Distancias

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SUSANA IGLESIAS

Estás lejos de la ciudad. Voy caminando, trato de entender por qué lloramos ante la desaparición de momentos que no podrán repetirse, ¿no regresar a un sitio perdido para siempre, significa avanzar? No tendremos más recuerdos. La calle Río Volga es pequeña, ubicada en la colonia Cuauhtémoc, nombrada así en honor al río más largo de Europa que nace en la meseta del Valdái, Rusia. Máximo Gorki un niño de 11 años abandona la casa de su abuelo para viajar a Ucrania, lleva su infancia envuelta en una capa de lana color azul marino, trabajó como cocinero en un barco que surcó cientos de veces el Volga; repaso pasajes de sus novelas en mi mente porque también ahí está mi infancia. Cada vez más solos, la otra noche eras una sombra en el sillón de cuero color sangre alumbrado con una vieja lámpara que enciendo tan solo para convencerme de tu ausencia, te llamo, responde la oscuridad y un llanto apagado por la decepción. Aquí estoy, en esta calle, me asomo a la vitrina de un café cerrado: El rincón de Vianca, aquí hace un año empecé a escribirte una carta que rompí ayer, ¿estarás triste porque la rompí? Estaré muy triste. No debo llamarte, arrojé mi teléfono desde un octavo piso mientras bebía vodka, prefiero romper cosas a romper personas, ya sé que te enojaba que hiciera pedazos los objetos, aunque jamás me viste hacerlo. Eres experto en cicatrizar con ron tus heridas, por las noches te gusta mirar las carreras de cangrejos en la arena, dibujas monstruos con una pequeña vara, las olas los borran, sus gestos de piedra y asombro se alejan con la espuma, imaginas que un día estarás por fin en una isla desierta porque te arrojaste de un barco en llamas, no hay forma de regresar, no quieres ser rescatado, mientras tengas una vara para dibujar en tu arena, existirás. Un trago voraz a tu ron, las estrellas te gritan algo que no entiendes, ya no les gritas, te cansaste de gritar, nadie te escuchaba, aunque no importe: te escuché aunque no hablaras.

Tengo una confesión: intento deshacerme de ti cada día, ¿cuál es la finalidad de amar envueltos en un traje quirúrgico y sobrio que nos protege de todo daño? No tiene sentido, es como besarse con un cubrebocas, es como sanitizar las vivencias más honestas, es apagarse por dentro, es morir. Estás completamente solo, trazas monstruos cada vez más grandes en la arena y te preguntas cómo es que lo has hecho tan bien durante tantos años, ya no necesitas a nadie, déjame, no quiero nada de ti, apártate, no te necesito, no vuelvas a buscarme, esas fueron tus últimas palabras y al recordarlas sé que sonríes, que no tienes ese gesto triste que amé en un tiempo que hoy, esta mañana, es confuso, lo que me unía a tu recuerdo desaparecerá. Imagino que ha cerrado el café en el que empecé aquella carta, no existe más, ¿qué haré cuando el St Regis se borre?, vagar por la ciudad, asomarme al café abandonado en la calle Río Volga, tal vez nuestros fantasmas estarán ahí en una mesa hablando, abrazados en su eterna oscuridad. 

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