[Extracciones] ¿Qué te sucede, belleza? de Legna Rodríguez Iglesias

[Extracciones] ¿Qué te sucede, belleza? de Legna Rodríguez Iglesias

Una pareja, un espacio privado con dimensiones de ciudad, un mundo que pareciera quebrarse a pesar de mantenerse iterando. Contenido en ¿Qué te sucede, belleza? (Los Libros de la Mujer Rota, 2020), «Estúpida» pareciera ser la imagen resultante de la recursividad a la que tornan dos amantes observados externamente a partir de un juego de espejos, grasa y polvo, cortesía de Legna Rodríguez Iglesias.


ESTÚPIDA

ESTA PARTE NO SE LEE

Imposible. Yo nunca nombraría a uno de mis personajes Miguel, o Sancho, o Esmérido, o Juliana, o Elizabet. ¿Qué clase de nombres son esos para llamar a unos tipos que ni siquiera pueden tomar un sartén por el mango? Yo por ejemplo, hiervo mi comida en una ollita, no necesito sartén.

ESTÚPIDA

Este cuento lo escribimos Fidel Carballea y yo juntos. Pero no revueltos. A cuatro manos, como se dice. Bueno sí, revueltos.

Abrí la puerta y era un cuarto de 5×6. Cinco kilómetros por seis kilómetros. Era una ciudad. Las casas eran personas. Habían dos casas nada más. Ella y él. Entré y la vi a ella comiéndose la carne de él. Dejándolo en carne viva. Así son los carnívoros. Pero él no soltaba sangre.

Creí en el mejoramiento humano y pensé pronto volverán a sus rutinas y él le dará una bofetada a ella por no saber cocinar, se comportarán como el par de imbéciles que siempre han sido y continuarán alargando algo que ni siquiera cuenta con probabilidades de que termine.

Pronto ella machacará bien los ajos y picará la cebolla excelentemente, aunque no comprenderá los secretos del sofrito. El sofrito es un misterio. Él se desesperará, le meterá el mango del sartén por la quijada para ver si ella aprende pero ella no aprenderá. Así son las imbéciles. Ella le gritará abusador, maricón, comepinga, hasta que se quede ronca. Pronto, muy pronto, él le cocerá la quijada en la máquina de coser con un carretel de hilo que se pudrió hace tiempo.

Punto tras punto hasta rematar su quijada. Lo lógico sería llevarla a una conducta de una traumatología por la abundante vascularización, aunque no se puede ser tan lógico en la vida.

Antes de que cante un gallo él se quejará de las inclemencias del tiempo y de las castraciones humanas. Pronto el viento soplará tan fuerte que todas las velas se apagarán, las copas se caerán del estante y se harán añicos. Así son las copas, se caen por cualquier cosa.

Antes de que se caiga la última copa ella tratará de consolarlo. Él se consolará y propondrá ir en busca de copas nuevas. Repinga, dirá ella, porque solo hay un triciclo. Él se montará en su triciclo, pedaleará hasta el complejo de tiendas que queda en el centro de la ciudad, a más de una hora de camino de la casa. Perfecto para ejercitar los músculos. Pronto se sentirá estafado por los precios de las copas de cristal de bacará.

Pronto pedaleará hasta otro complejo de tiendas que ofrece servicio de hospedaje diurno para pordioseros y locos. Porque tiene portales encantadores.

Antes de que cante un gallo ella comenzará a preocuparse, se aburrirá, y se hará un peinado de colmena rústica, como las mujercitas pin-up de la década del cuarenta.

Repinga, voy a barrer, dirá ella en el colmo de la preocupación.

Antes de que cante un gallo él encontrará mejores precios pero mala calidad en los productos. Insultado comprará las copas y maldecirá a las madres de los integrantes de la ADMON.

Regresará apurado sobre las tres ruedas. Lloverá por el camino y el cristal de las copas nuevas se empañará. Así son los perdedores.

Pronto llegará y se besarán y chocarán los dientes y también las copas y se divertirán dando copazos a diestra y siniestra.

Pronto debatirán nuevamente las reglas de la rutina.

Él acabará sintiendo asco por todo lo que está servido en las copas. Disimulará pero ya el vómito viene, viene.

Antes de que cante un gallo ella se halará los pelos, repinga, y se arrancará una verruga que toda su vida estuvo ahí, molestando.

Pronto trabajará en una fábrica, en un aeropuerto o en un combinado pesquero. Pronto le gustará otro licor, de menta, de plátano, de manzana. Licores hay para escoger. Entre sacudir las telarañas y cocinar, seguirá prefiriendo sacudir. Antes de que cante un gallo él descubrirá su aptitud para ser un agricultor pequeño en combinación con su aptitud para ser profesor de matemáticas. Así son los jóvenes talentos.

Pronto cambiarán de aire y se sentarán en la escalera de un museo de historia natural. Satisfechos. Ella estará plena de alegría mientras él querrá irse de inmediato a una zona donde haya menos tráfico. Repinga, cuando más contenta estaba. Nunca entrarán al museo ni se interesarán por la sala de niños fosilizados.

Andarán por un bulevar ridículo lleno de estatuas todas iguales. Ella se agachará a amarrarle los zapatos y él le dará un golpecito de gratitud, desbaratándole su peinado. Quítate, idiota.

Los atropellará un desfile de actividad social. Pronto él estará de acuerdo con la manifestación obrera, pero ella no estará de acuerdo.

Antes de que cante un gallo él se adentrará en la multitud, abandonándola.

Uno de los activistas tratará de embullarla a que desfile y ella preguntará: ¿es un chiste?

Su blusa de lentejuelas azules, su falda y sus zapatos altos combinarán estupendamente con el overol de mecánico y los zapatos de cordones de él.

Pronto, muy pronto, ella descubirá que habría sido mejor quedarse en casa.

Antes de que cante un gallo él estará nadando en sus aguas, como quien dice, sin acordarse de ella, quien necesitará una buena señal para no preocuparse más por él. Y pronto. Antes de que cante un gallo ella encontrará su herradura de la suerte y dirá repinga, lo que sucede conviene.

Pronto hablarán por teléfono desde cabinas distantes. Se pondrán de acuerdo para verse dentro de media hora en algún baño público del centro. Así son los enamorados.

Pronto se abrazarán porque están juntos otra vez. Ella no se enfurecerá por la desaparición de él. Repinga, pero no vuelvas a desaparecer.

Y antes de que cante un gallo él le partirá la boca por ser tan mal hablada.

Pronto discutirán por los avatares que se presentan cada día aunque siempre habrá un símbolo que los una. Así son los verdaderos amores.

Así me pasó a mí, que los amé a los dos.

Entré a la ciudad y vi las casas. Dos casas nada más. No delimité el espacio en ese preciso instante pero creo que eran 5×6. Cinco kilómetros por seis kilómetros. Los vi comiéndose uno a otro, amándose uno a otro. Y no lo aguanté. No lo resistí. Era una ciudad hermosa. Pero ninguno soltaba sangre.

[Extracciones] ¿Qué te sucede, belleza? de Legna Rodríguez Iglesias


Legna Rodríguez Iglesias (Camagüey, 1984). Obtuvo el Premio Iberoamericano de Cuentos Julio Cortázar, 2011 y el Premio Casa de las Américas, teatro, 2016. Su obra abarca diversos géneros. Poesía: Hilo+Hilo (Editorial Bokeh, 2015), Dame Spray (Hypermedia Ediciones, 2016), Chicle (ahora es cuando) (Editorial Letras Cubanas, 2016), Todo sobre papá (Ediciones Agridulce, 2016), Transtucé (Editorial Casa Vacía, 2017) y los sonetos de Miami Century Fox (Akashic Books, 2017; Paz Prize, otorgado por The National Poetry Series). Narrativa: Las analfabetas (Editorial Bokeh, 2015), No sabe/no contesta (Ediciones La Palma, 2015), Mayonesa bien brillante (Hypermedia Ediciones, 2015), La mujer que compró el mundo (Los Libros de la Mujer Rota, 2017) y Mi novia preferida fue un bulldog francés (Alfaguara, 2017). Sus títulos más recientes son Mi pareja calva y yo vamos a tener un hijo (Liliputienses, 2019) y Título (Kenning Editions, 2020).

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