[Traducciones] Poemas de Don Paterson [vers. de Carlos Llaza]

[Traducciones] Poemas de Don Paterson [vers. de Carlos Llaza]

Foto: © Simon Price/Alamy

Don Paterson nació en 1963 en Dundee, Escocia. Es profesor de poesía en la Universidad de St Andrew’s y editor de Picador MacMillan. Además de poeta, es guitarrista y compositor. Su obra ha recibido diversos premios, entre ellos el Whitbread/Costa Poetry Prize (2003, 2015) y el T. S. Eliot Prize (1997, 2003). En 2008 recibió la OBE (Orden del Imperio Británico) y en 2010 la Medalla de Oro de la Reina. Sus libros de poesía son: Nil Nil (1993), God’s Gift to Women (1997), The Eyes (versiones libres de Antonio Machado, 1999), Landing Light (2003), Orpheus (versiones de Die Sonette an Orpheus, de Rilke, 2006), Rain (2009), Selected Poems (2014), 40 Sonnets (2015) y Zonal (2019). Paterson, además, ha publicado libros de aforismos y también de crítica literaria, entre los cuales destacan The Book of Shadows (2002) y Reading Shakespeare’s Sonnets (2010), respectivamente. Su interés por la relación entre lingüística, ciencia cognitiva y creación poética lo llevó a escribir su monumental The Poem: Lyric, Sing, Metre (2018).

El primero de los textos presentados a continuación es una versión de «The Rat», de Landing Light (2003), libro ganador del T. S. Eliot Prize. El segundo poema es una versión de «Death», de Zonal (2019), cuyos poemas contienen elementos de la primera temporada de The Twilight Zone (1959-1960), particularmente de los episodios escritos por Rod Sterling.


La rata

Un joven escribió un poema sobre una rata.
El mejor poema jamás escrito sobre una rata.
Leerlo era pedirle a la rata que se posara
sobre el brazo del sillón hasta que pasaras
la página. Así que le escribimos,
pero nada; lo llamamos; después partimos
hacia la isla donde él tenía el único negocio
y tocamos la puerta hasta que nos atendió.

Nos llevamos sus poemas. Nuestras manos
excitadas. Los leímos en cajas de luz,
bajo lámparas. Pero no eran tan buenos.
Así que hicimos unas cuantas observaciones
sobre sus giros y tropos, su actitud métrica,
la unión entre palabra y evento específico,
le sugerimos que lea a tal o a tal.
Y escríbenos, dijimos, más poemas como La rata.

No obtuvimos sino cinismo. Silencio.
Y renunciamos a él. A él y su arrogancia
verde, su ingratitud y su golpe de suerte.
Pero hoy leo La rata nuevamente.
El hedor fue el anuncio; y su mirada oscura;
y verso a verso, corrompió el aire:
Por todo tu oficio e ingenioso ingenio
tú no me escribiste, idiota. Ni en tus sueños.

 

Muerte

El truco — es decir, su manera de convencerte de la gravedad
……del asunto —
era aparecer de la nada, sereno e inmaculado, en algún lugar
……impredecible,
como si hubiese estado ahí desde siempre: fumando junto a la escalera,
……meando en el cubículo de al lado,
o volteando de pronto desde su asiento en una matiné vacía, diciendo
……Vamos. Ya hablamos de esto.
Y una vez más yo al marcharme murmurara Todavía no estoy listo,
……y él dijera
No pasa nada, nos vemos más tarde, consciente de que todos finalmente
……nos rendimos.

Antes de que me condenaran a la oficina, yo trabajaba en ventas. Todavía
……tengo un maletín con muestras
y buen ojo para una presa fácil. Un día, para entretenerse, se puso a
……repasar
algunos clichés del género, y cuando cerré el espejo del baño lo descubrí
……sobre mi hombro.
Pegué tal grito, que él rompió a reír; yo arremetí con un zurdazo
……y nos enfrascamos en la contienda de siempre.
Pero después lo descubrí rozando con el dorso de la mano mis toallas
……de algodón pima
y mirando de reojo mi nuevo cepillo de dientes sónico con algo más
……que simple interés;
noté que su traje Prada le quedaba grande y que su perfume floral
……era Tommy Girl,
aunque le sentaba bien. Recién entonces pude darme cuenta. Esa era
……su debilidad.
Le dije Mira, mira – hagamos un trato. Nada de …tratos, me dice. Tú
……bien lo sabes. Escúchame, le digo. No te miento.
Dame veinte años más y yo me encargo de vestirte. Yo voy a ser
……tu proveedor. En serio. Precios de remate.
Él no dijo nada, pero gotas de sudor brotaron de sus labios
……y de su frente.
Entonces saqué el maletín y me embarqué en la vieja rutina, le dije
……que prácticamente estaba regalando todo;
aunque me dolía verlo sucumbir tan fácil, tan fácilmente reducido,
……tan preocupado y frenético —
yo sacando una cosa tras otra, él preguntándose si tendría suficiente
……para todo esto,
palpándose los bolsillos, preguntándose si yo aceptaba tarjeta,
……o si él tenía tarjeta,
pero no sabía ni lo que era — los brazos cargados de todas las cosas
……que él tanto quería,
fedora negro, correa de piel de serpiente, corbata de seda con el diseño
……de Mondrian, para luego darse cuenta
de que, siendo estrictos, él no era asalariado ni trabajador independiente —
……un esclavo del trabajo, era como él lo veía,
un simple esclavo, con lo justo, casi nunca dos noches seguidas
……en la misma ciudad,
durmiendo en sofás entre turno y turno; todo lo que vestía era tomado
……de los armarios de los muertos;
todo lo que comía, lo que el muerto había dejado en la cocina tras haber
……sido llevado al auto.
Sólo quería una noche libre, una mesa en Clio para degustar toda
……la carta,
y después volver a casa a su propia mierda — jazz antiguo en vinilo,
……un amplificador de válvula,
una buena máquina de espresso y una bici estacionaria, y acaso una
……esposa y también hijos, a su debido tiempo,
pero no bien pensaba en ello, o en lo que comentarían alrededor
……de la tele,
en la cocina mientras preparaba su famoso chili, o en la puerta
……del colegio tras el entrenamiento de hockey —
sólo conseguía verse a sí mismo repartiendo la mala noticia, como de
……costumbre, la peor.
‘Papá, ¿por qué dices que tengo que ir contigo ahora mismo?’

No pienses ni por un instante que a la Muerte le gusta su trabajo. Si bien
……yo no podía detenerme —
ambos sabíamos que no había manera de que él pudiese pagar por nada
……de esto — me era difícil no romper en llanto:
¿quién quiere ver a su propia muerte caer en una treta tan burda?
……Al final me rendí. Lo abracé. Le dije
Tranquilo. No te preocupes. Vámonos. Dame cinco minutos para alistar
……algunas cosas y decir adiós.
Y él estuvo de acuerdo; y, pobre inocente, se mostró tan agradecido cuando,
……en efecto, volví con un par de zapatos casi nuevos,
dos buenas camisas y un saco azul que supuse que le quedaría
……excelente,
y pude ver en sus ojos que, a través del tiempo, había perdido más de unos
……cuantos de esta manera,
ante este viejo ardid, y cada uno de nosotros le había costado como una vida.


Carlos Llaza (Arequipa, 1983). Poeta y traductor literario. Autor de Naturaleza muerta con langosta (2019), su trabajo ha aparecido en publicaciones como Buenos Aires Poetry, Letras Libres, Oculta Lit y Periódico de Poesía, entre otras. Actualmente vive en Glasgow.

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