verse! ¡En persona! ¿Te imaginas? ¡Se daban la mano! ¡No, bueno, pobres! ¡Qué mal estaban!

Si usted está esperando a que las cosas vuelvan a ser como antes, le recomiendo que se siente. Es no va a pasar, como la vida sexual no ha vuelto a ser lo que era antes de la aparición del VIH.

A la nueva normalidad le va a pasar lo mismo que le pasó a los nuevos pesos en los años 90: en cualquier momento le van a quitar la palabra nueva y se va a quedar así, como normalidad.

¿Qué va a quedar de nosotros cuando esto ocurra? ¿En qué nos habremos convertido? ¿En qué?

alvaro.cueva@milenio.com

https://www.milenio.com/opinion/alvaro-cueva/ojo-por-ojo/

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