El desertor del american dream: Bukowski

Quién leyó a Charles Bukowski? A 100 años del nacimiento de un ...

Ya son veintiseis años desde tu última cerveza, no pudiste desayunar ham on rye, ni escribir, el hipódromo se quedó esperándote, no sólo Linda Lee vive con tu fantasma en ese hermoso puerto sureño de San Pedro, California, también vive aquí, enciendo velas para ti en mis noches más desesperadas, me sirvo cerveza, te hablo desde mi dolor, te pido una vez más que me ayudes a ya no desear a mi último amante, te pregunto cómo pudiste vivir sin Jane, todavía me arrodillo por las noches ante los tigres desde que él se fue. 

Tú eras más que un borracho, malditos los que crean que sólo eras eso, no se atreven a desmitificar que pudiste retirarte a tiempo, son muy pocos los que pueden beberse las botellas y no ser devorados por su contenido, ¿por qué no hablan del dolor que sentiste cuando se incendió en 1986 la biblioteca pública de Los Angeles? Escribiste un poema explicando que las llamas devoraron tu juventud, tu hogar, no eras un vagabundo más dormido en las mesas después de caminar la ciudad, tenías algo que ellos no poseían: fuego y una tarjeta de préstamo de libros de la bilioteca.

Lo que les gusta a los vulgares es el humo, el morbo, las putas, la mugre, el mito del marginal, “misógino” e “indecente”, nadie quiere hablar del escritor imperturbable ante la mediocridad del melodrama humano, ¿por qué no hablan de tu disciplina?

Nunca un trago te apartó de la creación de tu obra, hablen del que fue enterrado en un lujoso memorial de Palos Verdes tras una ceremonia budista, del hombre tierno cantando Animal crackers in my soup, el amigo de los gatos callejeros, el bondadoso hombre que curó a un gato herido, el que escribió con profunda admiración a Cass: la chica más inteligente y hermosa de la ciudad, los que te crean misógino deberían leer The most beautiful woman in town

Eras un misántropo, ¿quién no se convierte después de rodar por las calles? Se necesita de soledad y agallas para aborrecer a la especie más idólatra: la humana.

Durante algunos años me sentí decepcionada por descartar la compañía de otros, entendí que la vida social es una pérdida de tiempo, cada visita me distrae de la escritura, cuando te convertiste en un muerto no lo lamenté. Tu ropa está tirada en tu estudio, tal y como la dejaste antes de ingresar al hospital en San Pedro, Linda ha dejado todo intacto, no ha movido nada, la entiendo, he sufrido pérdidas durante el último año, ese vaso de cerveza que él se tomó antes de largarse está intacto en mi escritorio atiborrado de recuerdos.

Tu editor Jonh Martin jamás te vio borracho, te ofreció un cheque mensual de por vida por dedicarte a escribir para su editorial Black Sparrow ¿cuántos escritores reciben un cheque de por vida por escribir? No conozco ningún caso, sólo el tuyo. El hombre factotum arrastrando una maleta de cartón en una mañana de lluvia en New Orleans no existe más, ese hombre que sobrevivió a los encantos de la Señora Muerte en las pensiones más sórdidas del East Hollywood ha muerto.

Hollywood Park cerró en el 2013, estuve ahí para la última carrera, todos lloramos, me despedí bebiendo hasta caerme sobre los talones de apuestas que todos avientan cuando acabó todo, ahí se fue una parte de ti, de tu existencia, algunos de tus bares en Hollywood sobreviven, el cantinero que te atendía en aquel local cerca de Vine que nunca revelaré, ha muerto en noviembre, en su honor se abrieron muchas cervezas, me enviaron fotos. 

Que sigan rompiéndose la cara los borrachos y borrachas sin estilo ni obra, esos idiotas que tienen que demostrarle al mundo que beben demasiado. Una cruda brutal es un día de trabajo perdido.

Tenías diez años cuando comenzaste a escribir, vende más el mito que te fabrican editoriales que no pagan derechos de autor a tu esposa, ese que señala que empezaste a escribir tarde y que eras un empleado de oficina postal transmutado a poeta, fue al revés, el poeta incrustado temporalmente en los trabajos más duros de América o arrestado por vagancia, un callejero, eres el más hermoso escupitajo sobre el sueño americano. Hasta que la última bomba caiga, salud.

SUSANA IGLESIAS

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